Puse a Rusia muy cursi ¿Verdad?, espero y no les moleste.
CAPÍTULO 6
-Ahora comprendo a qué se refería cuando nos decía que cuando creciéramos lo entenderíamos.
-¿Cómo podemos convencer a mamá?, ya intenté decirle que no quiero depender de nadie y mucho menos de ese monje.
-Tatya...
-¿Por qué siempre yo?
-No funcionará... esta vez es diferente.
-¡Pero Olga, abusó de una de las damas del palacio, quizo intentarlo conmigo. Tenemos que hacer algo!
-Si no queremos que nos haga algo malo tenemos que estar juntos o acompañados de Natalya o de alguien más.
-Buenos días.
-¡Eduard, Tino... que bueno que los vemos!
-¿Podemos acompañarlos?
-Seguro. suba por mi espalda, joven Alexis.
-P-pero yo...
-No se preocupe, Tino puede cargarlo sin problema, no por nada sus concursos de llevar a tu esposa a cuestas lo han hecho famoso.
-No es por eso, yo...
-No me molesta llevarte, debo asegurarme que mí futuro jefe se encuentre bien. No olvide que soy el Gran Ducado de Finlandia.
-Gracias, se lo agradezco mucho.
Rusia escribía pidiendo consejos; Ignorando lo que sucedía fuera del palacio.
"Мисс Edelstein:
No estoy enamorado de ella, mi hermana dice que si estoy seguro de no quererla es por que estoy enamorado de alguien más... no estoy convencido de eso.
Ayer entré al cuarto de Alexis y vi a Rasputin abrazar a Anastasia, la vi muy asustada. No dudé en golpearlo con mi tubería y correrlo del cuarto.
Ese hombre es muy malo, vive en un cuarto en la ciudad donde a muchas mujeres las convierte en sus "seguidoras" y no dudo que quiera hacer lo mismo con las princesas... ya abusó de una de las doncellas y la Zarina no le cree. Las hermanas del Zar y yo contamos con su testimonio como nuestra última esperanza.
Trabajar con el Zar y su esposa me está sacando de quicio, a veces desearía que el zarismo llegue a su fin.
¿Me estaré volviendo loco?
Atentamente Iván Braginski."
-Señor Rusia... l-lo están esperando.
-¿Quienes?
-E-el Zar y el Primer Ministro.
-Allá voy, da.
Nunca pensó que la reunión sería diferente a las que comúnmente asistía.
-Zar Nicolás, está muy serio. ¿ocurre algo?
-Quiero que veas esto- le mostraba el periódico.
-¿Esquelas?
-Niet, es ésta página. Léalo detenidamente.
-Da- a medida que leía, su aura sobresalía- las publicó él... supongo.
-No lo creo, pero estas cartas cuestionan el honor de mi esposa y mis hijas.
-¿Cómo puede decir que no, yo opino que fue el mismo Rasputin quien publicó esas cartas y no olvide estas imágenes obsenas- reprochaba un tercero en la reunión.
-Ya tomé mi desición, Piotr Stolypin y créame que es lo mejor para todos... por más que mi esposa llore y suplique que es un malentendido.
-¿Joven, no va a decir nada?, está muy callado.
-Kolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolk olkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkol.
-Ya veo, debo irme.
-Hasta luego- dirigiéndose al chico de -Rusia... Rusia... Señor Braginski
-Kolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkolkol.
-Ya sé que está molesto, pero mantenga la calma.. ¡Rusia!
-¿Da?
-¿Hay algo más que quiera decirme? Si se trata de Rasputin dígalo, su testimonio es de suma importancia.
-Anoche su hija estuvo a punto de ser abusada por ese farsante y no pude evitar golpearlo con mi tubería.
-Con más razón debo exiliarlo... voy a hablar con mis hijas.
-¿Y su esposa?
-Sigue llorando en su alcoba, me será más fácil hablar con ellas.
El Zar encontró a sus hijos acompañados del báltico y del finlandés, al notar el rostro de este se retiraron del lugar.
Las princesas y el zarevich hablaron con su padre y lo que en un principio fue alegría por el exilio de Rasputin pero después se convirtió en sobresalto por lo que se publicó en aquel periódico. Ellas juraban y perjuraban que ese monje no las había violado y entre más les explicaba su padre sobre el espacio personal y el cuidado de su cuerpo más se consternaban, Anastasia fue la más afectada.
Anastasia acudió a uno de sus más fieles confidentes que moraban en el jardín, tal vez podría olvidar todo... desde su intuición infantil, la confianza que vendó sus ojos hasta la más cruel realidad.
-¡Nastia!... ¡Nastia!
-¡Niet, no te acerques!
-Baja, por favor.
-¡Niet!
-Bien... me retiro.
-¡Espera!- decía mientras bajaba del árbol - tú tampoco me crees, ¿Da?
-Pero si yo vi lo que pasó, yo mismo te rescaté.
-Hablo de las cartas... y los dibujos.
-Todo está bien, tú lo escribiste con buena intención y los dibujos son sólo especulaciones, da.
-¿Puede hacerme un favor? sólo pido que me perdone, Señor Iván.
-Nada de esto es tu culpa, da.
-Gracias- sus ojos se llenaban de lágrimas - me siento tan asqueada que no quisiera que nadie me toque.
-No está sola, si usted lo desea voy a tomar su mano en señal de apoyo, no le haré daño. ¿Quiere que la acompañe al palacio?
