Disclaimer: el potterverso le pertenece a Rowling.

Advertencia: la perspectiva es viperina, puede herir susceptibilidades.

Editado: 15/03/2018


Cara o cruz

Desde que comenzó a caminar guiada por Zabini, su mente quedó en blanco absoluto. No sabía a dónde estaba yendo y poco le importaba, se sintió bien no pensar por un rato.

Ningún prefecto vio la situación, no había testigos, sólo el testimonio de las serpientes. Tal vez los leones tengan algo de coraje y enfrenten las consecuencias de sus actos pero las águilas son bastante cobardes al respecto. Todo había empezado con una broma y cada vez la violencia iba creciendo, debía frenarlo, debía quedar ahí, lo sabía. Si ella tomaba alguna represalia sólo alimentaría la sed de venganza, una sed que ningún acto puede saciar.

—¿Estás mejor?

Escuchó a lo lejos esa voz conocida. Hermione tenía la mirada perdida en algún punto del suelo, no había levantado la cabeza en ningún momento, sus rebeldes cabellos cubrían su rostro. En su mente transitaban miles de pensamientos a la vez.

¿Cómo pudieron hacer eso?, ¿cómo pude ser tan descuidada?, ¿en qué momento me volví débil y necesitada?, ¿cómo llegaron Zabini y Nott al lugar?, ¿de quién era la voz en mi cabeza?, ¿acaso estoy enloqueciendo?

De todas sus dudas, desde las más desquiciadas hasta las más sensatas, la que se presentaba con mayor fuerza en su mente y se superponía a las otras era:

¿Por qué me ayudaron?, ¿qué pedirán a cambio?

Ese último pensamiento pareció traerla de vuelta. Cuando tomó conciencia de sí, notó que estaba en una de las secciones de la biblioteca, aquella que nadie visitaba, la dedicada a la 'Historia de la Magia'. Dirigió su mirada hacia el frente y se encontró con que Zabini sostenía su mano como si le tomara el pulso y Nott la miraba sentado sobre el pupitre que tenían enfrente.

Ella reaccionó retirando la mano que sostenía Blaise, ambos chicos reaccionaron ante su inesperado movimiento.

—Calma, calma… tranquila.

Zabini continuaba con ese semblante serio que Hermione desconocía por completo. Eso hizo que ella volviera a ensimismarse pensando en lo extraña que era la situación que los envolvía a los tres. Debía ser un sueño, casi estaba segura de eso, sobre todo si tomaba en cuenta una vez más esa extraña presencia que sintió cuando se vio indefensa y acorralada.

Pero estaba equivocada, no estaba en el reino de Morfeo.

—Creo que está en shock— opinó Nott.

—¿Crees que deberíamos llamar al profesor Snape?

Sólo escuchar el nombre del Jefe de su Casa pareció traerla de regreso.

—¡NO!— dijo de repente con un grito—, no…— volvió a repetir luego como si fuera un suspiro.

Los muchachos frente a ella la observaban, no sabían muy bien cómo actuar. Lo lógico sería ir con el profesor Snape y decirle lo que acababa de ocurrir pero querían respetar la decisión de su compañera. Tras unos breves segundos de silencio, ella habló:

—¿Por qué…?— comenzó a articular—. ¿Por qué me ayudaron?

Ambos se miraron, el elocuente entre ellos era claramente Zabini. Siempre que estaban juntos y se requería una explicación, el moreno tomaba la palabra de inmediato. Sin embargo, en esta ocasión y para sorpresa de los dos frente a él, fue Theodore Nott el tomó la palabra.

—Por qué nos gustan las causas perdidas.

Su compañero lo observó de reojo. Theo nunca opinaba, siempre estaba callado y simplemente transitaba los pasillos en busca de la soledad como su compañía. Detestaba los grupos, las pandillas y el acoso, siempre se mantenía al margen. Zabini lo sabía y por eso siempre lo seguía, un poco para molestarlo y ver hasta qué punto su paciencia dominaba la situación. Fue pura casualidad que ambos estuvieran juntos en ese momento y que hayan ido por ese sector del castillo. Sólo vieron a los cinco chicos a los lejos, les pareció extraño que estuvieran mirando la pared vacía. Se acercaron sólo por curiosidad hasta que Nott vio a Hermione sujetada por Ronald Weasley y avanzó como un animal al que le habían quitado la presa, decidido y firme. Zabini no se percató de lo que ocurría, sólo observó el cambio en el semblante de Theo pero cuando dio unos pasos más y entendió la situación, tuvo que controlarse para no hacer uso indebido de la magia, estando los agresores de espaldas. Es verdad que son Slytherin y que no hubieran tenido reparo en jugar sucio pero estaban en la escuela y ahí trataban de mantener cierto grado de civismo.

