La siguiente historia es una traducción del fanfic Issues de la autora BlackLynx17, todo el crédito le pertenece única y exclusivamente a ella, yo sólo pedí su autorización para traducirlo al español.
Hiro Mashima es el dueño de Fairy Tail. Todo esto es por mero entretenimiento, tanto mío como de ustedes. Espero les guste.
Hay varias frases en cursiva, son pensamientos de los personajes, para que no haya confusión.
Capítulo 6
– Muy bien, ¿ves esta habitación? Es tuya – Lucy dijo abriendo la puerta a una de las muchas habitaciones para invitados en su casa.
Wendy se acercó a la puerta y miró dentro de la habitación.
– ¿Y bien? -preguntó Lucy.
Wendy se quedó mirándola.
– ¿No vas a entrar y conocerla? ¡Es tu habitación! – Lucy gritó.
Wendy sacudió la cabeza y se dirigió frente a la habitación de Lucy. Ella señaló la puerta.
– Este es mi cuarto – dijo Wendy.
Lucy miró a la niña.
– No, es mi cuarto – dijo.
– ¡Nuestra habitación! – Wendy gritó alegremente.
De ninguna manera Lucy iba a compartir su habitación con la mocosa. ¿Qué más quería de ella? Ella la salvó, le dio un lugar para vivir, la vistió, ¡incluso le aguanta todas sus tonterías! Lucy no iba a ceder en esta situación.
– ¡No Wendy, esta es tu habitación! Ahora toma tus cosas y ¡vete a tu cuarto! – gritó y Wendy se puso a llorar.
– ¡Oh no, no, no me importa si lloras! ¡Tú no conseguirás mi habitación! –
Pero Wendy lloró, lloró y lloró… y lloró. De repente la señora Supetto caminaba hacia ellas, preguntando el porqué de tanta conmoción. Ella se agachó hasta el nivel de Wendy y le frotó la cabeza.
– ¡¿Qué hiciste Lucy?! – regañó a la rubia.
– ¿Yo? ¡Nada! La mocosa quiere dormir en mi habitación a pesar de que le ofrecí la más agradable y más grande habitación justo al lado –
La señora Supetto miró a Wendy llorando.
– Deja que Wendy duerma en tu habitación… – comenzó Supetto.
– ¡Es mi habitación! – Lucy interrumpió.
– O de lo contrario voy a tener que decirle a tu papá que te corte tus fondos y te prohíba salir. – amenazó.
Lucy no tenía problema con que no la dejaran salir de casa, era muy ágil y podía colarse por una ventana o algo así, ¿pero sus fondos? Normalmente, el dinero no le importaría, pero ahora que tenía a esta niña con ella, las cosas cambiaban. Siempre llevaba consigo algo de dinero de emergencia en caso de meterse en problemas o para pagar sus vicios y se estaba quedando corta de ellos.
Ahora sólo tenía alrededor de $200 en el bolsillo gracias a Wendy, ¡no iba a poder sobrevivir con $200! Eso ni siquiera les daría a Wendy y a ella un lugar para quedarse. Tampoco podía llevar a la mocosa a la casa de alguno de sus amigos, quién sabe lo que podrían hacer con ella. Tragándose su orgullo, se fue pisando fuerte hacia la otra habitación.
– ¡BIEN! ¡QUE LA MOCOSA SE QUEDE CON MI HABITACIÓN! –
Wendy dejó de llorar y luego corrió hacia la habitación en que Lucy estaba a punto de entrar y dijo – Nuestra – y abrió la puerta.
Lucy se sintió como un volcán en ese momento.
– Elige. Una. Habitación. – Lucy dijo conteniendo su ira.
La señora Supetto finalmente entendió.
– Tal vez ella quiere compartir una habitación contigo Lucy – le dijo la anciana pensando que era una idea muy dulce.
– ¡Cuál es el punto de tener todas estas habitaciones si nadie va a ocuparlas! – Lucy gritó.
Ella pisoteó de nuevo a su propia habitación.
– Tú vas a dormir en una habitación, y vas a dormir sola – le dijo a la pequeña.
Wendy estaba a punto de llorar de nuevo.
– ¡LUCY! – gritó el ama de llaves.
– ¡Muy bien! ¡Tú ganas! ¡Todas ustedes ganan! ¡Mocosa toma tus cosas y metete al cuarto antes de que te patee el trasero! – Lucy gritó.
