Shadow ha vuelto a Capsule Corp y de inmediato ha comenzado los entrenamientos junto con Trunks, quien sufre ante la fortaleza de la saiyayin.

Además de pelear, intentan acercarse, pero la indiferencia se interpone entre ambos y no pueden dar un paso sin antes saber si el otro siente lo mismo.

Shadow encontrará una manera, un tanto cruel, de saber si Trunks siente algo por ella.

VII

El sudor ya le había inundado todo el cuerpo, el cual tenía la temperatura muy alta. Su respiración era agitada, pero no podía parar, aunque el aire le faltara y se sintiera a punto de desmayarse, no se detendría… Pero ella sí lo hizo.

- ¿Qué te sucede? ¿Estás bien? - preguntó Shadow - Trunks, te ves agotado.

El chico se detuvo y tomó una fuerte bocanada de aire, luego se repuso y se recargó a una de las paredes de la cámara de gravedad.

- Lo siento, Shadow. Vas muy rápido - respondió el chico secándose el sudor de la frente.

- Vamos a terminar el entrenamiento por hoy - dijo ella caminando hacia la salida del lugar, pero Trunks trató de detenerla.

- No, no. Estoy bien, déjame respirar cinco minutos y volveremos a entrenar.

Ella sonrió.

- Claro que no, vamos a descansar. Estuvo bien por hoy.

Ambos marcharon a descansar de la pesada carga de trabajo… Y es que ya eran cinco semanas y tres días así. Shadow había vuelto a Corporación Capsula y desde el primer día había comenzado sus entrenamientos. Ella misma le confesó a Trunks y a Bulma en un desayuno que el tiempo que se marchó de había era tiempo perdido, porque donde estuvo entrenando tenían una tecnología muy atrasada y no sentía que hubiera avances en su capacidad de combate y su fuerza. Así que decidió volver con ellos, pues al menos, el chico sería un rival que le exigiría mucho de ella y así podría aumentar su fuerza de manera considerable.

Con Shadow volvió el capital. Los empresarios movieron una fuerte cantidad de dinero a la empresa de Bulma, quien de inmediato había condicionado la cámara de gravedad para que soportara los entrenamientos de ambos saiyayines y además, reanudó un proyecto ambicioso que tenía entre manos, pero que mantenía en secreto. Así, Trunks y Shadow pasaban horas y horas entrenando, pero en ciertas ocasiones, la chica, como todo saiyayin de raza pura, no medía los alcances de su fuerza y le provocaba episodios agotadores al joven semi humano, como el de este día.

- ¿No crees que estás explotando a mi hijo? - le preguntó Bulma a Shadow a la hora de la cena.

- Ay Bulma, no seas sobreprotectora. Trunks es muy fuerte, pero le falta más entrenamiento. Con él y sus poderes más desarrollados será más fácil acabar con esos androides y no podemos desperdiciar ningún momento, porque no sabemos cuando se van a aparecer.

- Pero míralo, hoy terminó agotado… ¿Seguro que sólo entrenan, verdad? - preguntó la científica con un tono picarón.

Trunks y Shadow se sonrojaron al instante.

- ¿Qué dices, Bulma? ¡Claro que entrenamos! ¡Que más podríamos hacer! - contestó la saiyayin para defenderse.

El chico sólo se reía por la plática de ambas mujeres y se mantenía callado. Sí, sólo entrenaban. Lástima. Él había intentado muchas veces algo más pero Shadow no lo veía… o se hacía la que no lo veía. Como hace dos días …

El combate de esta tarde estaba siendo igual de agotador que todos. Shadow, con más experiencia en batalla encontraba la manera fácil de someter rápido a Trunks. Ahora, ella había desafiado al joven a someterla aunque fuera una vez. Y aunque él lo intentaba, ella siempre se imponía… pero esta superioridad la había hecho confiarse, y en el combate cuerpo a cuerpo bajó sus defensas cuando el chico había aparentado estar agotado. No lo estaba, y aprovechó ese momento para romper el equilibrio de la saiyayin con una patadita en la parte trasera de las rodillas, tirarla al piso, posarse encima de ella y con su brazo sobre su cuello, inmovilizarla.

