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Ni siquiera el sonido ensordecedor de la guitarra lograba acallar mis pensamientos, las palabras y las ideas colisionaban una contra otra provocando que tuviese que apoyar mi cabeza en mis manos, este era uno de esos momentos en los que no podía soportar el dolor y la confusión. Hoy era una de esas noches en las que me quedaba sentado en un bar, con un vaso de ron en frente, tratando de poner en orden mis ideas, tratando de encontrarle un sentido a esta vida de mierda que había comenzado a vivir. El olor a cigarro había comenzado a darme nauseas pero no me quería mover, quizás de esa manera podía olvidar el olor de aquella mujer, no, de la diosa… no… de esa mujer.
No sé en qué minuto comencé a verla como mujer, no sé cuál fue el día en que me di cuenta de la presencia de ella. No sé cuál fue el segundo en que mis ojos se posaron en ella. Podría estar toda la noche pensando y repasando y jamás encontraría la respuesta apropiada, y si lograba acercarme un poco el dolor que me golpeaba era tan grande que solamente un trago del licor mas fuerte era capaz de hacerme olvidar mis cavilaciones. Levante un poco mi cabeza para poder ver mi reflejo en el vidrio de la botella que tenía en frente, trate de ordenarme el pelo que caía sobre mi frente y esbozar una sonrisa pero era simplemente imposible, mis ojos reflejaban claramente el dolor que me carcomía lentamente cada día. Escondo nuevamente mis ojos en la sombra de mi cabello he intento ser invisible "las ventajas de ser invisible"
El horror que había resultado ser mi vida era inexplicable y difícil de creer, el sonido de los gritos y su llanto aun resuenan en mi cabeza, son algo que ni la muerte ni el tiempo han podido borrar y eso me vuelve loco, no puedo soportar las imágenes que genera mi cabeza, tampoco puedo soportar el peso que siento sobre mis hombros, la cuerda floja en la que sentía que caminaba estaba a punto de torcerse y el ritmo acompasado de mi respiración comenzaba a acelerarse. Ver hacia abajo estaba prohibido, el vértigo a la caída era demasiado y tenía miedo de perderme en la negrura de mi propia conciencia, no quería quedar encerrado en mi propia cabeza. Levante nuevamente la cabeza y me serví un poco mas de ron en el vaso, para después tomarme todo el contenido de un solo sorbo, la conciencia no era algo que me viniera bien estos días.
Me puse de pie con dificultad, tome mis cosas y salí de aquel lugar. Cuando estuve en la calle el viento que chocaba con mi cara me produjo otra ola de nauseas, unas que hicieron que mi cuerpo de estremeciera por completo y la ira me cegara nuevamente. Me senté en suelo, al borde de la calle y roge para que de una vez por todas la culpa me dejara en paz y si eso significaba dejar de respirar lo haría, pero al parecer la vida es tan bella, que la muerte se ha enamorado de ella. De un momento a otro en mi cabeza comenzó a sonar una melodía, me la sabía de memoria, conocía cada una de las notas y eso era una de las pocas cosas que me enorgullecía. Roce con cuidado la caja alargada que llevaba conmigo, era una de las pocas cosas que siempre llevaba conmigo, era una de las pocas cosas que jamás podría dejar atrás.
Tome la caja negra entre mis brazos y la abrace, quería volver a sentir, aunque fuese por un segundo ese sentimiento que solía invadirme cada vez que tocaba el pequeño instrumento, cada vez que lograba arrancar pequeñas melodías en aquel viejo violín. El era mi compañero, mi confidente, mi mejor arma contra cualquier enemigo. Ese violín era todo lo que mi corta vida de niño normal me había dejado, un secreto que había guardado celosamente dentro de aquel enorme templo que había sido mi hogar. La bocina y las luces de un auto apuntándome directamente me obligaron a ponerme de pie, ya no había lugar para nadie, ni para las penas ajenas.
