N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Este capítulo personalmente me encanta... Seb es todo un dulce cuando quiere...

Bruja Inocente, muchas gracias. Cualquier aclaración o duda que tengáis, estoy dispuesta a resolverla, no dudes en preguntar. Sebastian haría casi cualquier cosa por ganar la apuesta... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 7: LA CASA DEL ÁRBOL

Sebastian estaba muy satisfecho de sí mismo, había conseguido que Mike aceptara la cita doble y los cuatro habían ido a un restaurante asiático para pasar una grata velada. La comida había sido deliciosa, Tina parecía encantada con su cita, Blaine le había agradecido mostrándose más cariñoso que de costumbre, así que él estaba muy contento.

También estaba asustado, estaba sintiendo cosas que jamás había sentido y eso le preocupaba. Su estómago parecía invadido por miles de mariposas que revoloteaban sin parar cuando esos ojos dorados lo miraban con una sonrisa. Sentía algo cálido en su interior cuando Anderson le sonreía sinceramente, haciendo que toda su cara se iluminara de felicidad. Una corriente eléctrica recorría su cuerpo cuando le cogía de la mano o sus pieles se rozaban. Sentía un hormigueo en la mejilla cuando Blaine le besaba en esa zona. Su corazón se saltaba latidos cuando sus labios se juntaban en besos dulces pero a la vez llenos de deseo.

No sabía qué le pasaba, ni por qué cuando no estaba con el moreno no hacía nada más que pensar en él, pero había decidido que tenía que concentrarse en conseguir su objetivo, tener sexo con el ojimiel para ganar esa apuesta y saciar su curiosidad sobre como era en la cama. Después de eso, estaba seguro que todas esas sensaciones raras desaparecerían y volvería a ser él mismo.

Cuando la cita acabó, Mike se comprometió a llevar a Tina a su casa sana y salva, por lo que Blaine se quedó mirando a Sebastian durante unos segundos antes de acercarse para besarle con intensidad, agradeciéndole que le haya ayudado a hacer feliz a una de sus mejores amigas.

A pesar de que habían compartido varios besos, el moreno seguía mostrándose inocente e inexperto cuando lo besaba. Notaba que seguía teniendo dudas y que a veces estaba nervioso.

– Blaine... – El castaño se separó un poco, quería que el otro tuviera más confianza, era fundamental para conseguir su objetivo. – Relájate, bebé, sólo somos tú y yo.

– Es sólo que quiero que te sientas bien, tienes mucha experiencia y... Espera... – El ojimiel frunció el ceño. – ¿Me has llamado "bebé"?

– Creo que estar cerca de ti me vuelve cursi. – Los dos rieron y Smythe volvió a besarlo, esa vez siendo él quien llevaba la iniciativa, consiguiendo que el otro estuviera más relajado. Parecía que para Anderson era más fácil seguirlo que dirigirlo.

– Debo reconocer que me encanta que seas cursi. – Blaine se sonrojó y lo abrazó. No hubo beso, no hubo caricias inapropiadas. Era un simple abrazo pero que consiguió que Sebastian se sintiera en el mismo cielo.

– ¿Quieres que vayamos a un sitio donde podamos estar a solas? – El castaño propuso.

– Seb... No estoy preparado para... – El moreno estaba adorable con sus mejillas rojas.

– No va a pasar nada que no quieras. Sólo me apetece pasar más tiempo con mi atractivo y sensual novio. Tener una sesión de besos, hablar... – El ojiverde se encogió de hombros pero le resultó extraño que el otro frunciera el ceño.

– ¿Has dicho "tu novio"? – El Cheerio lo miró sorprendido.

– No... He dicho "mi atractivo y sensual novio". – El jugador de fútbol matizó con una sonrisa.

– Está bien... ¿Me prometes que no pasará nada que yo no quiera? – Anderson lo miró con esperanza y Smythe supo que estaba perdido.

– Te lo prometo.


