Ciaossu ~~
Aquí llega Yami a presentarse con un capítulo más. Espero que les guste y no olviden dejar sus reviews! Jum... Hasta aquí lo tenía todo friamente calculado en mi mente, ahora debo reorganizar mis ideas… Asique no olviden que sus comentarios alimentan mi creatividad (?) jajja xD como sea, disfrutenlo.
Una pregunta había estado persiguiendo a Haru últimamente, aunque habían pasado solo dos días. ¿Qué bicho le picó a Hibari? ¿Qué estuvo haciendo -o estará haciendo- diez años en el futuro como para conseguir tal petición por parte del guardián de la nube? ¿Por qué le gustaba tanto? Ok, eran tres preguntas, pero todas merecían una respuesta.
Últimamente, esperaba ansiosa el momento de ir a dejarle su comida a Hibari, y eso que solo habían pasado dos días. ¿A qué se debía esta ansiedad? ¿Acaso era la emoción de saber que iba a ser besada? No sabía, pero… le encantaría saber.
La puerta de la cocina se abrió dejando que Lambo e I-pin entraran. Kyoko fue a recibirlos, mientras Haru terminaba de preparar el plato para Hibari.
—Ne, Haru…—llamó el Bovino pasando por el lado de Kyoko, hoy la joven castaña no estaba de ánimos para jugar, pero no podía ignorar al pequeño niño.
La persona que ocupaba los pensamientos de Haru en ese momento se encontraba entrenando con Tsuna, frente a él veía las misma técnicas que usaba su jefe, solo que diez años más débiles. Pensar que esta era la única esperanza que tenían.
Cierto, el tiempo se estaba acabando y no había avanzado mucho con Haru, simplemente se había dedicado a robarle besos, que lo satisfacían bastante, sin embargo no era suficiente.
Jamás lograría sentirse conforme hasta haberla conquistado por completo, el único problema era el tiempo.
La puerta del cuarto se abrió repentinamente, en el momento en que el fuego de la última voluntad se esparció por el cuarto. Y entró Haru.
La herbívora perseguía al estúpido niño vaca. Vio como el fuego de la última voluntad estaba a punto de golpearla. Era un buen ataque, lo reconocía y le dio un buen impulso a Tsunayoshi para acercarse a él, sin embargo la línea de fuego iba a lastimar a Haru.
Pasó por el lado de Vongola y corrió lo más rápido que pudo hasta alcanzar a Haru, la tomó entre sus brazos y la sacó de la línea de peligro a una velocidad increíble.
Por su parte, ella hipó al ver como el fuego chocaba contra la pared y se alivió al saber que había alcanzado a salir de ahí. Agradeció encontrarse entre los brazos del guardián Vongola más temido, porque sentía a sus piernas incapaces de mantenerse de pie.
Inmediatamente lo compendió. Ella era tan débil que ni siquiera pudo notar a tiempo el peligro, por eso ella no podía luchar.
Si supiera todas las veces que en el futuro sería salvada por la nube de los Vongola se habría sentido increíblemente insignificante, porque iba a resultar un atractivo blanco para familias enemigas. Cabe mencionar que Chrome podía defenderse por su cuenta y Kyoko, como esposa del Décimo, también se encontraba bastante protegida. Mientras que en su caso, la relación con la familia más importante de la mafia sería de sincera amistad.
Haru no podía imaginarse las veces que el Tsuna del futuro le prohibiría salir de la mansión por miedo a su seguridad, ni las veces que el guardián de la nube sería enviado a seguirla por ordenes del Décimo. Aunque claro, el ex prefecto respondería hostilmente que no necesitaban darle esa clase de órdenes.
Por ahora ella simplemente estaba aliviada de haber sido salvada en esta ocasión.
—Haru, lo siento—Tsuna se apresuró en llegar a su lado, pero retrocedió al ver la mirada llena de odio que le dirigían unos ojos grises.
En ese momento Haru recordó el motivo que la trajo hasta la habitación más peligrosa dentro de la base, a duras penas se liberó del aprisionamiento de Hibari, pues este no parecía querer soltarla. Finalmente consiguió que un brazo la liberara, permitiéndole permanecer de pie, mientras que la otra mano continuaba sujetándola.
Ella aprovechó ese agarre para recobrar el equilibrio, y una vez que se aseguró de poder permanecer de pie por su cuenta, lo dejó para correr en busca del pequeño niño que había seguido hasta aquí.