Wendy no necesitó que le dijeran dos veces, agarró todas sus bolsas y corrió a la habitación de Lucy seguida de la rubia que cerró la puerta en la cara de la señora Supetto.
¡Que chica tan grosera! pensó la anciana, pero luego sonrió. Lucy había dejado que Wendy se quedara con ella. Tal vez tener alrededor Wendy era algo bueno, Lucy estaba empezando lentamente a ablandarse.
– La cena estará lista a las 6 – les avisó antes de retirarse.
– ¡Como sea! – Lucy gritó.
– ¡Sí como sea! – Wendy gritó después de Lucy.
Y la señora Supetto se fue por los pasillos sacudiendo la cabeza con una sonrisa en su rostro.
– Muy bien, básicamente toda esta esquina es tuya – Lucy dijo agitando sus brazos en un círculo en la esquina de su habitación. – No te preocupes, voy a darte una manta y una almohada pero eso es todo – añadió.
Wendy dejó caer las cosas y saltó sobre la cama de Lucy, que ya había tenido suficiente de sus tonterías, así que sólo se acercó a la cómoda y sacó un cigarrillo.
– ¿Caramelo? – preguntó Wendy.
Lucy vio que Wendy miraba fijamente el cigarrillo que estaba encendiendo.
– No – dijo inhalando el humo tóxico.
Miró a la niña arrugar la nariz y toser un poco debido al humo y recordó que los niños podrían tener cáncer por ser fumadores pasivos* así que se dirigió hacia la ventana y la abrió.
– Nunca fumes niña, ¿de acuerdo? – dijo Lucy.
Wendy no entendía pero asintió, supuso que tenía algo que ver con el bastón de caramelo en la mano de su Hermanita. Optó por sentarse sobre la cama mientras la rubia terminaba de fumar; Lucy cogió el paquete y se lo mostró a la niña, decidiendo darle una lección sobre la vida.
– Estos se llaman cigarrillos, también conocidos como palos felices – explicó Lucy.
Wendy asintió. Lucy abrió el paquete y le mostró uno.
– Los enciendes aquí y luego inhalas. Pero tú nunca lo harás. –
Wendy asintió de nuevo. Lucy puso el cigarrillo de nuevo en el paquete y se lo entregó a la chica.
– Guarda esto en tu bolso ¿de acuerdo? Te lo estoy confiando – le dijo entregándole el paquete.
Wendy sonrió. Su Hermanita le estaba dando una tarea importante, no había forma de que fuera a fallar. Escondió el paquete en su bolso y Lucy procedió a sacar un poco de dinero en efectivo de su escondite y luego escribió algo en un pedazo de papel. También se los entregó a Wendy.
– Esta es nuestra dirección y nuestro apellido, ahora eres Wendy Heartfilia durante el tiempo que te quedes conmigo. Si alguna vez te digo que corras, corres a casa. Aquí hay algo de dinero también, eres libre de usarlo, sólo no te vuelvas loca con él. –
Wendy asintió de nuevo y guardó las cosas en su bolso. Lucy la estaba preparando para cualquier escenario posible en que ella no estuviera alrededor o cuando algo le sucediera a la rubia y no pueda proteger a la niña.
– Está bien, tienes permitido ir a cualquier lugar mañana, sólo recuerda estar de vuelta antes del anochecer – le explicó.
Lucy entró en el aseo y comenzó a prepararse un baño.
– ¿Y tú? ¿Dónde vas a estar mañana? – preguntó Wendy.
– Escuela – Lucy contestó simplemente.
– ¡Quiero ir! – Wendy exigió.
Lucy se quedó mirando a la niña.
– Escucha, te estoy dejando vivir aquí, usas mi habitación, te acabo de comprar montones de dólares en ropa, ¡y todavía quieres más! – exclamó.
Lucy pensaba que los padres de la enana debían de consentirla demasiado si estaba exigiendo todas estas cosas. Pero, la cuestión era que si ella estaba tan mimada, ¿por qué iba a querer irse de casa? Lucy sacudió el pensamiento de su cabeza, Wendy le diría cuando estuviera lista. Lo que Lucy no sabía era que Wendy en realidad no era una niña mimada, ella sólo sabía lo que quería y lo que Wendy quería en este momento era estar siempre con su Hermanita.
