Buenas noches a todas jajajajaja Creo que yo que ya tocaba capítulo, ¿no? Bien, nos quedamos por la llegada de Escocia. No digo nada y lo digo todo. He decidido no ponerle un nombre humano ya que no está decidido del todo y sólo me he quedado con el apodo de Scott, que creo que suena bastante legítimo. Además, también le he dado la personalidad que he creído conveniente porque tampoco está muy bien explicada oficialmente: Himaruya ha dicho unas cuantas cosas por aquí y por allá, pero nada tan detallado como la personalidad de los personajes oficiales, por ejemplo. Pues creo que eso es todo, Sólo decir que he disfrutado muchichísimo escribiendo este cap y que a partir de ahora creo que la cosa se me va a complicar, pero bueno, intentaré llevar la historia como mejor pueda xD ¡Nos vemos abajoooo!


Maybe tonight

Escocia. Uno de los hermanos Kirkland: pelirrojo, alto, atractivo, de carácter amistoso pero terrible si se enfada. Y, como es bien sabido, no se lleva del todo bien con su hermano Arthur. Bueno, en mi opinión diré que Arthur tiende a satanizarlo demasiado. Scott es un buen tío, ruidoso y bebedor, muchas veces hemos ido todos al bar después del trabajo y casi siempre termina borracho en el suelo. Alguna que otra vez nos hemos encontrado, digamos que lo conozco desde hace muchos siglos pero es más como un conocido. Lejano.

-¿Qué si me alegro de verte?-Arthur mastica las palabras en voz baja, más para él que para cualquiera de nosotros dos.-¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

El pelirrojo cierra la puerta tras él y las gotas que resbalan por su gabardina empiezan a empapar la alfombra.

-Te juro Arthur que nunca me cansaré de tus cariñosos recibimientos.-sonríe acostumbrado al carácter de su hermano y le deja el maletín en la mano-Sólo he venido aquí porque me pilla de camino y era muy tarde para encontrar un alojamiento decente. Espero que no sea mucha molestia para ti el prestarme una de las muchas habitaciones de tu casa.

-No, claro que no.

Cuando Scott engancha la gabardina en el perchero y se gira de nuevo se queda parado por unos segundos con expresión interrogante. Una de las pobladas cejas ya tan características de los hermanos británicos se alza, cuestionándose algo. ¿Soy yo o me está mirando a mí? Debería decir algo.

-Hola…-sonrío con torpeza y saludo a la vez con la mano.

-Oh.-Scott se mete las manos en los bolsillos y esboza una sonrisa de entendimiento-Claro. La subasta. Lo había olvidado, ¿qué tal, España?

Se acerca a mí y estrecho la mano que me ofrece. Son tan blancas como las de Arthur.

-Así que ahora trabajas para mi hermano. ¿Y qué tal te va?-pregunta con un tono casi sarcástico.

-Bueno, no me va mal. Limpio mucho, duermo poco…-me rasco la nuca esperando que la última frase no dé pie a malinterpretaciones.

-Sinceramente, aunque mi banca nacional estuviera en ruinas jamás me prestaría a esto. ¿De verdad lo vas a estar aguantando un mes entero?

-Pues…

No digo nada, la verdad. Ya sé que Scott está preguntando esto sólo para joder a su hermano quien, por cierto, lleva ya un par de minutos con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

-Yo tampoco me cansaré nunca de tu encantadora compañía, Scott.-dice de repente fusilándolo con la mirada.

-No te pongas a la defensiva, hombre, que sólo estaba bromeando. Sólo me gustaría cenar un poco, dormir caliente y hablar con mi hermano. ¿Te parece?

-Me parece.-suspira con resignación-Antonio, lleva esto a la última habitación del pasillo a la izquierda.

Le hago caso y subo las escaleras oyendo los últimos murmullos de su conversación. Vaya, sí que tienen pique entre los dos. Bueno, en realidad entiendo su relación, pero Portugal y yo también tuvimos lo nuestro y no nos metemos caña cada vez que nos vemos. Ay, Portugal, echo de menos a cualquier persona que no sea un Kirkland.


-Perdona, Escocia, la cena tardará un poco en hacerse.-digo asomándome por la puerta del comedor.

