Un momento soñaba Ren con Kyoko jugando con sus cabellos y al siguiente se levantaba de golpe a causa del grito. Su mente desorientada y adormilada no termina de registrar qué es lo que está sucediendo.

—¿Qué… —comienza a preguntarse mientras se restriega con fuerza los ojos con las manos intentando despejar la somnolencia. Espabila varias veces, sus ojos acostumbrándose a la claridad de la habitación. ¿Qué era lo que lo había despertado de nuevo?

—Ieeee —escucha el chillido que parece provenir del otro lado de la cama y abre los ojos de par en par. Y es hasta ese momento que repara en Kyoko tirada en el suelo. Supone que es normal para ella tener semejante reacción por encontrarlo dormido a su lado; en su defensa, no era su intención quedarse ahí en primer lugar, pero Kyoko no le soltaba.

—Mogami-san —llama su nombre y se mueve despacio como quien trata de no asustar a un animalito salvaje.

Pero Kyoko retrocede, aterrada, se atrevería a decir. Sí, no debió quedarse dormido, pero tampoco era para tanto.

—Mogami-san —vuelve a llamar.

Su mirada se clava en la de él, y ha cambiado a lo que solo se puede describir como una mezcla de furia, dolor y confusión, mientras levanta su brazo, su dedo señalándolo.

—¡Esas flores, esos ojos! ¡Eras tú! —exclama y el temblor en su voz no concuerda con la tormenta que ruge en su mirada.

Ren se congela por un instante. Y se maldice por no recordar desde que abrió los ojos aquella mañana que no lleva puestos los lentes de contacto. Se los había quitado para ir a dormir, porque en ningún momento estuvo entre sus planes quedarse dormido al lado de Kyoko, mucho menos despertar a su lado.

Y sus flores, cómo es que Kyoko sabía de sus flores, de las de Corn para el caso. Si las había visto en Guam, si sabía que Corn era su alma gemela, esa persona que tanto anhelaba, ¿por qué nunca lo mencionó?

La cabeza de Ren era un lío de preguntas sin respuestas, y la cara de horror, asombro y traición de Kyoko tampoco era que ayudara de a mucho con su causa.

—¡Eres Corn!

Eso, se dice irónico Kuon, déjenle a Kyoko descubrir que todo el tiempo él fue Corn, por una serie de eventos desafortunados, y pasar totalmente por alto el elefante en la habitación, ese de que eran almas gemelas.

—Puedo explicarlo, Mogami-san.

Kyoko abre y cierra la boca y poniéndose de pie susurra un:

—Necesito usar el baño —antes de correr hacia la puerta y cerrarla con un golpetazo.

… …

Han pasado poco más de veinte minutos cuando se decide a golpear a la puerta del baño.

—¿Estás bien? —pregunta sentándose de su lado de la puerta.

—No lo sé —le llega la respuesta sincera desde el otro lado.

—Lo siento —susurra.

Se oye un suspiro del otro lado de la puerta.

—¿Lo supiste todo el tiempo, quién era?

Ren niega con la cabeza hasta que se percata de que ella no puede verlo.

—No, no todo el tiempo —suspira—, lo sé desde que se te cayó Corn de las escaleras.

—¿Por qué? ¿Por qué engañarme de esta manera? ¿Por qué seguir alimentando mis fantasías? —pregunta y el tono de su voz crece con cada palabra pronunciada.

—Nunca se trató de engañarte —aclara—, las cosas que creías, Mo… Kyoko, te daban fuerza, te daban esperanza, te daban alegría. Y yo —se aclara la garganta—, el niño que conociste, se rompió en mil pedazos. Dejó de existir. No fue una maldición mágica, pero la oscuridad lo fue tragando de a poco.

—Eso no es verdad —niega Kyoko del otro lado con vehemencia.

—¿Cómo puedes estar segura? —pregunta con una sonrisa triste.

Kyoko guarda silencio por un par de minutos antes de volver a hablar.

—Sigues aquí por mí, para mí, como lo hiciste en aquel momento, sigues viniendo a mí cuando más lo necesito, sigues dándole alas a mis estúpidas fantasías, sigues haciéndome reír —hipea—, solo para hacerme feliz.

—No pareces feliz en este momento —responde.

Y Kyoko vuelve a callar.

—¿Planeabas decírmelo algún día?

—Sí —responde sin titubear—, pero necesitaba tiempo. El peso de mi pasado…, hice cosas terribles, Kyoko, de las que me avergonzaré y me arrepentiré por el resto de mis días. Cosas por las que dejé atrás mi nombre, mi familia y abracé el de Tsuruga Ren. ¿Cómo podía explicarte cómo el Corn que conociste se convirtió en Tsuruga Ren sin alejarte de mí con los mórbidos detalles?

—Ya veo —dice bajito—. ¿Puedo…, puedo saber tu nombre?

—Kuon, Kuon Hizuri.

—¡Eres el hijo de padre!

—Cuando lo dices así nos haces sonar como hermanos —dice con el dejo de una risilla en su voz—, pero para responder a tu pregunta, sí, soy hijo de Kuu y Juliena Hizuri.

—Esto es demasiado —susurra Kyoko del otro lado de la puerta.

