Disclaimer: Nada me pertenece. Los personajes son de JK Rowling, y esta bellísima historia, ya había sido imaginada por otro hombre, Nicholas Sparks.
"Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno."
- Jorge Luis Borges-
A Walk to Remember
Chapter 7: Habitante de Saturno… o alguna de sus lunas
El tiempo es un eterno niño, caprichoso, que hace de su voluntad la verdad. Cuando quiere puede correrle una carrera a una estrella fugaz e incluso ganarle la partida, más si lo agarras en un día gris, puede hacer que un día dure un mes y, a pesar de que tu solo te quejes de tal aberración, sabes que los demás también se dieron cuenta.
No es justo y totalmente arbitrario, pero no hay nada que podamos hacer. Somos simples títeres de una obra que no tiene fin y cuyo único espectador es el mismo titiritero.
Esa es una de las pocas leyes que el hombre jamás ha podido contradecir, porque es la única que verdaderamente rige su vida, invisible ante cualquiera que lo este buscando.
Ese es el tiempo, enemigo en la adversidad y en los tiempos de calma, solo demostrando su lado amable cuando nadie se preocupa por su presencia, cuya único desasosiego en la vida es llamar la atención. Es lo único que existió y existirá siempre, cuya consistencia es totalmente independiente nuestra, más nosotros no podríamos vivir sin él por más que lo deseemos; único testigo de la historia, porque él es la historia, con tantos años como las estrellas pero aún así más joven que nosotros. Aquel que tiene el lujo de pasar sus lunes a la mañana en el cielo, y disfrutar los pecados que ofrecen los sábados en el infierno, simplificación de una antítesis representada en un ideal supremo. Dos conceptos que no presentan unión alguna, atados de por vida por una misma línea de vida.
Santo y pecador.
Puritana y prostituta…
Merodeador y actor.
Eso fue lo que ha sido las últimas semanas para mí, una doble vida sin la doble identidad de un James Bond. De día, una farsa que le habla a un ángel; por la noche, tabaco, sexo y rock and roll.
Pero los equilibrios fueron hechos para romperse… Iba a haber un momento, en que una de las dos partes iba a cansarse de ser la incompatibilidad de la otra e iba a exigir su estadía permanente.
Nunca hubo diablo ni ángel que soportaran compartir el mismo cuerpo… la pregunta, era cuál iba a terminar por dominar al otro, y esa cuestión era la que me preocupaba porque, sin saber el motivo, sentía muy en el fondo de mí ser que la respuesta no iba a ser la que esperaba.
El día de la función se acercaba lentamente, más cuando practicábamos, parecía que solo faltaban horas. Solamente pudimos hacer la obra completa tres veces porque no nos paramos a corregir los (enormes) errores que cometíamos, seguíamos como si nada hubiese pasado pero, estoy completamente seguro que si Charles Dickens nos viera parodiar una de sus obras más trascendentes, el pobre se tiraba de la torre de Astronomía… o eso es lo que haría yo.
Gracias a Merlín (y a una sustancia que la profesora Ryves le daba antes de subir al escenario), Derwent Jahnsen pudo desarrollar su papel sin desmayarse, tropezarse o vomitarle a Gunhilda Mladek encima (suceso que había ocurrido tres veces en dos semanas). La pobre profesora Ryves estaba cada vez más alterada, y ya ni siquiera saber que no había ni un asiento disponible para el día de la función ya que milagrosamente, todo el colegio iba a ir a ver la obra, me libraba de su mal humor. Las primeras palabras que salen de la boca de Tom son, "Tú eres hermosa", y se suponía que tenía que decirlas como si lo sintiera desde el fondo de su corazón. Ese era el momento crucial en la obra entera, y fija el rumbo para todo lo demás que ocurre después. El problema, sin embargo, era que todavía no perfeccionaba esas líneas aún. Sí, decía las palabras, pero no sonaban demasiado convincentes, mirándola cuando decía las palabras como cualquiera que miraba a Lily, con excepción de Slughorn. Traté de imaginar otra persona como el ángel con el propósito de que pudiera conseguir hacerlo como debía, pero con todas las otras cosas en las que estaba tratando de concentrarme, me quedaba totalmente perdido en eso.
No creo que sea necesario aclarar que la única persona que le tenía paciencia durante sus brotes nerviosos era, ni más ni menos, que Lily, a pesar de que con ella también era severa.
Mi problema con el guión casi se había solucionado, aunque no bastó con desperdiciar una noche de mi vida en compañía de Lily Evans en el peor lugar de todo el colegio, sino que tenía de pasar cada rato libre que tenía con ella repasando el maldito parlamento y no emborrachándome en Hogsmade o en las polleras de alguna dama.
Era el jueves por la noche y yo ya había trazado las tres constelaciones que aparecían en el libro chino de Dunhuang. Se que no debería decir esto, pero le estoy tomando el gustito a eso de las estrellas, digo, no es que me guste ni nada por el estilo, solamente quería decir que es bueno no ser el único que no sabe ubicar ni la luna en los mapas astrales.
Todos los demás se habían ido hace media hora a sus respectivas casas, por lo que me quedé solo guardando mi telescopio, ya que Aurora Sinistra había salido hace diez minutos y todavía no había vuelto.
La espere un rato para entregarle mi reporte de las constelaciones de Ursa Major, Capricornus y Sagittarius, pero pasando los minutos, me di cuenta de que tal vez no regresaría antes del amanecer si se fue con Evans. Seguramente estarán hablando de ese cometa que ella quiere ver o del artículo que salió hoy en el Profeta sobre "La importancia de Martes en nuestras vidas"… Típico.
Así que tomé mi mochila y, salí de la habitación, sin preveer que una muchacha pelirroja estaba del otro lado de la puerta.
- "¡Por los calzones de Merlín Evans!"- Grité asustado unos segundos antes de colapsar contra ella. Por suerte tiene ese cabello tan llamativo, sino hubiésemos terminado los dos en el piso. – "¿Qué haces aquí?"-
Sin embargo, ella no parecía sorprendida de verme, de hecho no me miraba en absoluto ya que sus ojos estaban muy ocupados buscando algo o alguien.
- "Lo siento James, es que me quedé hablando con la señorita Sinistra."-
A pesar de que sus palabras seguían dirigidas a mi, su atención se encontraba en otro lado, por lo que no puede aguantar la curiosidad de preguntarle qué cosa en toda la Tierra podría ser más interesante que yo.
- "¿A quién buscas?"-
Solo en ese momento se percató de que sus ojos bailaban de aquí para allá, sin dirección fija y, aparentemente, totalmente libres de su voluntad cuando se dio vuelta hacia mi, tal y como hubiese acabado de aparecer.
- "A nadie, a nadie, estaba a punto de irme para la Sala Común, ¿me acompañas?"- Ahora era mi turno de actuar de forma extraña, ¿cómo negarme cuando era allí hacia donde me dirigía? Era muy tarde, ¿pero qué pasaría si nos chocamos con alguien en el camino? No es que no me agrade Lily, pero ya era demasiado que la gente murmure a mis espaldas como para que lo hagan de frente. – "Tranquilo,"- Los expresivos ojos de Lily se conectaron y fui ahí cuando lo sentí. Algo grande y cálido entraba por donde debían estar mis pupilas, pero que yo, en ese momento, no sentía nada, y empezó a recorrer mi cuerpo como si fuese aire y luz al mismo tiempo. Una luz tibia y escurridiza como el agua de un arroyo… pausada… tranquila. – "ya revisé el pasillo, nadie te verá conmigo."-
Se que ustedes ahora están esperando a que yo empiece a despotricar en contra de ella y su innata habilidad para hacer que las personas se sientan peor que basura, pero no va a pasar eso. Porque en ese preciso momento, no me acordé de sentirme mal ni de desviarle la mirada mientras caminábamos, solamente sentí una terrible paz que inundaba cada una de mis terminales nerviosos, volviéndome un títere de su voluntad… de sus ojos.
