Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es una mezcla de una película y algunas ideas mías.
Capítulo 7
Identidad y decisiones.
Edward POV
Ella se fue, no pude reaccionar y se me escapó antes de que pudiera decirle o seguir indagando en mis sospechas, sin duda era la misma sensación de estar completo y feliz, además de las inconfundibles corrientes eléctricas que atraviesan mi cuerpo en su compañía, y ahora que lo pienso eso solo lo he sentido con dos personas: Cenicienta y….Bella. Aún estaba sentado en la grada, intentando encontrar las respuestas a alguna de mis tantas preguntas ¿Qué era lo que buscaba Bella en el mismo lugar en el que mi princesa perdió su peine? Me sentía tan frustrado de no poder tener las cosas claras. Tomé con enfado mis cosas y salí al patio trasero, necesitaba aire ya había estado demasiado tiempo en el gimnasio ahogado en la incertidumbre ¿podría ser ella? Lo peor era que no sabía como debía reaccionar si es que ese fuera el caso, Bella era una chica bonita y parecía ser confiable, y mi Cenicienta era además de hermosa una persona maravillosa, confiable, tierna, amable, sencilla era simplemente perfecta y estoy seguro de jamás me defraudaría. Pensando en todo esto me fui a clase, era tiempo de comenzar.
-o-
En las clases no fui capaz de concentrarme, mi mente volaba lejos, en el acertijo de Bella y Cenicienta, mi instinto me decía que eran la misma persona y mi conciencia o parte racional me decía que buscara mas pruebas y que tuviera precaución además tenía la extraña sensación de que pronto descubriría la respuesta. Intenté centrarme, pues eran mis últimos días de preparatoria y estaba en todos los finales y si perdía un ramo no podría optar a una universidad. De hecho el sábado me vendrían a ver jugar, y en vez de estar estudiando y practicando estoy tras el amor de mi vida, suena bastante loco ¿verdad?
Cuando tocaron el timbre que anunciaba el almuerzo, sonó por los altavoces el anuncio de que todos los estudiantes de primer a cuarto grado medio debían dirigirse al gimnasio pues las porristas querían darnos ánimos a los del equipo de fútbol con una breve presentación. De mala gana me fui al lugar establecido, quería ir donde Bella para preguntarle directamente si es que ella era Cenicienta, no me gustaban las mentiras ni los rodeos.
En el gimnasio había un pequeño escenario y una fila de sillas en el frente de éste, fui hacia donde se congregaban la mayoría de mis compañeros del equipo. En los asientos se encontraban escritos los nombres de cada uno y me senté en la que tenía el mío. Poco a poco la estancia se fue llenando de alumnos y no le presté demasiada atención a este suceso ya que mi mente aún se encontraba vagando en el enigma que suponía Cenicienta y Bella.
Las porristas comenzaron con una típica rutina, en la cual Tanya me miraba de una forma extraña, era entre confianza y odio, luego de que finalizó, la chica de cabello rojizo tomó el micrófono y comenzó a narrar una historia de… ¿sapos?, no le presté atención hasta que se nombró a un jugador de fútbol americano.
Eso obviamente se dirigía a mi persona y la de Cenicienta. Miré hacia el escenario donde Rachel era Cenicienta y Rebecca la más delgada de las dos era yo, alrededor escuchaba sonoras carcajadas y mi sorpresa aumento dándole paso a una enorme rabia entremezclada con tristeza, pues se mofaban de mí diciendo que era incomprendido y que discutía a menudo con mi padre, luego a Cenicienta la vistieron de camarera y se burlaron de ella, diciendo que jamás había dado un beso y humillándola cuando caía al piso o botaba cosas.
