VII. Herido
.
.
.

Me muevo por los pasillos sigilosamente, llego a la última habitación en la profundidad del pasillo y deslizo la puerta intentando no emitir sonidos...

Es fatal.

Hay sangre, demasiada, y toda esa sangre proviene de aquella persona que se encuentra sentada en la profundidad de la habitación.

-¿Quién es?-. Me pregunta.

-Soy yo-. Respondo acercándome con lentitud.

Puedo escuchar su respiración lenta. Pero al final logre acercarme lo suficiente.

-Estas herido...-. Murmuré.

-No es nada-. Contestó.

-De nuevo, no pude hacer algo para protegerte... -. Contesté.-Mi anhelo de cuidarte es grande y no puedo hacerlo...

-No podrás...-. Me dijo como si lo afirmara.

-Si puedo, yo sé que puedo, lo prometo-. Insistía.-Voy a cuidarte, te salvare de esas espinas dolorosas que tienes en el cuerpo...

Los rayos del astro rey iluminaban la mañana, apenas despertaba y por mi ventana podía verse ese brillante y alegre día. No había rastro alguno de que el día anterior el cielo se hubiese estado cayendo en pedazos.

Bostecé rascándome la nuca mientras me levantaba de mi cama para darme un baño. Lo hice rápido y a la vez tranquilo, me arreglé para salir a la escuela y bajé las escaleras para desayunar con mi hermano, como suelen ser mis mañanas agradables. Se sentía que hoy sería un buen día.

-¡Ya me voy hermano!-. Grité tomando mis cosas para dirigirme a la puerta.

Fue ahí cuando lo vi, le hacía compañía a mi roto paraguas amarillo ese gran paraguas púrpura, él me lo había prestado ayer cuando lo vi herido... ¿Estará bien? Si debe estarlo, no tengo por qué pensar estas cosas.

Mejor pensar en que tengo que devolverle su paraguas... Podría llevarlo conmigo... Pero...

-Ah Soyo, no te has ido-. Me llamó mi hermano sacándome de mis pensamientos.

Se acercó a mi posando su mano en mi cabeza con esa cálida sonrisa que el suele dedicarme y que me da tanta alegría.

-¿Qué pasa?-. Pregunté.

-Bueno, iba a preguntarte que si no prefieres que el chofer te lleve-. Dijo mi hermano.

-¿Qué?, ¿por qué?-. Pregunté extrañada.

-Parece que hay una banda de criminales por aquí-. Contestó con una mirada que me decía preocupación.-Además de que parece que anoche de armo un gran alboroto

Alboroto... Lo que Abuto me dijo, ahí esta sensación de preocupación tomando por prisionero todo mi pecho. A mi mente sólo viene la imagen de él, una sola pregunta ¿estará bien? Y un solo anhelo... Ojalá que sí.

-¿Soyo?-. Me llamo mi hermano, parece que caí perdida en mis pensamientos.

-Lo siento, creo que aún estoy un poco dormida-. Contesté.-Y lo del chofer no es necesario, todo está bien y sólo son rumores.

Ojala que así sea.

Mi hermano sonrió levemente, yo le sonreí girándome para tomar mi camino al colegio.

Caminaba energéticamente por las calles, apenas era las primeras horas de la mañana y los rayos solares iluminaban todo mi camino. No tardé mucho en llegar al colegio; el bullicio matutino era normal e incluso desde la entrada podían escucharse los ruidos de la oculta clase Z, los grupos de adolescentes que llegaban al terreno de la escuela era algo de todos los días. Solo que esta vez hubo un grupo de chicas que miraban, eran de la clase D de primer año, debe ser por el asunto del día de ayer. De alguna manera me siento mal... Ir y borrar las fotos de un teléfono ajeno, jamás, o eso creí.

Finalmente llegue a mi salón de clases, varios de mis compañeros también habían llegado hasta Kagura, pero ella estaba dormida. Mejor no molestarla.