Ambos hermanos están sentados a la mesa, manos entrelazadas bajo la barbilla. Se parecen mucho aunque no quieran admitirlo, y físicamente también. Arthur, como buen caballero que es, no ha probado bocado porque está esperando a que llegue el plato para su hermano. Por alguna razón eso me parece adorable.

-No pasa nada, y gracias, España. Estaré bien con cualquier cosa.

Sonrío y vuelvo a entrar en la cocina. Como ya decía, Arthur le sataniza demasiado. Con lo buena gente que parece.

Cuando ya está lista, llevo la cena al pelirrojo, que me lo agradece con una pequeña sonrisa. Antes de salir de la habitación sus palabras me detienen.

-Espera, España. ¿No cenas con nosotros?

-Eh, bueno…

-Arthur, no me digas que le haces comer en la cocina.-Escocia adopta el típico tono de regañina con su hermano pequeño.

-Oye, que yo no le obligo a hacer eso.

-Es verdad, nunca me ha dicho que coma en la cocina.-aclaro rascándome la nuca.

-Siéntate con nosotros entonces, tengo unas cuantas historias que contar y seguro que te gustan.

Minutos después los tres cenamos en el comedor como si nada. Arthur y yo escuchamos atentamente las divertidas historias del último viaje de Escocia. Se está tomando un año sabático haciendo viajes de aquí para allá, qué envidia. Supongo que él puede permitírselo. De vez en cuando Arthur mete alguna pulla que el pelirrojo no tarda en contestar, pero luego sigue contando sus peripecias con el mismo ánimo.

-¿Os importa?-saca un puro y negamos con la cabeza.

Creo que ya no le quedan más aventuras que contar y ya hace un buen rato que nos terminamos la cena. Los ojos de Escocia se entrecierran al dar una calada a su puro. No sé qué tendrán los genes Kirkland, pero han salido todos muy… llamativos. Quiero decir, no es que sean guapísimos, ni irresistibles, o que posean una inteligencia extrema, pero sin duda tienen algo que los diferencia de los demás.

Se despiden de mí y ambos suben a sus dormitorios. Termino de fregar los platos y subo también al mío, quitándome la camisa y tumbándome en la cama. Así que mañana tendremos dos Kirkland en la casa. Bueno, tampoco es que vaya a pasar nada. Y más ahora que Escocia está aquí, no creo que con su hermano al lado Arthur vaya a tocarme, lo cual me hace pensar en lo de antes. Si él no se hubiera presentado entonces Arthur y yo habríamos terminado igual que las otras dos veces. "Mierda", aprieto la almohada con fuerza. Quizás Arthur esté esperándome para terminar lo que empezamos. Quizás debería ir a su habitación.

"Joder, Antonio. ¿Pero cómo vas a ir a su cuarto buscando "eso"?". Ya que me está pagando por hacer "eso" al menos que me lo pida él. Pero ahora me he quedado con las ganas. Con lo fácil que sería andar unos pocos pasos, colarme en su cama y… que no, no y no. Venga, a dormirse ya que es muy tarde. Cierro los ojos esperando dormirme rápido pero unos ruidos en la puerta me molestan.

-Antonio.-le oigo casi susurrar mientras llama con los nudillos.

Mi cuerpo entero se tensa y me incorporo en la cama en menos de tres segundos. Es Inglaterra. ¿Pero qué hace aquí? ¿No habrá venido a…? Le oigo llamar otra vez y le invito a pasar no sin cierto nerviosismo.

-Entra.

Arthur entra en la habitación y cierra la puerta tras él.

-Verás, quería…-empieza a decir pero se interrumpe.

¿Qué pasa? No deja de mirarme. Bajo la mirada y descubro que estoy sin camisa. Rápidamente me tapo con las sábanas cual doncella virginal en sus aposentos.

-Tampoco hace falta que reacciones así, no es como si no lo hubiera visto antes.-se cruza de brazos y un pequeño rubor aparece en sus mejillas.

Joder, también es verdad. Ya me estoy volviendo hasta paranoico. Suelto las sábanas y espero que continúe.

-No sé cuánto tiempo se va a quedar Scott, pero me gustaría que no dijeras… bueno, que evitaras hablar sobre el pequeño trato que tenemos, ya sabes…

-¿Se puede saber en qué me beneficiaría a mí que tu hermano supiera que estamos foll-

-¡Shhhhhh!-Arthur se coloca un dedo en los labios mientras me manda a callar de una forma no muy madura, que digamos.