Las calles tenían un color gris, los adoquines estaban brillantes a la luz de la luna y el frio envolvía tiernamente a cualquiera que quisiera recibirlo, una noche perfectamente romántica y desgraciada. Por primera vez en mi vida no sabía dónde ir, no tenía un lugar ni a nadie que pudiese soportar el peso de mi culpa, con suerte la podía arrastrar yo. Quizás mi destino no esperaba más de mi de lo que yo le podía dar y en estos minutos no tenía nada para nadie. Mire mis manos y las vi vacías, sin sentido, inmateriales ¿son las manos de un virtuoso? ¿Cuántas veces esas palabras se cruzaron en mi camino? ¿Cuántas veces esas palabras fueron el eco de mis presentaciones? ¿Cuántas veces soñé con escucharlas de sus propios labios? Era un virtuoso en arte de la arquería así como con el violín, mis manos siempre fueron mi mejor arma y mi mejor regalo. Esas manos que ahora veía vacías y cargadas de culpa y sangre fueron en algún momento las manos de un virtuoso violinista. Aioros el violinista, caballero de Sagitario, caballero legendario.
"Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida"#
Mire al cielo y sentí como cada pedazo de estrella se estrellaba en el suelo, sentí como mi mundo se derrumbaba nuevamente, y no sólo el mío, no. La vi tantas veces pedir perdón, derramar lágrimas y rogar por la vida de todos nosotros que fui incapaz de separar la razón del sentimiento. Ahora soy yo el que, debido a mi arrogancia, esta de rodillas, llorando y pidiendo perdón, gritando al vacio a un interlocutor que no existe, esperando que un día de estos esos gritos de dolor puedan llegar a oídos de ella. Ya nada me daba el consuelo que necesitaba, ya nada lograba borrar las palabras e imágenes de ese día, ya nada lograba que pudiera dormir en paz, nada. La personalidad de artista es algo que jamás se podrá entender, los pensamientos son sombras que a veces es mejor que permanezcan anónimas. El frio comienza a recorrer mi cuerpo, de pronto estar parado en medio de la calle en la madrugada no era una buena idea.
Comencé a caminar, zigzagueando por las calles de la ciudad, una de las cosas que había aprendido era a apreciar la belleza de la arquitectura a la luz de la luna, el sonido del viento entrando por las ventanas, la soledad que invadía cada rincón de la ciudad. Me detuve frente a un puente para poder respirar aire fresco. Las cosas desde hace tiempo no iban como me había gustado, el tiempo me había mostrado las variantes de una vida sin espacio para las dudas. Aun así yo había dudado de todo, había caído en las redes de la corrupción, el poder y el nombre me había transformado en un hombre totalmente desconocido, indigno. Había noches en las que pensaba que todo terminaría, que ya no quedaba nada por lo que vivir, nada que proteger, no mas rescates y me entregaba a los designios de la suerte, pero parece que ni eso estaba a mi favor, la muerte me rehuía como peste y cada vez que intentaba volar había algo que me detenía. La bondad no debe ser desperdiciada, menos un corazón roto.
Frida Kahlo dijo una vez "Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior" algunas veces suelo repetir una y otra vez esa frase, muchas veces me he encontrado escribiéndola en hojas de papel o servilletas, probablemente con la intención de grabarla a fuego en mi cabeza, quizás de esa manera podía conectarme con esas palabras, era la forma que había encontrado para poder ver con claridad la muralla que había construido alrededor de la culpa y el sufrimiento. De esa manera podía esconder la verdadera miseria que era mi alma y las cadenas que arrastraba y que arrastraría toda mi vida.
Tengo miedo de intentar vivir nuevamente, tengo miedo de volver a sentir, tengo miedo de volver a perder la cabeza, tengo miedo de volver… sinceramente el sólo hecho de pensar en poner un pie nuevamente en el que fue mi hogar por tantos años me produce una sensación de pérdida insostenible, de pensarlo las piernas me fallan. Nuevamente la cabeza comienza a dar vueltas y los recuerdos vuelven inesperadamente, probablemente me veo como un loco, que me importa, soy nadie. Sigo caminando por las calles para ver si puedo encontrar esa parte de mi vida que perdí tiempo atrás, sigo y seguiré caminando cerca de ella, hace mucho descubrí que no existen los límites, los perdí hace mucho, ese muchacho tranquilo y sensato se había ido caminando un día y jamás volvió, lo extravié o simplemente no sé donde lo deje quizás debería poner carteles en las paredes y postes de la ciudad. sonreí ante la idea.
