Disclaimer: Ni la serie ni los personajes que a continuación aparecen me pertenecen, sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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Capítulo 7: Tiempo de reflexión
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Adrien hacía trocitos una hoja de papel sentado a los pies de su cama. Plagg le miraba fruncir el ceño por encima de su trozo de queso. Llevaba así desde que habían llegado hacía casi una hora.
Después de aquel momento con Marinette en la clase no había podido dejar de pensar en ella, de recordar sus caricias, de desearla por completo. Así que ni corto ni perezoso se enfundó el traje de héroe y pasó por su casa a esperar que Alya se marchara tras hacer el trabajo que les habían mandado en el instituto. Necesitaba al menos pasar un rato con ella. Siempre habían tenido buen royo cuando él vestía el negro y quiso aprovecharse de ello y de la confianza que le daba ser Cat Noir, por lo que en cuanto vio que la muchacha se quedaba sola, dejó un tiempo de margen y entró. Estaba tan ansioso que se le olvidó hasta llamar y pasó directamente. Más tarde se lo reprocharía cuando lo pensara en frío.
La verdad es que nunca se hubiese imaginado lo que iba a pasar. Claro que lo deseaba, claro que la idea de tener un encuentro íntimo con Marinette le llamaba la atención sobremanera, pero siendo sincero, no iba con esa intención. El momento en que la chica se lanzó hacia su boca y le besó con ardor fue una tremenda sospresa para él. Casi le costó reaccionar, pues era lo último que esperaba. Nunca habían tenido ningún tipo de insinuación siquiera sobre nada entre los dos, y sabían tanto que ella estaba enamorada de la personalidad civil del gato, como que él lo estaba de la mariquita. Simplemente se limitaban a desahogarse juntos. Pero esa noche... Ese no era el desahogo acostumbrado.
Al notar a la chica sobre él, desesperada, no pudo evitar dejarse llevar. Llevaba soñando con ello varios días y deseaba hacerlo por encima de cualquier cosa. Aunque en sus sueños (y fantasías de media noche) no era Cat, sino Adrien.
Se sintió pleno cuando entró dentro de ella. Sintió que estaba en el lugar que le correspondía en el mundo, que ella debía ser por siempre quien le diera esa intimidad. No habría otra chica más sobre la tierra para él, se lo decía su instinto gatuno. Si bien era verdad que tampoco había estado antes con otra chica en ese punto, para él no era un dato a tener en cuenta a la hora de valorar sus sentimientos por Marinette. Pero había algo en lo que no había dejado de pensar desde que terminaron, y era que en ningún momento notó la rotura del himen de la muchacha. Eso quería decir que no era virgen, y el mero hecho de imaginarla con otro tío haciendo lo que ellos acababan de hacer, le consumía por dentro. Además que tenía muy claro quién había sido... Quizás por eso el músico había aceptado el reto, porque confiaba en que era suya. Pero, si estaba en ese punto de la relación con su novio, y esa misma tarde Adrien había notado cómo aún suspiraba a por él, ¿qué pintaba Cat Noir en la ecuación? No le terminaba de cuadrar. Pensó que igual habría sido un desfogue ocasional, un momento de flaqueza. Pero cuando volvieron a empezar y tuvieron su segundo asalto sobre el escritorio, lo empezó a dudar. Y cuando ya lo confirmó fue cuando subieron a la cama y se dieron el tercer homenaje. Había sido una pasada, es verdad, y algo que no olvidaría nunca. Pero no dejaba de escamarle la situación de la chica con todo ésto. Así, ya daban las 4 de la madrugada, y él seguía dándole vueltas a lo acontecido.
- ¿Piensas dormir e algún momento? - preguntó el kwami con una mezcla de preocupación y cansancio.
- No puedo... No tengo sueño.
- Ahora no puedes hacer nada, déjalo estar y trata de descansar.
- Tienes razón, pero no puedo dejar de pensarlo. Creo... Creo que estoy perdiendo el control con respecto a Marinette. Me... Me importa demasiado todo lo que tenga que ver con ella.
