Halloween

Otro día común en el instituto Thousand Sunny.

Nami y Sanji bajaban las escaleras hablando del tema habitual.

-¿Has vuelto a soñar con Zoro?-cuestionó entusiasmada la pelinaranja.

-Ya van tres noches seguidas.

-¿Y qué hace en el sueño?.

-Pues...cosas-dijo sonrojándose el rubio.

-Oh, cosas...¿es uno de esos sueños super reales en los que sientes sus labios y hueles su pelo?.

-Y en tres dimensiones. Últimamente pienso tanto en él.

-Sois perfectos el uno para el otro, excepto por...

-Ser un vampiro.

-Eso no le convierte en una mala persona necesariamente.

-¡Estoy loco!, no puedo tener una relación con él.

-No durante el día, pero podéis tomar café una noche, es la bebida oficial cuando no hay relación. No es una cita, es tomar una bebida con cafeína. De acuerdo, es caliente y amarga, como son esas relaciones, pero...

-¿De qué relaciones habláis?-preguntó Luffy alcanzándoles y acompañándoles.

-Ninguna que yo tenga-respondió Sanji- os dejo, quedé con Robin hace diez minutos, espero que no se enfade.

Unos minutos después, en la biblioteca.

-Solo porque lo paranormal sea más normal y menos para, no significa que puedas llegar tarde o puedas bajar la guardia-le reprendía Robin sin dejar de andar a su alrededor.

-Yo no he bajado la guardia.

-¿Ah no?, estuviste bostezando toda la clase de entrenamiento de ayer, te saltaste toda la de cuerpo a cuerpo, ¿estarás preparado si te sorprende un demonio por detrás y te hace ésto?-cuestionó a la vez que intentaba golpear al rubio por la espalda. Cosa que el otro impidió sin problemas, sosteniéndole el brazo por detrás de su espalda, dejando a la mujer adolorida y en una posición incómoda-bien, yo no soy un demonio, así que ya puedes soltarme-el chico obedeció y se sentó sobre la gran mesa del centro de la sala-cuando se vive sobre un vértice místico solo es cuestión de tiempo que se desaten los horrores del infierno. Éste es el momento de patrullar y vigilar con más atención, debes ejercitar tus capacidades día y noche.

-¿Y el trocito de vida que todavía me queda entre las siete y las siete y cinco de la mañana?¿no puedo hacerlo entonces?.

-Sanji, ¿crees que no sé lo que es tener dieciséis años?.

-No, creo que no sabes lo que es tener dieciséis años, y ser chico y cazavampiros.

-Es cierto, no lo sé-dijo viéndose sin salida.

-¿Y sabes lo que es tener que clavar estacas a vampiros cuando sientes algo por uno de ellos?. Cazar personas no muertas no es lo mejor para mi vida social.

-Para eso precisamente resulta útil ser diferente.

-Claro, quién necesita una vida social teniendo una puerta al infierno.

-Si, tu...tu tienes un deber, un propósito, una misión que cumplir en tu vida ¿cuántas personas de tu edad pueden decir eso?.

-¿Nacionales o extranjeras?-el comentario le costó una seria mirada de su vigilante-ni una sola.

-Pues voy a decirte algo, todos debemos hacer cosas que no nos gustan. Tú tienes entrenamiento esta tarde y patrulla esta noche. Así que te sugiero que vengas en cuanto terminen las clases, y hagas tus deberes sin entretenerte con tus amigos-concluyó tajante y bastante molesta.

Obviamente, acató la orden. Y esa misma noche salió a patrullar.

Mientras paseaba entre las lápidas, un pequeño objeto plateado en el césped llamó su atención y al agacharse para recogerlo se dio cuenta de que era una pulsera.

-Tiene sangre-dijo Zoro de repente, asustándolo.

-Hola...me alegro de...¿sangre?.

-Puedo olerla-no era muy agradable contarle una cosa así a un jovencito.

-Ah, es muy delgada-dijo sosteniendo la joya en sus manos-debe de ser de una chica.

-Es posible.