Al llegar a una de las esquinas más concurridas "el barrio bohemio" me detuve y saque el pequeño violín que me acompañaba, había noches en que la música solía acompañar mis penas, y así, abriendo mi alma al mar de personas desconocidas que pasaban sin mirar comenzaba a tocar un pieza y otra y otra, desde un tango de Carlos Gardel* hasta las más celebres piezas de John Williams** tratando de sanar mi alma, regalándome la tranquilidad que mi corazón necesitaba.
Con cada nota los recuerdos de aquel día volvían a mi cabeza, ya no me lastimaban… ya no me lastimaban tanto, poco a poco el dolor se volvía menos intenso…
- ¡Seiya! Le grite
- Aioros… Me dijo con sorpresa
- Dile a la señorita Atena que baje
- Aioros... ¿Por qué no vamos a tomar algo a otro lado? Tenemos que hablar… tú tienes que entender Me dijo, en su cara podía leer su desesperación, su angustia. Pero a mi no me importaba, yo tenía que verla, tenía que hablar con ella
- No, dile que baje, no me interesa hablar contigo. Le dije de forma autoritaria, con el poco de dignidad que me quedaba
- Vamos por favor, vamos a hablar a otro lado. Me dijo mientras me tomaba del brazo para alejarme del edificio
- ¡NO! Le grite, empujándolo lejos – Con la última persona con la que quiero hablar es contigo, y deberías saber bien porque la rabia comenzaba a consumirme lentamente
- Te voy a pedir que te calmes, estas frente a mi departamento y no voy a permitir que comiences un escándalo. Me dijo con la voz seria, definitivamente ese niño impulsivo ya no existía, el tiempo y las batallas se habían encargado de enterrarlo en lo más profundo de su ser, en parte lo entendía, era el destino de todo caballero.
- ¡tú no tienes el derecho de hablarme de esa manera! ¿quién te crees que eres? Tú sólo eres un pobre imbécil ¿qué derecho tienes sobre ella? Le dije, no me importaba donde estuviéramos, no me importaba que todos nos estuvieran viendo
Seiya me tomo de la camisa violentamente y acerco su rostro al mío, podía sentir su respiración y lo alterado que estaba – tu y yo nos vamos de aquí me dijo en un susurro.
- ¡te dije que no! Le respondí, tomándolo de las muñecas fuertemente y obligándolo a que me soltara
- ¿a qué viniste Aioros? Me pregunto desafiante - ¿Qué viniste a buscar aquí? ¿qué es lo que quieres encontrar? ¿quieres buscar culpables?
Esta vez fui yo el que se quedo en silencio ¿buscar culpables? Al escuchar esas palabras mi corazón y mi alma terminaron de romperse ¿es que no se daba cuenta? ¿Culpables? Todos somos culpables, el ignorar los sentimientos nos había llevado a donde estábamos ahora, el ignorar las necesidades de nuestra propia vida nos había arrastrado al abismo. Una oleada de terror y rabia me consumió, y por unos segundos quise destruir todo, absolutamente todo, a él, a ella, la ciudad, a mí mismo. Yo ya no era digno de portar la armadura de Sagitario, ya no era digno de ella, ni de su mirada, ni de su perdón. Ese día quise destruir el mundo, su mundo, y por muy poco lo logro ¿buscar culpables?...
- Déjanos en paz Aioros, ella no te vera y la verdad es que yo tampoco tengo ganas de verte.
- ¡tú no puedes hablarme de esa manera!
- Claro que puedo ¿quieres hablar de culpas? Tú sabes perfectamente quién es el responsable de todo esto, tú más que nadie sabe lo que sucedió.
- ¡Cállate! Tú no sabes absolutamente nada, no sabes lo que realmente paso
- Sé lo suficiente para saber que fuiste tú el que comenzó todo esto, fuiste tú Aioros caballero de Sagitario, tú.