Esa información solo la sabíamos ambos y otras estaban en nuestras conversaciones privadas. Sentía una opresión en el pecho que no me dejaba pensar con claridad y que nublaba mi mente con estúpidas fantasías de finales felices que alguna vez imaginé al lado de aquella chica que me había engañado sin escrúpulos, ella me había engañado, pero por lo menos ya sabía quién era Cenicienta y que todo lo que supuse acerca de su persona no eran más que eso… suposiciones que resultaron ser falsas. Salí de mi mente cuando Tanya dijo con tono más que burlón que Cenicienta estaba parada detrás y no era más que la simple camarera Isabella Swan. Aunque le di la orden a mi cuerpo de no voltearse, lo hice y la vi ahí parada tan frágil y delicada como siempre, tenía ambas manos cerradas en firmes puños ya que la piel presente en sus nudillos estaba blanca a causa de la tensión. En sus grandes ojos color chocolate se notaban la furia, el desconcierto y podía apreciar sinuosos brillos que tarde o temprano se convertirían en lágrimas y con las cuales ella lucharía.
Jacob le pasó un brazo por los hombros y le susurró unas cuantas palabras al oído a lo que asintió, las personas que se hallaban en la estancia no cesaban de reír y antes de que saliera del gimnasio me miró con pena y desconcierto entonces me volteé con rabia y supuse que ella se fue.
En eso Tanya se me acercó y yo salí de ahí. ¡Fui un estúpido en creerle! Pero ella lo sabría, por lo que aún con mis ilusiones y corazón destrozado fui a su encuentro.
Aunque me doliera le diría que era lo que sentía ahora por ella.
Se encontraba en el pasillo a unos cuantos pasos de la salida abrazada a su amigo, una extraña sensación de celos me invadió por completo y caminé un poco más rápido y carraspeé para que notaran mi presencia, Bella alzó la cabeza y suspiró.
—Necesito hablarte—me porté frío y distante. Pude ver en sus hinchados ojos dolor, pero claro era una excelente actriz. El tipo tomó una posición defensiva ocultando a la chica tras de su cuerpo
—pues lo que tengas que decir, dilo de una vez—aún mantenía su posición, se notaba a leguas que él la quería mucho… ¡Claro ahí estaba la respuesta! Ellos eran más que simples amigos, ¡soy un imbécil!, la ira se apoderó de mí e iba a hablar cuando Bella lo hizo
—Jake… está bien—tenía la voz ronca. Tocó el hombro del chico y éste la miró, compartieron algunas miradas más y él asintió. Cuando paso por mi lado me contempló amenazante como diciendo "la lastimas y te las verás conmigo, te estoy vigilando" y luego desapareció. Concentré mi atención en la persona que se hallaba en frente mío, a quién quería y en la que creí sin límites
—Así es que tú eres Cenicienta— sin quererlo la voz me salió con burla si lo quisiste y debo decir que te comportas como un estúpido. Cállate y no te metas.
Ella se encogió ante mi tono
—Si yo soy…pero debes saber que todo esto es un malentendido, Rachel y Rebecca robaron mis correos y…—
— ¿En serio piensas que te creeré eso? Por favor no soy tan tonto como para caer dos veces, sé que todo era planeado y que solo buscabas la popularidad…. aunque bueno te entiendo, nadie sabe que existes y necesitabas algo que te ayudara a dejar de ser invisible, porque la verdad el noviecito ese tuyo es todavía menos popular que tú— la interrumpí y sonreí sin ánimo. Su rostro se tornó serio y en sus ojos era visible la furia que la embargaba
—No me interesa tu estúpida popularidad, soy feliz con lo que tengo y con lo que soy, porque a lo mejor no te importe pero todo lo he construido yo sola y sin tu "preciada" popularidad y no la necesito ahora—casi me gritó—…creí que me conocías siquiera un poco… aunque al parecer yo tampoco te conozco…porque pensé que debajo de esa capa de chico popular y frío había una persona de verdad que tenía corazón y sentimientos—una solitaria lágrima recorrió su mejilla y la secó bruscamente apretando la mandíbula
— ¿Por qué lo hiciste? — se me estrujó el corazón al verla así, sonaba tan sincera... ya no me dejaría engatusar por sus encantos y sus mentiras. Tenía ganas de abrazarla pero mi voz era fría
— ¡Yo no he hecho nada! Todo fue un plan de mis hermanastras, jamás hubiera pensado siquiera en lastimarte porque…—se calló a mitad de la frase y respiró profundo
— ¡Ya deja de mentir, todo en ti es una mentira…tú eres una farsa! — a penas susurré lo último. Presentía que mi faceta de fortaleza muy pronto decaería.