Además, siempre se preguntó cómo sería la escuela preparatoria, tal vez sería divertida. Wendy estaba cansada de jugar la carta del llanto, por lo que decidió utilizar otra en este momento.
– ¡Por favor, Hermanita! ¡Me da miedo quedarme aquí sola, quiero ir contigo! – dijo tiernamente, cambiando a su modo de pequeña niña tierna a su máxima potencia.
Si lo hubiera usado con la señora Supetto habría funcionada, pero nada con Lucy. Ella sólo pensaba en lo molesta que la mocosa se veía en ese momento y en qué coño estaba tratando de sacarle con ese acto. Wendy pronto se dio cuenta de que su tarjeta de ternura no funcionaba, así que usó otra: Se pegó a sí misma a la pierna de Lucy y le rogó.
– ¡Por favor! ¡Por favor, por favor, por favor, por favor, POR FAVOR! ¡No me quiero quedar sola en casa! ¡No quiero! Por favor, oh gran hermanita Lucy, ¿me dejas ir contigo? – rogó y se arrastró junto a su "ángel".
Lucy se sorprendió de la niña. ¿Rogándole en lugar de llorar? ¿Qué era lo peor que podía pasar? No le importaba lo que la gente pudiera pensar si una niña la estaba siguiendo de aquí para allá. Igualmente no se preocupaba por su reputación, tal vez la bola de chicos hormonales la dejarían sola cuando la vieran con una niña. Ah, y el Sr. Freed, sin duda al profesor le encantaría ver a Lucy llevar a Wendy a su clase un día.
Lucy sonrió para sí misma, definitivamente quería ver esa expresión en su rostro.
– De acuerdo Wendy, mañana te voy a llevar y le voy a preguntar al director si puedes quedarte. – dijo Lucy girando la llave de la tina de baño.
– ¡Hurra! – Wendy animó. Sus ruegos habían funcionado.
– Muy bien, hora del baño – dijo Lucy.
Cuando terminó de tomar la temperatura del agua, Lucy se acercó a su armario y sacó una toalla para la niña y se la lanzó.
– Champú y las otras cosas están en el lavabo. Tu cepillo de dientes es el azul –le dijo mientras salía fuera del cuarto de baño.
– Gracias Hermanita Lucy –
– Como sea – Lucy dijo cerrando la puerta.
Que hacer que hacer. Lucy comprobó su teléfono, sólo era las 6. Tal vez podía caerle a uno de sus amigos y podrían salir. Volvió a mirar la puerta del baño, Wendy podría sobrevivir una noche sin ella. Agarró las llaves de la casa y la cartera para luego bajar las escaleras. Dio la vuelta en busca de su anciana nana y la encontró en la cocina.
– Oh, Lucy, la cena estará lista en breve – dijo Supetto a la chica.
– No me quedo. Sólo vine a decirte que Wendy está tomando un baño en mi habitación. Voy a visitar a unos amigos, volveré más tarde. –
– ¡¿Qué hay de Wendy?! –
– Sólo vigílala hasta que yo vuelva, dile que fui a comprarle una muñeca o algo así, no me importa. Me voy – dijo saliendo de su casa.
Sacó su teléfono y marcó un número, timbró tres veces antes de que alguien respondiera.
– ¿Hola? –
– Hey ¿Puedo ir? –
– Por supuesto –
– Cool. Estoy en camino – colgó y comenzó a caminar por las calles.
– ¿Dónde está mi Hermanita Lucy? – Wendy preguntó a la señora Supetto mientras se sentaba a cenar.
– Ella... ¡salió para ir a buscarte algo! – Dijo la anciana que no podía pensar en una buena excusa, así que utilizó la de Lucy.
– Oh, oye abuelita Supetto, ¿Lucy vive aquí sola? –
– Oh, no querida, vive con su padre. Él siempre está trabajando, aunque por lo general sólo se le ve en las mañanas –
– Oh, ¿qué pasa con su madre? –
La anciana dejó lo que estaba haciendo.
– Su madre ya no está con nosotros –
– ¡Oh! ¿Qué paso? –
– Estaba enferma –
Así que su ángel había perdido a un padre también. Wendy miró tristemente su cena; Lucy la había hecho sonreír cuando perdió a sus padres, tal vez podría hacer que Lucy sonriera también.