El camino se hizo ameno, rellenando esos espacios vacíos con conversaciones sobre la obra y, fue en uno de esos ping pong de frases cordiales, cuando caí en la cuenta de que no solo compartíamos las clases extracurriculares de Actividades Muggle sino que también todas las demás.
- "Espera,"- Estábamos doblando el pasillo del sexto piso, cuando una parte de mi que no era la que estaba conciente en esos momentos, tuvo la epifanía obligando a cada músculo de mi cuerpo a congelarse en el espacio y tiempo, mientras que ella se detenía a observarme. – "me acabo de dar cuenta de algo, tu estas en los mismos clubes que yo."- Las palabras corrían como la seda por mi boca, tomando sentido cada vez que se hacían sonidos. Estaba totalmente perplejo y avergonzado por no haberme dado cuenta antes de una obviedad tan grande y me sentía aún más estúpido cuando me di cuenta que lo había dicho en voz alta y delante de ella. Seguramente me dará un sermón de por qué soy tan distraído, citará a la Biblia acá y allá, se marchará ofendida a la oficina de su querido tío, y mañana me levanto castrado por haber sido tan desconsiderado. Mejor le aviso a Sirius para que se vaya despidiendo de la idea de tener un sobrino y mi madre, un nieto.
Pero contra todos los pronósticos, ella saca algo totalmente desprevenido de la galera, haciendo reafirmar la teoría de que esta chica debe venir de Saturno o de alguna de sus lunas; comienza a reír. Nuevamente ella demuestra su amplio conocimiento sobre una nueva lengua que, aparentemente, yo hablo pero no comprendo. Y ríe naturalmente, sin compromisos ni coquetería, expresando la alegría de la manera más pura posible, como la risa de un niño o de un amigo, y me pregunto, ¿cuándo fue la última vez que alguien se rió así delante de mí?
No, inclusive en Remus y Sirius sus sonrisas se ven manchadas por la pena de su pasado que los acongoja, las vueltas de la vida los han marcado de una manera que, a pesar de ser su mejor amigo, no logro entender… el secreto que esconden debajo de la almohada y solo permiten salir durante la noche, el motivo oculto detrás de tanto chocolate y sexo.
- "Bueno, casi. Cuando aprenda a volar, te pido que me pruebes para el equipo de Quidditch."- Le costó un buen rato recuperarse para poder decir la oración completa, pero a mi me pareció la cosa más tierna del mundo…Un momento, ¿yo dije eso?
- "Tal vez deberías ponerlo como un nuevo punto en tu lista"- Habíamos retomado nuestro camino a la Sala Común y, esta vez, nuestra pequeña charla, se había tornado un poco menos estructurada. Más lo que dije debió perturbarla porque, por primera vez desde que la conozco, fue ella la que me apartó la mirada, como quien no quiere que a sus ojos se le escape algo que la boca intenta acallar.
Comenzó a alejarse de mí, por más que nuestros cuerpos estaban a centímetros de distancia, no clavando su mirada en el suelo, sino en cualquier lugar lejos de mí. Nos mantuvimos nuevamente en silencio, como quien avanza dos espacios y cae por una serpiente hasta el punto de partida, mientras que intentaba de lo más profundo de mí hacer como que no pasó nada, pensando en algún tema de conversación para sacar, pero mi cabeza no podía dejar pasar el hecho de que ese cambio de actitud se debió al hecho de que le mencioné el hecho de volar. ¿Es que acaso se molestó porque me metí con su lista?, si así fue tengo que decirle que no era mi intención pero, ¿qué debo hacer, esperar a que ella me lo reproche o tirarme al lago con una simple hipótesis?
¡Merlín!, en momentos como este me gustaría haber prestado atención a los consejos de mi madre.
Pero, como siempre, ella me ganó de mano y frenó su caminar cuatro pasos detrás de mí.
- "Lo siento James, debo ir a la oficina del profesor Slughorn."- Todavía con las palabras brotando de sus labios, giró lentamente en dirección al camino que conduce a las mazmorras. Solo bastó que la suela de su zapato izquierdo haga eco con el frío piso de mármol, para que las pocas neuronas que el alcohol y la altura no habían matado hagan sinopsis. "Silencio"… "tristeza"… "Slughorn"… muerte.
- "¡Espera Lily!, yo te puedo ayudar."- Corrí detrás de ella, tardándome dos segundos y medio en llegar a su lado. Y, a pesar de no haber corrido nada, tenía la respiración totalmente entrecortada.
Lo que le acababa de decir era la hipocresía más grande del mundo. No había nada, absolutamente nada que yo pudiera hacer por ella pero, si se daba cuenta de que quería ser amable, por ahí no era necesario que el profesor Slughorn me matara justo ahora, ¿no?
Su respuesta fue corta y concisa, una sonrisa y cinco palabras.
- "Eres muy amable James, pero…"-
Pero si ella insistía, yo podía insistir más.
- "Nada de eso, te debo demasiado."- No era persona a la que le gustaba que le den la negativa, y, en cuanto su rostro se contorsionó para dejar aparecer una sonrisa, supe que ya la tenía en mis manos, por lo que aproveché y jugué un poquito más con ella. – "¿O es acaso que Lily Evans no sabe pedir ayuda?"-
Nos miramos por unos segundos, mientras se mordía los labios para evitar que una pequeña risa se escape entre ellos. Tanto ella como yo, sabíamos que había ganado.
Cerró los ojos y tomó un respiro, lo que me dio a entender de que esto iba a ser más que un simple "átame los cordones" y que, a pesar de querer echarme atrás aún antes de saber de que se trataba, no la debía interrumpir.
- "Hace un tiempo coloqué unos frascos por el colegio y Hogsmade para juntar donaciones y no puedo ir a retirarlos porque, porque… tengo cosas que hacer, y estaba necesitando de alguien que me ayude."-
A medida que hablaba (y lo que había previsto se cumplía), mi cara se iba tornando más y más blanca. Pero no podía negarme después de casi rogarle que acepte mi ayuda. Mierda. Yo había pensado que se iba a tratar de algo que me llevaría cinco segundos, como llevarle su mochila o ¡qué se yo!, no se lo que las muchachas como Lily (si es que el mundo fue invadido por más de un extraterrestre) entienden por "ayuda". Se lo que las que no son como ella entienden por "favorcito", pero supongo que este no es el caso.
Sabía perfectamente de que frascos me hablaba, los había visto miles de veces (y miles de veces más cuando se suponía que no estaba ahí) en Las Tres Escobas y Cabeza de Puerco. Nunca me imaginé que fuese ella la que los había colocado todos estos años, y me sentí un terrible pendejo al recordar que, más de una vez, fui yo el que había puesto monedas de leprechauns simplemente porque "lo había encontrado divertido".
- "No te preocupes, yo me encargo."- No la miré a la cara cuando me comprometí a hacer lo que ella me había pedido, era demasiada vergüenza y, hasta cierto punto, suciedad que sentía recorrer mi boca lo que no me permitió hacer contacto visual con ella, por lo que jamás pude verla sonreir en señal de agradecimiento.
Tal vez, solo tal vez, de haberlo hecho, me hubiese dado cuenta antes y, a esta historia, se le acortarían un par de capítulos más. Si solo hubiese sido suficientemente descarado como para mentirle en la cara, mentirle a sus ojos, la epifanía hubiese tardado menos tiempo en llegar a mis ojos. Más eso no pasó y no habrá manera de averiguar "qué hubiese ocurrido si…", lo único que me queda es relatarles esta historia tal y cuál pasó, y dejarles a ustedes el labor de imaginarse un mundo paralelo, de quedarse criticando mis errores, mi estupidez, y volver a transcribir esta historia, borrándole todos las faltas que se pudieron cometer, odiándome en el fondo de su ser como yo me odié tiempo después.