- ¿y qué me dices de ti? ¿por qué tú eres distinto a mí? ¿por qué tú eres mejor que yo?
- Eso no tiene nada que ver…
- Claro que sí, ¡dime! ¿por qué tu eres mejor que yo? Esta vez era yo quién lo había tomado del cuello para tenerlo frente a frente, quería verlo a los ojos, quería que el supiera que lo odiaba con todo mi ser.
- ¡porque ella me ama a mí no a ti! Me dijo eso sin pensar, eso lo podía notar por la expresión de su cara, ambos nos sorprendimos, el por cómo había salido las palabras de su boca, yo por la desfachatez que había tenido de decirlo en voz alta.
Lo golpee lo más fuerte que mis fuerzas me dejaban, lo derribe y me lance sobre él, quería matarlo, quería molerlo a golpes, quería desaparecerlo del mapa, de la tierra. Y mientras tenía mis manos alrededor de su cuello pensé que, si tan solo lo desaparecía, podría ser yo el único para ella, por unos momentos estuve seguro que esa era la solución.
De un momento a otro fui yo el golpeado, yo era el que estaba tirado en el suelo recibiendo la frustración de Seiya. En mi vida me habían enseñado a sentir la música, a tener una buena postura, a responder con propiedad, a poder interpretar piezas musicales de grandes músicos. Al convertirme en caballero me habían enseñado a ser leal, calmado, racional, me habían enseñado a ser el caballero modelo, al que todos debían admirar pero jamás me enseñaron a amar, jamás me dijeron como se sentía y ¿qué hacer cuando, lo que se quiere y lo que se debe, no es lo mismo?*** en algún punto de esta vida mi devoción hacia Atena había cambiado, esa admiración escondida detrás de un pilar ya no soportaba mas, el deseo de tocarla muchas veces me había llevado a vagar eternamente fuera del templo principal ¿en qué momento el deber dejó de serlo? ¿En qué momento deje de ser un caballero fiel para convertirme en un hombre fiel?
Los golpes de detuvieron
- Ella me ama… y no me importa decirlo ni sentirlo Me dijo en un susurro, estaba cansado, agotado.
- Pero… ¿por qué a ti? Le pregunte casi al borde de las lágrimas
- No lo sé
- yo tengo la culpa… toda
- no… no toda
Lo quede mirando atentamente, estaba tan confuso que no lograba entender lo que me decía, de pronto me sentí como un adolescente, un pendejo. Vi como Seiya se ponía de pie y me miraba amenazante.
- No Aioros, tú no tienes toda la culpa, solo parte de ella, eres el gatillo no la bala. A estas alturas no importa…
- Pero… es que tu no entiendes
- ¡sí! Entiendo perfectamente, por eso te daré esta última advertencia y te no te la daré como caballero de Pegaso que soy, tampoco como amigo… esto te lo diré como hombre y novio de pronto se acerco a mí y me tomo del cuello de la camisa, levantándome levemente del suelo - ¡DEJA A MI MUJER TRANQUILA!
Esa fue la última vez que lo vi
Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamiento que caminan con pies de paloma dirigen al mundo**** probablemente eso es lo que debí haber hecho, caminar lento, siempre mirando a los dos lados, pero no fue así, por un segundo perdí el control y hice lo que mi cuerpo dicto, lo que mi cabeza dijo. Me deje llevar como el mar, me convertí en una pequeña hoja siendo arrastrada por la corriente, pero de un momento a otro y sin previo aviso me ahogue, perdí el rumbo y caí estrepitosamente sobre el suelo, me perdí en las profundidades y hay me quede, entre el barro y el agua, sintiendo la presión sobre mis oídos. En ese lugar me quede, inconsciente, sin saber qué hacer ni decir. Ese día sus ojos lo decían todo, era un réquiem, un llano desolado y silencioso, la melodía más triste que he oído en mi vida.