La respuesta que dio Theodore logró una sonrisa en la bruja y eso tranquilizó a Blaise. Parecía que poco a poco volvía a la realidad. Fue en ese momento, cuando Hermione alzó la cabeza y dejó al descubierto su mejilla, que ambos notaron su rostro hinchada por el golpe recibido. Los chicos en ese momento se transfiguraron, sus manos se volvieron puños.

—¡Los mato! — masculló Zabini.

—¡No!... ¡no! — lo detuvo—. Ya fue suficiente.

—¿Suficiente?, ¿Quién en su sano juicio se escuda en un grupo de personas para golpear a una chica?

Los ojos café de Hermione penetraron en él como si pudiera leer su mente. Nunca había estado tan cerca de ella como para notar la intensidad de su mirada.

—Si seguimos así, se nos va a salir de control y no quiero que nadie se meta en problemas por mí. No olviden que soy la sangresucia de Slytherin, no deben defenderme, ya han hecho suficiente.

—Hay suficientes pruebas como para lograr la suspensión o incluso la expulsión de esos cinco. ¿Por qué proteges a quiénes te dañaron? — preguntó Theodore.

Ella pasó su mirada de Blaise hacia su nuevo interlocutor. Se mantenía seria y su rostro reflejaba con claridad su molestia ante la pregunta.

—En ningún momento dije que los protegería, sólo que no los delataría con los adultos. Llegado el momento, pagarán por lo que hicieron pero no ahora. Eso sólo empeoraría las cosas.

El silencio se coló entre ellos pero aún quedaban algunas preguntas por responder.

—Entonces, dinos... explícanos ¿qué pasó para que las comadrejas y los otros dos hicieran esto? — preguntó Blaise y de inmediato se explicó—, no lo digo porque piense que te lo merecías, sólo quiero entender que los motivó.

Hermione miró hacia un costado y suspiró. Estaba comenzando a relajarse así que se dejó caer en el asiento. Hasta el momento había estado sentada de manera tiesa pero poco a poco el cansancio comenzaba a pasar factura. Mantuvo el silencio un momento mientras se acariciaba la frente analizando qué decir y qué no. Los miró a ambos con extrañeza, definitivamente ese día tenía rota la brújula que la guiaba y decía cómo actuar y qué decir.

—Aunque no lo admití frente a ellos…— suspiró una vez más y confesó—, fui yo la que hizo que Ginevra Weasley, Lavander Brown, Padma y Parvati Patil eructaran anoche durante la cena.

Tanto Theodore como Blaise se miraron entre sí con asombro. No sabían qué decir ante semejante revelación. Querían felicitarla, abrazarla tal vez porque esa broma había sido uno de los mejores espectáculos que habían visto y se preguntaban quién había sido la mente macabra. Ahora la tenían enfrente y ni en sus hipótesis más descabelladas hubieran imaginado que ella era la responsable.

—¿Tú?– Zabini volvió a recuperar su sonrisa—. Entonces, déjeme felicitarla bella signorina— su acento italiano siempre estaba presente pero se hacía más profuso cuando intercalaba alguna que otra palabra de su idioma natal.

—Gracias— respondió Hermione con una sonrisa que no borraba el cansancio y el miedo que debía tener tras lo acontecido.

—¿Por qué lo hiciste? ¿acaso te hicieron algo? — preguntó Nott con su voz serena.

No importaba qué preguntara o dónde, sea en clase o en las mazmorras, había algo en su forma de hablar que sólo transmitía tranquilidad.

Hermione dudó un segundo si responder o no ya que lo había hecho por Millicent y sin que ella lo pidiera. Sola se metió en ese embrollo: primero al consolar a la chica y luego al involucrarse vengándola sin motivo aparente. Ahora, ella misma se había vuelto el blanco de las desquiciadas de dos casas y sus amigos y hermanos. ¿Estaría bien decirles todo esto a Zabini y Nott?, ¿no sería traicionar a Millicent? Aunque la chica nunca había pedido su lealtad en primer lugar.

—Ellas…— comenzó a decir—, ellas molestaron a Millicent Bulstrode. Le hicieron una mala broma, algo bastante cruel para ser sinceros— los miró fijamente y agregó—, y antes de que pregunten… no, Bulstrode no es amiga mía y no, ella nunca me lo pidió y ni siquiera sabe que fui yo la que hizo eso con esas cuatro.

Ambos magos creían haber encontrado el mayor acertijo esa noche. Por más que Hermione Granger se explicara, lo único que provocaba eran más y más preguntas.

—¿Por qué harías algo por alguien que no es tu amigo, que no te pidió que lo hagas y, evidentemente, no estas recibiendo nada a cambio?— espetó Zabini las tres únicas razones que podrían llevar a alguien, especialmente a un slytherin, a hacer algo como lo que ella había hecho.

Sin siquiera titubear, Hermione respondió con cierta solemnidad y un dejo macabro en su voz:

—Porque nadie debería meterse con un Slytherin y salir indemne.

