Por fin he vuelto! Tras los exámenes y múltiples trabajos de clase, por fin he tenido un ratito para terminar este capítulo y subirlo! Algunos recuerdos de dos de nuestros personajes... :) Espero que os guste! Ah, sí... Y ya es definitivo: en el siguiente capítulo vuelve Chris y Jill, ahora sí que sí! :))))

Gracias por todos vuestros comentarios! :))))

"La guarida del mal"

Escrito por Rikku Burnside.


Capítulo 6: Enyalië (Recuerdo)

RUMBO DESCONOCIDO, 00:10.

/-/

Claire se tiró de rodillas en el suelo de la furgoneta, abatida como si le hubiesen dado una paliza.

- Sherry… - murmuró en voz baja, ignorando si el conductor y su acompañante le estarían escuchando.

Se arrastró hacia una esquina del automóvil, y una vez allí, se sentó, apretando las piernas contra el pecho, y rodeándolas con los brazos. Comenzó a moverse ligeramente de adelante atrás como si se tratase de un tic, y miró alrededor.

Ya hacía unos minutos que habían arrancado, y por una de las ventanillas traseras pudo ver que la otra furgoneta les seguía.

De pronto, se empezó a formar una enorme nube de polvo, que se arremolinaba, e hizo desaparecer casi por completo la otra furgoneta. De entre los torbellinos de arena apareció el Lamborghini negro, adelantándoles a una velocidad descomunal, y con el motor rugiendo con furia.

Sabía quién lo conducía: ese tal Wesker… Un loco de remate. ¿Qué es lo que le había picado a ese tipo?. Incluso desde el interior de la furgoneta, había escuchado sus carcajadas.

Sabía que aquel monstruo tenía algo que ver con su hermano; lo intuía.

Y su hermano…

Tras meses sin haber tenido noticias de él, ni saber cómo ni dónde se encontraba, la había localizado. ¿Y qué es lo que había hecho ella?. Bueno…

..Salir a proteger a mis amigos…

- Todo esto es culpa de Umbrella… Si no hubiese sido por ellos, ahora seguiría hablando por teléfono con Chris…

No, ahora estaría con Chris…

Estaba hablando sola, y lamentándose en sus pensamientos, pero, ¿qué importaba eso ya?. Ahora estaba ahí encerrada, y no podía hacer nada. Sola no podría conseguirlo. Necesitaba a su hermano Chris.

Desde pequeña, siempre la había protegido, y sin él se sentía, por decirlo de alguna manera, débil. Aunque a veces podía llegar a resultar molesto el carácter sobreprotector de su hermano – sobre todo cuando se trataba de la relación entre los hombres y su hermana… -, no podía negar que era tranquilizador saber que siempre podría contar con su apoyo, y que nunca la iba a dejar sola…

Claire sonrío débilmente, mientras pensaba en su hermano con tristeza, y bajó la cabeza.

- "¿No me digas que te vas a rendir?" – dijo de pronto una voz en su mente, sobresaltándola.

- "Pero Chris" - había respondido ella años atrás-, "nunca lo conseguiré".

- "Eso no lo sabrás hasta que lo intentes. Tranquila, yo estaré aquí para ayudarte…".

Y la voz se extinguió, dejando un vacío en Claire.

Recordaba el día en que su hermano le dijo aquello.

Ella tenía unos seis años, y le acaban de regalar una preciosa bicicleta, pero la veía tan grande, que no se atrevía siquiera a poner una mano sobre ella.

Con una sonrisa, su hermano le hizo montarse en la bicicleta, y no pararon de dar vueltas en el pequeño garaje de la casa de sus abuelos hasta que pudo llevarla sola, sin que él la ayudara. Se cayó varias veces, y se hizo otras tantas heridas, pero ya no tenía miedo; su hermano estaba con ella…

Por aquel entonces, Chris tan sólo tenía doce años, pero ya se había convertido en el mayor héroe de su hermana pequeña.

Mientras la observaba dar vueltas con su regalo, una sonrisa de orgullo se dibujó en su cara. Su hermana era su mayor tesoro, y más desde que habían perdido a sus padres.

Aquella misma noche, antes de irse a dormir para ir al colegio al día siguiente, su hermana le preguntó:

-"Chris, siempre estarás conmigo para ayudarme y que no me pase nada, ¿verdad?"

La niña sonrió, esperando la respuesta de su hermano. Tenía una cara tan angelical y era tan inocente… Su hermano no pudo evitar sonreír también al ver su reacción y escuchar sus palabras, y le revolvió cariñosamente el pelo mientras le decía:

- "Claro que sí, hermanita".

Hermanita era su forma de llamarla desde pequeños, e incluso ahora, Claire con diecinueve años, y Chris con veinticinco, lo seguía haciendo…

Claro que sí…

Esa había sido su respuesta, pero ahora no estaba con ella, y aquel alivio y alegría que sintió hacía trece años, había desaparecido.