-Es que es increíble, joder…-murmuro. Vale, todo este tiempo el paranoico ha sido Arthur, que conste.-Tranquilízate, ¿quieres? No creo que se vaya a enterar desde donde está.

Resopla y parece que entrar en razón.

-Bueno, vale, sí. Ya sé que no nos va a oír, pero es mi hermano y no quiero… mira, no sé tú, pero yo no me siento cómodo contándole a mi hermano este tipo de cosas. A lo mejor los del sur os lo contáis todo, pero ese no es mi estilo…

-Pues cuando estás caliente sí que te gusta el estilo del sur.

Casi oigo como Arthur se atraganta al decirle aquello. Me entra la risa al verle reaccionar de esa forma, con la cara toda roja.

-Calla, calla, que nos va a oír.

-Dios, Arthur, te juro que no puedo contigo.-digo secándome una lagrimilla. Mi afirmación sólo consigue que su rojo se intensifique más y que gire la cara con disgusto. Ya lo he picado.

Entonces una idea golpea brillantemente mi cabeza. Así que Arthur no va a tocarme hasta que Scott salga de esta casa… vale, me voy a divertir un rato.

Me levanto de la cama caminando en su dirección con pasos lentos. Apoyo un brazo en la puerta, justo por encima de su cabeza y pregunto con voz más suave:

-Entonces, ¿no vamos a terminar lo de antes?

-¿E-eh? ¿Qué?-pregunta sorprendido y le veo incómodo por la cercanía que he propiciado.

-Antes me has dejado a medias.

-¿Y qué?-intenta defenderse como puede pero se nota que se pone nervioso cuando no tiene la situación bajo su control. Me encanta esto.

-¿Y me vas a dejar a medias?-sonrío con esa sonrisa mía tan seductora que tengo, que no es por echarme flores, pero que uno ya se conoce y sabe en lo que es bueno y en lo que no.

-Idiota…-

Pone su mano en mi pecho desnudo y me empuja hasta que doy con el filo de la cama, sobre la que caigo suavemente. De igual forma él se coloca sobre mí y hunde su lengua en mi boca, agarrando mi cabello. Por fin, ahora sí. Noto su lengua caliente sobre la mía mientras una de sus manos acaricia mi torso hasta llegar a la entrepierna. Allí acaricia la zona con una dulzura tortuosa, yo quiero que la apriete y la acaricie con fuerza. Quiero sentir el contacto de su mano más cercano. Y, como si hubiera escuchado mis pensamientos, lo hace de esa forma.

-A-Ah…-gimo por la sorpresa y se separa de mis labios, retirando también su mano. Sin embargo no aleja su rostro, sigue igual de cerca que antes.

-Te he dicho antes que con mi hermano cerca no haré nada.-dice con una sonrisa de satisfacción y superioridad que me pone a mil.

Me roba un último beso y se aparta de mí hasta levantarse completamente. Me incorporo y le veo girarse una última vez cuando abre la puerta. Sonríe con malicia y sale de la habitación. Y yo aquí, con la respiración agitada como un gilipollas. Lanzo una de las almohadas con furia hacia la puerta.

-Hijo de puta…-murmuro mientras me doy cuenta del rojo de mis mejillas y, por qué no, del bulto en mis pantalones.

Sonreía porque había recuperado el completo control sobre la situación, me tenía a su absoluta disposición para lo que fuera, y sin embargo me ha dejado con las ganas. Madre mía, pero si me ha dejado peor de lo que estaba. Pues nada, tendré que apañármelas solo.


Son las ocho de la mañana. Hace media hora que terminé de cuidar de los caballos y estoy preparando dos bandejas para el desayuno. Bostezo. Nadie me dijo que tuviera que trabajar para dos personas. Aunque tampoco es que me vaya a matar por hacer un poco más de comida cada vez. Al menos Scott es un soplo de aire fresco en esta casa, otro día más a solas con Arthur y no sé lo que podría haber pasado. Bueno, a ver, sí lo sé, para qué vamos a engañar a nadie.

