Notas de la Autora.
Dedicado a todos mis lectores que aman a Aioros, y que tan pacientemente han aguardado (¡Lamento de todo corazón tanta demora!), pero en especial, esto va para Charm'n'strange, pues su esfuerzo por leerme no tiene igual, y no hay nada con lo que le pueda acabar de agradecer que se haya puesto a aprender español con mis palabras.
¡Ojalá les guste!


Capítulo 7

Detrás de la Leyenda

Hades fue derrotado. Saori regresó a la tierra a sus Caballeros Celestiales y revivió a los Dorados, pero Seiya permanece en coma porque su alma está prisionera en un calabozo del Palacio de Asfodelos. Fue encerrado ahí por Perséfone, que se enteró de que Saori lo ama. Pero sus planes de venganza cambian radicalmente cuando ve a Seiya y lo reconoce como la más reciente encarnación de Stephanos, un mortal al que amaba antes de que Hades la secuestrara. A partir de ese momento, las diosas entablan una batalla silenciosa; Perséfone en el Inframundo, intentando enamorar a Seiya mientras espera a que él la recuerde, y Saori en la Tierra, intentando hallar la forma de sanarlo...

Aioros, el Caballero Dorado de Sagitario quien perdió la vida dieciséis años atrás, regresó junto al resto de sus compañeros tras la derrota de Hades. La doctora Miyamoto, que comenzó siendo la psiquiatra de Shun (cap. 10) y que acabó por hacerse cargo del bienestar mental de toda la Orden de Athena (cap. 35), ya ha escuchado parte de la historia del notable griego, y sabiendo de su importancia, intenta prepararse y prepararlos a todos para lo que significará el regreso a la vida de alguien cuyo heroísmo cambió el destino de la humanidad entera...


Mientras Saga les contaba a todos que había sido poseído por Ares, Sayaka Miyamoto tuvo la certeza de que una siguiente junta era urgente, y que tenía nombre propio: Aioros.

Sin embargo, la reunión no pudo efectuarse tan pronto como ella hubiera deseado, pues la doctora Saito aprobó que despertaran a Kanon, y lidiar con todo lo que ello implicaba la orilló a programar la necesaria reunión para el día siguiente

Aquel día fue tan pesado y demandante para ella, que sólo se permitó cierto reposo cuando se aseguró de que Saga dormía con placidez tras haberse reencontrado exitosa y pacíficamente con su gemelo. Cuando salió de la habitación que el griego compartía con Shun, avanzó unos pasos y luego se dejó caer (cosa rarísima en ella) en uno de los sillones de la sala de estar de Psiquiatría, que a esas horas ya estaba vacía.
Sin vacilar se quitó los zapatos para poder flexionar sus dedos adoloridos, se llevó las manos al cuello, tratando de quitarse un poco de la tensión que había acumulado en los músculos de su nuca, se recargó un momento sobre el respaldo y cerró los ojos mientras suspiraba, pensando que le urgía un masaje...

Cuando abrió los ojo, estaba cubierta con una frazada, y comprendió que se había quedado dormida sin siquiera notarlo. Miró su reloj para descubrir que su "pequeña siesta" había durado casi tres horas.
Agradecida con quien fuera que la hubiera arropado mientras dormía (aunque también un poco avergonzada), dobló la manta, la dejó en el sillón, y sintiéndose más repuesta, se fue a casa.
Generalmente cuando conducía iba oyendo música, pero lo que hizo esa noche fue poner su grabadora para oír de nuevo la cinta de su primera sesión de terapia formal con Saga. Necesitaba tener fresca en su mente toda la información de la que disponía, necesitaba estar lista para lo que podía suceder...


- "Recuerda, trata de estar lo más relajado posible, ¿sí?

- "De acuerdo"

- "¿Tienes una idea, aunque sea vaga, de los distintos tipos de terapia que hay?

- "No pasa nada si no lo sabes..."

- "Pues no, no lo sé"

- "Bueno, pues hablaremos, sólo eso. Las primeras veces yo te preguntaré ciertas cosas que necesito saber para entender tus circunstancias de vida, pero después serás tú quien decida sobre qué quieres hablar, y yo escucharé lo que sea que tú desees decirme, con la finalidad, claro, de ayudarte a disolver las tensiones que hay entre tus compañeros y tú. Sobre todo, mi prioridad es evitar que te vuelva a suceder algo como lo que te pasó el otro día"

- "¿Cuando perdí el sentido?"

- "Exactamente. Necesito entender... que ambos entendamos el por qué sucedió ese episodio, para evitar que se repita en el futuro. Eso sería muy peligroso para ti.

- "...Está bien."

- "Ahora, sé que hablar sobre vivencias dolorosas nunca es fácil, y por eso, te voy a pedir que antes de que comencemos a hablar, selecciones un recuerdo, un lugar o una imagen que te produzca mucha paz. Quiero que visualices con detalle ese lugar, cada..."

- "¿Puede ser una persona?"

- "Claro, siempre y cuando sea una persona que te inspire sentimientos muy claros, intensos y sobre todo, positivos. Alguien que te inspire confianza, tranquilidad, cariño, lo que tú quieras."

- "Está bien... Es..."

- "No tienes que decirme quién es; esa información es sólo para ti. Ahora, cierra tus ojos, por favor, y observa a esa persona en tu interior. Piensa en su voz, en su rostro, en el color de su pelo..."

- "Ya"

- "Ahora, imagina que estás con esa persona en un lugar tranquilo, cómodo y hermoso. Un lugar que te produzca paz... Pon atención en los detalles. Si hay un aroma agradable, o una sensación placentera en particular que puedas asociar a esa persona o a ese lugar, házlo... ¿Lo tienes?"

- "...Sí"

- "Perfecto. Quiero que tengas muy claro que esa persona y ese lugar, son y serán tu remanso de paz, pase lo que pase, hablemos de lo que hablemos... ¿Lo tienes claro?"

- "Sí"

- "Lo noto: tu rostro está relajado. Dejaste de mover la pierna izquierda y tu respiración parece más acompasada"

- "¿En serio?"

- "Sí. Ahora, hagamos un acuerdo: si durante algún momento de la conversación, algo que digas o que recuerdes te inquieta demasiado y sientes que tus emociones van a desbordarse, vas a hacer una pausa. Te quedarás callado, cerrarás los ojos, vas a tratar de respirar suave, lenta y profundamente, y mientras, vas a pensar en ese lugar y en esa persona que te alegra, o que te tranquiliza. ¿Te parece?"

- "De acuerdo"

- "Bien. Abre los ojos. Comencemos ahora: necesito saber con mayor detalle cómo era la relación entre Aioros y tú. Sé que es doloroso para ti, pero necesito saber que significaba y significa él para ti, más allá de la responsabilidad que sientes por cómo acabó su vida"

- "...no sé cómo comenzar"

- "Cuéntame cómo se conocieron"

- "... Kanon y yo fuimos los primeros de esta generación en nacer, y llegar al Santuario, apenas éramos bebés... El siguiente en llegar, años después, fue Aioros. Él nació en Rodorio, el pueblo más próximo al Santuario, y yo acompañé a Shion cuando fue a recogerlo. La primera vez que lo vi, tenía a su hermanito en brazos..."

- "¿Aioria?"

- "Así es. Shion me había dicho que acababa de perder a sus padres, así que pensé que me toparía con un chico lloroso y deprimido, pero no fue así. Claro, había tristeza en sus ojos, pero no estaba consumido por ella. Cuando le dio las gracias a Shion por la oportunidad que le estaba brindando, el modo en el que sostenía a Aioria... había algo en su voz y en su mirada que me hicieron pensar que era muy valiente, y que tenía una gran determinación, pero a la vez, me pareció muy... considerado. Y aunque fue evidente su asombro al ver el Santuario, trató de disimularlo, y eso me agradó.

- "¿Qué pensabas sobre su llegada"

- "Para mí fue como una bocanada de aire fresco"

- "¿Por qué lo dices? ¿Lo pasabas mal cuando sólo eran Kanon y tú?

- "¡No! Kanon y yo lo pasábamos muy bien; de hecho, esos fueron nuestros mejores años. Sabíamos que sólo uno de nosotros conseguiría una armadura, sí, pero ese día parecía muy remoto y lejano; no parecía tan terrible. Teníamos que tomar ciertas precauciones, claro, pero éramos libres para recorrer las Doce Casas a nuestro antojo, incluso, a veces Shion nos permitía pasar la noche en alguna, como si estuviéramos acampando. Y aprovechábamos ese tiempo para descubrir los secretos de cada Casa..."

- "Suena divertido"

- "Lo fue. Pero para cuando Aioros llegó, Kanon y yo ya comenzábamos a separarnos. Él empezaba a rebelarse en serio: sus travesuras y sus faltas ya no eran tan inocentes, y aunque lo adoraba, cuando Shion lo reprendía yo ya no podía ponerme de su parte, y él se molestaba por eso. Además, yo siempre sentí mucha curiosidad por conocer a los otros aspirantes a Caballeros, y si llegaba a hacer alguna mención al respecto, Kanon me lo tomaba muy a mal. Pensaba que lo consideraba inferior, o que estaba harto de él, ¡pero le juro que no era así! Simplemente, me parecía que sería divertido conocer a los que serían nuestros compañeros, porque Shion había hablado mucho sobre cada signo zodiacal, nos había contado historias sobre algunos compañeros suyos, y decía que cada uno de nosotros sería muy distinto en carácter, debilidades y fortalezas, pero que cuando estuviéramos todos juntos, nos complementaríamos perfectamente, como las piezas de un rompecabezas"

- "Comprendo. Aioros debe de haberte parecido muy interesante, entonces."

- "Sí. Quizás suene absurdo, pero me parecía refrescante tratar a alguien con un rostro distinto al mío, con otras habilidades. Y en cuanto lo conocí, noté que teníamos varias cosas en común y..."

- "¿Qué clase de cosas?"

- "Había coincidencias obvias, como que ambos teníamos siete años, o un hermanito al que queríamos proteger a toda costa, pero... fue más que eso. Hubo una especie de conexión. No sé como explicarlo mejor, pero comenzamos a llevarnos bien casi desde el principio."

- "¿Cómo es él como persona? Descríbelo para mí, por favor."

- "Era... es... noble. Listísimo. Optimista. Luminoso. Pero lo que más me agradaba de él, es que podía ser obediente pero sin ser dócil; ejemplar, pero sin vanidad ni petulancia de por medio. Y era imposible aburrirse a su lado, porque tenía un sentido aventurero y travieso. Se le ocurrían picardías que no hubiera intentado yo..."

- "¿Por qué dices eso?"

- "Shion siempre me había dicho que yo debía de dar el ejemplo, por haber nacido antes, y por ser el... primer caballero, por decirlo de algún modo. Y cuando Kanon comenzó a mostrar que su carácter era más conflictivo, sentí que ese deber era aún mayor. Me esforzaba al máximo por ser un hermano ejemplar para Kanon, y quería tanto a Shion que procuraba complacerlo y hacerlo feliz cumpliendo con sus expectativas, pero estando en compañía de Aioros no sentía esa presión de ser...

- "Perfecto"

- "Sí, supongo que sí. Junto a él podía relajarme... Pero lo mejor fue la amistad que me brindó. Fue mi primer amigo. Quiero decir, Kanon es mi gemelo, y creo que ni siquiera hay palabras para explicar lo que tenemos, pero no tuve que hacer nada para ganarme su confianza ni para construir nuestro nexo, simplemente está ahí desde que nacimos. Y aunque Aioros no tenía más opciones que yo, me parece que él podía haber sido simplemente mi compañero, y estudiar y reír conmigo sin profundizar más. Pero unos meses después de su llegada, me contó sobre la muerte de mis padres, y ese día lo cambió todo. Ese día, él confió en mí, y eso me hizo sentir agradecido... ¿Le parece que eso tiene sentido?

- "Claro que sí. La amistad es siempre un regalo."

- "... Hace años que no pensaba en ese día, y me parece extraño recordarlo ahora con cierto cariño, cuando en aquel momento fue tan difícíl, porque en verdad fue tan duro para él decirlo, como para mí el oírlo... Cuando acabó su relato me quedé callado un buen rato. Quería consolarlo de algún modo, pero no sabía qué decirle sobre su pérdida. Cuando al fin logré acomodar mis ideas le dije que lo sentía mucho, y que lamentaba ser tan torpe, pero que no podía imaginar su dolor porque yo ni siquiera había conocido a mis padres... Y entonces él... después de oírme, sonrió y me dio las gracias, y dijo que ahora entendía cuán afortunado había sido de tenerlos aunque fuera poco tiempo... Así era él: tenía el don de ver lo bueno de todas las cosas y las personas. Era el mejor amigo que alguien pudiera tener... No me... no mere... cía...yo...

- "Para, Saga. Concéntrate en respirar. Piensa en la persona que elegiste... pon atención en los detalles del lugar. Visualiza los detalles, eso es muy importante. Todo está bien, todo estará bien, sólo visualiza y respira... suave... profundo... potente. Una vez, y otra, y otra... ¿Mejor?

- "Sí"

- "No abras los ojos aún, sigue respirando. ¿Quieres un poco de agua? Solo asiente si lo quieres. Bien, pondré el vaso en tu mano, tú sigue concentrándote en las imágenes..."

- "¿Mejor?"

- "Sí. Gracias"

- "¿Sientes que puedes continuar?"

- "Sí"

- "¿Aioros y tú convivían mucho?"

- "Si. Apenas unos meses después de su llegada, Shion nos dijo que estaba convencido de que uno de nosotros estaba destinado a ser su sucesor. Dijo también que nunca le había resultado tan difícil ver el futuro para tomar una decisión similar, así que comenzó a entrenarnos a los dos, y ahí nos hicimos casi inseparables. Por las mañanas nos entrenaba, luegos venían las lecciones y un tiempo de lectura, y por la tardes, después de combatir, éramos libres, y aprovechábamos cada segundo de aquellos momentos. A él también le emocionaba imaginar cómo serían los caballeros restantes, qué clase de guerreros serían, qué cosas podríamos lograr juntos. Le enseñé todos los secretos de las Casas, explorábamos el Santuario entero. Y fuimos creciendo juntos... hasta que un día Shion nos comunicó que Aioros sería el siguiente Patriarca. Pero él nunca tomó posesión de su cargo, pues antes de eso, lo mandé a matar…"

- "Fue Ares; no lo olvides nunca. Tú y él no son la misma persona aunque hayan habitado el mismo cuerpo. Tienes que decirlo cuantas veces sea necesario, hasta que no tengas ni la menor duda de que aunque ocuparon el mismo cuerpo, eran dos voluntades distintas, y que no puedes ni debes responder por sus actos"

-"Prosigue"
- "Lo que trataba de decir, es que cuando Ares lo asesinó, no sólo mató a mi mejor amigo, si no al futuro de nuestra generación. Aioros... él era el símbolo de todo lo bueno que nos deparaba el porvenir. Sé que él habría hecho de nosotros guerreros y hermanos, habría regido con sabiduría, generosidad y amor. Quizás incluso habría logrado encontrar un lugar para Kanon, y yo lo arruiné todo para todos."

- "No tú, Él... Explícame a que te refieres con que habría hallado lugar para Kanon, ¿le contaste que tenías un gemelo? ¿Ellos llegaron a conocerse?"

- "No, Shion me lo había prohibido... Me pesaba mentirle, y mientras más tiempo pasaba era peor, porque él confiaba ciegamente en mí, pero no tenía otra opción... Casi al final, Shion se lo dijo, pero ya no hubo oportunidad de Aioros y mi hermano se conocieran... Por años había fantaseado con que los tres pudiéramos ser amigos, y cuando al fin lo supo, por un segundo pensé que eso podría ser realidad, pero fue una estupidez más de mi parte"

- "¿Por qué lo dices?"

- "En realidad, Kanon siempre lo detestó"

- "¿Por qué?"

- "Decía que Aioros era servil, hipócrita, detestable y terriblemente aburrido y correcto...

- "¿Y eso cómo te hacía sentir?"

- "Como si me partiera a la mitad... Me afligía muchísimo que Kanon tuviera una imagen tan distorsionada de él cuando a mí me parecía que Aioros era formidable... Yo ya había notado cosas raras en el comportamiento de mi hermano, pero la forma en la que comenzó a reaccionar desde que la llegada de Aioros fue una verdadera señal de alarma: algo tenía que ir mal con él si no era capaz de ver la bondad de Aioros."

- "¿Y no se te ha ocurrido pensar que Kanon sentía celos?"

- "No. Kanon decía que preferiría cortarse una pierna antes que ser como él, y que lo único que le parecía envidable, era su don de hacer su santa voluntad mientras se las arreglaba para que todos lo adoraran"

- "No hablo de que Kanon quisiera ser como él; me refiero a que me parece que Kanon puede haber envidiado el tiempo que tú compartías con Aioros. Probablemente se sintió desplazado"

- "¡No se trataba de reemplazarlo! ¡Kanon es mi hermano, lo adoro y no lo cambiaría por nadie! ¡Yo trataba de...!"

- "Lo sé, cálmate. Me parece más que obvio cuánto lo quieres, pero piénsalo. El tiempo que antes era sólo de ustedes dos tuvo que ser dividido. Kanon debe de haber visto a Aioros como un intruso en su vínculo de hermanos y en su dinámica de vida. Además, por lo que entendí de tu relato, la poca libertad que tu hermano tenía, terminó cuando Aioros apareció.

- "Eso es cierto, pero no era culpa de Aioros, ¡él ni siquiera sabía!"

- "Sólo trato de entender el sentir de tu hermano... Piensa en esto también, Aioros era libre para jugar y seguirte como Kanon no podía hacerlo; me parece que ese motivo sólo, sería razón suficiente para envidiarlo.

- "...nunca lo había pensado así"

- "Hay algo más... Se me ocurre que quizás, ese profundo desagrado hacia Aioros, era una señal de que Ares ya influía en su manera de pensar"

- "... probablemente... Y yo no supe verlo..."

- "No quiero que te atormentes, Saga. ¿O es que acaso alguien te había explicado que un Dios podía poseer a un humano?

- "No"

- "Entonces no te atormentes por cosas que era imposible que supieras o detuvieras... Ahora, por favor, cuéntame sobre Aioria."

- "¿Qué hay con él?"

- "Me gustaría saber como te llevabas con él"

- "... Nos llevábamos muy bien. Lo conocí cuando era sólo un bebé y me tocó verlo crecer, así que muchas veces pensaba en él como si fuera mi hermanito también... Desde pequeño era muy bueno y dulce. Voluntarioso también, pero era tan adorable y tan rubio que sus arranques nos hacían mucha gracia, y por ese motivo no lo reprendíamos para que dejara de hacerlo, a veces incluso lo provocábamos... Reconozco que llegamos a aprovecharnos un poco de él al ponerlo a hacer algunos de nuestros deberes, pero en general lo cuidábamos y lo procurábamos y lo consentíamos casi siempre que nos era posible. Fue divertido guiar sus pasos, aunque cuando fue mayor nos quería seguir literalmente a todas partes y eso a veces nos desesperaba un poco; llegó el momento en que teníamos que hacer verdaderas proezas para poder escaparnos sin él..."

- "¿Y qué sucedió con él cuando Aioros falleció?"

- "Ares hizo anunciar que Aioros había atentado contra la vida de Athena, y que por eso le habían dado muerte, y ya que lo mandaba a decir el propio Patriarca la mentira fue aceptada. Los pocos que tuvieron el privilegio de tratar a Aioros y de conocerlo lo suficiente dudaron, claro, pero eran muy pocos, y aunque Aioria declaró a los cuatro vientos que su hermano era incapaz de tal cosa, era su palabra de niño contra la del hombre al que todos suponían el más sabio y capaz de entre todos nosotros, así que prácticamente todos comenzaron a referirse a Aioros como un paria y un traidor de la peor clase. Y comenzaron a humillar y maltratar a Aioria por ser su hermano. La tensión llegó a tal punto que unos aspirantes a Caballeros Plateados y un grupo de guardias se atrevieron a atacarlo..."

- "¿Qué?"

- "Afortunadamente, Aioria siempre tuvo un cosmos impresionante y se defendió bastante bien, y poco después ganó su armadura, de modo que los de menor rango ya no se atrevieron a confrontarlo abiertamente, pero el ataque inspiró a Ares para poner en marcha un plan para deshacerse de él"

- "Pero dijiste que sólo era un niño. No podía ser un peligro para Ares, ¿o sí?"

- "Aioria no tenía la fuerza física para enfrentársele, pero sí representaba un peligro, el mayor en ese momento..."

- "¿A qué te refieres?"

- "Para cuando Kanon desapareció, Aioria era el único que podía descubrir la suplantación. Dokho, el mejor amigo de Shion, vivía en China; Mü, que había sido su alumno, estaba desaparecido, y los pocos Caballeros Dorados que vivían en el Santuario no nos habían tratado a ambos lo suficiente como para saber que Shion había sido asesinado y que yo fungía como Patriarca bajo al nombre de Arles, un supuesto hermano de Shion que había tomado su lugar cuando Shion había muerto por causas naturales. Por eso lo quería muerto"

- "¿En qué consistía el plan?"

- "Decidió aprovechar toda la animadversión que ya existía en su contra. Aún fingiéndose Patriarca, un ataque directo despertaría sospechas, y los caballeros de menor rango no podían contra Aioria, pero otro Caballero Dorado sí podía lograr matarlo. Lo consideró el plan perfecto pues le permitiría deshacerse de Aioria sin levantar sospechas, congeniaba perfectamente con su idea de echar por tierra todos los ideales que Athena representa, porque al dividirnos en bandos, a favor y en contra de Aioria, impediría que formaramos el batallón indivisible que deberíamos de haber sido, y encima de todo, le proporcionaría entretenimiento, pues sin Kanon, uno de los mayores problemas de Ares era el aburrimiento... Fue entonces que comenzó a manipular y a convencer a algunos Caballeros Dorados para que se pusieran contra Aioria"

- "¿A que caballeros te refieres?"

- "Escogió a Afrodita y Angelo"

- "¿Sabes por qué los escogió a ellos?"