—Ya me cansé de tu desconfianza si eso es lo que piensas de mí aun cuando traté de explicarte ya no tengo nada más que decir… y si te decepcioné lo siento, esto es lo que soy… una camarera— y luego desapareció dejándome solo y totalmente destruido por dentro, la gente comenzaba a salir del gimnasio y yo no estaba preparado para las curiosas miradas y preguntas.
Fui a mi volvo, y me subí, no me importó que mi pelo se pegara a mi rostro a causa de la inclemente lluvia que caía como lágrimas desde el oscuro cielo, así mismo es como sentía mi interior. No quería estar en la escuela por más tiempo por lo que manejé hacia el lugar en donde podría pensar y analizar esta dura situación. En veinte minutos estuve en el hermoso prado y no me interesó en lo más mínimo que el camino estuviera desigual y lleno de barro, la lluvia mojaba todo lo que se encontraba a mi alrededor y por ello llegué con la ropa un poco sucia al lugar y bastante mojada.
Me senté bajo un árbol en el cual la lluvia aún no traspasaba el dosel de ramas, y comencé a analizar la situación con calma, Isabella era Cenicienta y me había engañando aún no sabía la razón pero lo había hecho poniendo mi vida patas arriba.
La primera vez que conocí el amor éste me pateó el corazón dejándome con un profundo dolor. Analizando la reciente herida llegué a la conclusión de volver a la normalidad aunque eso me causara mucho pesar, seguiría adelante jugaría el sábado e iría a la universidad propuesta por mi padre desde un principio.
Luego de que tomé mi decisión me devolví al coche, ya no llovía pero mi corazón aún dolía, sé que tardaría en sanar pero tarde o temprano lo haría…creo.
Llegué a casa a eso de la siete de la tarde y por suerte no había nadie pues aun cuando había tomado mi decisión me sentía vulnerable y no quería que Esme se preocupara. Subí a mi habitación me bañé y encendí el reproductor de música, sonaba Claro de Luna cuando me senté en el sofá negro mirando hacia el ventanal, la reciente lluvia había dejado sus huellas en el vidrio y ahora las gotas se unían unas con otras para llegar al final de su camino, así mirando y pensando me sumí en la inconsciencia.
-o-
Los días pasaban lentos y monótonos, pero la verdad ya ni me importaba, en general la vida no me interesaba. En la escuela era peor, pues la veía en los pasillos tan triste y sola mientras la gente se reía de ella, le verdad las palabras que le dije ahora me atormentaban me había comportado como todo un imbécil pero... ah ah no tienes excusa, yo te lo dije pero ¿Quién escucha a la molesta voz, verdad? Lamentablemente mi conciencia tenía la razón.
Recuerdo que un día miércoles que pasamos junto a la chica, Mike se volteó y la miró lascivo, luego dijo que la verdad era que Swan no estaba nada mal para pasar el rato y en ese instante una furia imposible de controlar hizo mella en mí y casi le rompo la nariz de un puñetazo, de no haber sido por Tyler que me sujetó. Desde ahí ya no tengo amigos—si es que alguna vez los tuve—y estoy solo, pero la verdad me da igual. Ahora iba solo en mi Volvo devuelta a casa luego del trabajo.
—Hola mamá—le di un suave beso en la mejilla
—Hola hijo, ¿Qué tal tu día? — dejó de picar las verduras
—Hm normal—le di una sonrisa, aunque estoy seguro que le dieron ganas de llorar con solo mirarla, me observó pero no dijo nada
—Tienes correspondencia—me entregó un gran sobre blanco—tu padre no lo vio—guiñó un ojo y prosiguió con su labor en las verduras. Con el sobre en la mano y la mochila en el hombro fui a mi cuarto. Me senté en la cama y lo abrí… me habían aceptado en Dartmouth.