Tomé mi asiento de forma sigilosa, mire por encima del hombro a Kagura quien dormía con la paz de un niño pequeño, tal vez este mal que lo piense, pero si Okita la ve así hará algo para molestarla. Después de mirarla saqué los cuadernos correspondientes a la materia del día de hoy, observe mis letras escritas en ella e inmediatamente comencé a sentirme aburrida. No sé por qué, pero terminé sacando mi teléfono comenzando a jugar con opciones que ni siquiera son para juegos, entonces la encontré, aquella foto que el día de ayer me había auto-enviado.

Era él, el león con apariencia de gatito o más bien, el imponente león con actitud de gatito y apariencia de conejo. ¿Estará bien que guarde su foto?

-Oye...-. Me llamaron, yo salté sorprendida y esa persona tocaba mi cabeza mientras permanecía de pie a un lado mío.

-Okita-kun-. Contesté nerviosa. No sé por qué.

-¿Que veías?-. Me preguntó y yo comencé a balbucear.-Olvídalo, quería que me prestaras la tarea... La olvide.

-Otra vez-. Agrego Kagura, ¿no estaba dormida?

-¿Acaso tu si la hiciste?-. Dijo Okita con ironía.- Vuelve a tu estado de coma china entrometida

-Yo no hago tarea-. Dijo Kagura volviendo a su estado de coma.

Y aquí vamos, comenzó ese intercambio de palabras altisonantes y deseos de muerte entre esos dos. Kagura había dejado atrás su momento de sueño solo para seguir su pleito verbal con Okita. Verlos así y preguntarme... ¿Dónde quedó esa bella imagen que vi de esos dos ayer? Tal vez debí tomar una fotografía.

Tomé mi cuaderno entre mis manos y se lo extendí a Okita para que lo tomara, este lo tomó mientras seguía más concentrado en la discusión con Kagura. Después de aquella situación las clases tomaron su rumbo, a decir verdad, ya no es mucho lo que hacemos pues estamos a unos cuantos días de obtener nuestras preciadas vacaciones de verano.

Fue cuándo a la mitad del segundo periodo en la penúltima hora nuestro querido profesor y encargado de clase, Gin-chan, se paró en medió de toda la clase con el argumento de dar buenas noticias. Los resultados del último examen antes de las vacaciones.

-¡Buenas noticias mequetrefes!-. Exclamó el profesor Gin-chan con una sonrisa que reflejaba alegría.-Ninguno de ustedes reprobó.

Fue como si hubiese anunciado el fin de una guerra en la que nosotros fuimos los ganadores. Los gritos de celebración posiblemente fueron escuchados hasta el punto más alejando de nuestro salón de clases. Pero, ¿que importaba? Es una buena noticia.

-¡Pero!-. Interrumpió y de la nada, los ánimos se desmoronaron.-Hay dos alumnos que muy apenas pasaron.

Al decir esas palabras, la mayoría del alumnado giró su vista a ese par que dormía tan tranquilamente. Posiblemente fue la vista pesada de todos o el mutismo que formaba esperando alguna reacción de ellos, pero, ambos poco a poco comenzaron a despertar; Kagura se ponía derecha buscando aparentar el pesado sueño que veía en sus ojos y por su parte Okita simplemente retiraba esa máscara de su rostro manteniendo su cabeza pegada a la mesa con su mirada de monotonía.

-Continúo...-. Dijo el profesor.-Esos dos alumnos no se quedaran aquí para cursos de verano, gracias a dios...

-Alabado sea-. Bromeo Okita.

-Si alabado-. Lo siguió el mismísimo profesor.- ¿Pero saben qué?, ¡ustedes harán equipo!

-Es la idea más tonta del mundo-. Agregó ese chico de gafas, Shinpachi-san.

-Déjame terminar Shipachi-. Dijo el profesor.-Es obvio que si estos dos trabajan juntos terminaré por ser el causante de la tercera guerra mundial, no viviría tranquilo, por eso el "par idiota" hará equipo con los dos promedios más altos.

-¡Es injusto para los nerds!-. Exclamó Kagura.

-¡Pero yo mando!-. Respondió el profesor.-Shinpachi tú tienes el promedio más alto... Ayuda a Kagura, Tokugawa tu ayuda a Souichiro, pueden irse.

