Capítulo 6: El miedo del corazón

Luego de muchas cosas pasadas en el Santuario, Harbinger de nuevo se puso en marcha para encontrar al siguiente caballero, pero por raro que pareciera, esta vez sabía dónde tenía que ir, él había tenido en cuenta al siguiente candidato desde antes que Athena muriera.

En las montañas de un valle donde no se podía ver civilización humana, solamente el verde de las plantas y la niebla del amanecer, ahí había un templo que entraba en completa armonía con la naturaleza.

- Hola.

- Señor Patriarca, es un honor verlo aquí.

Un hombre con vestiduras budistas recibió a Harbinger se mostraba muy emocionado, en el interior todo parecía nuevo, los alumnos entrenaban en una sala abierta mientras otros estaban meditando en un salón más pequeño.

- Él se encuentra meditando en este momento, llámeme loco, pero creo que él sabía que usted llegaría aquí mucho antes de que me lo dijera.

- No me sorprendería, es un chico muy talentoso.

Finalmente llegaron a un lugar donde la vegetación daba una sensación de calma, había una pequeña fuente de agua y las aves se juntaban para beber allí, atrás de la fuente, un joven se encontraba sentado con los ojos cerrados.

- Lo dejaré para que hablen.

- Gracias.

Ambos se despidieron y Harbinger se acercó, a pocos pasos del chico escuchó una voz.

- Bienvenido Patriarca.

- Daisho, ha pasado mucho tiempo.

El joven se levantó y abrió los ojos, luego saludo de manera cordial al estilo budista.

- ¿Sabes para qué he venido?

- Espero que sí, Athena necesita a sus caballeros de nuevo.

- Daisho, puedo sentir tu cosmos, aunque está calmado es increíblemente sorprendente, no cabe duda, la armadura resuena desde que llegué aquí.

- Me siento alabado su Santidad, le doy mi palabra que protegeré a Athena.

Harbinger sonrió mientras se quitaba la caja de Pandora de la espalda.

- Con tu entrenamiento, creo que serás el caballero dorado más poderoso de esta generación.

- No diga eso, el poder no es algo que anhele, prefiero concentrarme en preservar la paz.

Daisho dio unos pasos y luego habló calmado mientras sentía una brisa por todo el cuerpo.

- Vamos, le prometí a todos mostrarles la armadura.

- Entonces que así sea, serás un gran caballero.

Todos fueron reunidos al salón principal, el piso de madera brillaba como nunca, Daisho estaba al frente de todos y Harbinger destapó la caja, frente a frente, La armadura de Virgo brillaba como nunca, Daisho la miró con humildad, luego encendió su cosmos.

- …Por Athena… ¡HA!... ¡…!

- ¡…!

¡…!

La armadura seguía brillando, pero no se movió, Daisho seguía en pie, con su cosmos encendido pero sin la armadura puesta.

- A…

ÉL estaba sin palabras, sus compañeros y maestros también quedaron atónitos, la armadura no había elegido a Daisho como su portador.

- A…

El joven se dio cuenta que era inútil, apagó su cosmos y dijo:

- Parece que no soy yo, lo siento su Santidad, ahora si me permite…

Daisho abandonó el salón, todos empezaron a murmurar, ¿Qué no era él el más fuerte de todos los presentes? Su maestro trató de hablar con Harbinger también.

- No… no entiendo qué pasó, Daisho es el mejor aquí, ha dominado todas las técnicas del caballero de Virgo, su cosmos demuestra que es digno de ello.

Harbinger se quedó pensando, finalmente se puso frente a todos y habló en voz alta.

- Quiero que hagan una fila, todos ustedes.

Luego miró al maestro y le dijo:

- Que todos intente ponérsela, si alguno lo logra, avísame, yo iré a dar una vuelta.

- ¿Eh?