En ese momento, solo éramos dos personas caminando hacia nuestras habitaciones, una demasiado real para ser un ángel, y la otra demasiado necia para no verla.
La costumbre (o, por lo menos, esa extraña versión que había tomado control sobre mi vida desde hace algunas semanas) siguió con sus interminables caprichos y acomodando mi agenda como si fuese una ruleta rusa.
De ella no había sabido nada más desde el miércoles. Si, la veía en las clases y a la tarde en los clubes, pero más que eso, no habíamos compartido ningún momento a solas (¡gracias a Merlín!), lo que tampoco me eximía de la responsabilidad que había tomado con ella. Sabía que, más temprano que tarde, iba a tener que desaparecerme a Hogsmeade a buscar las alcancías que había esparcido por el pueblo, para después voltear mi atención a las decenas latas desparramadas por el colegio, en cada salón, en cada sala común.
Fue ahí cuando decidí que era buena idea desperdiciar todo el jueves para aquello. Primero en principal porque era el día que menos carga horaria tenía; segundo, porque esa noche iba a ser luna llena y no iba a tener tiempo (ni fuerzas) para hacerlo después. Así que esa mañana, antes de salir de mi habitación, tomé mi capa para hacerme invisible, el mapa del Merodeador, y lo escondí al fondo de mi mochila.
Ese jueves, pasé las dos horas de Historia de la Magia, ideando un plan de cuáles iban a ser los lugares que iba a recorrer. El problema (o, mejor dicho, la mayor dificultad), residía en Hogsmeade. El colegio ya estaba casi acabado, había decidido saltearme el desayuno y entrar en hurtadillas a las casas ya que era la hora en que se iban a encontrar más vacías. Y, como me habían tomado menor tiempo que el pensado, había recogido las latas que se encontraban en todo el castillo, solo me faltaban las que se encontraban en el campo de Quidditch, de las cuales me iba a encargar antes de irme para el pueblo.
Era un plan brillante, a prueba de tontos, no había manera de ser descubierto y así, por primera vez en años, iba a poder ver a Lily Evans a la cara sin sentirme como un estúpido porque, en el fondo de mi, sabía que estaba haciendo algo que valía la pena. A regañadientes, deseando que el mundo se abra en dos y me trague, odiando el segundo en que le imploré que me deje ayudarla; si, pero lo estaba haciendo igual…
¡Merlín!, ¡¿qué me está pasando?!
Recorrer el campo de Quiddith había resultado más agotador de lo que había pensado. Si, ya se que podría volar sobre él con los ojos vendados, las manos y pies atadas y, aún así, no chocarme con nada. ¿Pero subir y bajar todas esas escaleras, cada uno de los 20 postes rodean la cancha?
No lo creo.
Preferiría jugar contra una manada de dragones yo solo y, para aquél que ha convivido con esas monstruosas bestias, sepa que no estoy exagerando… ya quisiera.
Me encontraba a la vuelta del retrato de la bruja tuerta cuando decidí que ese era un buen momento para cubrirme con la capa para hacerme invisible y poner en uso ese (no tan) viejo mapa.
Perfecto. Despejado.
Esperen un segundo, ¿ustedes no creerán que hago todo esto para que algún alumno o profesor me vea escapando del colegio, no?
No. Me tiene sin importancia lo que cualquiera de ellos puede decir (bueno, tal vez si es un profesor me preocupe un poco más). El verdadero problema, la verdadera razón por la que tomo todas estas precauciones es, simplemente para no toparme ni con Sirius, ni con Remus.
Si, ya lo se, son mis mejores amigos, pero últimamente, mejor dicho, desde es vez que "intentaron" ayudarme con mis líneas (palabra clave: "intentar"), no pasamos mucho tiempo juntos. Remus se la pasa durmiendo por la cercanía a la luna llena, el pobre parece que, en vez de transformarse en hombre lobo, le viniese la regla, ya que tiene todos los síntomas de una mujer con menstruación: mal humor, antojos a cualquier hora de chocolate, dolores por todo el cuerpo y sueño, mucho sueño. Y Sirius… bueno, él es él… ya pueden intentar imaginar lo que estaba haciendo y, aunque lo hagan, créanme, no es nada comparado a lo que sucedía en realidad.
Solo habíamos tenido una conversación, y había sido ayer durante el almuerzo. Bueno, si es que se le puede llamar "conversación" a una pregunta y a una respuesta.
Estábamos comiendo, como siempre, como si nada, cada uno sentado en su correspondiente lugar, los que indicaban quien ere el inteligente, quien era el deportista y quien era… bueno, quien era Sirius.
Remus estaba tan metido en su ejemplar de "Magos y brujas en la antigüedad" que ni siquiera puede atestiguar el milagroso hecho de que Sirius Black, haya dejado de comer para dirigirme la palabra.
Lo se, yo tampoco lo hubiese creído posible de no haberlo presenciado o de no haberlo escuchado salir de sus propios labios, dos veces, la misma pregunta.
- "¡Hey James! ¿Está todo bien entre nosotros hermano?"-
Solo bastó esa oración para que mil pensamientos se comiencen a ebullecer en mi cabeza, como agua de una tetera a un grado de alcanzar su punto de hervido, aglomerándose para salir de mis labios cual embudo humano.
¿Qué le decía?, ¿por dónde comenzaba? ¿Le contaba primero que pasaba todas las tardes en las cuales él creía que me estaba divirtiendo con alguna señorita (si, señorita, en esas épocas era descortés referirse a una mujer de otro modo) con Lily Evans, en el despacho del profesor Slughorn, practicando para la obra; o de los extraños encuentros (sin índole sexual, quiero aclarar) que tuve con ella?
Pero nada salió de mis labios, ninguno de todos esos secretos que juré nunca tener con ellos, especialmente con él. Es que sabía que no iba a entenderlo, ¿cómo iba a hacerlo si apenas yo podía siquiera pronunciarlo?, ¿cómo explicarle a tu mejor amigo que disfrutas el tiempo que pasas con Lily Evans y cómo hacerle entender que no fuiste succionado por un extraterreste de Saturno para que no se largue a reír en el medio del Gran Salón como un maldito maniático?
Para esas cosas, definitivamente se necesitaba ser como Remus, se necesitaba tacto y, la experiencia y la ciencia, han demostrado que yo carezco terriblemente de eso.
- "Todo bien Canuto, como siempre"-
Pero dar por sentado que cada uno se iba a encontrar en una punta diferente del castillo, uno debajo de las sábanas y el otro debajo de alguna pollera, no era suficiente.
Habiendo verificado con el mapa varias veces, pude tomar rumbo hacia la estatua.
Si mis cálculos no me fallaban (y, tratándose de romper las reglas, nunca lo hacía), debía tomarme alrededor de quince minutos llegar hasta el sótano de Honeydukes y, desde ahí, en media hora debía entrar a todos los negocios del pueblo y volver al colegio. ¿No les dije?, un plan a prueba de tontos.
Ya había pasado tantas veces por esos túneles que casi no necesité de la luz para saber por donde caminaba (palabra clave: casi) solo que, esta vez, se sintió medio extraño escuchar solamente dos pies haciendo eco con las rocas, en lugar de seis.