Mutismo de nueva cuenta. Shipachi-san se levantó de su asiento siguiendo a el profesor argumentando lo injusto de la situación, Kagura no dijo nada, conocía a Shipachi de hace mucho e incluso ella bien lo consideraba un amigo muy cercano, ella sabía que él podría ayudarla aunque él no quisiera.

-Hey princesa trátame bien-. Bromeó Okita revolviendo mi cabello para después tomar su camino fuera del colegio.

Es cierto, estábamos saliendo una hora antes.

-¡Soyo-chan debe ser terrible!-. Exclamó Kagura.-Tendrás que tratar con el perro sádico.

-No es tan malo-. Sonreí levemente.-Me agrada.

-No entiendo esa parte de ti-. Contestó Kagura. Yo solo reí.

-Será mejor que nos vayamos antes de que el profesor se arrepienta de dejarnos salir-. Le dije a Kagura mientras guardaba mis cosas.

-Si claro... Pero lo siento Soyo-chan hoy me quedaré a esperar a Gin-chan-. Me dijo Kagura.

-Oh... No te preocupes-. Contesté sonriéndole a mi amiga.

Sin más, tomé mi mochila dirigiendo mis pasos a la salida, también lo hizo pero ella tomó un camino con dirección a la sala de profesores.

Por mi parte, los pasillos se sentían de alguna manera más largos mientras caminaba, la brisa era fresca y los rayos soleres de medio día entraban por las ventanas iluminando todo y haciendo de las lámparas algo inútil para iluminar.

Es uno de esos días bellos que le devuelven la alegría a la vida y se podía sentir aún más hermoso después de todo un mes de lluvias.

Salí del colegio y tome mi típico camino a pie, esta vez, caminando con algo de más lentitud, quiero decir, si salí temprano... Él aún no debe estar ahí donde siempre lo veo. No es como si necesitara verlo, pero aun así me tomaba todo el tiempo del mundo observando cada mínimo detalle de la naturaleza.

-¡Ah!-. Exclame con sorpresa al ver a esa persona que lentamente se acercaba.- ¡Señor Abuto!

Pronuncié con alegría con una sonrisa y el rostro de ese alto hombre de cabellera castaña se ensombreció. Pero, si él está afuera... Y va a la misma escuela que...

-Niña...-. Me dijo cuando finalmente llego frente a mí, se veía serio.

Más de lo que normalmente refleja.

-Hola-. Lo saludé.

El me miro por encima del hombro, no lo sé, sumándole el hecho de que es aterrador, esa mirada comenzaba a provocarme miedo.

-Estaba buscando a Takasugi Shinsuke-. Me dijo serio.

¿Takasugi Shinsuke?, cierto... Él lo mencionó una vez. Eso significa que ellos conocen al peligroso chico de mi clase.

-Creo que hoy no vino-. Contesté pensativa tratando de recordar si vi el rostro de esa persona.

-Lo supuse-. Dijo Abuto chasqueando la lengua.

Se veía como si estuviera molesto. De nuevo su vista se giró a mí, sus ojos se opacaron y bufó para después apartar su vista de mí.

-Me van a matar-. Murmuró.

"Matar" incluso esa palabra me suena normal, sobre todo porque Abuto tiene relación con él. Ese león que es capaz de decir esa palabra sin chistar.

-Oye niña...-. Me llamó, yo lo miré pero el no a mí, estaba serio y yo no podía entender por qué.-Ese idiota... ¿Te agrada cierto?

Me preguntó, siento como si mi respuesta fuera obvia y aún siento duda y vergüenza el decirla.

-Cla... Claro-. Contesté.

-Rayos, eres rara-. Murmuró de nuevo.-Pero creo que ese tipo no tiene muchas personas así... Va por ahí ganándose el odio de la gente... Por eso creo que está bien que te diga...

-¿Decirme?-. Pregunté, me sentí nerviosa.

