Capítulo 6
Beorn arqueó las cejas con curiosidad. Bilbo notó que para ese momento él ya estaba demasiado interesado por la historia que Gandalf tendría que contar como para negarse a responderle las preguntas que quisiera. Lo único que no le gustó acerca de él, era que desde que habían llegado no había dejado de lanzarle miradas extrañas a Bilbo, lo cual lo puso un poco nervioso. Tenía la sensación de que Beorn podía ver en él algo que a los demás les pasaba desapercibido.
—Y supongo que esas preguntas se tienen que ver con el cambiante que estuvo en contacto con el pequeño —dijo Beorn observando fijamente al hobbit.
Legolas arqueó las cejas con sorpresa, Gandalf se hizo hacia adelante en su asiento mientras que Bilbo se ruborizó. No tenía ni la menor idea de cómo Beorn sabía que él había estado en contacto con un cambiante, pero no le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación.
—¿Cómo es que sabes eso, Beorn? —Cuestionó Gandalf, observándolo con curiosidad.
El hombre se acercó a la silla donde Bilbo estaba sentado y se inclinó para observaba de cerca, el hobbit le devolvió una mirada de miedo y se hizo para atrás. Una de las grandes manos de Beorn tocó su cabello y el pequeño hobbit se estremeció, creyendo que terminaría aplastado en aquel momento. Sin embargo, lo único que hizo él después de inclinarse un poco más hacia Bilbo fue olisquear al hobbit. Bilbo no supo cómo reaccionar ante eso, así que se quedó completamente quieto hasta que Beorn se hizo hacia atrás nuevamente.
—Nosotros —explicó—, los cambiantes de piel, tenemos una esencia que nos distingue de las otras razas de la Tierra Media, pero sólo nosotros podemos detectarla. Y sólo en ciertas circunstancias podemos ser capaces de dejar parte de esa esencia en la piel de otro.
Bilbo se observó las manos y se sintió extraño, como si estuviera marcado.
—¿Por qué me haría algo así? —No pudo evitar preguntar el hobbit, asustado— ¿Esto puede matarme?
Para sorpresa de Bilbo, el enorme hombre soltó una carcajada tan estridente que se llegó a pensar que la casa se cimbraría junto con aquella risa. Beorn le dio unas palmaditas en la cabeza a Bilbo.
—Eres muy gracioso, pequeño hobbit —dijo él—. Escucha, no creo que este cambiante haya sido completamente consciente cuando dejó su esencia sobre ti. Pero, no te preocupes, lo que menos puede hacerte esto es lastimarte. Es una advertencia, por lo menos para otros cambiantes, que somos sensibles para detectar este tipo de marcas, con otras razas no sirve.
—¿Una advertencia? —Cuestionó Bilbo, confundido.
Beorn asintió.
—Es como si fuera un mensaje escrito en ti que yo sólo puedo leer, ya que soy el único cambiante en todo este territorio, por lo menos —trató de explicar—. Es algo que me dice que debo mantenerme alejado de ti, ya que le perteneces al otro cambiante.
Bilbo se sentía cada vez más incómodo, definitivamente no le había gustado lo que había dicho Beorn. Él no le pertenecía a nadie, mucho menos a Smaug.
—¡Pero dijiste que lo hizo inconscientemente, tal vez se equivocó! —dijo Bilbo.
—Lo siento, pequeño hobbit, pero esto no es un error —replicó Beorn—, nuestra naturaleza no se equivoca. Tal vez no se haya dado cuenta en ese momento, pero algo pasó cuando te conoció que su cuerpo supo que eras… o que vas a ser su… Creo que necesito más información antes para saber con seguridad que tantos problemas te puede traer esto, hobbit.
Beorn se inclinó nuevamente hacia él y tomó sus manos, comparadas con las ásperas y grandes de él, las de Bilbo lucían diminutas. Las revisó como si estuviera buscando algo en ellas, al parecer, la supuesta advertencia de la que le había hablado no parecía importarle.
