Antes que nada me gustaría avisar que, en principio, este será el último capítulo que publique HASTA EL 26 DE JULIO. Justificación: Estoy de monitora en unas colonias hasta entonces y los niños agotan; llego a casa que no tengo fuerzas para comer, menos aún para escribir. Espero que lo podáis entender y no me odiéis demasiado. Dicho esto...
Capítulo 7: Corre como el viento
Beckett no lograba acostumbrarse a la extraña inactividad que se vivía en la oficina abierta del departamento de homicidios. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando las puertas del ascensor se abrieron y, de repente, se encontraba en un pueblo fantasma. Como si le hubiera leído la mente, Castle empezó a silbar la melodía de "El bueno, el feo y el malo", mientras se dirigían hacia la mesa de trabajo de la detective.
La sensación adquirió una dimensión gráfica en el momento en que una hoja de papel, arrastrada por una corriente de aire, pasó volando frente a ellos.
- Vale. Eso, ha sido raro.
- Castle, no empieces.
- ¡Yo! Hemos identificado al misterioso inquilino de la víctima. Se llama Patrick Queen – dijo Esposito, dejando a Castle con la palabra en la boca y pasándoles una foto.
- ¿Está fichado?
- No sólo eso – intervino Ryan –. Salió la semana pasada después de pasar tres años en la cárcel por falsificar tarjetas de crédito
- Ya sabemos por qué la víctima lo registró con un nombre falso – dijo Castle –. Aunque le habría pegado más Lannister, o Frey…
- ¿Dónde podemos encontrarlo? – le cortó Beckett
- Creía que nunca ibas a preguntarlo – dijo Esposito –. Trabaja de basurero en la zona de Two Bridges
- Eso está misteriosamente cerca de dónde encontraron el cuerpo de Mark Stevens – dijo Castle, alzando las cejas de forma sugestiva –. ¿No sería una terrible casualidad que hubiera estado por ahí cuando mataron la víctima?
- Sólo hay una forma de averiguarlo. – sentenció Beckett, justo antes de pegar la fotografía de Queen en la columna de "sospechosos".
Beckett y Esposito aparcaron sus coches en puntos opuestos de Two Bridges para empezar a peinar la zona en busca de Patrick Queen. El nombre del barrio venía dado porque se encontraba entre el puente de Brooklyn y el Manhattan Bridge. Así, la detective y Castle partieron de Henry St. con Market St., en dirección suroeste; mientras Ryan y Esposito hacía lo propio desde la esquina de South St. con la F. Wagner, en dirección nordeste.
La proximidad tanto de Chinatown como de los muelles, combinada con la bruma que se alzaba a primera hora de la mañana, obligaba a Rick y Kate a taparse la nariz. El hedor que contaminaba el aire lo hacía difícil de respirar sin que alguna arcada acudiera a su garganta. Compadeciendo a todo ser viviente que le tocara trabajar en aquel lugar, detective y escritor deambularon durante varios minutos por las calles de Two Bridges en busca de su sospechoso, sin ningún éxito.
- Está sonando tu móvil – dijo Castle
- Lo sé
- ¿Es que no vas a cogerlo…? Oh, ya entiendo… – dijo el escritor, dejando escapar una sonrisa
- ¿Qué?
- Te estás escondiendo de Meredith
- No es verdad – respondió Beckett, desviando la mirada.
- ¿Y por qué no le coges el teléfono?
Negándose a contestar la pregunta, Beckett apresuró el paso al doblar la esquina de Montrose St. con la intención de dejar atrás a Castle y no tener que soportar la sonrisa burlona que le estaba dedicando. Pero la detective no pudo ir muy lejos. Se encontraban frente a la entrada principal del colegio Saint James y las clases estaban a punto de empezar. Como consecuencia, un mar de alumnos, vestidos con el uniforme reglamentario que avanzaban con paso resignado hacia el interior del edificio, la detuvo.
- Atrapada por la campana – bromeó el escritor, situándose de nuevo a su lado.