-Ayer después de que te vi e hice esa petición seguí buscando al idiota, pero no lo encontré-. Yo sí, el gatito estaba herido.-Pero... Más tarde si pude dar con él.

-Y... ¿Y qué pasó?-. Pregunté.

-5 o 6 tipos no son problema para él, pero, no eran estudiantes de alguna preparatoria... Eran miembros de una banda de la zona y... pues... -. Esas pausas suyas buscando palabras, cada palabra, cada oración me hacía sentir cada vez más ansiosa y temerosa de lo que se avecinaba.

-Está bien... ¿Cierto?-. Pregunté.

-Él los dejo fuera de combate a todos...-. Contestó, me hizo sentir un poco de paz.-Pero, uno de ellos estaba armado... Fue cuando varias horas después me lo encontré y según él no se había dado cuenta de la herida, no hasta que se desmayó...

Ahí está, el sonido de los autos va desapareciendo lentamente, mi cabeza está en blanco y mi corazón reacciona, es miedo, terror, angustia... ¿De nuevo está lloviendo?

-Él...-. No quise escuchar más.

Mis pies tomaron un camino que mi cabeza no pudo saber, lentamente la imagen de aquel alto hombre que era Abuto se hacía más pequeña hasta desparecer en la lejanía.

Tengo que verlo... Saber que está bien.

Necesito una respuesta para toda esta preocupación...

El claxon de un auto me hizo reaccionar, estaba en una esquina y el semáforo estaba en verde. ¿A dónde se supone que voy?, no sé dónde está... El hospital.

No, el no iría al hospital. No se preocuparía por el mismo. No es así, una gran parte de mi lo sabe.

Entonces de nuevo me giré. Tomé el camino al único lugar que me parece lo suficientemente lógico para que un pequeño gato herido se... Oculte.

Mis pasos eran rápidos, los latidos de mi corazón se aceleraban manteniendo la mirada en el camino. Siento rabia, contra él, contra el por hacer esas cosas sin sentido y su "estúpida" pasión por las peleas, siento rabia contra las personas que lo lastimaron. ¡Me duele! ¿Cómo alguien con esa sonrisa puede pasar por todo esto? ¿Cómo es que alguien se atreve a lastimar al pequeño gatito?…

Finalmente llegue a ese lugar, observe alrededor y después clave mi vista en ese complejo de departamentos tan pequeño y solitario, debe ser porque es apenas medio día y la mayoría de los que viven ahí no están en casa. En la barda que divide al lugar había un anuncio que decía "Casa de estudiantes" con letras rojas. No sé qué pensar, recorrí todo nuestro camino juntos, gire en la intersección, esta vez, a la derecha por donde lo veo desaparecer, hay una casa de estudiantes y aun así no estoy 100% segura de que esta sea su casa.

Por favor… que este aquí.

-¿Huh?-. Escuché un sonido, provenía de una mujer mayor que salía de la primera casa de ese complejo de departamentos.- ¿Se le ofrece algo señorita?

La mujer me miraba, tenía una escoba entre sus manos y su cabello estaba pintado con la nieve de los años, yo solo pestañee dirigiendo mi vista a ella.

-Yo… estoy buscando a alguien-. Contesté, sentí como si mi corazón hubiese saltado saliendo de mi pecho.

-Ya veo, ¿le puedo ayudar?, ¿esa persona vive por aquí?-. Me dijo la mujer sonriéndome amable.-Parece como si no conociera esta zona.

Yo solo reí nerviosa.

-Cre… Creo que vive aquí-. Contesté.

-¿Así?-. Me preguntó con una mirada de sorpresa.- ¿Cuál es su nombre?, ¿Cómo es?

-Es… es un chico, tiene el cabello color bermellón bastante largo peinado en una trenza, de ojos azules y es más alto que yo-. Contesté.

-Ah… si, él vive aquí-. Contestó, ella me miro a los ojos.-Kamui, ¿cierto?

-¡Si!-. Conteste en parte emocionada por escuchar su nombre, lo encontré.

-Vive en el número 7-. Me dijo la mujer, ella se giró apuntándome con su dedo el último departamento del segundo piso.

