Yo no escribo cosas sólo porque puedo escribirlas. Por más tentador que sea, tengo una historia en mente, y no puedo perderle la pista. Se que muchas personas deben estar pensando "¡Avanza! ¿Por qué todavía no se han besado? Después de todo, ya han pasado seis capítulos" Bueno, eso es, simplemente, porque no puede pasar hasta que pase. Cuando venga ese momento, no querrán que sea como un golpe en la nuca. ¡No puedo escribir todo al azar! Tiene que ser el momento adecuado...

Gracias por sus comentarios, y gracias por haber esperado, la mayoría de ustedes (palabra importante, la mayoría... excepto el Fantasma de las Cajas) y lamento haberme tomado tanto tiempo para publicar este capítulo, espero que me perdonen después de leerlo. Y como recordatorio... los comentarios son muy bien recibidos – excepto las amenazas (como algunas ya sabrán)

Capítulo siente, Encontrándole utilidad

La actividad empezó a agitar con rapidez el cerebro de Danny, cuando su estómago le recordó que debería estar comiendo en vez de dormir. Tieso, el chico fantasma se enroscó sobre sí mismo, negándose a escuchar sus necesidades físicas. Su estómago dio un gruñido bajo cuando se movió, y Danny se agarró el estómago, debido al ligero dolor. Se quedó enroscado por unos pesados minutos más, negándose a abrir sus ojos, exceptuando el hecho de que estaba definitivamente despierto. Eventualmente, el chico sabía que no podía negarlo; su estómago tenía hambre y estaba enojado, y no lo iba a dejar dormir en momentos siguientes.

El latido dentro de su cráneo también estaba impidiendo el deseo de dormir de Danny, así que levantó su cabeza con fatiga. Una sábana se deslizó con suavidad de sus hombros, mientras los ojos verdes del chico fantasma pestañearon, y se enfocaron en la pálida luz de la fresca mañana que se filtraban a través de una ventana manchada con mandarinas.

Decidió pasar por alto la presencia de la sábana, que ahora estaba sobre su cintura, y no se preguntó de dónde había venido.

Los eventos de la noche anterior volvieron a su memoria, causándole dolor de cabeza, haciendo más ruido en sus orejas. Gimió cuando sintió los extraños olores de una rica, y elaboradamente decorada casa a su alrededor. Danny no podía describir ese olor, sólo olía como una gran casa vieja, y no le gustó. Sus ojos, rebeldes, se enfocaron en la almohada color crema que él estaba usando como, bueno, una almohada.

-Buenos días y bienvenido al infierno- murmuró Danny mientras flexionaba sus dedos. Después de sus dedos, flexionó sus delgados miembros, primero las piernas, y después sus brazos, mientras se sentaba en la cama. Era un alivio poder estirar su cuerpo dolorido, pero su cabeza y su estómago rugieron enojados, reclamando atención.

Además que su cuerpo se sentía hecho mierda esa mañana, la mente de Danny se sentía como si estuviera llena de algodón, o, más probable, algo similar a un cerebro, pero que no lo era en realidad. Bostezando, se asomó a su regazo e hizo una pausa para comprobar que ahora tenía piernas de verdad. Oh. Las estaba extrañando. Después de estar atrapado en la lámpara por tanto tiempo, Danny no había podido cambiar la forma de su mitad inferior. Aunque lo hubiera querido, la lámpara no tenía mucho espacio, y su cola fantasmal no se preocupaba por pequeñeces como ubicarse en una posición cómoda. Pero Danny se alegraba de poder sentir sus pies tocando el piso.

Levantando la mirada, inspeccionó a su alrededor y notó que todavía estaba en la sala en la que había estado la noche anterior. Su lámpara de lava estaba encima de una mesa de café a un metro, o algo así, de distancia. Frunciendo el ceño, Danny se encogió de hombros y se permitió apretar sus dedos contra los suaves almohadones de la cama. De algún modo, tenía la sensación que Vlad había puesto su lámpara allí sólo para refregarle que Danny estaba anclado a dondequiera que estuviese la lámpara.

Un pensamiento lo asaltó.