- "Ambos poseían cosmos inmensos, que habían desarrollado prácticamente por sí mismos. Ninguno de ellos contó con un maestro, o con alguien que lo guiara a nivel moral o ideológico, y aunque eran un par de años mayores que Aioria, aún eran muy jóvenes y mentalmente manipulables. Afrodita apenas y había visto una vez a Aioros, y Angelo, por alguna razón que nunca entendí, parecía tener un odio particular por el desaparecido Aioros. Fueron el vehículo perfecto para su plan"

- "Pero Aioria vive. ¿Cómo lo logró?"

- "Angelo y Afrodita sí desarrollaron un desprecio acendrado contra él, y se formaron bandos en el Círculo Dorado... pero con el tiempo, Aioria terminó por aceptar las mentiras que habíamos dicho sobre su hermano. Las humillaciones que había vivido estaban marcadas a fuego en su ser y acabó por renegar de su hermano... quise morirme cuando lo oí hablar así..."

- "Haz una pausa si lo necesitas"

- "... Estaba tan ansioso por probar que era absolutamente fiel a Athena y que no era un traidor, que provocó que Ares cambiara de idea, y mantuviera a raya a Angelo y a Afrodita. Ya no parecía necesario matarlo cuando se había transformado en alguien tan aterradoramente dócil ante mí... ante Él... fue horrible ver como, siendo su propio hermano, llegó a creer una mentira tan montruosa...

- "Entiendo tu angustia, y tus remordimientos, pero a pesar de los horrores, logró sobrevivir. Sé que no parece un gran consuelo cuando piensas en todos esos años de manipulaciones y desprecio, pero podría haber sufrido el destino de su hermano, o del tuyo..."

- "¿Saga?"

- "... ¿Sabe? Por mucho tiempo, ese fue mi mayor temor...

- ¿Cabo Sunion?

- "Sí. Cuando Kanon desapareció, Ares estaba tan furioso que pensé que desquitaría toda su rabia contra Aioria... y conforme pasaron los años, a veces se frustraba o se aburría, y me horrorizaba que al fin Aioria acabara por ocupar aquella horrenda prisión..."

- "Lo has hecho muy bien, Saga. Estoy muy agradecida por todo lo que me has explicado. Sólo quiero preguntarte una última cosa y terminaremos"

- "Él día que sufriste la crisis, dijiste que fuiste a ver a Aioros porque pensabas que ya estabas listo. ¿Listo para qué?"

- "Para pedir perdón. Nunca se halló su cadáver... Ares decía que haría cosas horribles con sus restos, así que me sentía agradecido de que no tuviera oportunidad de hacerlo, pero también me atormentaba no tener un lugar donde ir a hablarle... Cuando me estaba muriendo, deseé con todas mis fuerzas ir a un lugar donde pudiera verlo siquiera unos instantes, para decirle de mi arrepentimiento, pero no me fue concedido... Después, Hades me devolvió la vida, y pensé que le vería entonces, pero eso no sucedió hasta que la vida de Athena peligraba, y los Doce Caballeros Dorados decidimos arder para que Seiya y sus amigos la salvaran. En ese momento fue que al fin lo vi, pero fue apenas un instante que se fue como agua entre las manos. No tuve oportunidad de decir nada...

- "¿Le pediste a Aioria que te acompañara para disculparte con él también?

- "Sí. Pensé que ya había encontrado las palabras correctas, que había llegado el momento... pero cuando lo vi tan idéntico los recuerdos se me vinieron todos de golpe, y fue como... como quedarme ahí, atorado en el pasado. Me siento tan avergonzado..."

- "¿Por qué?"

- "Porque perdí todo el control con sólo estar frente a él, viéndolo dormir. ¿Qué va a pasar cuando despierte y me mire?

- "No te angusties, Saga. No puedo prometerte nada, pero pondré todo de mi parte para que algo así no vuelva a sucederte. Quizás no lo parezca ahora, pero las cosas irán mejorando, ya lo verás...

- "Eso espero. Gracias..."

- "Ahora cierra los ojos, mira a esa persona que elegiste y procura relajarte, que por hoy hemos terminado. Cuando te pida que abras los ojos, lo harás despacio, y luego te acompañaré a tu habitación para asegurarme de que duermas bien"

- "Pensé que hablaríamos más"

- "Hablamos de eventos con una gran carga emocional para ti, y te implicó un gran esfuerzo. Por hoy, ha sido suficiente..."


Al oír que tocaban a la puerta, Sayaka presionó el botón para detener la grabadora, que de nuevo había estado reproduciendo la cinta de su conversación con Saga.

- Adelante.

La puerta se abrió, dejando ver a Sumi y a Oyuki, que encontraron a la doctora sentada en el soleado salón de usos múltiples del piso de Psiquiatría, salón que en ese momento estaba ocupado con un amplísimo círculo de sillas vacías.

- Buenos días, Doctora - dijo Oyuki.

- Buenos días, chicas.

- Ya casi es hora, y parece que lo tiene todo listo - dijo Sumi - ¿Los hacemos pasar ya?

Sayaka revisó su reloj y suspiró al darse cuenta de sólo faltaban diez minutos para el mediodía, y que el tiempo se le había ido volando, inmersa en oír de nuevo aquella cinta (ya la había oído un total de cuatro veces desde la noche anterior), pues las palabras del gemelo y sus notas sobre las sesiones que había tenido con Shun eran el único material del que disponía para prepararse para lo que estaba por suceder.

- Claro, si son tan amables, por favor.

Las enfermeras salieron sin demora y mientras Oyuki iba por Shun a su habitación y Sumi fue haciendo pasar a la amplia habitación a todos los convocados, (que eran Kiki y todos los caballeros y amazonas de la Orden despiertos, con la excepción de los gemelos), Sayaka sacó de su bata un casette nuevo, y luego los observó ocupando sus asientos, deseando con todas sus fuerzas ser lo suficientemente inteligente como para ayudarlos a sanar sus heridas sin causar aún más daño en el intento, aunque nadie podría haber adivinado sus dudas sobre sí misma cuando una sonrisa inamovible remataba su siempre confiado exterior...

En cuanto todos terminaron de acomodarse y las enfermeras se hubieron retirado, los presentes comenzaron a ponerle atención al lugar en el que se hallaban, y varios notaron que al lado derecho de la japonesa había quedado una silla vacía, pero antes de que alguien pudiera opinar algo al respecto, la joven mujer apretó el botón de grabar y sin demora tomó la palabra.

- Buenos días a todos.

- Buenos días - respondieron ellos de forma más o menos uniforme

- Quiero agradecerles mucho por haber venido, y para no abusar del tiempo que me están regalando, trataré de ser muy directa y explícita. Tengo claro que varios de ustedes no están interesados ni en hablarme sobre sus problemas personales, ni en oírme, y lo respeto. Sin em...

- ¿Entonces por qué nos hizo venir? - dijo Ikki, que sentado entre Shiryu y Shun, rebozaba de impaciencia

- Sí, Doc. Esto tiene toda la pinta de terapia grupal o algo así - dijo Milo dándole su mejor sonrisa a la japonesa, aunque la idea de ventilar sus sentimientos no le parecía interesante en lo absoluto.
Sayaka, afortunadamente, no era mujer que se dejara confundir ni intimidar, así que les brindó su mejor sonrisa en respuesta, e inspiró mientras todos la miraban intrigados.

- Los hice venir porque he confirmado que hay una situación que afecta e inquieta a la mayoría, y quiero darles un espacio adecuado para expresarse. Considero que discutir este asunto es fundamental, y hacerlo de manera individual demoraría mucho; creo que así será mucho mejor.

- ¿Podría ser más específica, Doctora? - pidió Aldebarán

- Sí. Y díganos también por qué Aioria no está aquí - dijo Milo, el que, al igual que Marin, se intrigó al notar la ausencia del rubio que segundos antes había estado con ellos.

- Quiero que hablemos sobre Aioros.
Prácticamente todos se revolvieron incómodos en sus asientos al oír a la psiquiatra.

- Y Aioria está afuera. Le pedí a Oyuki que lo retenga allá para darles la oportunidad de expresar con toda libertad sus opiniones - prosiguió la japonesa - Si todo marcha bien, después de que hayamos hablado, lo haré pasar y podrán oír lo que él pueda querer decir, o decirle lo que gusten.

El silencio no duró demasiado, pues Ikki, que jamás había seguido capaz de seguir la corriente, habló, sus ojos llameando claramente su enfado.

- Usted quiere patear el avispero y no le veo sentido alguno. Se murió, revivió, asunto concluido.

- Ikki, si crees que es tan simple como eso...

- Sé que no es así de sencillo, Doctora - intervino Dokho, irrumpiendo en la batalla de miradas y voluntades que se había establecido entre la mujer y el adolescente - pero este es un asunto muy delicado para nosotros.

- Precisamente por eso deben de hablarlo. Su regreso necesariamente los confronta con actos y decisiones del pasado. ¡Mírense, no puedo mencionar su nombre siquiera sin que todos se tensen! ¿Qué va a pasar cuando lo tengan enfrente, cuando pregunte qué sucedió en su ausencia?

- No estuvo ausente, estuvo muerto - aclaró Milo ganándose varias miradas reprobatorias.

- No queremos caer en reproches y acusaciones nuevamente - añadió Mü, reconviniendo en silencio al griego que no estaba contribuyendo en lo absoluto a apaciguar los ánimos con su intervención.

- Lo comprendo, pero intentar comenzar de cero sin haber hablado antes no funciona, no en cuanto a Aioros respecta. ¿O por qué, si no, se pelearon el otro día? ¿Vas a negarme, Angelo, que Aioros es la razón por la que tú y Aioria siempre se han llevado mal, y que por eso él te agredió?

El italiano, que había tenido la vista clavada en las rejas que protegían las ventanas, miró a la mujer con una expresión digna de un niño sorprendido por su maestra sin haber hecho la tarea.

- ...No - dijo Angelo con la garganta apretada mientras se hacía un silencio denso.

- Disculpe, Doctora, pero en esta ocasión, apoyo la opinión de Ikki - dijo Aldebarán, que estaba sentado entre Afrodita y Mü.

Su intervención sorprendió a varios, empezando por el propio Fénix, que no esperaba ser respaldado por el conciliador pero generalmente participativo brasileño

- Hemos logrado convivir hasta ahora - continuó Aldebarán - quizás podríamos dejar que las cosas sigan su curso.

- ¿Ese es el plan, ver qué pasa? No puedo creer que personas tan inteligentes como ustedes crean que algo así de ingenuo puede funcionar... ¿O es que acaso están esperando a que estén todos despiertos para resolver sus problemas en una gran batalla campal?

- ¡No, por supuesto que no! - respondió Shiryu, horrorizado ante esa perspectiva.

- Entonces hablemos ahora. Quiero que estén preparados.

- ¿Preparados para qué?

- Bueno, es evidente que hay cosas que ni siquiera se han planteado, Camus. Por ejemplo, si en este momento avisaran que él ha despertado, ¿qué pasaría? ¿Van a presentarse todos en su habitación para contarle de golpe lo que pasó en más de una década?

- ¿Por qué no? - rebatió Shaka - Las mentiras, incluso las verdades a medias, han sido muy nocivas para nosotros. Me parecería muy adecuado responder a todas sus preguntas de una vez por todas.

- El merece saber toda la verdad, estoy totalmente de acuerdo con eso, Shaka, pero no pueden resumir dieciséis años de batallas y muertes en una hora, eso sería abrumador y excesivo. Me ha resultado muy complicado comprender y asimilar todo lo que ustedes han experimentado; sus vivencias me han conmovido y afectado profundamente aún cuando no formo parte de su círculo. Por lo tanto, me parecería cruel que de un momento al otro pretendieran saturarlo con información que le afectará sin duda alguna. Después de todo, él y su hermano estuvieron en el epicentro del cisma...

- ¿Qué es un cisma? - preguntó Kiki en voz baja pero audible

- Una división profunda, un gran desacuerdo - le contestó Mü con una sonrisa triste.

Mientras los demás debatían y consideraban las palabras de la mujer, Shura, Angelo y Afrodita permanecieron muy callados, sin hacer contacto visual con nadie. Su actitid no pasó desapercibida para Juné, Dokho, Mü, Shun y Shiryu, que los miraban respectivamente, para luego intercambiar miradas preocupadas entre sí.

- Tarde o temprano van a tener que pasar por esto, y preferiría que fuera ahora, que estamos en un ambiente y un momento neutral. Por favor, créanme que insisto porque en verdad creo que será benéfico para él, y para todos. Esto puede servirles para desahogarse, entenderse, y eventualmente perdonarse.

Poco a poco, (empezando por Dokho) la mayoría fue asintiendo o a relajando su postura lo suficiente como para hacerle entender a la Doctora que estaban dispuestos a participar.

- ... de cualquier modo, quiero repetirles que mi intención no es la de imponerme ni obligar a nadie, así que si alguien no quiere estar presente, puede salir ahora - remarcó ella

Angelo sintió unos deseos enormes de marcharse. Le revolvía el estómago la idea de oírlos a todos hablar exclusivamente de él, y que eso despertara los pensamientos y los sentimientos que tanto trabajo le había costado apaciguar...

Pero tampoco deseaba ponerse en evidencia, y que los demás reafirmaran su idea de que era un infeliz sin corazón, o peor, que Afrodita sospechara las verdaderas razones de su salida, así que se aguantó.

La psiquiatra sonrió al ver que todos permanecían en sus lugares, pero de nuevo, la notable excepción fue Ikki, que se puso de pie para salir de la habitación.

- ¡Ikki! - exclamó Shun al ver que Ikki pretendía marcharse

- No es nada personal, Doctora. Admito que lo que dice tiene sentido, pero nosotros... - y miró a Shiryu, a Hyoga y a su hermano - quizás sea más fácil que lo hablen si no estamos - respondió Ikki, revelando la verdadera razón por la que deseaba marcharse.

- Las circunstancias nos llevaron a actuar y pensar como si fuéramos dos grupos separados, pero no es así - dijo Camus poniéndose también en pie - No perpetuemos ese error. Quédate.

- No lo conocí, no tengo nada qué decir.

- Si entendí bien a Saga, la mitad de ustedes no lo conocieron, y sin embargo las vidas de todos resultaron afectadas por su muerte - dijo la doctora - Además, que no lo hayan tratado no implica que no tengan una opinión al respecto de lo que le sucedió, ¿o sí?

Varios asintieron silenciosamente.

- Y aún si sientes que no tienes nada que aportar, no creo que quedarte a escuchar sea dañino... ¿Que dices? - insistió la doctora, sus ojos cafés mirando intensamente los ojos de Ikki.

- Tienen razón, Ikki. Debemos de ser "nosotros" de una vez por todas, y para siempre - dijo Dokho

Ikki miró a su hermano, que le brindó una sonrisa triste pero firme, y a Shiryu y a Hyoga, que lo miraban expectantes, y al fin, el Fénix rodó los ojos, suspiró, y volvió a tomar asiento.

La propia Sayaka disimuló un suspiro: aún cuando la expresión corporal del adolescente (brazos cruzados al pecho y una ceja levantada) no era especialmente positiva o receptiva, sabía que el que hubiera decidido quedarse era una victoria.

- ¿Qué hay de Saga? ¿Va a venir? - preguntó Aldebarán

- No. Para quienes no lo sepan, diré que Aioros y él eran muy buenos amigos antes de la intervención de Ares, y su muerte es una de las cosas que más lo ha atormentado desde entonces. Hemos hablado, y ha hecho algunos progresos, pero aún siente demasiada culpa. No está listo para una confrontación tan directa, menos cuando Kanon y él apenas se están reencontrando; no quiero presionarlo y arriesgarlo a sufrir un episodio como el del otro día.

Nadie rebatió sus argumentos, así que ella se permitió relajarse un poco.

- Bien. Para empezar, ¿podrían indicarme quienes sí llegaron a conocerlo?

Mü, Aldebarán, Angelo, Milo, Shura, Camus y Afrodita levantaron tímidamente la mano.

- Perfecto, entonces háganme el inmenso favor de sentarse juntos.

Ikki suspiró ruidosamente mientras los demás se miraban entre sí un tanto confundidos.

- Dijo que no importaba si lo habíamos tratado o no - dijo Shun, tratando de aliviar la tensión que la desaprobación silenciosa de Ikki y las dudas de los demás estaban provocando.

- Escuchen: tengo muchas dudas sobre cuál va a ser su situación mental cuando despierte, y en vez de especular en vano, prefiero preguntar ciertas cosas ahora, que aún dispongo de cierto tiempo para prepararme y así poder ayudarlo en lo que sea necesario. Estoy siendo completamente honesta: quiero ayudar, pero su situación es tan insólita y única que necesito de ustedes para lograrlo... Esto no es un examen y mucho menos un juicio, Shun. No hay respuestas malas o buenas; sólo quiero charlar y tener más claras algunas cosas.

Ikki bufó, sus ojos declarando con gran expresividad que no estaba convencido del todo, al tiempo que los demás miraban a Dokho, pidiendo silenciosamente su aprobación. Dokho asintió con suavidad y los interpelados procedieron a cambiar de lugares.

En cuanto estuvo hecho la japonesa retomó la palabra.

- Bien, quiero comenzar preguntándoles qué significa él para ustedes.

- Bueno, él es... iba... estaba destinado a ser nuestro Patriarca - explicó Shaina pensando que esa era la respuesta que Sayaka esperaba, y titubeando con los tiempos verbales porque para ella, al igual que para muchos otros, era difícil hablar de él en presente...

- Lo sé. Saga me explicó cuál era el rol que Aioros estaba destinado a fungir dentro de la Orden - aclaró la mujer con una sonrisa generosa en los labios - y varias cosas sobre su vida y su personalidad, pero lo que estoy preguntándoles es que representa él para ustedes, a título personal... No piensan en él sólo porque murió para salvarla, ¿o sí? Aunque si es así, pueden decírmelo, claro.

- ¿Está diciendo que no debería de importarnos? - cuestionó Milo

- No, Milo, no estoy diciendo eso. A mi juicio, lo que lo que le sucedió fue terrible, trágico si se me permite decirlo así, pero entiendo que no fue ni el primero ni el último en sacrificarse por Ella...

Varios movieron sus cabezas, denotando que ella estaba en lo correcto.

- Entonces, quiero que mediten por qué las acciones de Aioros parecen tener más peso y relevancia que las de otros, qué les significa él como persona. ¿Es sólo porque la salvo cuando Ella era sólo un bebé? ¿Les parece más terrible por todos los años de mentiras y calumnias que ensuciaron su imagen? ¿Les remuerde haber caído en la trampa de Ares? ¿Es por el aprecio que le tienen con Aioria? Quizás ni siquiera se habían detenido a pensarlo fría y concientemente hasta hoy, pero háganlo ahora. Tomen su tiempo y analicen lo que les estoy preguntando, es importante - remarcó Sayaka al notar que Milo parecía dispuesto a decir lo primero que le pasara por la cabeza o el corazón - Para mí sería extremadamente útil saber qué actitud van a tener para con él.


Se alzó un silencio reflexivo y cargado de significados cuando la doctora acabó su petición, silencio que ella aprovechó para recabar la valiosa información que sus expresiones le brindaban en ese momento.

De entre todos los rostros pensativos, los ceños fruncidos, las miradas que vagaban y los labios inquietos que la rodeaban, dos personas capturaron poderosamente su atención.

Uno de ellos era Dokho, que parecía absolutamente sereno y absorto en leer los rostros de sus compañeros con tanta intensidad e interés como ella misma. Por su cuerpo echado hacia adelante y sus manos calmas, Sayaka estuvo prácticamente segura de que el joven tenía muy clara su opinión sobre el griego, y que sin embargo, no hablaría, o al menos no sería el primero, dando así oportunidad a otros de expresarse.

La otra persona que permanecía impasible mientras todos parecían buscar en su interior las palabras exactas para expresarse, era Angelo.

Sayaka recordó la supuesta animadversión que, según Saga, Angelo había tenido por el griego, pero la japonesa no podía ver ni esa, ni ninguna otra emoción reflejada en su rostro de facciones contundentes. La mujer entornó los ojos, poniendo aún más atención en él mientras consideraba que era probable que ya no experimentara el desdén de antes, y afinando sus instintos, le pareció percibir que estaba calmo, más no aburrido o desinteresado, y firme, pero no inamovible... Y después de unos momentos, lo único que la psiquiatra pudo concluir de la expresión corporal de Angelo, era que el joven hombre poseía un arraigado hábito de disfrazar sus emociones; fuera lo que fuera que ese hombre pensaba o sentía con respecto Aioros, reflexionó la psiquiatra, no lo dejaría ver...

El silencio fue prolongándose, de tal modo que llegó a pensar que nadie hablaría, y Sayaka ya estaba buscando qué decir para incentivarlos a hablar cuando se escuchó un carraspeo, y después, la aterciopelada voz de Shiryu se dejó oír.

- Considero que cada guerrero, y cada sacrificio hecho ha sido invaluable para conseguir la Victoria, y que sería injusto decir que ha habido sangre derramada menos valiosa que otra, pero las acciones de Aioros fueron fundamentales; sin su intervención, habríamos perdido ante Ares sin tener la oportunidad de pelear, sin saber siquiera que era él el enemigo. Ahora, personalmente, Aioros me parece un Caballero emblématico porque encarna todos los ideales de la Orden: su valor, su fuerza y su astucia son encomiables, pero lo que más me admira de él es que aún después de muerto siguió protegiéndola, e interviniendo para mantenerla a salvo, cosa que hallo admirable tanto como inexplicable - explicó Shiryu mientras Dokho se enchía de orgullo al oír hablar a su discípulo, que había escogido con tanto tacto, sinceridad y sensatez sus palabras - Cuando supe que él estaba de nuevo entre nosotros, me llevé la mayor de las sorpresas, pero me alegró indeciblemente, porque si alguien merece esta oportunidad, es él, y espero con ansiedad el momento de conocerlo. Para mí será un honor poder mirarlo a los ojos, y agradecerle la ayuda invaluable que nos prestó para defenderla.

