Airi le estaba mencionando más y más sobre su mundo y Judal le decía cosas sobre él mundo en el que ahora se encontraba, aunque estaba ya decidida a marcharse de aquel lugar para poder cumplir con la misión que le encomendaron, el capturar a Shaoran era su prioridad, aun si le tomo un afecto a Judal, no podía quedarse, no era su mundo después de todo...

Ya era de noche y Airi se disponía a decirle a Judal que se debía marchar pero volvería a despedirse luego de él, antes de regresar a su verdadero hogar, pero justo en ese momento él le comenta sobre un viaje a otra ciudad, con motivo de realizar una negociación de comercio y un matrimonio arreglado con la princesa Kougyoku, le informó que ella también iría para acompañarle, pues creyó que eso le ayudaría a encontrar a esa persona que ella debía capturar, eso le alegro un poco, pues su despedida no sería por ahora, pero a su vez sintió tristeza por la princesa, ya que había convivido un poco con ella en los jardines del imperio y se le hizo una persona muy alegre y amable, además de muy joven, para tener un matrimonio forzado con alguien, que lo más probable es que no le conozca.

-¿A qué ciudad iremos?.- pregunto Airi, mientras cepillaba su cabello antes de dormir.

-Se llama Balbadd, es un reino muy importante para el área comercial con otros reinos.- contesto Judal entre un bostezo y ambos fueron a dormir para despertar con energías para el viaje, el cual sería agotador para ella, ya que estaría buscando por toda esa ciudad desconocida a Shaoran.


A la mañana siguiente, toda servidumbre estaba subiendo el equipaje de aquellos que irían a Balbadd, Airi y Kougyoku estaban muy felices de viajar, pues ambas se podrían conocer más, Judal por su parte iba protestando, pues varios de Al-Thamen iban a viajar con ellos, para persuadir a los reyes de dicha ciudad, con respecto a su economía y eso lo implicaba a ayudarles y por lo tanto tendría que estar lejos de Airi, para evitar que le hicieran daño, ya que consideraban que él no podía mezclarse con gente que no fuese de la realeza y mucho menos que no estuviese a su altura, claro después de todo era el magi elegido por ellos y eso implicaba eliminar a todo obstáculo que le distrajera.

En el transcurso del viaje Airi estaba siendo peinada por Kougyoku, quien ya le había hecho millones de peinados y le molestaba a Judal, preguntando, ¿Cual le quedaba mejor?, esto le avergonzaba un poco, pues para él, Airi se veía realmente hermosa sin importar que peinado tuviera, aunque con siervos de Al-Thamen cerca se comportó frio y seco respecto a ella.

-Judal, ¿Verdad que Airi se ve hermosa?.-dijo la joven de cabellos fucsias, mirando a Judal como se sorprendía y sonrojaba al ver a la mencionada, aunque apartara la mirada rápidamente, eso le hacía reír.-¿Qué peinado le queda mejor?.-dijo volviendo a realizar otros más y pidiendo la opinión del magi.

-¡Cómo si me fuera importar!.-dijo Judal de mala gana, harto de tantas preguntas, Kougyoku solo se rió un poco más, pues el magi tenía un expresión graciosa, que denotaba su enojo.

Airi solo lo miro, con la cabeza agachada y cuando Kougyoku le vio, se preocupó de que se sintiera mal por la respuesta del magi.

-¿Te encuentras bien?.-le preguntó a Airi.

-Perfectamente.-dijo está levantando la cabeza y con una sonrisa, ocultando su tristeza por la indiferencia del magi y Kougyoku solo le vio sospechando de que algo ocultaba Airi y ella sabía que era.

-Les recomiendo que duerman señoritas, la duración del viaje es demasiado largo.-dijo un señor con un ojo de cerrado y el otro abierto a más no poder, pues al parecer era tuerto, era uno de los miembros de esa extraña organización.

-Princesa, tiene razón.-dijo el joven que acompaña a Kougyoku.

-Pero aún es temprano, Ka Kōbun .-dijo Kougyoku protestando.

El viaje sería de un día y medio, así podrían llegar en barco a la ciudad de Balbadd.

Airi había estado todo el tiempo junto a Kougyoku, le había hablado varias veces a Judal, pero esté solo la ignoró y fingió que ni existía frente a la mayoría de las personas presentes en el viaje, las cuales eran unos hombres con la cara cubierta por una manta blanca, los miembros de aquella organización.

Ya estaba oscureciendo y Kougyoku decidió irse a dormir, algunos ya se había ido a descansar, pero ella al recostarse sobre la cama, no podía dormir, por lo que salió de su habitación y fue a cubierta a poder contemplar aquella hermosa vista del mar y el cielo despejado.

Se había relajado un rato, con aquel aroma salado del mar y su hermoso sonido, las estrellas brillaban, comenzó a tararear una canción que de niña solía escuchar de los labios de su madre, al parecer extrañaba demasiado su hogar, tantos días lejos de allí, debía encontrar rápido a Shaoran y concluir su misión, si quería ver de nuevo a sus seres queridos.

-¿Tu tampoco puedes dormir?.-dijo una voz detrás de ella.

-No es eso, sólo no tengo sueño.-dijo sin dejar de observar el cielo.

-Claro, lo que digas.-dijo el joven colocándose a su lado.

-Si me quieres creer o no, es tu problema.-le dio igual lo que pensará y sólo siguió contemplando el cielo.

-¿Estas enojada?.-le pregunto y esta no respondió.-Airi.-le hablaba pero ella no quería responderle y solo se dio media vuelta para volver a su habitación y poder dormir, ya estaba llegando a la puerta, pero el joven iba detrás de ella.-¡Airi!.-dijo deteniéndola, acorralándola en el pasillo.

-¡Suéltame!.-exclamó enojada, tratando de apartar al joven e irse.