Por suerte, no fue un gran libro lo que lo golpeó, pero era una gran idea. Danny se paró con rapidez, y trató de agarrar la lámpara. Sin embargo, paró por un segundo, diciéndose que debía tener más cuidado al intentar tomarla. No quería sentirse más violado de lo que se había sentido la noche anterior. Con cuidado, rodeo su lámpara con sus manos. No sentía nada; como si no la estuviera tocando. Levantando despacio una ceja, Danny se encogió de hombros y fue a juntar su lámpara.

No se movió.

Extraño. Danny intentó levantarla de nuevo. Ésta vez, agarrándola más fuerte. Nada. La lámpara no se movería. Danny soltó su agarre, resoplando su frustración. No podía mover la lámpara, así de simple. Se sentía como si fueran quinientos quilos(1) de material comprimido.

Trató de nuevo.

Cinco minutos después, el cuerpo de Danny le estaba gritando a su dueño por ser un horrible abusivo. A pesar de todo su esfuerzo, la lámpara apenas se movió. El chico fantasma sólo había logrado mover la lámpara unos pocos centímetros (1) de su lugar original, pero eventualmente sus músculos se rindieron y tuvo que soltar el pequeño objeto. Danny se dejó caer al lado de la mesa de café, llevando sus ojos a la lámpara mientras jadeaba con cansancio.

Norm había sido capaz de levantar ésa lámpara... recordó que ése alocado genio incluso fue capaz de tirarla, además de juntarla, ¡¿por qué el no podía?! Miró fijo la inocente luz verde, y deseó que se quemara de golpe, sin dañarlo a él.

Danny esperaba poder juntar la lámpara y sólo salir de la casa con el objeto bajo el brazo, pero era evidente –a menos que tuviera músculos de acero- que estaba atado allí hasta que encontrara otra forma de salir de ése enredo.

Necesitaba otra idea. Pero para tenerla, también tenía que aprender más.

Pensando en qué estaba haciendo crecer su dolor de cabeza se perdió en sus pensamientos. Danny murmuró cuando se agarró la cabeza con las manos y se agachó. ¿Qué había pasado anoche? Se imaginó la expresión espantada de Vlad cuando vio cómo llovían inocentes mandarinas sobre su casa. La imagen hizo que una sonrisa malévola se arrastrara por sus labios. Pero su sonrisa no duró demasiado, cuando sus pensamientos se dirigieron a qué había pasado después. No podía hacer nada excepto sentir cómo se calentaban sus mejillas al recordar la pregunta antes que Vlad hiciera su último deseo.

Cuando Vlad hizo su tercer deseo, Danny había perdido la conciencia. Todavía podía recordar la sensación; la picazón en sus dedos lo inquietaba. Cuando había hecho su deseo, sintió cómo la sangre se le agotaba en el momento en que aplaudió. La poca energía que tenía se había ido en ése segundo.

Fue un pensamiento penoso, y arrojó una sombra sobre sus pensamientos mientras recordaba las respetuosas manos de Vlad sobre esa lámpara despreciable.

Frunciendo el ceño ante la idea de perder su vitalidad sin ejercitarse físicamente, algo hizo clic en el cerebro-lleno-de-algodón de Danny, y recordó un libro grande y grueso.

¡Poof!

La guía para ser un genio se materializó en el aire, y se abrió extendiendo sus páginas a lo ancho. Para suerte de Danny, el libro aterrizó en la mesa de café que estaba a su lado, en vez de aterrizar en su cabeza. La lámpara de lava se volcó por la fuerza que había provocado el pesado libro que había aterrizado a su lado, y rodó hasta el borde de la mesa. Golpeó el piso alfombrado y dejó de rodar después de dar una o dos vueltas. Danny la miró, agrio. Oh, sí, el mero golpe de un libro podía moverla, pero él no podía empujarla ni siquiera si ponía todo su poder en eso.

Pretendiendo ignorar la molesta lámpara, Danny se volvió para examinar el libro y ver las páginas que había dejado de leer la última vez. Sus ojos examinaron la página y descubrió unas palabras importantes.

Asimismo... no te excedas.

Le dio una incrédula mirada al libro, Desirée debería haber descrito un poco mejor por qué no debería "excederse". Si hubiera sabido que podía desmayarse, podría haber pensado en advertirle a Vlad.

