Sólo veía piel, unas piernas infinitas, y pelo rubio.

Regina abrió los ojos de golpe, se dio la vuelta y miró al reloj. Las 3:52. Frotándose los ojos, volvió a darse la vuelta, cerrándolos otra vez, fuertemente.

No podía estar teniendo sueños sobre Emma. Especialmente no de este tipo cuando se suponía que tenían que ser civilizadas la una con la otra, amigas incluso.

¿Cómo iba a conseguir eso si cada vez que cerraba los ojos se encontraba con el liso y desnudo cuerpo de Emma en su mente?

Además, pensar en acostarse con Emma era ridículo. Se forzó a cerrar los ojos y volvió a dormir. Justo antes de dormirse, un pequeño pensamiento cruzó su mente. ¿Realmente era tan ridículo?

Afortunadamente, el sueño era mucho más fuerte que esa escandalosa idea y pronto se durmió.


Horas después, Regina se despertó con la vibración de la alarma de su teléfono. Se levantó lentamente y presionó el botón para parar las vibraciones que ahora recorrían su brazo.

Cuando la pantalla se encendió vio una llamada perdida de Emma, la abrió deslizando el dedo por la pantalla.

¿Estás libre mañana a las 7? Pretenderé que aprendo a cocinar mientras eres tú la que hace nuestra comida. Vino incluido.

Regina sonrió de lado. Estaba claro que la mujer era una busca-problemas. Escribió rápidamente una respuesta y adormilada caminó hacia el lavabo para ducharse. Con un simple mensaje, su día se había vuelto significantemente interesante.

Después de ducharse y vestirse, Regina comprobó su teléfono otra vez más antes de ir a despertar a Henry y hacerle el desayuno. Emma había respondido.

Te veré esta noche.

El corazón de Regina dio un vuelco al pensar en qué estarían a solas cuando Emma viniera. Henry había sido invitado a una fiesta de pijamas en casa de su amigo, prueba física de que la faceta más relajada de ella había afectado la vida de él, al igual que la suya propia. Estarían completamente solas, se repitió en su cabeza.

Bajó las escaleras para hacer el desayuno para Henry y su café, sus pensamientos consumiéndola mientras esperaba que el líquido marrón acabara de hacerse en la máquina de café.

No es como si fuéramos adolescentes enamorados que fueran a saltar uno encima del otro el momento en qué estuvieran solos. No, eso no pasaría.

Ella era una mujer hecha y derecha qué tenía el control de sus propias emociones, decidió al final. Acabó de hacer el desayuno de Henry y metió su café en un termo para llevarse al trabajo.


A medias de enviar un mail al planificador de la ciudad, a las once de esa mañana otro pensamiento apareció en su mente.

¿Y qué si a Emma ni siquiera le gustan las mujeres? Ella lo había asumido debido al tira y afloja que tenían casi siempre, ¿pero qué pasa si eso sólo estaba en su cabeza?

Su vista se desvió hacia la parpadeante luz del sistema de telecom y apretó el botón inconscientemente, sus pensamientos aún en su mente. En vez de mirar quién había entrado por la puerta, continuó imaginándose escandalosos escenarios con Emma.

''¿Regina?'' dijo Emma tocando la mano de Regina después de que la morena continuara contemplando la pantalla de su ordenador, a pesar de que Emma estaba parada a tan sólo unos pasos de ella.

La cabeza de Regina se elevó de golpe y sus ojos se abrieron de par en par ante el contacto de Emma. Reorganizó los objetos de su escritorio de forma frenética buscando su libreta nerviosamente mientras Emma la observaba impresionada. ¿Por qué Regina se estaba poniendo tan nerviosa?

Finalmente Regina encontró la libreta, pero se dio cuenta de que aún no habían empezado ninguna conversación. Miró tímidamente de nuevo a Emma, quién estaba aún observándola con las cejas alzadas.

''Hola,'' intentó Emma, dándose cuenta de que la mujer se había calmado bastante. Regina escribió en la libreta.

Hola

''Hoy he salido del trabajo bastante temprano, así que he pensado que podría ir a comprar lo que necesitamos para esta noche.'' Se ofreció Emma encogiendo los hombros, mientras manoseaba un papel que había en la mesa de Regina.