- Gracias, muchas gracias por tu opinión, Shiryu - dijo Sayaka, mirando al joven con profunda gratitud, casi conmovida por sus palabras, aunque también algo descolocada pues trataba de entender a qué se refería exactamente con aquello de que Aioros había intervenido para mantenerla a salvo aún durante su muerte. Esa frase había dinamitado una marejada de preguntas en su mente, pero no tuvo tiempo de agregar nada porque Milo intervino.

- Para mí ha sido distinto. Ahora tengo muy claros mi admiración y mi agradecimiento hacia él, y la rabia que me produce que... lo que le sucedió, pero hace un par de años no era así. - dijo Milo mientras miraba hacia los pies de la doctora, pues estaba haciendo su mejor esfuerzo para contenerse y no mirar con reproche a nadie, pero sobre todo, para no dejar ver la culpa que sentía a causa de sus propias negligencias - Antes, si llegaba a pensar en él era por Aioria, y no muy positivamente que digamos... Yo llegué al Santuario un par de meses antes de su muerte, pero aunque él siempre estaba ocupado, tuve oportunidad de conocerlo y de convivir con él porque Aioria y yo nos hicimos amigos... Varias veces cené con ellos en la Casa de Sagitario, o recibí sus consejos cuando nos entrenábamos... Pensando en esos días, recuerdo que me parecía amable, y divertido... admirable... Pensé que Aioria era muy afortunado de tener un hermano como él: cálido y... amoroso, podría decirse, pero sin llegar a ser molesto, o sobreprotector, o entrometido...
Milo no quiso evitar que sus ojos fueran hacia Ikki, su obvio referente, esperando que el intenso adolescente entendiera la indirecta, y los demás soltaron algunas risitas discretas que en general parecieron relajar el ambiente mientras Ikki endurecía su gesto pero sin llegar a indignarse del todo.

- Luego Aioros desapareció, y hubo especulaciones y luego se difundieron las mentiras, y muchos se volcaron contra Aioria. Yo me puse de su parte enseguida porque no me parecía justo que lo atacaran sólo por ser su hermano, pero...

- ¿Creías que Aioros era culpable?

- Justo al principio, no. Tenía una muy buena impresión sobre él, y Aioria lo negaba categóricamente... pero...

- Llegaste a dudar - afirmó ella, mientras Milo asentía.

- Es que el tiempo va borrando las cosas, ¿sabe? Se me fue olvidando su voz, y su risa, y su gentilez, y lo único que me quedaba era ver que Aioria cargaba su recuerdo como una loza... y luego... al propio Aioria se le fue olvidando... y lo fueron convenciendo... Me avergüenza no haberlo apoyado más cuando aún defendía la inocencia de Aioros - terminó Milo, su vista fija en sus manos para eludir las miradas de los demás.

- Gracias, Milo.

- Yo estuve en su presencia sólo un par de veces, pero en ese entonces la interacción con mis compañeros no era una prioridad para mí, así que le presté muy poca atención. Cuando desapareció acepté las palabras del falso Patriarca sin cuestionarlas, acción que ahora lamento infinitamente, y seguí adelante. Esporádicamente lo recordaba, y cuando lo hacía era porque, al igual que Milo, me parecía incorrecto que marginaran a Aioria por un asunto de consanguineidad, pero no intervine de ningún modo, ni me pronuncié al respecto, cosa que lamento también. Mi percepción, por supuesto, se ha modificado ahora, pero aunque encuentro su muerte lamentable, no siento pena por Aioros. Él hizo lo que se esperaba de cualquiera de nosotros, y partió con honor. En cambio, he llegado a pensar que fue peor la situación de Aioria, que vivió esos largos años engañado, acosado, y dividido entre su deber y los sentimientos hacia su hermano.

Después de oírlo, Mü, Hyoga y Aldebarán asintieron.

- Muchas gracias, Shaka. ¿Alguien más? ¿No? ¿Sería correcto, entonces, si asumo que no hablan porque coinciden con la postura de Shiryu, la de Milo o la de Shaka? ¿O un poco con las tres? - pregunto ella cuando nadie más tomó la palabra

La gran mayoría asintió.

- Bien, esto es un gran progreso, pero, antes de pasar a otro tópico, quiero confirmar que no haya alguien entre ustedes que difiera radicalmente de las opiniones dadas.

- ¿Qué?

- Estoy preguntando directamente si alguno de ustedes tiene algo en su contra, Marin. ¿Algún conflicto, un pendiente personal, algún rencor?

- ¿Cómo tenerle rencor? Iba a ser el Patriarca, su conducta debe de haber sido intachable - dijo Shaka

- Muchas veces son las circunstancias, y no las conductas, las que confrontan a las personas: a ustedes les ha pasado muchas veces, si estoy en lo correcto. Pero si aún no entienden a que me refiero, voy a darles un ejemplo concreto y cercanísimo - dijo Sayaka, esperando estar tomando la decisión correcta al compartir ese trozo de información con el grupo - Kanon y él jamás se conocieron, y sin embargo, Kanon tuvo sus motivos para albergar rencor en su contra.

Al oír el nombre de Kanon, la tensión volvió a dejarse sentir entre los presentes. Una o dos semanas antes, la mayor parte no habría dudado en pensar que el enigmático Gemelo odiaba a Aioros por interponerse en sus perversos planes, pero ahora que sabían de la intervención de Ares todo era radicalmente distinto.

- ¿Qué motivos? - preguntó Shun mientras experimentaba cierta angustia, como solía sucederle cada vez que se mencionaba a Saga o a Kanon (a raíz de que supo los obscuros momentos que habían enfrentado los Gemelos Dorados).

- Saga me contó que durante sus primeros años, y aprovechando el hecho de que los Caballeros Dorados no solían convivir con otros de diferentes rangos, Kanon podía recorrer las Doce Casas y ser relativamente libre a pesar de que su existencia debía de ser mantenida en secreto. Pero a partir de la llegada de Aioros, Kanon tuvo que empezar a vivir realmente como la sombra de Saga. Y casi enseguida, Aioros y él empezaron a pasar una gran cantidad de tiempo juntos, tiempo que antes, Saga pasaba con su gemelo.

- Pero eso no fue culpa de Aioros - señaló Aldebarán

- Por supuesto que no, pero estoy completamente segura de que debe de haber sido muy díficil de entender para un niño enfermizo de siete años al que sólo le era permitido convivir con dos personas en el mundo... Saga dice que Kanon de inmediato se formó una mala opinión sobre él, y creo que fue porque Kanon sentía que Aioros de algún modo le estaba arrebatando lo poco que tenía... ¿Comprenden ahora a qué me refiero?

La incomodidad y la inquietud que se alzó en la sala después de su explicación no pasó desapercibida para la mujer, que se apresuró a agregar:

- No les estoy diciendo esto para provocar que sientan lástima por Kanon, o para modificar la imagen que tienen de Aioros, simplemente es para que entiendan que si pregunto esto no es para poner el dedo sobre la llaga, sino todo lo contrario. Aioros ni siquiera sabía de su existencia, pero las circunstancias los pusieron en contra sin que hubiera trato de por medio, y desgraciadamente, en ese entonces no hubo modo de aclarar ni de arreglar nada, pero en esta ocasión sí puede hacerse. Gracias a la información que Saga compartió conmigo, estaré muy al pendiente de la interacción que pueda haber entre ellos, y si ustedes confían en mí, ahora, como Saga lo ha hecho, buscaré aclarar otros malentendidos que puedan existir a la primera oportunidad disponible.
Juné miró discretamente a Shura y notó que él, como había hecho prácticamente durante toda la reunión, permanecía envarado e inmóvil, como si estuviera clavado en su asiento. Aparentemente, él no se atrevería a exponer su situación, y por un segundo, consideró decírselo ella misma a la Doctora, pero se contuvo temiendo que él no le perdonara el atrevimiento, porque si de algo estaba segura, es que necesitaba desesperadamente del apoyo y la amistad que el español le estaba dando, así que se calló...

- Y por eso, vuelvo a preguntar si hay alguien que tenga o haya tenido cualquier clase de conflicto con él.

Sayaka hubiera deseado que alguien más se atreviera a hablar en ese momento, pues sabía bien que Kanon no era el único que había albergado rencores contra Aioros en el pasado, pero cuando pasaron los segundos y no sucedió, supo que tendría que ser ella quien forzara de algún modo que el asunto que le rondaba los pensamientos saliera a la luz, así que buscó darle forma a la frase en su mente, y luego la pronuncio.

- De acuerdo. Respetaré su silencio, pero hay algo que quiero pedirles en concreto a ustedes dos, Afrodita y Angelo.

Los interpelados reaccionaron al oír sus nombres: Angelo lo hizo de inmediato, mirándola fijamente sin ocultar la rabia que le provocaba el atrevimiento de la mujer, mientras que Afrodita, con algo muy cercano al pánico reflejándose en su afilado rostro, parecía no estar muy seguro de si ella en verdad se había dirigido a él.

Los ojos de todos los presentes se posaron en la joven mujer al oírla mencionar a los Caballeros de Cáncer y Piscis, y en más de la mitad de los rostros se pudo ver sorpresa y una auténtica alarma; sin embargo, en nadie fue más claro que en Mü. Y para el absoluto asombro de la doctora, aunque sus labios permanecieron apretados, Sayaka pudo escuchar la voz del asiático dentro de su cabeza.

- No, por favor.

Sayaka tuvo que hacer un gran esfuerzo para no mostrar su pasmo al oírlo, y es que no sólo había sentido que él le comunicaba sus pensamientos, si no que incluso, le pareció oír claramente las inflexiones de su voz. Y lo que había oído no era una advertencia, sino prácticamente una súplica...
Sayaka se preguntó por un segundo si, del mismo modo en que ella había podido oírlo, él podría oírla a ella, y se aventuró a intentarlo.

- Créeme, sé lo que estoy haciendo... Sé que su relación con Aioria fue siempre tirante por causa de Aioros - dijo ella, acentuando las comillas en el aire - Y sé también que esa actitud de desprecio y enemistad fue instigada por Ares, y que él los eligió para que jugaran el rol de sus victimarios.

- ¿De qué está hablando?

El cuestionamiento provino del propio Afrodita, que sonaba tenso y a la defensiva como no lo habían oído desde que había comenzado esa nueva "etapa" por llamarla de algún modo.

- Aioria podía descubrir la suplantación, y cuando espontáneamente comenzaron las agresiones contra él, Ares decidió fomentar esa hostilidad en unos cuantos de entre su grupo para deshacerse de él, y para desintegrarlos a la vez - explicó la mujer al atento y tenso grupo - Y ustedes resultaron perfectos. Angelo, no eras amigo de ninguno de los dos; Afrodita, tú acababas de llegar. Ambos eran jóvenes y poderosos, pero solitarios e influenciables. Ares planeaba llevarlos tan lejos como para que lo asesinaran, pero Aioria terminó por convencerse del engaño y por eso no hubo más presión, pero...

Para cuando Sayaka se detuvo, el rostro naturalmente apiñonado de Angelo estaba lívido, pero sus ojos llameaban.

- ¿Qué pretende? ¡No voy a...!

- No espero que digan nada en este instante; es más, probablemente lo mejor es que no lo hagan - dijo Sayaka, extendiendo sus manos en el gesto más tranquilizante y conciliador que logró ejecutar, porque al ver la exaltación del Cangrejo, Aldebarán y Milo, que estaban sentados a cada lado suyo, habían reaccionado también, pensando probablemente que el italiano podía agredir a la mujer - Como dije, si no están listos para hablar lo entiendo, y sé que la dinámica de convivencia no va a cambiar en un solo día, pero lo he mencionado porque me parece necesario que todos, empezando por ustedes mismos, acepten cuán manipulados fueron.

- ¿Que quiere de nosotros? - dijo Afrodita, su voz dejando ver su desconcierto y su aprensión.

- No voy a intentar adivinar lo que pueden estar sintiendo al hablar de esto, ni lo que van a sentir cuando lo tengan de frente. Todos nos equivocamos y nos arrepentimos: es parte inherente de vivir. Pero muy, muy pocas veces, errores de esta magnitud vuelven de este modo y después de tanto tiempo para hacerse tan evidentes, tan pesados. Pero espero que logren ver que aunque puede ser doloroso y difícil, la parte extraordinaria de esto es que poquísimas personas tienen la oportunidad de resarcirse. Ciertamente, el tiempo perdido no volverá. No estuvo para ver crecer y apoyar a su hermano, ni para ser su líder, pero tiene la oportunidad de vivir y de hacer muchas de esas cosas ahora. No sé cómo han podido ustedes soportar tantísima presión, pero están aquí, enfrentando sus errores, y eso requiere de un tremendo valor.

- ¿Tiene alguna sugerencia? - dijo Angelo

- Sí. Creo que sería muy importante que recuerden su actitud y sus pensamientos de esos días, no para atormentarse, sino para que analicen a conciencia si piensan lo mismo ahora, que Ares no está para decirles que pensar, sentir o hacer, que ya no son esos niños y que tienen la verdad a su alcance. Piensen si con ustedes, tal y como probablemente sucedió con Kanon, fueron las circunstancias las que los llevaron a pensar así sobre él... Quiero que sean plenamente concientes de que ahora, que su vida y su entorno han cambiado tanto, muy posiblemente no existe ninguna necesidad de mantener esa hostilidad, y que si él logra comprender cómo sucedieron las cosas y perdonarlos, podrían entablar una relación diametralmente distinta. Quizás ninguno de los dos llegue a ser de sus mejores amigos, sí, pero no tienen que estar divididos tampoco... Y lo mismo se aplica a su relación con Aioria. ¿O es que tienen algo en contra suya?
Ambos fueron enfáticos (por primera vez en toda la sesión), en negarlo.

- Puede ser posible, si así lo deciden...


Camus de Acuario había permanecido en silencio, escuchando y procesando todo lo que la asiática decía.
Un pensamiento había estado rondándolo, y al ver que la enorme cantidad de emociones que parecía estar bullendo en el interior de Cáncer y Piscis, y pensó que quizás podría aprovechar el momento para darle voz a su duda y a la vez darles la oportunidad para reponerse un poco, así que dirigió su vista hacia la profesionista que en esos momentos estaba ocupada en absorber el comportamiento de sus compañeros.

- ¿Doctora?

- ¿Sí, Camus?

- Hay algo que me inquieta y que quisiera compartir ahora.

- Por supuesto, adelante.

- Desde la junta del otro día, he pensado sobre lo qué puede pasar cuando él despierte. Aioros estuvo muerto muchísimo tiempo, más, incluso, del que llegó a vivir. Y por mi propia experiencia, sé que es bastante difícil asimilar el tiempo transcurrido mientras... no se estaba en este plano existencial - dijo Camus con la mayor delicadeza que le fue posible - Y lo que ocurrió durante su ausencia fue terrible. ¿No cree que el impacto emocional pueda ser demasiado? ¿No sería mejor ahorrarle los detalles de lo que pasó? A fin de cuentas, lo que importa es que él hizo lo correcto, y que Athena logró salir victoriosa, ¿o no?

Los ojos café obscuro de Sayaka miraron fijamente a Camus, y luego al resto del círculo mientras consideraba sus palabras.

- Son dudas muy legítimas, Camus, que te agradezco hayas expresado. Y antes de contestar, quisiera saber si alguien más ha llegado a considerar algo similar.

Mü, Aldebarán, Dokho, Marin, Shaina, Juné y Hyoga levantaron levemente la mano.

- Supongo que lo correcto es empezar por decir que yo misma he llegado a considerarlo, Camus. Saga me contó que Shion hablaba todo el tiempo de cómo ustedes debían de formar no sólo un ejército invencible, sino una hermandad, por lo que, muy probablemente, saber que fueron prácticamente lo opuesto, y todo lo que padeció su hermano, lo hará sufrir. Callar podría ser conveniente considerando que como bien dices, ahora están todos aquí, y que ya bastante duro le será asimilar todo el tiempo perdido, pero no considero que mentirle sea justo o adecuado. Como bien dijo Shaka, los secretos y las verdades a medias fomentaron este gigantesco enredo que años después siguen tratando de arreglar, sería una absoluta locura volver a manejar las cosas así... Además, mi ética profesional no me lo permitiría, y por eso, pienso decirle todo lo que pasó.

Dokho fue el primero en asentir. Sabía que la doctora tenía toda la razón, pero lo había llegado a considerar porque le habría gustado ahorrarle un poco de sufrimiento al valiente muchacho que tanto había perdido ya...

- En cuanto al impacto emocional que pueda provocarle, es preocupante, concuerdo, pero creo que puede ser amortiguado en gran parte si dosificamos la información, si recibe el apoyo emocional y el tiempo suficientes para asimilar lo que sucedió, y si somos enfáticos en señalarle que por terribles que hayan sido esos eventos, todos tienen ante sí una nueva oportunidad... Y en lo concerniente a lo difícil que pueda resultarle adaptarse, la cuestión es una gran interrogante. No hay nadie que haya pasado por lo que él, y la circunstancia más parecida posible que se me ocurre es la de un comatoso despertando después de una década, pero es sólo una teoría, y antes de hablarles al respecto quisiera que me aclaren algo... Shiryu dijo hace un momento que Aioros se las arregló para velar por Saori aún estando muerto. ¿Alguien tiene idea de cómo fue eso posible?

- ¿Disculpe? - dijo Hyoga

- ¿Por qué no se lo pregunta a la señorita Saori? - sugirió Juné.
- Quizás sea más fácil que nos explique si dejan de interrumpirla cada dos minutos - dijo Dokho al entender que habían malinterpretado a la Doctora, lo que ocasionó que ambos rubios se ruborizaran levemente.

- Lo que me gustaría es que alguno de ustedes que haya muerto... - aclaró ella con el mayor aplomo y sutileza que le fueron posibles - Si pueden, explíquenme si tienen recuerdos o sensaciones de cuando no tenían vida, si llegaron a tener una noción del tiempo transcurrido, o de los sucesos acontecidos en ese lapso.

- ... deberías contestar esta, Ikki - dijo Milo después de un breve instante

- ¿Bromeas? - retrucó Ikki con desdén

- No, tú eres el experto en la materia. Ya fuiste "de paseo" un par de veces, ¿no?
Ikki se incomodó aún más cuando notó que todos los ojos se posaban en él, pues nunca le había gustado ser el centro de atención.

- Tú mismo me explicaste que posees los atributos del ave mitológica, Ikki. - dijo Sayaka usando el tono más casual y amigable posible, pues Ikki podía poseer información invaluable pero su disposición para compartirla era evidentemente cuestionable - Imagino que no es un tema agradable, pero si en verdad tú eres quien ha pasado más veces por esa experiencia, muy seguramente eres quien esté más próximo a entender lo que él pudo haber experimentado, o que va a sentir cuando despierte.

- No creo que mi opinión sirva de mucho. Tengo recuerdos vagos y ha sido diferente cada vez. Además lo mío ha sido siempre temporal, unos días a lo mucho.

- Cualquier detalle, por insignificante que te parezca, puede serme de gran utilidad, Ikki.

Ikki no estaba convencido en lo absoluto, pero Shun le dio un leve apretón en el brazo mientras lo miraba, pidiéndole silenciosamente que cooperara, y no era el único que parecía pedírselo. Y como si las miradas no hubieran sido lo suficientemente enfáticas, encima de todo, Marin dijo simplemente, "Por favor".
Y aunque habló a través de la máscara, hubo una emoción en el timbre de su voz que lo estremeció.

Después de unos momentos, el Fénix puso los ojos en blanco, suspiró, y al fin aceptó intervenir.
Tal vez tenía su debilidad eran, después de todo, las pelirrojas...

- ¿Qué quiere saber exactamente?

- ¿Por qué no nos explicas qué se siente cuando sucede, qué piensas cuando abres los ojos al regresar?

A Ikki le costó encontrar las palabras. Expresarse nunca había sido su fuerte, especialmente con tanta gente oyéndolo, y siendo un tema tan privado; por eso, cuando habló, su voz no sonó ni tan firme ni tan resuelta como era usual en él, y mientras fue hablando, su voz fue adelgazándose, de modo que era para cuando terminó era casi un susurro.
Pero todos le oyeron con tanta atención, que no importó...

- Casi siempre, los momentos previos transcurren lento. A veces hay calma, a veces angustia. A veces duele, a veces no...pero como sea, las partes negativas no suelen durar mucho. La luz y la obscuridad se mezclan caprichosamente... Si quiere saber a dónde fue mi alma y que fue de mí mientras estuve muerto, no lo sé. No recuerdo ninguna imagen, pero en sueños he recordado una sensación similar a flotar en agua muy caliente, y que pude oír algunos sonidos como si vinieran de muy lejos. Sé que llegué a oír tu voz - dijo mirando a Shun - y la de Saori... En cuanto a lo que sucede al volver, abrir los ojos esa primera... segunda vez, o como le quiera decir, es como despertar después de una borrachera mayúscula. El cuerpo pesa, todo alrededor parece ir demasiado rápido, los sonidos abruman, la luz es casi demasiado brillante. A veces he recordado de inmediato que me fui y que estoy de regreso, y en cambio la última vez pensé que simplemente había dormido, o que me había desmayado... Y no hay sensación del tiempo transcurrido. Sepa o no que estuve muerto, nunca sé por cuánto tiempo fue hasta que alguien me lo dice.

- Extraordinario... - pensó, impresionada por la normalidad con la que Ikki había descrito sus resurrecciones

- Te lo agradezco muchísimo, Ikki - dijo cuando comprendió que su relato había terminado - Aunque no lo creas, has sido de gran ayuda.

- ¿Qué pasa en los casos de la gente que vuelve de un coma prolongado? Usted dijo que puede ser parecido - dijo Marin, que intervino pensando no sólo en el futuro de Aioros, sino en el de Seiya...
- He leído mucho al respecto, y sus relatos no son muy distintos a lo que nos acaba de contar Ikki. Hay quienes sienten como si despertaran simplemente de un sueño, sin recordar nada sobre qué los puso en ese estado ni qué sucedió con ellos en ese tiempo. Y hay quien, en cambio, recuerdan con pasmosa claridad sensaciones, sonidos, olores incluso, tanto del incidente que lo provocó, como de la época del coma. Considerando que el alcande de percepción que ustedes tienen es excepcional, creo que él, al igual que Ikki, bien puede tener cierta noción sobre lo ocurrido, pero no quiero hacer conjeturas. Lidiaremos con eso cuando él esté despierto... Bien, ahora quisiera que llegaramos a ciertos acuerdos, pero me gustaría que Aioria esté presente. ¿A alguien le molestaría si lo hago pasar?

