Hello~!

Siento la demora, no estaba muy inspirada para escribir, pero por suerte me vino un poquito se inspiración y después de cambiar várias veces el incio de este capítulo, pude terminarlo! Espero que les guste, disfruten su lectura! ^^

I'm late again, sorry, I wasn't feeling inspired enough to write but luckily I got a little inspired and after writing the first paragraph a couple of times, I could finish the chapter! I hope you like it, enjoy your reading! ^^

Disclaimer: Inazuma Eleven GO no me pertenece.


—«Debería haberme quedado en casa».

Repetía esa frase una y otra vez en mi cabeza, como si fuera un mantra. He estado de un pésimo humor desde hace unos días, nada de lo que haga me ayuda siquiera a ignorar por unos segundos las ganas que tengo de tirar todo por la ventana e irme a quien sabe dónde. Intenté calmarme, concentrarme en cualquier cosa que llamara mi atención, lo juro, pero es inevitable, esa sensación no desaparece.

Evité a toda costa ver a los chicos, rechazando cada invitación a salir, fingiendo sentirme mal cual iban a casa a visitarme y siendo lo más breve posible cuando hablábamos por celular, prefiriendo siempre mandarles mensajes, aunque a veces sonara seco y cortante.

Alejarme era la mejor forma de prevenir un desastre, ya que no estaba seguro si sería capaz de evitar desquitarme con alguno de ellos, siendo que no tenían la culpa de lo que me estaba pasando. Sucede que al hacerlo, solo logré llamar aún más su atención, haciendo con que se preocuparan. Es por eso que decidí aceptar la invitación de Hamano. Por eso y por qué insistió tanto que no tuve opción. No puedo decir que adivinó cual sería mi respuesta, ya que mis actitudes me delataban, pero hizo cuestión de decirle a mi madre sobre la salida grupal, asegurándose de que si él no era capaz de convencerme, ella lo haría, aunque tuviera que arrastrarme por las orejas hasta la estación de tren.

No estaba dispuesto a someterme a tal vergüenza, así que ni bien me levanté, corrí a ducharme, bajé a desayunar e hice un poco de tiempo antes de emprender camino a la estación. Habría preferido tomarme mi tiempo y llegar unos minutos después de la hora combinada, pero como no tenía donde dejar mi bicicleta tuve que resignarme a caminar. Me gustaría decir que la larga caminata me había servido para calmarme, pero no fue así.

Al llegar frente a la estación me sentí invadido por un sentimiento: arrepentimiento. De pie, recostado contra la pared, a unos pasos de la gran entrada, estaba Shindou, mirando algo en su celular. Observé hacia los lados, intentando buscar a alguno de los chicos, pero no vi a nadie. No estaban cerca de la máquina expendedora de jugos y tampoco en la pequeña tienda de revistas. Espere unos minutos, observando a ambos lados de la vereda, esperando a que alguno llegara, pero nada.

—Esto no puede estar pasando.

De todas las personas del mundo, Shindou era con la que menos quería verme forzado a pasar tiempo a solas. Y era eso lo que tendría que hacer. Lo sé, lo sé, sabía que lo vería, después de todo hace parte de nuestro grupo, pero pasar tiempo juntos con los demás es muy diferente a hacerlo solos los dos. Había ignorado sus llamadas y mensajes, ni siquiera había entrado en nuestro chat grupal para evitar verlo, y ahora, como por obra del destino, me veía forzado a hacerle compañía. O no.

Podría simplemente quedarme aquí, escondido, esperando a que alguien más llegara, sería menos incómodo si fuéramos tres en vez de dos. Aun así, no sabía que tanto tardarían los demás en llegar. Miré la hora en mi celular, aún era temprano. Alcé la mirada en dirección a Shindou, había guardado su celular, su mirada iba de un lado a otro, buscando impaciente una figura conocida. Por más que quisiera, no podía dejarlo solo. Resignado y sintiendo un poco de culpa por haber considerado dejarlo solo, salí de mi escondite y crucé la calle.

No tardó en encontrarme entre las personas que iban y venían frente a la estación. Su rostro se iluminó y se permitió sonreír. Mi ánimo me impedía retribuirle de la misma manera, así que al llegar a su lado hice un simple gesto con la cabeza y me recosté contra la pared, un poco alejado de él. Mi saludo fue suficiente para hacerlo recordar que no estábamos en buenos términos, por así decirlo, así que no dijo nada, asintió levemente antes de fijar su mirada en la dirección opuesta a la mía.