-No.-dijo, se estaba enojando, porque Airi le ignoraba, era claro que le molestaba que las personas ignoraran sus caprichos, pero que esa persona fuera Airi, le dolía más.

-¡Judal, Suéltame ya!.-dijo más enojada, pero este volvió a negar.-¡Que me sueltes!.-Lo empujó con la mitad de sus fuerzas haciendo que se hiciera unos pasos para atrás, esta aprovechó para escabullirse a su habitación, mientras Judal le siguió, esta trato de cerrar la puerta después de entrar y evitar que él entrará, pero este lo impidió, empujando la puerta y entrando, Airi solo fue avanzado a paso torpe, hacia tras, tropezando con varios muebles.

-¿Seguirás huyendo de mi?.-dijo Judal alzando una ceja.- ¿Por qué lo haces?.-dijo acercándose a a Airi, parecían una presa y su depredador.

-Eso... no te incumbe.-dijo en voz baja.

-¡Claro que me incumbe!.-dijo y Airi cayó sobre la cama, pues ya había tropezando con esta, provocando que perdiera el equilibrio y cayera sobre esta.-¡Al que ignoras es a mí!.- dijo enojado y desesperado, llegando hacia donde ella estaba y acorralándola, impidiendo que se levantará de la cama.-¿¡Por qué me estas ignorando!?.-dijo enojado acercándose al rostro de Airi, pero seguía evitando sus preguntas.

-Airi.-dijo más calmado pero aun no le respondía.-¡Respóndeme!.-dijo perdiendo de nuevo su paciencia. -

-¡Lárgate!.-le contesto, su flequillo ocultaba sus ojos, los cuales estaban demostrado su tristeza y resentimiento.

-No, no me iré hasta que no me respondas.-dijo.

-Sólo... Vete...-dijo entre una especie de sollozos, le retiró el flequillo para poder ver sus ojos, pero lo que encontró, fueron unos orbes azules cristalinos, que en ellos se acumulaban las lágrimas.

-Airi...-susurro viéndola, no sabía qué hacer y sólo la abrazo, de nuevo por su culpa estaba llorando y eso no lo soportaba.

Ella no podía entender, porque se había vuelto demasiado sentimental, extrañaba a todos sus seres queridos, el no verlos por más de un mes y medio, le hacia recordar que estaba en un mundo desconocido por completo; pero no entendía del todo el porque lloraba con facilidad, sólo lo hacia con personas que realmente era cercanas a ella y cuando realmente necesitaba desahogarse, toda su vida le enseñaron a ser fuerte y no depender de nadie, pero en ese momento que más podía hacer, cuando les volvería a ver a todos sus amigos y a su familia.

El conocer a Judal, le había dado un soporte sentimental para no sentirse sola, extrañamente fue demasiado abierta con él, le brindo su confianza rápidamente, cambio en un dos por tres, para convertirse en una persona que realmente odia, una persona dependiente y eso era por que él le brindaba seguridad y protección, sentía que podía depender de él; era muy distinto y similar a alguien que ella conocía, quizás esa similitud le hizo estar tranquila.

-Les extraño tanto.-dijo ya dejando salir todas las lágrimas, pensaba que Judal estaba enojado con ella y eso le asustaba, le hacía recordar demasiados momentos que había enterrado en el pasado, aquellos recuerdos tristes y crueles, donde vivía con miedo.

-Tranquila...-dijo mientras le acariciaba el cabello, no era bueno en demostrar preocupación por las personas, pero estaba preocupado por Airi y quería que dejará de llorar.- Se que puede ser díficil, pero pronto les veras, sólo dime ¿Por qué me ignorabas?-le pregunto, mientras le quitaba un mechón de cabello de sus cara y así poder ver sus hermosos ojos, que estaban rojos e hinchados por haber derramado lágrimas.

-Sentí que era un estorbo para ti y que por eso me ignorabas, así que decidí ignorar todo lo que tuviera que ver contigo.-dijo mientras más lágrimas le brotaban, todo le recordaba cada cosa que vivió.

-Tonta, no te ignoraba porque quisiera, lo hacía, para que Al-Thamen, no te hiciera nada.-dijo abrazándola con más fuerza.-Lo siento...-dijo en voz casi inaudible, pero Airi le había escuchado.

-Gracias...-dijo y correspondió el abrazo.-Te quiero, Judal.-dijo y Judal sintió como su corazón latía más rápido, una sonrisa se formo en su rostro y esta solo estaba sonrojada, con las lágrimas secándose en sus mejillas.

Entre sollozos Airi concilio el sueño, pero Judal se encontraba abrazándole, sentía el calor que este le brindaba en aquella fría noche, él sabía perfectamente que debía irse a su habitación, pero no quería separarse de Airi, ya le gustaría quedarse con ella toda la noche, así que decidió dormirse ahí e irse en la mañana, para no levantar sospechas.


Habían ya realizado más de la mitad del transcurso del viaje, en unas horas pronto estarían en Balbadd, Airi seguía un poco avergonzada por lo que ocurrió la noche anterior, Judal no le ignoraba, pero tampoco podía hablarle mucho, rara vez se enviaban una que otra mirada, aunque Judal le observaba casi todo el tiempo, veía como Kougyoku le arreglaba un poco el cabello y como Airi al percatarse de su mirada se sonrojaba, claro que lo hacía sin que los de Al-Thamen se dieran cuenta.

Kougyoku le propuso que en cuanto llegaran a Balbadd, irían ambas a conocer la ciudad y esta gustosa acepto, quedaron de buscar a Judal al medio día, dentro del palacio real de Balbadd.

Al llegar al puerto de la cuidad varios caballeros del ejército les escoltaron, al lugar donde se hospedarían un tiempo.