Harbinmger se fue, y no pasó mucho hasta que empezó el descontrol, todos quería ser los primeros en probar ser dignos de la armadura, tanto alumnos como maestros. El viejo maestro de Daisho estaba siendo pisoteado en un inútil intento por mantener la calma.

- ¡Esto es muy irresponsable su Santidad!

Luego de caminar, el Patriarca volvió al lugar donde estaba la fuente, ahí se encontraba Daisho, meditando.

- ¿Estás bien?

- ¿…? ¡Patriarca!

- Debes estar muy perturbado como para no sentir mi presencia estando tan cerca.

- Lo… lo siento, sólo que no esperaba el resultado… de hoy…

El joven había hecho un puño mientras cerraba los ojos y movía la cabeza a un lado.

- Pese a que no te eligió, la armadura de Virgo está resonando en este lugar, eso quiere decir que está esperando por alguien que se encuentra aquí.

- Pues…. Me parece bien, hay mucho que son talentosos.

- Daisho… ¿Estabas convencido de que la armadura te escogería?

- ¿Eh?

- Sólo piénsalo, eres talentoso y…

- ¡Espere! ¿Escuchó eso?

Harbinger trataba de escuchar pero no oía nada, Daisho se levantó y corrió, Harbinger fue detrás de él, luego de correr un poco llegaron hasta un árbol de gran tamaño, Daisho miró en sus raíces y debajo de unas hojas, había una cría de pájaro.

- Debió caerse del árbol.

- Esto es serio, si no regresa a su nido podría morir.

- Pero mira, ¿No crees que es muy alto Daisho?

ÉL no respondió, sólo miró la rama donde se ecnotraba el nido y dio un par de saltos hasta llegar ahí.

- Vamos, ya estás bien.

Dejó al pajarito en su nido y de un solo salto aterrizó de forma impecable.

- Me impresionas Daisho, no dudaste ni un segundo.

- No fue nada.

- Te equivocas, lo fue todo para esa vida, te estará agradecido por siempre.

- No tiene que agradecerme nada, sólo hice lo que se debe hacer cuando se tiene una vida en las manos, así es como pienso.

- No todos piensan lo mismo.

- No soy como todos.

Daisho se retiró sin decir más, la noche caía y Harbinger fue a avergiuar si alguien había logrado ponerse la armadura.

- Lo siento su Santidad, estuvimos hasta el anochecer, pero ninguno logró ponérsela, ni siquiera los maestros.

- Interesante, aun así la armadura está resonando como si su verdadero dueño estuviera aquí.

Entonces ambos se dieron cuenta de la presencia de Daisho, estaba con varios cestos yendo hacia un lugar.

- ¿Qué está haciendo?

- Está recogiendo frutos.

- No entiendo.

- Cada noche, Daisho alista canastas y las pone debajo de los árboles de fruta, para la mañana siguiente va y los recoge esperando ver si alguna fruta cayó, ha repetido esto durante mucho tiempo.

- ¿Por qué hace esto? No sería mejor esperar a que sea temporada de cosecha.

- Tal vez, pero el árbol tiene frutos irregulares, algunos maduran mejor que otros, así que cuando llegan a caer, la canasta estará ahí para evitar que se aplasten.

- Ya veo… ¡…!

Harbinger se retiró y fue a hablar con Daisho una vez más.

- ¿Te ayudo?

- Oh, gracias.

Durante media hora pusieron canastas alrededor de varios árboles que se encontraban al pie de la montaña.

- Sabes, a pesar de que la armadura resuene, no ha habido un dueño apropiado.

- Entonces ¿sucede algo malo?

- No, pero creo que es porque está esperando que alguien de este templo se convierta en su dueño apropiado.

- Dices que aún no estamos listos, no lo entiendo, qué más nos falta.

- Daisho, te lo preguntaré de nuevo ¿Estabas seguro de que la armadura te escogería?

Él se quedó callado unos momentos, ¿Había hecho eso? Lo pensó por un minuto antes de contestar.