Llamo a la puerta de Arthur sin esperar que conteste. Ya sé que estará durmiendo como un bendito, pero el protocolo lo exige así. Entro y dejo las bandejas en una mesa cercana. Como ya es rutina, descorro las cortinas para acabar con la oscuridad del cuarto. Por raro que parezca el Sol ha decidido quedarse hoy en Inglaterra.

-¡Venga, a despertarse!-doy unas palmadas para despertar al oso. Ahora que me he acostumbrado a mi horario no sé cómo Arthur duerme tanto.

-Mmmmh…-gruñe quejándose-¿Qué haces? ¿Por qué me despiertas…?-murmura como un niño pequeño. Ni si quiera ha abierto los ojos.

-Se supone que es lo que tengo que hacer.

-Si hoy no tengo trabajo…-se gira de nuevo y hace un ovillo con su cuerpo.

-Oh. Bueno, habérmelo dicho anoche. Oye, ¿entonces despierto a tu hermano?

-Haz… lo que quieras…

Joder, este tío sólo sabe dormir. Se me ha caído un mito, para que luego digan que el de las siestas soy yo.

-Para cuando te levantes el desayuno lo tienes en la mesa.-recojo la otra bandeja y le dejo que duerma.

-Pero cierra las cortinas…-murmura pero ya estoy cerrando la puerta. Que se joda que anoche me dejó con las ganas.

Me dirijo suspirando hacia la habitación de Escocia, estratégicamente colocada en el punto más lejano a la habitación de su hermano, y llamo.

-Adelante.

-Buenos dí-

Guau. Vaya. Quiero decir… vale, no sé ni qué decir.

-Buenos días, Antonio.

Madre mía. Escocia me saluda con una bonita sonrisa pero mis ojos están más ocupados admirando su torso desnudo. Está un poco más fuerte que Arthur y se le notan las líneas de los abdominales. El ligero pantalón del pijama descansa sobre su cadera, parecen estar a un soplo de aire de caerse y desvelar Edimburgo en todo su esplendor. Vale, quiero creer que no he pensado esto, pero es que… y esos bíceps, madre mía, que me estoy poniendo malo.

-B-buenos días.-digo intentando salir de mi estúpido asombro-Te traigo el desayuno…

-No tenías que haberte molestado, podíamos haber desayunado juntos abajo.

-Sí, podíamos…-joder, ya no sé ni lo que digo. La imagen de su cuerpo me ha eliminado una o dos neuronas, seguro.-Quiero decir, que no me importa traértelo. Espero que te guste, no sé muy bien lo que-

-Eh, ya te dije anoche que con cualquier cosa está bien. Además, yo no te estoy pagando, no hace falta que te esfuerces tanto.-sonríe de nuevo y da otra calada a su cigarro.

Y yo, que llevo ya tres años sin fumar-excepto en ocasiones especiales, claro, que para eso soy también humano-, no puedo evitar recordar el morbo que se sentía por una persona atractiva al verla fumar.

-Eh… ah, no me importa, de verdad. Si necesitas otra cosa, dímelo, por favor.

-Ahora que lo dices, sí. Quiero que te tomes hoy el día libre.

-¿Eh?-parpadeo confuso.

-Hazme caso, hablaré con mi hermano.

Una vez fuera de la habitación, siento que esas neuronas perdidas vuelven de nuevo. Claro, si me lanzan un pelirrojo sexy y semidesnudo nada más entrar la mañana no pueden esperar que funcione bien el resto del día. Suspiro. Es muy amable de su parte, pero no sé si Arthur lo permitiría… De verdad, en estos momentos es cuando menos entiendo por qué Arthur se lleva tan mal con él. Claro que Escocia tiene sus cosas, pero es que todos los hermanos las tienen. Además, conmigo es muy amable.


Casi es la hora de la comida y la estoy preparando en la cocina. Escocia está leyendo un libro en el salón pero se ha pasado parte de la mañana acompañándome durante mis labores para darme conversación. Es un tío bastante interesante, todo hay que decirlo, eso sí, cuenta unos chistes muy malos. Ah, y no os lo vais a creer, Arthur sigue durmiendo. SÍ, lo juro y lo perjuro, como se atreva a decirme algo de las siestas lo rajo.

-Ey, ¿qué estás preparando?-una cabellera roja asoma por la cocina.

-Ah, nada especial. Pescado con patatas.

-Fish 'n' chips.

-¿Eh?