Kougyoku iba demasiado animada pensando en como seria su futuro esposo, quería conocerlo pronto y junto a Airi, Ka Kōbun y otros sirvientes, fueron a visitar la ciudad, Judal por su parte debía acompañar al banquero para lograr persuadir a los gobernantes de aquel país.

-Entonces iremos a recorrer la ciudad y a medio día iremos al palacio, para reunirnos con el joven oráculo.-decía Ka Kōbun y Kougyoku asintió.

Kougyoku se detenía a ver cada lugar, quería contemplar todo, mientras que Airi buscaba entre las personas a Shaoran y usaba un poco de magia para ver si no estaba disfrazado de otra persona, pero no le encontró por ningún lado.

Se dirigieron al palacio, para poder encontrarse con Judal, aunque no pudieron recorrer en su totalidad la ciudad; al llegar Kougyoku, no quería entrar por el miedo de toparse con su prometido, ya que era una tradición que no se conocieran, hasta el día de la boda, por lo que le pidió a ella que entrara al palacio en búsqueda de Judal.

Judal se dirigía al palacio apurado, pues se había detenido en una de las zonas comerciales, donde vio un hermoso prendedor de cabello que le quedaría bien a Airi, aunque pensó que no le gustaría del todo, pues no tenía el gusto de una mujer, pero aquel prendedor tenía una flor y unos cuantos adornos conformados por piedras rojas, que resaltaba en aquel prendedor de color negro, pensó que por lo menos le haría sonreír y la animaría, lo compro pero al terminar de pagarlo noto que el banquero le había dejado atrás.

-¡Tsk!-el sonido que demostraba que estaba molesto.-"ese viejo, me ha dejado atrás, luego que no me reclame".-pensaba mientras se dirigía al palacio.

Iba acercándose a las murallas del palacio y vio a todo el pueblo ahí reunido, seguramente quejándose por la situación económica del país.

-Ah.-al ver a la muchedumbre se sorprendió.-¿Por qué hay tanta gente hoy?, de haberlo sabido hubiera traído mi alfombra.-decía enojado por no haber ido volando en su alfombra voladora.-¡Que molestos!-dijo al escuchar sus gritos.-¿¡Por qué no sólo los mando a volar!?.-dijo empujando a un par de personas como si fueran costales de carga y estos le miraron con odio, eso le hizo sonreír aún más, pues el odio le hacía más fuerte, pues él era el magi de los rukh depravados.

Tuvo un presentimiento extraño, el rukh era blanco, aunque cuando él pasaba se teñía de negro, al ir avanzado más vio a un niño de cabellos azules sujetado en una trenza, como la de él, lo miro con indiferencia, notando como el niño le miraba sorprendido.

-"¡Que fue eso! Por un instante, vi a esa persona como un sol negro".- pensó el niño, observando cómo caminaba aquel extraño joven de cabellos azabache, sujetados en una larga trenza.


Un joven rey de cabellos púrpuras se encontraba en el palacio discutiendo la situación del contrato de comercio entre su reino y Balbadd, aunque a su lado se encontraba un joven de cabellos rubios, que al parecer no era bien recibido en el palacio.

-¿A qué has venido aquí Sinbad?-dijo un hombre de estatura pequeña al que le llamaban rey, observo al lado de Sinbad y noto al joven rubio con el que había discutido previamente y se encontraba detrás de él.

-He venido a discutir sobre el asunto del comercio entre Sindria y Balbadd.-le respondió.

En eso entro un hombre extraño con un manto que le cubría la cara e interrumpió la discusión de negocios de ambos reyes.

-¡Oh, has vuelto banquero!.-dijo el rey de Balbadd, ignorando por completo la petición del rey de Sindria.

-Si he vuelto, rey Ahbmad.- respondió el banquero del imperio Kou.-Balbadd sigue tan caluroso como siempre.-comentó.-estoy a punto de desmayarme del calor.-dijo mientras se abanicaba con la mano, aunque el manto le cubría aun el rostro.-¡Oh!, ¿Un visitante?.-dijo al ver a joven rey de Sindria.

-Él es el rey de Sindria, que ha venido de visita.-dijo el rey Ahbmad.-Debería ir a visitarlo.-le sugirió.

-Entendido.-dijo el banquero removiéndose el manto que cubría su rostro.-¡Un placer conocerlo rey de Sindria...-le saludo.-¡Soy el "banquero" Marikkio!, actualmente soy el consejero financiero de Balbadd, es un gusto conocerlo.-dijo sonriéndole.

-Un placer conocerlo también, soy Sinbad, el rey de Sindria, ¡Espero llegar a conocerlo mejor en el futuro!.-dijo extendiéndole la mano.

-¡No el gusto es mío!.-dijo correspondiendo el apretón de manos.-¡Me siento tan honrado de poder conocer al legendario conquistador de celdas Sinbad!.-dijo haciendo una reverencia. Sinbad se rió un poco

-¡En verdad, no es para tanto!.-dijo Sinbad un poco avergonzado de cómo le llamo.-¿Acaso no nos conocemos?.-le preguntó al verlo más detalladamente.

-No, esta es la primera vez que lo veo, ¡Mi señor!.-dijo con una sonrisa fingida.

-Ya veo...-dijo no muy convencido de la respuesta de este, pues le había visto en alguna parte o algo de él le sonaba familiar.

-¡Agh! .-se quejó alguien, estaba enojado al parecer.-¡Fuera de mi camino!.-dijo un joven de larga trenza de cabellos azabaches, quejándose de que los guardias no dejaban que pasará.-¿¡Por qué hoy hay tantas personas bloqueado la entrada...-dijo enojado, avanzado entre los guardias, el rey de Sindria se sorprendió.-¿¡Ah!?.-se sorprendió al ver al rey de cabellos púrpuras.

