¡Bienvenidos seáis todos los que me leéis! ¿Cómo os va la vida? (¿Y a ti qué te importa? ¡Danos la historia!) Va, va… Jopé, no hay que ponerse así. En fin, alguien me sugirió poner de protas o a Tsuruhime o a Keiji. Para decidir quién saliese, tiré una moneda, ¿Y sabéis quién salió? Nuestro querido samurái vagabundo, Keiji Maeda. Así que sin más, os dejo que disfrutéis del show

Keiji Maeda. Antiguamente fue un samurái vagabundo, amigo de Hideyoshi toyotomi, pero que a su muerte se quedó sin saber qué hacer. Su amigo Kenshin Uesugi le envía a hablar con la facción Saica y también pasarse a hablar con su familia. En ésta ocasión Keiji es un muchacho que sueña con ser un gran samurái, ganar el gran premio y hacerse un nombre, pero su pasividad suele actuar contraproducentemente.

Lealtad. Gloria. Amistad. Amor. ¿Por qué dichas así parecen tan fáciles pero son tan difíciles de conseguir?

Si quería ayudar a mi tío Toshiie, debía renunciar a todo, resignarme a una vida como camarero.

Si quería alcanzar la gloria, debía participar en el torneo "Sengoku Battle", pero si lo hacía, no había forma de que Toshiie y Matsu le dejasen tranquilo.

Si escogía la amistad, debería ayudar en cuanto pudiera a Mitsunari, pupilo de su viejo amigo Hideyoshi Toyotomi.

¿Y el amor? Todos sus amigos se casaban, tenían hijos, o al menos novia y pensaban sentar la cabeza. ¿Y él? Nada. Solo tenía como compañero a Yumekichi, un monito que había conseguido arrebatar de las crueles garras de un feriante explotador que había dejado a la cría a su suerte. Al descubrir que era uno de los reclamos del restaurante, quiso recuperarlo… Digamos que Keiji siempre había entrenado con la lanza, y gracias a ello ahora manejaba la espada pesada con una habilidad pasmosa. El monito se quedó, el feriante se fue, dejando un par de dientes en el camino, y todos contentos. Sobre todo Yumekichi.

-¿Qué hago? Haga lo que haga, voy a disgustar a alguien…-Keiji se tumbó al lado del árbol de cerezo, cerró los ojos y suspiró- ¿Qué debería hacer?

Una explosión sonó muy cerca. Llegaba del puesto de figuritas. ¿Pasaba algo?

Keiji se subió a lo alto del restaurante y lo vio, vio dos cosas que le cambiarían la vida: Dos jóvenes que peleaban usando ataques de rayos y fuego. La batalla era intensa, y el público había enloquecido de fervor. Se oían los espadazos y lanzadas chocar una y otra vez y a Keiji le invadió una sensación parecida a cuando era el líder de una banda de jóvenes rebeldes en el instituto. Con un golpe final, la batalla acabó en empate. Keiji sintió que se le había parado el corazón, pero no se le paró del todo hasta que la vio. Una mujer, fuerte, segura, bella y que se disponía a comer en su restaurante. Bajó corriendo del tejado, saltó hasta llegar al suelo y fue corriendo a la cocina. Cogió una carta, se plantó ante la mesa de la mujer y con la mejor de sus sonrisas le dijo:

-¿Puedo tomarle el pedido?

-No tengo hambre, gracias.

-¿Qué tal un té? O tal vez prefiera una buena copa de sake. Lo hacemos nosotros, y le puedo asegurar que no hay ninguno mejor.

La mujer le miró fijamente.

-Una taza de té. Hecho a mano.

-Por supuesto, la casa Maeda está especializada en la cocina tradicional.

Fue corriendo a la barra de pedidos y gritó que necesitaba urgentemente un té recién hecho, de hierbas, nada de tontería embolsada. Por decir eso su tía le propinó un codazo entre las costillas y el bazo.

-¿Cuántas veces tengo que decirte, cabeza de chorlito, que aquí no servimos eso?

-Tranquila tía Matsu, es una broma. ¿Puedes darte prisa?

-Ahora mismo.

En poco tiempo Matsu había preparado un té de hierbas y lo había servido en una taza de cerámica clásica. Una sola de las piezas de esa vajilla volvería loco a un coleccionista. La vajilla pertenecía a una antigua casa noble de la cual descendía Keiji y se cuidaba con mimo hasta el más mínimo detalle. Por eso cuando no podían recibir más visitas (y eso que la vajilla contaba con más de 200 piezas) cerraban el bar por el momento hasta que todos los comensales habían finalizado.