Danny hizo una pausa a mitad de su pensamiento.

Entonces, de nuevo, no estaba seguro si eso de verdad importaba, sabiendo que era –después de todo- Vlad. Lo más probable era que no le importara si al conceder un deseo Danny sentía como si lo estuviesen pinchando en la espalda con hierros ardiendo o no. Pero igual habría sido bueno el saber que podía perder la conciencia, ganarse un dolor de cabeza del tamaño del ego de Jack y sentirse como si un tren lo hubiera atropellado, antes que sucediera.

Danny sólo murmuró algo sobre medir mal el tiempo antes que algo más captara su atención. Era el último párrafo que había leído. Sus cejas se juntaron cuando se acercó al libro, hasta que su nariz quedo a sólo unos centímetros de él.

Al conceder un deseo, cada genio usa su propia manera de concederlo. Al decir esto, quiero decir gestos como guiñar un ojo, asentir con la cabeza, chasquear los dedos, mover la nariz o incluso decir una frase. No podrás conceder deseos o usar tu magia si eres incapaz de realizar tu gesto de firma.

La primera vez que Danny había leído esto, no lo había entendido del todo. Para ser franco, no había entendido la mayor parte del libro cuando lo hojeó. Pero ésta vez, comprendió al fin lo que Desirée había escrito. Bueno, al menos no me tocó un extraño tic en la nariz... Pensó el chico, miserablemente.

Danny había aplaudido tres veces. Cada vez estaba reacio debido a que Vlad había pedido tres deseos. Sumando dos y dos, se figuró rápido que su habilidad para conceder deseos le exigía el aplaudir sus manos... Un momento, Danny hizo una pausa y volvió a examinar el párrafo, ésta vez con más cuidado.

No eliges cómo usar tu magia, sólo pasa...

Danny no se preocupaba sobre lo que hablaba la frase, sino de cómo podía juntarse. Realmente se había preocupado por saber cómo era ser un genio –lo que era ahora- si Desirée hubiera escrito algo como "no eliges cómo conceder deseos, sólo pasa" Pero ahora el "usar tu magia" era lo que lo hacía pensar.

Sospechando, levantó sus manos sobre la mesa de café para poder verlas. Era una idea poco probable, y Danny lo sabía, pero no lo lastimaría el intentarlo.

Cerró los ojos y se imaginó un par de vaqueros (2) en él.

Aplaudió -¡Poof!-

Abrió los ojos para mirar un par de gloriosos vaqueros azules en lugar de su incómodo traje. Dulces, dulces y gloriosos vaqueros.

La verdad era que no eran diferentes a los que llevaba todos los días, pero después de estar atrapado en un traje y en un espacio tan cerrado por tanto tiempo, Danny estaba eternamente agradecido por volver a usar un par de holgados y cómodos vaqueros azules.

El único problema de esto era que el taje de Danny era de una sola pieza, así que cuando miró sobre sus pantalones a su cintura, notó que no tenía nada cubriéndole el torso. También notó, con un gemido, que su estómago se sentía algo más vacío, y su cabeza se sentía dos veces más grande sobre sus hombros.

-Bueno, es un comienzo- se dijo, haciendo una mueca de dolor cuando se movió despacio. Había esperado que, para conceder deseos, al menos podría ser capaz de deshacerse de sus propia incomodidad después de su primer intento, pero el conceder deseos, garantizar cualquiera de sus propios –o de cualquier otra persona- deseos iba a absorber la energía directo de sus huesos.

Volvió a mirar fijo el libro, sobre la mesa de café. Esa tontería debía decir algo sobre cómo reponerse de su horrible falta de energía...

Energía... Una de las cejas de Danny se elevó, pensativo.

El chico fantasma vuelto genio estaba a punto de pasar las hojas del gran libro para revisar el capítulo sobre "energía" cuando se detuvo al escuchar el sonido de algo que rodaba y unos débiles pasos.

Con amargura, Danny supo que no era Vlad quien había entrado en la sala. Sabía que él nunca caminaría por la vida con pasos suaves, delicados. Lo perturbó un poco después de comprender su análisis del mitad fantasma mayor. Cuando el chico fantasma levantó la cabeza, sus suposiciones se comprobaron. No era Vlad. En cambio, era una doméstica de mediana edad, algo robusta, pero se amoldó a la situación y entró a la sala empujando un carrito.