-¿Eh?.- exclamó confundido Sinbad.-"Judal".-pensó.

-¡Miren!.-dijo señalando a Sinbad.-¡Pero si es el "Rey Estúpido"!.-dijo riéndose.-¿¡Por qué estás aquí!?.-le pregunto enojado.

-Judal, ¿Ustedes se conocen?.-dijo el rey de Balbadd, Ahbmad.

-¡Podría decirse!.-dijo Judal acercándose a Sinbad.-¡Este sujeto siempre se interpone en mi camino!.-dijo riendo apoyándose en el hombro de Sinbad y este le miró enojado.

-"¿¡Por qué...!? ¿¡Por qué Judal está aquí!".-pensaba Sinbad.

-Ah, Sinbad déjame presentártelo.- dijo el rey Ahbmad.-Él es Judal, el "oráculo" del imperio Kou.-dijo refiriéndose a Judal quien estaba con los brazos cruzados, con un sonrisa.

-¿¡Oráculo del...Imperio Kou!?.- dijo sorprendido.

-¡Así es!, actualmente trabajo como el "oráculo" del imperio Kou.-dijo dándose un pequeño golpe el pecho, diciendo estar orgulloso de serlo.-¿Sabes?, la razón por la que estoy hoy aquí, es por "negocios oficiales".-le informó a Sinbad.

-"Judal, ya se ha infiltrado en el imperio Kou...entonces ese hombre también...-dijo al ver como Judal hablaba con el banquero.

-Lo siento Sinbad, pero por hoy tendrás que retirarte.-dijo el rey Ahbmad.-olvidaré el hecho de que tú, hayas esparcido ese rumor.-dijo.-aun tengo muchos asuntos gubernamentales que atender.

-¡Espera un segundo!, nuestra conversación aun no termina.-dijo enojado Sinbad.

-¿De qué conversación hablas?.-le pregunto.-Oh... ¿La charla acerca de retomar el comercio con Sindria?.-le pregunto "recordando" su conversión.-Lo siento, pero no puedo cumplir con ese trato.-dijo con indiferencia.

-¿A qué te refieres?.-le pregunto el rey Sinbad.

- ¡Le he entregado todos los permisos comerciales de Balbadd... Al imperio Kou!.-dijo como si fuera algo normal y esto sorprendió a Sinbad.- Sin la aprobación del imperio Kou, Balbadd no puede negociar con otros países, lamento no habértelo dicho antes.-dijo fingiendo lamentarse, debido a que Sinbad había ido más de una vez a tratar ese asunto.

-Ahbmad, ¿Planeas entregarle el control de Balbadd al imperio Kou?.-le dijo reclamando.

-¡Mi país no está siendo controlado por nadie!.-dijo enojado ante el comentario de Sinbad.-Esta es una estrategia, sugerida por el banquero, para revivir la economía de Balbadd.

-¡Asi es!.-afirmó el banquero.-¡Conectar las economías de diversos países en armonía!, Ese es el trabajo de los "banqueros"!.-le informó.-¡Oh!, ya que tú, también eres un rey...¿No te gustaría entregarnos los asuntos económicos de tu país, para que nosotros los manejáramos?

-"¡No tengo ninguna duda!, A pesar de que este sujeto tiene otro nombre y apariencia...¡El es parte de esa organización!.- pensaba Sinbad.-Más importante este país ya está...-pensó mirando como el rey reía ante la situación, oía la gente del pueblo que lloraba y gritaba fuera de las murallas, El banquero tenía una sonrisa maldosa y Judal solo sonreía para sí mismo, con los brazos cruzados, como un niño que iba a hacer una travesura, bien planeada.

-¡Espera!, ¡Aún no termino de decirte lo que quería!.-dijo el joven rubio acercándose al trono y los guardias le detuvieron.-¡Prométeme ahora...que protegerás a aquellos que sufren!.-dijo con desesperación, mirando con rencor al rey, ordenándole que hiciera y cumpliera su petición.

El rey Ahbmad solo bostezo.-Sinbad, por favor, llévate a esa cosa contigo.-dijo señalando al rubio.-No soporto escuchar hablar a la basura de los suburbios.-dijo y el rubio se sorprendió, para después tratar de librarse del agarre de los guardias.

-¡No, Alibaba!, ¡Es mejor que nos vayamos!.-le dijo Sinbad tratando de detenerlo y calmarlo.

-¡Ahbmad!...¡Escúchame!.-le grito y los guardias le estaban empujando al piso.-¡No somos diferentes, somos todos humanos!.-dijo gritando de nuevo para que el rey le escuchará, pero este solo le ignoró.- ¡Escúchame!, ¡Bastardo!.-dijo desesperado.

Pero el rey hizo una seña de que lo sacaran del palacio, los guardias asintieron y lo echaron fuera, Sinbad iba detrás de ellos debido a que se dirigirían a su lugar de reunión con los demás, vio como una joven de cabellos oscuros y vestimenta de la realeza, por lo menos del imperio Kou, pasaba por un lado con la mirada perdida de seguro pensaba algo, le miro extrañado, debido a que no sabía que hacia esa joven ahí.

La joven de cabellos oscuros había entrado al palacio, en busca del oráculo del imperio Kou.

Lo vio desde lejos en una de las puertas que estaba abierta, estaba hablando con alguien, no veía quien por lo que decidió acercarse un poco y ver.

La joven entro a la habitación y los guardias le detuvieron.

-¿Quién es usted?.-dijo uno de los guardias.

-¿Qué sucede?.- pregunto el rey que vio a la joven y sonrió.- ¿Ella es la princesa del imperio Kou?.-preguntó, pues sus vestimentas reflejaban que era de la realeza y Judal volteó para ver a quien se refería, pues Kougyoku no podía ser, ya que ella se avergonzaría de tan solo pensar en conocer a su prometido.-Es realmente hermosa.-dijo sonriendo ampliamente y su sonrisa reflejaba un deseo algo lujurioso.