- A decir verdad… yo…

Entonces unas campanadas interrumpieron su charla, venían del templo y no parecían ser una buena señal.

- ¿Qué significa eso?

- Debemos movernos, ¡El templo está bajo ataque!

A toda prisa, Daisho aceleró el paso dejando atrás a Harbinger, al llegar al templo encontró en el salón principal a todos sus compañeros tirados en el suelo. Más importante aún, la armadura de Virgo no estaba.

Escuchando un sonido desde la sala del lado, Daisho corrió sólo para encontrar otro grupo de estudiantes y maestros tirados en el suelo, pero esta vez había algo más, una criatura de casi un metro, era de color oscuro y con aspecto humanoide, en ese momento estaba sobre la espalda de uno de los alumnos, se percató de Daisho y se lanzó al ataque.

- Kān…

La criatura se detuvo justo antes de tocar a Daisho, estaba suspendida en el aire, luego salió volando para estrellarse contra la pared, debido al poderoso impacto, se desvaneció como si se desintegrara en segundos.

- ¡Daisho!

- Maestro.

Su maestro había llegado estaba muy lastimado y agotado, rápidamente, Daisho fue en su ayuda cogiéndolo para que no caiga.

- ¿Qué ha pasado maestro?

- Un ser, con una armadura oscura… atacó el templo… pensábamos que podíamos detenerlo pero… esas cosas aparecieron…

- No diga más maestro, yo me encargaré.

Daisho lo dejó en lugar segura y se dispuso a partir, pero antes de hacerlo su maestro le dijo algo más.

- Escucha, tiene la armadura de Virgo… no debe llevársela… Daisho… Hay un rosario… en el templo principal… en una caja oculta en el altar de madera… cógelo… te protegerá…

El chico asentó con la cabeza y se fue corriendo, sea lo que sea, sus compañeros, mejor dicho todo el templo estaba en peligro, sin mencionar que la armadura de Virgo también significaba una preocupación más.

Daisho encontró el rosario, no había visto a ningún compañero más ni otra de esas cosas, eso le preocupaba, posiblemente habrían escapado con la armadura, no tenía tiempo para preocuparse, inmediatamente se sentó, cerró los ojos y empezó a meditar con el rosario entre sus manos.

- (Puedo sentir una gran cantidad de presencias malignas en el templo… no será fácil encontrar al líder… también puedo sentir a los demás, pero su presencia es débil…)

Durante un tiempo Daisho siguió buscando pero no había resultados, ya era muy probable de que el líder hubiera abandonado el templo.

- (Pero cabe la posibilidad de que esté ocultando su cosmos, debo concentrarme más… estoy seguro…) ¡…!

Entonces sintió algo, no era una presencia maligna, era algo de alguna manera… familiar.

- La armadura de Virgo, aún está aquí.

Daisho se levantó de golpe, había un lugar a donde ir en este momento, sabía dónde estaba la armadura, y de ser así, sabía dónde estaba la cabeza de este ataque.

Era algo confuso, tal vez sólo era casualidad o tal vez no, pero Daisho se dirigió al lugar donde solía meditar, allí lo encontró, bebiendo de la fuente con las manos, tenía una apariencia grotesca y a su lado estaba la armadura de Virgo.

Por todo el lugar, estaban los cuerpos de sus compañeros, algunos sin vida y otros a punto de perderla.

- ¿Así que aún quedaba uno con vida? Pfff, aun no quiero ensuciarme las manos.

Diasho se percató de que estaba rodeado por muchas de esas criaturas, rápidamente adoptó una pose de pelea.

- ¿Acaso no puedes venir tú sólo? No sabía que los soldados de Cronos eran tan cobardes.

A él no le afectaban sus palabras, parecía lavarse la boca con el agua de la fuente, bebiéndola y escupiéndola una y otra vez.

- Es una prueba para aquel que quiera retarme.

Miró a Daisho sin importancia alguna.