—Dime… ¿Te tocó? ¿Qué tanto te tocó? ¿Tú lo tocaste?
Bilbo se ruborizó, recordando el día que había conocido a Smaug, de pronto, ya no tenía ganas de hablar.
—Creo que lo mejor será que le cuentes toda la historia a Beorn, Bilbo —dijo Gandalf—, necesita saber por qué es tan importante para nosotros todo esto. Pero no le cuentes la versión resumida que me diste a mí. No, no pongas esa cara. Sé perfectamente que omitiste cosas y, aunque no quise molestarte en ese momento, ahora te pediré que no omitas ningún detalle. Es importante. Y te lo advierto, sabré si ocultaste algo.
A juzgar por la expresión mortalmente seria de Gandalf, Bilbo supo que no podría negarse. Así que tomó aire y comenzó con el relato que pensó nunca volvería a contar. A decir verdad, fue de los momentos más humillantes de su vida y Beorn no era precisamente uno de esos oyentes como los de la Comarca, que eran tan educados y les gustaba tanto escuchar historias que rara vez te interrumpían. No, Beorn, cada vez que tenía una duda sobre algo o cuando consideraba necesario que el hobbit hiciera aclaraciones se lo pedía, provocando que Bilbo sólo se avergonzara más.
Su primera interrupción fue la primera vez que el hobbit mencionó el nombre de Smaug.
—¿Smaug? Pero siempre creí que sólo era un…
—Todos lo creímos así, Beorn —lo interrumpió Gandalf—, se podría decir que Bilbo fue quien descubrió que Smaug era un cambiante. Él sabía que era vulnerable en su forma humana, por lo que jamás permitió que nadie descubriera su verdadera naturaleza. Y creo que le disgustaba tanto verse con una apariencia tan frágil que dejó de convertirse hace mucho tiempo, bueno, hasta que se encontró con nuestro hobbit.
Bilbo tenía ganas de hundirse en su asiento, pero le era imposible siquiera moverse, ya que su pierna lastimada lo hacía mucho más torpe. Quería desaparecer, pero era imposible, por lo que tuvo que seguir con su relato.
Cuando Bilbo llegó a la parte en la que había (accidentalmente) tocado al dragón y este, después de unos minutos había tomado su forma humana, le pareció ver que la expresión de Beorn cambiaba repentinamente, pero no lo interrumpió; Bilbo se alegró ya que estaba desesperado por terminar.
—Espera un momento… ¿Él bebió de tu sangre?
—¡No! —exclamó Bilbo, bastante agitado— Él sólo limpió mi herida.
—Con la lengua…
Bilbo desvió la mirada.
—Sí. ¿Por qué tiene eso alguna importancia?
Pero Beorn no respondió a su pregunta, sino que le hizo un gesto con la mano para animarlo a continuar.
—Me gustaría que Thorin estuviera aquí escuchando todo esto, puedo imaginarme cómo reaccionaría pero no es lo mismo que verlo…
—Legolas, por favor.
—¡Lo siento, Gandalf!
Bilbo fulminó con la mirada al elfo, el cual le guiñó el ojo y tras un resoplido continuó con su historia asegurándose de que nadie hablara hasta llegar al final, una vez que terminó, se recostó en su silla y trató de pasar desapercibido.
—Vaya que tienes un problema, hobbit —comentó Beorn.
Bilbo frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—En realidad, Beorn —intervino Gandalf—, nosotros queremos verlo como una ventaja. Ya que queremos destruir a Smaug. Sin embargo, me gustaría que me dijeras que tantas probabilidades tenemos de hacerlo. ¿Crees que Bilbo puede hacerlo vulnerable el tiempo suficiente para que uno de nosotros se acerque a él y lo mate?
Beorn observó al hobbit por un largo rato, Bilbo no tenía la menor idea de lo que estuviera pasando por su cabeza en esos momentos pero no le agradaba la mirada que le dirigía, de hecho, todo aquello se le hacía completamente absurdo y rídiculo. Gandalf tenía demasiada confianza en él.
