Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Disclaimer: Tanto Hermione, como Fred, y los demás personajes, escenarios, etc, pertenecen a Jotaká. Solo hago uso de ellos por diversión.


VII

Homenaje.


El sol se ocultaba detrás de las pocas nubes que se veían en el cielo, y éste brillaba de un color turquesa que maravilló a muchos. Era extraño, muchos hubieran querido que el cielo también se encontrara de luto, tal como ellos. De igual forma se veía desde el Gran Salón, donde estaban reunidas casi quinientas personas para rendir homenaje a los héroes de guerra, y sobre todo, a los caídos. Las mesas de las casas se habían cambiado por simples sillas de madera ubicadas de frente a la mesa de profesores, que aún seguía allí. En ésta, se encontraban todos los profesores sobrevivientes, junto a Madame Pomfrey, Madame Pince, el señor Filch (con la Señora Norris, como siempre, a su lado), y en el lugar de la directora, un mago bajito que muchos ya conocían; el mismo que se había encargado del funeral de Dumbledore y de la boda de Bill y Fleur.

Cuando los más de quinientos asientos se llenaron por magos y brujas llorando a mares, abrazados entre sí, e intentando consolarse para reparar lo irreparable, el mago comenzó a hablar:

—Estamos aquí reunidos para llevar a cabo una tarea nada agradable, pero que en perspectiva, todos deseábamos hace mucho; arreglar el final de la Guerra. Las consecuencias han sido terribles para todos nosotros, para las familias destruidas, pero también fueron algo que nos alegró el alma. Finalmente, el mago oscuro que pretendía gobernarnos hacía 50 años se ha ido, y por fin tenemos un responsable que vive y sigue entre nosotros.

» Muchos perecieron en el intento, y es a todos ellos a quienes queremos recordar hoy. No solo a los caídos en la batalla de Hogwarts, ni a los fallecidos en éstos últimos años, sino a los de la Primera Guerra Mágica, los primeros en proponerse luchar y salvar a nuestro mundo de algo que pensaba acabar con él y con todos nuestros principios. Ahora, debemos festejar, pero lloramos. Y está bien que así sea, nuestros muertos merecen que los lloremos, porque no merecían morir; merecían vivir y ser colocados en un pedestal, como deberíamos hacer con todos ustedes, los que lucharon sin medir consecuencias para darle una oportunidad a nuestro mundo de ser libres al fin, de elegir un destino seguro, claro, en el que todos pudiéramos ser felices, en los que nadie debiera de ocultarse.

» La lista de personas a las que deberíamos homenajear el día de hoy es innumerable. Podemos comenzar con los integrantes de la Orden del Fénix original, allá por el '80. Una organización que comenzó siendo secreta en aquella época, pero que pasó por los oídos del Señor Oscuro, y en estos últimos años comenzó a sonar con fuerza en la sociedad general. Una resistencia que pocos se animaban a formar parte. Los salvadores de nuestro mundo. Y el principal creador, organizador, y salvador: Albus Dumbledore. Era él a quien le temía el mago tenebroso que ahora podemos llamar con libertad Lord Voldemort, y que también podemos reconocer como Tom Riddle luego de 50 largos años en los que nunca pudimos relacionar a ese muchacho tan inteligente, con quien destruyó las vidas de muchos en su época de poder. Era Dumbledore quien murió por salvarnos.

» Pero al morir él, dejó a alguien al mando; no de la Orden del Fénix, sino de alguien quien resistiera, quien arriesgara su vida para salvar la de todos nosotros. Hemos de admitirlo, muchos en el último año creímos que él, que el niño-que-vivió, estaba escapando: habían rumores que decían haberlo visto por Albania escapando con sus amigos, hijos de muggles y traidores a la sangre; por el Londres muggle, buscando pasar desapercibido para comenzar una nueva vida lejos de la magia. Rumores que muchos creímos. Era lo más lógico, tenía 17 años, una vida por delante, y era a quien más buscaba Lord Voldemort.

» Ninguno se puso a pensar, y a ninguno seguro se le pasó siquiera por la mente, que nuestro joven amigo estuviera revolviendo tierra y mar para encontrar una salida a nuestro laberinto sin final, a la opresión del mundo Mágico. Estaba decidido a hacer algo que nadie nunca antes había estado decidido a hacer: matar finalmente a Tom Riddle. Cualquiera diría que era fácil para él practicar la Maldición Asesina, enfrentarse nuevamente a él, matarlo y escapar ileso... Pero a pesar de que quizá hubiera resultado con una persona normal, con el Innombrable era diferente.

» Albus Dumbledore había pasado los últimos años investigando en silencio sobre los secretos de Tom Riddle, y descubrió que no era tan mortal ni tan humano como todos creían que era. No es sencillo de explicarlo, y confieso que ni siquiera yo logré comprender del todo, pero el alma de Voldemort estaba dividida y oculta en diversos objetos, desparramados en diferentes lugares del país. Para derrotar a nuestro opresor, se deberían destruir primero esos objetos, esos trozos de su alma. Pero para hacerlo, tenían que encontrarlos primero.

» Cuando Harry Potter cumplió los 16 años, Dumbledore comprendió que le quedaba poco tiempo, y decidió ponerlo al tanto. Él, como muchos otros, confiaban que Potter sería quien pusiera fin al poder del mal en el mundo. Potter era el Elegido, podría hacerlo, podría seguir su trabajo. Le contó todos sus secretos, le explicó todo lo que debería hacer, lo que debería buscar, y poco tiempo después, murió. Oh, bueno, no murió así porque sí. Aunque muchos lo dudaban, lo mató el mismísimo Severus Snape.