-¿Eh?.-dijo Judal al voltear y se sorprendió al ver a su querida Airi.- ¿¡Airi!?.-exclamó sorprendió.-¿Qué haces aquí?.-le cuestionó.

-¡Así que mi prometida se llama Airi!.-dijo el rey y Judal le miró enojado.-¡Es realmente hermosa!

-¡Judal!.-dijo Airi al verle y le sonrió, se fue acercando hacia donde estaba Judal, pues los guardias le dejaron pasar, pero al escuchar lo que dijo el rey se detuvo y miro a Judal.

-¡Ella no es su prometida!.-dijo Judal enojado fulminándolo con la mirada.

-¿¡Entonces es una de las sirvientas que me mandó el imperio Kou!?.-preguntó ignorando la mirada de Judal y mirando muy fijamente a la joven.

-¡No!, ¡Y más te vale apartar tus ojos de ella!.-dijo Judal llegando hasta donde estaba ella y la atrajo hacia él, fulminando al rey con la mirada y con todo su odio, preparado para sacar su varita en cualquier momento.

El rey sólo tembló por las palabras que dijo Judal y por su mirada de odio, sabia que era capaz de matarle ahí mismo, sin importarle, pero nunca pensó que un niñato tan cruel y poco maduro, fuera a tener una mujer tan importante en su vida, para matarlo solo por atreverse a mirarle y decir lo bella que era.

-Si no es nada que sea para mi, ¿Qué hace aquí?.-pregunto enojado el rey.

-Usted, es un mal educado.-dijo la joven apartándose de Judal.- se supone que usted esta prometido y esta técnicamente desnudando con la mirada a cualquier mujer.-dijo enojada.-¡Usted no merece una prometida como la princesa!.-por un momento sus ojos cambiaron de color, de un hermoso celeste a un frió y tenebroso rojo carmín.-¡Alguien tan podrido del pensamiento, no merece llamarse rey!.-dijo, Judal le miró confundido por el color de sus ojos, le tomo de la mano y esta le miro, de nuevo con sus ojos celestes.

-¿¡Pero cómo te atreves!?.-grito el rey.-¿¡Quien seria mejor que yo!?.-dijo enojado.-¿¡Acaso conoces a un mejor rey!?, ¡Una pueblerina como tú, dudo que conozca a un rey!.-dijo.

-Conocí a uno.-dijo la joven triste.-¡Y era un gran heredero al trono!.-le dijo y Judal le miró confundido.

-¿¡Pero quien demonios eres tu!?.-dijo más enfadado.

-Mi estimado rey.-dijo el banquero.-esta joven es "la prometida" del "oráculo".-dijo, no quería que la joven arruinara sus planes, aunque lo que dijo sorprendió a más de uno.-Lamento que le haya hablado la jovencita así, pero fue el primero en faltarle el respeto.-dijo ya que no quería que el rey, cancelara todo lo planeado por culpa de la joven,claro que después arreglaría cuentas con Judal.

-¿¡La prometida de Judal!?.-preguntó el rey atónito.

-¡Así es!.-afirmó Judal abrazando a Airi, diciendo con su mirada que era de su propiedad.-¡Por lo que le debe una disculpa!.- mascullo, sin dejar de verlo con odio.

-mmm...si...-dijo el rey nervioso por la mirada del magi.- Lo lamento señorita.-le dijo a Airi la cual estaba sonrojada porque Judal le estaba abrazando fuertemente y le había dado un beso en su mejilla para demostrar que era de él.

-¡Nosotros nos vamos!.-dijo Judal, llevándose a Airi con él, saliendo del palacio.

Una vez fuera Judal miro a Airi y vio que esta estaba cabizbaja.

-¿Te encuentras bien?.-le pregunto, levantando su cara para verle.

-¡Ah!.-se sorprendió.-Si, estoy bien.-dijo viendo aquellos orbes color carmín, que la hacían desde hace algunos días sonrojar con tan solo recibir una mirada de ellos.

-¿Donde esta Kougyoku y Ka Kōbun?.- le pregunto.

-Estaban aquí.-dijo viendo el jardín del palacio.

-Seguramente se han ido al hotel donde nos hospedáremos.-dijo Judal sonriendo, por fin tendría un tiempo a solas con ella.-vamos.-le extendió la mano para salir de ahí.

-¿Eh?, ¿A dónde?.-pregunto la joven tomando su mano.

-A dar un paseo por la ciudad y después ir al hotel a comer y al terminar salir por ahí de nuevo.-dijo saliendo junto con ella, por las murallas del palacio.

Al alejarse cierta distancia del palacio Airi decidió romper el silencio.

-¿Qué fue eso de que soy tu prometida?.-le preguntó un poco sonrojada.

-Fue algo que se le ocurrió al viejo, para que el cerdo ese no arruinara sus planes.-dijo.-Aparte, ¡Cómo se atreve ese estúpido a coquetearte y a mirarte así!.-dijo enojado, quería darle una lección.

-Judal...-dijo Airi, ese día los celos de Judal estaban saliendo a flote.-¿Estas celoso?.-le pregunto mirando como apretaba el puño.

-¿Qué?, ¿Yo?, ¿Celoso?.-dijo incrédulo.-Tal vez solo un poco...-dijo en voz baja, tratando de que Airi no le escuchará, pero esta si lo escuchó y sonrió.

-No debes estarlo.-le dijo Airi y este volteó a verla.-Nunca me fijaría en alguien como él, que no tiene derecho a llamarse rey.-dijo.