– Wendy querida escucha, nunca menciones esto a Lucy. Ella es un poco sensible con el tema de su madre. Ella va a enojarse mucho si lo haces, así que no la menciones, ¿está bien? –
– Sí señora Supetto – respondió Wendy y tomó su tenedor.
* BEEP, BEEP, BEEP *
– ¡Mierda! – Lucy rugió y dio un puñetazo hacia el reloj de alarma.
No había forma de que fuera a la escuela hoy… bueno siempre hay un mañana.
– ¿Señorita Heartfilia? – El profesor Freed llamó. Exploró su salón de clases en busca de la chica rubia.
– Ausente de nuevo – dijo marcando su nombre como ausente.
Dos días seguidos. ¿Qué le había pasado a Lucy? Bora pensó. ¿Acaso la habían asaltado camino a casa después de la fiesta? Él entendía que faltara ayer, pues ambos se fueron tarde a casa, ¿pero hoy también? Bora estaba a punto de averiguarlo. Sacó su teléfono celular y llamó a su amiga rubia; la primera vez entró el correo de voz, la segunda ella respondió.
– ¡¿QUÉ CARAJOS QUIERES?! – su amiga gritó.
La clase dirigió su atención a Bora, que dijo – ¡Buenos días a ti también solecito! –
– ¡¿POR QUÉ DIABLOS ESTÁS LLAMANDO TAN TEMPRANO?! – Lucy gritó en la otra línea.
– Um, la escuela ha comenzado y tú no estás aquí. –
–... Dale el teléfono a la persona detrás de ti –
– Está bien – dijo Bora y pasó su teléfono a la persona sentada detrás de él sin cuestionar. El estudiante tomó el teléfono dudoso y lo acercó a su oído.
– ¿Que está pasando? – Gray le preguntó a su rival.
– Ni idea – Natsu respondió y se quedó mirando Bora.
– Ok, levanto mi mano – dijo el estudiante elevando su mano izquierda. – Está bien – dijo y llevó rápidamente su mano hacia abajo, golpeando a Bora en la parte posterior de la cabeza.
– Aquí tienes bro* – dijo el estudiante regresando el teléfono a Bora, que se frotó la cabeza y contestó de nuevo.
– Muchas gracias – dijo Bora sarcásticamente.
– Voy a colgar ahora –
– ¡Espera! ¿Vas a venir mañana? – preguntó.
– ¡SÍ! –
– Hmmm, Lucy – Bora oyó decir a otra chica en el fondo.
– ¡Mierda alguien está contigo! – Bora gritó.
– Bor… –
– ¡¿Es una mujer?! – gritó de nuevo.
– Bor… –
– ¡¿Estás durmiendo con otra mujer sin mí?! Estoy herido sabes, yo podía haber ido ahí y tener un trío – dijo burlón.
– ¡JÓDETE BORA! – Lucy gritó, colgando finalmente el teléfono.
Bora no pudo resistir y se carcajeó en la clase. Nadie sabía qué pensar de la conversación que acababa de tener con Lucy. Hasta el señor Freed se sorprendió por lo que su alumno había dicho, pero recuperando la compostura, tosió para ganar la atención de su clase otra vez y procedió a anotar la orden del día.
Natsu y Gray estaban sentados sin saber que decir. La conversación que Lucy tuvo con Bora iba y venía una y otra vez en sus mentes. Finalmente Gray dijo – Mantendremos esto entre los dos, ¿de acuerdo? –
– De acuerdo – dijo Natsu.
Y por el resto del día no mencionaron el primer período ni una vez.
– ¿Lucy? – Wendy volvió a llamar.
Joder, Bora despertó a la mocosa.
– Vuelve a la cama niña. – dijo Lucy tirando de las mantas sobre su cabeza.
– Sí Hermanita. – respondió Wendy y volvió a dormir. No fue difícil, pues se quedó despierta hasta tarde la noche anterior a la espera de que su hermanita volviera con su regalo. Pero al fin y al cabo era sólo una niña y no estaba acostumbrada a quedarse hasta tarde, así que por desgracia se quedó dormida en el sofá.
La señora Supetto la encontró y la llevó a la habitación. Lucy volvió a casa unas horas más tarde, esta vez sí pudo abrir la puerta y se fue directo a su habitación, donde se acostó en su cama junto a Wendy, perdiendo la conciencia tan rápido como lo hizo la niña.