Con suerte, Regina había tenido la cabeza bastante despejada esa mañana y había imprimido una lista. Sacó la lista impresa de su bolso y la puso en la mesa. Su otra mano paró la inquieta mano de Emma, pretendiendo disimular que el contacto no le había causado cosquillas de placer por todo su brazo.

Emma paró de manosear el papel y lo puso en la abierta mano de Regina con una pícara sonrisa .

''Esto pinta bien. ¿Necesito traer todo lo que hay en la lista?'' Regina se centró en leer los labios de Emma, sin dejar que sus ojos se desviaran hacia los ojos esmeraldas que había arriba. Sacudió la cabeza y luego escribió en la libreta.

Sólo las cosas que yo te subraye.

Emma puso la hoja en el escritorio y se apoyó en el borde mientras Regina ser inclinaba para subrayar las cosas que le faltaban. Cuando miró hacia arriba, se dio cuenta de que sus caras estaban a pocos centímetros.

Emma aún estaba mirando el papel, pero cuando vio que la mano de Regina se paraba, miró también hacia arriba y se encontró con su mirada. Mantuvieron esa posición, leyendo el rostro de la otra hasta que Emma habló.

''Tienes unos ojos muy bonitos,'' susurró mientras se ponía recta de nuevo.

El corazón de Emma estaba latiendo tan fuerte que estaba segura de que explotaría en cualquier momento. Regina se mordió el labio para evitar que se le formara una sonrisa que sabía que no podría dejar de mostrar y golpeó con el bolígrafo la libreta.

Gracias.

Emma se aclaró la garganta mientras daba unos pasos atrás.

''¿Así que esta noche?''

Regina respondió en su libreta y lo sujetó en alto para que Emma pudiera leerlo desde el otro lado de su despacho.

Si te portas bien.

''Es una cita,'' dijo Emma mientras se acercaba a la puerta, su piel se estremecía de pensar en esta noche.

Después de que la puerta se cerrara Regina se quedó sentada mordiéndose en labio. ¿Acaba de decir que es una cita? Se pasó las manos por el pelo emocionada. Era una cita. Iba a tener una cita de verdad. Espera. Se quedó parada.

¿O acaba de decir eres mi amiga? No, eso ni siquiera tiene sentido. ¿Y si ha dicho que esto es una comida?

Dios, no podía recordar qué había dicho al principio. Arrugó los dedos que estaban enredados en su pelo y resopló. Iba a ser un día muy largo.


Regina se paseaba arriba y abajo por su pasillo. Todo lo nerviosa que había estado la última vez que Emma había venido a cenar, ahora era cien veces peor.

Miró su vestido. Se había probado tres vestidos antes de decidirse por este. Tenía un escote que era sexy, pero modesto. Y le moldeaba todas las curvas. ¿Pero qué pasa si no es el adecuado?

Volvió a la cocina, que estaba brillante a causa de su frenética limpieza, levantando la cabeza de golpe cuando vio el parpadeo de la luz roja. Emma estaba aquí.

De camino a la puerta, se atusó el pelo, se alisó el vestido y rectificó la pose con los hombros hacia atrás. Ahí estaba Emma, prácticamente cayéndose mientras se balanceaba con cuatro bolsas de la compra y dos botellas de vino.

''Guau estás…eh…estás muy guapa.'' Dijo Emma mientras se balanceaba peligrosamente.

En ese momento Regina era la cosa más perfecta que había visto nunca.

Antes de que pudiera seguir diciendo cosas sin sentido, algo de dentro de una de las bolsas se empezó a caer y de repente Emma luchó aún más por no perder el equilibrio con todo lo que llevaba encima. Regina se apresuró a ayudarla y cogió las botellas de vino antes de que se rompieran y derramaran en el porche.

''Sé lo que estás pensando. ¿Dos botellas de vino? ¿Qué, intentas emborracharme?'' la imitó Emma mientras aún aguantaba las bolsas.