—Sí —respondió, finalmente—. Pero no va a ser tan sencillo.
Bilbo soltó un profundo suspiro, nunca nada era sencillo para él. Comenzaba a pensar que la mala suerte lo seguía.
—La razón por la que Smaug se transformó cuando lo tocaste fue porque su esencia te eligió como su compañero…
Bilbo se agitó en su silla y Legolas tuvo que agarrarlo del hombro con suavidad para evitar que se cayera.
—Tranquilo, todo va a estar bien —le sonrió el elfo, acariciando su cabello.
—… y debido a que la única manera de estar contigo es convirtiéndose en aquella forma humanizada, el cambio fue involuntario. Además, ya que no lo había hecho en mucho tiempo, probablemente haya olvidado muchas de nuestras costumbres, casi estoy seguro que olvidó por completo que era uno de los nuestros.
—¿Quiere decir que Smaug se siente atraído por mí? —Bilbo tradó un rato en decirlo correctamente, estaba demasiado agobiado por toda aquella nueva información. Y lo que era peor sentía que sus mejillas iban a derretirse por el calor que sentía en su rostro.
—Bastante, diría yo.
El hobbit se cubrió el rostro con sus manos.
—Sin embargo, todavía está en su naturaleza desconfiar, por lo que tienes que hacerle creer que aceptas unirte a él y dejar todo lo que alguna vez amaste.
Bilbo se descubrió el rostro y levantó la cabeza bruscamente, por supuesto, tendría que fingir, pero aquello de abandonar todo, el solo pensarlo le dolía. Inevitablemente, por supuesto, pensó en Thorin.
—Es por eso también que Bilbo debe dirigirse solo a Smaug. Sé que el camino hacia Erebor es peligroso y estoy de acuerdo en que lo acompañen para mantenerlo seguro, pero es importante que, una vez en la montaña, Smaug se encuentre a solas con Bilbo o por lo menos que él crea eso.
—¿Y si se da cuenta que es una trampa y me mata? —Preguntó el hobbit, estremeciéndose.
—Hay una cosa de la que estoy seguro y es que Smaug jamás te hará daño, pequeño hobbit —dijo Beorn—, no puede y no creo que quiera, tampoco. Él mismo fortaleció el vínculo que tiene contigo cuando probó tu sangre. El único que corre peligro en esto es quien vaya a intentar acabar con él.
Sin embargo, Bilbo no se sentía muy tranquilo con aquella respuesta, de hecho sólo lo preocupó más, porque alguno de sus amigos correría peligro y sospechaba que Gandalf sería quien tomaría el asunto en sus manos.
—¿Estás seguro que quieres hacer esto, hobbit? —Le preguntó Beorn, repentinamente— ¿Quieres traicionar a Smaug?
—Sí, es decir, lo voy a hacer porque es necesario —dijo Bilbo—, ¿por qué no lo haría? ¡Lo prometí!
—Es sólo que en la mayoría de los casos, ese vínculo es mutuo, sólo quiero hacerte saber que todas sus oportunidades se perderían si te arrepientes.
—No hay problema —intervino Legolas—, nuestro hobbit quiere a alguien más. No creo que Smaug logre convencerlo, por lo menos no realmente.
Bilbo se ruborizó y le lanzó una mirada ceñuda al elfo.
De pronto, Gandalf se levantó de su asiento con brusquedad, en sus expresión se dibujó una mirada extraña.
—¡Thorin! ¡Lo había olvidado por completo! Es mejor que lo deje entrar antes de que se termine su escasa paciencia —dijo, luego, dirigiéndose a Beorn, añadió—. Ese es parte del segundo favor que quiero, verás, nos acompañan un grupo de trece enanos y te agradecería mucho que los recibas en tu casa también, por lo menos hasta que nuestro hobbit se recupere de su pierna.
Beorn frunció el ceño y después de lanzó una mirada a Bilbo, finalmente se rindió.