-Es...es...estaba pensando que sería divertido vernos sin tener que hablar de sangre...no divertido de ja ja-le costaba mucho expresarse de lo nervioso que se estaba poniendo. Él. El cazavampiros.

-¿Te refieres a una cita?.

-...no.

-No quieres una cita.

-¿Quién ha dicho cita?, yo no...no he dicho cita.

-Bien, sólo quieres tomar café o algo.

-¿Café?.

-O algo...sabía que pasaría esto-dijo contrariado Zoro.

-¿Qué?, ¿qué crees que está pasando?.

-Tú tienes dieciséis años y yo cuatrocientos cuarenta y nueve.

-Sé sumar.

-Eres demasiado joven y no sabes lo que haces, no sabes lo que quieres...

-No, yo creo que si-el rubio se estaba empezando a enfadar-quiero acabar esta conversación-prefería irse, pero el otro siguió, obligándole a encararle nuevamente.

-Escúchame, si lo intentamos, los dos sabemos que una cosa llevará a la otra.

-Una cosa ya ha llevado a la otra, ¿no crees que ya es tarde para leer la etiqueta de advertencia?.

-Solo quiero protegerte, si supieras lo que me cuesta...podría pasarte algo malo si se enterasen que tú y yo...podría perder el control.

-¿No es de eso de lo que se trata?.

Zoro no pudo contenerse, ese muchacho era testarudo. Cogió al rubio fuertemente por los hombros y lo acercó más a él. Ambos se miraban intensamente. El corazón de Sanji palpitaba tan rápido que era muy posible que el vampiro lo escuchase.

-Esto no es un cuento de hadas-advirtió Zoro- cuando te bese, no despertarás y vivirás feliz comiendo perdices.

-No, cuando me beses yo querré morirme-dijo Sanji afligido, haciendo que el peliverde bajara la guardia. Se soltó del agarre y se marchó corriendo del lugar.

Nami al enterarse de la historia, furiosa, fue en busca de Zoro.

En cuanto éste le abrió la puerta, le abordó como un huracán, entrando en el apartamento.

-¡¿Por qué le diste calabazas?!-acompañaba sus gritos con gestos-¡¿vas a vivir para siempre y no tienes tiempo para tomar un café con él?!¡él arriesga con todo esto mucho más que tú!¡él tiene mucho más que perder que tú!¡sé que no está bien visto que ambos...!¡pero le gustas y está claro que a ti también!¡así que no entiendo porque no le das una oportunidad!¡¿acaso estás comprometido?!¡¿ya hay otra persona en tu vida?!¡porque como estés jugando con él, yo...!

-No es eso, cálmate-por lo general, no le tenía miedo a muchas cosas, pero en ese momento, esa chica le aterraba-tu no lo entiendes, claro que quiero a Sanji y más de lo que se puede querer a nadie, créeme.

Nami pareció calmarse un poco y bajó el tono de voz-entonces...¿por qué?.

-Es difícil de explicar.

-Pues inténtalo, soy un genio, creo que podré seguirte-respondió la chica con orgullo y tomó asiento.

Zoro parecía debatirse entre la espada y la pared, pero finalmente, opto por la espada.

-Yo...conozco a Sanji desde hace mucho, mucho, mucho tiempo-explicó con calma. No era la primera vez que contaba la historia de su vida. De aquellos maravillosos e inolvidables días junto a su amado rubio. Pero pensar en el desenlace, le quitaban las ganas de narrarla. Aún así continuó, a pesar de que ya lo sabría una segunda persona del entorno del rubio, lo que hacía peligrar más su secreto-cuando yo tenía cuarenta y cinco años, conocí a Sanji...claro que no al Sanji actual, sino a alguien físicamente igual y con una personalidad...dejando al margen lo de ser cazavampiros y la influencia de los factores ambientales de éste siglo...bastante parecidos.

Nami lo miraba con la boca abierta de la impresión. Apenas parpadeaba.