-"¿Y dices que no eres una magi?, sabes perfectamente que él no tiene derecho a ser un rey, porque no es ningún candidato a rey de algún magi y es un idiota que se deja manipular".-pensaba.-¿Por qué crees que no merece ser rey?.-le pregunto interesado.

-Porque un rey debe ser un líder y el es un cobarde.-dijo Airi.-Alguien que no puede liderarse a si mismo, no puede liderar a las demás personas.-dijo y Judal solo sonrió.

-¿Y dices no ser una magi?...-dijo en voz baja y está le escuchó.

-El saber como es un rey, no significa ser una magi, para mi.-le dijo.- Es sólo que la persona que conozco y es uno de los herederos al trono, es alguien que en realidad se lo merece.

Ya habían llegado a la entrada del hotel y fueron al restaurante que había ahí, para poder comer algo, en lo que les traían la comida se pusieron a platicar un poco.

-¿Y quien es esa persona?.-le pregunto un poco celoso.

-mmm.-dijo Airi un poco triste.-Es algo que no puedo decir.-dijo un poco misteriosa y Judal se enojo.

-¿¡Por qué no!?.-dijo enojado y celoso a más no poder.

-Es algo que simplemente no puedo decirte, por el momento.-dijo y les sirvieron la comida.

-¡No confías en mi!.-dijo golpeando la mesa y parándose.

-Judal...-dijo mirándolo.-No es eso, eso solo que...-dijo con mirada triste.-Siéntate y come, por favor.-cambio de tema.

-¡No,hasta que me digas!.-le contestó de mala gana.

-Te lo contaré si te sientas a comer.-dijo y este se sentó.

-Habla.-le ordenó y dio un bocado a la comida.

-Es una persona cercana, lo conozco desde hace años.-dijo y Judal frunció el seño.-Es muy importante para mi, pues el me crió desde pequeña.-le aclaro al ver su expresión.-¿Contento?.-le dijo y este sólo continuó comiendo de mala gana.

-¡Me voy!.-dijo al terminar de comer, parándose.

-¿Pensé que iríamos a dar un paseo?.-dijo la joven confundida.

-¡Tengo cosas mejores, que hacer!.-dijo con un tono frío y seco, estaba enojado, pues con lo que le dijo Airi no le basto, quería saber más, pero esta sólo lo dejo picado.

-pero...-no termino pues le interrumpió.

-¡Ve a recepción y diles que quieres la llave de la habitación del oráculo del imperio Kou y le dices que vas de mi parte, así puedes quedarte!.-le ordenó y se fue, dejando a Airi confundida.

Judal se dirigía a descargar su ira con alguien y quién mejor que el estúpido rey, le busco por todas partes hasta que le encontró y ya había anochecido.


Esa noche algunos ciudadanos se reunieron en la base de la "tropa de la niebla", ubicada en el faro de los viejos suburbios, el clamor de las personas llenaba el aire.

-¿Cómo fueron las negociaciones?.-preguntaban algunos, al ver a Alibaba y al rey Sinbad, pero no respondieron.

Dentro, algunos miembros de la "tropa de la niebla" se quedaron en la base, también estaban en pánico, eso era porque en el tiempo en que Alibaba, fue a las negociaciones, Kassim, Zaynab y Hassan habían desaparecido sin dejar rastro.

-¿Cómo fueron las negociaciones?.-preguntó un hombre sentándose junto a otros.

-Por lo que se ve, nada bien...-respondió otro.

-¿Que será de nosotros de ahora en adelante?.-pregunto otro de los que se encontraban sentados.

-¿Los militares vendrán por nosotros?.-pregunto con temor otro.

-¡No puede ser!, ¡Eso nunca había pasado antes!-grito otro golpeando la pared.

-Eso era solo porque Kassim, tenía a alguien infiltrado en el palacio, Ahora que ellos se han ido...estamos perdidos.-dijo uno de ellos, lamentándose.

Por su parte Alibaba, se encontraba en su habitación junto a una joven de cabellos color fucsia con un vestido blanco y con un niño de cabellos azules sujetados con una trenza y de vestimentas árabes.

-"Alibaba...no ha dicho ni una palabra desde que volvió...¿Acaso las negociaciones fracasaron?".-se preguntaba la joven.

-Alibaba, ¿Como estuvieron las negociaciones?.-pregunto el niño, sorprendiendo a la joven.

-Yo...No pude decirle nada...Ahbmad ni siquiera me ve... Como un ser humano...Hice lo que pude... Pero el resultado fue el mismo...-dijo apretando los puños, tratando de contener su ira, el tan solo recordar su impotencia frente a su hermano mayor, le hacia enfadar.

-Eso no es cierto, Alibaba.-dijo el niño sonriéndole.-¿También puedes oírlo, cierto?, el que te atrevieras a enfrentar al rey con esas negociaciones, le ha dado esperanza a toda esa gente.-dijo al oír a todas las personas reunidas.-Las cosas que has hecho no han sido inútiles.-le volvió a sonreír.-¿Acaso hoy no cambiaste algunas cosas?.-le pregunto mirándolo.

-Gracias, Aladdin.-dijo el rubio sonriéndole.

-Pero..¿Qué haremos ahora?.-dijo la joven fanalis.-Creo que tenemos que darle noticia a las personas de afuera y a la "tropa de la niebla"...-dijo mirando por la ventana.

-Pero...las negociaciones fracasaron.-dijo el rubio colocando sus manos en su frente, estaba desesperado.-No se como empezar.

-De verdad...-dijo la joven pero fue interrumpida.

-Por favor síganme.-dijo un joven de cabellos blancos y ojos de color esmeralda.-Sin, dijo que es hora de anunciarle a la "tropa de la niebla", el resultado de las negociaciones de hoy.-esto sorprendió al rubio.

Se dirigieron al centro del lugar donde todos estaban reunidos, ya había anochecido y el resplandor de la luna iluminaba aquel lugar.