Al ver que la mayoría lo negaba, verbal o corporalmente, la doctora se puso en pie, abrió la puerta, pronunció el nombre del griego, y unos instantes después, el rubio atravesó el umbral...


Con un sutil gesto de su cuello y sus manos, la japonesa le indicó a Aioria que tomara asiento en la silla que hasta entonces había permanecido vacía, y en cuanto hubo cerrado la puerta, ella retomó su lugar.

Los ojos de Marin siguieron la figura del Caballero de Leo en todo momento, y ya que lo conocía desde hacía tanto tiempo, enseguida reconoció que su andar fluido y grácil estaba alterado, pues ahora se desplazaba envarado y rígido.
- Muchas gracias por esperar, Aioria.
El rubio respondió encogiendo levemente los hombros en un extraño mutismo, tratando de mostrarse despreocupado, aunque casi había tenido un ataque de ansiedad ahí afuera.
- Bueno, por si no lo dedujiste, los reuní para que conversaramos abiertamente sobre la situación de tu hermano.
Él asintió con el rostro y el cuerpo tensos, aunque se las arregló para darle una sonrisita tímida a la psiquiatra.

- Quisiera hablarte a grandes rasgos sobre lo que se habló, añadir algunas ideas, y luego, podrás decir o preguntar cualquier cosa que desees, si te provoca. ¿Te parece bien?
Aioria asintió, continuando con su silencio y luciendo un poco más pálido que antes.
- Tus compañeros coinciden en celebrar su regreso; consideran que nadie lo tiene más merecido. También concuerdan en la admiración que les inspira, y en la expectativa que les produce tratarlo. Y en el aprecio que sienten por ti, y en lamentar las experiencias negativas que enfrentaste.
- ¿Qué? - Los hermosos ojos azules de Aioria, que habían ido humeciéndose al escuchar a la doctora, refulgieron de lágrimas contenidas al oírla - Yo... Se los agradezco... - dijo Aioria, que sintió que las miradas cálidas de sus compañeros realmente respaldaban las palabras de la doctora.
- Luego, hemos hablado sobre la preocupación que nos causa no saber cómo pueda reaccionar cuando despierte.
Aioria miró a la doctora con alarma, haciendo obvio que él no había meditado demasiado esa posibilidad.
- ¿Es que algo va mal? ¡La enfermera dijo...!
- Me refiero a su situación anímica. Reajustarse no ha sido fácil para ninguno, y tomando en cuenta las particularidades de su caso, su proceso puede ser especialmente complicado, pero no quiero que te alarmes, porque a pesar de todo, creo que él cuenta con ciertas ventajas.
- ¿Qué ventajas? - dijo él con una intriga que sus compañeros también compartían.
- Muchos de ustedes volvieron para verse inmersos en una nueva confrontación, o en condiciones anímicas o de salud muy difíciles de sobrellevar, como sucede con Kanon, pero para Aioros será completamente distinto. No hay reproches aguardándolo, y exceptuando el hecho de que no ha recobrado la conciencia, su salud es perfecta. Todos ellos - dijo la mujer señalando al amplio círculo de personas que los rodeaban - le tienen buena voluntad, y esos factores, pueden ser una gran diferencia.
- Supongo - respondió Aioria con los ojos brillantes y la voz ahogada.
- Quiero entonces, que hablemos sobre el procedimiento a seguir cuando despierte. Tomarlo con calma parece haber funcionado bastante bien con Kanon, así que sugiero que hagamos lo mismo.
- ¡Quiero ser el primero en verlo! - protestó Aioria de inmediato, recordando que Saga había tenido que esperar más de medio día para poder ver a su gemelo.
- Y lo serás. La relación entre ustedes es diametralmente opuesta a la de Saga y Kanon, no tengo inconvenientes en que estés ahí. De hecho, creo que lo más conveniente sería que la señorita Kido, tú y yo, fueramos los primeros en tener contacto con él. En un siguiente encuentro, uno o dos días después, dependiendo de su estado de ánimo, quizás sería bueno presentarle caras nuevas, con quien pueda establecer vínculos positivos de inmediato. Shaka, Dokho, Kiki, Shaina, me parece que ustedes serían ideales para darle ese recibimiento, por llamarlo de algún modo, si están de acuerdo, claro.
Todos asintieron.
- ¿Y qué debo decirle? - preguntó Kiki con una propiedad que enorgulleció al de cabellos lilas.
- En tu caso, lo que quieras, Kiki - respondió ella con una sonrisa - Puedes explicarle quién eres, que deseabas conocerlo, cosas así.
- ¿Y si hace preguntas?
- Si quiere saber qué día es, por supuesto puedes contestarle - dijo la doctora con una sonrisa - En cuanto a las preguntas que pueda hacer sobre el pasado y que consideres difíciles, creo que lo más conveniente será que Saori y yo nos hagamos cargo.
- No quiero que nadie más responda por mis actos - dijo Shura, tomando la palabra después de haber permanecido pálido y mudo durante toda la reunión
- ¿A qué te refieres?
Para cuando la doctora acabó de formular su pregunta, la mayoría miraba a la psiquiatra con una emoción que no se podía calificar de otra cosa más que horror, porque acababa de hacerse obvio que la Doctora No lo sabía Todo...

- ¿Usted no lo sabe, verdad? - respondió Shura, rematando con una risita amarga, pero antes de que ella pudiera decir algo, él continuó - Fui yo quien puso fin a su vida.

- Pensé que Sa... quiero decir, que había sido Ares - dijo ella cuando digirió ese nuevo trozo de dolorosa información

- Él dio la orden, yo la ejecuté... aún cuando lo consideraba mi mejor amigo - dijo Shura con una voz tan desprovista de emoción, que resultó aterrador para los que lo apreciaban - Si él hace preguntas al respecto, quiero ser quien le conteste.

- ¿Estás seguro? - preguntó el propio Aioria, que Marin pensó, en vez de molesto parecía triste.

- Por supuesto - dijo él con resolución inamovible.

- Me parece muy valiente de tu parte, y te doy mi palabra de que haré lo posible porque cumplir con tu deseo, Shura - dijo Sayaka después de considerarlo un poco, cada vez más admirada de las cosas que esos jóvenes habían tenido que sobrellevar, y de que aún después de todo, estuvieran en pie...

- ¿Qué hay de los demás? - preguntó Juné, buscando aliviar un poco la tensión - ¿Cuándo podremos verlo?

- Dependerá de que tan bien vayan esas primeras reuniones, y de sus propias necesidades, por supuesto. Cuando les toque su turno, procuren ser breves, simplificar explicaciones y concentrarse en sentar las bases para la clase de relación que desean sostener con él en el futuro. Quienes lo conocieron pueden llegar a sentir la necesidad de explicarlo todo de una sola vez, pero piensen que habrá tiempo para hablar con él. Sonará repetitivo, pero es importantísimo, sean pacientes... Quiero mencionar algo más, que creo es importante tengan en cuenta. Hasta ahora, ha habido, por decirlo así, dos Aioros. Uno es la persona real, de carne y hueso, y ya que muy pocos tuvieron la oportunidad de tratarlo, la mayor parte de ustedes tienen a otro Aioros en mente, que es un eco del Aioros verdadero, una figura idealizada pero que no es nítida. Eso va a cambiar, están a punto de conocer a la persona detrás de la leyenda, y lo que les puedo aconsejar al respecto es que busquen no darle demasiada importancia a la información previa que tienen de él. No digo que olviden lo que hizo, pero procuren acudir a ese primer encuentro con mentalidad abierta y sin expectativas, o podrían resultar excesivamente solemnes, cuando lo que me parece que va a necesitar es calidez, cordialidad y apertura.

- Lo tendremos en cuenta - dijo Dokho con gran seguridad, lo cual le dio mucha calma a la psiquiatra.

- ¿Qué hay de ti, Aioria? ¿Hay algo que tengas que decirles a tus compañeros?

El griego, que parecía haberse relajado un poco, la miró sorprendido.

- Si tienes algo que decir, creo que este es el momento más adecuado.

- No... no sé... Por supuesto que me hubiera gustado que las cosas fueran distintas. Fueron incontables las noches desée que él no hubiera muerto, que las cosas no hubieran sucedido del modo en que se dieron, pero no quiero pensar en eso ya. No quiero seguir mirando atrás. Él está aquí, y sólo quiero sacar provecho de cada instante de esta nueva oportunidad, sólo eso.

- Saga dijo que una de las cualidades más brillantes de tu hermano era la de ver lo mejor de las cosas y las personas. Me parece que tú también posees esa cualidad, y me alegro mucho, porque es lo más sano para todos - le respondió ella con toda sinceridad - Entonces, ¿no tienes ninguna pregunta?

Para sorpresa de varios, los ojos de Aioria parecieron a punto de llenarse de lágrimas.

- No... no tiene caso ya - dijo cuando logró hablar.

- ¿A qué te refieres?

- ... hay algo que siempre quise preguntarles, pero en verdad que ya no importa.

- No te calles - le dijo Sayaka

Aioria suspiró, y ante la insistencia de la doctora y la cordialidad que parecía reinar en el ambiente, el rubio suspiró y habló de nuevo.

- Es sobre su tumba. Nunca supe que fue de su cuerpo, y yo... necesitaba un lugar para hablarle - un sollozo que tenía un extraño parecido con una amarga risa penó por salirle del pecho mientras pensaba que primero había querido llorarle, y luego reclamarle - Su Casa fue saqueada... y se sentía terriblemente vacía... Evidentemente no importa ya, pero siempre quise preguntar si alguno de ustedes lo enterró, o supo que fue de él.

Por primera vez durante toda la junta, Milo y Shura intercambiaron miradas, ambos llenos de un evidente desasosiego, porque a lo largo de los años ambos habían atestiguado aquella incesante búsqueda.

- ¿Afrodita, fuiste tú?

El sueco levantó la cabeza con la rapidez de un latigazo al oír su nombre.

- No estoy reclamándote, sólo quiero saberlo.

El nórdico de inmediato lo negó con un movimiento de cabeza.

- ¿Angelo?

- No, no lo hice - dijo el italiano, mirando por primera vez directo a los ojos a Aioria desde que el griego había entrado

- Puedes decirlo ahora - dijo Aioria logrando una cierta dulzura en el tono de su voz que, pese a todo, no consiguió disipar la preocupación que recorría al grupo.

- No estoy mintiendo. No lo hice - dijo Angelo. Y en su voz no había suavidad alguna...

- ¡Dímelo!

- ¡Dije que no lo hice!

- Cálmense por favor - dijo Sayaka poniéndose en pie para ser lo más enfática posible, porque aunque ambos seguían sentados, sus brazos y cuellos ya estaban crispados y sus pechos extendidos y echados hacia adelante eran clara señal de agresión. - Aioria, como bien dices, Angelo ya no tiene razones para mentir. Si está diciéndote que no lo hizo, debes de creerle.

Aioria se recargó en la silla y se llevó las manos a la cabeza para revolver sus cabellos, mientras reflexionaba que apenas era mediodía y él ya se sentía extraordinariamente cansado...

- Fue absurdo preguntar - dijo él después de un momento de silencio.

- No lo es, no lo es - le aseguró Sayaka - Saber que fue de él durante ese tiempo te era, y es importante porque buscabas un cierre. Es algo natural en cualquier proceso de duelo, y especialmente necesario con una partida tan traumática como fue la de tu hermano... A Saga le pasó lo mismo, ¿sabes?

- ¿Qué?

- Me dijo que le pesaba no disponer de un lugar donde dirigirse a tu hermano. Y le sucedió también con Kanon.

Aioria se llevó una mano a los labios, mientras volvía a sentirse terriblemente mal por haber golpeado a Saga aquel día... pero ya lidiaría luego con sus emociones con respecto al gemelo. Tenía la oportunidad de conseguir respuesta a la interrogante que le quitó el sueño por años y no podía desperdiciarla, así que se armó de valor y preguntó.

- ¿Y tú, Shura?

Para cuando Shura oyó a Aioria pronunciar su nombre, toda la sangre se le fue a los pies, porque jamás pensó que Aioria pudiera preguntarle semejante cosa.

- Sabes bien que no lo enterré. Incluso te ayudé a buscarlo.

- Un tiempo sí, pero luego empezaste a insistir en que no lo buscara más. ¿No será que lo hallaste y...?

- Sugerí que pararas porque no hacías más que frustrarte y llenarte de rabia - dijo cuando logró que las palabras al fin surgieran de su garganta.

Ciertamente, había insistido en que Aioria cesara de buscar el cadáver, pero él no había cesado de buscarlo, pues aunque en ese entonces estaba firmemente convencido de que había hecho lo correcto, no dejaba de lamentar tener que haberlo hecho, y no dejaba de sentir que le había arrebatado a su hermano. Por eso había buscado con ahínco, pensando que si hallaba el sepulcro, podía ofrecerle al menos la tranquilidad de tener un lugar donde llorarlo... Pero Shura no mencionó nada, sólo desvió la mirada y calló.

- ¿Nadie sabe nada sobre qué sucedió con su cuerpo?

No hubo respuesta.

- ¿Hay algo más que quieras decir, o preguntar Aioria?

El griego se negó, y al ver el desasosiego en los rostros de la mayoría, Sayaka tomó la decisión de concluir.

- Bien, si nadie desea agregar algún otro comentario, será todo - dijo Sayaka, que después de la discusión, no estaba tan segura como antes de haber procedido correctamente.

Nadie dio señales de querer tomar la palabra, así que la doctora se puso de pie.

- Nuevamente, les agradezco su participación, y les pido que mediten sobre lo aquí hablado. Creo que cada uno tiene qué reflexionar, y algunas decisiones que tomar.

Después de un par de asentimientos y sonrisas flojas, la sala se vació rápidamente y en silencio.

No fue sorpresa que Aioria fuera el primero en marcharse, y lo hizo seguido por Marin y Shaina.

Afrodita y Angelo se fueron juntos, del mismo modo que lo hicieron Shiryu, Hyoga e Ikki, que escoltaron a Shun a su habitación. Los demás salieron más o menos juntos, y fuera de la sala comenzaron a conversar sobre si volverían a la mansión en ese momento o no.

Sayaka había comenzado a rotular los casettes que había usado cuando oyó unos pasos aproximándose

- ¿Doctora?

Quien se dirigía a ella era el Caballero Dorado de Tauro, que había esperado a que los demás salieran para acercársele.

- Aldebarán.

- Puede decirme Barau - dijo él con una pequeña sonrisa.

- Bien, Barau, ¿en qué puedo ayudarte?

- Quisiera disculparme con usted.

- ¿Qué? No tienes por qué.

- Pude haber sido más solidario cuando usted propuso que habláramos.

- Confieso que me extrañó que te negaras, pero no pasa nada.

- Es que tenía muchas dudas - dijo él soltando un pequeño suspiro.

- ¿Qué clase de dudas?

- Soy de los que creen que Aioros merece esta oportunidad más que nadie, créame, pero sé, y acabo de comprobar, que su regreso va a generar un cambio en nosotros.

- ¿Y eso no te parece positivo?

- Me refiero a que estos días en los que hemos empezado a convivir como debería haber sido siempre... no tengo palabras para describir lo poderosa que es conexión. Ha sido importante, y muy hermoso para mí. No quisiera regresar a estar divididos.

- No hay soluciones mágicas, ojalá las hubiera, pero estoy haciendo mi mejor esfuerzo por ayudarlos, y por eso juzgué tan importante confrontarlos hoy, para que el día de mañana duela y pese menos... Y no volverán a dividirse si te lo propones, Barau - dijo sonriéndole - La influencia que caballeros como tú, que mantuvieron una cierta neutralidad en el conflicto, pueden ejercer en esta nueva etapa, será fundamental. Estoy contando con ello - dijo Sayaka, atreviéndose a tomar una de las enormes manos entre las suyas

El Gran Toro, como pocas veces, se ruborizó...

- Gracias por insistir, Doctora.

- Gracias a ti por tu honestidad y tu confianza. Y en verdad no tienes nada que agradecer; para mí es un privilegio poder ayudarles...


Julián, Sorrento y Thetis se encontraban también en el hospital aquella tarde. Los puntos quirúrgicos le habían sido retirados a la Sirena un día antes, pero uno de los extremos de la cicatriz había amanecido levemente enrojecido y eso bastó para que Julián insistiera hasta convencer a la rubia de que fueran al hospital para consultar al doctor que estaba dándole seguimiento a su caso, y así asegurarse de que su recuperación se completara al cien por ciento.

Y ya que la Doctora Miyamoto y la heredera habían llegado a la decisión de que ella no estuviera presente mientras se efectuaba la reunión sobre el Centauro Dorado, Saori había decidido aprovechar el tiempo disponible en intentar ponerse al corriente con el papeleo legal que no dejaba de llegar a su escritorio.

Sin embargo, le fue muy difícil el concentrarse en la terminología con la que ya estaba familiarizada, y con una frecuencia inusual en ella, cada diez minutos o menos sus ojos iban hacia el reloj, preguntándose cómo iría todo.

Aunque la convivencia que se había logrado entre el grupo había sido más que satisfactoria hasta el momento (considerando los antecedentes), y aunque confiaba en la Dra Miyamoto, (de otro modo no le habría permitido semejante acción), el silencio que reinaba en esos momentos en la Mansión terminó por parecerle ominoso.

Pero se forzó en mantenerse positiva, y esperando con todo el corazón que nadie volviera a casa con la nariz rota, un ojo morado, o algo peor, Saori logró concentrarse medianamente y cumplir sus objetivos, y poco antes de las dos, tocaron a la puerta.

- Señorita, uno de los coches ha regresado - anunció Tatsumi asomándose a la habitación, pues ella había encargado al hombre que le avisara.

Saori se puso en pie con gran agilidad al oír el anuncio de su mayordomo, se alisó las ropas, y aparentando calma se dirigió al vestíbulo, donde esperó hasta ver que la puerta principal se abría.

Entró un grupo muy pequeño, encabezado por Shura, y tras él, iban Juné, Dokho y Milo.

Shura no había dicho una palabra desde que habían salido de la junta, y Juné estaba preocupada por ese silencio. Al ver que el español saludaba a Saori con un sutil gesto para enseguida comenzar a subir las escaleras, la rubia concluyó que debía de dirigirse a su habitación. Lo había visto durante la reunión llevándose los dedos inconscientemente a las sienes: probablemente tenía una jaqueca.

Juné deseó ir directamente tras él, pero la presencia de los otros la hizo desistir, pues no deseaba ser demasiado obvia, así que en vez de seguirlo, saludó a Saori con un vago gesto de su mano y optó por irse a la cocina, pensando en tomar un poco de agua y subir un par de minutos después por la escalera de servicio para ir a la habitación que él ocupaba, usando el pretexto de llevarle unos analgésicos para tratar de entablar conversación.

A diferencia de la amazona y el español, Milo y Dokho sí fueron hacia Saori, mientras Tatsumi permanecía unos pasos atrás de su señora.

- Dokho, Milo, buenas tardes.

- Buenas tardes- le contestó Dokho.

- Pensé que la junta se llevaría más tiempo - confesó ella, incapaz de seguir fingiendo que no había estado aguardando con impaciencia el regreso de sus Caballeros.

- Pues a lo mejor no fue mucho, pero se sintió eterno - dijo Milo alargando las "es"

Usualmente, Dokho habría mirado al griego con cierta reconvención por aquel comentario, pero las palabras de Milo eran tan ciertas, que no se inconformó.

- ¿Sólo volvieron ustedes?

- Nos dispersamos en cuanto terminó la reunión. Algunos se quedaron en el hospital, otros aparentemente se pusieron de acuerdo para dar un paseo breve. Menos de la mitad regresamos , y la mayoría de ellos fueron directamente hacia los jardines - informó Dokho.

- ¿Y cómo resultó todo? preguntó Saori.

Al ver la expresión en sus rostros, Saori sintió la vaga angustia que la había acechado en las horas previas densificarse hasta oprimirle el pecho.

- ¿Sucedió algo malo?

- Nada grave. La conversación no fue especialmente grata, o fácil - contestó Dokho, buscando ser sincero pero diplomático a la vez - pero considerando que las cosas podían haberse salido de control con gran facilidad, deberíamos de considerar una especie de suerte que...

- No fue suerte, fueron los... digo, la inteligencia de la Doc - opinó el griego - Cuando dijo para qué nos había citado pensé que acabaria irremediablemente mal, pero ella lo manejó todo con mucha gracia. Mis respetos.

- ¿Y Aioria? ¿Cómo lo tomó él?

- Creo que se mostró sorprendentemente maduro - observó Dokho, para el que no había pasado desapercibida la volubilidad de su temperamento, y que reconocía el esfuerzo que le había implicado no recriminar ni violentarse - aunque estuvo cerca de descontrolarse casi al final.

- ¿Por qué?

- Le preguntó directamente a Afrodita, Shura y Angelo, si alguno de ellos había sido el que lo enterrara.

- ¿Y qué respondieron? - preguntó Saori.

- Ninguno fue - respondió el asiático - Pensó que le mentían, pero la doctora intervino, y le recordó lo que él mismo había dicho, que ya no tiene importancia.

- No pensé que aún pensara en eso - dijo Milo

- Comprendo perfectamente su inquietud, pues yo misma desée saberlo muchas veces... - explicó Saori.

- Señorita... - dijo Tatsumi cuando se hizo el silencio tras la declaración de la muchacha.

- Tatsumi, ahora no.

- Es sobre la tumba del señor Aioros - dijo Tatsumi acercándose más mientras todos los ojos se posaban en él - Me estoy tomado el atrevimiento de intervenir porque sé que fue de él.

- ¿¡Qué!?

- El señor Aioros fue enterrado aquí, en Japón.

- No puede ser - dijo Saori, mientras los Caballeros miraban al mayordomo con el mayor de los asombros - ¿Por qué no sabía nada de esto? ¿¡Por qué no me lo dijiste antes!?

