- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato, en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.



"Traición en Nerima"

* * *

Capítulo VII

"Padre e hija"

La tensión se sentía en el ambiente. Allí se encontraban las tres personas intentando reaccionar ante la sorpresa de un importante secreto desvelado.

Ranma fue el primero en salir del letargo en el cual parecía haber caído. Avanzó hacia el interior de la cocina de la casa Tendo de forma decidida y con ambos puños apretados, tratando de contener sus emociones dentro de su agitado corazón.

-Kasumi –dijo con un tono de voz duro y temeroso a la vez-. Por favor contéstame. Dime si lo que escuché es cierto, ¿ella tuvo una hija?

-Ranma, es mejor que…

La frase que había comenzado a decir Tofú fue interrumpida por la dulce voz de su esposa.

-No Ranma –dijo Kasumi controlando al máximo su nerviosismo-. La pequeña que vive con Akane es su hija adoptiva –mintió Kasumi.

Recordando la advertencia de su hermana menor, era mejor decirle a Ranma la mentira que había inventado ésta, ya que si Akane se enteraba que su mayor secreto había sido descubierto por el padre de su hija, jamás la perdonaría y lo que era aun peor, tal vez verdaderamente pondría en peligro la existencia de su sobrina.

La joven mujer suspiró profundamente y siguió con su relato, ante la atenta mirada de su cuñado y la incredulidad que reflejaba el semblante de su esposo.

-Es la hija de su difunto esposo. Cuando él falleció, la pequeña tenía sólo meses y Akane se ha hecho cargo de ella hasta el día de hoy. Sabes que Akane es una buena persona y no tuvo inconvenientes en encariñarse con la niña y convencerla de que era su verdadera madre.

El joven la observaba no del todo convencido con aquella extraña historia. ¿Sería cierto aquello? Por otro lado, Kasumi no se caracterizaba por ser una persona mentirosa, mucho menos estaría inventando una absurda historia como aquella. Esa era una característica más propia de Nabiki.

-Hum –fue la escueta respuesta del chico-. ¿Y su verdadera madre?

-Murió al momento de dar a luz –contestó Kasumi.

-Eso ya no es muy común –comentó el joven de la trenza con suspicacia.

-No, ya no lo es –intervino Tofú, tratando de ayudar a su esposa en tamaña mentira-, pero un mal procedimiento en un nacimiento o una descompensación cardíaca de la madre al momento del parto, y los médicos tienen que optar.

Luego de un momento de silencio en el cual los tres se estudiaban con detenimiento, Kasumi continúo hablando.

-Verás Ranma, papá se encuentra muy deprimido y pienso que si logro que Akane le presente a su nieta, él se recuperará. Conocer a la niña le servirá de terapia.

-¿Y piensas que ella aceptará, después de todo lo que el señor Tendo le hizo? –dijo Ranma con dureza.

-¡Ranma!

-Todos le hicimos daño Kasumi, es justo que paguemos –dijo el joven.

-¡Y por eso debo dejar que mi padre muera! No me parece justo ni con él, ni con Akane, ni conmigo. Sería mucho mejor que él se dedique a demostrarle que se encuentra arrepentido y que necesita su perdón.

-¡Y crees que tu hermana está dispuesta a perdonar! –estalló el chico.

-¿Hiciste el intento, Ranma? –preguntó Tofú-. ¿Le preguntaste a tu prometida si tenía intención de perdonarte?

-No fue necesario, lo vi en sus ojos. Ella no tiene la más mínima intención de perdonarme. Ni a mí, ni a nadie.

-Ten cuidado Ranma, puedes estar equivocado y...

-No, te aseguro que no estoy equivocado Tofú, pero eso no quiere decir que yo no intente luchar por conseguir su perdón y también su amor.

-Ranma, eso quiere decir que tú...

-Yo lucharé por recuperarla Kasumi, tu hermana fue lo único importante que he tenido en mi vida y lo seguirá siendo, aunque para ella yo no sea más que una basura -dijo dándose media vuelta para salir de la cocina-. Me voy a casa.

-Hasta mañana Ranma.

-Hasta mañana.

Cuando la pareja quedó finalmente sola, guardaron un momento de silencio. Kasumi suspiró audiblemente y su esposo la rodeo con uno de sus brazos.

-¿Crees que él creyó lo que le dijimos? –preguntó Kasumi casi en un susurro.

-No lo sé. Ranma no es tonto y si se siente inquieto, comenzará a averiguar por sus propios medios.

-Espero que Akane no se enfade con mi imprudencia –dijo Kasumi con angustia.

-Y yo espero que decida decirle la verdad a Ranma pronto. El tener a Maya en secreto y ocultársela a su padre no es justo ni con la niña, ni con Ranma.

Y el buen doctor Tofú tenía toda la razón, Ranma sospechaba que Kasumi no le había dicho toda la verdad respecto a la hija de Akane. Muy en el fondo de su corazón, presentía que algo no andaba bien y quería averiguar qué era aquello, pero esperaría el momento justo. Si realmente quería recuperar a su prometida, debía hacer las cosas bien y no apresurarse.

Con esa firme decisión, se dirigió a su casa. Trataría de conversar con su padre para averiguar las verdaderas intenciones del señor Tendo y entonces, tal vez, intentaría ayudar en algo.

Pero lo que no imaginaba siquiera era que al llegar a su casa, su madre le iba a entregar un sobre sin remitente que alguien había deslizado por debajo de la puerta, el cual contenía una escueta carta en donde lo citaban para que al día siguiente se presentara en el parque cercano a medio día.