- ¡Ja! Te gané, Shadow. Por fin lo logré - dijo Trunks a la chica sometida.

Ella no respondió, sólo intentó zafarse en vano. Los fuertes brazos del chico la dejaron sin oportunidad. Entonces lo miró con un poquito de rencor a los ojos. Sus ojos azules. Trunks sostuvo la mirada y dejó que su respiración agitada amenizara el momento. Ella también respiraba agitaba y todo su aliento golpeaba en la cara al joven que por mirar a la mujer, no logró notar que había dejado de luchar y su cuerpo simplemente yacía sobre el suelo. Él se acercó a su rostro, pero ella lo hizo a un lado y con todas sus fuerzas se lo quitó de encima. Luego se rió.

- Buen truco, Trunks. Pero el mío fue mejor - dijo ella guiñándole el ojo. Él quedó tan desconcertado que sólo le devolvió una sonrisa vacía…

Desde que comenzaron a entrenar, Trunks intentó ganarse la confianza de Shadow. Ella lo trataba bien, lo entrenaba con rigor, pero cuando llegaba la hora de platicar de asuntos más personales o convivir como amigos, simplemente desaparecía. A veces ella actuaba con tanta indiferencia que si él tenía alguna sospecha sobre los sentimientos de la chica, con esto desaparecían. Pero esa misma noche...

- ¿Alguien toca la puerta? - preguntó Bulma quien terminaba de servir el postre.

Trunks "paró la oreja" y lo escuchó. Sí, alguien llamaba y él se ofreció para atender el llamado. A los pocos minutos apareció con un hombre de mediana edad, atractivo y vestido de una manera muy elegante, y con un enorme ramo de rosas rojas en la mano.

- Busca a Shadow - dijo el chico en tono serio.

Ella volteó y no se sorprendió al ver quien era.

- Señor Misami, ¿usted aquí?.

- Señorita Kalette - respondió él - por qué no me dijo que cambiaría de corporación. Me dejó con el corazón partido cuando supe que se había marchado, pero ahora, pude saber que se encontraba aquí y he venido a visitarla…

- Esta no es mi casa, señor Misami. Yo soy una invitada aquí, no puede venir a estas horas y …

- No te preocupes, Shadow. Atiende a tu visita - dijo Bulma saliendo de la sala - Vamos, Trunks -agregó, mientras el chico salía dirigiéndole una mirada ¿de enfado? al hombre y a la saiyayin. Sí, fue de enfado, se convenció a sí misma Shadow, y sintió en el corazón la alegría de una pequeña victoria. Tras varios minutos, él se fue.

Ah, el señor Misami, un hombre que se había interesado en la saiyayin desde que la vio en la primera reunión con los empresarios. Cuando trabajó con la corporación que dirigía una de sus amistades, Misami tuvo campo libre para visitar a la chica y hacerle costosos regalos. Ella por supuesto, no estaba interesada en lo más mínimo en él, y con fastidio, tuvo que aceptar que ahora la molestaría en su nuevo domicilio. Pero ahora el hombre podría tener una utilidad mejor. Si Trunks se enfadó por su presencia, ¿significaría que sentía algo por ella? Celos. Sí, provocarle celos al chico sería la manera más efectiva de saber qué sentía él.

-¿Ya se fue ese tipo? - preguntó Trunks minutos después.

- Creí que ya te habías dormido, niño. ¿No estabas muy cansado?

- ¿Qué quiere él?- cuestionó.

- Ey, Trunks. Tranquilo. Sólo vino a verme, me trajo flores y unos dulces de regalo. Además me invitó a tener una cita…

- ¿Qué? ¿Irás? ¿Él qué es tuyo? - preguntó el saiyayin ya más molesto.

- Ash, pareces policía - le respondió ella mientras se levantaba y se dirigía a su cuarto. De reojo pudo ver como el joven apretaba los puños por el enfado. Sonrió para sí… La victoria era suya.