- Seguía órdenes del Sr. Kido - respondió él mientras bajaba la mirada

- ¿Mi abuelo te ordenó que me mintieras?

- No exactamente - dijo el mayordomo, entrando prácticamente en pánico, pues nada temía más que disgustar a la jovencita - Usted conoce bien el lugar.

- ¡Por supuesto que no!

- Hablo del Jardín, ¿no lo recuerda?

- ¿De que...? Espera - dijo ella al notar una minúscula y triste sonrisa en su mayordomo - ¿Hablas del Jardín del Ángel?

- Sí.

Todos los ojos se clavaron en la joven, mientras en ella emergía un recuerdo muy lejano y vago (debía de haber tenido unos tres o cuatro años), y que ahora, debido a su incursión en el Inframundo, le era perfectamente nítido. Prácticamente pudo verse correteando por unos prados verdísimos, cuando en su campo visual apareció aquella estatua a la que se había sentido atraída inmediatamente, y que ejerció una impresión tan honda en ella, que sintió ganas de reír y llorar a la vez...

- ¿¡Qué es el jardín del Angel!? - dijo Milo sin poder refrenar su curiosidad - ¿De qué hablas, Tatsumi?

- El señor Aioros fue enterrado al fondo de uno de los jardines que rodean las oficinas principales del consorcio del señor Kido - afirmó Tatsumi, explicándoles a los asombrados jóvenes, ya que Saori no terminaba de salir de su estupor - Mi señor lo hizo sepultar en una pequeña construcción que fue coronada por una estatua...

- La estatua de un centauro - completó Saori, su voz aún reflejando que estaba inmersa en sus recuerdos - Era muy pequeña y no sabía que era; le pregunté a mi abuelo, y él me dijo que representaba a un ángel... y yo me quejé porque era un ángel muy extraño... Tatsumi, ¿por qué no me dijiste que él estaba ahí?

- No podía decírselo sin revelar quién era usted en verdad, mi señora.

- ¡Lo sé hace tres años!

- Han pasado tantas cosas, señorita...

- Esto es una locura. Todo este tiempo deseando poder hacia él, y cuando fui jamás supe que estaba ahí.

- ¿¡Pero cómo lo trajeron hasta aquí? - preguntó Milo sin poder contenerse, y Saori no pudo estar más de acuerdo con el cuestionamiento del griego.

- No conozco todos los detalles - dijo Tatsumi, intimidado por la mirada penetrante del griego - pero si después de mi explicación tienen dudas, pueden preguntarle al Doctor Sato.

- ¿¡Qué!? - dijo Saori, que pasaba de una sorpresa a otra.

- Cuando mi señor viajó a Grecia, no iba solo: se encontraba recorriendo las islas en un crucero pequeño, y en el tour viajaban un par de amigos suyos. Su mejor amigo y socio, Yoshiro Sato; el hermano mayor de él, el arquitecto Seiji Sato, que fue el encargado del diseño de las oficinas centrales, y el hermano menor de ambos, Takeshi, quien es doctor y ahora dirige el hospital de la Fundación.

- Esto cada vez se pone mejor - pensó Milo, seguro de que si lo decía, aún cuando estaba en lo correcto, Dokho lo reconvendría.

- Aquel día, mi señor se había separado del grupo para recorrer con calma las ruinas, y fue cuando se topó con el señor Aioros. Él murió apenas hubo explicado quién era usted, y aunque mi señor comprendió que era urgente sacarla del lugar, no quería dejar al muchacho abandonado a su suerte, y estaba pensando en buscar ayuda cuando aparecieron los señores Sato. Sin revelarles nada en ese momento, mi señor le pidió al joven Takeshi que lo ayudara. Él confirmó la muerte del joven Aioros, pero a pesar de eso, mi señor convenció a los hermanos de llevárselo. Le pusieron algo de ropa encima para que la gente de Rodorio no lo reconociera, y lo llevaron en brazos hasta el crucero como si estuviera simplemente desvanecido. Ya estando en el barco, les reveló la verdad, y esa misma tarde logró que zarparan, pues temía que alguien pudiera atentar de nuevo en contra de usted, mi señorita. Los cuatro coincidieron en que lo mejor sería incinerar el cuerpo en la primera isla donde fuera posible, haciéndolo pasar por un miembro de la tripulación que había sufrido un accidente, pero entonces usted empezó a actuar inusualmente.

- ¿Yo?

- Mi señor me dijo que mientras más se alejaban de Atenas, usted se ponía más y más inquieta y no paraba de llorar. Él no sabía nada de bebés, y lo intentó todo, hasta que por coincidencia, el señor Yoshiro descubrió que la única forma de calmarla, era manteniéndola cerca de la Armadura.

Para esas alturas del relato, Milo estaba literalmente boquiabierto, y Dokho sólo lograba disimular porque le llevaba una ventaja monumental de experiencias de vida, pero de otro modo habría sido igual de evidente su asombro.

- Para cuando llegaron a una isla donde era posible cremarlo, había pasado más de una semana. Y desde que comenzaron los trámites, usted, de nuevo, volvió a llorar sin descanso ni consuelo. El cadáver había estado en un cuarto cerrado, y cuando mi señor y sus amigos hicieron pasar a las personas que lo llevarían a la incineración, descubrieron que el cuerpo del joven Aioros estaba incorrupto.

La expresión de asombro en los rostros de todos fue indescriptible cuando oyeron aquello, así que el mayordomo continuó.

- Después de ver su cuerpo intacto a pesar de que llevaba una semana sin vida, mi señor decidió que no podía cremarlo, y le pidió a los encargados del velatorio que se marcharan, y entonces usted dejó de llorar automáticamente; eso acabó por convencerlos a todos de que no debían de cremarlo. Pasaron por toda clase de peripecias legales para lograr transladarlo, pero después de casi tres semanas, regresaron a Japón con el cadáver. Y el señor Seiji, que había sido el más reticente en un principio a aceptar que usted era la reencarnación de Athena, estaba para ese entonces tan asombrado y convencido que propuso lo enterraran en aquel Jardín. Él mismo diseñó y construyó el mausoleo...

- No puedo creerlo - fue lo único que se le ocurrió decir, insólitamente, a Dokho de Libra, mientras Milo no sabía si tenía ganas de agradecer o de maldecir a Mitsumasa Kido por haberse llevado el cádaver de Aioros.

- ¿Y tú viste su cuerpo? - preguntó Saori.

- Sí. Mi señor hizo que lo colocaran en un ataud con tapa de cristal, y permaneció en el ático de esta casa hasta que el mausoleo estuvo listo. Yo estuve presente la noche que lo llevaron allá. Obviamente no hubo ceremonia, y sólo estuvieron presentes los señores Sato, mi señor y yo, y el mausoleo, como bien sabe, fue diseñado de tal modo que no lo pareciera desde afuera. Quedé a cargo de su cuidado, con órdenes precisas de vigilar que siempre estuviera cerrado con candado, para que ni usted ni nadie entraran y lo vieran... Pasaron los años, pero él jamás cambió: no parecía muerto, sino dormido, y para colmo, olía... como a hierba fresca. Hasta la última vez que lo vi, poco antes de que la guerra contra Hades comenzara, él seguía ahí, idéntico a esa primera vez, cuando lo trajeron de Grecia...

- ¿Estuvo muerto más de una década sin hacerse polvo? ¿Cómo puede ser posible? - se preguntó Milo.

- Llegué a leer y a oír relatos sobre personas cuyos cuerpos parecían desafiar las leyes de la muerte - aventuró Dokho - Generalmente se trataba de niños, o de gente joven. Algunos habían muerto en accidentes, otros por enfermedades, pero tenían en común haber sido especialmente bondadosos y generosos, y se hablaba de que los cuerpos a veces despedían olor a flores. Solía pensarse que algo así era una señal irrefutable de santidad.

- ¡Rayos! Juro que llegué a pensar que Angelo sabía algo y que no lo había admitido por cobardía.

- La doctora, una vez más, estaba en lo cierto. Tenemos que empezar a confiar - dijo Dokho.

- Si quiere, puedo decírselo yo mismo al joven Aioria - dijo Tatsumi interviniendo de nuevo

- ¡No! - opinó Milo automáticamente - Disculpe el atrevimiento, señorita, pero creo que sería una pésima idea justo ahora.

- Concuerdo con la observación de Milo - dijo Dokho - Quizás cuando Aioros esté despierto y Aioria esté mucho más relajado pueda decírsele, pero ahora no.

- Sí. La verdad no creo que le alegre saber que buscó debajo de cada piedra del Santuario cuando su hermano estaba enterrado en las oficinas de un empresario japonés.

- Nadie hubiera podido imaginarlo - reconoció Dokho, que no se dio cuenta de que justo en ese instante,

Shura, que había salido de su habitación para conseguir unos analgésicos, los oía desde la parte superior de la escalera.

- Se lo contaré de cualquier modo a la Doctora, pero creo que estará de acuerdo en que se lo digamos a Aioria cuando sea conveniente.

Con el corazón acelerado y olvidándose por un momento de su dolor de cabeza, Shura corrió de regreso hacia su habitación. Y aunque fue rápido, a Milo le pareció ver de reojo el visaje de alguien moviéndose...


Desde que le dieron de alta, Aioria se había agobiado por cada día transcurrido pasaba sin que su hermano despertara. Que sacaran a Kanon de su sueño inducido, y la junta, no hicieron más que incentivar esa ansiedad, hasta llegar a tal extremo que a él le hubiera gustado permanecer a su lado día y noche hasta verlo abrir los ojos.

Lo único que logró que no lo hiciera así, fue, curiosamente, la intervención de dos pelirrojas (quizás la debilidad por las de cabelleras flamígeras era un asunto de nacidos bajo el signo de Leo). Por una parte, la instrucción de Seika no podía ser dejada de lado, (además, disfrutaba de ese tiempo, pues le alegraba sentir que hacía algo por Seiya, y a la vez, lo relajaba la convivencia con la muchacha, que tanto le recordaba a su querido Pegaso), y por otra parte, cada dos o tres días, y a menos que algo lo impidiera, él y Marin tenían una nueva y deliciosa cita (y está demás decir que esas citas lograban aligerarle el corazón infinitamente)

Ni sus deberes ni su felicidad personal lo hacían olvidarse de su hermano, evidentemente, y por ello, ya fuera en la mañana, la tarde o la noche, él se daba tiempo todos los días para pasar al menos un par de horas con su hermano.

La noche previa al día en que al fin el de Sagitario retornó a la vida, Aioria pensó que quizás debería de regularizar sus visitas, para que en todo momento los demás supieran donde estaba él, y le informaran de inmediato. Pero eso no fue necesario: el destino decidió al fin mostrarse benevolente con él, pues la mañana del día dieciocho de Septiembre, Aioria decidió ir primero al hospital, y luego entrenar a Seika, y mientras se preparaba para salir, su hermano abrió los ojos.

Pero ese mismo destino determinó que el plan cuidadosamente pensado por la Doctora Miyamoto, se fuera al diablo, gracias a Kiyomi y al propio Aioros

Sucedió que Afrodita iba entrando al recinto hospitalario con la intención de ver a Kanon. Y Kiyomi, que había bajado por unos emparedados para ella y para Sumi, acababa de leer un mensaje de texto en su celular que la alertaba cuando se topó con el sueco en el elevador. Y ella, asumiendo que a Aioros le haría bien ver a uno de sus amigos, le explicó vagamente que "él" había despertado y se había puesto en pie, que parecía muy perturbado, y que necesitaban que lo tranquilizara. Afrodita de inmediato asumió que le hablaba de Kanon, y permitió que la joven lo arrastrara consigo.

Sí, él notó que no seguían el camino que llevaba a la Unidad de Quemados, pero pensó que quizás lo habían transladado, así que cuando Kiyomi prácticamente lo empujó para que entrara a la habitación, y se topó frente a frente con el que deberia de haber sido Patriarca, quien estuvo a punto de perder la conciencia fue el sueco.


Lo primero que pudo detectar Aioros al comenzar a volver en sí, fue Luz.

Brillante y luminosa...

No le pareció inusual. Por un largo tiempo, había estado rodeado o cerca de una maravillosa luz blanca; de hecho, ese color había llegado a ocupar en su existencia un lugar primordial, como una palabra única, un único y universal todo. Esa luz no le permitía ver nada más, encegueciéndolo prácticamente, pero no lo lastimaba. A veces, llegó a distinguir algunas siluetas acercándose a esa hermosa fuente de luz, pero se mantuvo siempre cerca, sumergido en ese blanco purísimo hasta que sintió que la luz se apagó
(Ella se había ido a la obscuridad, y sin dudarlo, él la siguió...)

Esta nueva luz que lo rodeaba, cuyo color no alcanzaba a definir, le produjo cierto dolor al colarse por sus párpados cerrados, pero no le prestó demasiada atención porque entonces vino el calor, o más bien, la sensación de calor. Y esa era un sensación gratísima, más grata que nada que pudiera recordar en muchísimo tiempo.

Luego escuchó. Había un ruido extraño y rítmico que no lograba reconocer..

..pero también escuchó cantos de pájaros...

... y la brisa jugando con las ramas de los árboles.

Los sonidos y las sensaciones le produjeron placer y tranquilidad.

Y podría haber permanecido así por mucho tiempo, sin pensar realmente en nada, sólo percibiendo la caricia caloríca que se vertía sobre su cuerpo, pero sus párpados, que ya no percibían la luz como una amenaza, se habían abierto poco a poco sin que él se diera realmente cuenta, y su mente aún entre brumas, comenzó a intentar distinguir, y después de unos instantes, sus ojos fueron enfocando poco a poco los objetos con mayor nitidez hasta que logró percibir el lugar en el que se hallaba.

Estaba en cuarto blanco.

Había una silla.

Unos cuadros colgados de la pared...

...y él mismo, que yacía acostado en una cama.

Se dedicó por un buen rato a mirar la forma de sus pies cubiertos por una sábana cuando descubrió algo más: un extraño gusto en la boca.

Entonces la verdad sacudió su mente.

Estaba registrando sensaciones, y él no había sentido ni había visto realmente nada en muchísimo tiempo.

Sensaciones.

Ver, oler, y sobre todo sentir implicaba... ¿vida?

¿Estaba vivo?

¿Cómo podía ser algo así?

¿¡Y Ella?

Hacía mucho tiempo, Ella había estado en peligro... Después, se convirtió en su único punto de referencia, su única certeza. Y ahora no podía sentirla.

No podía sentirla.

¿Dónde estaba?

¿Estaría bien?

¿Estaría lejos?

¿Del otro lado del mundo, quizás?

¿O peor aún, estaría muerta?

Muchas preguntas comenzaron a formarse en su cabeza, pero Ella era, ante todo, su prioridad; no podía hacer nada sin antes saber dónde estaba y sobre todo, si estaba bien, así que determinó salir en su búsqueda...

Fueron su gran fuerza de voluntad y su dedicación los que permitieron que lograra cierto control sobre su cuerpo, pero no eran por supuesto, los suficientes como para lograr darle estabilidad. Sus piernas jamás le habían parecido tan inseguras, y sus brazos tan débiles, por lo que fue un verdadero milagro que lograra bajar de la cama y tenerse en pie sin ir a dar de cara al piso. Y cuando comenzó a avanzar, su cuerpo todo el tiempo se bamboleó peligrosamente mientras él se sostenía con desespero de la cama.

Cuando estaba alcanzando el final del mueble, se produjo ruido a sus espaldas, y sintió cierta resistencia, pero decidió no mirar atrás.

Se dio cuenta de que estaba empapado de sudor.

Pero no podía rendirse. Tenía que llegar a la puerta.

Y ya no había en que apoyarse.

Se dio cuenta de que probablemente sus piernas no lo sostendrían, pero tenía que intentarlo.

Tenía que conseguir respuestas, así que tomó todo el aire que pudo, y se lanzó hacia adelante...


En el momento en el que Aioros decidió avanzar (con pasos tan torpes que podían ser mejor descritos como tropezones) la puerta se abrió, dando paso a una mujer que corrió para interceptar su cuerpo, que de otro modo, definitivamente habría ido a dar al piso.

El esfuerzo efectuado lo hizo jadear mientras la recién llegada comenzaba a gritar palabras que él no logró comprender. Le pareció distinguir que pronunciaba su nombre, pero no estaba muy seguro.

De cualquier modo, quizás ella podía darle algo de información, así que haciendo un esfuerzo por la falta de aire y la rigidez en sus cuerdas vocales, intentó hablar.

- A...the... na.

La joven mujer, que ahora notaba, estaba vestida de blanco, volvió a gritar mientras se esforzaba en ayudarlo a recobrar el equilibrio, cosa que agradeció inmensamente.

- Ne...cesi... Athe...na - repitió él casi sin aire - ¿Dónde...?

No acabó su frase, pero a cambio, logró recobrar el equilibrio, y estaba por intentar decir algo más cuando notó que un grupo de personas ya lo había rodeado. Parecían amables, y le sonreían, pero evidentemente querían impedir que lograra su objetivo, pues comenzaron a guiarlo de vuelta a la cama de la que tanto le había costado salir.

Él era dueño de una voluntad indoblegable, y podía llegar a ser un verdadero testarudo; en otra circunstancia, no hubiera habido poder humano que lo detuviera, pero había pasado dieciséis años siendo un cadáver, y casi dos meses inconsciente, y el esfuerzo de ponerse en pie lo había extenuado, de modo que aunque forcejeó, lo único que logró fue marearse y que las piernas se le doblaran, cosa que los desconocidos aprovecharon para devolverlo a la cama.


Sumi observó que sus compañeros instalaban a Aioros en la cama mientras ella misma recobraba el aliento, admirada de la fuerza incomprensible que había mostrado el joven convalesciente.

Él, de entre todos los "Chicos Kido" había presentado uno de los cuadros clínicos más extraños, pues independientemente de sus heridas, prácticamente todos sus órganos habían presentado problemas sin que los doctores pudieran entender cuál era la enfermedad de fondo que lo ocasionaba. Del mismo modo inexplicable, había parecido estabilizarse, pero sin recuperar la conciencia (otro evento inexplicable por sí mismo). Habían temido alguna especie de daño cerebral, pero los encefalogramas y otros estudios habían indicado que todo estaba bien.

Llevaba casi cuatro semanas en completa mejoría, así que cuando la japonesa, que estaba a unos pasos, tomando notas sobre la revisión que le había practicado media hora antes, escuchó las alarmas de su habitación sonando, sintió que el alma se le iba a los pies pues ella lo había hallado perfectamente bien.

Su shock se incrementó cuando volteó hacia la habitación y pudo ver por la ventana que él estaba en pie.

Corrió con todas sus fuerzas mientras pensaba que era imposible que hubiera logrado levantarse y caminar, y al ver que él estaba a punto de derrumbarse ella interpuso su cuerpo, abrazándolo, sosteniéndolo y chocando con él, todo a la vez.

Todos los músculos de su anatomía temblaban sin control, y ella supo que no tenía la fuerza suficiente para ayudar a alguien de su estatura a mantenerse en pie, así que enseguida gritó pidiendo ayuda, angustiada de pensar que en cualquier momento él podía caer y hacerse daño.

Afortunadamente Akira y Slava llegaron pronto en su auxilio, y la asombró de nuevo notar que aunque parecía terriblemente desorientado y débil, también parecía estar empeñado en volver a ponerse en pie, pues aún empapado en sudor y con una mano en la sien, intentó impedir que le pusieran de nuevo los aparatos de monitoreo o el suero, y no cesaba en impulsar su cuerpo hacia adelante.

Sumi recordó que algunos de los "Chicos Kido" hablaban otros idiomas, así que se acercó a su cama y le habló lento y haciendo muchas señas para tranquilizarlo y darle a entender que sólo querían ayudar. Y funcionó, pues después de observarla atentamente por unos instantes, Aioros permitió que le limpiaran la sangre que le había escurrido del brazo y que lo conectaran de nuevo al monitor de signos vitales, que se había caído cuando él se puso de pie.

- Avisa a los doctores. Nosotros nos encargamos - dijo Akira, recordando las instrucciones precisas de avisar a la doctora Miyamoto y al Dr. Hayakawa en cuanto el muchacho despertara.

Mientras Sumi se encargaba de dar la noticia, Akira y Slava le limpiaron el sudor con una sábana y le cambiaron la chaqueta de la piyama con gran eficiencia, y apenas segundos después, Kiyomi entró acompañada de uno de los "chicos Kido", que al cruzar el umbral, palideció mientras pronunciaba el nombre del paciente.

El recién llegado, el primero en ver despierto a Aioros después de su regreso triunfal de la muerte, fue Afrodita de Piscis.


La persona que se dirigía hacia él, pensó Aioros, era realmente singular.

Se trataba de un hombre alto, de andar decidido y piel blanca como la nieve, aunque teñida por ligerísimas tonalidades de rosa a la altura de las mejillas. Sus facciones eran finas y extraordinariamente simétricas. Sus ojos eran de un azul muy tenue, y en la mejilla izquierda, debajo del ojo izquierdo, se hallaba el rasgo más particular y distintivo de aquel rostro, (incluso más que sus labios carnosos y pálidos), un lunar...

- ¿¡Aioros!? - balbuceó de la forma más inconexa posible, tratando de asimilar lo que estaba pasándole, pues al toparse con esos ojos verdes, sintió como si le hubieran arrancado la costra a una herida gigantesca.
Aioros aún se sentía mareado, pero en honor a la verdad, Afrodita se sintió igual o peor cuando oyó su voz después de dieciséis años. Sonaba distinto, enronquecido, y sin embargo, en sus ojos reconoció la calidez y la dulzura que le había notado cuando se habían conocido...

Le parecía absurdo ser quien tuviera la primicia del despertar de Aioros cuando tantas otras personas anhelaban reencontrarse con el Arquero, y cuando él era probablemente quien menos deseos sentía de trabar amistad con el caballero que se había convertido en la leyenda más grande de su generación.

No albergaba resentimiento en su contra, tampoco envidia, o culpa.

