Capítulo VII: Goodbye My Lover
Severus se ofreció para guardar el baúl con los muebles en el entretecho, mientras Hermione bajaba al primer nivel con su equipaje. No podía evitar las lágrimas, la opresión en el pecho, las dudas. Pero era necesario, se repetía a sí misma. Había sentido algo parecido días atrás, minutos antes de tomar la decisión de apuntar a sus padres con su varita y borrar todos sus recuerdos.
-Todo está bien guardado, cariño—Dijo él, apareciendo en la salita—Lo dejé con bastante protección en el caso que quisieran asegurarse que en realidad está abandonada.
-Gracias amor. Por todo.
-Antes que te vayas debes ponerme atención. –Hermione frunció el ceño—Necesito que aprendas los versos para concretar la poción. Saca tu varita.
Ella obedeció.
-Debe beberse la poción primero, luego, con la punta de la varita tocar la herida, simulando que estás haciendo una incisión, pero en realidad estás causando el cierre de los tejidos en la misma dirección del corte. Debes sentir como si tu cuerpo estuviera absorbiendo el veneno, como que estuvieras sacándolo con una infusión, como sea. ¿De acuerdo?
-Como succionando. Como sanguijuela.
-Bien. Tu mente debe estar perfectamente conectada con lo que dices, con precisión, seguridad. "Vulnera sanentur" Repítelo.
-Vulnera sanentur.
-Todo al tiempo que pasas tu varita por la zona atacada. Repite de nuevo.
-Vulnera sanetur
-Vulnera sanentur"—Le corrigió—Dilo tres veces sin pausa. Como trabalenguas pero sin que se trabe.
En esa oportunidad lo hizo bien.
-Muy bien. Recuerda todo lo que te dije. Precisión, seguridad. Se necesita máxima concentración, como si invocaras un Patronus. ¿Ahora entiendes porqué te digo que es difícil? En una situación de peligro reina la inseguridad.
-Lo entiendo.
-¿Te estarán esperando?
-Sí, dije que llegaría a media tarde.
-Entonces no demores más.
Levantó su varita e hizo desaparecer sus baúles, los cuales estarían en el vestíbulo de la Madriguera esperando.
-Amor…-Dijo en un hilo de voz
-Tranquila cariño.
-No me pidas eso… no puedo.
-Eres la chica más fuerte que he conocido, la que ha pasado por cosas que no tenían porqué sucederte, para acompañar a tu amigo incondicionalmente. Has podido con retos, Dementores, Mortífagos, no puedes decirme que no podrás con esto. Es nuestra última oportunidad.
-Podrían pasar meses antes de que nos volvamos a ver… incluso años. No sé si pueda…
-Si no eres capaz de facilitar las cosas en la forma que están ahora… lo haré yo.
-¿Cómo?
-Terminando todo esto aquí y ahora, así no existirá la incertidumbre.
-No. No, por supuesto que no. ¿Cómo dices una cosa así, Severus?
-Hay que hacer enormes sacrificios.
-No es necesario…-Dijo ella con renovada energía-, puedo hacerlo. Prefiero esto a que… terminemos todo aquí.
-En realidad entre una cosa y otra no existe la gran diferencia.
-Quizás para ti no, pero para mí sí.
Severus no dijo nada.
-Gracias por lo de estos días. Todo fue maravilloso.
-Cuídate por favor. Si te sientes mal no te lo guardes, pide ayuda.
Ella lo abrazó. Acarició su cabello, sintió su peculiar esencia, sus latidos, su respiración. Él la aprisionó aún más con sus dos brazos.
-Te voy a extrañar mucho—Musitó mientras ella sentía que se deslizaban lágrimas por sus mejillas.
-Yo también te extrañaré amor, no te imaginas cuánto. Pero a diferencia de antes, tengo la certeza de que una vez acabado todo, podré volver a verte.
La respiración de Hermione se aceleró, y sintió que los sollozos la acechaban sin poder evitarlo.
-Puedo hacerlo, puedo hacerlo—Se repetía—Por nosotros, por la gente que queremos.
Él se separó para poder limpiar rostro lleno de lágrimas. Tenía los ojos hinchados.
-Respira. No lo hagas más difícil. Sé que dirás que no puedo entenderte porque eres una chica, pero aún así debes hacerlo.
-Te amo Severus Snape.
Él la besó.