-Pero los vampiros tenemos prohibido relacionarnos sentimentalmente con los humanos. Se considera denigrante y antinatural. Por lo que la Orden, los líderes de nuestro gremio para que me entiendas...lo asesinaron delante de mis ojos en cuanto se enteraron-la chica emitió un sollozo y se llevó las manos a boca-durante cuatro siglos vagué sin rumbo fijo, hasta que por azar, o por el destino, no lo sé, volví a toparme con él. Sé que él siente lo mismo por mi, porque ambos nacimos para estar juntos. En su alma aún deben quedar vestigios de lo que alguna vez sintió por mi. De verdad que lo que más quiero en el mundo Nami es estar con Sanji, pasar mi vida con él, pero las cosas no son tan sencillas. Si la Orden descubre que mantenemos una relación nuevamente vendrán a matarle y contra ellos, ni Sanji, ni yo, ni creo que nadie, tendría ninguna oportunidad.

-Y...¿y por qué no se lo has dicho a Sanji?, estoy convencida de que si se lo cuentas él...

-Él dirá que no teme a nadie y estaría dispuesto a enfrentarse a la Orden a capa y espada. Sabes como es. Matar al Maestro le ha proporcionado un nuevo concepto de sí mismo. Pero la Orden es letal. No son simples vampiros. Muchos de los nuestros permanecen a su lado, porque tienen alimento y seguridad con toda certeza. No son solo ellos cuatro. Son cientos de vampiros los que lucharían a su lado, aunque no los necesitasen...de hecho, Ace es de los que suele juntarse con ellos a menudo. Es uno de sus predilectos...yo también lo fui, pero después de lo que le hicieron a Sanji me alejé por completo de ellos, y éstos a su vez, dejaron de confiar en mi...

-Bueno, es muy loable lo que haces para proteger a Sanji. Yo no sé si sería capaz de aguantar sin estar con la persona que amo después de tantos años separados. Pero...eso no quita que no puedas salir a tomar un simple café con él. Vamos, no puedes prometerle la luna un día y al siguiente tapársela con un dedo.

A la noche siguiente, los tres amigos estaban como de costumbre sentados en una de las mesas del Baratie. Luffy leía entretenido un cómic, pero permanecía atento a lo que sus compañeros hablaban.

-¿Y no has sabido nada de Zoro?-preguntó la chica con interés.

-No-respondió el rubio apesadumbrado.

-Zoro, Zoro, Zoro, ¿por qué siempre tiene que salir el nombre de ese chiflado?-pero el susodicho, apareció a su espalda en ese momento-hola ¿qué tal socio?-cuestionó Luffy sin apartar la vista del cómic.

-Sanji-dijo éste ignorando al chico de cabellos negros.

-Zoro.

-Luffy- se dijo él mismo Luffy para participar en la conversación.

-Dicen que en este sitio hay buen café, podríamos venir a probarlo juntos-añadió el vampiro sonriente-algún día, si tú quieres.

Sanji sonrió-si, algún día. Ya te avisaré.

Los días siguieron su curso. El tiempo no se detenía. Sanji seguía patrullando y cazando. Robin le seguía ordenando lo que tenía que hacer. Zeff continuaba observándole con lupa. Zoro igual de misterioso que siempre. Sus amigos apoyándole indiscutiblemente. Y a pocos días para celebrar Halloween, Ace esperaba el momento justo para acabar con el cazavampiros.

En el instituto, a solo dos días del acontecimiento, el director apuntó a Sanji, Nami y Luffy como voluntarios 'obligados' para guiar a pequeños grupos de niños e ir pidiendo golosinas por las casas.

-No me lo puedo creer-se quejaba Luffy-¿tenemos que disfrazarnos y todo el rollo?.

-El director ha dicho que es obligatorio disfrazarse.

-Estupendo-dijo Sanji irónico-pensaba quedarme en casa. Es la única noche del año en que las cosas están tranquilas.

-¿Halloween es tranquilo?-preguntó el moreno intrigado-yo creía que era como una trepidante película de vampiros.

-No según Robin. Dice que la noche de Halloween es una noche muerta para ellos, se quedan en casa-contestó el rubio.