Dejé la carta de aceptación en un costado de la cama y llevé las manos a mi rostro, no sabía que hacer, si reír o llorar, si aceptar o rechazar. Me tiré con fastidio sobre la cama mientras la desesperación otra vez se hacía espacio en mí, amenazando con hundirme en ella para siempre.
-o-
Los siguientes días fueron de mucho trabajo mental y sicológico, ya que las prácticas habían aumentado en un mil por ciento y los trabajos escolares también, y eso lo agradecía pues mantenía mi mente ocupada en cualquier cosa menos… Isabella, en fin ahora ya tenía mi decisión, solo me quedaba cumplir con ella y seguir el rumbo de mi prediseñada vida.
Bella POV
Aún no podía comprender como todo había sucedido, Edward se enteró en una maldita broma y él ni siquiera me creyó cuando se lo dije. Rachel se había robado mis correos el domingo en el que bajé y la dejé en mi habitación, estúpido momento en que lo hice, pero lo peor de todo fue cuando le intenté explicar a Edward lo que había deducido y él solo me dijo que era por la popularidad, en ese momento no pude controlar la rabia mezclada con tristeza y le dije lo que en mi mente sucedía en ese instante. Ya no me importaba si él no me quería, si él no creía en mí, Bella no debes mentirte a ti misma, sabes que te duele su desprecio Lo sé pero debo resignarme y aprender a vivir con mi dolor, porque como sea yo aún lo amo, pero al parecer él a mí no y está bien, solo necesitaba tiempo.
Llegué de la escuela directo a mi habitación, me encerré con llave y desconecté el comunicador, estaba tendida en mi cama cuando llegaron hasta mi mente las palabras de Charlie ¿fe en mí? ¿Qué no dejara mis sueños? Sin saber bien lo que hacía tomé la caja de recuerdos y saqué el libro de cuentos de hadas, lo miré primero con nostalgia y luego con rabia lanzándolo lejos y después de que cayó con un golpe sordo, susurré con voz ronca
—No existen los cuentos de hadas— y sin ser capaz de resistir más el dolor en mi pecho comencé a llorar, ¿a quién quiero engañar? Edward era mi corazón y sus palabras lo hicieron pedazos y no soy lo suficientemente fuerte como para aceptar que todo terminó aunque jamás nada comenzó, pero me duele todavía más el hecho de que creyera que yo era capaz de dañar a alguien de tal manera y por algo tan superficial como la popularidad.
Lloré amargamente por bastante tiempo, después de que estuve algo estable, levanté mi cabeza de la almohada y sequé mi rostro. Sentía mis ojos hinchados y me ardían, de seguro estaban rojos.
Tomé una toalla y fui a darme una ducha. El agua caliente me ayudó mucho a relajar mis músculos, mientras escurría por mi cuerpo decidí que ya no lloraría más por él ni por nadie, yo hice el intento de explicar y él no me creyó aun cuando se supone que me conocía… pero como dijo todo era una mentira un hermoso sueño que solo fue eso… un sueño. Me devolví a mi habitación y me vestí, mientras secaba mi cabello alguien llamó a la puerta.
— ¡Quiero estar sola! — grité, pero aún así se abrió. Demonios había olvidado poner el seguro.
—Pero cariño, tienes correspondencia, es una carta de Dartmouth —Sue entró con una bandeja llena de galletas, las cuales debo reconocer no se veían para nada apetecibles. En cuanto dijo el nombre de la universidad me incorporé e instantáneamente sonreí pues estaba casi segura de que había logrado entrar. Sue pasó por completo y me entregó la carta. Era un sobre pequeño no parecía de una universidad pero en fin lo abrí entusiasmada… entusiasmo que solo me duró hasta que leí las primeras palabras: "Lo sentimos pero usted no ha sido aceptada", lo dejé caer con derrota, ahora ya no tenía nada a que aferrarme, el único sueño que creí seguro ahora era nada… pero como siempre jamás tengo lo que quiero, aún cuando lucho por ello
—Creí… creí que lo lograría— estaba al borde de romper en llanto otra vez y miré a Sue en busca de alguna palabra de aliento, la necesitaba incluso cuando viniera de ella, solo necesitaba sentir apoyo.