Lo encontró llorando en una esquina por el susto que acababa de recibir, lo levantó en sus brazos e intentó consolarlo.
Hizo una reverencia antes de retirarse para volver a la cocina. A Hibari le habría gustado poder poner fin a la práctica en ese momento, pero quedaba poco tiempo por lo que debían continuar, sin embargo Tsunayoshi tendría que soportar la ira de la nube en la siguiente pelea.
En la cocina, una vez que Lambo se tranquilizó, Haru intentó relajar a sus piernas que le temblaban por lo que acababa de pasar. Algo le decía que no era por que estuvo a punto de ser rostisada viva, ese miedo ya había pasado, sino que su nerviosismo de ahora estaba más relacionado con cierto azabache.
Cuando la tomó se había sentido como una princesa siendo cargada por un príncipe, todavía estaba atónita. Desde el primer beso que se sentía extraña cada vez que el guardián de la nube se le acercaba.
Se dejó caer en una silla y resopló agotada. Últimamente no estaba pensando tanto en Tsuna, considerando que se podía pasar tardes enteras suspirando por él. Su mente ahora se veía más atraída por Hibari Kyoya, el temible prefecto de Namichuu versión adulta le resultaba… para honesta, lo encontraba atractivo.
Sintió un cosquilleo en su boca al pensar en "esos" momentos, lo que la hizo sonrojarse al instante. Era increíble pensar que el guardián de la nube Vongola y el presidente del comité disciplinario de Namimori eran la misma persona. Esos diez años lo habían hecho cambiar.
¿O es que sencillamente nunca le dio la oportunidad?
—¡Haru-chan! Encontraste a Lambo. Que alivio—suspiró Kyoko.
La aludida cambió su expresión preocupada por una mucho más animada.
—Lambo-san tendrá que aprender a comportarse ~desu—lo regañó.
Preparó el almuerzo en un santiamén, hoy no había tenido el tiempo suficiente, considerando que tuvo que perseguir a Lambo por toda la base Vongola. Sin embargo consiguió tener todo listo en tiempo récord.
—¡Haru está lista!—exclamó como siempre lo hacía para darse ánimo.
—Buena suerte, Haru-chan—Kyoko apenas podía imaginarse lo difícil que era tratar con Hibari, por lo que intentaba llenar a su amiga de buenas vibras cada vez que salía.
Cogió la bandeja y se dirigió al territorio del ex prefecto. Se alivió al darse cuenta que él aún no llegaba. Estaba a tiempo.
Sintió unos pasos y se congeló de miedo al pensar que se trataba de Hibari, afortunadamente cuando la puerta se abrió no se trataba de él sino que de Kusakabe.
—Señorita Miura—la saludó sorprendido, ese nombre era lo más informal que su jefe le permitía para dirigirse a ella.
—¡Kusakabe-san!—exclamó, sintiéndose como si estuviera haciendo algo malo.
El hombre con peinado estilo Elvis Presley miró con detención la escena, ya había visto a la señorita Miura frecuentar todos los días la zona de Kyo-san, incluso éste último le había pedido expresamente que no entrara ni permitiera que nadie accediera a su territorio durante el período durante el cual Haru estaba con él. Olvido por completo qué era lo que venía a hacer, mientras su mente sacaba conclusiones a partir de la escena.
—Me alegra ver que aceptó los sentimientos de Kyo-san—reconoció el ex vicepresidente.
—¡Hahi!—hipó Haru—¿Los sentimientos de Hibari-san?
La pregunta congeló al moreno quien de inmediato se dio cuenta que acababa de decir algo indebido.
Hubo un momento de silencio en el cual ambos intentaron aclarar en su mente las palabras del otro, hasta que la silenciosa paz fue interrumpida por una amenazante voz.
—¿Qué estas haciendo aquí?—preguntó Hibari.
—Haru vino a...—intentó disculparse, pero el guardián de la nube no la dejó terminar.
—No te pregunté a ti—si mirada fue dirigida hacia Kusakabe.
El moreno sabía que acababa de cometer un gravísimo error, le habría gustado poder dirigirle una última mirada a Miura para trasmitirle lo mucho que necesitaba su ayuda si no quería ser mordido hasta la muerte, pero también sabía que el ex presidente del comité no se lo permitiría. Eran cercanos, pero Kusakabe sabía que en la confianza estaba el peligro.
Se despidió y salió de la habitación, dejando al guardián Vongola de la nube a solas con Haru.