- Soy Isos de Termita, y vas a tener que enfrentar a toda mi colonia de espectros termita si quieres pelear contra mí.

- No hay problema.

Los espectros se acercaron para atacar, Daisho los esquivó con agilidad al estar apartado de ellos gritó.

- Ohm… ¡Bendición de las tinieblas!

Su cosmos estalló acabando con muchos de esos espectros, pese a ellos una gran cantidad seguía frente a él, de una manera u otra siguió esquivando y atacando, finalmente, se dio cuenta que necesitaba un mayor poder para terminar ocn todos estos espectros, se paró en medio e hizo un movimiento con las manos, unió el pulgar con el dedo índice de la mano derecha sobre la mano izquierda con el pulgar y el dedo medio juntos, con la palma hacia arriba. Era el Sello para absorber las enseñanzas de Buda.

Las termitas atacaron pero fue como si el tiempo se detuviera, Daisho estaba sumamente concentrado, luego grito.

- ¡Bendición de las tinieblas!

Esta vez fue más poderoso de un solo golpe todas las termitas desaparecieron bajo una luz brillante, Isos era el único en pie frente a Daisho.

- Y bien, parece que es tu turno.

Isos se rio, como si fuera una broma.

- Parece que aún tienes que encargarte de algo más.

De la espalda de Isos varias esferas de energía oscura salieron y cayeron a la tierra cada una de ellas creó un espectro Termita nuevo.

- Puedes destruirlo, pero sacaré el doble la próxima vez, y la próxima y la próxima, gasta todo el cosmos que puedas, no te servirá contra un ejército infinito.

Ahora estaba en problemas, Daisho retrocedió un paso, ese último ataque le costó una gran cantidad de cosmos, si lo hacía varias veces terminaría agotándose.

- Entonces, ¿Cómo te ves al final de la batalla?

- ¿…?

Harbinger había llegado hasta el lugar, sus manos estaban algo lastimadas, era una prueba de que también había luchado contra las termitas.

- ¡El Patriarca está aquí! Ja, ja, ja.

Isos se colocó encima de la caja de Pandora.

- Entonces los rumores son cierto, no hay caballeros que defiendan el Santuario, así que has estado reclutándolos, cuando todos se enteren, no habrá fuerza en el mundo que defienda a Athena de Cronos.

Harbinger no prestó mucha atención a las palabras de Isos, miró a Daisho y le dijo:

- ¿Qué harás ahora? Eres el mejor alumno, pero ¿Puedes con ello?

- Yo…

Isos se dio cuenta que Daisho era el candidato para la armadura de Virgo, empezó a sentir el cosmos que resonaba junto con el chico, entonces decidió hacer algo para evitar que exista un nuevo caballero.

- Lo siento, pero la paciencia se acabó, te mataré a ti y al Patriarca, y luego todos los soldados de Cronos atacaremos el Santuario… ¡Plaga mortal!

- ¡A un lado!

Un disparo oscuro iba dirigido a Daisho, por fortuna Harbinger lo empujó para evitarlo, al ver detrás de ellos el pasto y algunos árboles, todo lo que entró en contracto había desparecido, como si el ataque se hubiera comido lo que tocó.

- Si no van a estar quietos, entonces haré que se detengan.

Las termitas atacaron, pese a sus esfuerzos, Isos invocó más y más, entre todas atraparon a Harbinger y a Daisho cubriéndolos con sus cuerpos dejando libre sólo sus cabezas.

- Ahora si me permiten, voy a terminar esto… ¡Plaga mortal!

El ataque era preciso, Daisho cerró los ojos esperando un fin inevitable, pero en ese momento un sentimiento llenó su corazón.

- ¡…!

Él abrió sus ojos, entonces fue como si el tiempo se detuviera, Isos estaba quieto y su ataque a un metro de impactar contra él, ¿él?

Daisho también veía su cuerpo junto con el de Harbinger, pero si su cuerpo estaba allí ¿Dónde se encontraba él?