—Oh lo siento tanto…pero, piénsalo de la siguiente manera por lo menos tienes trabajo—le dio una mordida excesiva a la galleta que tenía entre las manos— te las dejo— y salió de mi habitación. La seguí y cerré la puerta con seguro nuevamente dejándome caer por ella hasta terminar sentada en el piso. Escondí mi cabeza, ya no tenía más opción que trabajar eternamente, ya no tenía más aspiraciones todo mi futuro quedó reducido a la cafetería y este estúpido pueblo que se traga cada vez más mi energía, todo estaba perdido, todo… sin quererlo volví a llorar, sé que no conseguía nada pero la verdad era que no tenía nada que perder.
Las lágrimas fluyeron por mi rostro sin contención toda lo noche, lo único que me quedaba era el trabajo e iba a aferrarme a esa idea con uñas y dientes, solo por esa razón me levantaba cada mañana e iba a la escuela y a la cafetería, todo era una maldita y desagradable rutina, lo peor—si es que podía serlo—era que estaba completamente sola, pues Jake había tenido que ir a la Push por tres días ya que su único abuelo vivo estaba enfermo y se fue a estar con él. Me costó bastante convencerlo de ir pero al final lo logré y la verdad es que soy una egoísta pues me arrepiento de haberlo hecho con cada segundo que pasa, sobre todo cuando tengo que caminar por los pasillos de la escuela. Si antes era "invisible" y no me molestaban más que algunos chicos, ahora era la hazmerreír de todos; pero trataba de ignorarlos aunque no niego que me daban ganas de gritarles algo, golpearlos o hacer gestos obscenos con mis manos, pero eso duró hasta que conseguí encerrarme en mi propia mente creando una burbuja a mi alrededor, una en la cual todo me daba igual, donde el mundo me dejó de importar y donde la preocupación de mis amigos— aunque mayormente la de Alice— no podían entrar.
No he vuelto a llorar dije que no lo haría y no lo haré. No volví a cruzar palabra con Edward, yo le expliqué pero no quiso creerme y pues ni modo él creía eso de mi, bien por él.
Cada día después del trabajo llegaba a casa, hacía mis deberes y subía a mi habitación, funcionaba como en modo automático y cada vez que intentaba recoger el libro de cuentos, me arrepentía y lo dejaba ahí. Lo peor era en las noches, pues no podía dormir nada, así es que me levantaba y me sentaba junto a la ventana a ver la lluvia caer y otras –raras debo reconocer— ver la luna en toda su majestad en el cielo oscuro. En algunas ocasiones cuando las gotas de agua repiqueteaban en el techo recordaba a Renée, ¿Por qué razón no me había querido? Siempre que pensaba en eso las lágrimas querían hacer su aparición, pero yo las contenía, cumpliría con lo que me propuse.
Hoy era jueves y estaba feliz, incluso cuando no se notara, y el motivo de mi felicidad era que Jake regresaba, mi querido amigo. La verdad no sabía que haría sin él, en esto pensaba mientras movía un cepillo frenéticamente por el piso de la cafetería, los chicos intentaban hablarme pero de mis labios no salía palabra alguna. Estaba pasando el cepillo por la misma mancha como por enésima vez cuando Alice me habló
— ¿Qué estás haciendo? — su voz sonaba muy preocupada y eso me hizo sentir aún más mal. Definitivamente era una mala amiga e impulsada por esa idea rompí mi voto al silencio y le contesté
—Limpio el piso, ¿acaso no lo ves? — okey eso no era lo que tenía en mente, pero bueno
— No me refiero a eso, si no a qué es lo que haces con tu vida—la pregunta me tomó por sorpresa, y mi burbuja se rompió.