-Nada.-le oigo reírse pero realmente no lo he entendido-¿Sigue mi hermano durmiendo?

-Como un oso hibernando.

-Madre mía, voy a llamarlo.

Ay, en verdad tienen una relación bastante entrañable. Escocia se preocupa tanto por Arthur… creo que no se podría decir lo mismo de Arthur, aunque tampoco lo sé. Por lo poco que he visto, le tiene aprecio, pero ese aprecio queda opacado por un resentimiento que no sé exactamente de donde viene.

Cuando nos sentamos a la mesa, no puedo evitar fijarme en la cara de Arthur. Tiene la cara hinchada de tanto dormir y tengo que taparme la boca con la mano para que no se dé cuenta de que me río del él.

-Está delicioso, Antonio.

-Gracias, hombre.-qué mono es Escocia, por favor. Así sí dan ganas de cocinar para otros.

Los dos miramos inquisitivamente a Inglaterra, que sigue comiendo sin reparar en ninguno de los dos. Bueno, tampoco hace falta que todos alaben mi comida. Oigo a Escocia carraspear mientras frunce el ceño.

-¿Arthur?

-¿Mm?

-¿Qué te parece la comida de Antonio?

-Como siempre.-dice para seguir comiendo. Será glotón. Y mentiroso. Es un mentiroso glotón.

Sin querer hago una mueca que no quería que fuera percibida por Escocia, pero se da cuenta igualmente.

-Podrías intentar ser más amable, he oído de gente que lo ha hecho y no se ha muerto ni nada parecido…-esta vez ni lo mira, sólo lo comenta como si estuviera hablando del tiempo. Creo que a Arthur no le gusta que le digan las cosas así.

-Como te diga yo lo que podrías intentar ser tú…-suspira y lo deja estar, luego se vuelve hacia mí-España, tu comida está exquisita, como siempre.-y, dicho esto, se pone a comer como si nada.

Me sonrojo un poco. Maldita sea, Arthur, nunca sabes cómo decir las cosas…

-Por cierto,-interviene el pelirrojo limpiándose las comisuras de los sabios con la servilleta-, he pensado que podríamos pasar la tarde con los caballos. Creo que están un poco abandonados y seguro que echan de menos un poco de compañía.

-¡Sí, eso sería genial!-exclamo como un niño al que le proponen ir a un parque de atracciones.

-A mí me parece bien.-murmura Arthur terminándose las patatas.

Como Escocia dijo, al final sí que tengo el día libre, o eso parece. Hemos sacado a los caballos y los estamos atando en las aldabas que hay en la parte exterior del establo. Vamos a montarlos un poco en el pequeño picadero que hay en el patio. En serio, ¿quién tiene un patio tan grande como para tener un picadero? Aunque sea pequeñito.

-Antonio, ¿me traes el mío?-oigo decir a Arthur mientras se quita el jersey para quedarse en camisa. El Sol no está pegando fuerte hoy, pero supongo que para él hará calor.

Comienzo a desatar y desenrollar la cuerda ligada al caballo blanco de crines rubias pero Arthur me coge la mano, impidiéndomelo.

-No, ese no es.

Le miro extrañado mientras se dirige al caballo negro para desatarlo.

-El caballo andaluz…-murmuro. No me lo esperaba. Aunque tampoco es extraño, de gustos sobre caballos no hay nada escrito.

Escocia está apoyado en la barandilla, se ha quedado en camisa también y me apoyo a su lado. Mientras, Arthur entra con el andaluz al picadero, llevándolo con calma. Llega al centro y se dispone a subir.

-Eh, Arthur, ¿necesitas ayuda para montarte?-comenta su hermano con sorna.

Él sólo lo fulmina con la mirada, luego se monta con la elegancia de un príncipe. El contraste de las manos blancas de Arthur sobre la piel oscura del caballo se hace notable. Da unos rodeos y acaricia el cuello del corcel. Después empieza a hacer unos cuantos truquillos típicos de un concurso. Nosotros le aplaudimos, claro. Sin querer me fijo en el ir y venir de su cadera al ritmo del trote del caballo. Maldita sea, se ha desabrochado uno o dos botones y sujeta las riendas con una mano mientras que la otra la apoya en el muslo. La mirada verde se muestra decidida, con una posesión del control increíble, maneja al caballo como quiere.