Pensando rápido, Danny se alejó de la mesa, y se plantó derecho frente a su lámpara. Ey, si no podía juntar su lámpara, no iba a permitir que cualquiera lo hiciera. Danny se sentó al lado de la lámpara maldita, vigilándola.

-Oh- la doméstica parecía haber notado al chico de pelo blanco sólo cuando él se había movido. Danny la miró como un gato, analizándole cada movimiento –Usted debe ser Danny- dijo la mujer, moviéndose algo inquieta bajo la mirada del chico.

A Danny se le ocurrió que la sirvienta no lo estaba mirando directamente. El chico arqueó una ceja. ¿Qué? ¡¿Él no era tan aterrador?! Sin su traje, se imaginaba que lucía como un adolescente con una extraña fascinación por el pelo blanco. Mientras intentaba buscar una razón por la cual al sirvienta hubiera apartado la mirada, miró hacia abajo.

Oh.

Estaba sin su remera... Cierto. Danny dejó por un momento su lámpara para poder agarrar la sábana de la cama y ponérsela sobre los hombros. Cuando volvió a prestarle atención a la doméstica, ella sonreía con timidez.

-Lo siento, no quería interrumpirlo o... – dijo. Danny sólo tuvo que mover la mano para negar la necesidad de una disculpa. Entonces, por supuesto, podría haber pensado por qué pensó que era lo que ella estaba "interrumpiendo". La doméstica parecía algo aliviada, de todos modos. Danny, por otra parte, estaba preguntándose por qué la doméstica estaba ahí con un carrito.

Ella debió haber leído la expresión de Danny, porque al momento siguiente, se movió hacia el carrito –que, como el chico pude ver, tenía una fuente color plata con algo similar a un domo cubriéndola- y levantó la tapa.

El aroma de la dulce comida inundó el aire. Danny la miró fijo, intencionalmente.

-El Sr. Masters me pidió que le proporcionara algo de comer... – dijo la doméstica con simpleza y, por una vez, confiada. El chico no tenía que preguntarse si esa doméstica era o no la cocinera quien hizo esa comida. La sonrisa se desplegó por toda su cara, señalando la obviedad que ella estaba orgullosa de su cocina.

Bueno, eso disipó las dudas de Danny de si la comida estaba envenenada.

-Uh... gracias- dijo el chico, pero no hizo ningún movimiento para levantarse. No iba a permitir que nadie tocara su lámpara.

La doméstica pareció notar la inseguridad de Danny, y su sonrisa se enfrió por unos momentos, para ser reemplazada por una expresión de curiosidad y preocupación.

-Sólo llame a la señora Amell, esa soy yo, si necesita algo... – dijo la doméstica y entonces inclinó su cabeza con cortesía. La sonrisa volvió a su rostro antes que girara sobre sus talones y dejara a Danny solo.

Con cautela, el chico fantasma esperó, mirando como ella desaparecía en una esquina. Entonces esperó unos momentos más, hasta que no pudo escuchar sus pasos, antes de levantarse y acercarse furtivo al carrito, como un animal carroñero que acababa de oler la oportunidad.

Eso era extraño... Danny siempre imaginó a Vlad como un vil billonario sádico al que no le importaría si él estaba hambriento o no. Si se había imaginado algo, siempre se había hecho a la idea que si llegaba a caer en las garras de su archienemigo, sería apresado con grilletes en un calabozo y comería cortezas de pan por única comida.

Esta comida no se parecía en nada que él se habría imaginado. Y había un poco de todo. Nada de pan rancio o cortezas. Sólo capas de deliciosa comida casera esperado con paciencia ser comidas.

Una de las cejas de Danny se crispó cuando sintió cómo su estómago se agitó con aprehensión. Danny quería comer, descubrió con horror. Sabía que habían sido sólo dos días y que no debía sentirse tan hambriento en realidad, pero estaba claro que conceder deseos estaba cansándolo más de lo que su mente había supuesto.

Entonces, con una fugaz mirada al gran libro, Danny agarró algo que parecía como un pan dulce triangular –después se enteró que era lo que los ingleses llamaban scones- y se sentó al lado de la mesa de café para aprender sobre energía.

