—¿No has pensado en la posibilidad de dejarlos a ellos dos salir juntos al jardín?—preguntó Timer materializándose cerca de Akaba Leo que miraba a Yuya sentado en una esquina mientras lloraba casi descontroladamente. El de piel oscura miró al recién llegado sin más, no se había sorprendido tan siquiera de lo rápido que había llegado—Sé que no parece una buena idea, pero imagínate tenerlo así todos los días. Un día puede simplemente volverse en tu contra.

—Estaba pensando en lo mismo—reflexionó con cansancio. El de ojos rojos miró un poco más al más pequeño—. No se ha movido tan siquiera para inspeccionar el área en el que está. Y es un niño—gruñó al recordar.

—Es extraño no lo crees, su relación con Yuto he de decir—cambió de tema bruscamente—. Ellos hacen todo juntos y el lazo que parece haberse armado es más fuerte que algunas amistades longevas que conozco.

—Se debe a que antes eran uno—repuso Leo—. Están uniéndose mentalmente sin hacerlo físicamente, eso no es unión de dos individuos, sino de uno solo desesperado por volver a unirse. Solo es eso.

—¿Tú consideras que ellos son solo una parte de otra alma? ¿Qué así ellos vivan otra vida y desarrollen otra personalidad siempre serán lo mismo?—preguntó algo curioso Timer—¿Una parte de este demonio?

—No hay diferencia, ellos no son más que simples niños de casi nueve años que encierran dentro de sí mismos un alma imparable—su mirada se puso dura—. Una que no tenía problema alguno en destruir todo, sin arrepentimientos ni sentimientos. Ellos son solo el resultado de eso, y si se vuelven a unir será una catástrofe. ¿O te tengo que recordar todo lo que me dijiste y lo que acordamos?

—No, no hace falta que me lo recuerdes—no paraba de mirar al niño de ojos rojos—. Sé eso perfectamente. Incluso si no me crees.

—No es que no te crea Timer, solo que a veces pareces estar de su lado, a pesar de que tus acciones conmigo digan lo contrario—repuso el profesor. Ni así Timer volvió su mirada.

—¿Insinúas que te voy a traicionar?—preguntó ladeando su cabeza—¿Después de jurarme la existencia y poner en peligro a tus soldados bajo promesa de romper las reglas directamente? ¿Tan malo me crees?

—No, claro que no—suspiró Akaba—. Es solo que tu fascinación por ellos puede tornarse… peligrosa.

—Tú no lo entiendes, ¿verdad?—le preguntó volviéndose a verlo—Estos seres son demasiado curiosos, creo que jamás en todo mi tiempo de existencia había visto algo similar—tenía los ojos entre abiertos y su pañoleta le cubría tanto su nariz y su boca. Pero por el tono que utilizaba Leo supo que tendría que mantenerse al margen—. No sé si el alma que tienen es solo parte de la que eran o si es una nueva.

—Es solo una parte de otra alma—razonó—, no son nuevos seres.

—Pero, ¿la misma alma no está compuesta de distintas partes que conforman a nuestra personalidad?—preguntó curioso.

—Pero sigue siendo lo mismo, ellos al ser partes deben representar solo una parte de ese ser.

—Pero entonces me estás diciendo que lo que forma una personalidad de un ser es aquella alma que lleva por dentro, ¿verdad?

—Correcto.

—¿Entonces las experiencias que tengan no le afectarán en lo más mínimo?—sonrió tras su pañoleta—¿No cambiará en lo absoluto si hay una experiencia fuerte en su vida?

—Eso no cambia lo que es, además—repuso—ellos son distintos, como me dijiste, es normal que no sean como los demás.

—Pero hay algo que me intriga, ¿un ser define lo que es por su naturaleza o por lo que vive?—preguntó nuevamente.

—¿A qué te refieres?—dudó Leo con sus cejas fruncidas.

—Piénsalo de esta manera—puso sus dos manos al frente levantando el dedo índice y dejando abajo todos los demás—. Ese niño que está allá en la esquina tiene la naturaleza de ser un demonio, junto con los otros si tienen las condiciones y las circunstancias adecuadas, aquellas que no dejaremos que pase, se unirán y formarán al demonio que tanto tememos. Pero imagínate que cuando el crezca no querrá serlo. No querrá tener que ser un demonio y se negará con todas su fuerzas a serlo. ¿Él ser un demonio sigue siendo parte de su ser? ¿Aunque ese deseo de destruir todo no esté presente en él ni en ninguno de sus compañeros? Porque si me dices que sí, que ese es el caso, déjame decirte que tienen ustedes una vida muy trágica.

—Yo…—Y entonces tocaron a la puerta con fuerza. La atención de Akaba se dirigió hacia aquella puerta de madera.

—¿Profesor?—preguntó uno de sus Obelisk Force—Profesor ya es hora de que el niño vuelva a la celda—Leo miró a su lado derecho, aquel donde antes se encontraba Timer. No había nadie allí—, ¿puedo entrar ya?