-Yo te amo a ti Hermione. No lo olvides ni lo dudes. Recuérdalo siempre, pero en tu corazón, no en tu mente.
Debía hacerlo, debía decirlo. Era el tiempo de decir adiós.
-Adiós mi amor—Murmuró ella luego de unos eternos segundos de indecisión.
-Buen viaje, cariño. Cuídate.
Lo besó una vez más, lo miró a los ojos borrosamente por las lágrimas que se le asomaban. Segundos después perdió el equilibrio. Sus padres ya estaban en Australia, su casa estaba desalojada; Severus se quedó en su camino, y ella estaba continuando el suyo, como siempre estuvo predispuesto.
El pasto largo y seco de la inmensa pradera le causó cosquillas al volver a poner los pies en tierra firme. El sol le calentó el cuerpo al instante. Respiró tratando de tranquilizarse. Limpió muy bien su rostro, asegurándose que de que no quedaran vestigios de lágrimas y malos momentos en la pasada hora. Si era fuerte, como Severus había dicho, tenía que ser capaz de no flaquear cualquiera fuera la circunstancia.
Comenzó a caminar hacia la casa, que estaba unos metros más allá. Al llegar a la reja, divisó en el fondo del jardín a Ron y a Ginny sobre escobas, a Luna arriba del árbol, y a Fred y George volando alrededor.
-¡Hermione!—Exclamó la rubia, al percatarse de su llegada. Saltó del árbol y empezó a correr en dirección a ella. Los demás lo hicieron sobre su escoba.
Luna la abrazó dulcemente, y la miró inquisitivamente con sus saltones ojos azules.
-¿Cómo han estado esas vacaciones?
-Pronto te daré detalles—Dijo sonrojándose brevemente.
Ginny la saludó también y le dio un cálido abrazo.
-Me alegro que hayas llegado. Estaba harta de sobrar. Si no es por Fred y George…
-No digas tonterías Ginny—Bufó Ron imitando a su hermana con el gesto—.Cree que a Luna y a mí nos estorba.
-Como si tú nunca hubieras sentido lo mismo—Bromeó la castaña devolviéndole el gesto con gusto.
-En realidad siempre lo siente—Dijo Fred.
-Pero ya aprendió a ocultarlo muy bien—Le continuó George— ¿Cómo estás Hermione? ¿Todavía no superas que Won-Won y Lunática estén juntos?
-¿De qué hablas?
-¡Pareciera que hubieras pasado siglos de desdichas Granger!—Exclamó Fred—Pero ya no te preocupes más. En unas semanas más podrás renovar tu loco amor por Viktor Krum.
-Qué consuelo. Pero estoy bien, George
—Con Fred estamos de acuerdo en que no somos tus mejores amigos, pero no vamos a permitir que nos mientas y ocultes tus penas de una forma tan descarada.
-Será mejor que vayas a saludar a mamá—Dijo Ron al notar la incomodidad de la chica.
-Según escuché ya llegó tu equipaje.—Continuó Ginny.
-Se supone que sí—Contestó.
Seguida de Luna y los Weasley, Hermione entró en la casa. Había muchas cajas, ropa, y cosas fuera de su lugar, pero se notaba que no era un desorden de días, sino reciente.
-¡Hermione, querida mía!—Exclamó la Señora Weasley, apareciendo en la cocina desde la despensa.
-Buenas tardes señora Weasley. ¿Cómo está?
-Hasta el tope de trabajo, ¿sabes? Empezando a limpiar y ordenar la casa con anterioridad para cuando lleguen las visitas.
-¿Por la Boda?
-Exactamente. Los chicos estuvieron ayudándome toda la mañana, hasta hace un rato que los dejé libre ya que Luna vino a ver a Ron.
-Señora Weasley, si a usted no le molesta, mañana puedo venir temprano a ayudarle en la casa—Propuso la rubia, quien estaba sentada junto a Ron en uno de los sillones.
-¿En serio, querida?
-Lo digo en serio. Mi padre está muy ocupado, y en casa me estoy aburriendo mucho.
-Sería estupendo, de verdad que lo sería.
