Los personajes de SCC y TCR no me pertenecen son obra de CLAMP, la historia es solo un copy paste, al final voy a dar el nombre del libro y de la autora.

Pequeño Lobo

Capítulo 7

Tomoyo me recoge un poco después de las cinco y me subo en el lado del pasajero de su pequeño Honda plata, con una botella de vino tinto y un plato de brownies, en la mano. Krystal ama los brownies, y yo amo a Krystal.

— Te ves toda resplandeciente, —dice Tomoyo, sonriendo hacia mí—. ¿Es el uso de una nueva crema hidratante o conociste un príncipe azul?

Creo que estoy en silencio por un instante demasiado largo antes de contestar.

— ¿Qué? No. Probablemente sólo sea el aire frío.

Pero la boca de Tomoyo cae abierta y chisporrotea.

— ¡Oh, Dios mío! Lo has hecho totalmente. Has conocido a un chico. Oh, wow. Oh, he estado esperando esto por siempre. ¡Espera! No me digas nada. Touya tiene que escuchar todos los detalles.

— ¿Qué? ¡Tomoyo! ¡En serio! No es nada. En realidad, —frunzo el ceño—, ¿y si no es nada?

Tomoyo está, literalmente, saltando arriba y abajo en su asiento y rompe una veintena de diferentes leyes de tránsito de exceso de velocidad a su casa.

Cuando se detiene en el camino de entrada, ella salta fuera y aunque está usando tacones rojos que parecen peligrosos, corre a mi lado y prácticamente me saca del coche, arrancando la botella de vino de mis manos.

Entramos y Krystal inmediatamente viene corriendo a la puerta gritando.

—¡Tía Sakura! ¡Tía Sakura!

La cojo en mis brazos, riendo, y me abraza. Luego la alejo un poco hacia atrás y digo con seriedad.

— Krystal, yo no creía que fuera posible. Pero te has puesto más bonita. Estoy preocupada por la seguridad laboral de Cenicienta.

Ella está riendo.

— ¡No, Bella! ¡Quiero ser Bella!

— Está bien, entonces, Bella está en serios problemas. —La bajo suavemente y le digo en voz baja—, traje brownies. Come una buena cena y te voy a dar el más grande. —Le guiño.

— Está bien, tía Sakura, —susurra de nuevo con complicidad. Y con eso sale corriendo para seguir jugando con las barbies que abandonó en el suelo cuando entraba por la puerta.

Tomoyo, que había estado mirando algo que huele delicioso en el horno, abre la botella de vino que traje, coge dos vasos de su gabinete y comienza a verterlo.

— Así que escupe, —dice mientras Touya baja por las escaleras, con el pelo todavía húmedo de una ducha.

— Sakura, —llama—. ¿Cómo estás? —Camina en la cocina y me da un abrazo rápido. Me encanta Touya. Él es un tipo amable, un buen tipo, uno de los mejores.

— ¡Ella está GENIAL! —Interrumpe Tomoyo—. Conoció a un hombre. Ella está a punto de dar detalles. Vamos. Vamos a sentarnos.

— En serio, chicos, —digo—. Tomoyo, estás haciendo mucho escándalo de esto. Él es sólo este increíblemente hermoso, y divertido chico que conocí cuando me estaba acechando la semana pasada. —Entonces me dejo caer en el sofá, pongo mi vino abajo y cojo una revista People sobre la mesa y empiezo a hacer nada más que hojearla para molestarlos.

Tomoyo y Touya no están sentados. Están de pie en medio de la sala de estar mirándome.

— ¿QUÉ? —Grita Tomoyo—. ¿Él te estaba acosando? ¿Por qué? ¡Espera! ¿Cómo sabías que te estaba acechando? —Ella frunce el ceño—, ¿Realmente te estaba acosando?

Touya está en silencio pero me mira como si estuviera un poco molesto. Ambos toman asiento en el sofá de dos plazas frente a mí.

Pongo la revista hacia abajo y cojo mi copa de vino de nuevo. Pienso en todo lo que ha ocurrido en las últimas cuarentaiocho horas, y de repente me siento abrumada. Me tomo un gran trago de vino tinto y frunzo el ceño ligeramente. Si voy a soltarlo, entonces supongo que tengo que soltarlo.

— Creo que tengo que empezar por el principio, chicos.

Tomoyo mira su reloj y me mira como si estuviera a punto de revelar donde está enterrado Jimmy Hoffa.

— La cena estará lista en veinte minutos. Empieza.

Ambos están clavados en mí. Realmente los amo mucho. Debería haberles dicho más sobre mi experiencia hace mucho tiempo. He intentado tan duro para dejar mi pasado atrás.