Luego de exactamente 15 minutos con 16 segundos, salí, con mi capa cubriéndome hasta los talones, por la puerta de Honeydukes, con la única diferencia de que, en esta ocasión, tenía otra lata más en mi mochila. Gracias a Merlín que me di cuenta de que, por el tamaño de las latas, todas no iban a caber ni siquiera en el armario de mi madre y, si alguna vez ustedes entraron al cuarto de mis padres, sabrán de las dimensiones de las que me estoy refiriendo; por lo que utilicé un hechizo que McGonagall nos había enseñado por segundo año para poder hacer que las cosas se agranden. Esa fue la única vez que había prestado atención a su clase y, si les soy sincero, no me acuerdo ni por qué lo hice, solo se que, por primera vez, le pude sacar provecho además de contrabandear alcohol o algunas sustancias que no se si catalogarían como "legales" si es que Filch las hubiese encontrado.
Entrar en cada tienda de Hogsmeade, me tardó más de lo que me hubiese gustado. ¡No se cómo pude pensar que me iba a resultar tan fácil!
Si me sacaba la capa para hacerme invisible y les decía a los dueños que Lily Evans me había mandado para recoger las alcancías, estoy más que seguro que habría terminado en un abrir y cerrar de ojos. Pero, seguramente, algún bocón le habría avisado a algún profesor del colegio que un "joven con lentes" se encontraba paseando por el pueblo cuando no se le tenía permitido. Y, a pesar de que cuatro de cada diez personas en el castillo usan anteojos, la guillotina hubiese caído sobre mi cuello sin que se celebre un juicio.
Como si me matan ahora, Slughorn me revive para hacer la obra y, después, volverme a matar; creo que sería más conveniente saltarnos los pasos de la muerte y quedarnos solamente con la parte en que estoy vivo. Por lo que tenía que hacer todo desde la ilegalidad y el sigilo absoluto: esperar a que nadie me viera para agarrar las latas y salir de ahí antes de que alguien (si es que alguien lo hubiese hecho) se percate de que las alcancías faltaban.
No pasaron menos de tres horas cuando había agarrado todas las latas que Lily había desparramado por el mundo, solo me faltaba una que había dejado, a propósito, para el final, la de Las Tres Escobas. Rosmerta es amiga nuestra hace años, y ella jamás le ha dicho a nadie de las cantidades de veces que entrábamos a su negocio cuando se suponía que estábamos en el colegio. Digo, después de pasar toda la tarde debajo de la nieve, llevando a mis espaldas el peso de un troll bebe (¿y qué más querían?, se agrandar las mochilas, no hacerlas menos pesadas, eso lo habrá explicado en alguna de las clases en las que no presté atención), creo que me merezco una cerveza de manteca y más, teniendo en cuenta, que en tres horas más me voy a enfrentar a un hombre lobo adulto… ¡que nochecita!
- "¿Qué tal una cerveza?"- La ya adulta mujer estaba de espaldas a la barra, con su prominente escote meciéndose al son de la sensual melodía que salía del antiquísimo tocadiscos.
Rosmerta se dio vuelta sobresaltada al escuchar mi voz, como si fuese alguno de esos clientes que descubren que, debajo de todo ese enmarañado pelo y casi promiscua vestimenta, se esconde el rostro de una mujer que se parece mucho a una cantante que fue famosa alguna vez.
Sus facciones se congelan por un segundo antes de formar una pícara sonrisa, tan parecida a la de Sirius que juraría que uno se la robó al otro. Sus ojos, por otro lado, son una terrible tentación a lo prohibido… solamente si no creyera que soy demasiado pendejo.
- "¡James Potter!"- Gritó, sin importarle que alguien se percatara de mi presencia y sospeche que no debería estar ahí. - "Pero si tu te pones más lindo cada día. Si solo no conociera a tus padres y tuviera un par de años menos… Merlín sabe que hace rato que te tendría amarrado en mi cuarto."- Y, así era ella. Toda una dama cuando trataba a sus clientes, pero cuando se trataba de alguno de nosotros tres, se guardaba esa máscara de educación en su bolsillo y arremetía contra nosotros todas las vulgaridades que no se le tenía permitido decir cuando trabajaba.
Con una leve seña de la cabeza, me indica una mesa libre en la parte más oscura de toda la taberna. Nuestra mesa. Cada vez que veníamos a Las Tres Escobas durante la semana, ella nos ofrecía la misma ubicación, totalmente invisible para quien esté en la entrada y con una rápida salida de escape hacia la salida de servicio.
Mientras me dirigía hacia allá, comprobaba nuevamente no encontrarme con ninguna cara conocida, pero solo estaban los típicos borrachos del pueblo, los únicos que son capaces de quedarse inconcientes cuando afuera todavía reina el Sol.
Solo cuando me senté en una silla y apoyé mi mochila en otra, me di cuenta de lo mucho que me dolía la espalda. Ojala que tanto sacrificio valga la pena y Lily pueda hacer lo que quiera con ese dinero... pero, ¿de cuánto dinero estábamos hablando? Esa duda realmente me hizo picar el anzuelo, ¿cuánta gente en todo el colegio y el pueblo era capaz de donar algo de sus bolsillos? Merlín sabe que yo no soy uno de esos. ¿Y si todo el mundo piensa como yo? De pronto y de la nada, la cara de Lily se dibujó delante de mi, pero no estaba feliz como siempre, sino triste y desilusionada al darse cuenta de no había llegado a juntar ni un galeón.
No se porque, pero la sola idea de verla triste me desesperó. Por lo que, sin pensarlo, comencé a sacar todas las latas que había en mi mochila, una pluma y un pergamino y contar, una por una, cuánto había recaudado.
- "¿Qué haces James?"- Rosmerta se paró frente a mí con una cerveza en una mano y la curiosidad en otra. – "¿Acaso la fortuna familiar se acabó y ahora trabajas como contador de… Lily Evans?"-
Al escuchar su nombre, levanté la cabeza tan rápido que empecé a ver todo borroso. Tal vez, si no hubiese estado llevando tanto peso durante tanto tiempo, diferente sería la historia.
- "¿Cómo sabes que son de ella?"- Le pregunté señalando todas las latas. Entonces, ella se sentó en la única silla vacía y, sin dudarlo, comenzó a hablar.
- "Todos los años después de Navidad, esa jovencita, me pide si puede dejar una de estas alcancías en la barra para que la gente pueda dejar sus donaciones para venirlas a buscar antes de las festividades. Al principio le decía que no, pero, ¿cómo negársele a ese ángel?"- Su rostro se volvió a contorsionar tal y cual el de Sirius cada vez que Lily está cerca, dejando su mirada perdida en el polvo que bailaba en el aire… Como dije, los poderes de esa chica van más allá de lo imaginado, si puede doblegar el comerciante corazón de Rosmerta.
- "Si, este año me ofrecí a ayudarla. Solamente me falta recoger el que dejó aquí."- Cuando levanté la cabeza, me asustó la pinta que tenía mi acompañante, parecía que ella había dejado de respirar o que acabase de ver un boggart salir del baño, mientras que sus tornasolados cachetes, poco a poco, se hacían más y más pálidos.
Sin siquiera pedir permiso, se levantó de su asiento y se acercó al mío, mientras presionaba sus cálidas manos sobre mi frente, para luego alejarse y mirarme como nunca lo había hecho, como si fuese mi… madre.
- "¡James Charlus Potter! Estas consumiendo drogas, ¿no es así?"- Su voz iba adquiriendo tonos cada vez más altos. Gracias a Merlín que parecía que los clientes o estaban muy pasados de copas o, tal vez, demasiado acostumbrados a estos brotes iracundos de la dueña de la taberna, porque ni siquiera movieron un pelo ante semejante escándalo.
- "¿De qué estas hablando Rosmerta?"- En cambio, mi rostro no podría presentar mayor incertidumbre ni aunque viese a Sirius con el uniforme de los Slytherins.
- "Tu estas drogado, ¿de qué otra forma me explicarías que te ofrecerías a ayudar a Lily Evans?… A no ser que estés enamorado de ella…"- Cuatro palabras, cuatro palabras que surgieron más efecto en mi que mil dagas atravesándome el cuerpo.