—Lo siento —se vuelve a disculpar. El silencio arropándolos nuevamente hasta que Kyoko finalmente lo rompe.

—¿Qué…, —Kyoko duda, pero se arma de valor para preguntar—, ¿qué pasó cuando tenía —se corrige—, cuando tenías —saca la cuenta mental—, quince años? Esa primavera… Siempre me he preguntado.

—Toqué fondo. En esa época era muy parecido a Cain e incluso un poco a BJ para el caso. Había tanta rabia, tanta desesperación, tanto odio y tanta violencia en mí... Lo había habido por mucho tiempo, pero entonces todo se salió de control. Mi mejor amigo murió por mi culpa, por culpa de mis acciones, y no pude soportar el peso de su muerte, aún lucho con ello. Un par de meses después, abandoné la casa de mis padres y renuncié a todo lo que una vez me fue conocido. Un día, si quieres —aclara limpiándose un par de lágrimas silenciosas de la mejilla—, podría contarte mi historia con más detalle.

—…

—Créeme, Kyoko, cuando te digo esto, jamás fue mi intención herirte.

—Yo… Todo esto es demasiado, necesito tiempo.

—Si quieres puedo llevarte a casa.

—No hay necesidad —se apresura a responder—, puedo tomar el autobús.

Y Kuon no replica, aunque duela, porque entiende su necesidad de poner distancia entre ellos.

—Está bien —dice mientras se levanta del suelo—, voy a salir a comprar algo en el supermercado, así que tómate el tiempo que necesites y cierra al salir.

—Gracias —le llega el susurro de ella desde el otro lado de la puerta.

Cuando el elevador finalmente llega a su destino, aprieta los puños a cada lado de su cuerpo, su hombro arde, su hombro quema. Pero no hay nada que pueda hacer, estas camelias las ha causado él, solamente él.

… …

Mira el techo de su habitación sin mirar a nada en particular, su mente muy lejos, gracias sean dadas a los dioses y a Sawara-san que, precisamente de todos los días, hoy no hubiese tenido trabajo.

En su mente se libra una fiera batalla y partes dormidas e incluso desconocidas levantan su voz para ser escuchadas. Y con cada voz un nuevo sentimiento quema a través de su cuerpo, no todos buenos, no todos malos.

Quién hubiese pensando que era tan agotador estar enojada, triste, confundida, ilusionada, esperanzada y herida todo al mismo tiempo. Niega con la cabeza y decide tomar un baño, sí, un baño en definitiva le ayudaría a aclarar sus pensamientos, sus sentimientos, frente a todo lo que acaba de descubrir.

El reflejo de las camelias de su espalda en el espejo detienen su andar. Ese pasado que lo atormentaba, ese pasado que aún lo lastimaba, está grabado en su espalda. Y Kyoko entiende lo que es querer dejar el pasado atrás, esconderlo detrás de un telón y que nadie lo vea, de verdad lo hace. Entonces, ¿por qué es tan difícil perdonar que él de todos le haya ocultado el suyo a ella? Pero ella sabe la respuesta: porque ella quería ser especial para él, quería que él la convirtiera en su apoyo, como ella lo había convertido en el suyo.

Niega suavemente con la cabeza y entra en la ducha. Las gotas golpeteando alegremente contra su piel, y piensa en el destino. Retorcido, travieso, misterioso. Ahora entiende que no hay absolutamente nada mal con ella, solo que su destino parecía haberse enredado en una bola de nieve que no había hecho más que crecer con las mentiras a través de los años. Porque Corn era Ren, que en realidad era Kuon, y Corn era su alma gemela…, lo sabía, y si Corn era Ren que en realidad era Kuon, entonces la persona que amaba, la que hacía que su corazón pareciera hacer múltiples sprints en su pecho, era su alma gemela. Ahora lo sabía. Y se preguntaba qué hacer con tal revelación. ¿Debería decirle? ¿Debería darles una oportunidad? Porque aunque Kyoko quiera negarlo y enterrarlo en algún lugar profundo y oscuro de su mente, el 'te amo' de Corn resuena en su cabeza, negándose a ser enmudecido, y con él la duda de si fue solo una parte más de su treta o si eran palabras sinceras de él, de todas las partes de él.

Suspira y apoya su frente contra los fríos azulejos del baño. ¿Cómo lidiaba la gente con estos confusos sentimientos? ¿No se suponía acaso que el amor fuera un viaje de gozo y alegría a lo desconocido? Ciertamente ahora mismo no se siente como nada de eso. Si algo, se siente como un empujón al vacío, como una espiral sin fin.

Fuera lo que fuera, empezaba a sentirse más como una montaña rusa, una con demasiadas caídas y demasiados giros bruscos, que Kyoko ya no estaba segura de cómo afrontar.

… …

NA. Para evitar confusiones, recuerden que Kyoko sabe que Ren es su alma gemela y Ren sabe que Kyoko es la de él, pero Kyoko no sabe que Ren sabe (él le vio las flores cuando ella estaba dormida). Pero Ren también sabe que Kyoko ahora lo sabe…

NA. Me voy de vacaciones a escalar nevados, así que no habrá actualizaciones por un par de semanas. Besitos a todas.