Keiji llevó el té, la mujer pagó, pero le dio una tarjeta a Keiji oculta con un mensaje: En el patio de ese cerezo, en media hora.

¿Podía ser? La letra era inconfundiblemente bella y femenina. ¿Qué razón había para dudarlo? ¿Podría ser que esa mujer hubiese sentido esa chispa que llamaban "amor"?

30 minutos después

Keiji se había puesto sus mejores galas, se había perfumado, se había peinado con gomina, y esperó en el cerezo. Allí había una silueta familiar, ¿era ella? ¿Qué decirle?

-¿Tú eres mi contacto?

-Soy tu contacto con las estrellas y el cielo, ¡bailemos juntos hasta el amanecer, cubierto de pétalos de cerezo!

-Bueno, has dicho la contraseña.-la mujer soltó un maletín bastante pesado- Así que aquí lo tienes, es una cuchilla experimental. Reaccionará a cualquier signo de reliquia que contenga el vestigio del poder que se oculta. Parece estúpido, pero toma, prueba a tocar esta reliquia. Era originalmente de esta casa, pero su poder estará desaprovechado si se queda como reliquia.

La mujer le tendió un colgante que había pertenecido a la familia Maeda, lo cogió… E inmediatamente notó como un poder pasaba desde el talismán a la espada.

-Ahora esa espada tiene tu código genético. Recuerda, si no quieres matar debes estornudar. Adiós.

-Pero oye, yo pensaba en invitarte a cenar.

-Tenemos una misión más importante que el ligoteo. Si me eres útil, a lo mejor jugamos un poco.-y así, sin más, ella saltó por la verja y se fue corriendo.

Cuando Keiji entró en el restaurante, unos hombres de mal aspecto entraron.

-¿En qué puedo servirles?-preguntó Toshiie

-Antes aquí había una mujer, ¿dónde está?

-No seguimos a nuestros clientes, ellos comen, beben, ríen y se van.

-Bueno, a lo mejor vuelve si quemamos todo este local.

Los hombres mostraron como llevaban lanzallamas a las espaldas. Su tío iba a perderlo todo si él se quedaba ahí parado. Cogió un poco de pimienta, se la echó en la nariz y estornudó.

-¿Qué ha sido eso?

-Amigo, ¿no podemos llevarnos bien?

-Lo dudo, "amigo".

Keiji suspiró- Entonces no me dejas otra alternativa

Keiji desenfundó el arma.

-A ver que sabes hacer.

El arma, como si hubiese reaccionado a su petición se tornó en una espada gigante, empuñadura incluida, Keiji la sintió como suya. Antes de que pudieran hacer nada con sus armas, Keiji les empujó fuera. Era un tipo grande así que para él eso no era nada.

-¡Matadlo! ¡Lleva la cuchilla!

-Vaya, ¿venís tras esto? Pues a ver si lo cogéis.

Keiji se abalanzó contra aquellos que llevaban lanzallamas y de un golpe les rompió las manos, asegurándose que no cogerían nada tan peligroso nunca más. Después venían los otros, no tenían armas de fuego, pero sí cuchillos y porras. Keiji notó entonces que podía controlar el flujo de su espada como si fuera su propia sangre… Y ocurrió algo muy extraño. Todos aquellos que se habían abalanzado contra el espadachín ahora estaban ralentizados. Empezó a girar su espada, suavemente, pasándola de brazo en brazo, dejando que hiciera cortes en la tierra y golpease a sus enemigos, mandándolos a volar a cámara lenta.

Sin habérselo planteado, había ganado ese duelo tan extraño.

Pero algo había que aún le escamaba…

-¡Te seguiré hasta donde haga falta, mi vida! ¡Y así tú y yo recorreremos el camino del amor!

Y así salió tras aquella mujer que según él, le había cautivado el corazón.

Y fin por ahora. Hay que ver, pobre Keiji. Mira que enamorarse de… Bueno, ya sabéis quién. ¿No lo sabéis? Vamos, echadle imaginación. Si el capitulo os ha parecido corto, por favor no dudéis en decirlo en vuestros comentarios. Gracias por vuestro apoyo y por las reviews! La siguiente podría ser Tsuruhime, pero si alguien me sugiere otra cosa, podría tirar otra moneda al aire XD

En fin, mis queridos lectores… NOS LEEMOS.

Escuchando: UNTAMED de Abingdon Boys School