El pequeño gatito negro suspiró, se zampó de un bocado el queso que le quedaba y voló hasta su rincón para descansar él. Hoy le había sobreexplotado, y todo para que en lugar de quedarse más tranquilo, como le prometió en un principio, acabara más trastornado que antes. Por eso mismo, Plagg no hizo mención en ese momento a la verdadera clave de su situación con la chica, algo que debía ver él sólo y que seguramente sería el detalle que les solventaría todas las dudas a ambos: el traje de Cat Noir.
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Marinette había dormido mejor que en mucho tiempo. Había descansado el doble y se estaba despertando con una sonrisa de verdadera felicidad en la cara. Tikki trataba de ayudarla.
- Vamos Marinette, vas a llegar tarde.
- Mmm... 5 minutos... Tengo tiempo de sobra.
- Tenías tiempo de sobra cuando te sonó el despertador hace casi una hora. En este momento, llegas tarde. La jornada va a empezar ya.
La chica abrió un ojo y miró el reloj. Tenía razón, en breve sonaría el timbre del inicio de las clases. Se levantó de un salto, se vistió con lo primero que encontró y bajó corriendo las escaleras. Al pasar por la panadería agarró un par de bollos y se metió uno en la boca mientras saludaba con la mano y cogía un tercero.
La puerta de la clase ya estaba cerrada cuando llegó, para variar. Al entrar, nadie se inmutó apenas al verla, puesto que era bastante normal que hiciera eso, así que se deslizó con cuidado y sigilo hasta su asiento y empezó a sacar las cosas. Adrien temblaba. No había logrado dormir nada esa noche y no sabía cómo reaccionaría cuando volviera a verla en persona. Ahora ya lo veía, como un crío. Estaba sumamente nervioso, pero aún así deseaba tener algo de trato con ella. Pensó un momento. ¿Qué debería hacer? ¿Saludarla? ¿Preguntarle alguna duda de clase? ¿Preguntar por la tarde de ayer?
No, estaba claro que esa última no era una buena opción. No, si no quería morir calcinado al pensar él mismo en lo que pasó mientras la tenía delante. Optó por dar los buenos días. Sí, eso sería lo mejor.
- ¿Te encuentras bien? -Escuchó el chico detrás de él, en un susurro. Un suspiro largo.
- ¿Por qué no debería estarlo? -Respondía Marinette, como ida.
- Estás... -contraatacaba su amiga- diferente. ¿Ha pasado algo? -Marinette enrojeció al momento y apartó la vista de Alya.- ¡Oh dios! -Exclamó más alto de lo que debería. Varias personas se giraron hacia ellas, pero Adrien seguía escondiendo su rostro en el libro de historia.
- Shhh Alya por favor... Luego te lo cuento todo, pero ahora cálmate.
- ¡¿Cómo?! -Sin darse cuenta, el chico se había girado bruscamente y preguntaba con sorpresa y un poco de miedo. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión nada tranquilizadora. Las chicas le miraron sin entender su reacción, pero Marinette empezó a notar cómo los colores se le volvían a subir al rostro. Toparse con esos ojos verdes le seguía haciendo estragos en el pecho.
- ¿Qué quieres, Agreste? -Preguntó su amiga cortando todo tipo de interacción con él. En ese momento se dio cuenta de lo que había pasado.
- Lo siento, pe-pensé que me habíais dicho algo...
No lograba volver a conectar la mirada con Marinette, se había girado y ahora trasteaba dentro de su mochila. Agachó la cara y volvió a su pupitre. Nino, que no era tonto y le notaba raro en éstos últimos días, decidió meterse de por medio, pues le preocupaba su amigo.
- Tío, hoy te vas a saltar las clases de esgrima.
- Hoy me toca chino.
- Lo que sea. Te vienes a mi casa. No voy yo a la tuya porque tu viejo me echaría a patadas, pero vamos a tener un rato para nosotros, quieras o no.
El otro suspiró. Ya sabía lo que le tocaría, y puede que le viniera hasta bien contar con él. Después de todo, habían habido demasiados cambios últimamente...
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- Desembucha.
La mirada acusadora de Alya hizo a Marinette sentirse pequeña. La miró un momento por debajo de sus pestañas y dio un largo suspiro antes de comenzar.