Alrededor del mediodía la señora Supetto se acercó a despertar a las dos. Abrió la puerta del cuarto y luego todas las cortinas, dejando que la luz del sol iluminara el cuarto. Wendy abrió los ojos y parpadeó un par de veces antes de conseguir levantarse. Lucy simplemente arrugó la cara y tiró más de las sábanas por encima de su cabeza.
– Hora de despertar queridas, el desayuno está listo – dijo Supetto.
Wendy saltó de la cama y corrió hacia el baño, Lucy sólo se quedó en la cama.
– Levántate ahora Lucy, hoy de nuevo te has perdido la escuela, lo menos que puedes hacer es tener el desayuno con tu familia –
– ¡¿Qué familia?! – Lucy argumentó. Estaba bastante segura que su padre ya se había ido a trabajar.
– Pues Wendy y yo, por supuesto – dijo la anciana alegremente para después salir de su habitación.
– Sí, claro – dijo Lucy sentándose. Estiró sus brazos antes de levantarse e ir a su armario, se quitó la ropa que llevaba la noche anterior y se colocó su pijama, una camiseta sin mangas y unos pants. Cuando salió vio a Wendy esperando por ella.
– ¡Buenos días! ¡Hermanita! – Wendy canturreó
Lucy caminó junto a ella y empujó su cabeza, lo que la hizo caer de nuevo en la cama. Fue decepcionante escucharla reír en vez de llorar.
Bajo las escaleras con la niña pisándole los talones y cuando llegaron a la cocina la señora Supetto ya tenía el desayuno listo y servido. Al parecer esta mañana sería torta de huevo. Ambas se sentaron a la mesa.
– Así que dime, ¿qué te trajo Lucy, Wendy? – preguntó la nana.
Wendy se pasó el huevo en su boca y sonrió. – Mi hermanita no me lo ha dado todavía –
– ¿De qué hablas ahora? – preguntó Lucy, que todavía estaba un poco atontada, por lo que no tenía idea de lo que estas dos estaban hablando.
– La razón por la que tuviste que salir a última hora de la noche, saliste a comprar un regalo para Wendy, ¡Recuerda! – dijo Supetto presionando a la chica.
Mierda, se había olvidado de eso. ¿No podía su anciana ama de llaves darle una mejor mentira a la mocosa? Lucy se quedó tranquila y reflexionó sobre la manera de responder a la pregunta.
– Yo... estuve toda la noche buscando, pero no pude encontrar el regalo perfecto para ti. –
Vio como la señora Supetto le dio una mirada de muerte, mientras que Wendy se veía un poco triste. Joder, pensó Lucy.
– Es por eso que he faltado hoy a la escuela. Decidí que no había mejor regalo que nosotras saliendo a pasear y hacer cosas… juntas... todo el día... yay – dijo con fingida emoción.
Wendy sonrió y la abrazó de inmediato. – ¡Oh sorpresas! ¡Voy a estar lista en un momento! – dijo engullendo el resto de su tortilla, para después salir corriendo al piso de arriba.
– Buena tapadera – dijo Supetto a la chica.
– Como sea. Y ¿qué es lo que les gusta hacer a los niños? ¿Puedo llevarla a un bar? –
– ¡Por supuesto que no! – su vieja criada gritó.
– ¿Tienda de tatuajes? – Lucy sugirió.
– ¡NO! – la anciana volvió a gritar.
–… ¿Una rave*? –
– ¡LUCY! Tendrás que llevar a ese dulce ángel a un sitio decente y adecuado para niños. ¡Llévala al parque o al cine! – exigió su nana.
– Está bien – Lucy suspiró y terminó de comer sus huevos.
Wendy bajó unos minutos más tarde con un vestido azul brillante y su bolso colgando de su hombro. Lucy le sonrió y luego aplaudió su idea.
– Creo que hoy es un día caluroso, señora Supetto póngale un sombrero –
– Vamos querida – dijo la aludida agarrando la mano de la pequeña y subieron las escaleras.
Lucy se asomó para ver si realmente se habían ido y a continuación, fue al gabinete de licores de su papá. Esta vez sacó una botella llena de vodka y se dirigió a la puerta principal para agarrar su chaqueta, se puso los tenis y esperó a que la niña bajara. Unos momentos más tarde lo hizo con la otra mujer.