-Por favor, de un paso al frente líder.-dijo nuevamente el peliblanco empujando al rubio.

-Todos...-vacilo un poco.- se los diré directamente.-dijo llamando la atención de los presentes.-Las negociaciones fracasaron.-dijo cabizbajo y los presentes se sorprendieron.-La otra parte ha rechazado por completo nuestra oferta, las diferencias entre nosotros y los militares son una cruda realidad.-dijo por ultimo, apretando los puños.

-Entonces... Eso es todo.-dijeron tristes algunos.

-¿A qué se refieren con "eso es todo"?.-cuestiono el rey Sinbad.-Para empezar, ¿Cuáles son las razones por las que peleaban?.-volvió a cuestionarlos y estos se sorprendieron.-Para dejar la pobreza, alimentar a su familia o ¿tal vez no tenían una razón tan noble como esa?.-les dijo.-sin embargo, sin importar sus razones, después de todos esos robos, hoy por primera vez, tuvieron negociaciones cara a cara con el rey.-dijo tratando de animarlos.- Ustedes... Se enfrentaron a la persona que los había maltratado...-continuo.-¡Hoy por primera vez, finalmente!, ¿¡No han estado luchado por una posición mas digna!?.-les reclamó.-¡Recuerden sus razones!, ¡No lo olviden!, ¿¡Aún hay alguien...que piense que hoy es el fin!?.-les pregunto mirándolos a todos pero nadie dijo nada, solo lo miraban con determinación.-Bien, si ese es el caso, les daré toda mi fuerza,derrotaré a aquel que envíen, ¡Y sin son perseguidos en este país, los aceptaré como mis ciudadanos!.-dijo poniendo su puño en su pecho como juramento.

-Sin...-le hablo el peliblanco.-¡Si aceptamos, más refugiados, Sindria también sufrirá de una crisis económica!.-dijo con temor.

-¡Después me encargaré de esos detalles!.-le respondió.-El mundo esta lleno de muchas cosas irrazonables.-dijo.-Admitir a todo aquel que sufre de esa clase de personas esta construido mi país.-dijo sonriendo y Alibaba y la joven de cabellos fucsia se sorprendieron y el pequeño de cabellos azules llamado Aladdin sonreía.

Es increíble.-dijo Aladdin.

-Si ese es un rey.-dijo Alibaba.-¡Aladdin, haz hecho un extraordinario amigo!.-dijo viendo a Sinbad.

Nadie se percató de que alguien les observaba, desde el cielo.

-Al parecer...Ese sujeto llamado Sinbad, también es todo un caballero,¡Lo admiro!.-dijo un señor de estatura pequeña y con un poco de sobrepeso, con un parche en uno de sus ojos.

-Pero hermano, ¿Qué deberíamos hacer ahora?,¡Antes le robamos!.-dijo el mayor de los tres hermanos.

-No te preocupes, esa vez estaba durmiendo como un tronco, así que no nos vio.-dijo recordando.

-¡Es verdad!.-respondió el mayor sonriendo.

-Oye, hermano...-llamo un joven de cabellos claros, era el hermano de enmedio.-¿Qué es eso?.-dijo señalando el cielo, los hermanos observaron a que se referían, era una persona flotando en el cielo y fue entonces cuando todos le escucharon gritar.

-¡Oye, Sinbad!.-grito el joven de cabellos azabaches descendiendo.

-"¿¡Judal!?".- pensaba sorprendido el mencionado.-"¿Nos siguió hasta aquí?".

Oye, "estúpido rey"!.-le grito mientras caminaba hacia él, saludándolo con una seña con su mano al colocarla en su propia cabeza.

-¿Quién es él?.-pregunto uno de los presentes ahí.

-"Él... Es esa persona de antes".-pensaba el niño de cabellos azules.

-Judal, ¿Estas aquí por ordenes de Ahbmad?, ¿O el imperio Kou te envió?.-pregunto Sinbad con frialdad.

-¿Huh?.-dijo este mirándolo confundido, para después embozar una sonrisa.-¡No, No!, ¡Para nada!.-dijo riendo.-¡Para serte sincero, esa clase de cosas no me interesan, en lo más mínimo!.-dijo negando con su cabeza y manos levantándolas en expresión de que le daba igual.- "Incluso yo mismo casi asesino al rey".- pensó al recordar la forma en que había mirado a Airi.

-¿Qué planean hacerle a este país?.-pregunto Sinbad.

-¿Quién sabe?.-respondió el magi, alzando las manos y moviendo sus hombros en señal, de no tener idea.

Todos los miraban extrañados, pues al parecer emitían un aura de odio mutuo.

-No tengo ningún interés en...todas esas cosas acerca de economía de las que hablaba ese anciano.-dijo rascándose la nuca.-Sinbad, ¿Ya deberías saberlo, no?.-le pregunto sin dejarlo responder.-Lo único que a mi me interesa es...-dijo y pudo notar lo sorprendido de aquel rey, esperando su respuesta.-¡LA GUERRA!.-dijo sonriendo maliciosamente y sus ojos demostraban frialdad y crueldad, un vacío intenso, que sólo se saciaría con sangre derramada, Sinbad le miro sorprendido a más no poder, era un completo psicópata, demasiado sádico y más en esos momentos que él deseaba desquitar su ira con quien estuviera en frente.

-¡El imperio Kou es muy fuerte!-dijo Judal alzando sus brazos y apretando los puños en señal de alegría.-¡Tiene incontables soldados, "conquistadores de celdas" como genérales e incluso djinns como parte del ejército!.-concluyó.-¿¡Acaso no es genial!?.-dijo embozando otra de sus sonrisas, parecía un niño eufórico al hablar de guerras.

-¡Tú...!.-dijo Sinbad enojado.