La vergüenza no dejo que permaneciera en ese lugar, ya no podía borrar las palabras dichas, ya no podía borrar las acciones. Tome mis cosas y me fui en silencio, sin mirar a nadie a la cara, sin poder emitir ningún sonido, sin poder pedir perdón. Simplemente me fui y no volví. Me escondí de todos y desaparecí, me convertí en alguien invisibles a los ojos de todos. Hay días en que la soledad es insoportable y salgo a caminar, a perderme entre el mar de personas, a veces cruzo la mirada con gente de mi pasado, con mi hermano, compañeros, yo simplemente bajo la mirada eh intento ignorar los llamados.
Siempre era lo mismo, todo por culpa de un amor confuso, un sentimiento prohibido, por lo menos para mí. Nosotros no deberíamos amar, nos transforma en monstruos celosos, sedientos de contacto, las miradas nos confunden y nos atrapan. Somos hombres maltratados, heridos, rotos, incapaces de reconocer los verdaderos sentimientos. Los caballeros de Atena somos como porcelana dañada, deslumbramos pero somos incapaces de amar, y nos rompemos al primer contacto. Somos muñecos del destino, príncipes vestidos de dorado, eso es lo único que vale, nada más.
La noche avanzaba y yo aun seguía donde mismo, con el violín apoyado en uno de mis hombros, rodeado de gente, buscando incesantemente la mirada de ella, quería verla y leer en sus ojos el perdón, pero no… jamás la vería y ella jamás me perdonaría.
- Te amo. Le dije
- No… tu no me amas
- ¿Cómo puedes saberlo?
- …
- Dime algo
- Yo… yo no te amo
Esas palabras quedaría grabadas a fuego en mi cabeza, nunca se irían, tampoco la humillación, la pena y la rabia. Tome la caja del violín, las monedas y salí de aquel lugar. Siempre me ha gustado pensar que los grandes compositores ponen cada nota en el pentagrama con el firme propósito de que en algún momento la melodía por si sola comience a hablar, a contarnos una historia de amor y de dolor, de nacimiento y muerte, del ciclo de la vida. Y me gusta pensar que cada paso que doy es una nota más en el pentagrama de mi vida, y que al final de mis días alguien tocara la melodía más triste y desgarradora, será ese el momento en que el dolor de mis acciones podrán ser olvidadas, así como mi existencia.
Cuando volví a la realidad me di cuenta de que estaba frente a un puente, el cielo estaba negro, ninguna estrella brillaba, hace tiempo que me había cansado de mirarlas, por mucho tiempo intente encontrar la constelación de Sagitario, pero hasta ella se había escondido de mí, me dio la espalda como muchos. Me deslice lentamente hasta quedar sentado en el suelo, quería sentir el frio en mis piernas, de esa manera podía tener la certeza de que aún estoy vivo, que aún soy capaz de sentir, que aún soy humano. Pongo la palma de mis manos en el suelo, quiero sentir el frio recorrer cada parte de mi cuerpo, quiero que congele mis pensamientos, pero no cierro los ojos, no, tengo miedo de hacerlo porque, sin buscarla la ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos*** y ya no quiero verla, no quiero volver a ver esos ojos nunca más, aunque eso me destroce el alma.
No sé cuánto tiempo estuve sentado en esa posición, sentado sin mirar nada en particular, simplemente manteniendo la mirada al frente, como un muñeco de trapo, sin pestañear, sin respirar. Pero cuando levante la vista vi como llegaba corriendo una chica de pelo largo al borde del puente y como comenzaba rápidamente a subirse al barandal. No me moví, el último tiempo me había mostrado que era mejor ser observador que protagonista. Simplemente me quede sentado, viendo como con cada paso que daba hacia el fin, dejaba un poco de su historia atrás. Los pedazos los había dejado regados por todo el lugar y de pronto su dolor fue tan mío como de ella y me moví, después de todo lo que había pasado volví a moverme por instinto, volví a ser aquel Aioros que le declaro su amor a la su diosa sin pensarlo, por una fracción de segundos volví a ser el caballero de Sagitario. Me puse de pie y camine tranquilamente hasta su lado, cuando llegue deje la caja del violín a un lado y apoye los codos en el barandal.
