En nada llegamos al final... ¿No os da pena? ¡Vamos ya con el séptimo!

Ojocuidao.: Lenguaje malsonante y lemmon explícito. Quedáis avisados...!

Título original: Catch the Snitch.

Autora Original: TeeNa3.

Fecha original: 14 de septiembre de 2006.

Idioma original: inglés.

Disclaimer: no me pertenece absolutamente nada de lo que sigue.


ATRAPA LA SNITCH

Capítulo 7: Gritos en la casa

(Catch the Snitch - 7. Shrieking in the Shack, by TeeNa3)

James oyó una risita.

— ¿De verdad crees que está saliendo con él?

— Oh, por favor, ¿Evans? ¿Saliendo con Potter? Él no estaría con una chica como ella: es un deportista, un tío popular.

James se rio y miró al otro lado de la mesa, donde Lily, obviamente, había escuchado la conversación entre las dos chicas de Ravenclaw.

— No lo he hecho — vocalizó, en un intento de aclarar que no se había follado a esas dos chicas, y que no tenía intención de hacerlo.

Lily frunció el ceño, sopesando si confiar en él o no. Incluso aunque no sabía con quién había estado él antes de estar con ella, estaba segura de que habría muchas de ellas sentadas a su alrededor en ese momento.

James empezó a preocuparse… ¿Lily estaba tratando de ignorar el hecho de que ella le gustaba más que ninguna otra? Estaba empezando a enamorarse, siempre le había gustado, pero ahora su relación había evolucionado mucho. Había pasado una semana desde que habían llegado al colegio y ellos habían empezado a explorar los lugares secretos, tanto de Hogwarts como de sus propios cuerpos. No podía saciarse de ella, era como una droga. No solo le gustaba; él la quería y ella lo sabía.

En eso estaba pensando cuando Sirius se sentó a su lado.

— Tío, ¿todo bien? — preguntó a James, dándole unas palmaditas en la espalda. — Pareces preocupado, ¿qué ocurre?

— No es nada — dijo James. Sirius aún no sabía lo suyo con Lily; haría demasiadas preguntas. — En realidad, solo estoy preocupado por los EXTASIS.

— ¿Preocupado por qué? — se burló Sirius, empezando a servirse comida. Guiñó un ojo hacia una chica de Hufflepuff que lo estaba mirando fijamente y ella se sonrojó. — Ahí está mi objetivo para esta noche.

— ¿Cuántas habrá?

— Transformaciones, Defensa Contra las…

— Me refería a cuantas chicas habrá, no asignaturas.

— ¿Esta semana?

— Hoy.

— Una… pero estoy tratando de mejorar la marca.

James volteó los ojos. Su amigo estaba tratando de follarse a todas las chicas de Hogwarts que tuviesen al menos dieciséis años: menuda ventaja para las que eran todavía menores de edad.

— Estoy pensando en acercarme a Evans…

James hizo un gesto repentino para coger su varita, pero se detuvo bruscamente… ¿Se había puesto celoso?

— Es broma, tío… Ya sé que andas detrás de ella… Deberías de acercarte o algo, parece que se está viendo con alguien, o algo así.

— ¿Qué quieres decir?

— Huele a sexo, colega. Y parece como si hubiese estado follando desde el día en que empezaron las clases.

"No lo hizo los dos primeros días", pensó James con una sonrisa que Sirius no pudo ver. Tomó un sorbo de su zumo de calabaza.

— ¿Quién crees que será? ¿Remus?

James escupió el zumo, llamando la atención de todos los que estaban en la mesa.

— ¡¿Qué?! — gritó. — ¡No! ¡De ninguna manera!

Sirius miró a su alrededor con gesto preocupado.

— Tío, ¿a qué viene esto? Sé que estás celoso, pero no es necesario que te pongas como un basilisco: es solo un rumor.