-Que locos están. Por eso me gustan, siempre te tienen en vilo-añadió Luffy antes de ir a una máquina expendedora para comprarse un refresco.

Sanji y Nami tomaron asiento en una mesa cercana.

-¿Sabes en lo que estoy pensando últimamente?.

-¿En Zoro?.

-Si, pero estaba pensando concretamente en que no sé lo que le atrae...no sé cual es su tipo de chico, ¿me sigues?. Hace menos de un año que le conozco y él no es de esos que te cuentan su vida y expresan sus emociones.

-Es cierto. Que pena que no podamos acceder a los diarios del observador y leer cosas sobre Zoro, seguro que hay cantidad de datos interesantes-dijo Nami.

-Si, es una lástima...esos diarios son privados-por el tono del ojiazul, estaba claro que estaba pensando en hacerse con los diarios.

-Y además, Robin los guarda en su despacho, en su archivo particular.

-Y, sobretodo, estaría feo.

Se escabulleron de Luffy, y se apoderaron de los diarios del observador. Se trataba de un libro bastante voluminoso y anticuado que solo podían leer en un sitio muy seguro. Los aseos. Que dado que las clases habían terminado por ese día, estaba desierto.

-Mira que ropas...-a parte de letras, el libro tenía bastantes dibujos antiguos-está fechado en 1775...¿Zoro vestiría de esta forma?, parece muy...pomposo.

-Parece ropa de la nobleza-corrigió la pelinaranja- ésto se consideraba lo correcto para vestir si eras de ese sector de la sociedad.

-Nami, yo nunca podré ser así-añadió triste Sanji, sin apartar la vista de la página.

-Vamos, eran otros tiempos. Además, tampoco es tan bonita esta ropa. Fíjate. Eran tan ricos que se gastaban mucho dinero en metros y metros de telas...delicadas y exóticas...

-Gracias, ya me siento mejor-suspiró-tenía que ser fantástico, ir a bailes donde coincidir con la gente importante de la época, tener caballos y criados, y seguro que montones de trajes como éste.

-Si, sin embargo prefiero poder votar, cuando sea mayor de edad.

-¿Bromeas verdad?.

-Además Sanji...no sé, ¿no crees en la reencarnación?¿en que podemos vivir más vidas aparte de ésta?, quizás hemos vivido en esos tiempos, pero jamás lo recordaremos.

-¿Sabes lo que sí recordaré siempre?, ésta conversación.

-Tienes razón, me he ido por las ramas, mejor busquemos a Luffy, debemos ir a esa tienda nueva a ver si encontramos algún disfraz.

La tienda estaba llena de gente y se separaron en distintas direcciones en busca de lo que más les atrajese.

-¿Qué has encontrado?-preguntó Sanji a Nami.

-Un clásico-respondió ella satisfecha.

-¿De fantasma?-puso mala cara al ver que su mejor amiga iba a llevar el típico disfraz de sábana con dos agujeros para los ojos-vale, ¿quieres que te de un consejo de amigo?.

-¿No da suficiente miedo?.

-Es que nunca se van a fijar en ti si sigues escondiéndote. No entiendes el sentido de Halloween. Es la noche para que las chicas responsables y buenas como tu, se transformen. Ser distintos.

-Yo no quiero cambiar, siempre que lo intento hago el ridículo.

-No te subestimes.

-¡Luffy!¿qué has cogido?-preguntó al chico que se acercaba a ellos.

-Iré de pirata-dijo mientras les mostraba un mosquete de plástico.

Pero en ese momento, Sanji se sintió atraído por un disfraz semioculto entre varios más.

Era muy parecido a los que habían visto en el diario del observador. La casaca y el calzón eran de color celeste, pero la tela le daba un efecto de acuoso. La chupa de finos hilos plateados con seda de colores. Y botones bañados en plata.

-Mirad esto-dijo Sanji embobado.

-Es precioso-añadió Nami también ensimismada.

-Es demasiado antiguo ¿no prefieres algo más moderno?-cuestionó Luffy.