— Ustedes saben que yo crecí en hogares de acogida, —empiezo—, nunca he discutido por qué, pero básicamente, mi madre era una drogadicta que hizo lo que tenía que hacer para conseguir un golpe. Nunca estuvo realmente preocupada donde yo estaba, si había alguna comida en el refrigerador, o si tenía ropa limpia. Ella tampoco nunca estuvo realmente preocupada a quién llevaba a nuestro apartamento cuando estaba de fiesta, y eso significaba que no le importaba a qué clase de enfermos me estaba exponiendo. De hecho, vio un par de veces que las cosas se ponían seriamente inadecuadas con varios de sus novios y conmigo. —Tomo otro gran sorbo de vino—. Por supuesto, ella estaba drogada en esas ocasiones, es difícil decir si estaba realmente presente o no. Afortunadamente, tuve la oportunidad de hacerme invisible para la mayoría de los casos, cuando ella estaba en una de sus juergas y si la fiesta duraba días. Me escondía en un armario, debajo de la cama, o en cualquier otro lugar donde pudiera meter mi pequeño cuerpo en el que sentía que sería seguro.

Miro hacia Tomoyo y ella se ve afectada, con lágrimas brillando en sus ojos. Touya tiene una dura mirada en su rostro y sus ojos se centran en Krystal mientras ella juega con sus muñecas en el despejado comedor justo fuera del alcance del oído.

— De todos modos, —suspiro—. La policía fue finalmente llamada durante una de sus fiestas, y fui encontrada en una situación comprometida con uno de sus compañeros de fiesta. —Tomoyo jadea. Touya aprieta su mandíbula.

—Oh, cariño, —susurra Tomoyo. Agito mi mano. Ha pasado tanto tiempo.

Parece una vida entera.

Pero si soy sincera, otras veces parece como si hubiese sido ayer.

— Cuando llegué a un hogar de acogida, conocí a un chico llamado Shaoran casi de inmediato. Sólo estuvimos en la misma casa durante un par de meses, pero formamos un vínculo y es difícil de explicar lo fuerte que era el vínculo a alguien que no ha estado en una situación donde sientes como si estuvieras completamente sola en el mundo a una edad tan joven. —Hago una pausa, perdida en mis pensamientos—. No fue sólo que estábamos en una situación similar, que lo era, —me detengo de nuevo, reuniendo mis pensamientos—. Fue como si hubiera encontrado a mi otra mitad y al final me sentí completa. Sé que suena incomprensible, es que sólo tenía diez años de edad, pero es la verdad, así de simple. Era como si todos esos diez dolorosos años habían sido con el único propósito de traerme a ese chico en ese momento y lugar, por lo que sólo podía estar agradecida por cualquier dolor que me había ocurrido hasta llevarme a él.

Levanto la vista hacia Tomoyo y Touya están mirándome con iguales expresiones de shock. Esto es probablemente un récord por la mayor cantidad de palabras dichas sobre mí en una oración en los últimos tres años que los conozco.

— En primer lugar, formamos una relación como amigos, y casi pensé en él como un hermano mayor, un protector, pero a medida que pasaron los años y fuimos creciendo, nos enamoramos. Y lo de enamorarse es que no importa dónde te encuentres cuando sucede, no puedes dejar de dar color a los momentos de belleza, incluso si estás en un lugar de fealdad.(*) Él hizo lo que habría sido un lugar de pesadilla en un lugar para soñar. Yo entraba y salía de la corte, teniendo que declarar en contra de mi madre biológica, que ni una sola vez se presentó a los procesos. —Hago una pausa, dejando que el recuerdo de ese daño se vaya—. Él lo hizo bien. Cuando era amada por Shaoran, siempre sentí que estaría bien. —Mis propios ojos se llenan ahora y tengo que reponerme para continuar. —Se había mudado a una casa de acogida diferente, a una pequeña distancia de la mía, pero él me visitaba tan a menudo como podía escapar y siempre se reunió en el tejado afuera de la ventana de mi dormitorio. Hemos soñado juntos, hemos planeado una vida juntos. Éramos tan jóvenes, pero estábamos tan seguros. —No puedo evitar la sonrisa que se abre camino a mis labios. —Cuando yo tenía catorce años y él tenía quince años, fue adoptado por una pareja. Esto fue un poco chocante, ya que es muy, muy raro que un adolescente sea adoptado. Yo no sabía mucho acerca de la pareja, sino sólo lo que Shaoran me dijo, eran muy amables y realmente sólo querían darle un hogar a un niño que probablemente no tenía ninguna esperanza de tener una. Estaba muy emocionada por él, excepto por el hecho de que se enteró de que su nuevo padre adoptivo había conseguido un nuevo trabajo en Hong Kong y que estarían mudándose muy rápido. Nos prometimos que esperaríamos por el otro, que él vendría por mí cuando cumpliría los dieciocho años y que íbamos a hacer una vida juntos. Me prometió que tan pronto como llegase a Hong Kong iba a escribirme con toda su información y que íbamos a seguir en contacto a través de cartas. Me pidió prometerle que iba a guardarme para él. No podía imaginarme haciendo nada diferente de todos modos. En mi mente, yo pertenecía a Shaoran, y él me pertenecía. La distancia nunca cambiaría eso.