Molly le sonrió a Luna. No era con un fingido interés, sino con satisfacción. De seguro le tranquilizaba mucho que, a pesar de que todos esperaban que Ron y Hermione estuvieran juntos, fuera una muchacha tranquila y a la altura de lo que ella en su interior quiso para sus hijos. Incluso para Hermione habría llegado a ser incómodo que Molly se sintiera decepcionada en el caso de que Ron hubiera escogido a una chica del tipo Lavender Brown. Pero no había sido así. Había sido una buena elección, alguien que ella conocía perfectamente, alguien que lo merecía a pesar de los prejuicios que hubo entre el grupo, y los que persistían fuera de él, de aquellos que no la conocían. Fred y George, aunque fingían entrometerse entre ellos sólo para molestarlos, en realidad se sentían satisfechos con la chica, pues era lo que podía aceptarse dentro de una familia tan especial como la Weasley. Eso sí, reconocían que en las veces que pudieron, colapsaron de bromas a Ron con una conquista tan poco deseable como la de Lavender porque sabían que no iban a durar demasiado. Pero su nueva y estable conquista no era una amenaza para la integridad de la familia y la salud mental de su madre, mientras la excentricidad fuera la de siempre.
-Querida, tu equipaje ya lo envié al cuarto de Ginny, así que puedes colocarte cómoda. ¿Deseas algo de comer?
-No, muchas gracias señora Weasley.
-Me la da impresión que estás adoptando la misma mala costumbre de Harry de alimentarte mal. ¡Estás que desapareces!
-Ha sido un tiempo muy duro… solo eso.
-¿Cómo se encuentran tus padres?
-Bien—Dijo casi automáticamente—Supongo que bien.
Agachó la vista. Pronto se sintió muy observada. Sabiendo que no podría soportarlo mucho más, se dispuso a ir a la habitación de Ginny. Ella, Ron y Luna la siguieron unos momentos después. Comenzó a subir, tragaba saliva a cada instante que se veía acechada por el llanto. Al menos quería hacerlo a puertas cerradas. Llegó a la puerta de Ginny, entró, luego Ron la cerró.
-Ahora puedes hablar—Dijo Ginny— ¿Qué sucedió? Estás de muerte.
-Mis… mis padres se fueron a vivir a Australia.
-¿Qué estás diciendo?
-Les alteré la memoria para que no recordaran que tenían una hija, para que pudieran irse a vivir a Australia, como siempre quisieron hacerlo, supuestamente.
-Hermione, lo siento mucho—Dijo Luna, abrazándola con un brazo.
-¿Por qué lo hiciste?—Inquirió Ginny.
-Voldemort querrá encontrarlos para saber de mi paradero, el de Harry. ¿No le has dicho, Ron?
-¿Decirme qué?
-Ginny, nosotros no regresaremos a Hogwarts
-¿Qué?—Inquirió incrédula. Luna los miró impresionada también— ¿Por qué?
-Harry tiene cosas que hacer.
-¿Qué tipo de cosas?
-No podemos decirte, Ginny—Murmuró Ron con incomodidad.
-¿Cómo que no?
-Es algo muy arriesgado. Dumbledore quiso que solo los tres lo supiéramos.
-¿Y dónde se supone que estarán si no van a ir a Hogwarts? ¿En casa descansando?
-Debemos ir en busca de ciertas cosas que nos pueden ayudar para derrotar a Voldemort.
-Estarán en peligro—Argumentó Ginny.
-Pero no más que el peligro que podrían correr regresando a Hogwarts—Musitó Luna.
-Es más que obvio que cuando Voldemort logre inmiscuirse por completo en el Ministerio, y públicamente, Hogwarts va a quedar bajo su poder. Si Harry regresara, sería entregarse a sí mismo en bandeja.
-Sí, tienen razón.
-¿Cuándo se fueron tus padres, Hermione?
-El lunes por la tarde.
-¿Has estado todo este tiempo sola?—Preguntó Ron, intuyendo que la respuesta era negativa.
-Eh…
-No nos mientas, por favor—Pidió Ginny.
-Estuve con Severus.
-¡Malditio idiota! ¿Qué tuvo que hacer para que le creyeras?
-No hables así, Ron—Sentenció Hermione—, sabes que en el fondo él nunca quiso matar a Dumbledore.
-¿Ah, sí?
-Él se lo pidió.
Ron rió lacónicamente.
-¡Por supuesto! ¿Y por qué el Señor Tenebroso no le pide lo mismo? ¡Todo sería más fácil!
-Ron, por favor, tranquilízate—Murmuró Luna, acariciándole el brazo.
-Dumbledore se lo pidió por Draco y porque él iba a morirse de todas formas.
-¡¿Qué?—Exclamaron los tres.
