Digimon no me pertenece.


Esta es la realidad.


Nuevamente estas ahí, frente a mí. Aquellos ojos azules me cautivaron, antes, ahora y después… lo seguirán haciendo, por el resto de mi vida. Nunca había presenciado este sentimiento, verte ahí acariciando tu vientre de una manera cariñosa y maternal, provocó que mi corazón latiera a toda velocidad, como las hondas que se forman al arrojar una piedra en las cristalinas agua de los eternos estanques.

Y, de nuevo, centraste tu mirada en la mía. Rompiste aquella burbuja que me dejaba inquieto, siempre revientas aquella capsula cuando posas tus zafiros en los míos. Y sé, que siempre lo seguirás haciendo.

Me acerqué a ti, a ustedes. Posé mi patita en tu vientre o en el bebé, mejor expresado. Sentí que algo se movió, que alguien te golpeo por dentro. Una patadita, eso es. La criaturita había reaccionado a mi tacto, a mi comunicación con él o ella.

—«Es perfecto…» —pensé para mis adentros.

Y otra patadita provocó un manojo de sentimientos en mi interior, sentimientos incontables y maravillosos. Algo que jamás imaginé experimentar en mi vida. Claro, sabía que podría haber cosas nuevas en esta etapa por la que estamos pasando ambos.

Es algo loco, la verdad. Pensar que ahora seré un padre, que cuidaré de aquella criatura con mi propia vida, como lo he hecho y lo seguiría haciendo por mi camarada. A veces me pongo a pensar si todo esto es real y luego te veo y me digo que sí, que esto está pasando ahora y que no es un sueño. Esta es la dulce y maravillosa realidad que me acompañará de ahora en adelante, por el resto de mi vida.


¡Gomen, gomen! Siento mucho haber tardado tanto en actualizar pero, ahora que mis vacaciones comenzaron, podré estar más tiempo por aquí.

Este capítulo lo tenía escrito desde… ¿Agosto? Pero no me terminaba de cerrar, jaja (?).

¡Espero que les haya gustado!