-Por favor, permíteme- le dijo el empleado de la tienda, sacando el traje del maniquí y dejando que el rubio viese como le quedaría frente al espejo-vaya, todo un caballero del siglo XVIII. Ésto es lo que te va ¿no crees?, esto se conocía como vestido a la francesa, estilo rococó.

-Lo siento, no puedo permitirme un disfraz tan caro-lamentó Sanji.

-Tonterías. Me siento obligado a hacerte un trato que no podrás rechazar.

Llegó Halloween por fin y por la tarde, Sanji y Nami se preparaban en casa del rubio.

-¿Dónde has quedado con Zoro?-preguntó Nami al ojiazul desde otra habitación.

-Aquí, después del truco o trato. Zeff va a salir.

-¿Sabe lo de tu disfraz?.

-No, va a ser un reencuentro con su pasado-la chica tosió sonoramente, pero él no le dio importancia y siguió hablando-verá que estoy a la altura de los de entonces. Bueno Nami ya puedes salir, quiero ver la ropa que trajiste para sorprenderme.

-Esta bien, pero prométeme que no te vas a reír.

-Te lo prometo.

La chica apareció con un top ceñido y una minifalda bastante corta. Unas botas altas y el pelo recogido muy sexy. Pero se le notaba en extremo avergonzada.

-Caray-ella hizo ademán de ir a coger la especie de sábana que era su disfraz de fantasma, pero Sanji se lo impidió-estás genial, te lo digo enserio.

-Es que, ésto no me va-dijo nerviosa y rodeándose con sus propios brazos.

-De eso se trata. En la noche de Halloween eres tú, sin ser tú, pero sin dejar de ser tú ¿comprendes?-en ese instante sonó el timbre-ese es Luffy, ¿estás lista?.

-Si...vale.

Sanji fue a abrir la puerta y en el umbral se encontró con todo un corsario.

-Hola Luffy- saludó el rubio.

-¿Sanji?...-se quedó impactado unos instantes-o debería decir lord Sanji el archiduque de Sanjonia, estoy asombrado. Decididamente, me gusta lo antiguo.

-Gracias caballero- Sanji se inclinó, metido en el papel-pero verás cuando veas a...

Fue interrumpido, cuando Nami apareció con el disfraz de fantasma cubriéndola por completo.

-A Casper...-concluyó el ojiazul.

-Hola.

-Hola Nam, das...mucho miedo con ese disfraz-dijo Luffy por compromiso.

Tuvieron que ir al instituto para que les asignaran los grupos de niños. Cinco niños por alumno. Y salieron a por caramelos.

Pero como no podía ser menos, y más en un lugar como Going Merry, algo debía ocurrir. El dueño de la nueva tienda de disfraces tenía un diabólico plan. Y tras realizar el ritual de marras en la trastienda de su local, la gente que llevaba puestos disfraces de su establecimiento, se convirtieron en lo que iban disfrazados. Lo que implicaba a casi la gran mayoría de la ciudad. Sembrando el caos.

Nami, que en ese momento estaba con los niños en la puerta de una casa, sintió un fuerte dolor en el pecho y cayó al suelo, pero cuando se volvió a levantar, estaba vestida con la ropa vergonzosa y su cuerpo permanecía inmóvil en el pavimento.

Escuchó ruidos de disparos que provenían de Luffy. Se acercó a él.

-¡Luffy, soy yo, Nami!-dijo asustada al ver que le apuntaba con el mosquete, que extrañamente, ya no parecía de plástico.

-No conozco a ninguna Nami señorita.

-Luffy, deja de hacer el tonto, no es momento para bromas.

-¿Qué está pasando aquí?¿y mi barco?.

-¿No me reconoces?.

-Señorita, si no lleva joyas de valor encima le aconsejo que se aparte de mi camino-el chico siguió andando, y sorprendentemente, pasó a través de ella. Asustándose ambos.

Luffy le apuntó con el arma de nuevo.