El aire se puso denso, al punto de que no podía pasar por mis pulmones. Mis instintos animales tomaron control de cada terminal nerviosa de mi cuerpo, dejando a mi cabeza con la única tarea de procesar lo que había dicho Rosmerta.
¿Yo, enamorado de Lily Evans?, ¿de qué estaba hablando esta mujer?
Si, me caía bien y no me molestaba pasar tiempo con ella, ¿pero de ahí a que me guste… incluso a que esté enamorado?…
No, no.
Imposible.
Definitivamente imposible.
¡Los merodeadores no se enamoran!, y menos de chicas como Lily Evans.
No es linda, no se arregla, no es provocativa… ¡Por las barbas de Merlín, parece una anciana!, siempre leyendo y estudiando. Jamás la vi pasando tiempo con gente o divirtiéndose, ¿cómo me podría gustar alguien como ella? ¡Y encima es la sobrina de Slughorn!
¡No!... es, es imposible.
No…
…¿No?…
Una estrondorosa risa dispersó mis pensamientos como un transportador que te tira hacia la realidad. De pronto, me percaté que no estaba solo en el mundo y que Rosmerta había recobrado su jocosidad y se había sentado de nuevo en la silla.
Sin embargo, misteriosamente, estaba demasiado alegre como si en el escaso tiempo en que mis sentidos decidieron prestar atención a lo que ocurría dentro de mí y no fuera, alguien hubiese contado el chiste más gracioso del mundo.
Más todas mis preguntas se quedaron en ideas, cuando ella volvió a levantarse e irse. Por un momento pensé que no iba a volver, mientras que tardaba el doble del tiempo en llegar a la barra por las grandes bocanadas de aire que necesitaba tomar a causa de las imponentes risas que azotaban sus pulmones.
Pero, en contra de todo pronóstico, si lo hizo. Luego de perderse detrás de la columna que separaba la barra del lugar en que me encontraba, regresó con una cajita plateada de forma circular, como las que se encontraban como bloques sobre mi mesa.
Nuevamente, cuando dejó la alcancía sobre la mesa, intenté expresar en voz alta mis inquietudes sobre su salud mental, más ella no me dio tiempo para hacerlo.
Solamente se acercó a mí, y con esos penetrantes ojos oscuros, apagó todas esas voces que gritaban en mi cabeza, mientras que me miraba de una forma extraña, no como si fuese su hijo ni nada parecido a ese toque pícaro que siempre me dedicaba. No, era como si me viera por primera vez.
Nuestro contacto visual no habrá durado más de un par de segundos cuando, sin decir nada, se dio vuelta y esta vez si para no volver.
Estaba a punto de dar vuelta por la columna, cuando se giró hacia mí.
- "No te preocupes James, no le contaré a nadie que estuviste aquí."-
Y no dijo nada más, porque no era necesario.
Tanto ella como yo, sabíamos que ese "nadie", tenían nombre y apellidos.
Los siguientes diez minutos los pasé contando y recontando cada knut que había en esas latas que, contra el hecho de su considerable peso, las cosas no siempre son lo que parecen.
Resultó que más de la mitad eran tapas de cerveza que imitaban a la perfección el ruido de un galeón al chocar contra la superficie, pero que tenía el mismo valor que un grano de arena en el mar… y eso no era todo. Pergaminos viejos y plumas partidas lo hacían parecer más un cesto de basura que cualquier otra cosa. Imagínense mi (no) sorpresa al descubrir centenares de papeles con la inscripción "Vale por una noche de amor con Sirius Black" escrita sobre ellos… típico de él.
Tal vez debería guardarlos y repartírselos a todos los habitantes de Hogwarts a ver si este pulgoso aprende la lección. Pero luego lo pensé dos veces, ¿qué castigo sería para Sirius llevarse a todo lo que tenga dos piernas y busto a la cama? Las hormonas del condenado están tan descontroladas (aunque, en mi opinión, él nació así) que le daría igual tirársele a una de primero que a Madame Prince.
Al final, además del montón de chapitas, basura y "vales", se había formado una considerable montaña de colas de cigarrillo, ceniza y otra de proporciones mucho mayores de cosas que hasta incluso yo los encontré repulsivas.
Detrás de todo eso, tapados hasta el hartazgo de esa sarta de obscenidades, se encontraba un peloncito de cobre con algún que otro milagroso destello plateado, que no podía medir más que el puno de un bebe. Eso era todo lo que ella había recaudado desde la Navidad pasada, unos míseros 15 sickles 12 knuts que ni alcanzan para comprar una cerveza de manteca y les juro que, por primera vez en mi vida, descubrí una forma de sentirse peor que cuando ella te mira a los ojos.
Patéticamente me quedé agradeciendo, en el fondo de mi ser, que las monedas irlandesas desaparezcan después de un tiempo, llevándose toda evidencia de mi culpa, esfumándose como si fuera magia, siendo solo un sucio recuerdo de mi conciencia.
Los minutos parecían tener otra velocidad en ese estrecho pasadizo de catacumbas, rompiendo las reglas que le impone el mundo, resistiéndose a lo que hacen los demás, solo porque si.
El recorrido al colegio se hizo mucho más rápido de lo que me hubiese gustado pero, parece, que cuando todas tus neuronas se encuentran trabajando al mismo tiempo, aquello tiene un efecto dominó sobre el reloj que lo hace ir más lento.
No podía darle a Lily estas latas, no podía enfrentarme a su rostro compungido y pretender salir airoso. Verla sufrir, o incluso solo imaginarla llorando, era una visión demasiado desgarradora.
Sabía perfectamente que ni ella ni Slughorn vivían en laureles de oro. Supongo que el salario de un profesor no es suficiente como para alimentar dos bocas. Pero, incluso así, ella daba lo poco que tenía a los que más lo necesitaban.
Todavía me acuerdo de su cumpleaños en nuestro tercer año en el colegio, el primer año que teníamos permitido ir a Hogsmeade. Recuerdo, tan claro como si fuese ayer, lo mucho que deseaba un nuevo libro que había salido sobre alquimia y que, Slughorn le había dado la plata suficiente como para comprárselo.
Nosotros estábamos sentados en un banco justo en frente de la librería del pueblo, cuando la vimos doblar por la esquina en dirección a aquel negocio al cual habré entrado cuatro veces en mi vida, solo para comprarle el regalo de cumpleaños a Remus. Ya había abierto la puerta, cuando vio a un hombre cubierto con harapos acostado sobre el suelo. A diferencia de cualquier persona normal que hubiese entrado rápidamente al local con miedo a que esa manta de suciedad se levantara, despotricando contra la seguridad del pueblo que dejaba que cualquiera durmiera en cualquier lado; ella salió del local y se dirigió a la boutique contigua. No habían pasado ni dos minutos cuando, después de hacer una breve parada por lo de Rosmerta, se acercó al vagabundo que, debido a la helada que azotaba el territorio por esos días, temblaba de frío. Sin despertarlo siquiera, lo tapó con una manta bien gruesa la que, seguramente, debía tener algún hechizo para mantener el calor, y le dejó a su lado una bolsa como la que nos daba Rosmerta cada vez que el bar estaba lleno y queríamos comer algo, junto con un puñado importante de galeones que, según creo, debió ser el vuelto que le sobró.
Como si todo esto fuese poco, cuando pasó junto a la parte de la librería que exhibía el libro de Nicholas Flamel que tanto anhelaba, ni siquiera se detuvo a mirarlo mientras que una sonrisa aún más grande que la que tenía antes de entrar dirigirse a ese local, iluminaba su rostro y hasta contagiaba a quienquiera que esté a su alrededor… Así que así se sentía hacer una buena acción.