- Parece que aun tienes ganas de vivir.

- ¡Su Santidad!

- Si no lo has notado, estamos en una dimensión dentro de tu mente.

- ¿En mi mente?

- Así es, concentraste al máximo ti cosmos y pudiste entrar a una dimensión donde tu proyección astral puede ver el mundo real, mientras tú lo desees, los segundo serán milenios.

El joven suspiró, pero sabía que era cuestión de tiempo para que el impacto sea inevitable, entonces el ataque empezó a moverse.

- ¿Qué pasa?

- Tu mente, estas dudando de ti otra vez.

- No entiendo.

- Esta es una dimensión donde tú puedes mandar, si crees que vivirás entonces lo harás, si crees que ese ataque nunca llegará a golpearte entonces así será, todo está en ti.

Daisho se quedó callado mientras veía cómo lentamente el ataque avanzaba hacia él.

- Daisho, ¿Estabas seguro que la armadura te aceptaría?

- Sí, pero…

- ¿Pero?

- Todos me han admirado, todos siempre esperan lo mejor de mí y por eso no quiero decepcionarlos, por eso tenía miedo, miedo de que la armadura no me acepte y eso me creó dudas, si en verdad era o no digno de proteger a Athena como un caballero.

- Sabes, eres como la manzana del árbol en el cual poner la canasta, nunca se sabrá si está lista o no, pero cuando madure ¿Te estrellarás o alguien esperará por ti? A diferencia del cesto, la armadura no estará esperando a que madures todo el tiempo, ya dependerá de ti hacerlo.

A sólo unos pocos centímetros, Daisho veía el ataque frente a su cuerpo.

- Ahora te pregunto ¿Cómo te ves al final de la batalla?

Miraba el ataque, se miraba a él, a Isos, a la armadura, finalmente encontró la respuesta.

- Me veo victorioso.

El ataque se detuvo, denuevo todo estaba detenido, Daisho aceptó el miedo de su corazón.

- Tengo miedo del fracaso, pero sé que puedo superarlo si creo en ello, gracias su Santidad.

- Aun no me agradezca nada, primero tienes un asunto entre manos.

Ambos se sonrieron mutuamente.

- Por cierto, cómo puedes hablar conmigo.

- No lo sé, parece que tú me lo permitiste

- Ya veo.

Daisho se concentraba para volver a su cuerpo, en el mundo real no habían pasado ni dos segundos, todo se reanudó.

- ¡Kān!

El ataque se detuvo a sólo dos centímetros de su rostro, luego lo mandó a volar hacia Isos pero éste los esquivó un poco sorprendido.

- Om…

Todas las termitas salieron volando, una luz las repelió, Daisho estaba agarrando el rosario mientras concentraba su cosmos, liberó a Harbinger y miró a Isos.

- Eres una amenaza para este mundo, por ello debes ser eliminado.

- Ja, ja, no creo que puedas hacer algo, la armadura no te aceptó, ¿Qué hará un humano para hacerme frente?

Puso el rosario frente suyo, Isos invocaba más termitas, ahora se había triplicado, era casi imposible ver el suelo.

- Para una escoria como tú no necesito usar una armadura.

- Pues entonces mi colonia te matará.

- ¿Te confías por tener un ejército? Entonces espera a conocer el mío ¡Invocación de espíritus!

En un parpadeo todo el ejército de Isos desapareció, Daisho no parecía haberse esforzado en lo absoluto, entonces empezó a avanzar contra Isos con los ojos cerrados, él estaba empezando a temblar.

- Acabaré contigo, y una vez que lo haga la cabeza de Athena adornará mi armadura ¡Plaga mortal!

Era inútil, todos sus ataques eran detenidos, Isos trató de jugar su última carta, cogió la armadura de Virgo y se preparó para huir, su cuerpo empezaba a desaparecer entre las sombras.

- Si no puedo derrotarte, al menos este será un buen premio de consuelo.