-Luffy...-intentó calmar la chica-escúchame, estoy de tu lado te lo juro, está sucediendo algo raro. Me disfracé de fantasma para Halloween y ahora soy un fantasma y tú lo hiciste de pirata y ahora...eres un pirata de verdad.

-¿Pretendes que me lo crea?.

-Vamos Luffy, tenemos que encontrar...¡Sanji!.

El rubio parecía desorientado y miraba a todas partes como si todo fuera nuevo para él.

-¡Sanji!¿estás bien?-preguntó la chica aliviada de ya tener bajo control a sus dos amigos.

-Vaya, tú si tienes pinta de tener oro ¿verdad?-Luffy ya se veía rodeado de riquezas gracias a aquel desconocido rubio.

Dos personas con disfraces de monstruos se acercaban a ellos con la intención de atacarles. Luffy se puso en guardia y les apuntó con el mosquete sin dudarlo, pero Nami se asustó.

-Sanji, ¿qué hacemos?.

-Yo defenderé vuestro honor señorita-dijo a la vez que se ponía delante de Nami. Pero en cuanto fue consciente de las 'criaturas' que les atacaban, inspiró y cayó desmayado al suelo.

Luffy disparó al cielo y los monstruitos se alejaron.

-Sanji, ¿estás bien?-Nami se había agachado a la altura del chico.

-¿Qué?.

-¿Te has hecho daño?-le preguntó Luffy.

-¿Estás herido?-siguió la chica.

-¿Sanji?-el rubio estaba muy confundido.

-No es Sanji- concluyó la pelinaranja.

-¿Quién es Sanji?-planteó el moreno.

-Vaya...qué divertido-le parecía increíble ser la única cuerda en un mundo de locos-¿en qué año estamos?-interrogó al ojiazul, a ver si conseguía comprenderlo mejor. Mientras, Luffy ayudaba al chico a ponerse de pie.

-En 1772-respondió-me parece...no lo entiendo ¿quienes sois?.

-Somos amigos-dijo la chica.

-¿Amigos de quién?-Sanji observó de arriba abajo a la otra-tu vestido...todo está muy raro-estaba claro que sentía pánico por la situación-¿cómo he llegado hasta aquí?.

-Respira ¿vale?, respira. Te vas a volver a desmayar-se dirigió esta vez a Luffy-¿cómo vamos a salir de ésta sin el cazador?.

-¿De qué estás hablando?¿hay un cazarrecompensas por aquí?-el chico se preocupó por un momento-ofrecen mucho dinero por mi cabeza-otro monstruo apareció, pero Luffy de un solo puñetazo lo derribó-será mejor que busquemos un lugar seguro antes de que aparezca otro.

-¡Un demonio!¡un demonio!¡un demonio!-comenzó a chillar entonces Sanji, a la vez que se agarraba al hombro del pelinegro como si le fuese la vida en ello. Pero no era un demonio.

-No es un demonio, es un coche-aclaró Nami.

-¿Es que está loco?-preguntó Luffy horrorizado, puesto que el otro estaba agarrándose a él.

-Nunca ha visto un coche, viene del pasado.

-Y tú eres un fantasma-siguió el chico algo incrédulo.

-Si, venga, la casa de Sanji está cerca. Escondámonos allí.

-Voy a tener que confiar en ti-a pesar de haber dicho eso, no soltaba el mosquete.

En casa del rubio por fortuna no había nadie. Entraron por la puerta de atrás, la que daba a la cocina.

-¿Dónde estamos?-preguntó Sanji.

-En tu casa, solo tenemos que...-escucharon un ruido, y los tres se pusieron en alerta.

Luffy, el más valiente, fue a ver de que se trataba. Mientras, Sanji se percató de que en ese lugar habían fotos en las que él salía.

-Este...éste podría ser yo...

-Eres tú, Sanji ¿es que no te acuerdas de nada?-le preguntó la pelinaranja.

-No, no entiendo absolutamente nada ¡este es otro chico!¡yo jamás me pondría esa ropa barata!¡no me gusta éste lugar y no me gustas tú!¡y quiero irme a mi casa!-se comportaba como un niño mimado.