James se puso de pie con rabia y se dirigió a la sala común de Gryffindor, dejando la cena sin acabar. Sirius se encogió de hombros y, luego de que James hubiese desaparecido en una esquina, volvió toda su atención hacia la chica de Hufflepuff de nuevo.

Lily observó como James abandonaba el Gran Comedor y permaneció inmóvil durante un par de minutos antes de ponerse en marcha también.

— Evans, James está bien — gritó Sirius al verla pasar. — Simplemente va a pelársela un par de veces y…

¡BANG!

La profesora McGonagall envió un plato volando directo a la cabeza de Sirius. Se sentó recto mientras la profesora se acercaba a él, cruzándose con Lily en el camino.

— Una palabra más así delante de los estudiantes más jóvenes, Black, y nunca más podrá volver a poner sus manos en su…

Lily no pudo escuchar el final de la frase, ya que ya había dejado la sala. Había visto a James salir corriendo hacia la sala común de Gryffindor y lo siguió, pero aparentemente desapareció en algún momento y ella no era capaz de pensar en dónde se había metido. Pasó junto a un retrato y le oyó decir "por favor, no vuelvan a hacer eso junto a mi retrato, señorita". Ella reconoció el pasillo: era en el que habían hecho uso de la capa de invisibilidad, y se rio, aceptando la petición del viejo mago.

Llegó al retrato de la Dama Gorda, dijo la contraseña y entró para encontrar a James sentado junto a la chimenea.

— Pensé que estarías en el Gran Comedor, maldiciendo a las chicas con las que me he acostado — contestó, de espaldas a Lily.

— Primero tengo que averiguar quiénes son — respondió ella, cruzándose de brazos. — ¿Puedo preguntar al menos cuántas han sido?

James estuvo en silencio durante un minuto, y luego respondió.

— Bueno… ¿Recuerdas la última Navidad, cuando celebramos aquella pequeña fiesta…?

Lily resopló ante la palabra "pequeña".

— Bueno… quiero decir, estuvo bien, vale, fue genial… Y Sirius y yo teníamos el acuerdo de que con cuantas más chicas estuviésemos, más puntos ganábamos, uno por cada una; y un punto extra si era con más de una a la vez… Lo cual hizo que Sirius consiguiese cuarenta y tres puntos.

— Y tú conseguiste…

Silencio.

— Ninguna.

— ¡¿Qué?!

Lily vio a James en el sillón.

— ¿Qué? ¿De verdad crees que podría engañarte?

— Nosotros no estábamos saliendo entonces…

— Lo sé. El caso es que mentí a mi mejor amigo por una razón. Él es bueno difundiendo cotilleos, y estaba más que feliz de poder ir por ahí contando que me había follado a la mitad de las tías de la escuela. ¿Entiendes?

— Pero ellas dijeron…

— Pueden decir lo que quieran, Lily, pero todas ellas saben que no me he acostado con ninguna. Lo que pasa es que como están seguras de que lo he hecho con algunas de sus amigas, se empeñan en decir que ellas también lo han hecho. Y Sirius va y lo calienta todo explicando lo experimentado que soy, y ahora todos se piensan que es cierto.

Lily se tapó la cara con las manos y James se levantó para ir junto a ella.

— ¿Qué pasa? — le preguntó.

Lily apartó sus manos y se sonrojó.

— Yo también me creí que era un experto, y estaba aterrorizada de hacer algo mal… Todas las veces que…

— Lily… ¿cómo se te ocurre?

— Black me había dicho que lo habías hecho en todas partes…

— Lo que hacía en todas partes era babear por ti. Él se piensa que mi primera vez fue en una cita con Clarissa Flinke, una Ravenclaw que estaba en séptimo año cuando nosotros estábamos en quinto. ¿Qué crees que pasó? Por las barbas de Merlín, me llevó a la Sala de los Menesteres, me emborrachó con wisky de fuego y me dijo que le hiciera un estriptis.