Los magos ahí presentes debieron admitir que en ese preciso instante dejaron de ver a la simple sangresucia sableotodo y reconocieron por primera vez a Hermione Jean Granger como realmente era: alguien digno de temer y respetar. Sí, habían tenido sus pequeñas revelaciones a lo largo de los últimos tres años, primero viéndola como la paria que aún todos creen que es y luego con un poco más de respeto a medida que ella se fortalecía y lograba salir adelante. Nott reconocía hacia sus adentros que le tenía cierta admiración por no dejarse sucumbir a lo que le tocaba vivir, eso era una buena muestra de carácter, y a Zabini le divertía la inteligencia con la que se manejaba, en especial cuando debatía con Malfoy.

En ambos, siempre fueron muy fuertes los prejuicios respecto a los muggles y a los hijos de ellos, la idea sangrepura estaba muy internalizada pero les intrigaba Granger, debían admitirlo. Hasta ese preciso instante, nunca sintieron que de ella emanara realmente un espíritu viperino, tal vez porque no compartían tiempo con ella. Sin embargo, en ese preciso instante, al verla sostenerse con altanería y orgullo a pesar de haber pasado un momento difícil, al escuchar que todo había sido por defender a uno de los suyos cuando ningún otro miembro de la casa la consideraba como tal, no pudieron más que asombrarse.

—Deberíamos decirle al profesor Snape— resolvió Zabini.

Al conocer los detalles, temió que alguno de ellos volviera a intentar algo y que esta vez nadie esté cerca para detenerlos.

—Dije-que-no— siseó Hermione—, ustedes ya tienen suficiente. Esto queda acá, muere acá en esta biblioteca. Cuando salgamos, cada uno va por su lado. Nadie va a tener problemas por las acciones de una sangresucia.

Y ahí estaba de nuevo, el asombro y la admiración. Los dos entendieron que por más que la chica intentara disfrazarlo, tras ese mandato, tras esa orden, se encerraba una vez más un instinto protector hacia quienes constantemente la despreciaban. Hermione era consciente de que ellos podrían tener problemas dentro y fuera de su casa si la defendían y era evidente que no estaba dispuesta a ver eso.

—Sé que no se los puede excusar— comenzó a decir la bruja—, actuaron cobardemente pero la responsabilidad también es mía por bajar la guardia, dejen que conserve un poco de orgullo y sea yo la que determine cómo les cobraré esta deuda— sus ojos brillaban y no porque fuera a llorar, brillaban por el enojo y la rabia que sentía, la frustración que la dominaba—. Yo debí estar más atenta después de hacer lo que hice con esas chicas. Debí imaginar que habría alguna represalia. Pensé que sería por parte de ellas, algún juego estúpido, alguna broma pública. Debí cuidarme la espalda y no ser tan ilusa como para dejar que me robaran la varita en clase. Si hubiera estado más atenta, no hubieran logrado acorralarme por más que hayan sido cinco. Sé defenderme pero fui muy crédula y eso no volverá a pasar. Sólo… sólo déjenme aprender la lección.

Aunque no estaban de acuerdo sí podían entender la necesidad de ser uno mismo quién tome cartas en el asunto y de la manera que considere conveniente. Ambos asintieron tras unos segundos de meditación. Ella les devolvió una sonrisa satisfecha y agradecida que iluminó su demacrado rostro. Se puso de pie decidida a ir a su habitación y fue en ese momento cuando lo notó.

—¡Maldita sea! — masculló.

—¿Qué ocurre? — preguntó Zabini.

Estaba algo absorto con lo que había escuchado, pensó que sería algo más, algún golpe que no hayan notado, algo que le pudieran haber robado.

—Mi… mi ropa…— balbuceó—, esos idiotas redujeron los talles.

Nott y Zabini notaron que la falda había subido varios centímetros y de estar por debajo de sus rodillas pasó a estar cuatro dedos sobre ella. El sweater había desaparecido, la camisa estaba abierta sin botones y la camiseta que tenía debajo, que bien podría ser de un pijama, le ajustaba perfectamente mostrando atributos que habían permanecido invisibles hasta el momento. Los chicos se sonrojaron mientras que Hermione no se percataba de lo que acababa de provocar. Ella simplemente anudó su camisa mientras maldecía hacia sus adentros. Los miró con la frente en alto y les habló, trayéndolos de vuelta a la realidad.

—No estoy acostumbrada a esto y creo que ustedes tampoco pero es lo justo tras lo que hicieron…— suspiró y extendió su mano hacia ellos– ¡muchas gracias!– dijo esperando que ellos tomaran su mano en señal de aceptación.

Nott tendió la suya primero y apretó con vehemencia y Zabini lo siguió. Ahora ella se dirigía a las mazmorras a cambiarse y, aunque no debieran, ambos decidieron acompañarla aduciendo que también debían ir a sus cuartos. Ninguno de los dos pensaba dejarla sola después de lo que había vivido.

Esa sería la primera de muchas caminatas siguiendo el paso de Hermione Jean Granger.


Espero sus opiniones...

Saludos! =)