Por mi mente pasaban ahora todas las cosas que bloqueé por este tiempo y no era capaz de formular una respuesta para la interrogante de Alice, pues en realidad no sabía que es lo que hacía con mi vida. Era cierto que la universidad con la que había soñado todos estos años no me había aceptado pero… no era la única, tenía más alternativas y lo de… Edward— decir su nombre aunque fuera en mi mente me producía dolor— supongo que tarde o temprano tendrá que sanar… ¿no?
—ven aquí— dijo Alice ayudándome a poner de pie y luego envolvió sus finos brazos en torno a mí, a pesar de verse tan frágil, esta chica tenía mucha fuerza— no dejes de luchar Bells, solo se tiene una oportunidad en la vida… no la desperdicies— susurró en mi oído.
Me sentía como la peor basura por haberla preocupado de esa manera, lo único que hice fue corresponderle el abrazo con aprensión y dije con voz quedita unas "gracias", y luego fue el turno de Emmett, casi muero de asfixia pero me sentía tan bien aunque lamentablemente el momento se vio interrumpido por las hermanas del terror porque dieron un tremendo portazo a lo que yo me sobresalté y dirigí mi atención hacia ese rincón.
En el momento que la puerta se azotó fieramente con la muralla, la guitarra de Charlie cayó y de paso se llevó el horrendo papel mural, dejando al descubierto una antigua pero valiosa leyenda
"No por miedo a herrar
Vas a dejar de jugar"
Recordé con nostalgia que Charlie solía decírmela cuando era pequeña, fue en ese preciso instante que todo encajó mi papá en el sueño me dijo que tuviera fe en mí y que todo saldría bien.
¡Yo no abandonaría nada! seguiría adelante la vida no es fácil siempre caemos pero debemos aprender a levantarnos, mis sueños anteriores se rompieron pero idearía nuevos y los cumpliría, no me dejaría derrotar…. le daría la lucha al destino. Volví en mí cuando una bolita rosa entró por la puerta, era Sue la cual miró con horror el papel desgarrado
—Bella lo hizo— dijeron las brujas al mismo tiempo, Sue me miró envenenadamente y luego sonrió con suficiencia
— Lo descontaré de tu próxima paga— se fue hacia la caja y alzó la cabeza – ah y cubran esa tontería—siguió con su labor sacando dinero
—No— dije con voz firme y clara, todos los presentes se voltearon a verme con cara de total sorpresa. Alice también me vio pero no sorprendida sino que contenta y orgullosa
— ¿Qué? — preguntó totalmente incrédula mi madrastra
—Te lo vuelvo a repetir aunque dudo que no me hayas escuchado. No te obedeceré más no eres ni jamás fuiste una madre para mí, y tampoco serás más mi jefa, ya no tienes poder alguno sobre mí— terminé con una sonrisa totalmente satisfecha con mi decisión. La cara de Sue y sus hijas eran impagables y Alice estaba a mi lado tomada de mi brazo con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿Qué fue lo que dijiste? — ¿acaso Sue tiene un problema en la cabeza? Fui bastante clara.
—Ya escuchaste, renuncio—me quité el delantal y lo lancé al piso junto al Jockey
—Retráctate o te juro que… —estaba comenzando a ponerse colorada
— ¿O qué? ¿Me echas? Pues no te preocupes me iré hoy mismo— la interrumpí y mi conciencia a mí pero… ¿a dónde irás? La acallé antes de que me infundiera temor y mi resolución flaquease. Y como si Sue hubiera adivinado mi discusión interna, sonrió con suficiencia
—Y si se puede saber… ¿a dónde irás? — sonrió y habló burlonamente y sus hijas tomaron pose de diva. Mi seguridad se rompió, aunque traté de disimularlo lo mejor que pude.