¡Merlín!, y pensar que yo tengo una bolsa llena de monedas de oro que tía Alverdine me da cada año antes de entrar a…
…¡¿Por qué no lo pensé antes?!
- "Travesura realizada."-
Listo, estaba en la lechucería. Perfecto, nadie podría vernos.
Dejé el mapa tirado en mi cama junto a mi capa para volverme invisible. Como ya había vuelto de Hogsmeade, no había motivo para llevarlos dentro de la escuela. El peligro ya había pasado y todavía faltaba para que anochezca por lo que ni Remus ni Sirius me iban a buscar en un largo tiempo.
A pesar de la gran cantidad de horas que tomaba para entrenarme físicamente, el camino que separaba la luchecería de la torre de Gryffindor, se volvió más complicado que escalar es mismísimo Everest. El corazón le hacía una carrera a mis piernas para ver quien iba más rápido, mientras estas últimas, poco a poco, iban transformándose en gelatina.
Por suerte, la flacidez de mis piernas, no se convirtió en un obstáculo tan grande, y pude llegar ahí antes de lo que canta un gallo… bueno, tal vez dos.
Subí el último escalón que separaba a la tierra del cielo. Y ahí estaban… y ahí estaba.
Una jauría de adormecidas lechuzas de todos los colores y tamaños, empapelaban cada centímetro de esa pajarera gigante, mientras que sus ululares, como susurros, se escabullían entre sus plumas formando una manta invisible que las mantenía dormidas.
Posiblemente no era el lugar más romántico ni el más higiénico, pero como lo esencial es invisible a los ojos, como dijo aluna vez un príncipe, reto a cualquier persona que no piense lo mismo que yo, a que nombre algún lugar en toda Hogwarts en donde realmente uno pueda escuchar sus pensamientos.
Era tranquilo… silencioso… suave…
Y ella, parada junto a la ventana, mientras su pelo hacía contraluz contra Sol. De espaldas, mirando a la nada. Porque, realmente, no podía estar admirando un paisaje mejor que el que ella me regalaba a mí…
Su cabello bailaba un lento compás con el viento, como si cada una de las hebras de su melena fuese una nota musical distinta… perfecta…
Supongo que si en ese lugar se pueden escuchar los pensamientos como si se te los estuvieran gritando en el oído, la acústica debe ser muy buena, por lo que ningún sonido podría ser camuflado ni ocultado. Si, debe ser, porque sino no entiendo como es que ella supo que estaba ahí.
- "Hola James"- Me saludó aún de espaldas. Yo, no moví ni un músculo. Esta bien, entiendo que pudo saber que alguien había entrado, si, pero ¿cómo demonios sabía que era yo? - "Tu colonia se huele desde acá."- Lentamente, se dio vuelta para quedar frente a mí, mientras una enorme y jocosa sonrisa se escapaba entre sus labios. Supongo que mi cara debía ser muy delirante como para que ella lo encuentre gracioso. Pero, ¿qué cara pondrían ustedes si alguien responde a una pregunta antes de que ustedes la formulen en voz alta?
Olfatee mi campera para comprobar lo que ella decía, hasta que me di cuenta de que uno no sabe reconocer su propia fragancia. Justo en ese preciso momento, me di cuenta de que ella me estaba mirando, y de lo idota que debí haberle parecido al empezar a oler mi ropa. Si antes se estaba riendo, ahora debe estar descostillada en el piso, pensando que soy el más estúpido de toda la escuela… Genial.
Pero, sin embargo, ella no cambió su expresión. Parecía estar completamente fascinada con lo que veía… como quien ve a alguien por primera vez.
- "No tienes de que sonrojarte,"- ¡¿Sonrojarse?! ¡¿Quién dijo algo sobre sonrojarse?! Yo no me sonrojo. - "siempre fui buena en reconocer olores, supongo que eso sirve a la hora de hacer pociones."-
Divagué un poco con mirada sobre cada una de las lechuzas que se encontraban a mi derecha para, cuando a sentía mis cachetes un poco menos calientes, volver a centrarme en sus ojos. ¡La pucha! Parezco una adolescente sonrojándose ante un piropo, ¿qué me está pasando?
Ella, por su parte, seguía parada de espaldas a la gran ventana. No se había movido ni un centímetro, era como si esperara que yo de el primer paso, pero, ¿cómo hacerlo cuando no sentís las piernas?
Aclaré mi voz en un vano intento de encontrar entereza (palabra clave: vano), mientras optaba por huir por la derecha, cambiando de tema. Me descolgué la mochila del hombro y me puse a sacar de su interior cada una de las latas que había recogido en las últimas cuatro horas. Según supuse, esto llamó su atención porque, antes de que termine de colocarlas en el piso, ella ya estaba al lado mío.
- "Aquí están todas y cada una de ellas"- Le informé mientras me volvía a poner la mochila en la espalda. - "No las abrí."-
Sabía que le estaba mintiendo, pero le agradecí a Merlín y a todos los magos que ella estuviera demasiado concentrada mirando las alcancías como para que me mirara a mí. Porque no creo que a esta altura sea necesario decir que, con solo una mirada, ella me hubiese sacado la verdad.
Cuando terminé de hablar, ella se irguió y, como si fuese la mañana de navidad, casi se pone a llorar de la emoción. Realmente cada vez la entendía menos… y eso cada vez me gustaba más.
Pasamos los siguientes minutos en la lechucería. Ella contando todo lo que había recaudado, y yo admirando como su rostro, poco a poco, se volvía más y más incrédulo de la felicidad.
- "No lo puedo creer James."- Me dijo una vez que hubo terminado de contar hasta el último knut, y es que, realmente, era de no creer. -
- "¿Por qué?, ¿cuánto hay?"- Pregunté a pesar que sabía exactamente la cantidad que contenían esas latas, mientras me agachaba para estar más cerca de ella.
- "¡Son 215 galeones con 12 knuts!,"- Vociferó, prestándome sus increíbles ojos verdes. - "nunca en mi vida pensé que iba a juntar tanto. ¡Esta vez es increíble!"-
De verdad se parecía a una niña en Navidad. Miraba las montañas de monedas que había formado en el piso, como si acabase de recrear un mapa de las pirámides de Egipto.
- "¿Piensas que eso será suficiente?"- Pregunté inocentemente.- "Si quieres puedo usar mis encantos para conseguir más."-
Lágrimas pequeñas estaban corriendo por sus mejillas cuando me sonrió. Imagino que lo habrá tomado como un chiste aunque, en esos momentos, si ella me lo pedía, yo lo hacía.
- "No James, esto es... esto es realmente maravilloso"- Dijo sonriendo. Había más emoción de la que alguna vez había escuchado en su voz antes.- "El año pasado, solamente junté setenta knuts".-
Fue entonces que me percaté de que, después de todo, no tenía la más mínima idea de cual era el destino de todas esas monedas.
- "Perdón Lily, pero, ¿para qué juntabas estas donaciones?"-
- "Es para los niños del orfanato. No suelen recibir muchos regalos para navidad, por lo que siempre intento recaudar fondos para comprarles algo, aunque sea una tontería. No sabes como se iluminan sus caritas cuando ven que tienen obsequios debajo del árbol… es mágico."- Pero lo sabía, claro que lo sabía, porque su cara solo se iluminaba con solo hablar de esos niños. Pero había algo más metido en esa frase, algo que no entendía: "¿Por qué tendría que ser especial este año?" y algo que me cerraba: "Así que es ahí en donde ella pasa sus navidades"
- "Me alegro que resultó mejor este año"- Dije a través del grumo que se había formado en mi garganta. Sé que estaba mintiendo, pero no me preocupaba. Por una vez, hice lo mejor que pude haber hecho… y se sentía muy bien…
-"Espero no interrumpir."- Una tercera voz, que no le pertenecía ni a ella ni a mí, apareció de la nada, arruinando por completo la hermosa escena que compartíamos solamente los dos. Pero la bronca no pudo durar mucho, porque un segundo después, la sangre se helaba en mis venas.