-¿Sabe si esta en casa?-. Le pregunté.- ¿Puedo pasar?

-Seré sincera con usted señorita, ese muchacho siempre hace lo que quiere, aunque cierre las puertas a ciertas horas él se va por la ventana ignorando mis reglas… no lo he echado de aquí solo porque paga puntual las rentas-. Me decía la mujer.-Pero llega herido o hace desastres y siempre me pregunto en que rayos anda, usted parece una chica buena, ese muchacho es peligroso, si usted vino aquí solo para verlo debe ser cercana a él… pero no creo que él tenga arreglo, aléjese antes de que la meta en problemas.

-Solo quiero hablar con el de algo-. Contesté.

-Bien, si ese es el caso adelante, lo vi salir anoche pero no regresar-. Contestó la mujer.

Yo solo asentí, con una sonrisa a aquellas palabras de la mujer. Me cedió el paso y subí las escaleras rápidamente, camine por un pasillo del segundo paso que me dirigía hasta el fondo, el último departamento de este piso. Cuando finalmente llegue, me encontré con esa puerta color café con un número 7 pintado justo a la mitad en la parte superior.

Golpéala, tú puedes.

Un tanto ansiosa y nerviosa levante mi mano temblorosa. 1, 2, 3… golpes e hice una pausa para darle paso a la posible respuesta. No escuchaba nada, si no está aquí ¿Dónde?

-¡Pasa!-. Grito desde dentro, era el, era el sonido de su voz.

Alivio…

Gire el picaporte para abrirme paso, sigo ansiosa y temblorosa. Era como si fuera una niña entrando por primera vez a esas casas de sustos que dan de todo, menos miedo. Escuchaba el sonido de la televisión. Era bastante pequeño pero agradable, debo decir que hay una extraña combinación de orden y desorden, como si solo en algunas zonas el pasara por ahí, la cocina estaba limpia y finalmente llegue a la sala.

Sentí una mirada.

-¿Eh?, ¿Qué haces aquí?-. Escuche el tono de su voz, juguetón y alegre, pero a la vez se sentía frio.

Fue cuando me gire para mirarlo. Estaba sentado en una especie de sofá, creo que es un sofá cama, su cabellera estaba suelta, tenia una cortada en la parte inferior del labio, tenía puestos unos pantalones de chal color blanco y no estaba usando camisa…

Su piel solo era cubierta por ese vendaje alrededor de su torso.

No puedo hablar, tengo un nudo en la garganta.

-No me has contestado, ¿a que debo tu visita?-. Me preguntó, ladeaba su cabeza como un cachorrito inocente, no funciona cuando el gatito esta herido.

-Me dijeron que estabas herido-. Contesté, intente parecer seria mientras daba un paso para acercarme.

-¿Así?-. Dijo el haciendo tronar sus dedos mientras sonreía.-Ya supongo quien fue.

Lo siento Abuto.

-¿Cómo te sientes?, ¿te duele?-. Preguntaba dando pasos para acercarme más.

-¡De maravilla!-. Contestó con su tono de voz juguetón.-Solo son exageraciones.

A mí no me lo parece, no como lo veo. Finalmente logre quedar frente a él, sus orbes azules me miraban fijamente mientras yo simplemente me sentaba a su lado.

-Yo no creo que sea una exageración-. Contesté.-Yo creo que te duele.

-Entrometida-. Me dijo con una sonrisa.

En realidad, esa palabra no me molesta, es así como el me recuerda, "la entrometida chica del andén del metro", "la chica del vendaje", en realidad…

-Está bien para mí-. Contesté dejando escapar una risita divertida.-Deberías ir al hospital

Le dije, de nuevo su mirada se centró en mí.

-No es necesario-. Tajo serio, lejos había quedado su tono juguetón.

-Tampoco voy a obligarte-. Le contesté y su sonrisa volvió a aparecer.-Pero al menos dime… que fue lo que te paso.

Dejó escapar una risita entre dientes, me miraba de reojo mientras su mano se posaba sobre mi cabeza, ese gesto me abrumo.