Simplemente, temía que Aioros fuera en realidad tan maravilloso como todo el mundo decía, o que resultara, incluso ser superior a su reputación, porque de ser así, cualquier detalle aparentemente insignificante de su personalidad podría convertirse en la chispa que hiciera renacer el fuego en las cenizas del amor que Angelo había sentido por él y que ambos habían considerado hasta ese entonces consumido.Temía perder al único ser que había estado a su lado incondicionalmente, como amigo y como amante, y ahora estaba frente a frente con la única persona que se lo podía quitar...

- - respondió el griego, tratando de reconocer a quien había dicho su nombre y que ahora lo miraba con tanta atención - ¿Nos conocemos?

Afrodita enmudeció. Se habían visto (en vida) sólo una vez, apenas dos días antes de Aquella Noche, cuando acababa de llegar de Groenlandia, listo para contender por la armadura de Piscis...

La doctora Miyamoto los había prevenido sobre esto; quizás Aioros no lo recordaba...

- Nos conocemos - dijo Aioros, que ya había recobrado el aliento. Y no fue una pregunta, si no una afirmación, porque el vago recuerdo de su encuentro en el Santuario lo estaba alcanzando... - Eras un aspirante a Caballero.

Afrodita asintió, sintiéndose indigno, incómodo e inadecuado a la vez.

- Por favor, ayúdame. Necesito ver a la Princesa... Necesito ver a Athena.


Claro, es la cosa más lógica: el caballero más fiel desea saber el paradero de su señora, pensó el sueco.

- ¿Ya informaron a la Dra. Miyamoto? - preguntó Afrodita.

- Sí - respondió Slava.

- Perfecto, gracias. ¿Podrían permitirnos un momento a solas? - fue la pregunta de Afrodita a los enfermeros, pues aunque estaba hablando en griego con el castaño, no se sentía cómodo teniéndolos en la habitación.

Ellos asintieron y salieron, quedándose afuera para vigilar desde la ventana.

- Soy un Caballero, y puedo asegurarte que Ella está muy bien - logró decir el sueco cuando al fin estuvieron solos.

- ¿¡En verdad!? - dijo Aioros permitiéndose un gran suspiro de alivio al saberla sana y salva - ¿Dónde está?

- Debe de llegar en cualquier momento. Ha estado muy al pendiente de ti.

Aioros se ruborizó, y Afrodita deseó aventarse por la ventana, porque parecía sólo un niño, un niño que estaba generándole una empatía que no sabía si deseaba sentir.

- Esto no es la Fuente, ¿o sí? - dijo Aioros observando de nuevo la habitación.

- No, estamos en un hospital.

- ¿En Rodorio?

- No. En Japón

Aioros no pudo ocultar su enorme sorpresa al oír aquello. ¿Por qué estarían tan lejos de su amado Mediterráneo?

- ¡No puede ser! Estamos tan lejos... ¿Cómo llegamos hasta aquí?

- Es una historia compleja. Será mejor que Athena misma te lo explique...

- ¡Afrodita! - dijo Aioros para sobresalto del nórdico - Tu nombre es Afrodita, ¿verdad?

- Sí.

- Te recibí cuando llegaste al Santuario, ¿no?

Afrodita asintió nuevamente.

- También estabas frente a aquel Muro, cuando estuvimos todos juntos...

- Sí.

- ... no puedo recordar tu Casa... ¿Acuario?

- Piscis - dijo Afrodita, ruborizándose sin tener muy claro el por qué.

- Esto es extraño... - dijo el griego - pero me alegra que nos volvamos a ver, Afrodita de Piscis.

Afrodita estaba tratando de decir "yo también me alegro", cuando el griego habló de nuevo.

- ¿Los demás están bien? Aioria, el Caballero de Leo, ¿está bien?

- Sí, todos están bien - dijo Afrodita, mientras sentía que lo carcomía la vergüenza al recordar cuántas veces había atormentado al rubio al reestregarle a la cara que era indigno por ser hermano del muchacho que ahora tenía enfrente, al que había llamado"asqueroso y vulgar traidor" sin titubeos, y cómo le había repetido hasta el infinito que ni derramando toda su sangre a los pies de la estatua de Athena podría lavar el deshonor de las acciones de Aioros...

El griego interpretó erróneamente la evidente incomodidad del sueco, sobre todo porque comenzó a recordar otras cosas: el Muro de los lamentos, la sensación de la armadura cubriéndolo, y una última flecha con una desesperada carga. Sintió un dolor recorriéndole el pecho al pensar de nuevo en su amada diosa. ¿Dónde estaba ella? ¿Sería que en verdad lograron ayudarla? ¿Dónde estaban todos? ¿Y si Aioria estaba herido, o peor?

- ¿Él está bien? ¿¡Es que le pasó algo!?

- No, no - se apresuró a contestar al notar por los monitores que Aioros estaba alterándose - Tu hermano está bien, muy bien, en verdad. Él también debe de estar por llegar en cualquier instante - dijo rogando porque en verdad el rubio entrara ya para salvarlo de su miseria.

Aioros suspiró verdaderamente aliviado. El color le volvió al rostro y sus signos vitales fueron volviendo a la normalidad una vez que supo que su hermanito estaba bien. Luego, se enterró la uña del dedo pulgar en la carne sensible que quedaba bajo la uña de su dedo medio para provocarse dolor, y así tratar de confirmar que lo que estaba sucediendo parecía ser realidad.

No entendía cómo, pero todo parecía indicar que había vuelto a la vida.

Y aunque tenía una enorme curiosidad, pensó que las explicaciones podrían esperar siempre y cuando pudiera reencontrarse con Aioria.

Su hermanito.

Quería verlo. Quería abrazarlo. Despeinarle el pelo y dejarlo luciendo como un verdadero león.

Y oír su risa, pues según su criterio, su hermanito tenía la risa más alegre y más contagiosa del mundo.

Rori.

El anhelo le mordió el estómago, y un sollozo que lo sacudió entero brotó de lo más profundo de su ser.

Afrodita sintió nuevas ganas de salir corriendo cuando notó que Aioros parecía a punto de llorar, pero el más joven se recompuso antes de que Afrodita en verdad se saliera.

- ¿Cómo está Saga? ¿Él está bien?

- ... te dije que todos están bien - dijo Afrodita, muy extrañado de que le preocupara el bienestar del Gemelo.

- Lo vi en el Muro... - dijo Aioros con una sonrisa llena de nostalgia - Es el Patriarca, ¿verdad?

- ¿¡Qué!?

Sin esperar respuesta, pues las preguntas se le estaban acumulando en la cabeza, Aioros se lanzó a preguntar algo todavía más difícil de responder.

- ¿Sabes qué pasó con el Patriarca anterior? Su nombre era Shion, Shion de Aries.

Al oírlo, Afrodita sintió que ahora sí se iba a infartar...


Afrodita ya había sentido que estaba robándose algo muy sagrado al ser el primero en conversar con él, pero cuando Aioros preguntó por Shion con tanta añoranza, con tanto anhelo e ilusión en los ojos, su pensamiento cambió radicalmente; ahora consideraba que estaba siendo castigado.

- Nuestra Diosa llegara en cualquier momento; será...

- Necesito saber que ha sido de él.

- Yo...

- Por favor. Es como un padre para mí. Lo que le haya pasado, necesito saberlo.

Afrodita lo tenía clarísimo: no era quien para hablar de asuntos tan delicados y tan dolorosos con el de Sagitario, pero no quería arruinar ese nuevo comienzo mintiéndole.

- Sospecho que murió antes de que yo... Necesito saber que fue exactamente lo que le sucedió - insistió el griego, y hubo tanto dolor en sus ojos al decir aquello, que Afrodita no tuvo valor para seguir negándole la verdad.

- Estás en lo correcto. Murió hace mucho tiempo.

Los ojos del griego se arrasaron, y un lágrima escurrió segundos después por su tersa mejilla, pero no hizo el menor intento de esconderla.

Y ese gesto sencillo se ganó todo el respeto de Afrodita. Aioros podía verse como un adolescente, pero sólo un hombre cabal, entero y sincero, podía llorar sin tratar de ocultarlo o avergonzarse de ello.

- Lamento darte malas noticias - dijo Afrodita con toda sinceridad

- ... te agradezco la honestidad.

- Entiendo que tengas dudas, pero yo no soy el más indicado para contestarlas. Será mejor que la señorita Saori te lo explique todo.

- ¿Quien es la señorita Saori?

Afrodita parpadeó, y luego comprendió su desconcierto; podía recordar bien cómo todo le daba vueltas mientras Jabu le contaba todo lo sucedido mientras él no participaba del mundo de los Vivos, cómo había sentido estar viviendo un sueño...

- La actual reencarnación de Athena recibió el nombre terrenal de Saori. Los caballeros más allegados a ella, y quienes no saben de su misión en esta tierra, la llaman así.

- ¡Oh!

Fue el turno de Aioros de quedarse callado.

- ¿Te sientes bien, Aioros?

- Sí - contestó él, pensativo - Es sólo que nunca pensé en que tendría otro nombre. Para mí, siempre ha sido La Princesa... Fue cosa de Aioria - dijo el griego sonriendo mientras se perdía en sus recuerdos - cuando la vio por primera vez, dijo que era hermosa como una princesa. Le expliqué que ella era algo mucho mayor, que era nuestra Diosa, pero él siempre hablaba o preguntaba sobre La Princesa, y me acostumbré a llamarla así...


Afrodita podría haber llorado de felicidad cuando tocaron a la puerta. Con presteza, él dio la media vuelta y abrió la puerta.

- Qué bueno que llega - exhaló Afrodita, repleto de alivio al ver a la Doctora Miyamoto.

- ¡Afrodita! No sabía que estabas aquí.

- Es largo de contar. Pase, por favor.

- ¿Estabas aquí cuando despertó?

- No, cuando llegué ya estaba despierto, pero enseguida empezó a hacer preguntas. Procuré hacer lo que usted nos indicó, pero no sé si lo haya hecho bien.

- Seguramente sí, Afrodita, gracias por advertirme. Me presentaré de una vez.

- Doctora, no creo que vaya a entenderla - dijo Afrodita interrumpiéndola - No habla japonés; hemos estado conversando en griego.

- ¡Qué ironía! - pensó la doctora - De todos los escenarios que me plantée podían ocurrir, jamás pensé en semejante inconveniente... ¿Serías entonces tan amable de quedarte y traducir? Al menos hasta que la señorita Kido venga.

- Claro - respondió Afrodita con una sonrisa floja, pues hubiera deseado marcharse inmediatamente...

El sueco se retiró de la puerta para permitir que la doctora entrara.

- Hola - dijo ella dirigiéndose al adolescente, que la miró con la intriga bien pintada en sus ojos, que jamás imaginó fueran azules - Buenas tardes. Mi nombre es Sayaka Miyamoto, y soy doctora.

Sayaka volteó a ver a Afrodita, esperando a que él la tradujera, cuando entonces, oyó por primera vez su voz...

- Mucho gusto, Doctora. Mi nombre es Aioros.

- ¿Qué? Dijiste que no hablaba japonés - le dijo la doctora al sueco cuando logró salir de su estupor, pues Aioros acababa de dirigirse a ella en un japonés no muy fluido, pero suficientemente comprensible.

- Pensé que... No sabía que hablabas japonés, Aioros - dijo Afrodita, que estaba tan sorprendido como la mujer.

- No conozco ese idioma.

- Acabas de... lo estás hablando.

- ¿Lo hago?

- Sí.

- Esto es muy extraño - dijo él llevándose inconscientemente la diestra a una de sus sienes.

- ¿Te sientes bien? - dijo Sayaka acercándose a los pies de su cama.

- Sí - fue su respuesta.

Cuando ella se acercó un poco más con la intención de hacerle una evaluación física, él retrocedió un poco. Ella se dio cuenta de su recelo, y entonces supo que necesitaba decirle algo que lo hiciera confiar en ella.

- Te pido que confíes en mí. Athena me puso a cargo de tu cuidado.

Sus ojos se iluminaron al oír la mención de su diosa.

- ¿¡Usted conoce a La Princesa!?

- Sí, y hemos hablado extensamente sobre ti. Sé quién eres. Sé del Santuario, de las Guerras Sagradas, de tu extraordinario regreso, y de lo especial que eres para ella.

Aioros miró a Afrodita, incrédulo aún de las palabras de la mujer.

Shion lo había educado para ser el guardián del Santuario, y como tal, uno de sus principales deberes era el de cuidar del secreto de Athena ante los ojos del resto de los mortales. No se sentía cómodo hablando con alguien que evidentemente no pertenecía a la Orden, hecho evidente pues ella no llevaba máscara ni ningún distintivo que la marcara como integrante del Santuario.

- Sé que soy una perfecta desconocida para ti, y que mi palabra no vale nada, pero en verdad no tienes de qué preocuparte. La Orden de Athena y su misión son un secreto que está a salvo conmigo. Las personas que se han hecho cargo de tu salud en este lugar no saben por qué tú y tus amigos llegaran malheridos a este hospital, pero yo lo sé, y es por eso estoy tan interesada en tu bienestar.

Aioros se ruborizó un poco, pero asintió.

- Yo... estaré afuera - dijo Afrodita, que decidió aprovechar la oportunidad para retirarse

- ¿Tienes que marcharte ya? - dijo Aioros con evidente pesar, pues hubiera querido conversar mucho más con el hombre del lunar.

- No quiero estorbar

El sueco se dio la media vuelta, más que listo para salir

- Afrodita, gracias. Espero volver a verte pronto.

- No tienes nada que agradecer - fue lo único que se le ocurrió salir antes de marcharse.

- Imagino que debes de tener muchas preguntas, y que debes querer hablar y ver a muchas personas en este momento - dijo la japonesa cuando se quedaron solos - pero me gustaría que antes te revisara un médico.

- Me siento bien.

- Me alegra oírlo, pero tu hermano y tus amigos han estado preocupados por ti. No sé si Afrodita tuvo tiempo de explicártelo, pero llegaste a este hospital hace más de dos meses.

- ¿Llevo dos meses aquí?

- Sí, permaneciste todo este tiempo inconciente. Por eso, quisiéramos asegurarnos de que todo vaya bien con tu salud. ¿Qué dices? Prometo que no será nada largo ni muy incómodo.

- Pero quiero ver a la Princesa, y a Aioria

- Mira, te...

La doctora no llegó a formular su frase porque en esos momentos, alcanzó a ver por la ventana un borrón rubio.

- ¿Sabes qué? Tienes razón. La revisión puede esperar. Volveré luego.

La mujer salió, y antes de que Aioros pudiera comenzar a intentar comprender el motivo de su abrupta partida, su mirada se cruzó con la de un hombre de brillantes ojos verdes, que apenas llegó, se aferró al marco de la puerta.

Lo que vió en sus ojos, le transpasó el alma.

- ¿Aioria? ¿Eres tú?

Si Aioros llegó a dudar, fue porque su percepción del tiempo estaba trastocada, y su ser se había aferrado a su último recuerdo de su hermanito, tal y como le había ocurrido a Seika. Para él, Aioria jamás había crecido.

Sabía que habían unido sus cosmos en su flecha...

...pero su hermano era un niño. Lo había dejado acostado antes de salir de la cabañita que compartían.

Sí. Le había despeinado el pelo, y le había prometido algo...

Frente al Muro supo sin lugar a dudas que se trataba de él porque pudo sentir con toda claridad su cosmos vibrando al máximo: su hermano era un Caballero de Athena.

Y la persona frente a él se le parecía, pero no llevaba armadura, sino unas ropas extrañas.

Intentó activar su cosmos, pero no lo logró. Por lo tanto, tendría que confiar en sus otros sentidos.

Contuvo el aliento.

- Acércate, por favor - dijo con voz temblorosa, tanto por la falta de uso como por la emoción.

El joven hombre avanzó decidido, pero con pasos casi tan torpes como los que él había dado un rato antes, y se aferró a la baranda de la cama como si él también hubiera pasado meses sin usar los músculos de las piernas.

Al verlo más de cerca, las dudas de Aioros se disiparon, y el tiempo volvió a trastocarse, porque ahora estaba frente a su padre, tal y como era ese día en que salió a pescar y no regresó...

- Por Athena... Eres idéntico a papá.


Aioria había esperado dieciséis años para volver a ver aquellos ojos.

Había rezado y soñado tanto por el reencuentro, y se lo había imaginado con tantas variables posibles, que ahora que la oportunidad al fin se le presentaba, no tenía la menor idea de qué hacer.

Cuando oyó la voz de su hermano pronunciando su nombre, quiso arrojarse a sus brazos, pero le faltaba el aire y empezó a ver luces brillantes alrededor del rostro de su hermano, así que se recargó en la puerta pensando que se iba a desmayar, pues le daba miedo volver en sí y encontrarse con que él no estaba ahí...

Tampoco podía hablar.

Tenía dieciséis años de palabras atoradas en la garganta. Palabras de amor y dolor, de admiración y de alegría.

Tenía preguntas, reclamos y alabanzas todas mezcladas y que pugnaban por salirse de su pecho por entre sus costillas...

Estaba tratando de recordar qué le había aconsejado la psiquiatra cuando Aioros pidió que se acercara.

Y cuando mencionó a su padre, el corazón le dio otro vuelco. No tenía ningún recuerdo de sus padres, pero Aioros siempre le había hablado de ellos, con tal afecto, cuidado, frecuencia y adoración, que Aioria siempre los había sentido muy cerca.

No había pensado en ellos desde que él se fue...

Entonces, el barandal no fue suficiente para sostener el peso de su corazón adolorido y cayó de rodillas, con la cabeza baja por sentir que había fallado como hijo, como Caballero y como hermano...

Ver a su hermano caer le produjo tanta angustia que, sin detenerse a pensar en nada, Aioros se aferró a las sábanas para lograr arrastrarse por el colchón hasta acercarse a él, y luego, con muy poco cuidado cayó de rodillas a su lado - ¡Aioria, qué te pasa! ¡Respóndeme!

Al sentirlo tan cerca, Aioria levantó el rostro, lo contempló boquiabierto algunos segundos, y luego comenzó a tocarlo.

Necesitaba asegurarse de que estaba ahí, que era real.

Sus manos fueron a su oído derecho para doblar ligeramente la punta de su lóbulo hacia adelante; así pudo ver una cicatriz casi perfectamente vertical que le bajaba por el cuello

- Te la hiciste combatiendo contra Saga - dijo con una voz gruesa que a Aioros le erizó la piel, porque no sólo su rostro, sino su voz eran como la de su padre.

Aioros asintió.

Después, Aioria abrió con dedos temblorosos los dos botones superiores de la chaqueta de piyama que Aioros llevaba puesta, y cuando al fin lo logró, hizo la tela a un lado para descubrir que sí, ahí estaban cuatro lunares (colocados entre la clavícula y su hombro izquierdo), formando una flecha. El lunar que representaba la punta de la flecha, era rojo, tal y como lo recordaba.

Luego, sus dedos fueron a la ceja derecha del rostro de su hermano, y al borde de ella encontró una cicatriz.

- Esta te la hice yo.

- No es cierto.

- Activé mi cosmos sin cuidado, y unas rocas me iban a caer encima. Pero tú... me protegiste - dijo con voz vacilante - Te he dicho que si te peinas la ceja no se notará, pero nunca me haces caso...

- No soy tan vanidoso como tú - dijo llevando las manos al pelo de su hermano para alborotarle los cabellos.

Aioria comenzó a reírse a carcajadas, y en un instante, las carcajadas se transformaron en sollozos.

Aioros lo jaló hacia él, y a Aioria ya no le quedaban dudas, así que correspondió el abrazo instantáneamente.

Se abrazaron tan fuerza que Aioros se mareó.

Pero no le importó.

Por un milagro habían sido devueltos a la vida, y ahora estaban reunidos.

No importaba nada más.


Aioria comenzó a balbucear de la forma más inconexa en el oído de su hermano mientras lo apretaba contra sí, maravillado de poder sentirlo nuevamente.

- ¡Eres tú! Pensé... tenía miedo... Regresaste... No dejé de buscarte... No te vayas.

Aioria repitió esas frases una y otra vez, como un mantra.

En realidad, Aioros logró entender a lo mucho la mitad, porque la voz de su hermano era un susurro tembloroso y entrecortado, las sílabas mezcladas con suspiros y saltos que daba su pecho. Además, su pensamiento no estaba muy estructurado, demasiado enfocado en registrar lo que sentía.

Pero pensó, esperanzado, que ya habría tiempo para oírse. En esos momentos todo su ser estaba volcado a sentir: percibía como sus respiraciones agitadas se habían sincronizado como si fueran un solo pecho, sentía la fuerza de los brazos de su hermano que lo oprimían y lo mecían a la vez, registraba el enorme cambio en su voz y la textura de los cabellos que seguía enmarañando.

Sólo salió de su trance sensorial cuando se dio cuenta de que Aioria no cesaba de pedirle perdón.

- Aioria, ¿de qué hablas? No tengo nada que perdonarte.

- Pensé lo peor, ¡debí defenderte, debí...! ¡Le fallé, te fallé, no merezco...!

- Rori, ¡Rori! Cálmate, por favor. No entiendo casi nada de lo que dices - dijo Aioros, sosteniendo el rostro de su hermano entre sus manos - A lo que sea que te refieras, quedó atrás - aseguró el castaño, atrayendo la rubia cabeza de su hermano a su pecho para consolarlo como cuando era un niño...


Sayaka Miyamoto reflexionaba sobre cuántas sorpresas ya le había dado Aioros en menos de dos horas despierto cuando Saori llegó, escoltada por Marin y Milo.

En cuanto Sumi le informó que él había recobrado la conciencia, ella misma tomó el teléfono y marcó a la mansión. Tatsumi la comunicó con Saori, y fue la heredera quien le dijo que Aioria ya iba en camino al hospital, y que ella saldría de inmediato.

Antes de salir, Saori había dado la noticia a todos los que desayunaban en el comedor en esos momentos, y Marin y Milo se ofrecieron de inmediato para acompañarla, pues querían estar ahí para compartir la felicidad de su queridísimo Aioria.