Entonces, el joven artista marcial se convenció de que con la vuelta de Akane, las viejas heridas que él creía olvidadas se abrirían nuevamente.


-¡Qué! –fue la para nada tranquila exclamación que brotó desde el fondo de su ser cuando se enteró de lo que había sucedido-. No puede ser… ¡Cómo pudieron! –les culpó, regalándoles una fría y enfurecida mirada.

-No quisimos hacerlo, él nos escuchó por casualidad, Akane.

-¡Kasumi! ¡Les dije que tuvieran cuidado! ¡Les dije que nadie debía saber la verdad sobre mi hija, mucho menos tu cuñado!

La joven de cortos cabellos azulados se paseaba de un lado a otro, tratando de controlar sus emociones.

Su hermana y el esposo de ésta, habían concurrido a su casa muy temprano a comunicarle un par de problemas que habían surgido el día anterior en la casa Tendo.

Akane se había preocupado un poco con el relato que su hermana mayor le había hecho del supuesto sepukku que quería realizar su padre, pero nunca se imaginó que su secreto, aquel que ella había confiado con tanta reticencia a su hermana mayor, hubiera sido descubierto por la persona menos indicada.

Eso no podía estar sucediendo, Ranma no podía enterarse de la existencia de Maya, no todavía.

Kasumi la observaba desconcertada, jamás en su vida había visto actuar a su pequeña hermana de aquella manera tan agresiva.

-Kasumi no quiso revelar aquel secreto Akane, fue un accidente que él llegara justo en el momento en que hablábamos de Maya y…

-¡Tofú! –le interrumpió ella-. ¡Conoces a Ranma!, ¿crees que se quedará tranquilo con lo que ustedes le dijeron?

-Bueno, es lo que tu misma pensabas decirle ¿no?

-Sí, pero a mí me hubiese creído de inmediato.

-¿Y por qué piensas que a nosotros no? –preguntó su hermana con inocencia. Akane les observó con sarcasmo.

-"Porque simplemente ustedes no saben mentir y nadie les creería una mentira así"-pensó, luego exhaló un profundo suspiro.

-Bueno, ya no podemos hacer nada. Será mejor que me prepare para enfrentarme con él.

-¿Piensas seguir con la mentira? –preguntó Tofú.

-Hasta donde pueda hacerlo, sí –contestó Akane-. Me parece la mejor opción y seguiré sosteniéndolo.

Kasumi la observó reprochando sus palabras.

-No me parece la mejor opción Akane. Dices que Maya puede correr peligro, bueno si es así, creo que Ranma sería su mejor defensor, siempre y cuando supiera que es su hija.

-Ya basta Kasumi, él no conocerá la verdad, al menos no todavía y se acabó.

-Pero…

-Pero nada Kasumi. Iré a ver al señor Tendo esta tarde y… llevaré a Maya conmigo. Pero si no logro convencerlo para que no cometa una estupidez, ya no será mi problema.

-¡Irás con la niña! –exclamó su hermana con evidente entusiasmo.

-Sí, es hora de que conozca a su familia.

-¡Oh, Akane, eso es maravilloso! –dijo Kasumi, acercándose para abrazar a su hermana.

-Sí –contestó la joven de cortos cabellos con poco entusiasmo.

Ambas hermanas se observaron por un instante. No tenían mucho más que hacer por ahora, sólo esperar y rogar para que todo resultara bien.


El parque se encontraba en calma cuando él llegó. Buscó con la mirada por los alrededores hasta que descubrió la silueta conocida de aquel joven que hacía tanto tiempo, no veía.

Se acercó con paso decidido e impaciente por conocer las intenciones que aquel viejo conocido había tenido para citarlo en aquel lugar.

Cuando estuvo a escasos dos metros de distancia, el joven que permanecía sentado en uno de los bancos del parque, levantó la mirada y sonrió con desgana.

-Llegas puntual.

-¿Qué quieres Mousse?

-Tranquilo Saotome, no eres el único que debe escuchar lo que tengo que decir –contestó el chico pato, escrutando con la mirada el resto del parque.

-¿Escuchar qué? –preguntó Ranma con impaciencia.

Mousse le dedicó una mirada inquieta a su interlocutor. Allí, en frente suyo permanecía Ranma Saotome, con un semblante de disgusto, brazos cruzados al pecho y aquella mirada de arrogancia que él tan bien recordaba. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se habían reunido? ¿Cuánto habían cambiado sus vidas desde que habían hecho aquel acuerdo tácito de alejarse lo más posible unos de otros? ¿Cuántas veces había pensado en qué sucedería si volvieran a reunirse ellos, los locos amigos de Nerima?

-Contesta Mousse –el chico de la trenza, aquel arrogante y vanidoso artista marcial interrumpió sus pensamientos.

-Comienzan a llegar –dijo por toda respuesta, con un tono de voz muy serio.

Ranma siguió con sus ojos la mirada de Mousse, en su semblante apareció una mueca de disgusto al reconocer a una exuberante mujer de larga cabellera púrpura.

-Escucha Mousse –dijo Ranma frunciendo el ceño-. Si me citaste aquí para conversar sobre el pasado de ustedes dos pierdes tu tiempo, yo no tengo nada que ver, ni tuve nunca nada que ver con ella.