-Que astuta jugada-. Masculló.-En realidad no fue nada, hubiera sido fácil vencer a esos tipos pero no sabía que estaban armados, de todas formas… les matare.

No me respondió lo que quería escuchar. Aunque no era necesario saberlo, Abuto ya me lo había dicho, pero yo quería que él me lo dijera, como cuando una persona le cuenta sus problemas a un amigo cercano. Porque eso quiero ser para él.

-No me parece que hagas eso, podrían lastimarte peor-. Dije seria, mi modo de hablarle sonaba como el de una madre regañando a su pequeño hijo por que se raspo las rodillas, frio y la vez preocupado.

No me respondió, no esperaba que lo hiciera. El imponente león no escucharía unas palabras como las mías. El silencio inundo el lugar, si no es por la televisión me hubiera vuelto loca estando envuelta en el silencio y la preocupación.

-No entiendo como llegaste aquí-. Rompió el silencio usando ese tono tan infantil y despreocupado que lo caracteriza. No encaja para nada con ese vendaje que tiene en todo el vientre, ni con los moratones de alrededor.

Fruncí el ceño, no me gusta ese tono de voz tan alegre, no cuando está herido; se supone que las heridas duelen… entonces su sonrisa es falsa y él siguió sonriendo inocentemente como si nada pasará.

-Una vez me indicaste por donde vivías-. Contesté.-El resto solo lo adiviné.

-Huh ya veo-. Me dijo tranquilo.-Fue error mío.

Lo sabía, él no quiere que yo esté aquí.

-Tal vez, pero es me ayudo a encontrarte cuando me entere que estabas herido-. Contesté, me sentí un poco avergonzada y no sé por qué, pero no quise demostrarlo, se supone que estoy enojada con él aunque no lo sepa.

-Abuto me las pagara-. Murmuró. Pobre Abuto.

-No te enojes, es tu amigo, debe estar preocupado en este momento-. Le dije.-Sobre todo cuando te apuñalan y te desmayas tres horas después y no quieres ver a un médico.

Escapo de mis labios casi como un reclamo indirecto, que torpeza, ahora sabrá más que fue Abuto quien me dijo. Pero parece que él no lo entendió.

-¿Te preocupas igual que Abuto?-. Me preguntó

¿Por qué ha preguntado eso?, olvide que él no conoce la delicadeza; su voz, su mirada, todo eso hizo que saltara mi corazón y que mi rostro ardiera sin poder hacer algo para controlarlo. Sé que mi cara enrojece, no puedo, ni quiero mirarlo, no así.

-Es lo normal, lo que te ocurrió es grave-. Contesté evitando mirarlo.

-No tanto, mañana estaré bien-. Dijo insistente.-Mira ya casi sana.

Tomó mi mano, la suavidad de su piel me hizo temblar mientras me sostenía con delicadeza llevándola hasta su vendaje y abría paso para dejarme tocar su piel, mejor dicho su herida. No puedo protestar, es como si algo obstruyera mi garganta impidiéndome hablar.

-¿Lo ves?-. Me preguntó.

No puedo pensar, la delicadeza con la que sostiene mi mano y el sonido de su voz son más que suficientes para hacer que mi tranquilidad tome unas vacaciones a Hawái. ¿Por qué hace esto? Quisiera saber que pasa por su cabeza… sus acciones, jamás las entenderé-.

-Si…Contesté, de nuevo mantenía mi cabeza alejada queriendo evitar que me viera.

Me encoji de hombros, por mi parte, no podía dejar de ver su torso desnudo que era tocado por los mechones de su larga cabellera despeinada, dios, ¿soy una pervertida? Sería bueno que me soltara antes de que haga que mis latidos exploten mi corazón.

-¿Estas enojada?-. Dijo el con su tono divertido, no lo entiendo, parece un niño inocente.

-¡Por supuesto!, que estés así haría enojar a cualquiera que le importes-. Le contesté

-¿Te importo?-. Me preguntó

Sentí como su mano apretaba la mía con un poco más de fuerza. Me hizo olvidar el por qué había venido aquí, cierto estaba herido y yo soy su especie de conocida que se preocupa por él. La calidez de su cuerpo, de su mano, se siente como un sueño, ¿en qué momento despertare en mi cama?