—De acuerdo, sólo porque me agrada bastante este pequeño —dijo, acariciando la cabeza del hobbit.
Gandalf abrió la puerta y recibió a los enanos con unas palabras bastante curiosas.
—Me sorprende que hayas logrado esperar durante tanto tiempo, sinceramente…
Pero Thorin lo ignoró, así como también lo hizo con la gran figura de Beorn, se dirigió directamente a Bilbo y le acarició el rostro.
—¿Estás bien?
—Sí —Bilbo sonrió, sin poder evitar soltar un suspiro de felicidad.
—Te dije que yo lo cuidaría bastante bien —dijo Legolas.
Thorin lo ignoró, pero se notó que aquel comentario le molestó bastante.
—En realidad estuvo a punto de derribar la puerta, Gandalf —explicó Kili—, pero Balin logró convencerlo que lo más prudente era esperar hasta que nos llamaras. Aunque debo decir que le costó bastante trabajo calmarlo.
A pesar de todos los problemas con los que tenía que lidiar Bilbo, los días que estuvo en la casa de Beorn le parecieron un verdadero descanso. Por lo menos ahí no les faltaba comida y no tenían frío en las noches, a pesar de que no había camas para todos ellos y tenían que dormir en el suelo. Legolas trataba de animarlo contándole historias o cantándole canciones, sin embargo, esto provocaba que Thorin se volviera más malhumorado que lo acostumbrado. Seguía viendo con desconfianza al elfo y más cuando este se acercaba al hobbit. Pero la mayoría del tiempo se olvidaba de ello y se dedicaba a cuidar de Bilbo. Gracias a él Bilbo pudo apoyarse en su pierna de nuevo y, en tres días más, estaba listo para reemprender la marcha. Aunque, por supuesto, era lo que Bilbo menos deseaba, ya que pensar en llegar a Erebor lo ponía bastante nervioso. Pero sabía que era momento de irse, ya que, aunque no lo demostrara, sabía que Thorin estaba desesperado por hacerlo, pero había sido paciente por él.
La última noche en casa de Beorn, Bilbo estuvo pensando en Smaug y en lo que le esperaría después de cruzaran la puerta. La perspectiva lo tenía bastante nervioso, por lo que sospechó que no podría dormir en toda la noche, hasta que una figura se le acercó en la oscuridad. Cuando la sombra se recostó junto a él, Bilbo supo que era Thorin y no pudo evitar que su corazón latiera desbocado debajo de su pecho.
—Bilbo…
Thorin acarició su cabello y se acercó más a él, el hobbit se ruborizó.
—¿Qué pasa, Thorin?
—Esto.
Thorin unió sus labios a los de él y Bilbo no dudo en rodear el cuello del enano con sus brazos. El beso de Thorin fue bastante tierno al principio, pero cuando se dio cuenta que su hobbit le correspondía se volvió más apasionado.
Bilbo metió la mano debajo de la ropa de Thorin y sus dedos llegaron hasta su pecho. Ni siquiera podía ver con claridad en aquella oscuridad, pero, por alguna razón, tenía la certeza de que estaba trazando los símbolos en el pecho del príncipe con absoluta exactitud. Como si los supiera de memoria.
Thorin tomó su muñeca y la alejó de sí. Bilbo se sintió un poco dolido.
—Deja de hacer eso, mediano —le dijo el príncipe—. Todavía no.
—¿Por qué no?
Thorin sonrió y comenzó a acariciar el lóbulo de su oreja, Bilbo se ruborizó de placer.
—Porque si lo sigues haciendo, no voy a poder detenerme y probablemente haré algo que te hará gritar y gemir tantas veces que los despertarás a todos.
Bilbo recostó la cabeza sobre el pecho de Thorin y este lo rodeó con sus brazos.
—Pero yo quiero estar contigo.
—Yo también, pero este no es el momento —dijo él, inclinándose para darle un beso en la frente—. Ya tendremos nuestra oportunidad.