-El egocéntrico artista marcial de la trenza –contestó Mousse con ironía-. ¿Sigues pensando que el mundo gira en torno tuyo?

Ranma gruñó un par de palabras incomprensibles para su anfitrión. En tanto, Shampoo ya estaba muy cerca del lugar en donde los jóvenes se encontraban.

-Hola –saludó la amazona con poco entusiasmo.

Se sentía incómoda, podía notar que para ninguno de los tres aquella reunión resultaba agradable. Allí frente a ella se encontraba el que había sido su amor de adolescente y el que era su amor verdadero. ¿Cómo habían llegado a eso? ¿Cuándo se había formado aquella barrera invisible pero tan sólida entre ellos?

-Mousse, no tengo mucho tiempo, así que si lo que me tienes que decir es importante...

-Saotome, paciencia -le interrumpió el joven chino-. Solo falta que... Ah, ya llegan.

Ranma y Shampoo voltearon sus cabezas para observar en la dirección en la que Mousse miraba y descubrieron que quienes se acercaban pausadamente tomados de la mano eran Ryoga y Ukyo.

El primero se sorprendió de verlos a todos reunidos y esperando pacientemente. La segunda, tensó su cuerpo y un ligero tinte rosa tiño sus mejillas. Aquello no pasó desapercibido para una mirada tan sagaz como la de la amazona.

-"Todavía le quiere" –pensó nada más observar la reacción de su ex–rival- "Ilusa, él jamás volverá a sentir cariño por ninguna de nosotras, a excepción de Akane, claro".

-Bien, ahora ya estamos todos reunidos –dijo Mousse, saludando con un gesto a los recién llegados.

-Yo me largo –dijo Ranma con un tono de voz frío y duro.

-Ranma, espera. Lo que tengo que decirles es importante.

-¿Y era necesario citarnos a todos? ¿Era necesario volver a ver a este imbécil y estas pe...?

-¡Ten cuidado con lo que vas a decir Ranma! –interrumpió Ryoga con la voz en grito, mientras se acercaba al chico de la trenza.

-¿Qué, vas a defender lo indefendible?

-Ranma, Ryoga, si los cité aquí fue para comunicarles algo importante, no para pelear por viejas rencillas.

Todos guardaron silencio por unos instantes. Nadie se sentía totalmente a gusto en presencia del otro y la tensión era evidente.

-Akane habló conmigo –dijo de pronto Mousse, los demás lo observaron con atención-. No sé cómo lo hizo pero ella... Tiene la cura para las maldiciones de Jusenkyo.

-¡Qué! –exclamaron Shampoo y Ryoga al unísono.

Ranma permaneció en un obstinado silencio, apoyó su espalda en el tronco de un árbol cercano y cruzó sus brazos al frente. Ukyo también se quedó en silencio, sólo observando las reacciones de todos los allí reunidos.

-Es verdad. De alguna forma que desconozco, ella posee la solución a nuestros problemas.

-¿Cómo sabes que es verdad? –quiso saber Shampoo.

Mousse la observó con una sonrisa melancólica en sus labios, luego sacó del interior de su túnica china una botella con lo que parecía ser agua, la abrió y vertió su contenido sobre su cabeza. Ante el estupor de todos los allí reunidos, la transformación no se realizó.

-El efecto del 'antídoto' que me obsequió dura una semana, el que ella guarda con celo dura toda la vida –dijo con seriedad-. Para obtenerlo, tengo que averiguar quién fue la persona que asesinó a su amiga hace siete años atrás.

-¡Otra vez con lo mismo! –exclamó Ukyo-. ¡Ninguno de nosotros sabe absolutamente nada Mousse!

-¿Cómo estás tan segura? –preguntó Ranma mirando hacia un punto no determinado en frente suyo-. ¿Puedes asegurar que ninguno de nosotros tuvo algo que ver?

-¿Me estas culpando Ranma? –dijo Ukyo apenas conteniendo las lágrimas que amenazaban con caer.

-No, pero no puedes hablar por todos ¿no?

Silencio nuevamente, todos sumergidos en sus propios pensamientos, en sus propios recuerdos de un pasado que compartían y que odiaban.

-Yo me largo Mousse –dijo Ranma con aspereza.

-¿No te interesa conseguir la cura para tu maldición? –quiso saber el joven de larga cabellera.

-No, dejó de importarme el día en que me hicieron perder lo que realmente me hacía feliz y me daba paz.

Ranma iba a retirarse cuando pudo escuchar el ácido comentario de Ryoga.

-Cuenta conmigo Mousse –dijo el joven de la pañoleta-. Realmente no me importa la cura para mi maldición, lo que sí me importa es ayudar a Akane más que a nada en el mundo.

Ranma se detuvo en el acto y miró de forma despectiva a su ex–rival por sobre su hombro.

-Eso debiste pensarlo cuando participaste en esa mierda de plan P-chan.

-¿Acaso me culparás por toda la vida de tu cobardía al abandonarla a su suerte?

Ranma se dio media vuelta y enfrentó a Ryoga. El joven de la pañoleta sintió su sangre congelarse al ver la mirada de odio y desprecio que le regalaba el chico de la trenza.

-Todos ustedes saben por qué la abandoné, todos ustedes saben quiénes fueron los culpables de nuestra separación y todos ustedes saben que yo jamás la hubiera dejado sola de no ser por tu culpa Ryoga –dijo Ranma acercándose al joven de la pañoleta-. Tú, tu esposa, esta amazona, la loca gimnasta y la pérfida Nabiki arruinaron nuestras vidas, arruinaron nuestro futuro y lo que es peor, destruyeron a la Akane que conocíamos. Yo pude haber sido un cobarde Ryoga, pero tú y tus cómplices fueron y son una escoria de la peor clase.

