Día 5 – (segunda parte): No tienes que pedir permiso.
Dianna tuvo que hacer acopio de su fuerza de voluntad para mantener sus ojos en los de Lea y no mirar el suelo. Se sentía cohibida, inhibida y expuesta. Tan vulnerable que no acertaba a leer nada en el rostro tranquilo de la morena. La observaba sin demostrar ninguna emoción. Algo completamente impropio en Lea Michele. No por nada Rachel le quedaba a la perfección. Quizás no fuera tan histriónica o dramática pero en cierto grado su personaje se había dotado de la naturalidad para la teatralidad que, cuando estaba cómoda, Lea solía desprender. Por eso, su falta de reacción era una página en blanco para Dianna Agron. Como si la que estuviera observándola no fuera en realidad quien parecía ser o bien era una muy talentosa actriz. Aunque lo realmente inquietante radicaba en determinar qué era lo que ocultaba detrás de ese semblante falto de expresividad. Desdén o exaltación. ¿Qué era lo que pensaba Lea Michele de su confesión de amor?
-Lea… - incapaz de seguir paladeando el silencio la rubia decidió que debía romperlo cuanto antes – Lea escúchame… te lo dije porque me pediste que lo hiciera y no me arrepiento pero no tienes por qué – un dedo de Lea se posó sobre sus labios.
-No tienes que decir más – dijo suavemente – ya has dicho demasiado.
-Pero Lea… - Dianna quiso decir algo pero Lea insistió apretando más la yema de sus dedos en los labios de la rubia.
-No, has dicho lo que quería saber – le expuso simplemente - creo que es tiempo de que la que hable sea yo.
-No tienes que explicarte por no sentir lo mismo si fuera el caso – la volvió a interrumpir Dianna.
-Y tú no tienes que suponer antes de tiempo cuales serán mis palabras – recriminó Lea con el primer mohín después de la confesión de Dianna, uno de cansancio – no te lo tomes a mal Di… pero me gustaría decir lo que tengo para decir sin que consideres que sabes mi respuesta – se acomodó en el sofá – cómo yo espere la tuya, expectante pero sin suponer que ya lo sabía antes de llegar.
-Ok… - Dianna no se animaba a formar una frase menos escueta por miedo de ponerse a la defensiva y no poder cumplir con el requerimiento de la morena así que decidió que sería monosilábica por el tiempo que Lea tardara en exigir más de su parte.
-No creas que no te entiendo – dijo Lea suspirando con energía – yo también me pase bastante tiempo suponiendo cosas sin corroborar ninguna – sonrió de medio lado – por esa razón tomé muchísimas malas decisiones – hizo una pausa mientras parecía irse lejos con su mente – algunas de esas malas decisiones trajeron buenos resultados pero la mayor parte solo trajeron consecuencias similares – la morena se detuvo en los ojos claros de su compañera con tanta intensidad que Dianna estuvo segura que podría robarse su alma solo con mirarla - ¿entiendes lo que quiero decir?
-Si… - tampoco podría haber dicho nada mejor.
-Supongo que si – Lea soltó aire que había acumulado en sus pulmones ratos si, ratos no – ¿sabes por qué me marche de tu piso? - le preguntó de repente.
Dianna tardó unos segundos en rescatar de entre sus memorias el recuerdo particular que Lea mencionaba - ¿sí? – contestó con una pregunta debido a que las palabras de Lea sugerían que le revelaría algo particular que hasta ahora desconocía.
-Posiblemente no – Lea rio ligeramente y Dianna se prendó del siseo de esos labios tan apetecibles - ¿por qué crees?
-Por… ¿Ryan? – Adivinó Dianna y Lea negó - ¿por qué ya tenías dinero suficiente para poder tener tu propio espacio? – volvió a preguntar.
-El dinero nunca había sido un problema para mí y lo sabes – respondió la morena – tampoco era por una cuestión de comodidad, espacio personal ni conocimiento sobre la ciudad, si eso es lo que argumentaras ahora.
-¿Seguro que Ryan no te pidió que te marcharas para evitar más rumores? – insistió Dianna alegando lo que siempre había pensado.
-No, la persecución caza-Faberry/Achele de Ryan comenzó justo después de mi salida de tu casa – explicó Lea y Dianna sonrió divertida con el uso de los acrónimos con que las redes sociales se referían a ella – él no tuvo nada que ver con eso.