-Se me olvido tu nombre-. Dijo él

-Nunca te lo dije-. Contesté dejando escapar una risita

-¿A si?-. Preguntó, su mirada curiosa me hizo reír, así siempre son las cosas, hace que mis emociones cambien de un segundo a otro.-Que raro, siempre preguntó los nombres de las personas interesantes

-El mío no-. Contesté

¿Le intereso?, ¿es así? No debería, pero él tiene esa capacidad de hacer que sienta una mezcla de miedo y confianza además de preocupación y alegría, tan junto y contradictorio. De nuevo mi rostro arde, no quiero mirarlo, no quiero que me mire.

-Traigo comida...-. Comenté, quiero que me suelte, quiero alejarme. Lo necesito, no quiero seguir con estos pensamientos tan poco convencionales

-No puedo comer-. Dijo melancólico.-Te hago una pregunta

-¿Que?-. Le dije

-¿Por qué no me miras?-. Preguntó.-Haces que sienta como cuando Kagura se enoja conmigo.

Es la primera vez que menciona a Kagura, él lo sabe, sabe que soy amiga de ella y aun así jamás me dijo nada. No tengo nada coherente que decir.

-No estoy enojada-. Contesté nerviosa.-Bueno, solo un poco pero creo que es más preocupación por el poco cuidado que te das.

Lo dije…

-Ya veo-. Dijo el.-Si no estás enojada conmigo, mírame

Fue una orden, una orden en la que pude sentir la amabilidad de un chico que solo sabe de conflicto. Fue lento el movimiento de mi cabeza para darle la cara; esto lo he vivido, he visto esos ojos azules mirándome de esa manera, esa blanca piel, solo que estábamos rodeados por las estrellas y el sangraba. Esta sensación, es como una escena de alguna de mis sueños pasados, donde esta el eterno residente de mis sueños, donde me daba estas mismas sensaciones inexplicables.

-Deja vu-. Dijo el con sus orbes azules mirándome.

¿Acaso no soy la única? Me sonrió levemente, sus ojos no se apartaban de los míos y sentía el calor de su mano sosteniendo con firmeza la mía. No lo podía evitar, han desaparecido toda razón para mí, necesitaba acercarme más y mirar más ese rostro suyo, me acercaba a su rostro lentamente, quería sentir su aliento al menos un segundo, pese a que no sepa mi nombre, ni mi edad, ni mis gustos, ni mis miedos… aunque sea solo "desconocida" yo quiero acercarme.

Cada vez más sentía su aliento, podía sentir el calor emanando de sus labios y al cerrar mis ojos, no había oscuridad, en su lugar seguía el, con el mar de estrellas adornando detrás de él. Solo un mínimo milímetro más... Quiero aquella sensación para mí

-Oye idiota traigo visitas-. Era el sonido de la puerta abriéndose y la voz de Abuto.

¡Su amigo!, lance mi cuerpo hacia atrás hasta caer de cabeza del sofá en el que me encontraba sentada, ¿nos habrá visto?, no, no hicimos nada, no tengo por qué sentirme así de avergonzada.

-¿Niña?, ¿qué haces aquí?-. Preguntó Abuto al verme tirada en el suelo.

-Te mataré Abuto-. Amenazó el mientras permanecía sentado, él no se movió un solo milímetro.

-¿Soyo-chan?, ¿qué haces aquí?

Me preguntaron a mí, la reconozco, si voz… Esta parada detrás del señor Abuto, me mira con sorpresa y yo me siento una niña que acaba de ser descubierta haciendo travesuras ¿Por qué? No lo sé, debe ser por las palabras que ella siempre usa cuando me habla de él, ella quiere que me aleje y yo estoy aquí… queriendo estar más cerca. Esto está mal…

Kagura, no sabe que soy la "desconocida" de su hermano, mejor dicho, ahora lo sabe