-Estás en tu casa...ya podrías haberte disfrazado de ninja o algo así. Tengo una idea, yo iré a buscar ayuda, vosotros quedaos aquí, si alguien intenta entrar, hacedle frente.

-Yo no puedo pelear, necesito alguien que me proteja-dijo Sanji.

-Para eso estoy yo-dijo Luffy- aunque después espero una compensación.

Aprovechando la confusión general, Ace y su séquito salieron a divertirse.

Luffy mientras Nami iba a por ayuda, se puso a fortificar la casa. Poniendo muebles en las entradas para bloquear el paso de cualquiera.

-Tiene que haber un sitio al que podamos ir. Algún refugio-decía Sanji que quería irse cuanto antes.

-Ella ha dicho que nos quedemos aquí.

-¿Aceptas que te dé órdenes una mujer?¿tienes alguna incapacidad?.

-Normalmente no golpeo a nadie a no ser que esté borracho, así que ¡siéntate y cierra la...!-en ese momento vio que en el suelo había una fotografía, de él, Sanji y Nami juntos-...puede que la fantasma tenga razón, quizá estemos sufriendo un ataque de amnesia.

-No sé lo que es eso, pero desde luego yo no lo tengo. Me baño muy a menudo.

-¿Cómo explicas éste retrato guapito?.

-¡No lo sé!, yo fui educado como un caballero, no se esperaba que entendiera las cosas, solo tenía que comportarme y casarme con una dama de mi posición. Posiblemente una condesa.

-Esto no es una reunión social príncipe, tarde o temprano vas a tener que pelear.

-¿Pelear con esos plebeyos?, antes morir-dijo y se cruzó de brazos, ofendido.

-Pues morirás.

En ese momento, Zoro entró por la puerta.

-Bueno-dijo aliviado-veo que estáis bien, ahí fuera es el caos.

Los otros dos se le quedaron mirando y le preguntaron a la vez-¿tú quién eres?.

Robin, como era de esperar, estaba en la biblioteca ajena a lo que pasaba, hasta que una Nami atraviesa paredes la espantó.

En casa de Sanji, seguían con la charla.

-¿Alguien quiere contarme qué pasa?-preguntó el vampiro confuso.

-¿Vives aquí?-cuestionó Luffy.

-No, lo sabes muy bien. Sanji- el chico dio un brinco y se alejó de él-no entiendo nada, ¿qué...?¿porqué vas así vestido?.

-Es de otra época y tiene amnesia...tenemos-aclaró el pelinegro.

En ese momento se fue la luz y Sanji pegó un gritito.

-Tú llévate al príncipe y escondeos en la cocina-ordenó Luffy a Zoro.

-Yo no quiero irme contigo-aclaró el rubio-quiero irme con el del mosquete ¿tú tienes un mosquete?-el vampiro ignoró la pregunta y lo arrastró a la cocina. Y a pesar de las reticencias, Sanji no soltaba el brazo del peliverde.

-Yo no he dejado esa puerta abierta-dijo Zoro en cuanto pusieron un pie en la cocina, donde, efectivamente, la puerta estaba entornada.

Fue a cerrarla, pero un hombre convertido en vampiro ya estaba en la habitación y les atacó. Comenzando una pelea con Zoro y provocando que Sanji gritara sin parar. Lo que desembocó en un rubio tan aterrado, que se marchó de la casa.

Robin y Nami, llegan a la conclusión de que los que se transformaron compraron sus disfraces en la tienda nueva.

Y a Zoro y a Luffy no les queda otra que patrullar las calles en busca de Sanji.

-¿Estás seguro de que ha venido por aquí?.

-No, y debemos encontrarle rápido. Sanji sabría defenderse, pero la persona que encarna ahora está indefensa, ¡vamos!.

Lamentablemente, Ace escuchó ese detalle.

-Vaya, vaya, vaya. Por aquí anda un jugoso filetito. Lo único que tengo que hacer, es encontrarlo yo primero.

El rubio por su parte, vagaba por un callejón. Asustado.