Cuando Sebastian le había dicho que quería llevarlo a un lugar para estar a solas, lo último que había imaginado era que lo llevara a una casa en un árbol. Pero esa no era una casa árbol cualquiera. El interior era una amplia sala que tenía cojines y mantas en el centro, varias estanterías con libros, un escritorio con una lámpara y una televisión con una consola. Parecía la habitación de un adolescente pero en vez de cama, tenía ese espacio en el suelo que parecía lo más cómodo para dormir o para... Blaine entendió enseguida dónde estaba.

– ¿Aquí es donde traes a todos tus ligues? – El moreno frunció el ceño. El castaño se puso nervioso, era como un niño al que habían pillado en una travesura.

– No te voy a mentir, suelo traer aquí a mis ligues. Mis padres me construyeron esta casa cuando era niño pero cuando comencé a salir con chicos, comprendí que tendría más utilidad ahora que en ese entonces. Cambié un poco la decoración, no creo que unas paredes llenas de posters de Flash fueran lo más apropiado para su nueva función. – El ojiverde deseó que el otro no se marchara.

– Yo no voy a... – El animador intentó decir pero el otro lo interrumpió.

– Lo sé... Hablaba en serio cuando dije que sólo quiero que estemos un rato a solas besándonos y hablando.

Smythe se acercó lentamente y puso su mano en la mejilla del otro para acariciarle los labios antes de besarlo con mucha dulzura. Al principio lo hizo sin lengua, sólo disfrutando del delicioso sabor del otro. Sin embargo, un suave mordisco en el labio inferior de Anderson hizo que éste abriera la boca. Sebastian introdujo su lengua y buscó en la boca ajena la lengua del otro hasta que ambas se encontraron. Así comenzó un baile lento y sensual entre ellas mientras los labios de ambos se movían acompasados. Blaine enredó sus dedos en una suave cabellera castaña y la mano libre del ojiverde encontró unos centímetros de piel descubierta en la cintura del moreno.

Se separaron por la falta de aire y juntaron sus frentes mientras se miraban intensamente. Ambos habían caído en el hechizo del otro y todo a su alrededor desapareció. Se sentían mejor de lo que nunca se habían sentido y deseaban que ese momento no acabara nunca.

El moreno se sentía muy cómodo y sabía que el otro estaba teniendo mucha paciencia con él. Deducía que eso se debía a que le importaba, por lo que él decidió confiar un poco. Se separó del castaño y agarró con dulzura su mano para dirigirlo a la "cama" de cojines que había en el suelo. Los ojos verdes de su novio lo miraban con asombro, pero no se atrevía a decir nada.

El Cheerio se quitó los zapatos y se tumbó, para después mover uno de sus dedos para incitar al otro a que lo imitara. Smythe no sabía lo que quería el otro pero obedeció sin reparos. Se colocó encima de su novio y lo besó con mucha pasión.

Las manos de Sebastian comenzaron a recorrer el cuerpo del otro. Durante unos segundos, se olvidó de con quién estaba y agarró con fuerza el trasero del otro para elevarlo un poco mientras bajaba sus caderas para producir fricción entre ellos. Los dos gimieron pero Blaine rápidamente agarró las manos del otro para frenarlo.

– Seb... No estoy listo para eso... Yo sólo quiero caricias por encima de la cintura, siempre con ropa y besos en la boca y, como mucho, el cuello. No estoy preparado para ir más lejos. – El moreno tenía las mejillas rojas porque se sentía avergonzado.

– Lo siento... Me dejé llevar por todo lo que siento... – El castaño movió sus manos para llevarlas a una zona permitida. Acabó con una la cintura y otra en la mejilla ajena y besó los labios de su amado de manera dulce. – No dudes en pararme si sientes que voy muy lejos.

Volvieron a besarse aunque la pasión había disminuido. Todo quedó en una noche de besos dulces y suaves con caricias muy inocentes hasta que Anderson tuvo que irse a su casa. Smythe tuvo que aliviarse sólo esa noche, algo frustrado sexualmente por lo estrecho que era el Cheerio. Tenía que encontrar una solución a sus emergencias sexuales.