- ¿Realmente piensas saltar? Le pregunté sin mirarla
La chica volteo la cabeza asustada y se quedo mirándome, no quería mirarla a los ojos pero lo hice, y por unos segundos desee no haberlo hecho. Su cara era la historia de su vida, los moretones reflejaban sus batallas, yo la entendía, yo tenía las mías también.
- Pensé que no había nadie. Me contesto
- Pues ya ves… ¿realmente vas a saltar? Le volví a preguntar mientras me inclinaba hacia delante para medir la altura – es una gran caída, te va a doler.
Ella seguía con los ojos fijos en mí, sin poder articular ninguna palabra. La volví a mirar, me vi reflejado en ella, sólo que ella había sido un poco más valiente que yo, ella si estaba dispuesta a saltar, yo ni siquiera fui capaz de subirme a la baranda.
- ¿Por qué no hacemos un trato? Yo te ayudo y tú me ayudas, creo que así funciona ¿no? Le pregunte mientras me ponía a su lado y le estiraba la mano para que la tomara
- ¿y a ti que te paso? Me pregunto
- Me enamore de quien no debía. Le respondí con la mejor sonrisa que podía dar en esos momentos.
- Estamos iguales parece. Me dijo mientras tomaba mi mano
La ayude a bajarse del barandal, cuando estuvo frente a mi me miro atentamente, me estudio y me sonrío.
- Soy Julieta
- Bueno, yo no soy lo que se podría decir un Romeo así que puedes llamarme Aioros.
- No te preocupes, ya he tenido suficientes Romeos en mi vida, Aioros está bien. Me dijo sonriendo
- ¿eres músico?
- Algo así. Le respondí mientras recogía la caja del violín y le pasaba el brazo por los hombros a la chica para que caminara - ¿cafe?
Probablemente la angustia no desaparezca, pero puedo aprender a vivir con ella al final creo que no la quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererla como el guante izquierdo enamorado de la mano derecha***
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOO
CHAN! Bueno sinceramente debo decir que hasta el momento este es mi favorito, sé que fui media mucho cruel con el pobre, pero es que igual si lo piensan detenidamente Aioros salvo a Saori cuando era un bebe, ha estado siempre presente y siempre le ayuda a Seiya en las batallas, es obvio que si estuviese vivo se sentiría con mas derecho sobre ella que Seiya, es más, claramente el sentiría que si Atena llegase a enamorarse de uno de sus caballeros, debía ser de él, no de un pendejo que mas encima la odiaba al comienzo ¿no lo creen así? ¿O es muy tonto lo que estoy diciendo? Jajajajajaj
Otra cosa es que así como Aioros es arquero, le venía bien esto de ser violinista, siempre he pensado que el violín es un instrumento hermoso, pero para almas rotas, su sonido es demasiado emotivo (por lo menos para mi) y quien mejor para este instrumento que Aioros, un hombre con porte y postura. xD una locura mia, gusto personal jajajaj.
Bueno la ultima parte es una mezcla entre titanic y cadena de favores xD jajajaja no especificare que cosas por si alguien aun no ha visto la película. Pero los que sí, pues sabrán a que me refiero.
Espero que hayan disfrutado el capitulo tanto como disfrute yo escribiéndolo, en especial el encontró con Seiya, es más, creo que la frase célebre sería la que le dice Seiya al final ¿cómo quedaron con eso? Jajaja yo ame como quedo eso.
Aclaraciones:
Saint Seiya no es mio
# : Silvio rodriguez
*: Carlos Gardel, el mejor cantante argentino de tangos del mundo
**: John Williams es un compositor de música, compuso la banda sonora de la Lista de Schindler, de hecho esas son las canciones que toca Aioria. Por eso el instrumento tenía que ser un violín, porque la música de esa película fue escrita para que la interpretara el mejor violinista del mundo Itzhak Perlman.
*** Julio Cortázar
**** Nietzsche
Nuevamente quiero darle las gracias a todas las personas que leen anónimamente esta historia, y por supuesto a todas las que me dejan su lindo review. Quiero agradecer especialmente a Asukii que ha sido muy linda.
Muchas gracias a todos! Espero sus REVIEWS!