—Bella se irá conmigo— fue la voz cantarina de mi amiga que me sacó del apuro. Mi seguridad se reconstruyó y tomó fuerza. Sue estaba enojada ¡qué enojada estaba furiosa! Parecía que la cabeza iba a estallarle de lo roja que se encontraba
—Estás…—Sue exclamó furiosa apuntando a Alice
— ¿Despedida? — Bufó— ¡Yo renuncio! — Repitió mi acto. —Lo único que me mantenía aquí era mi necia amiga, pero como ya despertó y abrió los ojos si ella no está yo tampoco lo estaré— me miró con dulzura
—nosotros también nos vamos, si uno se va todos los monitos se van bailando a su lado— Emmett y los chicos dijeron casi juntos, el suelo estaba cubierto por los delantales rosados. Estos eran mis amigos… mi familia, ahora estaba feliz y animada por el futuro
— ¡¿Qué?!... ¡No pueden!— la voz estridente y nasal de Sue sonaba ahogada por la rabia y sorpresa
— Según el código del trabajo, si podemos y estamos en todo nuestro derecho, y si usted se opone tendrá que verse ante un juez— Rosalie habló segura. Evidentemente el título de abogada le venía de maravilla. Y sin esperar respuesta salimos del lugar acompañado de los habituales clientes y antes de irnos Emmett en una rabieta infantil lanzó al piso todas las servilletas que encontró junto a todas las mesas y las espátulas que utilizaba en sus pasados días laborales. Luego de eso todos y cada uno de mis amigos me dieron un reconfortante abrazo.
—Chicos, en serio… muchas gracias— me sentía feliz y mal a la vez. No podía creer lo cerca que estuve de perder a mi familia, y aún así ellos me querían sabiendo de los muchos errores que he cometido, siempre están ahí como la familia que somos.
—Bells, eres nuestra pequeña niña y tú ya decidiste, nosotros estaremos ahí para ayudarte a poner de pie cada vez que tropieces con el futuro o cualquier problema, aunque te tropiezas con las hojas, pero bueno— Emmett era tan tierno en su faceta de oso protector y me abrazó como era su costumbre.
—Ya Emmett tenemos que ir por sus cosas— dijo Alice y Emm me soltó
—Esto…hmm… Alice no tienes por qué hacerlo, sabes que…—
— ¿No quieres vivir conmigo? — Alice me interrumpió e hizo uno de sus infalibles tiernos pucheros con los cuales me manipulaba a su antojo
—Claro que no es eso Alice, es… solo que no quiero ser una molestia— jugueteaba con un mechón de mi cabello nerviosamente
—Bells me ofende que pienses eso de mí y al contrario me haces un gran favor— fruncí el ceño— siempre he estado sola y el depa es demasiado grande para una sola personita— sonreí y no me quedó más que agradecer.
—Pero ya, es demasiado drama para un día, vayan pronto a casa de Bella que se hace tarde— Rose sonrió amablemente entre los brazos de Emmett.
Me despedí de todos.
—Alice, yo iré en mi camioneta— y sin esperar respuesta me subí a ella y emprendí marcha. Vi por el espejo retrovisor que la pelinegra le daba un tierno beso a Jasper y luego se subía a su coche.
La casa estaba vacía y me fui directo al ático que usé como habitación todos estos años de malos tratos y metí mi ropa en una mochila, junto a las cosas de aseo y lo esencial. Por suerte mis demás cosas estaban en cajas y por ello solo había que acomodarlas en el coche.
Me acerqué a la portátil para desconectarla de la corriente y tropecé con algo, maldije entre dientes al objeto de mi caída…
Era el libro de cuentos. Me sentí culpable y tonta al recordar cómo lo había lanzado por los aires y lo levanté con mucho cuidado y de él cayeron unos papeles.
Me horroricé al pensar que se podía haber roto por mi rabieta de niña pequeña y cuando lo di vuelta me dio mucha nostalgia pues estaba abierto en el cuento de Cenicienta, en la parte donde dice…y vivieron felices por siempre…sonreí con ironía y recordé el bendito peine. Tenía que recuperarlo fuese como fuese. Justo cuando iba a comenzar a recordar aquella noche dos bocinazos me hicieron reaccionar a tiempo.
Antes de ponerme de pie recogí los papeles y los abrí…. Lo que mis ojos leían no podía ser la verdad…