Joder, más sexy imposible. Ay, quiero decir… ¡malditos Kirkland y malditos sus genes! Cruzo los brazos sobre la barandilla y apoyo la cabeza sobre ellos, pero no dejo de mirar. No puedo apartar la vista de la pelvis de Arthur, o de su firme espalda, o de sus ojos que aparecen por entre los mechones rubios, graciosamente colocados sobre su frente. Luego el cuello, impoluto y blanco. Tenía que haberle dejado alguna marca anoche para que Escocia la viera, cómo me habría reído entonces.

Arthur me mira de repente y me sorprendo. Me sonríe divertido y yo me muero. Mierda, esto no puede ser, ¿qué tengo, quince años?

-¿Te gusta?

-¡¿Eh?!

Escocia me saca de mis pensamientos. Ni si quiera me había dado cuenta de lo cerca que estamos. ¿Y esa pregunta a qué viene?

-El caballo es precioso.-dice llevando su vista de nuevo al picadero.

-Ah, joder…-digo suspirando, menos mal-La verdad es que sí, es precioso. Tiene mucha nobleza y se le ve bastante sano.

-Si fuera por mí lo dejaría correr libre por el bosque. Imagínate la estampa, eso sí que sería bonito.

Asiento de acuerdo con él.

-¿Qué te has hecho aquí?

Escocia agarra mi muñeca con suavidad para señalarme un pequeño arañazo. Si no fuera por él seguramente ni me habría dado cuenta.

-Ah, no es nada. Seguramente me lo habré hecho con el cuchillo…

Los blancos dedos acarician la herida de arriba a abajo, y siento el calor de sus manos.

-¿Te duele?-pregunta con un tono de voz más bajo. Sus ojos se posan en los míos con fuerza, su verde es muy oscuro, demasiado como para sostenerlo.

-No…-susurro. Por alguna razón me siento débil estando tan cerca de él. Es como si hubiera perdido parte de mi control.

-Mira el contraste de nuestra piel. Es increíble.-dice divertido, pero sin perder ese tono bajo en su voz, y enlaza sus dedos entre los míos.

Lo miro un poco azorado, pero él mira nuestras manos.

-Sí, la verdad, lo es…-murmuro de nuevo y las miro yo también.

Las manos de Escocia son muy cálidas, no sé por qué pero me las esperaba frías como las de Inglaterra.

Alguien tose fingidamente. Alzamos el rostro y vemos que Arthur está apoyado al lado del caballo con cara de pocos amigos y de brazos cruzados.

-¿Habéis terminado ya?-pregunta molesto y, evidentemente, con ironía.

Retiro la mano con la velocidad del rayo y aparto la cara, ruborizada más por vergüenza que por otra cosa. Espero que Arthur no se haya dado cuenta de esto.

-¿Qué pasa, no puedes estar más de dos minutos sin que te miren?

-¿No me estarás confundiendo contigo?

Los dos se ponen a discutir inocentemente acusándose de chorradas. Joder, tengo el corazón que se me sale del pecho.

-¡Vale, me toca a mí!-exclamo para acabar con la situación.

Cojo el caballo blanco al que yo había identificado como el caballo de Inglaterra y entro en el picadero. Cuando subo a la montura siento como un sentimiento de nostalgia se apodera de mí. Han sido ya muchos años… Agarro las riendas con firmeza y golpeo suavemente con las botas para aumentar la velocidad. Me encanta. Rodeo el picadero una y otra vez mientras el ligero viento revuelve mis cabellos. ¿Cómo he podido olvidar lo bien que se sentía el cabalgar?

Apenas reparo en los hermanos Kirkland, que se encuentran uno al lado del otro, mirándome con expresión indescifrable. Por un momento me siento incómodo al estar siendo observado, pero se me pasa al pensar que seguramente estén mirando al caballo. O eso espero. De alguna forma todo pensamiento se desvanece al paso del trote. No quiero recordar los labios de Inglaterra, y tampoco quiero pensar en las cálidas manos de Escocia. Sólo necesito un poco de tiempo solo, para pensar un rato en mí y en lo que voy a hacer cuando salga de esta casa. Sí, eso está bien.


-¡Shh! ¡Shhh!

-Pero a quién mandas callar si no hay nadie en la casa…

-Anda, es verdad.