Capítulo Dos: Energía

Si por casualidad has encontrado este capítulo, sólo puedo suponer que acabas de descubrir cómo es perder una buena cantidad de tu energía. Si actualmente estás dentro de la lámpara, no tengo ningún consejo, excepto que quizás no deberías usar tu magia dentro de la lámpara. Volverá a ti a su debido tiempo. La lámpara es considerada tu casa; te proporcionará todo lo que necesites para vivir –literalmente- para siempre. Pero si estás lejos de tu refugio, y te hace falta energía para aterrorizar a tu amo, tendrás que hacer algo para recuperar tu energía. Para un principiante, no debe ser difícil de hacer. Haz lo que hacías antes de volverte un genio...

Danny resopló con enojo. ¿Qué? ¿Salir a cazar fantasmas? Si sentía sus músculos como si hubiesen sido golpeados con una palmeta, ¿cómo podía hacer algo "normal" cuando se sentía así? El chico masticó una serie de todavía calientes magdalenas (4) mientras continuaba.

...Para aquellos que se han olvidado de lo que es ser un mortal, o es demasiado infradotado para entender lo que es una actividad "normal", me refiero a dormir-comer-cualquier otra actividad humana…

Oh.

Incluso el socializar o expresar emociones ayudarán a limpiar tus dolores mientras estés fuera de la lámpara. Por supuesto, recuperarse sólo a través de experiencias emocionales sólo funcionará cuando te diviertes mucho, te excites, te entusiasmes, o cualquier otra expresión positiva. Burlarse y/o atormentar a tu amo por sólo molestarlo siempre es una buena forma de divertirse sin cansarse.

Como se mencionó en el capítulo anterior, tu habilidad de conceder deseos es afectada por cuánta energía –o esencia, cono lo llaman algunos- tienes. Si eres un principiante, podrías haberlo deducido cuando concediste deseos que involucren cosas grandes y violentas, lo que posiblemente nunca pase en tu presencia...

Danny frunció el entrecejo. ¿Se podía considerar hacer llover mandarinas del cielo como algo grande y violento? Él no era tan malo concediendo deseos, o el deseo era simplemente estúpido, no violento.

En cuyo caso, ya debes saber que si concedes un deseo que esté más allá de tu poder, el deseos no se cumplirá. Sin embargo, hay algunos casos en donde conceder un deseo que esté más allá de tus límites, podría suceder, y posiblemente pase, que te deje en un estado de vulnerabilidad.

Sí, desmayarse hacía que la mayoría de las personas estuvieran vulnerables, por cierto.

De nuevo, para recobrar esa energía perdida mientras estés fuera de la lámpara, la mejor sugerencia es dormir y comer. Socializar es tu elección, aunque es uno de los menos usados. Y no quiero decir simplemente comida generada en al aire con un simple gesto, quiero decir comida real.

Bueno, eso explicaba por qué Norm estaba cocinando una tortilla en la cocina... Danny mordisqueó, curioso, una crêpe fría antes de notar el ligero sabor amargo de yogur de arándano entre los pliegues del delgado pan dulce. Retiró su cabeza del libro, miró extrañado la crêpe y agarró un rollito de canela antes de seguir leyendo. Todo ese tiempo, se había dado cuenta que se estaba sintiendo un poco mejor a cada bocado que daba.

Se sentía antinatural, como si tuviera el metabolismo de un atleta.

Generar comida en el aire y comerla es, en realidad, el simple equivalente a comerte tu propia cola... Aj... y puede tener buen sabor, pero al final no te ayudará a sentirte mejor.

La energía no sólo se usa para conceder deseos, sino que debes ser capaz de usarla para tus propios deseos. Por desgracia hay algunas limitaciones para usar tus habilidades con libertad. No puedes matar a un ser inteligente a menos que tu amo así lo desee. Si, los humanos cuentan como seres inteligentes. No podrás controlar otra forma de vida humana –cuerpo o mente- a menos que así lo hayan deseado, y no puedes alejarte a más de veinte pies de tu lámpara en cualquier dirección, a menos que el deseo le exija que camine fuera de ese diámetro. Además de estas tres reglas, puedes hacer cualquier cosa, que incluye volver loco a tu amo... A menos que tu amo desee que te detengas...