—Sí, asegúrate de no hacerle daño ni enfadarlo.

—Sí señor—dijo el obediente seguidor del Profesor y entró a la escena. Leo aprovechó y Salió por la misma parte.

—Soldado—llamó firmemente al que recién llegado el cual se puso inmediatamente firme—. Buen trabajo allá abajo separando a los niños—el aludido solo asintió—. Pero a partir de mañana quiero que los traigas a los dos.

—¿Juntos, señor?—preguntó por si las dudad.

—Juntos, a la misma hora, si tienes dificultades para llevarlos a los dos, ya sabes a quien llamar—y se empezó a retirar.

—Sí, señor.

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—¡Yuya!—se permitió exclamar apenas vio al chico llegar a manos del Oblisk Force. La garganta le ardió después pero eso no le había importado por el mero hecho de lo aliviado que estaba por ver a Yuya allí, bien, en carne y hueso. La comida estaba allí servida desde hacía un par de minutos y a pesar de que había intentado comer, simplemente no había sido capáz.

—¿Yuto?—preguntó cuándo lo dejaron allí adentro y escuchó las voz del otro. Apenas vio que se acercaba trató de poner más nítida su imagen. Y entonces lo logró distinguir—¡Yuto!

Los dos niños se abrazaron fuertemente, casi como si no se hubiesen visto en décadas. Aunque en realidad, no sabían bien que era un abrazo exactamente, sólo intentaron agarrarse de las manos primero y luego juntaron sus pechos sin saber realmente que hacer. Era una posición realmente extraña, con las manos agarradas a los brazos del otro y los pechos unidos. Eran niños y la inexperiencia les tenía perdidos. El no saber cómo abrazar ni darse cariño era quizá una de sus más graves problemas. Pero no era el único. Había problemas mayores y mucho más desagradables que preferían quedarse en algún lugar donde la luz no llegara.

—¿Estás bien?—preguntó con dificultad.

—Sí, sí, no pasó nada—tranquilizó Yuya sonriendo.

Era solo tacto extraño entre niños. Pero esos niños eran especiales. Uno casi mudo y el otro con vista limitada. No era nada del otro mundo ese supuesto abrazo que tenían. Pero para ellos, era el único soporte.

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Triángulo—dijo la voz robótica al encenderse y mostrar la figura en su reducida pantalla. Tenía una luz azul y un fondo negro. Era casi como un juguete, solo que este solo podía hacer una sola cosa con distintos objetos.

—Trijaagulo—repitió Yuya como pudo a la máquina.

Triángulo—volvió a repetir después de mostrar una equis con un sonido negativo que hizo a Yuya poner una mueca.

—¿Triángulo?—lo dijo despacio y con duda. La maquinita dio a mostrar una o con un sonido positivo, Yuya sonrió—¡Sí!—se emocionó, dejó la pequeña tableta que les habían dejado la tarde anterior allí adentro en su celda y se levantó sólo para ir a la cama de Yuto y zarandearlo como malamente pudo—¡Yuto! ¡Yuto! ¡Lo hice bien! ¡Lo hice bien!

—¿Ah?—gruñó adormecido apenas abriendo los ojos. Yuya tenía una cara brillante llena de vida y emoción. Yuto le sonrió a pesar de no haber entendido ni una sola palabra de lo que había dicho.

—¡Dije bien "triángulo"! ¡Lo dije bien!—dijo muy animado. Yuto apenas se levantó de su cama casi hecha de cemento y miró al chico con un solo ojo pues uno de ellos se lo estaba rascando con sus dedos.

Sin embargo sus ojos se quedaron llenos de miedo al escuchar como la puerta era abierta una vez más, no podía verlo desde donde estaba, pero Yuto sí. Y él también había puesto una cara de miedo. Incluso dejó de hacer lo que estaba haciendo solo para levantarse rápidamente de la cama, agarrar como pudo los brazos de Yuya y ponerlo detrás de él. Con los sentidos agudos y bastante listos para no dejarlo ir miró al Obelisk Force muy desafiante. Esperando por sus movimientos y lleno de determinación. Pero el desenlace de aquella historia fue realmente más pacífico del que se esperaban.

—Los dos, vengan conmigo—dijo mientras mantenía la celda abierta.

Y la felicidad se vio en sus cuatro ojos cuando comprendieron lo que pasaba.

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—¡Yuto! ¡Yuto!—lo llamó algo desesperado y perdido. No podía ver más allá de unos pocos metros más allá de su nariz. Y tenía miedo, mucho miedo. Miró de un lado a otro en busca de su amigo—¡Yuto!—volvió a gritar. Oyó como algo se movía a su alrededor y se encogió, sabía que no debía separarse de él, lo supo desde un principio. El cielo estaba ligeramente gris, como la celda esa en la que estaban. Y los ruidos le estaban haciendo encogerse mucho por lo que estaba pasando—Yuto…

—Aquí—dijo con aquella voz tan ronca como solo él podía tenerla. Yuya alzó la mirada y sonrió—. Mira—y le mostró el dorso de su mano, había una mariposa allí, de colores naranja, blanco y negro.