Lily se rio, pero luego se puso seria.

— ¿Y lo hiciste?

— ¡Estaba aturdido! ¡Y ella daba miedo! Supongo que pensó que sería bueno darle una lección al estudiante más sobresaliente de nuestro año. Después le dije a Sirius que ella había estado genial y dejé que Black expandiese el rumor.

— ¿Y así fue como te ganaste la fama?

— Exactamente. Solo tuve que decirle a Canuto que había roto con ella, me lo inventé, y dejé que las cosas siguiesen su curso. En seguida empezó a decir que estaba ansioso por empezar a follarse a chicas también y ahora, por lo que yo sé, es el único merodeador que ha follado antes de cumplir los diecisiete.

Lily lo miró por un momento y luego se echó a reír.

— ¿Estás… estás seguro de que él… él ha… — empezó, jadeando. — … que él se ha acostado con alguien? ¿Por qué crees que… él no… se lo inventó… todo también?

James se quedó perplejo.

— Creo que él no tiene una obsesión en concreto por nadie, como me pasa a mí — entonces Lily dejó de reír y se sonrojó. — Además, tengo un montón de pruebas y, confía en mí, no quieres saber más…

Lily se acercó a él.

— Entonces… ¿de qué obsesión estabas hablando? — dijo, seductoramente. — ¿Puedo preguntar?

Ella envolvió los brazos alrededor de su cuello y él hizo lo mismo con su cintura, acercándola a él. Se inclinó hacia ella, acercando sus labios, sintiendo su aliento en la cara. Él abrió la boca y dejó salir su lengua, relamiéndole los labios suavemente. Ella gimió al sentir cómo se frotaba contra su cuerpo, haciendo que el bulto en sus pantalones creciese más. Él estaba preparado para presionar sus caderas contras las suyas cuando oyó a alguien fuera decir la contraseña, por lo que la soltó rápidamente, tratando de apartarse y pretendiendo estar haciendo algo totalmente distinto.

— Oh, ¿ya has acabado? — preguntó Sirius. — Vaya, sabía que eras rápido, pero para hacerlo sin ninguna ayuda… — Miró a Lily. — ¿O estabas ayudando tú, Evans? Todavía veo mucha ropa puesta…

¡BANG!

Con un hechizo no verbal, Lily envió un libro volando a su cabeza, tal y como había hecho McGonagall en el Gran Comedor minutos antes. El chico estuvo a punto de caerse, pero se las apañó para mantener el equilibrio.

— ¡Ay! ¡Eso duele! Serás… — otro hechizo no verbal de James hizo que le empezasen a salir pompas de la boca. Dejó de sacar burbujas cuando Lily se marchó a su habitación y James permitió que su amigo volviese a respirar.

— ¿Qué coño ha sido eso? — gritó Sirius.

— La insultas una vez más y desearás ser Snivellus, que al menos le cae bien.

Con el ceño fruncido, Sirius se fue también a la cama, dejando a James solo en la sala común, iluminada solamente por el fuego de la chimenea. Sonrió al pensar que Lily estaba tratando de seducirlo aunque en realidad no tenía por qué hacerlo. Esperaría el fin de semana con más ansias que nunca.


— ¡No! ¡No pienso entrar ahí! ¡Es espeluznante!

— Oh, venga ya: ya lo sabes todo. Nuestro querido prefecto te lo ha dicho, lo sé.

— Mpf… Vale. Pero está todo lleno de polvo.

— ¡Fregotego!

Las sábanas se limpiaron y Lily empezó a acostumbrarse al sombrío interior de la Casa de los Gritos. Afortunadamente no era luna llena y James podía llevarla con facilidad hasta allí.

— Estoy nerviosa.

— No podría ser de otra manera. Acuéstate.