Pensando en eso, ¿en dónde se había metido ése demente (5)? Danny tomó otra uva en su boca y volvió a leer.

Para un principiante, debes tener algunos problemas para proveerte de algo de confort. Cuando viene de deseos, tu ser reacciona sin tu consentimiento, en general... Ya se lo había figurado. Por supuesto, eres capaz de cambiar el significado de un deseos, sólo por "pensar" en otra forma de conceder el deseo. Por ejemplo, tu amo puede desear un millón de dólares (uno de los tipos de deseos más comunes) puedes pensar con facilidad en dinero robado que se le da a tu amo en un paquete que, sin duda, fue rastreado por las autoridades. Todo depende de la manera en que concedes tus deseos. Si sólo materializas objetos que se materializan a los pies de tu amo puede decir que sólo no estás pensando con la suficiente rapidez antes de realizar tu gesto.

Ah, al fin, algo útil.

La mayoría de esto se describirá en los capítulos de "leyes y vacíos legales". Volviendo al tema... Al conceder tus deseos, no tienes que preocuparte en concentrarte. Pero al intentar usar tu magia para tus propios deseos, tienes que concentrarte claramente en lo que deseas. Puede ser molesto para un principiante-

Danny se mofó, hosco, mientras alejaba un vaso de fruta de la pasión de sus labios y miraba fijo las páginas. Había sido capaz de hacer aparecer un par de pantalones, y no había sido difícil para nada. Los miró de nuevo. Sep... Los pantalones lucían bien... Danny no se tomó el tiempo para notar que una de las piernas del pantalón era unos centímetros más largo que la otra.

-¿Molesto, eh?- resopló, imprudente, mientras miraba sus manos que dejaban el vaso.

Danny tenía el impulso de demostrar que Desireé se equivocaba. Y qué mejor manera de hacerlo que conseguir una remera.

Cerró los ojos y se imaginó su remera normal blanca y roja, y entonces aplaudió.

¡Clap! ¡Poof!

¿Ves? Ahí estaba, nada estaba mal... Danny miró su remera y sonrió con orgullo... hasta que notó que una de las mangas estaba por debajo de sus codos.

-Ok, fue sólo un pequeño error... – frunció el entrecejo y cerró sus ojos de nuevo, se imaginó la remera puesta, entonces aplaudió por segunda vez y sintió cómo algo de su fuerza recuperada se alejaba.

¡Clap! Poof.

Bueno, una manta escocesa no se veía tan mal... Por lo menos había logrado que la longitud de las mangas fuera la correcta –Vamos a volver a intentar- refunfuñó Danny, mientras forzaba a sus ojos a cerrarse.

Clap! Poof.

Antes que Danny pudiera analizar algo, sintió la sofocante sensación de un tejido blanco y delgado alrededor de su cuello y pecho. Algo lo amordazó y se paró. Sin pensarlo, intentó sacarse la indescriptiblemente incómoda remera alzándola por sobre sus hombros y tirándola por sobre su cabeza.

Estaba cerca de liberarse de la asquerosa prenda, pero la remera se apretaba contra sus hombros en respuesta a sus tirones, cuando intentaba librarse de ella. Jalándola con furia, Danny apenas notó los tranquilos pasos que entraban a la guarida y se quedaban quietos.

El chico fantasma se quedó helado cuando escuchó una lúcida y ostentosa voz aclarándose la garganta con paciencia.

-Espero no haber interrumpido nada... – Danny casi podía oír la maliciosa sonrisa esculpida en la cara del billonario.

Danny volvió a forcejear, con sus brazos sobre su cabeza en el inútil esfuerzo de sacarse el top. Todo ése tiempo, su corazón decidió bailar tango con sus pulmones. Y su estómago les estaba gritando un ¡otro más!. La verdad era que no podía entender por qué, pero quizás era porque tenía un manojo de tela que le envolvía la cabeza y lo dejaba en un estado de vulnerabilidad.

Eso, o porque era consciente que era muy probable que Vlad estuviera mirando su cuerpo medio desnudo.