Estaba sola…

/-/

- Tranquilízate, Ada.

Leon llevaba ya unos cinco minutos mirando a Ada con preocupación, mientras iba y venía tambaleándose desde donde se encontraba él, a la parte delantera, donde una pequeña ventanilla con doble cristal y una malla metálica protectora, separaba la parte trasera de la furgoneta de la cabina del conductor.

Se acercó a ella, tambaleándose por el vaivén del automóvil y los baches, y la cogió por la cintura con los dos brazos para detenerla.

Al principio, Ada se revolvió, pero Leon no la soltó, y terminó por no oponer resistencia. Tiró de ella para bajarla al suelo, y terminó sentada sobre su regazo, mientras la maniobra de contención de Leon se convertía en algo más parecido a un abrazo.

Ada Wong sintió ganas de llorar de desesperación y de culpabilidad, por el lío mortal en el que había involucrado a sus compañeros, pero de sus ojos no salió ni una sola lágrima. Parecía que había olvidado lo que significaba ese acto y cómo provocarlo, lo que le llevó a sentir todavía más angustia.

¿Cómo podía haberse convertido en lo que era? ¿Es que había olvidado lo que eran los sentimientos?

Sintió el aliento cálido de Leon en la nuca, y pensó que, pese a la situación, le resultaba incluso agradable. Cerró los ojos, e intentó concentrarse en esa sensación.

Leon.

Él era la respuesta a esas preguntas.

Puede que no fuese capaz de sentir nada por nada o nadie, pero por algún motivo, por aquel policía novato, que siempre la miraba con ojos tiernos e inocentes, había llegado a desarrollar un sentimiento… Profundo.

No sabía si eso era el amor, pero creía que, al menos, era lo más cercano a él.

De todas maneras, ¿qué podía saber ella de amor?.

Su experiencia con los hombres en su vida había sido exclusivamente profesional, o como medio para obtener alguna clase de información, necesaria para su trabajo.

Nunca había amado a ninguno de ellos, porque eran parte de su trabajo. No podía establecer vínculos emocionales con nadie que formase parte de una misión. Sólo eran objetos de los que obtener algo. Y era mejor así, porque esa relación nunca hubiese tenido futuro, y ella no hubiese podido seguir con su trabajo.

Pero Leon Kennedy tenía algo diferente.

Abrió lentamente los ojos, y vio las manos de Leon entrelazadas alrededor de su cintura.

¿Cuánto tiempo había estado divagando?

- Ada… - dijo por fin suavemente Leon-. ¿Qué quería decir aquel tipo con que le debías mucho más que perdonarte la vida?

Ada palideció ante tal pregunta.

Entre las cosas que le había contado, no se encontraba el hecho de su casi imposible supervivencia a la herida mortal causada por el engendro en Raccon City, ni cómo había llegado hasta donde Leon la encontró inconsciente.

Ni siquiera ella recordaba por completo todo, pero sí sabía a grandes rasgos lo que había ocurrido, y eso nadie lo sabía… Salvo Albert Wesker.

Se giró lentamente, de forma que sus miradas se cruzaran, y permaneció en silencio.

Leon supuso que la respuesta no era agradable, y que lo que tenía que decirle no era fácil para ella, por lo que decidió no volver a hacer la pregunta si la respuesta no salía por sí misma de ella.

- Ni siquiera yo lo sé – mintió Ada, aún a sabiendas de que Leon iba a percatarse de que lo hacía. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué seguía viva gracias a ese maldito bastardo…?

¿…Que tengo el virus corriendo por mis venas?, terminó pensando, mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.

Ada giró el antebrazo y contempló las venas azuladas que se podían observar a través de su fina y pálida piel. La idea de que por ellas circulaba un virus mortífero la aterrorizó, porque en ese momento fue totalmente consciente de la situación en la que se encontraba. No lo había meditado hasta entonces, ya que el hecho de seguir con vida y estar junto a Leon ya le parecía lo suficientemente sorprendente, pero no podía ignorar el hecho de que estaba infectada, y ni siquiera entendía por qué seguía siendo humana.

Y lo peor de todo era que no disponía de las palabras para decírselo al hombre que se encontraba frente a ella, mirándola con ojos temerosos, a la espera de la respuesta que ella no estaba segura de poder aportarle.

Leon dirigió la mirada hacia el mismo punto que ella, y colocó una de sus manos sobre su antebrazo, estrujándoselo suavemente.

- Ada, ¿qué ocurre?

- Si sigo viva, es gracias a ese monstruo – espetó Ada, sin pensar mucho en lo que acababa de decir.

- ¿A qué te refieres? – le preguntó Leon con la máxima calma posible.

En ese momento, el movimiento de la furgoneta al pasar de nuevo por un bache, hizo que un objeto pequeño y duro cayera del bolsillo de Leon. Éste desvió su atención de Ada, y miró hacia el origen del sonido.