» Conocer eso podría hacer que todos quienes confiaran en que él le era fiel a "los buenos", y que engañaba a "los malos", se deshicieran de ese pensamiento. Pero hace dos días conocimos la verdad a manos de sus recuerdos póstumos. Dumbledore en persona se encargó de pedirle que lo matara cuando fuera necesario, por cosas que nosotros como magos y brujas de la sociedad en general quizá no nos incumban, pero que eran esenciales para él.

» Luego de su muerte, el mando estaba en manos de un muchacho de 17 años, que bastantes cosas había vivido como para hacerse cargo de la salvación de nuestro mundo. Él podría haber dicho que no, haberse negado y largado a vivir una vida tranquila, oculto entre su familia muggle, sin preocuparse por nuestro mundo. Pero hizo todo lo contrario. Potter nos demostró su valor y su coraje pasando casi un año ocultándose de Voldemort, pero buscando por todo el país maneras de derrotarlo. No fue simple, pero cuando creyó que era el momento, volvió a Hogwarts.

» El resto de la historia de Harry Potter no es necesaria contarla, ¿no es así? En el colegio se desató una batalla para que el chico pudiera buscar "algo". Ese algo, era el último trozo del alma de Voldemort que faltaba, oculta en las paredes del castillo. Cuando logró encontrarlo y destruirlo, El Que No Debe Ser Nombrado ya estaba preparado para la lucha, y todos sus seguidores Mortífagos se encontraban allí, matando e hiriendo la mayor cantidad de familiares y amigos de Potter, solo para que se rindieran. Solo para que Potter se entregara.

» Ninguno confiaba en que el joven fuera tan estúpido para ir y entregarse en bandeja a Voldemort, pero fue y lo hizo; no por estupidez, sino porque sabía que solo con su muerte, el último trozo de alma de Voldemort, uno que habitaba en él, iba a morir, y que alguien más podría terminar con facilidad el trabajo que Dumbledore había comenzado hacía muchos años: destruir a Tom Riddle. Claro que no murió. Bueno, sí lo hizo, pero volvió a vivir. Ese chico tiene algo con la muerte, no lo comprendo, pero resulta que regresó fingiendo que estaba muerto, para dar a conocer que su corazón latía en el momento de más debilidad de Voldemort.

» Con habilidad, lo venció. Un simple hechizo que hizo que la varita del Señor Oscuro le fallara, y listo: el mundo mágico era libre al fin. Ojalá hubiera sido así de simple, y ojalá todos hubiéramos conocido esta historia completa desde el principio. Quizá de esa forma hubiéramos podido ayudar a Potter y a Dumbledore, y no criticarlos e intentar que los metieran a San Mungo por dudar de sus facultades mentales.

» Lo único que podemos hacer ahora es agradecer. Era un niño, y no le importó arriesgar su vida por una sociedad que dudaba de él desde sus 14 años. Era un niño, y nos salvó de lo que nos ataba desde antes de que él naciera. Era un niño, y nos dio una de las lecciones más grandes de nuestra vida, una que jamás vamos a poder olvidar: lo que se quiere hacer, se puede hacer. Nada es imposible, y siempre podemos rebelarnos. Ayudar a los demás es indispensable para la sociedad. El egoísmo no sirve de nada, y el egocentrismo menos.

El Gran Salón se llenó de aplausos, y Harry Potter se quedó quieto en su asiento de la tercera fila, mirando los cordones de sus zapatos como si fueran lo más interesante del mundo. Estaba deseando que la tierra se lo tragara desde que el mago había comenzado a hablar de él, y sus mejillas estaban de un color más rojo que el cabello de su mejor amigo. Cuando los aplausos finalmente se acabaron, un llanto especial retumbó el el Gran Salón. El llanto de un bebé.

—¡Es Teddy! —susurró Hermione, sentada a su derecha, y sin dudarlo ni un segundo, se levantó de su asiento ante la atenta mirada de más de quinientas personas, y fue hacia una de las filas de en medio. Allí, cerca de la pared, se encontraba una castaña mujer de ojos verde oscuro que trataba de calmar al bebé—. Andrómeda —la llamó la joven, aún en susurros—, quédese tranquila, yo me lo llevo —le dijo, y ante esto, besó la mejilla de la cansada mujer con cariño, y levantó al bebé de apenas una semana, que agitaba sus pequeños puños sin dejar de gritar. Cuando hubo vuelto a ocupar su lugar, entre Harry y Ginny, el llanto ya no se sentía—. Teddy... él es tu padrino —dijo con una sonrisa llorosa al bebé, tomando la mano de Harry y poniéndola sobre una de sus manitos. Con ella, el niño cogió uno de los dedos de su padrino con fuerza, sin dar señales de querer soltarlo. El poco cabello que tenía, negro hacía unos momentos, se tornó de un color azul cielo, y Hermione y Ginny sonrieron a la vez.

—Nada de derrotar magos tenebrosos por un buen tiempo, Harry Potter —volvió a hablar el mago al frente de todos—. Ahora hay que asumir responsabilidades como padrino —y ante esto, todos rieron.

Ojalá que así fuera, no solo por Harry sino por el Mundo Mágico en general; ojalá que tuvieran que pasar muchos, muchos años para tener que pasar por todo lo que pasaron en el último tiempo una vez más.