Robin fue a enfrentarse con el dueño de la tienda. Que al parecer, era un conocido de la vigilante.

Luffy y Zoro encontraron por fin a Sanji. Y Nami apareció para advertirles que se escondieran, pero ya era tarde. Ace había dado con ellos.

No les quedaba otra que escapar.

-¡En marcha!-dijo Luffy.

Sanji estaba paralizado y Zoro lo cargó en brazos hasta que dieron con un almacén. El vampiro dejó al rubio en el suelo, y entre él y el otro chico, intentaron bloquear las entrada.

Pero Ace no estaba solo. Unos cuantos monstruitos lo acompañaban, por lo que no les fue difícil acceder al recinto. Empezó una pelea, de la que el vampiro moreno no era partícipe, él tenía otro objetivo en mente.

-Hay que ver, estás temblando- por el único ojo visible de Sanji rodaba una lágrima, estaba realmente sobrecogido-y aterrorizado- Ace disfrutaba como nunca de la situación-un cachorrito perdido-le dio una bofetada que le cruzó la cara-¡me encanta!, he de reconocer que tienes un gusto exquisito para elegir disfraz, sabes lo que me gusta-y le agarró del cuello con fuerza.

-¡Sanji!-Zoro estaba siendo retenido por dos criaturas. Al igual que Luffy, que no dejaba de revolverse.

Ace estaba a punto de hacerse con su trofeo. Tenía el delicado cuello de Sanji entre sus manos. Podía sentir como el miedo emanaba de todos los poros de su cuerpo. Le mordería, probaría su exquisita sangre y acabaría con su miserable vida de una vez por todas.

Pero...

Robin, con sus efectivos métodos de persuasión, tras darle una paliza al dueño de la tienda, rompió el hechizo.

Los monstruos se volvieron a transformar en las personas que eran. Luffy volvió a la normalidad y Nami retornó a su abandonado cuerpo y lo primero que hizo al ser corpórea nuevamente, fue quitarse la ridícula sábana.

No fueron los únicos.

-Hola cariño-dijo Sanji recuperando su personalidad por fin-ya estoy en casa-y asestó a Ace un fuerte puñetazo en el estómago, aprovechando que éste estaba pasmado. A ese, le siguieron varios puñetazos más, y al verse solo y en inferioridad de condiciones, Ace salió huyendo.

-Hola Sanji, bienvenido-fue lo primero que le dijo Luffy.

-Si, lo mismo digo.

-Ha sido muy siniestro. Era como si estuviera ahí, pero no podía salir.

-¿Estás bien?-Zoro estaba en extremo preocupado.

-Si.

-¿Dónde está Nami?-preguntó el moreno.

Había sido un día de Halloween de auténtica pesadilla. Zoro acompañó a Sanji a casa y éste se dio un baño y se puso el pijama.

-¡Tachan!-dijo en cuanto entró en su dormitorio, donde el peliverde le esperaba tumbado en su cama-vuelvo a ser un chico del siglo XXI.

-¿Seguro que estás bien?.

-Sobreviviré.

Zoro se sentó en la cama y Sanji se acercó.

-No lo entiendo Sanji, ¿por qué pensabas que me ibas a gustar más vestido de ese modo?.

-Es que...por una vez, quería ser un hombre de verdad, la clase de hombre que te gustaba...-Zoro negó con la cabeza-¿qué pasa?.

-Odiaba a los chicos de aquella época, sobretodo a los de la nobleza.

-¿De verdad?-no se creía un ápice, y se sentó al lado del otro, muy cerca.

-Eran increíblemente aburridos. La mayoría de ellos eran tontos. Siempre había soñado con uno más...excitante...interesante.

-¿Ah si?¿interesante?¿cómo?-se removió un poco, juguetón.

-Tú me entiendes-dijo Zoro seductor.

-Si, pero he tenido un día muy duro, y deberías decírmelo.

El peliverde sonrió-tienes razón, debería-sus labios cada vez estaban más cerca.

-Desde luego-concluyó el rubio, antes de que empezaran a besarse con ternura.

Continuará...