La intención de Sayaka había sido la de ir a la habitación del muchacho en cuanto acabara la llamada con Saori, pero iba saliendo de su oficina cuando entró una llamada que no podía esperar, pues en menos de dos meses iba a efectuarse un congreso, y ella formaba parte del comité organizador, (lo cual hizo posible que Afrodita y Aioros conversaran)

La reacción del sueco durante el breve momento en el que estuvieron los tres reunidos, le hizo pensar que él no lo debía de haber pasado muy bien, pero parecía que el inesperado encuentro no había tenido efectos negativos en Aioros, y en cuanto Aioria hubo entrado a la habitación, ella se encargó de cerrar la puerta y se colocó frente a ella en una postura de resguardo que hubiera admirado a Cancerbero, postura de la que no se movió hasta que Saori arribó.

- Doctora.

- Saori, Marin, Milo, buenas tardes.

- ¿Cómo está? ¿Cómo sucedió? - preguntó Saori con la emoción evidente en la voz y el rostro, aunque logró mantener bastante de su exquisita compostura usual.

- Sumi me dijo que Aioros estaba solo cuando recobró la conciencia, y todo sucedió tan pronto, que para cuando ella se dio cuenta él ya se había logrado ponerse en pie, y aparentemente deseaba salir. Se alteró un poco cuando lo regresaron a la cama, pero de la nada apareció Afrodita y fue quien conversó primero con él.

- ¿¡Qué!? - dijo Milo - ¿¡Afrodita!?

- No sé exactamente cómo sucedió eso, pero por lo que pude ver, Afrodita manejó bien la situación y consiguió calmarlo. Está muy ansioso por verla, señorita.

- ¿Y Aioria?

- Ya está dentro, con él.

- ¿Qué hay de su estado mental?

- A duras penas y pude cruzar palabra con él. Es demasiado pronto para emitir una evaluación

- Comprendo - dijo Saori, mientras Milo estiraba el cuello nuevamente para intentar ver algo a través de la ventana, pero sólo lograba ver la cama vacía...

- ¿Desea entrar? - preguntó la psiquiatra.

- Esperaré a que Aioria salga.

- Podría tardar, señorita.

- Está bien; si debo esperar aquí todo el día, lo haré. No voy a interrumpirlos. Esos jóvenes se perdieron el uno al otro por mi causa, merecen todo el tiempo del mundo para reencontrarse.

- Pongámonos cómodos entonces - sugirió la psiquiatra

Menos de media hora después, un grito los sobresaltó.


- Apenas y puedo creer que estemos aquí... - había dicho Aioros después de un buen rato abrazando a su hermano, que le acariciaba suavemente las costillas con las yemas de sus dedos.

- Lo sé. Cuando desperté y me dijeron que estabas aquí, con nosotros... todo dió vueltas en mi cabeza. Estaban diciéndome exactamente lo que tanto había anhelado oír, y precisamente por eso no podía creerlo. Y cuando al fin pude verte, me paralicé. Tenía miedo de que fueras un espejismo, me aterraba intentar tocarte y que entonces desaparecieras. Tanto era mi miedo, que mi mejor amigo tuvo que obligarme a llegar hasta tu cama.

- ¿Quién es tu mejor amigo? - pregunto Aioros con una sonrisa curiosa

- Milo.

- Milo... ¿aspiraba a la octava Casa?

- ¡Sí! Es el Caballero de Escorpión... - dijo Aioria incorporándose de la extraña posición que había acabado adoptando, medio acurrucado y medio abrazado de su hermano - Hay tantas cosas que quiero contarte... y mostrarte... Mi... ¿Te sientes bien? - dijo Aioria, que notó que los brazos de Aioros temblaban. Y aunque el temblor era leve, no por eso fue menos alarmante - ¿Qué tienes? ¿Llamo al doctor?

- No, no me siento mal. Sólo... creo que...

Aioria podría haberse golpeado la cabeza cuando comprendió que su hermano estaba agotado, física y mentalmente, por el reencuentro.

- Perdóname, soy...

- Aioria, ya te dije que no tienes nada de que disculparte.

- ¡Sí que lo tengo! Te tengo aquí en el piso escuchando mis tonterías cuando tú necesitas descansar.

- No son tonterías, y no quiero descansar, no quiero perder ni un instante. Oiré todo lo que me quieras decir.

- ¡Por supuesto que lo harás! Pero no tienes que estar en el piso para tenerme a tu lado, y ten por seguro que no voy a alejarme de ti. ¡Ni Aldebarán podría arrancarme de tu lado! - dijo Aioria con una sonrisa enorme en los labios

- ¿Aldebarán? Me suena familiar...

- Ya entenderás. Ven - dijo Aioria mientras se ponía de pie, dispuesto a ayudar a su hermano, pero Aioros estaba tan cansado, y las piernas comenzaron a temblarle tanto, que Aioros terminó más bien alzándolo a pulso.

Aioria lo habría acostado de no ser porque Aioros insistió en estar de pie unos instantes.

- No puedo creer lo alto que estás.

- Quería ser tan alto como tú... Que idea más absurda: Nunca voy a ser tan grande como tú - le dijo sonriendo de nuevo entre lágrimas, su voz teñida por una mezcla de orgullo y tristeza a la vez.

- No digas eso, tú...

Aioros dejó la frase inconclusa, pues mientras su hermano lo sostenía con todo el cuidado y el amor posibles, él pudo notar las figuras de ambos reflejándose en los cristales de la habitación, y lo que vió lo tomó absolutamente desprevenido.

En el reflejo estaba un hombre fuerte, hecho y derecho, sosteniendo a un frágil y delgado adolescente.

Sí.

Un adolescente.

El que había sido exactamente hacía dieciséis años.

Reconoció sus propias facciones: sus ojos azules, sus cabellos castaños, gruesos, abundantes y ondulados, la nariz afilada, los labios...

Y de pronto los recuerdos empezaron a acudir en tropel a él con una velocidad pasmosa.

Pero un recuerdo en particular se instaló en su mente...

Shion lo había mandado llamar, y unos guardias le habían conducido hasta las habitaciones que ocupaba el de Aries, que lo saludó con cariño y lo condujo hasta un espejo de cuerpo entero gigantesco para que varias mujeres le tomaran medidas para los ropajes que lo señalarían como el Patriarca.

Ese mismo día, le probarían la Máscara...

- "Mira nada más, muchacho. Eres un adolescente, pero ya te ves como todo un hombre..." - había dicho el hombre al que admiraba y amaba como a un padre, mientras le probaban una túnica de un rojo encendido y brillante - "Aprovecha para mirarte bien ahora, porque cuando empieces a usar la máscara no habrá vuelta atrás, ni muchas oportunidades para que puedas mirar tu propio rostro..."

Shion.

Grecia.

El bebé en sus brazos...

Recordó a su hermanito quejándose porque no quería dormir, y a la Princesa que dormía plácidamente, y el mal presentimiento que lo perseguía.

Como si fuera ayer, vio un destello dorado, olió sangre y oyó una máscara cayendo.

Vió un rostro desencajado.

Un rostro idéntico al de Saga...

Todas las imágenes fluyeron y se agolparon tan rápido en su mente que ni siquiera se dio cuenta cuando se desmayó.


- ¡Ayuda! ¡Alguien, por favor, ayuda!

El grito de Aioria le congeló la sangre tanto al personal como a los que aguardaban en unas sillas cercanas al control de enfermeras, de modo que hubo una autentica estampida de personas corriendo hacia la habitación.

La escena que los esperaba cuando la puerta fue abierta por Slava, que era el que llegó más rápido, resultó preocupante, porque Aioros pendía totalmente inerte de los brazos de su hermano, y Aioria estaba tan pálido que parecía no faltar mucho para que el mismo se desmayara.

- Aioros, ¡no me hagas esto! ¡Abre los ojos, por favor!

- ¡Aioria, suéltalo!

Fue la voz de Milo la que sacó a Aioria de su trance, porque él no había parado de gritar pidiendo ayuda, su mano sujetando la cara de su hermano en un vano intento por hacerlo reaccionar; sólo la voz de su amigo imponiéndose sobre las otras fue la que lo hizo entender que había gente del hospital a su alrededor tratando de ayudar.

- Vamos a ponerlo en la cama - le dijo Slava, y Aioria asintió sin poder decir nada, así que entre ambos lo instalaron, y de inmediato el personal se puso a trabajar, encabezado por el Dr. Hayakawa, que había llegado hacia rato y había estado esperando por la oportunidad para entrar y evaluarlo.

Marin y Milo tuvieron que tirar con todas sus fuerzas de sus brazos para hacerlo retroceder lo suficiente como para no entorpecer la ayuda, y al ver las señas que la psiquiatra les hacía, intentaron sacarlo de la habitación.

- No. ¡Tengo que estar con él!

- Aioria, mírame - dijo Sayaka aproximándose - Hay un regimiento entero de personas que están cuidando de tu hermano; lo que sea que esté mal, van a encontrarlo.

A regañadientes, él dejó que lo sacaran de ahí.

- Habla conmigo Aioria, necesito saber qué pasó.

- Se desmayó - explicó él, ya rodeado por Saori y sus amigos.

- Sí, pero ¿qué pasó justo antes? ¿Hubo algún comentario extraño de su parte, o...?

- No, no. Habíamos... yo...

- Aioria, necesito que organices tus ideas y me expliques que pasó exactamente - dijo ella batallando para conseguir que el rubio la mirara a ella y no hacia la ventana, donde se podía ver que el joven permanecía inconsciente.

- Todo iba bien. Estuvimos sentados en el piso por un buen rato y luego me di cuenta de que temblaba. Le pregunté si se sentía mal, dijo que estaba cansado. Lo ayudé a levantarse mientras seguíamos hablando, pero luego se quedó muy quieto. Le pregunté si todo estaba bien, y no me contestó. Se quedó mirando unos momentos hacia afuera y luego se desmayó. Fue mi culpa, me dijo que estaba cansado y yo...

- Aioria, no sirve de nada que te culpes, por favor. La enfermera dice que en cuanto despertó se puso de pie, probablemente sólo está agotado. Veamos qué dice el Dr. Hayakawa.

La puerta se abrió minutos después para dar paso al personal, que dirigió a Aioros hacia los elevadores.

- ¿Qué pasa? ¿A dónde se lo llevan?

- No se inquiete - dijo el Dr. Hayakawa - no parece haber nada malo con su hermano, pero quiero aprovechar para hacerle unos estudios y así estar completamente seguros. Si está de acuerdo, claro.

Aioria asintió, sus ojos adheridos a la figura de su hermano.

- Ven, vamos a esperar - dijo Saori tomándolo del brazo para conducirlo a las sillas que ella había estado poco antes...


Casi tres horas después, Aioria estaba listo para asesinar a alguien, a quien fuera, con tal de que le explicaran que sucedía.

Afortunadamente, en ese momento Akira y Slava aparecieron conduciendo al griego. Venían del sótano, a donde lo habían llevado a Aioros para hacerle unos estudios. Ver a su hermano lo tranquilizó un poco y se mantuvo muy atento mientras lo instalaban nuevamente en su habitación, pero los enfermeros no pudieron brindarle mayor información, así que comenzó a inquietarse nuevamente.

Afortunadamente y para su gran alivio, un par de minutos después, el Doctor Sato hizo su aparición.

Antes de que el rubio bombardeara al director del hospital con preguntas, Sayaka se le adelantó.

- ¡Doctor Sato! ¿Qué hace aquí?

- Me encontré con Koji y me explicó la situación, decidí colaborar acompañándo mientras se le efectuaban los estudios - dijo el Dr. Sato, considerando si sería conveniente revelarle en un momento dado a la psiquiatra el interés personal que le generaba Aioros, que no cesaba de sorprenderlo...

- Comprendo. ¿Y cómo resultó? ¿Encontraron algo?

- No, todo salió limpio. Prístino, podría decirse. Aquí tiene - dijo, entregándole varios sobres con los resultados de los distintos estudios practicados.

- ¿Eso qué significa? ¿Qué le pasa? - dijo Aioria, que no iba a quedarse oyendo silenciosamente la conversación cuando el bienestar de su amado hermano estaba de por medio - ¿Por qué no ha despertado? ¿Le pasó lo que a Saga?!

- No lo parece, Aioria, aunque es muy probable que sí haya perdido la conciencia por el cansancio, y por una cuestión emocional como cree el Dr. Hayakawa.

- Yo también lo sospeché - dijo ella.

- Debo de irme, pero quiero que me mantengan informado de cualquier cambio, por pequeño que sea.

- Por supuesto, gracias Doctor.

- Ven - le dijo la psiquiatra al rubio, y ambos entraron a la habitación.

La joven mujer puso atención a los monitores y revisó con cuidado los resultados de los estudios.

- No quise hacerle daño, pensé que todo estaba bien... - balbuceó Aioria que ya se había instalado al lado izquierdo de su cabecera - Esto no es como lo de Saga, ¿o sí?

- No, no es como lo que le sucedió a Saga, y ya te dije que no sirve de nada que te eches la culpa. Recuerda que te lo comenté el día de la junta, esto puede ser una reacción emocional perfectamente lógica. Cualquier estímulo pudo resultarle excesivo después de tanto tiempo fuera de sí, y no habrá modo de saber qué detonó esa reacción en él hasta que despierte. ¿Por qué no vas a comer algo con Saori y los demás?

- ¡No, no me voy a ir! ¡Le prometí que estaría aquí!

- No sabemos cuánto tiempo vaya a estar inconsciente.

- No me importa

- Está bien. Si quieres quedarte está bien.

Sin aguardar más, Aioros tomó una silla y se dispuso a permanecer en ella hasta volver a ver los ojos azules de su hermano

Tomó la mano izquierda de Aioros y se la llevó a la frente, y estaba concentrado en rogar que él no tardara demasiado en despertar cuando oyó un ruido originado por Sayaka, que también había tomado una silla y ya se había instalado en el lado opuesto de la cama.

- Esperaremos juntos - respondió ella al ver la incertidumbre reflejándose en su rostro...


Aioria dormitaba y Sayaka consultaba a través de su celular unos textos que podían ser muy valiosos para el congreso venidero cuando Aioros comenzó a despertarse, casi cuatro horas después de su desmayo.

Aioria de inmediato salió de su sopor y se inclinó para que Aioros pudiera verlo.

- Aioros, estoy aquí - dijo apretándole con suavidad la mano

- Pensé que te había soñado - dijo él con una sonrisa laxa.

- No... - dijo el rubio con los ojos instantáneamente llenos de lágrimas - Te desmayaste. ¿Cómo te sientes?

Aioros se llevó la mano libre al rostro.

- ¿Qué pasa? ¿Te duele algo?

Mientras Aioria le preguntaba, Aioros había zafado la mano que su hermano le sujetaba, y con ambas comenzó a recorrer sus propias facciones y su cabello.

- ¿Coros, qué tienes? ¿Te duele la cabeza?

- Estoy algo mareado, pero... quiero...

Ambos miraron expectantes al joven, pendientes de cualquier cosa que él pudiera decir.

Pero ciertamente su petición los tomó por sorpresa.

- Quisiera... ¿puedo?

- ¿Qué quieres?

- Un... espejo

- ¿Qué?

- Quiero verme en un espejo - dijo Aioros, que enseguida se llevó las palmas de las manos a las cuencas de los ojos y presionó con suavidad, como si hubiera estado tratando de arreglar algo en su vista - Por favor.

Aioria miró preocupado a la Dra Miyamoto, pues su hermano siempre había sido elocuente y articulado, y ahora parecía extraviado y frágil...

Sayaka se dio cuenta de inmediato de la reacción del rubio y le brindó una sonrisa que pretendía tranquilizarlo. No tenía claro el por qué de la petición de Aioros, pero tampoco parecía algo descabellado, o que entrañara una amenaza para su bienestar, así que salió y regresó relativamente pronto, llevando en las manos un espejo que le había pedido a Kiyomi.

La japonesa se quedó de pie al lado de la cama, y extendió con suavidad el objeto para depositarlo en las manos del joven.

Él lo mantuvo entre sus manos algunos segundos, sopesándolo, y luego lo elevó en su mano izquierda para acercarlo bastante a su rostro.

Se miró largamente, completamente ajeno a las miradas que le dirigían.

Su mano derecha fue hacia sus labios, hacia su nariz, a sus cejas, y al contorno de sus ojos, que no paraban en su escrutinio sobre sí mismos.

- ¿Coros, qué pasa?

- ...No entiendo - dijo Aioros después de un rato

Su temblorosa mano izquierda bajó finalmente y el espejo reposó sobre su regazo.

Tardó un rato en articular sus pensamientos, pero tanto la doctora como su hermano aguardaron en silencio.

- Sé que perdí la vida y que ha pasado mucho tiempo desde esa noche. No está muy claro en mi cabeza cuánto tiempo fue... pero es evidente... tú estás tan crecido... y al verme... ¡No entiendo!

- Si no tienes claro tus pensamientos o sentimientos está bien. No tienes que explicarnos nada justo ahora - dijo Sayaka

- Pasó mucho tiempo, ¿verdad?

Sayaka asintió sin darle más detalles.

- ... Sí, puedo ver el paso del tiempo en ti, ¡pero yo me veo igual!

Las cosas comenzaron a cobrar sentido para Sayaka, aunque no fue un gran consuelo. Que entendiera no implicaba necesariamente que supiera lo que se debía de hacer...

- ¿Recuerdas lo que pasó justo antes de desmayarte? - le preguntó al muchacho.

- Me sentía cansado. Rori me ayudó a ponerme en pie, y entonces vi nuestro reflejo en el cristal, y...

- ¿Y?

- ... vi cosas en mi cabeza.

- ¿Imágenes?

- Más bien recuerdos.

- ¿Qué recordaste? - preguntó Sayaka mientras a Aioria se le hacía un nudo en el estómago.

- La última vez que vi mi reflejo...

- ¿Te molestaría contarme qué pasó en esa ocasión?

A Aioros le seguía pareciendo una mala idea contar cosas que sólo pertenecían al interés de la Orden frente a una desconocida, pero Aioria le sonrió, alentándolo, así, que se animó a responder.

- La última vez que me vi al espejo me estaban probando los ropajes que usaría el día de mi envestidura como Patriarca.

- ¿Estabas solo?

- No. Me acompañaba un hombre llamado Shion.

Los ojos del menor de los griegos viajaron directamente a los ojos de la japonesa, que a su vez se preocupó un poco. No tenía demasiada información sobre Shion, pero lo que sabía era suficiente para entender que el hombre había sido una persona fundamental en la vida de Aioros, y que su nombre, y su destino, estaban teñidos con tragedia.

- Cuando vi mi imagen en el cristal, lo recordé y sentí como si hubiera estado a mi lado apenas ayer... y al vernos no pude entender cómo has cambiado tanto y cómo yo sigo igual...

- Aioros, comprendo que estés lleno de preguntas, pero lo más conveniente sería que descansaras un poco.

- No - dijo Aioros con tanta convicción, que descolocó a la preparada profesionista. El muchachito confundido que segundos antes había estado ante ella había desaparecido como por arte de magia... - No voy a dormirme, ¡estoy lleno de preguntas!

- Perdiste el conocimiento. Sería conveniente que lo tomarás todo con calma y...

- Quiero saber qué fue de Shion, y no voy a descansar hasta ver a mi Princesa. Tengo que saber si está bien.

- Lo está.

- Tengo que verlo por mí mismo.

- Sé que no estás acostumbrado a tratar con gente que no pertenece a la Orden de Athena, pero te aseguro que lo único que me interesa es ayudar. Entiendo que desees ver y hablar con tus compañeros y amigos, y créeme, no es unilateral. Tuve grandes problemas para impedirles que estuvieran aquí ahora.

En un parpadeo, el muchachito estaba de regreso, mirándola con desconcierto, y cierto rencor.

Ella intentó no dejarse afectar por la intensidad de su mirada.

- No tengo ninguna intención de torturar a nadie, pero mi trabajo es ver por tu salud física y mental, y ellos lo saben. Es mucho lo que han esperado y soñado para que este día llegara, pero su impaciencia no supera su interés por ti, nadie quiere satisfacer su ansiedad a cambio de tu salud. Perdiste el conocimiento hace no mucho, no quiero arriesgarme a...

- Entiéndame usted a mí. ¿Cómo puedo pensar en descansar cuando no entiendo cómo o por qué estoy aquí, ni dónde estuve? ¿Cómo puedo considerarme un Caballero y echarme a dormir sin saber qué ha sido de Ella?

Sayaka suspiró, aceptando su derrota ante la vehemencia de las palabras del joven.

- Ella está afuera, aguardando por verte. Si tanto lo deseas, la haré venir, pero tengo que pedirte un favor - dijo ella, poniendo mucho cuidado al cómo decía las cosas frente al fervoroso y determinado jovencito.

- ¿Cuál?

- Si no te sientes bien, por pequeña que sea la incomodidad, nos lo harás saber.

- Me siento bien - repitió él con cierta frustración; no estaba acostumbrado a que lo trataran como a un bebé y no le agradaba la sensación.

- Como te dije, mi trabajo es asegurarme de que estés bien.

- Está bien, lo haré.

Sayaka salió, y después de unos instantes, Aioros volvió a tomar el espejo en sus manos y procuró arreglarse un poco el cabello.

- ¿Quién es el vanidoso ahora, Coros? - dijo Aioria con sorna

- Esto no se trata de vanidad, Aioria, deseo verme mínimamente presentable para ella. ¿Te das cuenta? - dijo con los ojos relucientes y una sonrisa enorme - Voy a ver a la Princesa, voy a verla... Estoy temblando... ¿No me veo muy mal?

Aioria no pudo contestar, porque Saori apareció en la puerta.

Y la joven Diosa, que había oído el comentario de Aioros, pensó que jamás había visto a un muchacho más hermoso...

Los ojos del griego contemplaron a una adorable joven cuyo rostro, estuvo seguro, jamás había visto. Pero sus ojos, del negro más suave y atrayente, y su larga cabellera color violeta eran del mismo color que los de la personita que un día apareció frente a una estatua para cambiar al mundo entero...

- ¿Princesa? - preguntó él con un ligero temblor en la voz.

Saori lo había mirado mientras él trataba de reconocerla, intentando contener las lágrimas que había querido derramar desde que lo supo despierto, pero cuando al fin supo cómo era su voz y de qué color eran exactamente los ojos de aquel a quien le debía la vida, no pudo más y unos lagrimones enormes le surcaron el rostro mientras permitía que un poco de su cosmos despertara y refulgiera para él.