El móvil.

Al momento, una idea le pasó por la mente. Cogió el pequeño aparato, navegó durante unos segundos por los menús, y al minuto, estaba escribiendo dos series de números en la pantalla.

Las coordenadas actuales de su posición.

Gracias al GPS incorporado en el móvil, al menos podrían mandarle a Chris Redfield unas coordenadas a partir de las cuales comenzar su búsqueda para rescatarlos.

Ada le había estado observando durante todo el proceso, sin mediar palabra. Ya tenía bastante con sus propios pensamientos.

- Si no nos ayuda él, nadie podrá hacerlo… - dijo finalmente Leon.

Volvió al mundo real, dándose cuenta de que poco importaba la razón por la que seguía viva o el virus que llevase en su interior, si dentro de unas horas iba a estar muerta. La idea de Leon no parecía descabellada, pero pensaba que las probabilidades de que el hermano de Claire les encontrase eran más bien remotas, y menos, antes de que algo les hubiera ocurrido.

Le sorprendió la frialdad con la que esos pensamientos habían pasado por su mente… E, inexplicablemente, eso le hizo recordar algunos fragmentos de su pasado.

Recordó aquellos sitios de malamuerte, donde Umbrella les había enviado, a ella y a su equipo. Por aquel entonces, ella era una novata, y recibía instrucción militar, ya que el trabajo de un espía no sólo se basaba en la discreción, sino que también precisaban de entrenamiento militar.

Realizaba misiones con el equipo Omega, cuyo líder era Ray, un joven norteamericano de un pequeño pueblo de aquellos que no salen ni en el mapa. Era de las pocas personas de ese ámbito de la compañía que merecían la pena, alguien a quien pudo llegar a llamar "amigo". Era capaz de dar todo por sus compañeros, y como profesional, no tenía precio.

Su amistad llegó a ser sólida, y siempre trabajaban codo con codo en cada una de las misiones.

En una ocasión, Ada le preguntó qué le había llevado a convertirse en lo que ahora era, ya que no comprendía por qué un hombre tan honorable como él se encontraba allí, y no en un lugar estupendo, quizá incluso con una novia.

Ray se quedó mirándola con diversión, y luego se encogió de hombros.

"¿Y qué es lo que te ha hecho a ti convertirte en esto también?".

De repente, se dio cuenta de que ella tampoco lo sabía, y ambos se quedaron mirándose unos segundos, para después echarse a reír.

Ada pasó a convertirse en lo más parecido a un mejor amigo que Ray había tenido, pero la relación nunca pasó de eso. Ambos supusieron que tenían una especie de pacto no escrito para mantenerse siempre en el nivel de la amistad, y no pasar de ahí.

Realmente, Ada no supo si llegó a sentir algo más por él, pero de lo que sí estaba segura era de que ese hombre fue uno de lo pocos por los que Ada sintió algo más que lo que acostumbraba a sentir: indiferencia.

Los hombres de su vida…

Las únicas dos personas que habían conseguido hacer mella en ella. Y una de ellas se encontraba frente a ella.

/-/

Leon aterrizó literalmente sobre algo duro, que parecía tener apoyabrazos, a la vez que la puerta de la sala se cerraba de un portazo, y alguien giraba un pestillo.

A oscuras, tanteó el objeto con las manos, intentando deducir qué era.

Una silla.

Se planteó la situación actual. La furgoneta los había llevado a una localización desconocida, quizá a cientos de kilómetros del lugar donde los capturaron, y por lo poco que había podido ver de la instalación en la que se encontraban, estaba claro que era un laboratorio, un laboratorio de Umbrella.

Los soldados habían encerrado a Ada en la habitación contigua, y no tenía ni idea de qué era lo que les iba a ocurrir.

No había ni rastro de Claire ni de Sherry, y ni siquiera sabía si alguna de las dos se encontraría en el mismo lugar que ellos.

Leon se sentó en aquella extraña silla, y en cuanto lo hizo, algo duro y frío rodeó sus muñecas y sus tobillos, inmovilizándolo por completo. Acto seguido, una intensa luz blanca inundó la estancia y lo cegó por completo.

Cuando sus pupilas por fin se adaptaron a aquella luz penetrante, lo único que tuvo tiempo de ver fue la enorme aguja de una jeringa clavándose en su brazo derecho, e inyectándole un líquido transparente. Después, un profundo sopor comenzó a apoderársele, y sintió cómo los párpados le pesaban cada vez más.

Lo último que fue capaz de escuchar fue un grito, un grito desgarrador…

…Claire…


Bueno, estoy contenta con este capítulo :) Me ha parecido interesante comentar algún pequeño detalle del pasado de Claire y de Ada. Pero lo más importante es que os haya gustado a vosotros! :) Se agradecen mil los comentarios y/o sugerencias! Thanks! :)