-Un anillo maldito le atacó el brazo. ¿Recuerdan su brazo negro? Lo estaba matando.
-¿Cómo está el profesor Snape?—Preguntó Luna.
-Estuvo muy mal hasta que las cosas se arreglaron entre nosotros.
-De seguro a ti te pasaba lo mismo—Bufó el pelirrojo.
-Por supuesto. Estuve dos días en casa sola, preocupada por mis padres y preguntándome cómo estaría él. Verlo era lo único que me tranquilizaría.
-¿Entonces estuviste con él desde el miércoles?
-Sí. No fui a verlo con el propósito de quedarme, pero como se me estaba haciendo difícil vivir sola…
-Te veo más tranquila en ese aspecto—Comentó Ginny.
-Un poco—Aceptó ella—Sé la verdad, pero resulta que ahora no sé cuándo podré volver a verlo.
Si Hermione tuvo la suficiente fortaleza para contener las lágrimas a la hora de relatar lo de sus padres, claramente no la iba a tener para soportar, además, pensar en Severus. Éstas se asomaron.
-Ahora todo me resulta más difícil. Mentir, vivir en la incertidumbre… Saber que todo el mundo desconfía de él.
-¿Qué importa que todo el mundo desconfíe de él?—Masculló Luna.—Tú confías en él, eso debería bastarle a ambos.
-Yo sé que a él le basta. Pero no basta para que todo salga como nosotros queremos.
-¡Por favor, Hermione!—Exclamó Ron con ironía—Ése murciélago siempre se sale con la suya. Cuando todos confiábamos en él, nos traicionó con los Mortífagos, cuando la Orden se acerque a matarlo, ¡aunque no tenga las faldas de Dumbledore para refugiarse, va a apelar a su memoria! ¡Él nunca pierde!
-¿Y qué hay con eso? ¿Qué es lo que tiene de malo, si es la realidad? Lo ves sólo por el lado de él, ¿no es cierto? ¿Qué hay de mí? ¿Qué hay de todo el apoyo que me brindaste cuando te conté de mi relación? ¿Ya no importa? ¿Te da lo mismo?
-No, no es eso.
-¿Entonces qué?—Hermione tenía las mejillas encendidas, brillantes por los caminitos que sus lágrimas habían dejado al caer— ¡¿Es que todavía no puedes entenderlo? ¡No es que Severus nunca pierda cambiándose de bando cuando le conviene! ¡Él siempre pierde algo pero no le importa! No lo hace porque le conviene, lo hace para ayudarnos. Pero, oh, claro. Es algo que tu limitada mente no puede entenderlo.
-¿Por qué hace todo esto?
-¿Qué?
-¿Por qué Snape hace esto por la Orden? ¿Por qué está en contra del Señor Tenebroso cuando siempre fue un asqueroso mago oscuro? Es muy raro que un Mortífago se cambie de bando, que se arriesgue a traicionar la confianza de alguien como el Señor Tenebroso. Y todos sabemos que esto ocurrió muchísimo antes que él se enamorara de ti.
-Es obvio—Intervino Ginny, quien junto a Luna, habían observado la discusión en silencio. —Lo hace por Harry.
-¿Por Harry?—Escupió Ron.
-Sí, Ron. Lo hace por la memoria de su madre—Confesó Hermione. Sintió que se odiaba, pues ella no tenía el derecho de divulgar de esa manera los secretos de Severus, pero no tenía más opción que hacerlo, para que Ron no comenzara a desconfiar de ella. Sabía que si desconfiaba de Severus, en algún momento sentiría lo mismo por ella.
-¿De qué diablos estás hablando?
-Severus estaba enamorado de Lily Potter, y lo estuvo hasta hace dos años, cuando se enamoró de mí.
-No… esto debe ser una broma—El pelirrojo estaba inmerso en confusión.
-¡Qué otra razón podría haber! ¿Que dios o Merlín lo iluminó de bondad y por eso cambió de bando? ¡Tú eres el que debe estar bromeando!
-Ron, debes creerle—Instó Luna—Yo lo hago, pues es un motivo sensato para hacer lo que está haciendo. Y ella es tu amiga. No tendría por qué inventar esto para que confíes en ella.
Luna le había dado justo donde ella quería: Le hizo saber a Ron que su actitud demostraba desconfianza hacia ella. ¡De que magnífica manera conocía la rubia a ambos! El pelirrojo miró el suelo durante un buen rato, analizando cada una de las palabras que había dicho Hermione, como si hubiera escuchado una combinación errónea, alucinado nombres… pero él había escuchado bien.