Nuevamente la risa de los hermanos Kirland resuena en mis oídos como tambores festivos. Hemos pasado la tarde con los caballos, después, en los alrededores del bosque dando vueltas, recordando viejas anécdotas de otros siglos y, finalmente, fuimos a cenar a un restaurante de Londres demasiado pomposo para mi gusto. Como no, después fue el turno de los pubs, y por eso ahora me encuentro en el estado en el que estoy. Bueno, yo y estos dos.

Cerramos la puerta y la luz se hace milagrosamente. Tampoco he bebido tanto pero… sí es verdad que voy contento. El silencio aparece momentáneamente para ser roto por la estridente voz de Scott.

-Eh, ¿a qué no sabéis qué he traído?

-¿Tres escocesas buenorras?-pregunto divertido.

-Como si algo así existiera…-murmura Inglaterra sin mucha maldad, más bien lo afirma como si fuera una verdad científica aceptada globalmente. Escocia simplemente lo ignora, claro.

-Algo mucho mejor. Una botella especial del delicioso, extraordinario, maravillo-

-Corta el rollo, Scott.

-Whisky escocés. El mejor del mundo.-dice guiñándome un ojo.

-Esto parece un anuncio de la teletienda…

-Al final te quedas sin whisky, hermanito.

-No será necesario, yo me voy a la cama.-bosteza y se encamina hacia las escaleras.

-¡No, quédate, Inglaterra! ¡Vamos, que no eres tan viejo!-le cojo de las manos intentando retenerle. Dios, me arden las mejillas por el alcohol, pero creo percibir que las de Arthur también se han puesto coloradas. Además, con la piel tan blanquísima que tiene se le nota incluso más. Cuando bebe se pone muy mono…-Venga, porfa, quédate por favor…

-Déjalo Antonio, a la abuelita le duele la espalda. Venga, un vaso de leche y a la cama.-dice con burla.

Arthur le fulmina con la mirada y me mira como quien niega un regalo a un niño.

-No, no puedo, Antonio, estoy muy cansado y… y tú también deberías acostarte.-una vez más desvía la mirada hacia su hermano, pero esta vez es distinto.

Por su parte, el pelirrojo se va de la entrada.

-¡Antonio, estoy en el salón!-le oigo llamarme desde otra habitación.

-… creo que me voy a quedar un poco más…-voy dejando sus manos con lentitud pero desearía no hacerlo.

-Vale, pero…-sus ojos me miran extraños, no sé qué le pasa por la mente y eso me mata. Alza una de sus manos y me acaricia la mejilla con una dulzura que creía haber olvidado hace tiempo. Yo dejo que lo haga y rozo mis labios contra su palma.-Buenas noches.-y sube las escaleras.

-Buenas… noches.-le veo subir las escaleras y me dirijo al salón con el rastro de su mano todavía presente.

Escocia está sirviendo dos vasos de su tan querido whisky y me acerca uno.

-Gracias.

Lo huelo. Tiene ese característico olor a mar, pero también huele a roble… Doy un sorbo y me sorprendo de lo suave que está. Es muy agradable y reconozco el sabor a fruta. ¿Grosella, quizás? Escocia está apoyado sobre la mesa y bebe también, sin dejar de mirarme. Para qué vamos a mentir, es un tipo muy atractivo. El contraste entre el verde y el rojo le hace verse llamativo, pero de alguna forma desprende un aire clásico.

-Bueno, Antonio. Creo que, dada la situación y la altura de la noche, ya podemos hablar de esto.

-¿Mm?

-¿Qué tienes con mi hermano exactamente?

-¿Eh?

Vale. ¿Me está preguntando por mi relación con Arthur?

-A ver, no quiero que te lo tomes como un interrogatorio ni nada por el estilo, pero es mi hermano. Ya sabes. Y he notado como os miráis.-realmente parece amable en sus intenciones. Deja el vaso en la mesa y va acercándose a mí.

-Realmente no tengo ningún tipo de relación con él…-murmuro recordando que Arthur no quería que Escocia supiese nada de lo nuestro. También doy otro sorbito al whisky. La vista se me tambalea ligeramente y noto la boca pastosa, debería dejar de beber pero antes de que pueda dejar el vaso Escocia ya se encuentra frente a mí, retirándomelo con suavidad.