-Por lo menos tengo la intención de ayudarla –rebatió Ryoga.

-¿Por qué? –preguntó Ranma, arqueando una ceja mientras se acercaba cada vez más a su ex–rival.

-¿No lo sabes? ¿No puedes imaginarlo? –contestó Ryoga con una media sonrisa en su rostro.

Fue todo lo que le bastó escuchar a Ranma para tomar a Ryoga del cuello de su camisa y estrellarlo contra el árbol que anteriormente le había servido de apoyo. Ukyo y Shampoo observaban la escena asustadas, sin atreverse a intervenir. Ranma parecía furioso y a punto de desatar aquella furia en contra de quien se cruzara en su camino. Mientras tanto, Mousse, quien se había puesto de pie, hacía todos sus esfuerzos por separar la mano de Ranma que en ese momento presionaba con intensidad el cuello de Ryoga, sin que éste hiciera nada por defenderse.

Ranma acercó su rostro al de Ryoga y con una calma y frialdad pocas veces antes vista en el chico de la trenza, comenzó a hablarle en un susurro.

-Ella es mía P-chan, lo fue y lo será. Eres un hombre casado y con un hijo, así que cuídate mucho de hacer alguna tontería porque esta vez no tendré piedad. Hace siete años atrás, pude acabar contigo, lo sabes. No me obligues a hacerlo ahora. Aléjate de ella y no pienses siquiera en volver a contar con su amistad, porque si te veo rondar cerca de ella... Te mato.

Ranma soltó a Ryoga y se apresuró en alejarse de aquel lugar, ante la atónita mirada de las tres personas que habían presenciado aquella escena.

-¿Estás bien? –se apresuró en preguntar Ukyo, mientras se acercaba a su esposo rápidamente.

-Sí –logró articular él con dificultad.

-¿Qué fue lo que te dijo? –preguntó su esposa con preocupación.

-Nada importante –contestó Ryoga, tocándose el cuello.

Mousse se ajustó los anteojos y continuó hablando.

-Bien, creo que Ranma no está interesado. ¿Qué me dicen ustedes?

-Mousse, tú sabes que yo no recuerdo nada de lo que sucedió aquel día y...

-Cuenta conmigo Mousse –interrumpió Ryoga a la amazona, observando la lejana silueta de Ranma alejarse del lugar-. Yo descubriré qué fue lo que sucedió ese día.

Los cuatro se observaron en silencio y luego, se alejaron del lugar. Cada uno tomando una dirección diferente.

No era fácil un encuentro semejante, sobre todo por la culpa y la sospecha que constantemente pendía sobre sus cabezas.


Tomó una gran bocanada de aire y avanzó con paso decidido por el camino de piedra. A su lado, una inquieta niña se aferraba a su mano mientras observaba todo su entorno con creciente curiosidad.

Al llegar a la puerta principal, golpeó con fuerza. La puerta se abrió con suavidad, dejando ver tras de ella el semblante siempre sereno y cándido de su hermana mayor.

-Akane –dijo la mujer de larga cabellera castaña.

-Hola Kasumi –contestó su hermana con una imperceptible sonrisa en sus labios-. Hermana, quiero presentarte a Maya.

Kasumi bajó la mirada y pudo observar a la niña que permanecía tomada de la mano de su madre. No pudo contener la emoción y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

-Hola Maya, ¿cómo estás?

-Bien –contestó la pequeña con una espléndida sonrisa en los labios.

Kasumi se encontraba cautivada por aquella niña. Era una niña menuda, delgada, de cabellos negros y largos hasta los hombros, su piel era blanca y sus mejillas sonrosadas. Viéndola detenidamente, no se parecía mucho a ninguno de sus dos padres, más bien era una perfecta mezcla de ambos, pero sus ojos, definitivamente eran iguales a los de su progenitor. El color era el mismo y la expresión que adquirían con cada gesto también. Allí, al verla sonreír con alegría, Kasumi pudo comprobar que la sonrisa de la niña también era una copia exacta a la de su pequeña hermana.

La mujer sonrió con alegría e hizo un esfuerzo por agacharse y ponerse a la altura de la niña.

-Kasumi, no es necesario que...

-Oh, Akane. Déjame darle un abrazo a mi sobrina –le interrumpió Kasumi, extendiendo ambos brazos al frente.

Maya observó dubitativa a la mujer que tenía en frente y luego a su madre, Akane asintió y la pequeña se acercó a su tía, quien la abrazó con fuerza, acariciándole el cabello.

-No sabes las ganas que tenía de conocerte Maya –dijo Kasumi con dificultad, tratando de contener su emoción.

-Yo también quería conocerte tía –contestó la niña-. Desde que mamá me dijo que conocería a mi familia, he estado contando las horas.

-Yo también mi niña –contestó Kasumi, alejándose de la pequeña, para luego ponerse de pie con dificultad-. Pasen por favor.

-Gracias Kasumi.

Akane, quien había guardado silencio ante la escena que se había desarrollado ante sus ojos, no pudo evitar la emoción que embargaba su corazón en aquellos momentos.

Primero estaba el hecho de presentar a su hija con su familia, luego el ingresar después de siete amargos años a la que había sido su casa.