-Sabes, esta es la segunda vez que alguien me dice eso. Y yo no estoy haciendo nada malo- le ladró Danny a través de la tela, cuando desistió de tirar de ésa tonta prenda por sobre sus hombros y cabeza.

-Bueno, lucías como si estuvieras haciendo algo. Pero qué, sólo puedo imaginármelo-

-Ocúpate de tus asuntos- le escupió Danny cuando al fin logró sacarse el top por sobre sus hombros y la tiró al piso con frialdad. Rápido, agarró la sábana que había dejado a sus pies para esconder su pecho huesudo y sus hombros.

Después de eso, recordó algo importante y se retiró hasta su lámpara, para sentarse con las piernas cruzadas. Pero ésta vez se sentó con la lámpara guardada entre sus piernas abiertas. Vlad no iba a tocar esa lámpara. ¡Nunca más!

El mitad fantasma mayor pareció comprender lo que el muchacho estaba intentando hacer, pero sólo sonrió con malicia al simple desafío y bostezó.

Danny le frunció el entrecejo. No se le había ocurrido a la primera mirada, pero cuando vio de nuevo la apariencia de Vlad, podía decir que el billonario acababa de levantarse y tomar una ducha. Incluso, su pelo todavía estaba húmedo.

Danny se detuvo un momento para preguntarse por qué se había tomado el tiempo para notar eso.

Vlad no esperó a que el muchacho saliera de sus pensamientos perturbados, sino que caminó por la habitación hasta el lugar en donde estaba Danny, de forma casual. El genio levantó sus hombros, defensivo, hundiendo su cabeza, y miró de soslayo al billonario. Vlad pretendió no notar la fija mirada mortal que le daba cuando pasó a un lado de la mesa de café y miró el libro.

Oh no... los ojos de Danny se abrieron. No podía permitir que Vlad leyera algo de ése libro. ¡Sería como darle a un videojugador una guía sobre cómo hacer trampas! No había mejor metáfora para describir cómo se sentía Danny en ése momento.

¡Desaparece! ¡Desaparece, cosa estúpida! El viejo libro castaño permanecía justo donde estaba, y el hombre ya estaba agachándose con placer para echar una mirada a lo que era tan interesante... No le interesaba sobre qué trataba el libro, peor el hecho de que estuviera alarmando al muchacho por cómo lo miraba con desesperación fue lo que le interesó.

Daniel de verdad necesitaba aprender a poner cara de póker.

En medio de su ataque de pánico, Danny al final se dio cuenta que la única forma de librarse de ése viejo y tonto libro era hacerlo desaparecer. Se imaginó con furia que el libro se escondía dentro de su lámpara y entonces aplaudió.

¡Clap! Vlad miró a Danny en el exacto momento en que el libro se cerraba con un chasquido, casi mordiendo la nariz del mitad fantasma antes de desaparecer en una nube de humo verde.

Vlad volvió a su actitud habitual y se llevó la mano a la boca para ahogar una tos.

-Bizcochos de manteca- profirió cuando acabó su corto ataque de tos. Sorprendido y algo irritado, los ojos azul hielo de Vlad se dirigieron hacia Danny, quien sonreía abiertamente mientras se mecía en su lugar. Sus labios se estiraron en una mueca amenazadora.

-¿Adónde fue ese libro?-

Danny estaba a punto de decir "no lo sé" pero su voz fue silenciada después de la inspiración que tomó para decir su mentira, y la reemplazó con un –Justo aquí... – y señaló, apuntando con su mano, a la lámpara, que estaba en el espacio libre entre sus piernas cruzadas.

El muchacho maldijo por un breve momento cuando recordó su simple incapacidad de mentir, gracias al primer deseo de Vlad.

Por lo que Danny podía decir, Vlad no estaba muy feliz por eso. Primero el hombre peliblanco sólo miró al muchacho antes que sus labios se estiraran hacia atrás para permitirle ver sus aseados dientes en una sonrisa furtiva. Como era usual, no era una sonrisa muy altruista y sólo se detuvo en sus orejas. Sus ojos permanecían fríos y malignos.

-¿Sobre qué trata ése libro, Daniel?- le preguntó cuando volvió a enfrentarse a Danny. Dio un paso hacia delante.