Lily obedeció y se mordió el labio mientras James se situaba sobre ella. Él se lamió los labios mientras disfrutaba de su aroma y de la visión de su cuerpo. Era perfecta. Ahora que sabía su secreto, no tenía que actuar como una adulta, como si tuviese más experiencia que él. Lily solo quería ser ella misma, y James entendió por qué.

Se inclinó para besarla y trazó con sus labios con la lengua, entonces Lily la capturó con la boca y chupó, haciéndolo gemir. La agarró de la cintura. Estaba temblando bajo su tacto, como si no la hubiese tocado antes. La vio cerrar los ojos cuando deslizó un brazo por su espalda, sabía que estaba disfrutando.

Lily capturó sus labios con los suyos y lo besó. Él le respondió acercándose y acostándose junto a ella. La abrazó y entonces ella empezó a besarlo más apasionadamente, por lo que no pudo evitar cerrar los ojos. Ella colocó una mano sobre su cabeza y tiró de él más cerca para profundizar el beso, mientras frotaba su pierna con la suya.

James dejó su mano lentamente a la deriva hasta el borde de la camisa, y la coló bajo ella para llegar hasta sus pechos. Sintió sus pezones a través del sujetador, y Lily comenzó a gemir. Él sonrió contra ella mientras le desabrochaba el sujetador con un movimiento rápido y liberaba uno de sus tesoros. Pero todavía echaba de menos el otro… por lo que bajó su mano hasta su falda… Y la levantó. Pudo sentir el calor entre sus piernas al apretar allí su mano. Lo deseaba, lo sabía.

Ella rompió el beso para zarandearle la camisa y decirle que se la quitase y, mientras James se deshacía de ella, Lily empezó a quitarle los pantalones. La observó mientras le desabrochaba el botón, le abrió la cremallera y los deslizó por las caderas, dejándolo solo en su ropa interior. James tiró los pantalones lejos y empezó a desvestirla. Le quitó la camisa y el sujetador y se arrodilló entre sus piernas para sacarle la ropa interior bajo su falda. Podía olerla. Ese idiota de Sirius tenía razón: olía a sexo. Y él necesitaba su sexo, y necesitaba su cuerpo, otra vez. Era una droga para él, y necesitaba otra dosis. Se colocó entre sus muslos y le levantó la falda para poder frotar contra ella su virilidad, que cada vez crecía más.

Lily dejó escapar un gemido cuando él se dirigió a sus pechos y atacó uno de sus suaves pezones con la boca. Podía sentir cómo le hormigueaba todo el cuerpo, presionando de nuevo su punto dulce, haciéndola estar tan peligrosamente al límite.

"Está tumbado… No habíamos estado así antes", pensó ella.

— No lo habíamos hecho así antes — dijo él de pronto, como si supiera lo que estaba pensando, haciéndola sonreír.

Ella observó cómo su lengua saboreaba las zonas sensibles de su piel, encontrando todos los puntos que la volvían loca. Conocía su cuerpo mejor que cualquier otra cosa en el colegio, era un experto encontrando sus caminos secretos, esas áreas secretas que nadie más conocía. James estaba tumbado entre sus piernas, haciéndola estremecerse ante el contacto, torturándola al pasear su mano de su muslo a su cadera.

Entonces se levantó de la cama y le pidió que se pusiese en pie también. Confundida, Lily hizo lo que le pidió, atenta a su sonrisa traviesa, la cual no podía ocultar, al igual que ocurría con su virilidad. La tomó de la mano y la guió a la mesita de noche, la limpió y tiró su varita en la pila de ropa. Maldito fuera Lunático, ni siquiera era capaz de tener la habitación limpia. Cogió a Lily y la colocó de manera que la chica estaba frente a la mesilla de noche.

James la guió para que se inclinase y ella se agarró al mueble para no perder el equilibrio. Lo oyó sacarse los calzoncillos y tirarlos a un lado. Su falda se le subió todavía más cuando sintió sus manos en la cara interna de los muslos… Exploraba, probaba, acariciaba… Hizo presión para abrirle las piernas y apartar su falda. Se sentía sucia. Allí estaba ella, Lily Evans, la empollona intocable, frente a James Potter, con su polla frotándose contra sus piernas, su espalda, sus pliegues húmedos… Se quedó sin aliento cuando entró en ella.