-Entonces no lo sé – concluyó Dianna y sintió otra vez ese hormigueo en el estómago de anticipación. Algo que ella nunca entendió le iba a ser finalmente descubierto. Y ese algo era uno de esos hitos de su vida donde se había sentido especialmente dolida. Fuera lo que fuera aquello que Lea le contará no sería peor que lo que siempre había pensado y eso era un alivio.
-Me fui porque no soportaba estar cerca de ti – "o tal vez si sería peor", pensó Dianna pero Lea no le dejo pensar demasiado – no podía soportar tenerte cerca sin poder abrazarte y dejarme llevar por algo que tenía aquí dentro – se señaló el pecho – algo que palpitaba y me hacía incluso esconderme a llorar en mi cuarto.
-¿Qué…? – inquirió Dianna con sorpresa.
-Me impresiona lo ciega o necias que hemos sido Dianna – Lea meneó su cabeza con desazón – cada vez que te acercabas o que yo lo hacía acabábamos en la portada de una revista incrementando los rumores sobre una relación que yo hubiera deseado desesperadamente pero que no veía posible aunque lo quisiera.
La rubia sacudió la cabeza tratando de no malentender estas palabras. Tratando de sacarlas de su mente. Porque su cabeza se llenaba de imágenes donde ella y Lea habías estado a punto de besarse. Muy pero muy cerca. Donde su corazón había palpitado desbocado y expectante. Momentos que no terminaban de ocurrir porque ella los aplacaba culpando a una borrachera o un momento emocional de la cercanía, incluso inapropiada. Explicando gestos de amor o deseo con familiaridad, con la mejor amistad que había tenido nunca. Y por eso nunca se había explicado el cómo una "mejor amistad" se había convertido en nada. Era nada porque hacía tiempo no era una amistad de esas grandes, era mucho más.
-Me marche – Lea siguió hablando – porque estaba exasperada, disgustada conmigo misma por tener estos sentimientos – reveló con un quejido en la voz que se esforzaba en dominar – descorazonada por haberme enamorado de la mujer con la que vivía y por no ser correspondida – Dianna le tomó suavemente la mano y le dio una caricia cuidadosa, Lea pareció perderse en el gesto pero finalmente regreso en forma de una sentencia final – porque estaba segura que tu no me querrías como yo a ti y tenía que alejarme para no arruinar lo poco que tenía – soltó una risa mordaz – lo irónico es que eso se arruino igual y yo nunca entendí por qué, que era lo que había hecho mal…
-Porque éramos incapaces de hablar como antes – Dianna añadió sus propias sensaciones a las palabras de Lea y ésta asintió – porque no podíamos ni siquiera mirarnos…
-Yo huía de lo que sentía evitándote y atándome a Cory, a la estúpida voluntad de Ryan creyendo que así lograría que todo fuera como antes alguna vez – le confesó la morena – que podría dejar atrás esos sentimientos y ser Lea, la amiga – bufó destilando soledad – si supieras las veces que quise decirte porque yo soy así, no soy de las personas que ocultan cosas como estas pero por ti hice una excepción – meneó la cabeza – fuiste la mayor prueba de mi vida, de mi carrera incluso – se mordió el labio – aprendí a maquillar mis emociones.
Dianna suspiró y volvió a acariciar su mano – te entiendo Lea, yo… me pasaba lo mismo, por eso me alejé de ti.
-Por eso te deje alejarte – le aseguró la morena correspondiendo la caricia – por eso alenté la paranoia de Ryan y correspondí sus exigencias, no fue por mi carrera, ¡DIOS! – Se tomó la cabeza con la mano que le sobraba – yo jamás habría dejado de verte por mi carrera.
-Ey, ey –Dianna trato de calmarla acercándose a ella – no lo sabias, no podías saberlo.
-Pero debí decírtelo – se quejó la morena – debí comportarme como lo habría hecho siempre Di – se dejó consolar pero mantuvo levemente las distancias sin soltarse del todo - ¿por qué no fui yo misma? ¿Por qué no te dije lo que sentía aunque no me correspondieses?
-Porque tenías miedo como yo – le respondió Dianna – porque tenías miedo de perderme.
-¡Pero si te perdí de todas maneras! – Lea parecía cada vez más nerviosa y Dianna era consciente que todo esto la tenía igual de inquieta y desolada. Si solo le habría dicho la verdad a Lea ¿qué diferente habrían sido las cosas? Pero en realidad nunca sabrían si para bien o para mal.
-Ey… estoy aquí – Dianna la abrazó por los hombros y la contuvo – no me has perdido – le aseguró – puede que me hayas perdido de vista un momento pero aquí sigo.