-Ja'faar.-el pequeño de cabellos azules le llamo al peliblanco.-¿Lo conoces?.-dijo señalando a Judal.

-Él es Judal tiene un largo historial de odio hacia nosotros...-dijo.-pero lo mas importante, Aladdin...-el pequeño le miro confundido.-es que él, es un magi, como tú.- dijo y esto sorprendió al pequeño.

-¿¡Un magi!?.-exclamó el pequeño.

-¡Oh!, ¡Pero no me malentiendas!.-dijo Judal.-¡La persona con la que deseo trabajar es contigo, Sinbad!, porque la verdad, no soporto al emperador del imperio Kou.-dijo de mala gana recordando al emperador.-¡Por eso deberías dejarlo todo y unirte conmigo, para dominar el mundo!.-dijo extendiéndole la mano.

-Ya te he repetido, infinidad de veces, ¡No seré tu marioneta!.-dijo enojado.

-Bueno, empecemos de nuevo.-dijo Judal sentándose en una de las rocas de aquellas ruinas.-¿Quienes son todas estas personas reunidas aquí...?.-le pregunto moviendo su mano, con interés y con sus ojos cerrados, pero los abrió para ver a cada una de las personas y vio un extraño niño, el rukh a su alrededor era raro.-¿¡Eh!?.-el niño se sorprendió también.-¿Quién es él?.-pregunto.-Oye Sinbad...-le llamo.-El rukh alrededor de este niño, es muy raro.-dijo señalándolo.-¿Quién es él exactamente?.-volvió a preguntar.

-"¡Oh no!".-pensó.-"Pero no es como si pudiera ocultarlo de él...".-vio a Judal y a Aladdin.-Él es un magi, al igual que tú.-le dijo.

-¿¡Que!?.-se sorprendió.-¿¡Este enano es un magi!?, ¿¡Enserio~!?.-gritaba enojado, examinando al pequeño.-¡Se supone que los magi, somos los seres más asombrosos!.-grito enfadado, dándose un pequeño golpe en el pecho, en signo de egocentrismo.-Cuando el rukh, fue enviado a cambiar este mundo, este se concentro en los mas poderosos usuarios de magia, aquellos con la mejor cantidad de magoi.-dijo.-¡Eso es un magi!..-dijo mas enojado.-¿¡Como puedes decirme que acepte el hecho de que hay otro magi además de mi!?.-pregunto volteando a ver a Sinbad, incluso se olvidó de que existen otros dos magis y una posible magi, con la que antes había tenido una discusión.


Al principio se quedo viendo como Judal se iba, para después sólo limitarse a caminar por allí, antes de irse a descansar, pensaba en despejar un poco su mente.

-"¿Por qué demonios se ha enojado?, él tiene asuntos que no puede contarme y yo igual".- pensaba mientras iba por la plaza central de aquella ciudad.

Se sentó en una fuente que estaba allí y comenzó a relajarse, para después cerrar sus ojos y empezar a meditar, las personas le miraban extraño, pues una aura de color blanco emanaba de ella.

-"¿Dónde estas?".- se preguntaba una y otra vez en su mente, podía ver el aura de las personas, con suerte encontraría una que tuviera magia en ella y no fuera exactamente la de Judal.- Te encontré.- susurro y se levanto para ir a buscar a aquella persona.

Estuvo buscando entre todas las personas y vio a un pequeño niño de cabellos azulados y de él emanaba el aura de poder.

-"Me he equivocado".- se dijo así misma y continuo entonces su búsqueda, hasta que se rindió y fue a tomar un descanso, aun no anochecía pero le vendría bien, después de todo no quería volver a recaer o perder fuerzas.

Se dirigió al sitio donde se hospedarían y en la recepción le dijo a un joven que trabajaba ahí, lo que Judal le había dicho, le entregó las llaves y se dirigió a la habitación.

-Aquí es su habitación.-le dijo abriendo la puerta e invitándole a pasar y esta entro.-Si necesita algo, no dude en llamarme.-le sonrió.

-Gracias.-dijo y el joven se marchó, cerrando la puerta.


~¡Ohayō!

Bueno espero les haya gustado el capítulo :3

Lo sé, soy de lo peor, siempre me olvido de actualizar en fanfiction, espero que le den una oportunidad a la novela, juro que más adelante mejora en gran medida la narración, ya que esto es de hace mucho tiempo y ahora he mejorado, después le hare retoques para que quede mejor.

Espero que hayan disfrutado el capítulo, agradezco enormemente a las personas que leen, y le dan una oportunidad a esta historia, muchas gracias, espero continúen disfrutando la historia.

Si encuentran algún error ortográfico o gramatical, les pido de favor que me avisen para que las demás personas puedan disfrutar mejor la lectura, esto incluye los anteriores capítulos, ya que me he dado a la tarea de releerlos una y otra vez, incluso después de publicarlos, en esto mismo quiero informarles que les aparecerán notificaciones de actualización y es porque estaré realizando las correcciones y ediciones necesarias, de antemano agradezco su comprensión.

Espero les guste y dejen un comentario/ review, me gustaría saber su opinión sobre cómo va la historia, además eso me alentaría a continuar escribiendo y animarme a subir más historias, ¿Si?:3

Como anteriormente dije, estoy fusionando los capítulos para hacerlos más largos y no dejarlos con tanta espera, este sería la unión de los capítulos 9, 10, 11, y 12 en la plataforma de Wattpad.

Esta historia está siendo publicada aquí y en mi cuenta de Wattpad: AriPerez12, para que pueden disfrutarla en la plataforma que más les guste, además va más adelantada allá.

Gracias por todo su apoyo \(^-^)/

Sin nada más que decir, me despido y nos vemos en el siguiente episodio.

-Ari :3

~Oyasumi Dreamers