Antes de poder darle la respuesta mordaz que tenía preparada, Beckett distinguió una figura que, si bien vestía de uniforme, no era un alumno del colegio. Al otro lado de la marabunta estudiantil, un hombre pálido y delgaducho, equipado con el típico traje reflectante de los basureros, barría las colillas que los fumadores precoces acababan de tirar a la acera.
- ¿Patrick Queen? – inquirió la detective en voz alta, llamando la atención del barrendero – Policía de Nueva York, queremos hacerle unas…
Antes de que pudiera terminar la frase Patrick echó a correr calle abajo, dejando sus utensilios de basurero olvidados tras de sí. Maldiciendo para sus adentros, Beckett inició la persecución, sin tiempo para preocuparse de si Castle podía seguirle el ritmo.
Cuando hubo dejado atrás el grupo de alumnos del St. James, Kate empezó a recortar distancias con Patrick, cuya estancia en la cárcel no le había proporcionado el cuerpo atlético que uno podría haber esperado. Sin detener su carrera, avisó a Ryan y Esposito por radio de que Queen estaba corriendo en dirección al Coleman Square Playground, para que pudieran cortarle el paso desde el sur.
En un intento desesperado por obstaculizarle la carrera, Patrick volcó algunas de las sillas que había en la terraza de la cafetería CC, justo antes de doblar por Market Street. Beckett las esquivó con agilidad y siguió corriendo tras su presa. Haciendo exactamente lo que la detective había predicho que haría, Queen saltó los setos que separaban el Coleman Square de la acera y empezó a cruzar el campo de beisbol que lo ocupaba a la carrera.
Cuando se encontraba a pocos metros del pequeño bosque urbano que se abría ante él, Queen echó la vista atrás para comprobar que la distancia que lo separaba de Beckett se había reducido exponencialmente. Gracias a este gesto, no vio como Ryan y Esposito se plantaban frente a él, con la respiración entrecortada debido a la carrera. Cuando devolvió la vista al frente, Patrick Queen se encontró con los cañones de sus pistolas apuntándole directamente al pecho.
Viendo que sus posibilidades de escapar se habían visto reducidas a cero, el exconvicto decidió detenerse y bajó la cabeza con resignación mientras Beckett lo esposaba con las manos a la espalda y le leía sus derechos.
- ¿Dónde está Castle? – preguntó Ryan
Bajo la luz del fluorescente que iluminaba la sala de interrogatorios la piel de Patrick Queen parecía todavía más pálida. Las bolsas que colgaban bajo sus ojos indicaron a la detective Beckett que su interrogado no había pasado una buena noche. Su postura en sobre la silla era la de una persona abatida, que había perdido las ganas de vivir. Derrotada. Si no hubiera sido porque era el principal sospechoso del asesinato de Mark Stevens, Kate habría sentido pena por él.
Así, sin dejar que las impresiones causaran efecto alguno en ella, Beckett se enfundó en su traje de profesionalidad para cruzar la puerta de la habitación con férrea determinación. Siguiendo el ritual estándar, se sentó frente a Queen y abrió su expediente. Mientras tanto, en la sala de observación, Castle estaba siendo sometido a otro tipo de interrogatorio.
- Vamos Castle, dinos que te ha pasado – decía Ryan, incapaz de ocultar su burlona sonrisa
- No quiero hablar de ello – respondió Castle de forma tajante, antes de dar un largo trago de agua fría.
El escritor presentaba un aspecto bastante desastroso. El tupé estudiadamente desordenado con el que se había presentado en la comisaría apenas una hora antes se había convertido en un amasijo de mechones sudados. A pesar de que había pasado por los vestuarios para secarse el sudor de la frente con una de las toallas de Beckett, las ronchas que se habían dibujado en la camisa bajo sus axilas no mentían.
- Tienes que ponerte en forma hermano – dijo Esposito, ganándose una mirada fulminante por parte del escritor.
- ¿Qué tal si nos centramos en el interrogatorio?