— Jesús, cariño, —me susurra Tomoyo, llevando su mano a su pecho.

Suspiro y continúo.

— Vino a despedirse de mí la noche antes de irse y me besó por primera vez. Y cuando digo que me besó, me refiero a que ese beso fue como un voto. He escuchado a personas decir que se pierden a sí mismos en un beso, pero fue como que nos encontramos al segundo que nuestros labios se encontraron. Era como si él me llevó aparte y me puso de nuevo junto con el beso.

Estoy de nuevo en silencio, y cuando vuelvo, me doy cuenta de que estoy tocando mis labios con los dedos. Los alejo y miro de nuevo a Tomoyo y a Touya que me miran con sorpresa.

— Jesús, cariño, —repite ella, y realmente, no hay nada más que decir.

Dirijo mis ojos a Tomoyo y suelto la bomba.

— Pero nunca me escribió de Hong Kong. Nunca oí hablar de él.

Ellos están mirándome, estupefactos.

— Pero, —comienza Tomoyo.

— ¿Qué...?— Touya dice.

Levanto mi mano.

— Lo sé. He repasado todos los escenarios posibles en los últimos ocho años, créanme. Cualquier cosa que se puedan imaginar, lo evalué. No sabía el apellido de su nuevo padre adoptivo y así no he llegado lejos. Había tantas cosas que mi yo de catorce años no se le ocurrió preguntar. Por supuesto, no tenía ni idea de que iba a necesitar toda la información que sería incapaz de darme más tarde. Pero, realmente trate de buscar si existía una razón física de por qué nunca se puso en contacto conmigo. Termine con las manos vacías cada vez.

— No eran más que unos niños, Sakura, —comienza Tomoyo, y la detengo con un movimiento de cabeza sin fuerza.

— No, yo sé que éramos niños, pero estos sentimientos eran muy, muy reales. Para los dos. No puedo explicar por qué me abandonó, por qué me mintió, pero sé que sus sentimientos hasta ese momento eran muy, muy reales. No voy a hablar de eso. No sé por qué cambiaron, pero no voy a hablar de la existencia de ellos en absoluto. —Muerdo mi labio.

Un fuerte zumbido suena desde la cocina y Tomoyo salta para apagar la estufa y está de vuelta en el sofá en unos treinta segundos, mirándome embobada de nuevo.

— ¡De todas formas! —Digo, tratando de mejorar el estado de ánimo en la sala—. Eso fue hace ocho años. Casi siento que tengo que consolarlos después del triste final de esa historia.

Entonces, los pongo al día sobre Tsubasa y su relación con Shaoran, y cómo me enfrenté a él, y que él se apareció hoy y pidió mi número de teléfono.

— ¡Santo cielo! —Tomoyo grita—. Sakura, es el destino, eso es lo que es. Quiero decir, siento mucho lo de Shaoran, —ella me mira con tristeza—. Pero Tsubasa es hermoso, ¿dices?

Me echo a reír. Sólo Tomoyo. Ella me guiña el ojo, haciéndome saber que tenía la intención de hacerme sonreír.

— Sí, totalmente hermoso. Inhumanamente hermoso. No tengo ni idea de por qué querría pasar más tiempo conmigo, pero parece que lo hace.

Tomoyo y Touya en tanto me miran como si tuviera dos cabezas.

— Um, cariño, ¿Te has mirado en el espejo últimamente? —Ella pregunta suavemente. Touya está asintiendo con la cabeza. Touya continúa.

— Sakura, ¿te das cuenta de que cuando llegaste a nuestra parrillada por el cumpleaños de Krystal el verano pasado, todos los chicos me llamaron al día siguiente preguntando si podía arreglar una cita contigo?

Agito mi mano a ellos como si pudiera barrer lejos sus palabras.

— Touya, tú sabes que tienes algunos amigos seriamente extraños, ¿verdad?—Sonrío sin embargo.

Touya se ríe.

— Lo sé. Nosotros, los electricistas, no somos conocidos por nuestras increíbles habilidades sociales, y esos eran todos los que estaban en esa fiesta. Pero siguen siendo hombres, Sakura. Y ellos aún tienen los ojos.