A ojos ajenos, la escena no tenía nada de especial, éramos simplemente dos chicos esperando frente a la entrada. Pero pese a estar rodeados por esa extraña melodía que se formaba con el ir y venir de los pasos apresurados, el intercambio de palabras que se mesclaban unas con las otras, formando frases sin sentido y el sonido de los vehículos cuando cruzaban o se detenían frente al semáforo, no se sentía así. Al contrario, se sentía extraño, como si no hiciéramos parte de la misma realidad.

No hablo solo por mí, estoy seguro de que Shindou también se sentía así. Es como si existiera una especie de barrera a nuestro alrededor, separándonos de los demás, porque pese a los sonidos que sé que nos rodean, lo único que puedo escuchar es el silencio que pesa sobre nosotros. En parte me alegra, no quería tener que hablar con él, tampoco tenía algo de qué hablar, al menos no algo que realmente me interese, pero al mismo tiempo el silencio no ayuda en nada, solo hacía con que me sintiera más incómodo.

Una pregunta vino a mi mente, una que no quería hacer y que por alguna razón solo hacía con que mi rabia aumentara cada vez que la recordaba. La razón por la cual había ignorado sus mensajes y por ende, los grupales. Pero no tenía más opciones, si antes no dejaba de pensar en cuanto me arrepentía de haber aceptado la invitación, ahora lo único que hacía era darle vueltas a esa maldita pregunta. Cuanto más lo hacía, más aumentaban mis ganas de saber la respuesta.

—¿Cómo fue tu cita con Akane? —indiferente, pregunté por preguntar, sin dejar notar que había un poco de interés detrás de mis palabras. Mi voz lo tomó por sorpresa, pues se había acostumbrado al silencio. Aun así, al igual que yo, no volteó a verme al responder.

—Bien. —Por un momento pensé que esa sería la única respuesta que obtendría, ya que se tomó su tiempo antes de proseguir—. Estaba un poco nervioso al principio, ninguno de los dos hablaba mucho y no se me ocurría nada de qué hablar.

Me sorprendió un poco oírlo, ya que Akane no había dejado de hablar ni por un segundo el día en que nos vimos en el parque, pero quizá se debió a que estaba hablando conmigo y no con su príncipe.

—Pero después de un tiempo Akane comenzó a contarme cosas y hacerme algunas preguntas, eso hizo con que me relajara.

—¿Y qué te pareció? —No estaba en mis planes indagar sobre el tema, fue simplemente un reflejo.

—Parece ser una chica tranquila, aunque noté que a veces se perdía en sus pensamientos, así que diría que también es un poco distraída. —El tono dócil que usó para describirla me molestó, principalmente cuando habló de su distracción.

—«Seguramente estaría imaginando cosas raras sobre él. Quién sabe, hasta podría estar planeando su casamiento y cuantos hijos tendrán». —En lugar de decírselo, apreté mi puño con fuerza.

Opté por no preguntar nada más, lo que había escuchado había sido más que suficiente para hacerme enojar aún más. Me sentía como un caldero burbujeante que podría explotar a cualquier minuto, pero dejar ver mis sentimientos no era una opción. Una vez más nos vimos envueltos en el silencio. Pude ver por el rabillo del ojo como Shindou se movía en su lugar, algo incómodo, como si quisiera decir algo pero le costaba encontrar las palabras correctas. O quizá las tenía, pero mi postura y la distancia que había puesto entre nosotros se lo impedían. Luego de un par de intentos fallidos, finalmente rompió el silencio.

—Fue una sorpresa… que Akane me invitara… Pensé que eras tú quien le gustaba.

—¿Yo? —Lo miré sorprendido, llamando su atención—. ¿Por qué pensaste eso? —Parpadeó un par de veces antes de responder, supongo que le sorprendió mi reacción.