Observó todo con curiosidad, nada había cambiado en aquel lugar, todo seguía igual y ella sintió como una ola de recuerdos se agolpaban en su mente y corazón.

-Supongo que vienes a hablar con papá –dijo Kasumi, sacando a Akane de sus cavilaciones.

-Sí, ¿dónde se encuentra?

-En su habitación, no ha querido salir de allí desde ayer.

-Bien. Kasumi ¿te puedes encargar de Maya mientras voy a hablar con él?

-Por supuesto Akane.

-Yo iré a hablar con una persona Maya, quédate con tía Kasumi y pórtate bien ¿si? –su hija sonrió.

-¿Irás a hablar con el abuelo? –preguntó con inocencia, ambas mujeres se miraron por unos segundos, luego, la joven de cortos cabellos azulados asintió.

-Sí Maya, iré a conversar con él.

Akane suspiró y dirigió sus pasos rumbo a la habitación de Soun Tendo. Atrás quedó su hija y su hermana conversando como si siempre hubiesen estado juntas.

-¿Quieres un panecillo Maya?

-¿Pueden ser dos? –preguntó la niña traviesamente.

Kasumi y Maya soltaron una risotada al unísono, lo que provocó una sonrisa en el rostro preocupado de Akane.

Cuando la última llegó al frente de la puerta de la habitación de su padre, un nuevo suspiro escapó de sus labios y luego golpeó la puerta.

-Déjame solo Kasumi, no necesito nada por ahora –se escuchó la masculina voz del otro lado de la puerta.

Akane no hizo caso de la advertencia y abrió, ingresando a la habitación con cautela. Ésta se encontraba en penumbras y su padre estaba sentado de espaldas a la puerta en una posición meditabunda.

-Kasumi, estoy ocupado y...

-No soy Kasumi –le interrumpió Akane, cerrando suavemente la puerta.

El hombre de largos cabellos abrió los ojos de golpe y sintió que su corazón se paralizaba al escuchar la voz de su hija menor. Lentamente y con temor, giró su rostro hasta descubrir la silueta de su hija de pie, atrás suyo.

-¿Akane? –preguntó con incredulidad.

-Sí, soy yo –dijo la chica mientras avanzaba por la habitación hasta llegar a la ventana para abrir las cortinas. Cuando lo hubo hecho, se giró y enfrentó a su padre.

La mirada de él reflejaba una mezcla de estupor y temor; la de ella, decisión y reproche.

-Vine porque Kasumi está desesperada, piensa que en cualquier momento puede cometer una locura y yo no quiero que me culpen de otra muerte –dijo con una frialdad que su padre jamás había creído posible en la dulce niña que era su hija menor-. Será mejor que deje la idea de cometer sepukku de una buena vez y para siempre.

-Es la única forma en que podré sentirme tranquilo, librándote a ti y a Kasumi de un padre tan desalmado –contestó Soun, con la mirada fija en el suelo.

Akane se arrodilló en frente de su padre, sentándose sobre sus talones y lo observó con lástima.

-Si se quita la vida no conseguirá más que mi desprecio y será el culpable del dolor de Kasumi.

-Si tan solo pudiera retroceder el tiempo Akane, si pudiera borrar el pasado...

-Eso es algo que no se puede hacer –contestó ella, mientras giraba su rostro para mirar por la ventana-. Padre...

Aquella palabra resonó como un canto celestial en los oídos del señor Tendo, pero para Akane, el decirla se había transformado en lo más difícil que había dicho en su vida.

-Padre –repitió la chica-, yo he pasado por muchas dificultades. A mis veinticinco años he sufrido lo que muchas personas no sufren en toda una vida y todo por rencores, envidias y odios de terceras personas. Pero a pesar de todo lo que he tenido que soportar y vivir, mi corazón no puede sentir odio por quienes me hicieron daño. Me duele recordar las palabras con las que me dejó en aquélla prisión hace siete años, jamás pensé que mi propio padre me quitaría su apoyo y me haría tanto daño, pero a pesar de todo, yo pude sobreponerme, comprender y hasta perdonar. No haga que me arrepienta de aquello, no haga que mi corazón conozca el odio por su progenitor, porque si se quita la vida, pensaré que mi padre es un cobarde que teme enfrentarse a la vida que tiene por delante, que teme reconocer sus errores, que teme pedir perdón y que teme volver a intentar recuperar a la familia que una vez perdió.

Su padre la observaba derramando abundantes y silenciosas lágrimas. Su niña le estaba dando una oportunidad, le decía que debía intentar recuperar su cariño y que lo odiaría si no lo intentaba.

El hombre se derrumbó en las piernas de Akane, abrazándose a sus rodillas con desesperación. La chica lo observaba con compasión, titubeó un momento y luego posó su mano derecha en la cabeza de su padre. Soun comenzó a llorar con mayor angustia al sentir el tacto de su hija sobre sus cabellos.

-Perdóname... Perdóname Akane... Por favor...

-Ya le dije que yo ya perdoné lo que me hizo, pero aún me duele el recordar sus palabras y duele mucho. Es una espina que llevo clavada muy profundamente en mi corazón, si quiere que esa espina desaparezca, siga con vida y demuéstreme con hechos concretos que usted no merece mi olvido y mi desprecio.

-Lo haré –dijo Soun levantando su rostro-. Haré todo lo que me pides. ¿Puedo... abrazarte?

Ella dudo por unos segundos, luego asintió.