Regina le dirigió una mirada y intentó aguantar la risa, pero salió de todas formas. De alguna manera Emma podía hacerla sentir más suelta en cuestión de segundos.

Una vez consiguieron llegar con éxito a la cocina Emma depositó las bolsas de la compra en la encimera de mármol. Regina aprovechó la oportunidad para mirar mejor el vestido de Emma. Era impresionante. Ella estaba impresionante. De pronto se le hizo la boca agua, sintió como aparecía la tensión por su cuerpo.

Emma simplemente se quedó ahí parada sonriéndole a Regina con cara de tonta. No podía apartar la vista de la morena. Los ojos de ambas se dirigían a los labios de la otra más veces de las que podían contar. Regina se mordió el labio inferior, un hábito nervioso que había provocado Emma.

''Bueno pues, ¿deberíamos empezar a…cocinar no?'' dijo Emma, con los ojos observando cada parte del cuerpo de Regina. Emma decidió que todo lo que tenía que ver con Regina lo quería ahí y ahora.

Regina tragó saliva y asintió lentamente. Buscó su libreta, por si acaso. Estaba en la encimera de detrás de ella. Como reflejo, se dio la vuelta para escribir algo en la libreta y arrancó la página.

Lo primero que tenemos que hacer es marinar el pescado.

Era lo único que había en su mente ahora mismo, pero el suelo temblaba y su única misión era volver a tierra firme.

Emma asintió lentamente, pero no hizo el intento de ir hacia las bolsas de la compra. En vez de eso, dio un par de pasos hacia la morena, completamente hipnotizada por la insanamente perfecta mujer enfrente de ella.

Los ojos de Regina se abrieron de par en par cuando vio a Emma avanzando hacia ella. Una vez Emma estuvo a centímetros de la cara de Regina, cogió la libreta para escribir algo en ella. A Regina se le cortó la respiración y se quedó congelada. El perfume de vainilla de Emma estaba haciéndole cosas inimaginables.

Emma volvió a su posición y arrancó el trozo de papel de la libreta. Dejó el bolígrafo de nuevo en la encimera, acercándose el papel fuertemente cerca del pecho. Regina se relamió los labios de forma inconsciente.

''Yo…'' empezó a decir Emma antes de que su teléfono móvil empezara a sonar y la interrumpiera. Gruñó pesadamente, le dirigió una mirada de disculpa a Regina, y respondió al teléfono. Era Henry.

''Ey Emma. ¿Estás en mi casa?''

''Si, estoy aquí,'' respondió Emma despreocupadamente.

''¿Puedes abrir la puerta? He olvidado mi mochila y mi madre no debe de ver el sistema de telecom.'' Emma miró hacia la puerta de la cocina, donde la luz roja parpadeaba rápidamente. No tenía ni idea de cómo no se habían dado cuenta.

''Vamos en un minuto.'' Emma colgó mientras Regina esperaba a que le explicara.

''Henry está en la puerta. Se ha olvidado la mochila.'' Inclinó la cabeza indicando la luz parpadeante. Regina soltó el aire que había estado conteniendo y salió de la cocina para dejar entrar a Henry. Definitivamente necesito centrarme en respirar con más frecuencia cuando Emma está cerca.

Cuando Regina volvió a la cocina y vio que Emma había sacado la comida en el mármol, su cara se relajó y mostró una suave sonrisa. La tensión que había sido casi palpable ahora había desaparecido ligeramente.

Regina escribió las instrucciones para Emma en la libreta para explicar cómo hacer la salsa del salmón mientras cocía arroz y metía los espárragos en el horno. Después de hacer eso fue a ver cómo iba Emma, quién estaba mezclando los diferentes aceites y hierbas que Regina le había indicado.

Emma le enseñó orgullosamente a Regina la mezcla mientras la removía, los aceites se separaban. Regina se rió ante el pobre intento de Emma de mezclarlo.

Sin pensar en las consecuencias, Regina se situó entre Emma y la encimera de forma que el pecho de Emma estaba contra su espalda. Colocó una mano en el utensilio con el que removía Emma y la otra en el bol, animando Emma a que cubriera cada una de sus manos con las de suyas.