-Es la verdad, Ron. No debería haber dicho esto, pero si es necesario para que lo logres entender… es lo que ocurrió y punto.
-¿La mamá de Harry?—Insistió una vez más—Sí, tiene sentido. Por algo siempre Snape hablaba mal del padre de Harry.
-No puedes decirle.
-¿Comenzamos con las mentiras otra vez?
-¡Ronald! ¡Estamos hablando de que la persona que odia y le hizo la vida imposible todos estos años estaba enamorada de su madre! Lo mataría, se cegaría. Sería peligroso, Harry no podría con eso. Voldemort se enteraría y lo mataría.
-Es lo mínimo que puedes hacer por Hermione, Ron, después de toda la confianza que nos ha tenido al decir esto. No es fácil, y no es conveniente ni para ella ni para Snape, pero lo hizo. Ni siquiera es conveniente para nosotros.
Ron no dijo nada hasta unos cuantos minutos después, cuando su acalorado rostro comenzó a normalizarse.
-Disculpa Hermione—Soltó él, acercándose a ella vigilando muy bien su reacción—No quise que pensaras que desconfiaba de ti. Confío en ti, pero en estos tiempos en muy difícil tranquilizarse con las personas, mucho menos con Snape, que tiene una situación tan complicada.
Hermione se secó las lágrimas y limpió su nariz, luego asintió.
-Gracias por entender. Es lo único que siempre he necesitado, que entiendas.
-Espero que puedas reponerte, Hermione—Comentó Ginny minutos después de un pulcro silencio entre los tres—, porque mi madre tiene razón. Unos días más y hubieras desaparecido.
-Estaría peor si no hubiera ido donde Severus; tal vez no estaría aquí en este momento.
-¿Por qué?—Inquirió Ron, preocupado.
-Me… desmayé.
-¿Por qué?—Hermione no supo quién manifestó más preocupación de los tres.
-Desde que terminó el sexto año que he estado mal por los diversos motivos que sabemos, además de lo que ocurrió con mis padres y que estaba sola...
-¿Te desmayaste en su casa?—Interrogó Ginny.
-Gracias a dios sí.
-¿Ahora estás bien?
-Sí, solo necesitaba compañía y un poco de comida. En esos tres días había comido muy poco.
-¿Querías matarte o qué? ¿Cómo sobrevives tres días comiendo poco?—Obviamente ese comentario vino de Ron.
-Teniendo preocupaciones más importantes que comer.
-¿Sólo fue por eso?—Luna lucía incrédula, aunque fuera difícil de creer eso también.
-Por culpa de Parkinson ahora estoy más delicada a las caídas y malestares. Pero ahora me encuentro bien.
-Gracias al cielo.
Los tres se miraron sabiendo que en realidad ella no se encontraba bien gracias al mismísimo cielo, sino gracias a alguien que, al abrir la puerta del cuarto de Ginny, ya no se podía mencionar más. Así se zanjó el asunto. Decidiendo dejar el tema hasta allí, y bajar al primer nivel para ayudar en los quehaceres de la casa antes que la Señora Weasley comenzara con su estrés antes de tiempo.
Por ahí me dijeron que Hermione está muy llorona... y tiene razón! Creo que ha llorado en todos los capitulos, o algo así! Pero bueno... justifico sus lágrimas con Hormonas, amor, miedo, padres lejos de ti, peligro de muerte del amor de tu vida y de tus amigos y familiares...
Los días y las semanas se me pasan volando... siempre siento que hubiera sido ayer cuando subo, y me doy cuenta, y son semanas! Como siempre, me aparezco pidiendo disculpas. No es mi intención hacerlos esperar tanto, no se lo merecen, porque han sido un verdadero sol conmigo, con su apoyo y buenos deseos, felicitaciones, etc!
Ya sabes Jazz, me tienes que hacer acordar! Te quiero amiga! Saludos a la Mandy, la Ale, Sakura Haruhi Otonashi (lágrimas otra vez... pero ya pasarán!) Y a todas las nuevas lectoras que se van incorporando! UN MILLÓN DE GRACIAS!
No olviden djar sus comentarios y CRÍTICAS! es lo que necesito para ir mejorando esta historia!
Mucho cariños a todos!
Miss Armstrong Snape