-Claro que, también he notado como me mirabas a mí…-dice con una sonrisa seductora. Joder, es demasiado atractivo, esto es imposible… Sus manos se colocan en mi cintura y se acerca a mi cara.

Yo bajo la mirada. Ahora mismo no puedo enfrentarme a su verde. Noto sus labios en mi oreja, su cadera está peligrosamente cerca de la mía, y las manos se colocan lentamente en la zona debajo de mi espalda.

-Entonces podemos divertirnos a gusto…

Dios, su voz es muy grave. Empieza a besarme el cuello con mucha lentitud, dejando la piel cálida y húmeda. Me estremezco e inconscientemente me agarro a su camisa. Busco su boca y la encuentro con fuerza. Me besa profundamente y estiro el cuello hacia atrás, dejando que su lengua se instale en mi boca. Aprieta mis nalgas y empuja mi cadera contra la suya.

-Ah…

Me oigo gemir y abro los ojos para encontrarme con ese verde oscuro tan desconocido, pero echo en falta otro verde más familiar, casi dorado, un verde perfecto y que no tiene nada que envidiarle a ningún otro. "Arthur". Su cara se me viene a la mente. ¿Y si nos está oyendo?

Me aparto de Escocia con el corazón acelerado. ¿Pero qué coño estoy haciendo? ¿De verdad he pensado eso? Pero si tan sólo imaginarme a Arthur oyéndonos ha hecho que se me clave una espina en el corazón. He sentido como me dolía. Lo he besado con Arthur arriba. No puedo pensar en otra cosa.

-¿Qué ocurre?

No. Eso no importa. ¿Es que no lo entiende? No, ha sido el alcohol. Estoy seguro de que sin alcohol de por medio esto nunca… Inconscientemente recuerdo la caricia de Arthur en mi mejilla, su cara, no, sus ojos tristes. Sí, estaban tristes, ¿cómo no me había dado cuenta?

-Yo… lo siento, Escocia. No puedo hacerlo, no puedo hacer esto, ¿vale?

-No pasa nada, no te iba a obligar ni nada por el estilo, pero pensaba que querías…

-No es eso, mira, me llegas a pillar dos semanas antes y no habría dudado ni un solo segundo, pero ahora…-bajo la mirada. Supongo que ahora la cosa es distinta.

-Entiendo.-dice bastante comprensivo. Que no se diga después que no es buen tío.-Entonces supongo que deberíamos olvidar esto…

-Bueno, no hay por qué olvidarlo, sólo no hay que repetirlo. Ya está. Bueno, por ahora.-sonrío para suavizar la situación. Seguro que Escocia me verá como un idiota por el resto de sus días.

-Perdóname tú a mí, pero cuando alguien me gusta me lanzo sin pensarlo dos veces.-coge mi mano y la besa gentilmente.-Creo que es hora de acostarnos. En diferentes camas. En diferentes habitaciones, digo, ya no sé ni lo que digo…

Me río sin poder evitarlo y apagamos las luces antes de subir las escaleras. Antes de despedirnos en el pasillo me agarra de la cintura y nuevamente susurra en mi oído:

-Si algún día cambias de opinión, cógete un vuelo a Escocia. El billete lo pago yo.

Y esas son las últimas palabras que escucho antes de irme a dormir.


Vale, me da pena España. El pobre ya no sabe ni lo que siente xD Y aquí termina el capítulo de hoy, me ha encantado escribir sobre Escocia pero ahora toca centrarse en estos dos. Espero que os haya gustado, ahora que lo pienso Arthur me da pena también. Imagínate tú que tu hermano te quita al ligue, y debajo de tu mismo techo, si es que... En fin, me pondré a escribir de nuevo cuando los exámenes me dejen respirar (difícil lo veo) y, como siempre, no aseguro cuando volveré *lo siento, lo siento* Culpad al bachillerato, no a mí xD Ya sabéis que si queréis dejar reviews siempre son muy bien recibidos, en serio, me ayudan a inspirarme jajajajaja Y además también me gusta saber qué opináis de la historia, esa es una de las partes más divertidas a la hora de escribir un fic :D

No me explayo más, gracias por seguir leyendo y comentando y nos vemos en el próximo capítulo. ¡SpUk foreveeeerr! Chauuuuuu!