Una vez las manos de Emma estuvieron situadas, Regina empezó a remover muy rápido, la mezcla se removía por todo el bol. Antes de que la salsa estuviera mezclada del todo, la mano de Regina fue bajando el ritmo, podía sentir cómo el cuerpo de Emma se amoldaba al suyo, causándole que perdiera el control sobre sus acciones.

Emma sintió que Regina se tensaba. Quitó la mano que tenía encima de la de Regina y le puso un mechón de pelo moreno que había caído hacia delante detrás de la oreja. Lo hizo lentamente, dejando luego que su dedo reposara en la mandíbula de Regina.

Inconscientemente, Regina se reclinó ante el contacto, inclinando la cabeza hacia la izquierda para dejar más piel a la vista.

Emma interpretó eso como una señal de permiso y continuó moviendo sus dedos por el cuello de Regina. Desde su cuello, hasta su clavícula, su hombro, y lentamente, hacia su brazo.

Incapaz de resistirse más, Regina se dio la vuelta dubitativa, la espalda contra la encimera. La cara de Emma estaba a pocos centímetros de la suya. Es ahora o nunca, pensó Regina para í misma. Pero justo antes de que pudiera moverse, Emma dio unos pasos atrás. El corazón de Regina dio un vuelco, pero la rubia volvió tan pronto como se había ido.

Estaba de pie sujetando fuertemente el trozo de papel en el que había escrito antes. Regina se dio cuenta de que se había olvidado de ese papel, el cual había desaparecido misteriosamente cuando había salido de la cocina, pero ahora la curiosidad la estaba matando.

Emma lo sujetó en su mano unos segundos más, contemplando algo.

Miró de nuevo a Regina, con el rostro expresando completa adoración. Tomó aire nerviosamente, exhalando ruidosamente antes de doblar el papel y meterlo de vuelta en el bolsillo más cercano. Emma elevó las manos, que temblaban cosiderablemente, y puso en práctica sus clases de lenguaje de signos, señalando lentamente lo que había escrito en el papel.

'Ahora voy a besarte'

El cuerpo de Regina había pasado por muchas emociones desde que había conocido a Emma.

Había sentido su corazón latir más rápidamente de lo que jamás había creído posible, había sentido que su sangre hervía de anticipación, que su pulso aumentaba el ritmo, que su interior ardía, que su estómago daba vuelcos, se sacudía. Había vivido todo eso, de forma diaria además, cuando la otra mujer estaba cerca. Pero nada de eso la había preparado para lo que estaba sintiendo ahora.

Emma había aprendido a hablar en lenguaje de signos, por ella. No tenía ni idea de lo mucho que sabía la rubia, podría haberse memorizado sólo esa frase. Pero aunque ese fuera el caso, no le quitaba importancia a la situación.

Los ojos de Regina se humedecieron considerablemente, las lágrimas amenazando derramarse. Sus labios estaban presionados fuertemente en una sonrisa que lo decía todo.

Si tuviera que describir ese momento ahí y ahora, cómo se sentía en ese momento, hubiera descrito que era como esa sensación que se crea en tu estómago antes de que tu silla, que previamente había estado balanceándose sobre dos patas, se cayera.

Justo antes de que llegues a la cima de la montaña rusa y viajes hacia el olvido.

Justo antes de que el avión despegue, dirigiéndote hacia el cielo infinito.

Justo antes de que te enamores.

Incapaz de controlarse más, y desesperada por hacerlo bien durante su declaración, Emma ladeó su cabeza, inclinándose lentamente hacia la morena. Los ojos de Regina se cerraron cuando sintió la respiración de Emma juntarse con la suya.

Exhaló, esperando durante lo que parecían siglos antes de que los labios de Emma finalmente hicieran contacto con sus labios ansiosos.

Y de pronto, esa sensación en el estómago había desaparecido, reemplazada por una sensación totalmente liberadora.

Emma puso sus manos a ambos lados del rostro de Regina, un suave gemido escapando de sus labios.

La suave presión de labios fue convirtiéndose rápidamente en cuerpo contra cuerpo mientras el espacio que las separaba desaparecía tan rápido como su autocontrol.