—¿Qué es?—preguntó con entusiasmo, como si el anterior miedo no hubiese sido nada de nada—¿Qué es? ¿Sabes qué es? Porque yo no lo sé…

—Tampoco sé… pero vuela—dijo mirando a la mariposa directamente. Movió su mano algo rápido y el insecto reaccionó en consecuencia. Salió a volar ante la impresión de los dos niños.

—¡Vuela! ¡Vuela!—exclamó el nuño muy entusiasmado. Comenzó a correr siguiendo a la mariposa y Yuto lo seguía de cerca Yuya falló un par de veces en correr, pero con la ayuda de su amigo se levantó una vez más. Llegó el momento en el que el de ojos rojos corrió más rápido y con más confianza que el de ojos grises, cegado por la ansiedad de no perder de vista aquel pequeño insecto.

Pero su limitada vista fue determinante en su pequeño accidente con Leo Akaba.

—¡Yuya!—gritó Yuto llegando la escena. Su garganta dolió comenzó a toser. Incluso cuando intentó avanzar tosía más y más. Las cuerdas bocales estaban mal, muy mal. Le ardían y parecía que iba a sufrir mucho si seguía de esa manera.

—¡Señor morado!—exclamó al ver a Leo después de levantarse. El de piel morena lo miró con una ceja alzada. Pero Yuya desvió a ver al lugar donde se oía a Yuto toser—¿Yuto? ¿Eres tú? ¿Estás bien?—preguntó agudizando su vista para poder verlo.

—No eres un niño—le dijo Leo a Yuya. Este se volvió a verlo y con una pequeña sonrisa dijo:

—No, no soy un niño, yo soy una niña.

Y así dejó que se fuera sin más. Leo se quedó impresionado, había escuchado que Yuto se refiriera a él de esa manera, pero jamás pensó que quizás podría pensar lo mismo.

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Correr tanto había causado un pequeño efecto en Yuto, le había hecho dormir como una roca apenas llegaron. O más bien, después de comer algo, el de ojos grises había corrido a su cama y se quedó allí pegado. Yuya realmente no sabía qué hacer, hacia un buen rato que se había quedado un poco aburrido del supuesto juguete que les habían dado ayer y se estaba justo al borde de su celda toqueteando los barrotes en busca de algo divertido, lo que fuese para distraerse. Y entonces recordó algo, algo muy pequeño que recordó de uno de los soldados. Uno que cuando lo llevó al jardín hizo unos sonidos con su boca. Unos que Yuya intentó reproducir.

En realidad hacerlo era extraño, pero él se lo imaginó de una manera, quizá no era la mejor pero sí podía ayudarle. Eran cuatro tonos, uno más fuerte que el anterior, y los enumeró con las formas que sabía. El triángulo era el más débil, después le seguía el círculo, el cuadrado y el más fuerte era el rectángulo. Y la única manera de ponerlos como reales sonidos era con un simple "ta" en distintas tonalidades. Con ese pequeño sistema que quizá olvidaría recitó lo que aquel soldado había hecho.

Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado algo alargado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado algo alargado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado algo alargado.

—Oye—dijo una voz a su lado derecho. Yuya retrocedió un poco, asustado por la voz que sonó. Pero no se alejó corriendo, por alguna razón le sonó un conocida—, ¿tú eres la niña del otro día? ¿O eres el bobo?

—¿Bobo?—preguntó con una ceja alzada—No, no, se pronuncia Yuto. Yu-to…

—Yuto… así que ese en su nombre… No, no creo que ese sea…

—Yu-to…—volvió a repetir con una sonrisa—¿Quién eres?

—Yugo.

—Yuya.

—No, se pronuncia Yugo, Yu-go.

—No, yo soy Yuya—dice con una ligera sonrisa.

—Ah… ¿Qué hacías?—preguntó con curiosidad.

—No lo sé. Solo repetía—dijo como si nada.

—Oh… puedes seguir haciéndolo, se oía bonito—le dijo desde el otro lado de los barrotes.

—Claro—Yuya estaba feliz, quizá debería mostrárselo a Yuto también.

Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado algo alargado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado. Triángulo, círculo, cuadrado, rectángulo, cuadrado algo alargado…

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—En increíble como su relación es casi natural, ¿no crees?—preguntó Timer apareciendo en la sala de control al lado de Akaba. Este lo miró sin ganas de retornar la anterior conversación—Se unen muy fácil con Yuya.

—Es el más pacífico—soltó Akaba para llenar el espacio. Timer avanzó un poco con su pierna metálica y ladeó su cabeza a las pantallas que mostraban los videos de las cámaras de seguridad.

—No quisieras perderlo, ¿verdad?—preguntó—No te conviene.

—No me conviene perder a ninguno de ellos.

—Hablas como si quisieras encerrarlos aún más—se volvió a mirarlo. Leo negó un poco y se puso una mano en la barbilla, pensativo.

—Eso es lo que quisiera.