La sostenía por las caderas con fuerza, moviéndose lentamente al principio para dejar que lo sintiese. Entró tan profundo como pudo y el chico se mordió el labio ante la sensación. Su espalda era suave y blanca como la leche, su centro era cálido, y ella era suya de nuevo, toda suya. Se sentía como el cielo, empujando en su interior, haciéndola gemir mientras su mano se movía hacia su área más sensible, sin dejar de moverse.

Lily lo sintió crecer dentro de ella cuando empezó a gemir por la sensación. Sus manos eran suaves y gentiles, sabían dónde presionar, cuando apartarse, cómo tocarla y qué hacer, volviéndola loca. Se sentía intoxicada y su boca se abrió para gemir su nombre.

James se pasó lengua por los labios, viéndola temblar mientras él seguía tocándola. Le dolían las ganas de tenerla, ahora era su derecho hacerle el amor, ella se daba toda, le dejaba tenerla de la manera que quisiese. Dejó de torturarla y, tomándola de las caderas, salió lentamente de su interior. Lo sentía tan suave, y dulce, y cálido, y perfecto a su alrededor… Con un movimiento rápido volvió a entrar y empezó a empujar.

Lily no sabía qué hacer para resistir. La estaba penetrando con tanta fuerza que parecía que hubiesen pasado dos años y no dos días desde la última vez que lo habían hecho. Su boca se abrió cuando sintió una de sus manos en su pecho, pellizcándole el pezón al tiempo que otra deambulaba por su cuerpo, dejándole la piel de gallina. La tocó en todos los lugares correctos y encontró el ritmo perfecto. Siempre sabía lo que hacer para enloquecerla.

Sentía como si estuviese soñando. Allí estaba ella, sudando y jadeando bajo él mientras le hacía lo que quería. James se lamió los labios de nuevo al oír un dulce gemido mientras el asalto a su cuerpo continuaba. Pasó los dedos por su espalda hasta sus caderas y la agarró fuerte para empezar a coger ritmo. Ella empezó a gemir en voz alta y abrió más la boca, emitiendo unos sonidos roncos que despertaron al animal dentro de James.

Él echó la cabeza hacia atrás cuando sintió como ella se contraía a su alrededor: estaba cerca de terminar también. Un hormigueo lo embargó al empezar a sentir cómo su liberación estaba más cerca, y el sudor empezó resbalarle desde la sien hasta el pecho. Con sus músculos contraídos, la oyó gemir y sintió sus fluidos abandonarla y, finalmente, James llegó al orgasmo gimiendo incontrolablemente al tiempo que se vaciaba en su interior, dejándose caer sobre su espalda y poniendo un brazo a su alrededor.

Ambos respiraban entrecortadamente y sus cuerpos estaban cubiertos de una capa de sudor, pero nunca se habían sentido tan felices como en ese momento. Ahora había algo más profundo entre ellos ahora, no era un simple instinto animal.

Dejando ir a Lily, James se sentó en la cama y sonrió al ver que ella se acercaba y se sentaba junto a él. Todavía desnudo, puso un brazo alrededor de sus hombros y se inclinó para besarla suavemente en los labios.

— ¿Conoces otros lugares? — preguntó Lily, todavía respirando con dificultad.

— ¿Cómo cuales? Ya hemos probado los mejores.

— Bueno, tal vez haya alguno más — su sonrisa le recordó a la de el diablo.

James miró el trozo de pergamino que asomaba del bolsillo de su pantalón.

— Tal vez…


¿Soy yo o los pensamientos de James son un tanto machistas? Contadme qué pensáis en los coments, por fis.

Besiiis!