AT THE BEGINNING WITH YOU

Capitulo 7: Las princesas no se casan con un sirviente.

El andar nervioso de Vlad comenzaba a molestar a Dimitri que permanecía sentado en las escaleras de la entrada del teatro. Su rechoncho amigo no dejaba de dar vueltas de un lado para otro y jugaba con su sombrero alto de copa, dándole vueltas entre las manos.

Habían arribado con algo de anticipación y esperaban a que Anya y Sophie aparecieran para entrar a la función pero como era de esperarse, ambas estaban tardando más de la cuenta en arreglarse, como buenas mujeres que eran.

— No tenemos nada de qué preocuparnos —lanzó Dimitri en tono cansino, como tratando de minimizar los nervios locos de Vlad y transmitirle algo de serenidad—, ella es la princesa —dijo resignado y sintió una punzada en el corazón que lo hizo suspirar y bajar la cabeza al recordar su mala suerte.

— Lo sé, entiendo —aseguró Vlad, pero Dimitri sabía que no era así. Vlad decía aquello sólo porque "debían" mantener la farsa lo más creíble posible frente a todos y eso los incluía a ellos también. Para ellos y su mentira, Anya era la princesa y no había más y a Dimitri le resultaba gracioso que el destino les hubiera hecho la jugada al hacer aquello realidad.

— No, no, no… no lo entiendes —le lanzó, poniéndose de pie. Era hora de que se enterara de la verdad, ya no tenía sentido ocultar nada porque las piezas poco a poco habían encajado y la última que restaba era la de la emperatriz—. Yo era el muchacho, del palacio, el que abrió el muro. Ella es la auténtica Vlad… —los ojos de su amigo se abrieron como platos ante la confesión de Dimitri.

— Significa que Anya halló a su familia —una sensación de paz y alivio inundó el cuerpo de Vlad, de pies a cabeza—. Hemos encontrado a la heredera al trono ruso… —en el largo camino que habían recorrido junto a ella, Vlad le había tomado mucho cariño a la jovencita y al saber esa noticia no podía sino sentir gran alegría por ella. Pero por otro lado, sabía que el corazón de Dimitri se había roto. No era necesario que disimularan entre ellos, sabía a la perfección lo que él sentía por ella y estaba seguro de que Anya le correspondía, los había visto pelear y convivir y sabía que la química que ambos tenían cuando estaban juntos sólo podía significar una cosa— y tú…

— Saldré de su vida para siempre… —aseguró Dimitri con determinación ya sin ocultarle a Vlad sus sentimientos ¿qué más daba? Su compañero lo había sabido inclusive antes que él mismo. Y no iba a negarlo, le dolía, pero era lo que tenía que pasar, ya lo había aceptado.

— Pero…

— Las princesas no se casan con un sirviente —odiaba decirlo, pero no era más que la verdad. Quizás, anteriormente cuando ninguno sabía que Anya era la princesa cabía una pequeña posibilidad de que las cosas entre ambos resultaran, pero ahora que había hecho el descubrimiento el ruso sabía perfectamente que sus vidas eran de mundos totalmente diferentes; Anya tenía una vida buena por delante con su abuela y su familia, con sus lujos, con una vida tranquila y sin preocupaciones siendo una bella y fuerte princesa la cual estaba destinada a encontrar a su príncipe azul. Pero él lo único que tenía en esos momentos era incertidumbre en el mañana: no tenía títulos, ni propiedades, ni dinero… lo único que llevaba consigo era pobreza y ese amor que le quemaba por dentro hacía ella y que había representado ese rayo de sol entre tanta miseria. Además, no quería que ella supiera el tipo de persona que había tenido al lado todo ese tiempo explotándola por un fin monetario del que ahora se arrepentía.

— Lo sé, pero… —insistió Vlad, tratando de que Dimitri lo dejara hablar pero él seguía interrumpiéndolo con negativa.

— Seguiremos con esto como si no sucediera nada —tajó Dimitri, empecinado en que dejaran el asunto por la paz. Ya no había nada qué hacer ni qué decir y que ella lo supiera sólo iba a complicarle las cosas. ¿Cómo era posible que alguien como él aspirara el amor de esa dulce princesa? La vida le tiraba a la cara que aceptara su realidad y se diera la media vuelta. Sin embargo, para Vlad las cosas estaban más que claras y por lo mismo Dimitri debía hablar. Para él no había pero que valiera.

— Tienes que decírselo —dijo Vlad, con semblante serio, como pocas veces Dimitri le había visto.

— ¿Decirme qué? —la dulce y curiosa voz de Anya los interrumpió y Dimitri se giró bruscamente debido a la sorpresa. Había estado a punto de escuchar su plática y agradecía que no hubiera llegado diez segundos antes. Al cruzar la mirada con ella y observarla de pies a cabeza, las piernas le temblaron: Estaba bellísima. Se quitó el sombrero rápidamente y comenzó a hilar frases para darle una respuesta coherente:

— Lo… lo hermosa que luces hoy —susurró con suavidad. Era la único que se le había ocurrido porque era verdad y porque estaba embelesado con la apariencia de la chica. Lo decía enserio, pese a que sabía que ella se lo tomaría como a broma.

— Vaya… gracias —respondió Anya bastante asombrada por la respuesta del chico. Dimitri le ofreció su brazo para que entraran juntos al teatro. Cuando comenzaron a andar, el joven volteó a ver a Vlad para terminar con aquella conversación pendiente y con la mirada le suplicó en silencio que no dijera nada, que dejara las cosas como estaban, sellando así el secreto de su corazón: jamás le diría a Anya lo que sentía por ella aunque eso significara romper su propio corazón.


Aiññññññ! Me moría de ganas por escribir esta escena! Tal cual ya Dimitri acepta sus sentimientos y no le importa decírselo a Vlad, bueno no le dice directamente que la ama, pero cuando dice que las princesas no se casan con un sirviente es su forma de aceptarlo! Y es de kbxjasbcasbuydgjdnbalckavnawkxbaxvaud! Te amo Dimitriiiiiii! Me encanta que Vlad ya lo sabía y le dice que le tiene que decir! Eso debió pasar pero bueno, Dimitri si era un poco cobarde y Anya también, siento que los dos estaban esperando a ver quién daba el primer paso y pues no más ninguno se atrevía... xD y bueno, amé esta escena. Gracias por leer y comentar :) nos vemos prontito en otra viñeta, ya casi acaban.