-Puede.

El señor Tendo se lanzó a los brazos de su hija. Ella, aunque un poco confundida, correspondió a aquel abrazo muy lentamente y dejando escapar un suave suspiro.

-Ahora debe dejar de llorar y reponerse, quiero presentarle a alguien –dijo separando a su padre de sí.

-¿A quién? –contestó Soun, secándose las lágrimas.

-Tengo una hija padre, es mi hija adoptiva, pero aun así es como si fuera propia. Quiere conocerlo y quizá convertirse en un nuevo motivo para que deje de lado esa idea de quitarse la vida.

-¿Una... una hija?

-Se encuentra con Kasumi. Le rogaría que tratara de componer su semblante y esperarme en la sala, yo iré por ella –dijo la chica poniéndose de pie ante la atenta e incrédula mirada de su padre-. Maya tiene muchos deseos de conocer a su abuelo –terminó de decir mientras salía de la habitación de su padre.

Atrás dejaba a un hombre confundido pero que indudablemente sentía renacer todas sus fuerzas luego de la conversación mantenida con su hija.

-Maya –dijo el hombre para luego sonreír ampliamente, mientras se ponía de pie con la intención de dirigirse al baño a asearse para conocer a su nieta.

Entretanto, Akane ya había llegado a la cocina en donde encontró a su hermana muy atareada con los preparativos para la cena. La joven de corta cabellera ingresó, escrutando con la mirada todo el lugar.

-Kasumi, ¿en dónde está Maya?

-Akane. ¿Hablaste con papá? –contestó su hermana con otra pregunta.

-Sí. ¿Dónde se encuentra Maya? –preguntó nuevamente la joven y aprensiva madre.

-Me dijo que quería conocer la casa y salió al patio. No hace más de diez minutos.

-Iré a buscarla, su abuelo quiere conocerla.

-¿Todo se arregló? –quiso saber Kasumi.

-Todo estará bien hermana, no debes preocuparte más por las tontas ideas de tu padre.

Akane salió al patio después de tranquilizar con sus palabras a su inquieta hermana. Al momento de encontrarse sola en medio del patio de aquella gran casona, los recuerdos volvieron a atacarla. ¿Cuántas veces había correteado por aquel jardín? ¿Cuántas veces había recorrido aquel corredor? ¿Cuánto tiempo sin ingresar al dojo, aquel lugar de entrenamiento que tantos recuerdos le traía?

Avanzó por el corredor buscando con la mirada a su pequeña hija, hasta que escuchó unos gritos y unas voces que provenían justamente del lugar que ella recordaba. Avanzó apresuradamente y vio que la puerta se encontraba abierta.

-Tienes que concentrarte más –escuchó que decía una voz masculina al interior del salón de entrenamiento.

-Para ti es fácil decirlo, eres un experto –contestó la voz de su pequeña hija.

Akane sintió que su corazón dejaba de latir, sus piernas comenzaron a temblar, amenazando con dejarla caer al suelo, así que buscó apoyo en la pared. Llevó su mano derecha a su boca para reprimir un grito de asombro y cerró los ojos.

Debió haberlo previsto, era lógico que algo así podía suceder en una visita al dojo de su padre, pero ella no se sentía preparada todavía para enfrentar aquélla situación.

Pudo distinguir perfectamente las voces de su hija y de su ex–prometido al interior del dojo. La una, reclamándole al maestro por la dificultad de los ejercicios que éste le pedía que realizara. El otro, corrigiendo los errores que la pequeña cometía y burlándose de ella de vez en cuando.

-Yo a tu edad podía dominar esta kata a la perfección.

-Pues yo no puedo, es muy difícil.

-No hay nada difícil si realmente quieres mejorar. No, así no. De nuevo.

-¿Eres así de exigente con tus alumnos?

-A veces.

Akane reaccionó y se acercó a las puertas abiertas del dojo de su padre. Se sintió como una intrusa al observar al interior, pero lo cierto era que allí se encontraba su pequeña niña, siguiendo los movimientos e indicaciones que le daba Ranma.

De pronto se sintió mareada y los recuerdos la envolvieron. Cerró los ojos y se vio transportada a esa misma sala de entrenamientos, la misma luz del atardecer ingresando por las ventanas del dojo, dándole un aspecto acogedor, ella vestida con su raído gi y él con su típica y familiar indumentaria china.

-"Algún día me gustaría entrenar a los niños aquí" –había comentado su entonces prometido, mientras la sorprendía con un golpe.

-"Tendrás tu oportunidad de entrenarles" –había respondido ella esquivando aquel golpe con algo de dificultad y tratando de acertar un golpe en su rostro que él había bloqueado tomando su puño.

-"Me refiero a nuestros niños, Akane".

-"¿Nuestros?" –había contestado ella totalmente sorprendida y olvidando por completo el entrenamiento.

-"Sí, cuando nos casemos, quisiera tener hijos y entrenarlos yo mismo en las artes" –había contestado con convicción, acercándose a su prometida para acariciar su rostro sonrojado.

-"¿Lo dices en serio?".

-"Absolutamente" –había contestado él-. "Sabes que te amo ¿no?".

-"A veces lo olvido" –había dicho ella hipnotizada por aquellos ojos azules, él sonrió.

-"Imagina lo que debe ser entrenar con tus propios hijos, Akane, enseñarles todo lo que sabes y ver cómo día a día se vuelven más fuertes".

-"Sería maravilloso" –había contestado ella.