– Zapatos, vamos rápido – dijo Lucy.
Wendy asintió y corrió a su lado que ponerse sus zapatos nuevos.
– ¿Vas a salir de esa manera? – preguntó Supetto.
Lucy miró a la vieja criada. – ¿Tienes algún problema con lo que estoy usando? – preguntó.
– No, sólo tengan cuidado las dos –
Lucy bajó la mirada hacia la niña y la vio luchando con los cordones de los zapatos.
– ¿Qué pasa? – le preguntó.
Wendy miró a su protectora. – No sé cómo atar mis zapatos – dijo simplemente.
– ¡Tienes que estar bromeando, joder! – gritó.
La rubia se inclinó, asegurándose de que la botella no se cayera, y cogió los cordones. Cuanto antes se fueran más pronto podían volver y si la señora Supetto ataba los cordones por ella, estarían aquí hasta la próxima Navidad.
– Presta atención: Agarras estos dos cordones, los atas así, haces esto, tiras de esta cuerda aquí y después lucen como orejas de conejo con retraso. – dijo acabado de atar el zapato de la niña.
Lucy se puso de pie y observó el intento de Wendy para atar el otro. ¿Qué edad tenía esta niña? ¿Sus padres estaban tan llenos de mierda que ni siquiera enseñaron a su propia hija cómo atar un zapato?
La Señora Supetto, por su parte, pensó que su hermano debía haber sido un cabeza hueca por no enseñar a su pequeña hermana cómo atar sus propios zapatos, pero ella sonrió viendo como Lucy estaba ayudándola a aprender.
Rezó para que una vez que su hermano saliera de prisión hiciera borrón y cuenta nueva para que Wendy pudiera tener una vida mejor. Poco sabía ella que Wendy no tenía un hermano y que Lucy le estaba mintiendo, como siempre.
– No, lo tuerces y después jalas. – corrigió Lucy.
Finalmente Wendy había atado su zapato correctamente y se levantó. – Gracias Hermanita Lucy – dijo.
– Como sea pequeña idiota, ni siquiera sabe cómo atar sus propios zapatos – Lucy murmuró al salir por la puerta.
– Adiós Abuelita Supetto – Wendy se despidió mientras seguía a Lucy.
La señora Supetto sonrió y le devolvió el saludo. Las cosas irían bien ¿verdad? Es decir, estaría a salvo con Lucy ¿verdad? ¿Qué es lo peor que podía suceder dejando a Lucy a cargo de una niña?
– ¿Dónde vamos primero Hermanita? – preguntó Wendy.
– Pa… – Lucy estaba a punto de decir el parque, pero se detuvo.
Wendy fue abandonada en un parque, era probable que eso le trajera malos recuerdos si la llevaba de vuelta a uno, pero que más tenía toboganes y esas cosas como para que Wendy pudiera jugar. Mierda. Lucy conocía un lugar, pero no le iba a gustar. Gracias a Dios que tenía su botella de vodka.
– Sólo cierra la boca y sígueme – dijo cambiando de dirección y Wendy la siguió.
Lucy la llevó hasta el lugar favorito de los niños en Magnolia. Recordó que sus padres siempre la traían cuando era pequeña para divertirse. Se quedó mirando el edificio recordando hasta que Wendy le jaló las mangas, bajó la vista y se quedó mirando a la niña, que estaba saltando de manera hiperactiva.
– ¡¿De verdad vamos allí?! – preguntó emocionada.
Lucy volvió a mirar el edificio y suspiró. "¡Pudín! ¡Pudín! ¡Tierra del Pudín!"* El sitio de juegos y comida rápida donde los niños venían a jugar en las maquinas, cantar canciones, reír, comer y jugar hasta no poder más. En otras palabras, el infierno personal de Lucy. A ella no le gustaban los niños, no era nada personal sólo le molestaban hasta la mierda. Era como su deseo de muerte cuando decidió ir a la raíz de todo lo malo.
Seguro, este lugar era divertido cuando tenía como 6, pero ahora le provocaba nauseas. Una cosa era tener un lugar de juego donde los niños se divirtieran, ¡pero estas personas tenían su propia mascota y una canción! ¡La canción de un jodido pudín! ¡¿Por qué alguien en nombre de Dios inventaría un tema musical sobre el pudín?! Lucy estuvo tentada a dar la vuelta y caminar de regreso a casa, pero Wendy, siendo la niña impaciente que era, le agarró la mano y empezó a tirar de ella hacia dentro.