Una mirada negra atravesaba mi alma cual estalactitas. Una mirada que hubiese hinchado el pecho de orgullo de Walburga Black y hasta podría asegurar que le haría perdonar todas las traiciones de su hijo mayor.
- "Para nada"- Respondió Lily con su característica amabilidad. Pero era más que obvio, para cualquiera que estuviese un poco más atento a la situación de lo que ella estaba, que Sirius no se estaba dirigiendo a ella.
Nos mantuvimos fijos en nuestros lugares por un tiempo. Un minuto…dos… tres, o tal vez 15 segundos. No importaba. Sentía los ojos de mi seudo humano amigo analizando cada parte de mi cuerpo, como si fuese un medimago examinando a su paciente. No me atrevía a mirarlo a los ojos, por lo que centré mi atención en el viejo pergamino que sostenía en su mano derecha… Diablos, que suerte la mía.
- "Te estaba buscando James, Remus se va para su casa más temprano."- Asentí con la cabeza lentamente, para luego seguirlo por la salida. Esto ya se veía negro desde acá. Solamente me di vuelta antes de alcanzar la puerta para despedirme de Lily con la mirada… No se por qué, pero tenía al sensación de que la próxima vez que nos viéramos, las cosas iban a ser diferentes.
Me hubiese gustado decirle muchas cosas, un "gracias" o un "suerte" tal vez, pero la voz ya no la tenía, al igual que mi sangre, se habían congelado.
- "¿Se puede saber qué pasa?, todavía faltan dos horas para que anochezca."-
Habíamos caminado en silencio, solamente separado por el eco de nuestros pasos contra el piso de mármol, para luego ser callados por el mullido pasto que alfombraba los terrenos del colegio. Unos minutos más tarde, llegamos a la base de un árbol, cuyas ramas azotaban el viento como los acordes de una sinfonía. Desde ahí, solo nos tomó diez minutos como mucho arribar a la destruida casa que, ante los ojos de los pueblerinos, era habitada por criaturas que hasta los magos temían, mientras que nosotros nos divertíamos alentando sus temores.
Más la polvorienta habitación no se encontrada completamente vacía con el roto Collard & Collard que Remus había destruido en su primera transformación. Nuestro queridísimo licántropo, descansaba en un de los sillones que todavía no había despedazado con su mirada clavada en mis ojos, a pesar de que el cordero le iba cediendo su lugar al lobo.
- "Eso mismo queremos saber nosotros, qué carajo te pasa."- Vociferó Sirius, por fin, abriendo la boca aunque, de saber que iba a explotar así, hubiese preferido que se quede callado.- "Te desapareces, no tienes tiempo para tus amigos y, siempre que te estamos buscando, estas en compañía de esa… esa rara."-
Por un momento, me olvidé que era mi amigo, mi hermano, el que me estaba hablando. Por el mismo tiempo que tarda el aire en llegar a los pulmones, ni siquiera se me pasó en la cabeza todos los años de amistad y las cosas que habíamos vivido juntos. Simplemente, le quería hacer daño, causarle todo el dolor posible hasta que dejara de hablar de ella así.
- "No la llames así"- Una grave voz, que poco tenía de parecido con la mía, salió de mi garganta, a medida que mis puños se cerraban, impidiendo que pase la circulación. Pero, por lo visto, él ni enterado estaba. Iracundo o no, él siguió hablando como si esta fuera alguna de sus bromas, como si esta vez, burlarse de alguien no lastimase a nadie.
- "¿Así cómo?"- Preguntó en tono jocoso, mientras se acercaba más y más a mí.- "James, nosotros solíamos burlarnos de gente como ella, ¿y ahora qué?, ¿te has vuelto uno de ellos?"- Estaba a dos escasos centímetros de mi, dos centímetros que podrían reducirse a nada con una piña.
Pero, nuevamente, la voz de la razón, volvió a sacar la bandera blanca en ese campo minado para tranquilizar la situación.
Tanto Sirius como Remus podían decir las mismas cosas, bajo las mismas circunstancias. Pero por algún motivo que supera mi pobre intelecto, cuando Sirius lo decía, tenía ese deje sucio, de sustancia prohibida mezclada con adrenalina, ese paso que separa al suelo seguro de un total precipicio; mientras que Remus, sonaba a enciclopedia, esas personas que te pueden vender que el día es noche, sin que uno se de cuenta, ese tono de tío compinche y abuelo sabio.
- "Nosotros entendemos James de que tengas que pasar tiempo 'de caridad' con ella debido a la obra,"- Intervino mientras se intentaba levantar del sillón en donde descansaba.- "sabemos que te has anotado a todos esos clubes solamente para cumplir tu sueño de, algún día, ser jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos…"- ¿Y estos son mis amigos? ¡Merlín!, como me conocen…- "solamente no queremos perder a nuestro amigo"-
Podía ser que las palabras de Sirius me hagan querer matarlo, pero Remus, sin importar qué, era esa voz externa que mi conciencia necesitaba para pensar. ¿Qué estaba haciendo?, ¿en qué me estaba convirtiendo?
- "Lunático tiene razón. En el almuerzo, ni siquiera te diste cuenta de que Bella no te sacaba los ojos de encima."- ¿Eh?, ¿qué Bella hizo qué?- "Dos días atrás, te hubieses encerrado con ella en un aula vacía antes de que llegase el postre. ¿Qué te pasa hermano? No me digas que te dejaron de gustar los bombones como Schonhoff, para ser el perro faldero de la sobrina de Slughorn. Tu no eres así."-
Yo no soy así.
Es verdad, yo no soy así. ¿Qué demonios está pasando por mi cabeza? Yo no pierdo tiempo haciendo cosas para los demás, yo lo malgasto haciendo lo que todos esperan que no haga. ¡Soy un merodeador por las barbas de Merlín!, ¿a quién intentaba engañar con esta fachada? Yo no paso mis tardes encerrado con una chica, vigilado por su tío, yo no soy un actor. No puedo poner en juego todo lo que tengo, todo lo que soy, solo porque una muchacha viene a decirme que así no soy yo.
¿Qué sabe ella de mí?, ¿qué sabe ella por lo que tengo que pasar día a día?
Pero lo más importante, ¿quién se cree que es para venir y cambiarme, para intentar cambiarme? Estaba bien antes de conocerla, era feliz.
Merlín sabe que podía tirarme a todas las chicas del colegio sin necesidad de mover un dedo y, también es testigo que no he tenido mucha actividad desde que terminé con Bella.
¡A la mierda todo!
- "¿Saben qué?, tienen razón, no se que me pasó… pásame una botella de whiskey Canuto."- La cara de mis dos amigos se iluminaron al momento que el alcohol pasó por mi garganta, mientras que Sirius festejaba, uniéndose a la celebración.
- "¡Je je jey! El ciervo ha vuelto al asecho."-
… Y así era…
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
¡Qué dolor de cabeza! Parecía que, durante la noche, me habían implantado un bombo en donde sea que está el cerebro.
Tenía que abrir los ojos, pero mis párpados habían adquirido 20 kilos desde la última vez que los tuve abiertos hace como dos horas, lo que me hacía imposible solamente mover una pestaña.
¡Merlín!, ¡qué noche!
En las pasadas 36 horas he hecho lo que no había hecho en un mes. Que el jueves haya sido luna llena, no impidió que la noche siguiente nos fuguemos a Hogsmeade y pasar parte del viernes embriagándonos y recibiendo a la madrugada del sábado en la cama de alguna muchachita del pueblo.