La reacción de él fue inmediata, pues reconoció la hermosa luz que lo había guiado y protegido durante aquel largo tiempo... Sus ojos azules lucieron enormes mientras se llenaban de lágrimas.

- Era apenas un bebé... - dijo él aún incrédulo cuando ella cesó de manifestar su cosmos - ¿Ha pasado tanto ya?

Saori asintió.

- Perdóneme – dijo él sin darle tiempo a ella para reaccionar – debería de ser yo quien acudiese a usted, y no al revés.

Él hizo un gesto vago, tratando de brindarle una reverencia aún estando acostado en la cama, cosa que ella comprendió, y su respuesta fue llegar hasta su cama y sentarse en ella, a su lado.

- Aioros – dijo ella extendiendo su diestra para levantarle el mentón – no tengo nada que perdonarte, al contrario. Si hay algo que tengo que hacer, es agradecerte. Si no fuera por ti, no habría tenido la oportunidad de vivir y crecer para cumplir con mi destino. Sin ti, mis caballeros de bronce no habrían podido devolverme al Santuario, y sin ti, el Muro no habría sido destruido...

- Sólo cumplí con mi deber.

- Hiciste mucho más que eso - dijo Saori tomando el rostro adolescente entre sus manos para besarle la frente, y luego, flotó para envolverlo en sus blanquísimos brazos.

Saori nunca había experimentado algo como lo que sintió al tocar a Aioros: el roce de sus brazos contra la piel de él removió un inmenso cúmulo de sensaciones en su ser, un maremoto de sentimientos sólo comparable a lo que experimentó durante el viaje astral que la reunió con Zeus después de tanto tiempo alejados.

Era imposible (según las leyes de la lógica) que ella pudiera recordar el contacto que llegó a existir entre ellos antes de su muerte, pues era sólo un bebé, pero gracias a sus recuerdos como Diosa, de alguna extraña forma pudo recordar ser acunada por él: reconoció su aroma, el tacto de la piel de sus brazos arrullándola, el sonido armonioso y reconfortante de su voz cantándole, y claro, su cuerpo dándole calor y protegiéndola del frío de la noche, en especial de aquella noche...

Al sentirla, el nerviosismo que él había experimentado desapareció, y se sintió tan lleno de paz, que la más hermosa sonrisa se le dibujó en su rostro mientras suspiraba lleno de emoción.


Sayaka y Aioria lo contemplaban todo en silencio desde una esquina de la habitación, ambos conmovidos hasta la médula aunque por razones distintas; ella acababa de experimentar por primera vez la inmensidad del cosmos de un Dios. Frente a sus analíticos ojos se había desplegado la evidencia de la existencia de voluntades superiores a las humanas, presencias que regían los destinos de gente como ella, meros mortales. Y aunque ya lo sabía a nivel intelectual, nada se comparaba a lo que acababa de sentir al verla refulgiente como una estrella. Además, Athena no era una diosa cualquiera: había en ella tanto amor y serenidad, que sintió estar atestiguando un milagro.

Él, en cambio, por un momento llegó a sentirse celoso. Jamás había visto a Saori comportarse así con nadie...

Dos segundos después, le dio un pequeño ataque de risa que ahogó en la manga de su playera mientras pensaba que sus celos eran la cosa más absurda del mundo.

Sí, evidentemente había un vínculo único entre ellos dos, casi inexplicable, y tan fuerte, que ni la misma muerte ni el tiempo habían podido deshacerlo. Pero conocía bien a su hermano, y sabía que él jamás tomaría provecho de ella ni de su conexión...

- ¿Estoy soñando? - dijo Aioros con una voz suave como la seda

- No, querido Aioros - dijo ella alejando un poco su torso del suyo para poder tomarle las manos cómodamente - Estamos juntos en el mundo de los vivos.

- ¿Cómo puede ser posible?

- En realidad yo misma no lo tengo muy claro. Vencí a Hades con la ayuda de mis Caballeros de Bronce. El Inframundo comenzó a derrumbarse, y yo los sentí alejándose de mí y me negué a aceptar perderlos una vez más, sobre todo cuando entendí que estabas entre ellos. En ese momento quise ser quien los protegiera después de todas las veces que ustedes me protegieron a mí, y de algún modo me fue posible regresar trayéndolos conmigo. No puedo darte mejor explicación que esa.

- Pero mi misión acabó hace mucho...

- Eso no fue lo que demostraste interviniendo una y otra vez para establecer la balanza a mi favor. Quizás por eso, desde que cobré conciencia de todo lo que habías hecho, y aún hacías por mí, traerte de regreso fue mi secreto deseo. Un deseo que parecía destinado a no realizarse jamás, pues no está en mi control regir los tiempos de vida de los humanos, pero lo conseguí, y es todo lo que me importa.

- No sé que decir, querida Athena - dijo él bajando la mirada

- Voy a pedirte un favor, Aioros.

- Pida lo que sea, Princesa - dijo él, tornándose tan serio que se transformó de un muchachito tímido a un adulto repleto de convicción.

- Ante los mortales, soy simplemente una joven llamada Saori, y aunque pueda parecerte extraño, a aquellos a los que tengo más cerca de mi corazón, les pido que me llamen así. Me gustaría que tú fueras uno de ellos... Y te pido también que me mires siempre a los ojos.

- ...Lo intentaré, aunque no puedo dejar de pensar en usted como Princesa. Así la llamó Aioria la primera vez que la vió... Sé que fue hace muchísimo, pero no puedo quitarme la imagen de usted en su cuna... ¿Cuánto ha pasado, exactamente?

- Dieciséis años.

Saori se angustió cuando notó que al oír su respuesta, la piel de él perdía un poco de color mientras se perlaba de sudor.

- Tenemos muchísimo de qué hablar, querido Aioros, pero eso será luego. Ahora lo más importante es que recuperes tus fuerzas, y que aproveches de cada momento para disfrutar de la compañía de tu hermano.

- Pero mi deber…

- Aioros, quiero dejar muy claro que si ambicioné recuperarte, fue para agradecerte y para recompensarte por tu ayuda y tus sacrificio, no para exigirte más de lo que ya has hecho.

- ¿Eso quiere decir que ya no soy su caballero?

- ¡Claro que no, querido! - dijo sonriéndole con todo su gentileza y dulzura - Simplemente quiero darte las oportunidades que no tuviste antes... Escucha, ya habrá tiempo para hablar.

Aioros se encontró terriblemente desconcertado, y si ella hubiera sido cualquier otra persona, habría repetido las palabras que tan vehementemente había pronunciado frente a la doctora: por ningún motivo quería descansar.

Pero frente a él estaba la persona que lo representaba todo en su vida, y por supuesto, no deseaba por ningún motivo cuestionarla, así que no agregó nada, aunque no pudo evitar sentir que su interior ardía...

Afortunadamente, su frustración no pasó desapercibida para Saori, que le sonrió con enorme dulzura y le acarició de nuevo las manos, lo cual provocó que el griego se sobresaltara un poco.

- Di lo que sea que necesites, Aioros

- Quiero saber qué le sucedió a Shion de Aries - respondió él sin vacilar.

Saori suspiró al oír su nombre, y le sonrió nuevamente al castaño.

- A ti, de entre todas las personas, es a quien menos quisiera negarle algo, querido Aioros. Te garantizo que contestaré a todas tus preguntas, y si no puedo darte una respuesta, buscaré a quien pueda dártela, pero ya habrá tiempo. Acabas de despertar y de reunirte con Aioria; no quiero que nada opaque esa felicidad.

- ... Sé que está muerto, y sospecho que la suya no fue una muerte natural - insistió el joven - ¿Quién pudo hacer algo así? Sólo dígame, por favor, quién lo asesinó.

- La que me pides no es una respuesta sencilla - dijo Saori mientras Aioria,que lo oía atento todo, se ponía cada vez más tenso.

- Sólo pido saber el nombre de la persona que terminó con su vida.

- Por eso te digo que no es una respuesta sencilla. Muchas cosas sucedieron en ese entonces, y hubo circunstancias que propiciaron su muerte, de modo que es...

- ¿Fue Kanon?

- ¿¡Qué!? - dijo Saori, que verdaderamente había sido tomada por sorpresa por las palabras del griego

- Ni siquiera sé si Kanon vive aún, pero necesito saber la verdad... Si fue él, creo que de algún modo podría comprenderlo, pero necesito saber.

Saori pensó que Sayaka había estado en lo cierto al mostrarse tan reacia a que Aioros tuviera un gran recibimiento. Había demasiado por explicar, y era realmente difícil saber por dónde comenzar.

- Kanon vive, pero no entiendo por qué crees que fue él - dijo ella recuperándose rápidamente de la impresión

- Tengo recuerdos vagos de esa noche. Sé que vi a alguien frente a su cuna, portando los ropajes del Patriarca y tratando de asesinarla. Supe que no era Shion porque ese no era su cosmos, y que él tenía que estar muerto para no estar ahí, defendiéndola... Al forcejear con él, la máscara cayó y vi un rostro como el de Saga, pero aquella no era su voz, y el color de su cabello también era distinto. ¿Fue Kanon a quien vi usando la máscara?

Saori tuvo que esforzarse para que las emociones no se pintaran crudas en su rostro.

- Dígame. Fue él quien quiso herirla esa noche, ¿no es así, Princesa?

- No, no fue Kanon

Aioros no pudo evitar mirar a Saori con absoluta incredulidad, y se llevó las manos a las sienes sin darse cuenta mientras Aioria se comenzaba a morder las uñas de los dedos por la ansiedad.

- Entonces... ¿qué fue lo que vi? ¿Fue una alucinación?

- Aioros, no te atormentes con el pasado. Lamento muchísimo la muerte de Shion, pero no sirve de nada que ahora...

- ¡Es que es la única explicación posible! Saga y yo siempre fuimos muy unidos. Sé que él jamás haría algo así. No era su cosmos, y yo acababa de saber de la existencia de Kanon, por eso pensé que... ¿¡Pero entonces quién fue!? - dijo Aioros llevándose las manos a la cabeza.

Saori intercambió miradas con Sayaka, y de inmediato la psiquiatra observó los monitores para tomar una decisión.

Sus signos vitales parecían perfectamente estables para la carga emocional que estaba sobrellevando.

Estaba evidentemente agobiado, sí, y más que ansioso, pero no había evidencia de que le fuera imposible saber la verdad, así que aunque hubiera preferido que fuera distinto, miró a Saori y asintió, dándole a entender que si quería podía decírselo.

- Aquella noche, era Saga quien vestía los ropajes de Patriarca, pero el verdadero responsable del ataque, y del asesinato de Shion, fue Ares.

- Ares, ¿el Dios? ¡¿El Dios de la Guerra intentó asesinarla?!

- Sí, pero dejó de ser una amenaza para nosotros hace tiempo ya.

Su mirada pareció desenfocarse, y Sayaka lo percibió al instante.

- Aioros¿cómo te sientes? ¿El mareo aumentó?

- Sí.

- Voy a darte un poco de agua - dijo ella alargándole un vaso, y mientras él bebía, aprovechó para mirar significativamente a Saori para hacerle saber que consideraba que Aioros ya había tenido suficiente por aquella tarde.

Pero Saori no quiso salir justo en ese instante, no quiso dejarlo sólo justo después de que había recibido una noticia tan evidentemente dolorosa, así que decidió acompañarlo para tratar de reconfortarlo al menos un poco mientras él derramaba lágrimas por la pérdida de Shion.

Aioros apretó el vaso entre sus manos mientras sollozaba quedamente. Había sospechado siempre que algo terrible le había sucedido, pero confirmarlo no dejaba de resultarle doloroso...

- Lo lamento muchísimo, Aioros. No quería hablar de esto contigo cuando apenas has despertado.

- Necesitaba saberlo. Me angustiaba no saber... Estoy tan desconcertado - dijo después de permanecer callado algunos minutos, mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano izquierda en un gesto conmovedor, para luego tratar devolverle el vaso a la doctora, que lo recibió en silencio.

- ¿A qué te refieres?

- No puedo dejar de sentir que hace apenas instantes Shion y yo estuvimos cerca. Es como si pudiera oír el eco de su voz, como si hubiera salido de esta habitación antes de que yo despertara... ¿Comprende lo que le digo?

- Creo que sí - dijo Saori, que consideró que explicarle que Shion de hecho había regresado de entre los muertos hacía poco sería demasiado

- ... hubo otras cosas, ¿verdad? Además de Ares. Lo sé. Lo sentí.

- Es cierto, hubo sucesos extraños y tristes durante tu ausencia, pero ahora, lo único en lo que quiero concentrarme es en el presente. Ya te lo dije, no quiero que nada arruine la alegría que me brinda tenerte conmigo, ni que manche la tuya.

Aioros la miró de nuevo sorprendido y ruborizado, pero asintió.

-Será mejor que me retire ahora.

- ¡No, no se vaya, Princesa!

- Estás cansado - dijo ella, contemplando y recorriendo con uno de sus dedos la suave piel de la palma de su mano, que tenía unas extrañas cicatrices que había dejado ahí una cierta daga dorada...

- ¡Pero hay tanto que quiero saber, tanto que quiero decirle! No me tome a mal, no quiero parecer demandante, pero...

- Yo también tengo mucho que decirte y que preguntarte, Aioros, pero tengo algunas cosas que hacer - mintió - y por eso voy a retirarme. Aprovecha ese tiempo para estar con tu hermano, y para reponer tus fuerzas. Nos veremos luego.

La joven volvió a besarle la frente, se despidió de Aioria y de la doctora y se marchó con gran elegancia.

- Tu comida debe estarte esperando, así que me yo también me retiro. Pediré que te den algo para contrarrestar el mareo - dijo la doctora, y después, con un movimiento grácil, la psiquiatra recuperó el espejo que había permanecido en su regazo - Procura descansar, y si necesites algo, sólo debes de apretar este botón y vendrá alguna enfermera. Si quieres hablar con alguien, sólo diles que me avisen y vendré. De cualquier modo, volveré en un rato.

- Está bien. Gracias, doctora... ¿Tú te irás? - le preguntó a su hermano.

- No, por supuesto que no - aseveró Aioria, que ya se había acercado para juguetear con los cabellos de de su hermano.

- No has comido nada, ¿o sí, Aioria? - preguntó la psiquiatra al rubio.

- No, pero puedo ir por algo para que comamos juntos, si a Coros no le importa.

- Mientras no me robes mi comida.

- Juro que no lo haré - dijo Aioria riendo de la ingenuidad de su hermano, que estaba por tener su primer encuentro con la comida de hospital.

- De acuerdo. Buen provecho a ambos - dijo Sayaka al salir con una sonrisa satisfecha.


- ¡Sumi malvada, ya me enteré de que estuviste ahí! ¡Cuéntamelo todo! ¡Hubiera venido antes, pero Kanon me tenía ocupada! ¿Cómo fue? Confiesa, ¿es que besaste a Auroros para ganar la apuesta?

La enfermera abordada en cuestión no tuvo tiempo de contestar al bombardeo de preguntas pues palideció, y después, sus bonitos ojos cafés se dirigieron hacia uno de los hombros de la española como si quisieran decir algo...

- ¿De qué apuesta hablas, Catalina?

- ¡Sayaka, hola! - dijo la fisioterapeuta girándose un poco para ver a quien, colocada tras ella, le hablaba - Luego hablamos - le susurró a la enfermera que aprovechó el momento para poner pies en polvorosa - ¿Qué haces por aquí? Pensé que lo del congreso te tenía muy ocupada.

- ¿No te parece una pregunta con respuesta demasiado obvia? Mejor cuéntame de esa apuesta que te tiene tan interesada.

- ¿Cuál apuesta?

- No finjas demencia. ¿Qué apostaste?

- ¡Nada, en serio! - exclamó mostrando su mejor cara de inocencia, que no le funcionó, por cierto - No es nada malo, lo juro.

- Catalina...

- ... es que tiene quince años, ¿sabes? Y como dormía sin parar, un día dije que quizás sólo estaba esperando a que viniera una bella doncella, o recibir un beso de amor o cumplir los dieciséis, y bueno, acabó armándose una apuesta por la fecha y las condiciones en las que despertaría...

Sayaka suspiró tratando de que no le ganara la risa. Era tan típico de su amiga hacer cosas así...

- ¿Y por qué lo llamaste Auroros?

- ¿No lo captas? Aioros... Aurora... quince años... ¿Belleza que duerme, te suena?

Sayaka puso los ojos en blanco mientras Lina continuaba.

- Espero poder cobrar al menos la mitad de la apuesta...

- En vez de preocuparte por eso, házme un favor. Me gustaría que trabajaras un rato con él cuando acabe de comer.

- Apenas ayer...

- Sé que has hecho un trabajo impecable con él, pero no estoy hablando de fisioterapia. Te agradeceré desde el fondo de mi corazón si utilizas tus maravillosas y extraordinarias habilidades para relajarlo.

- ¿Relajarlo?

- Sí, espero que con tu ayuda pueda descansar.

Catalina se carcajeó, pero su amiga permaneció impasible.

- ¡No estás bromeando, qué impresión! - dijo Lina al darse cuenta de que su amiga estaba haciéndole una petición seria - Pasó dos meses en el limbo, ¿¡y quieres ponerlo a dormir!?

- En las pocas horas que lleva despierto ya sufrió un par de severos altibajos emocionales. Le hace falta, créeme.

- ¡Qué mal! - dijo Lina con sinceridad - De acuerdo, me esmeraré en consentirlo, no te apures.

- Lina... tengo un favor más que pedirte.

La española aguardó expectante.

- Trata de... no converses con él, por favor.

- ¿Perdón?

- Sé que suena extraño, pero...

- Venga, que no puedes decirme que soy fantástica y dos segundos después decirme que soy fantástica siempre y cuando cierre el pico. Sé que tienes tus ideas muy japonesas con respecto a lo que los pacientes pueden hallar reconfortante, pero por si no lo sabes, les agrado.

- Lina, por favor, no me malinterpretes. No estoy cuestionando ni tu personalidad ni cómo te relacionas con tus pacientes, pero él está extremadamente sensible y receptivo a los estímulos. Quiero que descanse y que tenga tiempo de reponerse emocionalmente de lo que ha vivido hoy, y tú eres tan divertida y chispeante que si comienzas a hablarle lo único que harás es quitarle el sueño por una semana,

Muy a su pesar, la española tuvo que admitir que había algo de verdad en lo que la japonesa había dicho.

- Ya, ya, no tienes que endulzarme el oído. Lo haré.

- Gracias...

La española se dio la vuelta sonriente y oronda mientras se encaminaba a la habitación.

- Pero pobre de ti si vuelvo a oír llamándolo Auroros...

- Sí, mamá - bufó Lina antes de continuar su camino.


Fiel a su palabra, la española esperó a que pasara un tiempo prudente después de su comida y luego entró al cuarto del joven, se presentó escuetamente y puso manos a la obra.

Organizó con el grupo de enfermeras una excursión al baño, para que Aioros pudiera disfrutar la experiencia de una limpieza real en vez de recibir uno de esos incómodos e insatisfactorios baños de esponja.

Él, por supuesto, quiso ponerse de pie por sus propios medios, pero su hermano y todos se opusieron, de modo que lo llevaron en silla de ruedas, y permaneció en ella durante el proceso.

Fue una ruborizada Sumi quien lo asistió tallándole los pies y la espalda, pero la mayor parte la hizo él. Y Aioros, que no se incomodó en lo absoluto por la presencia de la asiática, lloró sin darse cuenta bajo la regadera, debido a que la sensación del agua cayendo sobre él le pareció abrumadoramente deliciosa y feliz.

Después, Lina se lo llevó a un cuarto de masajes. Puso música y luego procedió a darle un masaje, (procurando no usar demasiada fuerza) tras aplicarle un poco de crema rubefaciente en brazos y piernas que le produjo un bienestar indescriptible a sus músculos agotados.

Para cuando Lina hubo terminado con su cabeza y su cuello, Aioros dormía tan profundamente que no se enteró de cómo lo llevaban de regreso a su habitación, donde Aioria lo esperaba impacientemente.

Con el cuerpo relajado, y su mente estimulada por la sensación del agua, el aroma de menta que tenía la crema y el tacto de manos femeninas en su piel, Aioros soñó. Y su primer sueño en aquella primera noche, fue un viaje a través de los confusos recuerdos que tenía de la extraña ocasión en la que tuvo su primera relación sexual...


Sí, queridos amigos, ¡al fin, lo logréee, lo logré! ¡Ni yo lo puedo creer!

No saben, (lo confieso), cuánto le sufrí para escribir este capi. Escribir a Aioros fue todavía más complicado y demandante que escribir un personaje original, porque Kuru da poquísima información sobre él, pero a la vez, todo mundo sabe que Aioros era EL caballero, y eso pone la vara muy alta, por así decirlo, para darle forma a alguien que pudiera ser fantástico y que a la vez se sienta vivo, eso sin contar con las grandes expectativas que genera un personaje tan importante para la trama y a la vez tan querido. Espero haberlo logrado siquiera medianamente.

A eso se sumó un truene amoroso, bloqueos de escritor, vacaciones, toda clase de distracciones y eso sin contar con que la escena de la terapia grupal la reescribí, de verdad, hasta el infinito; en fin, para que los mareo con el recuento, creo que acá lo importante es que esto ya estuvo, que habrá, obviamente, un segundo capítulo de Aioros y luego se vienen dos de Kanon, uno de Milo y Shaina y uno más dedicado a escenas románticas varias. Y, por supueeesto, el capítulo 58.

Me marcho, pero no sin antes agradecerles por su generosidad y su infinita paciencia, y recuerden que si dejan mensajes sin estar registrados en la página, no les puedo contestar de ningún modo. Eso va para gente como tú, Beauty, que me has dejado mensajes muy lindos y que por eso han quedado sin respuesta.

Y les recuerdo que estoy en facebook para conocernos y responder a sus preguntas (u oír sus reclamos, lo que corresponda)

¡Los amoooo!

Con miles de abrazos,

Fuego.