Krystal irrumpe en la habitación en ese momento, exigiendo la cena.

Y tengo que admitir que tengo hambre también. Al parecer, desahogarse quema muchas calorías.

Todos nos dirigimos a la cocina y Tomoyo toma la cazuela del horno mientras consigo bebidas para todos. La mesa ya está servida.

— Agarra la ensalada de la nevera, cariño, —Tomoyo le dice a Touya y él agarra un recipiente cubierto en plástico antes de unirse a nosotras con varias botellas de aderezo. Todos nos sentamos y decimos una rápida bendición antes de repartir la comida.

Durante la cena, conversamos informalmente, le pregunto a Krystal sobre el jardín de infantes y me burlo acerca de su "novio" Mason. Es divertido y agradable y se siente lindo, como siempre lo hace. Me pregunto, como lo hago siempre cuando vengo a cenar a casa de Tomoyo y Touya si alguna vez tendré una familia propia. Espero que sí, pero no me permito soñar con eso. Es más seguro que no. Por ahora, compartir su burbuja es suficiente.

Después de la cena, Tomoyo empieza a cargar el lavavajillas y me ofrezco para darle a Krystal un baño y llevarla a la cama. Nos dirigimos al piso de arriba y lleno la bañera con agua tibia y burbujas y charlamos y reímos mientras ella queda limpia.

Mientras la seco con una toalla pregunta.

— Tía, Sakura, ¿quieres contarme un cuento antes de dormir? ¡Tus cuentos son los MEJORES!

Sonrío, abrazando a su pequeño cuerpo rodeado con la toalla.

— Sí, cariño, pero va tener que ser uno rápido esta noche, porque la tía Sakura está cansada y tengo que trabajar mañana temprano, ¿de acuerdo?

— ¡Esta bien!, —suspira.

La ayudo a ponerse su camisón y cepillarse los dientes y luego nos acurrucamos en su cama y empiezo, — erase una vez una niña que era tan increíblemente dulce, tan intensamente dulce, tan impresionantemente dulce, que cuando alguien le daba un beso, sus labios se convertían en un delicioso sabor de caramelo.

— ¿Ellos se vuelven duros como caramelos, tía Sakura?—pregunta Krystal, frunciendo el ceño ligeramente.

— No, no duros, sólo saboreados y un tono más oscuro que su color natural. No eran sólo deliciosos, sino que muy bonitos. Su madre le dio un beso y sus labios eran del sabor de la vainilla. Su hermana le dio un beso y sus labios eran del sabor de la goma de mascar.

— Pero tía Sakura, ¿y si no les gustaba el sabor de sus labios?

— Bueno, el sabor sólo duraba unos tres meses por lo que desaparecían con el tiempo. Pero a todos les encantaba el sabor de sus labios porque de alguna manera el sabor estaba relacionado con la química del cuerpo de la persona en particular por lo que, naturalmente, salían a la perfección para todos y todo el tiempo.

Krystal asiente y se acurruca más cerca.

— Bueno, con el tiempo, se corrió la voz acerca de esta niña y su capacidad única y la gente vino de todas partes del mundo para darle un beso y obtener sus propios labios con sabor a caramelo. Muy pronto la multitud era tan grande que sus padres tuvieron que empezar a cobrar para mantener a las multitudes reducidas y para que puedan darse el lujo de renunciar a sus puestos de trabajo y crear una empresa que se llamaba

Labios Dulces.

Krystal bosteza y yo también.

— La niña creció más y más triste porque de todas las personas que la vinieron a ver era sólo para usarla por su habilidad, día tras día tras día. Sus padres la vieron crecer más retraída y distante durante la semana y su increíblemente dulce niña se estaba marchitando ante sus propios ojos.

Krystal bosteza de nuevo.

— Así que se trasladaron a un país lejano, en el medio de la noche y nunca más se supo de ellos. Aunque hay una tribu de aborígenes en Australia, que dicen tienen los más rosados y dulces labios del continente.

Le guiño a Krystal y me pongo de pie para que pueda tirar de las mantas hasta su pequeño y hermoso rostro.

— Apuraste ese final, tía Sakura, —dice ella, pero está sonriendo una somnolienta sonrisa— Voy a pensar en algo aún mejor.

Me río.

— Bueno, está bien, pequeña crítica. No puedo esperar para escucharlo. —Le sonrío de nuevo, le beso la frente y camino hacia la puerta. —Buenas noches pequeña dulzura, —le susurro mientras apago la luz.

—Buenas noches, tía Sakura, —oigo al cerrar la puerta.

Continuara…

(*) Lo subraye porque me gusto esa reflexión, espero no les moleste.
PD: Seguiré rompiendo mis propias reglas .