Menos mal que hoy hay salida a Hogsmeade (aunque, para ser sincero, después de lo de anoche, necesitaría un buen fin de semana de sueño), por lo que no había prácticas, ni programa de tutores hoy…tampoco que tuviese pensado ir a lo último si es que hubiese. No iba a perder más tiempo juntándome con los perdedores del colegio. No señor. Y, a pesar de que no hubiese perdido toda la mañana de ayer durmiendo, tampoco hubiese aparecido en ese tonto club de lectura. No.
Ya basta de maricanadas.
Ahora tengo que levantarme, bañarme y partir para Hogsmeade, en donde me espera mi queridísima Bella y todo el fin de semana encerrado en su habitación. Si, parece que el "famoso" Donaghan Maceren, era más ruido que nueces, por lo que ayer a la noche, mientras salíamos del Gran Comedor, Bella me interceptó para pedirme perdón por haberme cambiado. Obviamente tengo orgullo, y no me iba a dejar convencer por ella… pero resulta que la condenada sabe como persuadir a uno.
Hace más de dos horas que habíamos llegado al pueblo, cuando decidimos dejar las Tres Escobas para volver al castillo. No me miren así, es que estábamos aburridos, y buscábamos algo con un poquitito más de acción. ¿Qué tiene de divertido ir al pueblo cuando te dejan?
Sirius había ido con Jocelyn. No es que estuviese manteniendo una relación formal con ella, pero, ante cualquier evento social, se podría decir que ella era su novia "regular"… lo que no evitaba que el condenado se tire a cualquier mujer que se le cruce por el camino. No, para los ojos de todo el colegio, él salía con Jocelyn Losneck, pero para las espaldas… bueno, solo digamos que es un chico de gustos ilimitados.
Remus, por su parte, tenía entre sus manos la versión de Oliver Twist que le había regalado para la Navidad pasada. Es que así es él, el merodeador y el traga libros, el amante y el amigo, el lobo y el cordero. Podía estar toda la noche bebiendo alcohol en los brazos de alguna damisela y a la mañana siguiente ser el primero en levantar la mano ante la pregunta de algún profesor… bueno, el segundo. Pero a pesar de estar concentrado en la obra de Dickens, no inhibió a Wendelyn Christen para invadir su boca con sus labios un par de veces.
Entonces, cuando no habíamos siquiera dado dos pasos fuera de la taberna, la voz burlona de Sirius irrumpió el ambiente.
- "Miren quién viene para acá. Es tu novia Cornamenta."-
Ay no…
Repentinamente, despegué mis manos del cuerpo de Bella, para centrar mi atención al lugar que señalaba Sirius. Igual, no fue muy difícil de ubicar, con ese llamativo pelo rojo haciendo contraste con la blanca nieve invadía cada rincón del pueblo, y ese maldito saco verde que, sin saber como, la abrigaba de igual manera en Octubre que en Enero.
Y fue ahí cuando mis ojos se encontraron con sus ojos. Y fue ahí que me acordé (si es que hubiese sido posible de olvidar) el motivo por el cual no había querido encontrarme con ella cara a cara en todo el día de ayer.
- "Esa cosa no es la novia de mi James"- Enfuñó Bella en contra de Sirius, abrazándome con sus delicados brazos, como quien da a entender que algo es de su propiedad.
Mis oportunidades de escapar eran cada vez menores con cada paso que ella daba hacia mí. Intenté con todas mis fuerzas hacerle entender que se tenía que ir… pero las miradas parecen no usar el mismo vocabulario que la boca.
De pronto, ya la tenía en frente mío, mientras que Sirius se atragantaba con su propia voz al hacer un esfuerzo (sobre)humano para que ella no lo escuche reír.
-"Hola."- Nos saludó a todos en general con su alegre voz que hacía parecer que la Navidad hubiera llegado antes. Y sin esperar respuesta alguna de parte nuestra, terminó clavando sus obres verdes en mi… haciendome olvidar hasta de cómo se respiraba. -"James, el otro día me olvidé de preguntarte, ¿te gustaría acompañarme a llevarle a los chicos los regalos para navidad?"-
Seis pares de ojos me miraban expectantes, como si fuese una presa fácil en el medio del desierto. Merlín sabe que no le podía decir que no a esos ojos, a ella. Pero, de pronto, un codazo de parte de Sirius cortó el embrujo que su mirada había lanzado sobre la mía. Sirius esperaba expectante no entendiendo el porque de mi tardanza.
¿Qué estaba haciendo?
La volví a mirar a los ojos, odiándome con toda mi alma por lo que iba a hacer… pero tenía que hacerlo. Y con toda la arrogancia del mundo, dejé que las palabras fluyeran solas por mi garganta, porque sabía que si me ponía a pensar en lo que iba a decir, no iba a tener el valor para hacerlo.
-"Solo en tus sueños Evans"-
Y con esas cinco palabras, se fue. Sin despedirse, sin decir nada, sin sonreír. Solo con el alma destrozada en una mano y su libro bien apretada en la otra.
No escuché ni las risas de Sirius, ni las burlas de Bella. Porque eso era lo correcto, lo que había hecho era lo correcto, lo que todos esperaban que hiciera, lo que se suponía que debía hacer…
O por lo menos eso fue lo que me repetí hasta quedarme dormido. Tal vez, con suerte, mañana me crea esa mentira.
¡No me odien!
Se que me merezco la muerte más dolorosa que cada uno de ustedes me pueden imaginar, ¡pero no me odien!, les juro que no fue mi culpa!
Les cuento brevemente que es lo que me ha pasado desde principios de Octubre: a los dos días de haber posteado la 6ta continuación, estaba muy feliz yendo a la facultad cuando, de pronto, no me puedo mover. En conclusión, me descubrieron que tenía una hernia de disco y tenía que estar tres meses en cama (para aquellos que la tuvieron se imaginaran el dolor que sentía) y, a pesar de ser la excusa perfecta para sentarme a escribir, les juro que no podía agarrar ni un lápiz sin estar insultando hasta el pajarito que tiene su nido al lado de mi ventana. Ahora ya estoy mejor, pero cuando hace una semana quise terminar de escribir las continuaciones, resulta que mi PC se convirtió en un caldo de virus y alguien de mi familia utilizó (Y BORRÓ) el pendrive que tenía toda la historia escrita para guardar otras cosas (SIN COMENTARIOS).
Así que me tuve que poner a escribir todo de nuevo. Esta conti me quedó un poco larga, pero es mi manera de disculparme por mi retraso. Esta recién salida del horno, así que no se para cuando tendré la 8va continuación ni que nombre le voy a poner.
Además, quería pedirles perdón a todas las maravillosas personas que escriben fics y que no tuve la oportunidad de dejarles reviews. Si los leí porque me los imprimían para que los pueda leer desde la cama (pero hasta eso se me hacía complicado). Prometo dejar review en cada continuación, pero ténganme paciencia, todavía estoy media oxidada.
Bueno, ya basta de tanta plática, los dejo.
¡Les deseo unas hermosas Navidades y un próximo Año Nuevo!
¡Espero que cada una encuentre su James Potter de chocolate debajo del árbol como se lo merecen!
Muchísimas gracias a darkandres, ginnynena, Andrea, mainy, Melinda, Beny Cullen, misticfairy378, M0rme, Miss Rosina, flormania, Andrea, Fani, Len1982, thanya, Rianne Black, argentin, Pau, Marianna, Karmy Cullen, flormania, Anney Lime, Maria José, Liz y ; y déjenme decirles que realmente lo lamento mucho, se que odian que dejen fics sin terminar. No se cuanto me va a tardar terminar con este, porque mi salud todavía anda media media, pero les doy mi palabra que esto va a tener un final aunque tenga que escribirlo ¡con la nariz!
¡Muchos besos y felices fiestas!
XOXO
allabouthim