Las palabras y aquella escena se encontraban tan frescas en su memoria, pero ya volviendo a la realidad, Akane abrió sus ojos llenos de lágrimas apenas contenidas. La emoción de ver a su hija junto a su verdadero padre la embargaba y acongojaba su corazón.

-"Imagina lo que debe ser entrenar con tus propios hijos, Akane, enseñarles todo lo que sabes y ver cómo día a día se vuelven más fuertes".

Las palabras de Ranma repitiéndose una vez más en su cerebro y ella, siendo testigo silencioso de cómo él estaba cumpliendo aquel sueño sin siquiera imaginárselo.

En ese momento, la niña cayó al perder el equilibrio, él rió suavemente.

-¡No te rías! –gritó la pequeña furiosa mientras se ponía de pie.

-Eres torpe –contestó él.

-No es verdad, solo me desconcentré un poco y...

-Maya, debemos irnos –interrumpió su madre desde la puerta del dojo.

Ranma y la niña se quedaron observándola con seriedad.

-Hola –dijo Ranma sintiendo que su corazón parecía desbocarse con tan solo verla allí de pie, a contra luz, con aquel delicado vestido blanco y sus brazos cruzados al frente.

-Hola –contestó Akane.

-Mamá, ¿tú conoces al maestro del dojo? –preguntó la niña, corriendo hacia donde permanecía su madre.

-Sí, lo conozco –dijo la joven mujer con frialdad-. Él es tu tío Maya, Ranma es el esposo de mi hermana Nabiki.

Él, que había permanecido sonriente al centro del dojo, sintió como si le hubiera pasado un camión por encima. La frase había sido una advertencia de que nada había sido olvidado y que ella no le perdonaba su traición.

En tanto Maya, parecía totalmente desilusionada con la afirmación de su madre.

-Oh, ya veo. Entonces, ¿tengo que decirle tío Ranma?

-Sí...

-No Maya –interrumpió el joven con amargura-. Con que me digas Ranma está bien.

La niña lo observó sonriendo y él se sorprendió con la calidez que le trasmitía esa sonrisa. No sabía muy bien por qué, pero aquella niña le transmitía una extraña sensación de paz y sentía que sin conocerla, ya la quería demasiado.

-Maya, ve con tía Kasumi, debo presentarte a alguien más.

-¿El abuelo?

-Sí –contestó Akane.

La niña iba a salir del dojo, pero a último momento se detuvo y retrocedió sus pasos hasta llegar a la altura de Ranma.

-Mucho gusto en conocerte Ranma, espero que puedas seguir enseñándome más cosas –dijo extendiéndole la mano.

Él sonrió, para luego agacharse y así quedar a la altura de la niña, tomó aquella mano y se sorprendió con el abrazo efusivo y el sincero beso en la mejilla que recibió de su sobrina.

-A mí también me gustaría seguir enseñándote algunas técnicas Maya –dijo Ranma observando fijamente a la madre de la niña.

Ésta permanecía impasible, aunque por dentro experimentaba una mezcla de sentimientos, aflicción, ternura, preocupación y temor a lo que pudiera descubrir Ranma.

La niña finalmente se separó y salió corriendo en dirección a la cocina de la casona. Akane iba a seguirla cuando escuchó la voz de Ranma a sus espaldas.

-Tu hija es muy linda.

-Gracias.

-Se parece un poco a ti, sobre todo en el carácter y...

-Escucha Ranma –le interrumpió ella, avanzando para encarar a su ex–prometido-. Maya no sabe que yo no soy su madre verdadera, por eso debo tener mucho cuidado con lo que le digo.

-Entonces es verdad, ella no es tu hija y la de ese misterioso esposo tuyo.

-Por supuesto que es verdad. Maya perdió a su madre siendo una bebé y luego perdió a su padre, pero yo ya me encontraba casada con él, así es que fue muy fácil para mí sentir por ella un cariño verdadero. Te pido por favor que midas todo comentario referente a nuestro pasado en común, basta con que ella sepa que eres el esposo de mi hermana y el maestro del dojo Tendo...

-¿Por qué tanto misterio Akane? –le interrumpió él- ¿A qué le temes tanto?

-Temo que ella se entere de cosas que yo prefiero olvidar.

-¿Qué tipo de cosas? ¿Qué estuviste enamorada de mí?

La mujer sonrió con sarcasmo, pero aquello no hizo más que acrecentar el sentimiento de revancha del artista marcial. Con un rápido movimiento, el joven de la trenza tomó a su presa de ambas muñecas y la acercó hacia él.

-Reconoce que eso es lo que temes Akane, temes que la niña se entere de que amaste a este artista marcial más que a su propio padre, temes que ella se entere que yo te amé con locura y que lo sigo haciendo hasta ahora.

-Suéltame Ranma –dijo ella con la voz temblorosa, muy a su pesar, reconocía que él lograba intimidarla-, suéltame o recibirás otro golpe como el que te di el otro día.

-No me importa si mi recompensa es la misma –dijo él soltando sus muñecas y acercándola a su rostro para robarle un nuevo beso.

Ella trató de soltarse y aplicar la misma técnica anterior, pero él había tomado la precaución de dejar su mano izquierda libre, deteniendo el golpe bajo que ella pretendía darle.

Pero el artista marcial no contaba con que su ex–prometida le engañaría haciéndole creer que correspondía a aquel beso para luego morder su labio inferior con fuerza hasta hacerle sangrar.