Lucy fue recibida por su gigantesco perro mascota y su canción temática sonando muy fuerte en sus oídos.
– ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Pududín! ¡Doskoi! –
– Bienvenida de nuevo Wendy ¿cómo ha ido el día? – preguntó la señora Supetto.
– ¡Mi hermanita Lucy me llevó a ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Tierra del Pudín! ¡Fue muy divertido Abuelita supetto! – Wendy dijo animada.
– ¿Y qué tal tú Lucy? –
– 5 horas… 5 horas de puta tortura –.
Supetto le sonrió. – Entonces, ¿qué hiciste? –
– Fuimos a este sitio de pizza y nos dieron una, entonces mi hermanita Lucy me llevó a una tienda y ¡me compró esto! – Wendy dijo mostrándole una pequeña bolsa de color rosa.
– ¿Qué es? –
Wendy abrió la bolsa y sacó un moño anaranjado y rosado. – ¡Coincide con mi bolsa, lo ves! – dijo comparando ambos objetos.
– Seguro que lo hace, ahora por qué no vas escaleras arriba y guardas tus cosas y te refrescas un poco, entonces tal vez podamos ver una película juntas – sugirió la anciana.
– Sí Abuelita Supetto – Wendy dijo y corrió a hacer lo indicado.
– Me sorprende que sobrevivieras –
– Estaba llena amor – respondió Lucy.
– Sí, claro. – Podía oler el alcohol procedente de Lucy aún con la distancia que las separaba. – Eso fue algo muy amable de tu parte, lo que hiciste por la niña –
– Que te jodan. Voy a dormir – dijo pisando fuerte hacia las escaleras.
Supetto no entendía qué había dicho mal, estaba segura de que le estaba haciendo un cumplido. No entendía por qué reaccionaba de esa manera.
Lucy tampoco lo sabía. Lo que la señora Supetto dijo le había molestado por lo que salió furiosa de ahí. Entró a su habitación y se dejó caer en su cama.
– ¿Qué pasa hermanita? – preguntó Wendy.
– Nada –
– ¿Ya es la hora de dormir? –
– No, ve a ver la película con la señora Supetto o lo que sea. – Le respondió para echarla de la habitación.
– Oh, ¿vamos a la escuela mañana? –
– Sí – dijo con apenas un sonido
– ¿Puedo usar el moño que me compraste? –
– Sí –
– ¡Yay! Buenas noches hermanita Lucy – Wendy dijo feliz y luego salió de su habitación.
De nuevo, ¿por qué coño estaba Lucy cuidando a esta niña? Ah claro, fue abandonada sin un lugar a donde ir... eso era un poco jodido. Lucy le salvó la vida, pero ¿a qué costo? Esa mocosa la estaba jodiendo por todos lados. Esperaba que mañana fuera un día mejor, tal vez mañana las cosas volverían a ser como antes. Lucy actuaría como una chica dura con una pequeña ayudante. Se rio para sí misma, Wendy su compañera. Eso sí que era divertido.
* Fumador pasivo: Es aquel que inhala el humo del tabaco indirectamente, esto se debe a que la persona está en presencia de otra que está fumando. Generalmente los fumadores pasivos tienen más riesgo de contraer cáncer que uno activo, particularmente cuando se vive con uno.
*Bro: por si no lo habían oído, es una forma corta de decir Bro-ther = hermano
* Las Raves se caracterizan por ser fiestas ilegales donde se toca música electrónica (principalmente) y suelen organizarse en lugares abandonados o zonas rurales.
* ¡Pudín! ¡Pudín! ¡Tierra del Pudín: ¿Alguien sabe si existe semejante atrocidad?
Discúlpenme, ya me mudé y empecé mis clases así que mi tiempo se ha reducido, ahora ya no puedo hacer un capítulo diario, lo hago por pedazos. Agradezco su paciencia.
Gracias por los comentarios, me hacen feliz en medio del estres, ni una semana y ya estoy saturada de trabajo, pero los quiero y les dedico algo de tiempo XD
No hay tiempo para mucho, así que bye bye, cuídense