—Los vi juntos en el parque, parecía que se estaban divirtiendo así que no quise interrumpir. Esperé un poco hasta que se fuera y vi… —Sabía exactamente lo que había visto. El beso. Aquel bendito beso de despedida o agradecimiento, no tengo idea y tampoco me importa. ¿O sí? Porque ni bien lo recordé, volví a sentirme enojado. Frustrado, despeiné mi cerquillo al mismo tiempo en que mordí mi labio, evitando dejar salir los insultos que tenía atascados en la garganta.

—Eso fue una coincidencia, se acercó a saludarme, eso es todo.

No sé si me creyó, aunque no tenía razones para no hacerlo, lo que sí sé, o al menos supuse, fue que se percató que no tenía ganas de hablar, ya que no volvió a hacerme ninguna pregunta. Nos mantuvimos en silencio hasta que los chicos llegaron. Como siempre, fue Hamano quien lideró nuestro pequeño viaje hacia la ciudad vecina. Una vez allí, recorrimos parte de la ciudad, visitando tiendas, plazas y arcades, siendo nuestra última parada el parque de diversiones que sería inaugurado dentro de unos días.

El viaje de regreso fue un poco más tranquilo, ya que no había tantos pasajeros por la noche. Hamano aprovechó la oportunidad para recargar las energías, durmiendo —y babeando— sobre el hombro de Hayami, quien le imploró a Kurama que cambiara de lugar con él, sin obtener resultados, rindiéndose unas paradas antes de llegar a nuestro destino. En cuanto a Shindou y a mí, nos sentamos el uno al lado del otro, aunque un poco distantes, sin intercambiar palabras durante el viaje, algo que tampoco hicimos mientras recorríamos la ciudad.

Es por eso que cuando nos despedimos de los demás frente a la entrada de la estación, me extrañó que me pidiera que le hiciera compañía mientras no llegaba su chofer. Pero lo que me extrañó aún más fue el hecho de que acepté sin pensar. Cómo no sabía cuánto iban a tardar en llegar, decidí sentarme en un banco un poco alejado de la entrada. Ni bien comencé a caminar escuché los pasos de Shindou detrás de mí.

A diferencia del día, la noche estaba un poco más tranquila, aún había algo de movimiento, pero las personas ya no hablaban tan alto, tampoco pasaban demasiados vehículos y el canto de los pájaros había sido reemplazado por el de los grillos. No veía la hora de volver a casa, quería llegar, recostarme en mi cama y dormir. No había podido aprovechar la salida y ahora más que nunca estaba seguro de que había sido una pésima idea haber aceptado. Escuché un suspiro a mi lado, lo cual me hizo recordar que para mí desgracia no estaba solo. El tono serio que usó para decir mi nombre me dio a entender que fuera lo que fuera que iba a decirme, no podía ser algo bueno.

—Kirino, ¿te gusta Akane? —la pregunta vino sin anestesia y sin una pisca de emoción. Sus ojos se fijaron en los míos, buscando la respuesta a su pregunta.

—No —respondí devolviéndole la seriedad—. Que pregunta más… —Fui capaz de evitar el insulto, pero no había que ser un genio para adivinar cuál era la palabra— ¿Por qué preguntas?

—¿Por qué no lo haría? Estuviste actuando extraño todo el día. No solo hoy, ignoras mis mensajes y llamadas desde que salí con ella. —Me sorprendió que pudiera hablar tan rápido sin tartamudear. Sin embargo, a medida que lo hacía, su mirada seria comenzaba a cambiar, hasta que finalmente se convirtió en una de duda e inseguridad.

—Pensé que quizás estabas enojado conmigo porque ella te gusta… —Sentí ganas de decirle que estaba loco, que nunca me gustaría una chica como ella, ya que no hacía para nada mi estilo, si es que tenía uno, pero me contuve.

—Apenas la conozco de vista, nunca hablamos, sería difícil que me gustara. —Aparté la mirada en dirección a la calle—. Además si así fuera, tú eres quien le gusta, así que no tendría la más mínima oportunidad con ella.

—No lo creo, las cosas pueden cambiar.

—No quiero que nada cambie.

Era la primera vez en que me sentía tan feliz por ver a su chofer estacionando frente a nosotros, su llegada había sido mi salvación. Sin decir más, me levanté y comencé a caminar de regreso a casa, alejándome de Shindou y la presión de tener que explicarle el significado de mis palabras, lo cual sería difícil, ya que así como él, yo tampoco las entendía por completo.