El muchacho se apoyó un poco hacia atrás, y pareció balancearse como una serpiente cuando agarró con fuerza la lámpara.

-No voy a decirte- dijo Danny, estirando sus labios en desafío.

Vlad dio otro paso adelante, y la expresión de Danny sólo vaciló cuando la sonrisa maliciosa del adulto se hizo un poco más ancha. Sin saberlo, la proporción del corazón de Danny estaba subiendo en comparación con el resto de su cuerpo.

-Dime- pidió el adulto con serenidad. Otro paso más cerca. El muchacho tenía que levantar la cabeza con una grúa para poder mirar la alta figura de Vlad, quien ahora estaba de pie a menos de un paso de él. Sus dedos se apretaron alrededor de la lámpara, negándose a ceder ante los escalofríos que empezaba a sentir en sus hombros.

-Di por favor- le contestó Danny, mirándolo fijo. Bueno, al menos decir la verdad no limitaba su habilidad de ser sarcástico.

-¿Debo hacerlo de la manera difícil?- preguntó Vlad, como al pasar. El muchacho estaba a punto de abrir su boca para contestar su pregunta con un rudo "sí" pero sus intenciones y él mismo se petrificaron cuando el otro descendió a su nivel, y una mano ágil tomó un lado de la barbilla del muchacho fantasma. No era violento o algo parecido... Pero Danny no sabía si eso lo alarmaba más que el hecho que el toque fuera sorpresivamente suave.

Nada que se hubiese esperado.

Danny se congeló, con sus ojos atrapados por los de Vlad, quien sólo desvió sus ojos unas pulgadas de los suyos. Cuando él miró fijo en las profundidades de sus ojos, el muchacho pudo oler la fragancia de algo dulce, pero no demasiado dulce. Estaba lo suficientemente embotado como para poner notar el olor de su pelo, de su piel... y su respiración... eran mentolados.

Danny se sintió de golpe más caliente, sobre todo alrededor de sus mejillas y orejas. La sonrisa de Vlad sólo parecía crecer, y por una vez, alcanzó sus ojos. Podía sentir el dedo pulgar del hombre sólo por el suave rastro que estaba dejando en su mandíbula cuando Vlad se rió entre dientes, con arrogancia. El muchacho lo miró fijo, paralizado.

Danny se encontró con que todas sus habilidades motoras se habían ido tan pronto cuando sintió que la mano de Vlad bajaba. El genio se dio cuenta a duras penas que la mano del otro se zambullía entre sus piernas.

Olviden el tango; el corazón de Danny estaba saltando en una fiesta rave, bombeando disparos de éxtasis.

Danny soltó sus manos y trató de empujar a Vlad, lo suficientemente lejos para impedir que hiciera lo que fuera que estaba intentando hacer con esa curiosa mano. Sus mejillas estaban brillando, rojas, y apenas logró rozar con las palmas de sus manos el traje ónice de Vlad para intentar empujarlo cuando el billonario se aleó, por su propia voluntad. En vez de su sonrisa real ahora tenía una sonrisa maliciosa, mientras miraba por sobre su nariz la frustrada figura de Danny mientras se obligaba a ponerse sobre sus rodillas.

En el agarre de Vlad, él estaba sosteniendo la lámpara de Danny.

La mandíbula del muchacho cayó abierta.

¡Demonios!

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Continuará…

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Sin estabas esperando sexo... Estabas equivocada. Hah-hah.

Notas de Nakokun

(1) y (2) Respectivamente, usaba libras y pulgadas. Lo adecué al sistema de medición latinoamericano.

(3) Vaquerosjeans.

(4) Magdalenas, muffins, panecillos, etc.

(5) En la serie original, es decir en inglés, Danny se refiera en forma despectiva hacia Vlad –Masters o Plasmius- como "Crazed Up Fruit Loop"

Algo que me tiene un poco preocupada es que avanzo más rápido traduciendo que Din Kelion escribiendo. A este paso, llegará un momento en que la traducción llegará al mismo capítulo que publique ella, y debo decirles, por lo que he leído, que la cosa va a ir mejorando cada vez más. En especial porque la autora rescribió el capítulo 10 y lo mejoró. ¡Jorobar, quiero seguir leyendo!

Nos leemos

Nakokun