La sostuvo contra sí y le hizo una caricia en la espalda para que no se resistiera a llorar. Se notaba en su voz que llevaba años queriendo desahogarse abiertamente y esta era su primera oportunidad.
-Cuando te vi después de estos diez años – Lea estaba dispuesta a sacarlo todo fuera – solo podía pensar en cuanto te seguía amando, en qué poco había conseguido olvidarte a pesar de todo, te echaba tanto de menos – la morena descanso su rostro en el cuello de Dianna.
-Y yo a ti – este era el tiempo de decir todo lo que habían guardado tan celosamente – a pesar de que mi carrera fue muy bien, a pesar de que puedo considerarme medianamente exitosa fui incapaz de olvidarte Lea – le sonrió dulcemente mientas la actriz se retiró para mirarla – soy como Quinn que ha mirado desde lejos a Rachel durante estos años, deseándola – hizo una pausa y la miró con ímpetu – deseándote…
Quiso decir algo más pero la morena negó con la cabeza – basta – dijo simplemente – no quiero envidiar a Rachel nunca más por poder tener a Quinn de la manera que yo quiero tenerte a ti, hemos callado tantos años, podemos callar algunos minutos más – y se acercó por primera vez a Dianna siendo Lea, no Rachel, sin esconderse detrás de un personaje o un argumento escrito en un diario – Di… - le llamó la atención - voy a besarte ahora – dijo.
-No necesitas pedir permiso – fue lo último que Dianna pudo balbucear antes de que sus palabras y su capacidad para unirlas se fundieran en el roce de los labios de Lea.
No es que no supiera como besaba pero nunca había tenido la consciencia de que ese beso era para ella realmente. Detrás de Quinn había podido disfrutar de esos labios y de la morena de la forma que siempre había añorado. Pero hoy, hoy era ella, eran ellas realmente. Lea había dicho aunque sin decirlo con esas palabras que la correspondía, que la necesitaba. En la misma medida en la que Dianna la necesitaba a ella. Allí, en ese sofá, estaban ellas. Sin managers dementes, novios o carreras de por medio. Sin esconderse detrás de una velo, sin postergar esos sentimientos reprimidos tanto tiempo.
Los labios carnosos de la morena bailaban sobre los suyos haciendo que la piel de su nuca se erizará. Incapaz de evitarlo atrapó uno de ellos entre sus dientes y como resultado Lea hizo un sonido que a Dianna le pareció el paraíso. Años de deseo se desataron y colapsaron en sus bocas que se buscaron vigorosamente, ya sin inocencia o ingenuidad. Con fuerza. En un cuadro donde no solo los labios eran protagonistas sino también sus lenguas, sus dientes, el aliento desenfadado y esos gemidos que Lea no dejaba de proferir y que azuzaban a Dianna a ir a por más. Le mordió con fuerza el labio inferior y tiró de él. Lea volvió a quejarse audiblemente y Dianna utilizó el último vestigio de su inteligencia para advertir sus intenciones.
-Dios Lea – clamó – voy… voy a hacerte el amor si sigues gimiendo así…
Lea la observó con los ojos oscuros. Opacos de algo que Dianna adivinaba como avidez.
-No tienes que pedir permiso – pronunció con la voz grave.
Fue entonces cuando la rubia perdió los papeles y en menos de un minuto estaba apoyando la espalda de Lea contra su cama sin deshacer. Desvistiéndola con cierto grado de impaciencia, con diez años de contención. Diez años frenando deseos que se consumaban sobre la cama de un hotel de Phoenix solo porque el destino era tan caprichoso para haberlas atraído a ese punto exacto de sus vidas. Podrían haber ganado años de besarse, de tocarse, de regalarse placer. Podrían pero la vida era como era. Perdieron diez años pero los recuperarían. Dianna estaba segura mientras se movía sobre el cuerpo desnudo de Lea que recuperaría cada gemido que habría querido tomar de los labios de la morena. Mientras la invadía y la llamaba suya, mientras entraba y salía de su cuerpo. Daba igual si hubiera podido tenerla así mucho antes. Podía tenerla ahora y eso era todo lo que contaba. Podía sentir los labios de Lea recorrer su espina y sus manos anclarse en sus pechos. Podía verla y sentirla entre sus piernas. Y sobre todo, pudo por fin oírla entre suspiros decirlo por primera vez. Decirlo para ella. Decirlo de corazón.
-Te amo Di…