Daisho no decía nada, se detuvo y alzó una mano, estaba juntando energía.

- No importa lo que planees, ya es demasiado tarde... ¡¿Eh?!

La armadura se escapó de las manos de Isos, mientras Daisho seguí juntando energía la armadura fue recubriendo todo su cuerpo.

- No… ahora no.

Su cuerpo aun no desvanecía, era como si una fuerza extraña le impidiera escapar, Daisho finalmente abrió los ojos, lo que miró Isos, no fue nada agradable.

- ¡Tesoro del cielo!

Una luz brillante, Harbinger se cubrió, para cuando pudo ver encontró a Daisho con la armadura puesta atendiendo a uno de sus compañeros que yacía caído, detrás suyo, unos restos de armadura totalmente destruidos, no había rastro de Isos, salvo tal vez, un montón de cenizas.

- Debemos atender a los heridos.

- Yo te ayudaré.

- Gracias su Santidad.

Final

- Bien jóvenes, él es Daisho, el nuevo caballero dorado de Virgo.

- Es un gusto conocerlos.

Había pasado una semana y Harbinger trajo a Daisho al Santuario, ese mismo día, anunció que él sería el encargado de educar a los otros dorados y lo colocaba como guía de todos ellos.

- Bueno, guía no significa ser el más fuerte, sino el más sabio, así que aún puedo ser el mejor de todos los caballeros.

- Como digas Caesar, sólo si llegas a superarme en algún punto.

- Creí que ya lo había hecho Eidrel.

Otra discusión mañanera, luego de ver la casa de Aries y la remodelación que le había hecho Néfele, ver a Nathaniel tratando de jugar con la pequeña Athena y escuchar algunos chistes subidos de tono de Crusher, Daisho se dio cuenta de una cosa.

- Esta generación está perdida.

- Ja ja, son sólo jóvenes, al momento de proteger a Athena se toman las cosas muy en serio, no te preocupes, con tu guía estoy seguro que podrán llegar al límite e incluso superarlo.

- Me siento honrado su Santidad.

- Bien, es hora de alistarme para otro viaje, los caballeros no vendrán hasta aquí je je… no incluye a Caesar.

- ¡Espere!

- ¿Si?

- Esa noche, cuando estaba por recibir la Plaga mortal de Isos, sentí un cosmos extraño, fue lo que me impulsó a seguir viviendo, ahora que he venido al Santuario, creo que… fue Athena la que me ayudó.

- Eso es inesperadamente maravilloso.

- Pero… cómo ella puede hacer eso, tan sólo es una bebé.

- Tal vez sea una bebé, pero sigue siendo una diosa que ama a sus caballeros, aún si estos no están listos para serlo.

Harbinger se retiró dejando pensativo a Daisho, entonces unas palmadas en la espalda lo sorprendieron, eran Eidrel y Caesar.

- Bien queremos dejar las cosas en claro y saber quién es el más fuerte hasta el momento.

- Lo siento pero no me gusta usar la violencia de no ser necesario.

- Pero claro que es necesario, es necesario saber quién es el más fuerte, ya sabemos que eres el más sabio pero queremos comprobar algunas cosas.

Mientras era llevado a la arena donde entrenaban, él suspiró pensando.

- (Dios, Buda, Ala, Ra quien me oiga, por favor denme un poco de paciencia… y paz si es posible)

Entonces sintió una voz que le respondió.

- (¿Athena?)

Aquella voz le dijo: "Hasta el mejor monje es capaz de encontrar la calma en la tormenta"

- ¡¿Tú también?!

NOTA DEL AUTOR (O SEA YO): Como saben estoy empezando a dibujar a los caballeros de mi serie, ya pueden ver la imagen de Néfele, también pueden decirme cómo les gustaría que fueran en apariencia física el resto si quieren (Ya tengo hecho los bocetos de Nathaniel y Eidrel) Espero que les guste la historia