-Niet, sólo quiero quedarme al pie de este árbol hasta que mis lágrimas hayan cesado.
Los dos se sentaron y la princesa sollozaba sin soltar la mano del muchacho de mirada amatista. No necesitaba decirle algo, era un caballero.
Justo cuando el cielo se oscureció, con su pañuelo secó los ojos de Anastasia. Por alguna extraña razón el joven se quedó perdido en sus ojos, tal vez fue por esa mirada inocente que pedía ayuda, que rogaba que le creyeran y que más que nada necesitaba de un amigo... tal vez era la luna que con su luz iluminaban esos ojos azules dándole un toque de ensueño.
-Ya es hora de volver al palacio, Señor Iván.
Los dos regresaron como habían acordado. Rusia no decía nada, no quería perder de vista esa mirada.
-Buenas noches Señor Iván- se despedía desde la entrada.
"Мисс Edelstein:
Me sentí muy mal al ver a Anastasia muy triste, realmente quería decirle que estaba de su lado.
Al ver sus ojos sentí que algo me decía que debía protegerla, como si ese azul de sus ojos me hechizara. ¿Será posible sentir algo así?
Tengo muchas dudas. ¿Cómo saber cuando estas enamorado?
Espero tu respuesta.
Atentamente: Iván Braginski."
No pudo dormir pensando en esa tierna y única mirada.
"Señor Braginski:
lamento no haber contestado su carta anterior por lo ocupados que hemos estado.
Lo que tú sientes es posible. no sólo con unos ojos, también con su talento o con su forma de ser.
No es necesario contestarte la última pregunta, tus dos cartas responden por si solas: realmente estás enamorado.
No pierdas la calma es normal pasar por esto, pero debes de mantener tu distancia.
Saludos.
Frau Edelstein.
P.D. Es normal desear que tus jefes desaparezcan, por ahora relájate y diviertete en Estocolmo."
-Te noto cambiado, debe ser porque se acercan las olimpiadas.
-Niet, no es eso.
-Voy a irme por unos días. Olga Tatlana y yo debemos acompañar a los zares para inaugurar una estatua en Kiev. Piotr Stolypin también irá.
-Suerte en tu viaje, hermana.
Mientras ellos estaban de viaje, Rusia tenía que cuidar a los trés, ahora que ya no estaba aquel monje no sería difícil mantener distancia con Anastasia, pues no corría peligro, sin embargo miles de pensamientos cruzaron por su mente: ¿Será cierto lo que le dicen? ¿Cómo puede alguien que ha visto crecer a los primeros Romanov, ver pasar los siglos enamorarse de una niña de diez años? ¿y si es que estaba enamorado, se estará portando igual que Rasputín?... con más razón tuvo que reprimir sus sentimientos y guardar distancia con ella, ya bastante tenía con el monje lascivo y no quería faltarle al respeto mirándola detenidamente para memorizar su sonrisa o buscar su mirada.
En Kiev, una vez que Yekaterina, la pareja mayor y sus padres llegaron al lugar para inaugurar una estatua conmemorativa de Alejandro III; el Zar que no logró educar a su hijo a tiempo para gobernar.
Cuando cruzan las calles, un hombre salta y agita las manos gritando y señalando a Stolpyn: "¡La muerte le persigue! ¡La muerte va tras él!"
Se pensó que era un loco o un anarquista, pero un día después, en la ópera, un hombre vestido de negro se acerca a Stolpyn, saca un revolver de su abrigo y dispara dos veces contra el pecho de este. Olga y Tatiana fueron testigos del asesinato; se decía que quien gritaba era el mismísimo Rasputin.
-"Aquellos que ofenden a Dios criticando a nuestro amigo, pueden despedirse de la protección divina", eso fue lo que mi madre dijo cuando lo asesinaron.
-Da, ya veo.
-Y es por eso que debo dejar de amarlo... lo hago por su bien.
-No entiendo.
-Natalya ya me lo contó todo, no quiero que sufra la maldición y de ahora en adelante será usted el primero en saber cuando me enamore de alguien que no sea usted- diciendo esto se aleja por los pasillos.
Afortunadamente ella no se enteró que Rusia ya se estaba enamorando de su hermana más pequeña. Después de todo por caballerosidad nunca se lo iba a decir.
Sigue siendo 1911: Olga=16 años, Tatiana=14 años, Maria=12 años, Anastasia=10 años y Alexis=7 años
Finlandia era parte del Imperio Ruso, al parecer Finlandia tuvo problemas con Suecia y este le ofreció apoyo y "Autonomía" si se juntaba con el equipo de Iván; "Todos sean uno con Iván, da" (Rusia, no estamos en campaña electoral)
La carrera de cargar a la esposa "estilo finlandés o estonio" surge en el siglo XIX como una tradición de provincia.
Piotr Stolypin, el primer ministro logra correr a Rasputin después de que se publicaran las cartas y surgieran los dibujos pornográficos donde la familia imperial estaba involucrada.
Piotr Stolypin junto con el zar, su esposa y las dos hijas mayores fueron a Kiev para inaugurar la estatua de Alejandro III, Rasputin viaja allá para amenazarlo de muerte y en una noche de ópera es asesinado... enfrente del par mayor.
La teoría de que si un país se enamora de una humana (o humano, según sea el caso) esa persona muere trágicamente está presente en este fic.
A partir de allí Olga se va a enamorar de Pavel Voronov... otro que le romperá el corazón.
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