Él la soltó de inmediato, dando un grito.

-¡Estás loca! –exclamó Ranma, tocándose el labio ensangrentado.

-¡No vuelvas a hacer algo así Ranma! –contestó ella con la voz en grito-. Tú estas casado con Nabiki. Deja de cometer errores y tonterías que pueden costarte caro.

-¡Crees que me importa tu hermana! ¡Por si no lo sabes, desde el mismo día en que nos casamos estamos separados y ella no encontró nada mejor que mantener una relación con tu antiguo pretendiente! ¡Tu querida hermana se revuelca hace años con Kuno!

Sí, ella lo sabía, pero no por ello le iba a perdonar a él así como así. Akane se dio media vuelta para salir del lugar, él la observaba con el ceño fruncido.

-Por supuesto que sé lo de Nabiki y Kuno, pero yo ya no guardo ningún sentimiento por ti.

-¿Estás segura de lo que dices, Akane? Porque yo no te creo nada.

-Definitivamente no cambiaste nada, sigues siendo el engreído de siempre ¿no?

-Así me quieres –contestó él.

Ella no contestó y se dirigió rápidamente a la salida del dojo. Dentro del lugar de entrenamiento, Ranma seguía limpiando su labio ensangrentado, mientras se formaba una sonrisa irónica en su semblante y sus ojos adquirían un intenso brillo.

-"Digas lo que digas, aún me quieres Akane y yo lucharé por recuperarte" –pensó el artista marcial-. "Tú hija me ayudará a acercarme a ti. Además, hay algo muy extraño en todo ese asunto, algo que ocultas y que yo descubriré".

El joven avanzó con decisión para cerrar las puertas del dojo y sentarse a meditar con posterioridad.

Una hora después y cuando ya anochecía en Nerima, Akane y su hija se despedían en las puertas del dojo Tendo de Kasumi, Soun y Tofú, para dirigirse a su casa, después de una tarde cargada de emociones.

Pero la escena familiar era observada atentamente por una cuarta persona que permanecía oculta tras el muro de una casa vecina.

-"Así que... Finalmente conozco a su hija. Menuda como ella, pero aguerrida como él, a simple vista, una buena combinación" –se dijo para sí-. "Ya fue presentada con su familia, sólo me pregunto si les dijo la verdad, aunque no lo creo. No es tan tonta".

Suspiró cansadamente y pudo observar cómo la chica de cortos cabellos comenzaba a alejarse, avanzando por la calle tomada de la mano de su pequeña hija. La familia ya se había retirado al interior de la casa, por lo que consideró que también debía retirarse, pero sus pies no le permitieron avanzar al ver al joven artista marcial de la trenza salir del dojo Tendo.

-"Ranma" –dijo en su interior.

Luego vio que la niña giraba su cabeza y sonreía a la vez que con su mano hacía un gesto de despedida al joven de la trenza, gesto que él no tardó en corresponder.

-"No puede... Me dijo que él no lo sabía y... –se interrumpió y su semblante cambió del asombro experimentado en un principio a un profundo rencor-. No, debe haber ocultado su existencia, tiene que haber ocultado que es hija de él. Ella no la expondría de una forma tan estúpida".

Un profundo suspiro escapó de sus labios, para luego retroceder rápidamente escondiéndose aún más. Ranma comenzaba a caminar en su dirección y no era prudente encontrarse con él, no después de lo que había sucedido en la reunión de aquella mañana, no después de lo que había observado, no después de encontrarse a punto de tomar la drástica decisión de ayudar una vez más a su cómplice, como lo había hecho hacía siete años atrás.


1.-Hola!... Lo sé, lo siento, dije que no iba a tardar tanto en actualizar. Lo cierto es que he estado con mucha pereza estas últimas semanas, en todo orden de cosas y bueno, las actualizaciones también sufren las consecuencias de mis ganas de no hacer nada. Pero ya estoy de vuelta y con energías renovadas, ja!

2.-Bueno, ya se dieron cuenta de que Akane seguirá tratando de engañar a Ranma, hasta cuándo podrá hacerlo... veremos.

3.-Agradezco enormemente a quienes me alientan a seguir con el proyecto, gracias por tomarse la molestia de escribirme su opinión.

A Nia06, Paola, Yram (Bueno, Ranma no se enteró de la verdad... todavía. Quizá sea algo ingenuo el hacer que crea en una mentira tan básica, pero, el chico tiene sospechas, así que no se quedará tranquilo. Los cómplices, paciencia, pronto espero revelar la identidad de al menos uno de los implicados. Y es cierto, llevar tres proyectos tan distintos en paralelo es un poco complicado, pero ese era justamente mi desafío y creo que lo estoy logrando. ¡Gracias por tu apoyo!), Orochi (Como siempre, gracias por tus palabras, espero que te siga gustando esta historia. Bueno, poco a poco se va aclarando el panorama o complicando, depende de cómo se mire ¿no? Ya sabemos que Soun no cometerá el sepukku y es que quise darle la oportunidad de recuperar a su hija, ahora, que ella realmente lo perdone... En fin, gracias por seguir leyendo lo que escribo), Mya23, katsensei, Sele, Ranmamaniaca, Sofi, Nahia, lerinne, IramAkane y KohanaSaotome, muchísimas gracias de todo corazón.

4.-Nos encontramos pronto, que estén muy bien.

Es todo por ahora, cuídense mucho y buena suerte!

Madame De La Ferè - Du Vallon.