- Es... es complicado.
- ¿Ha pasado algo con Adrien?
- ¿Con Adrien? No no no, ni mucho menos.
- ¿Con Luka?
- ¿Qué? -Abrió mucho los ojos. Al parecer se acababa de acordar de él.- ¿Luka? Ay dios, no...
- Vale, será mejor que hables ya, no puedo con la espera.
Volvió a suspirar y empezó.
- Verás... ayer... resulta que hay... bueno, yo... -por enésima vez ese día, soltó el aire que tenía contenido, en forma de suspiro.- Me he visto con alguien más...
Alya pestañeó dos veces. No terminaba de entender lo que su amiga le estaba diciendo.
- Me viste a mí, estuve en tu casa.
- No, no me refiero a eso. -Una sonrisa estúpida se asentó en su rostro.- Fue algo más... íntimo.
Volvió a pestañear, cada vez más rápido.
- No entiendo.
- Alya, por dios. Anoche cuando te fuiste, me acosté con... con un chico. Un chico que no es Luka...
Lucía una mezcla de vergüenza, felicidad y tal vez un poco de complicidad. Su amiga se sentó de golpe en el banco del parque. Marinette, la dulce Marinette, la tímida Marinette, la fiel Marinette... Sólo pudo echarse a reír, no se lo creía.
- Muy buena, por un momento pensé que me lo decías en serio. -Culpabilidad, esa fue toda la respuesta de la chica. Gesto de culpabilidad.- Espera... ¿No es una broma? -Negó con la cabeza.- Pero... ¿Cómo...? ¿Dónde...? Un momento, ¡¿Quién?!
- No creo que te lo deba decir -contestó alzando una ceja-. Es... complicado.
La otra soltó una carcajada.
- ¡Ni que te hubieses enrollado con Cat Noir! -Marinette guardó silencio mientras su amiga iba dejando de reír poco a poco. Cada vez estaba más roja y acalorada.- Espera... Me estás tomando el pelo, ¿no? -Negó de nuevo, notando sus mejillas arder a más no poder. Alya seguía sin creerlo.- ¿Me estás diciendo que el héroe de París te ha mostrado lo que hay debajo de su traje?
- No alces la voz, por favor.
- ¿Me estás diciendo -continuó, excitada por la noticia- que has conseguido lo que la mitad de las parisinas sueñan?
- Alya... estamos en mitad de la calle, nos pueden oír.
- ¿Me estás diciendo que has logrado engatusar al gato más deseado del mundo?
- Por favor... -se llevó una mano a la frente. Ya no había quien la parara.
- ¡Eso me lo tienes que contar con todo lujo de detalles!
- Créeme que no lo haré. -Seguía siendo ignorada.
- ¿Y qué tal es? ¿Es tan fogoso como parece? ¿Tan experimentado como dicen? ¿Tan sexy como...? Bueno, no hay forma en que ese hombre no sea sexy. No se lo digas a Nino...
- Descuida...
- ¡Pero cuéntame! -Tiró de su brazo para que se sentara con ella.
- No te pienso dar material para tu blog.
- ¿Por qué?
- Porque estás ignorando lo que realmente importa, y es que tu amiga tiene un problema.
- Muchas quisieran tener ese problema. -La chica la miró inquitisivamente.- Vale vale, dime. ¿Qué es lo que te preocupa?
- Em... ¿No crees que es obvio?
- De acuerdo, cambiaré la pregunta. ¿Por qué pasó... lo que pasó?
- No lo tengo muy claro... -contestó dándose golpecitos con uno de sus dedos en el mentón.- En ese momento no pude evitarlo.
Alya volvió a pestañear. No podía ser que esta persona tan inocentona hubiese hecho lo que decía.
- A ver... volvamos a intentarlo. ¿Qué sientes por Cat Noir?
Marinette pensó un momento.
- No lo sé.
- Vale, una más fácil. ¿Qué sientes por Luka?
- Yo... no lo sé.
La muchacha se llevó las manos a la cabeza antes de volver a preguntar con sarcásmo.
- ¿Y por Adrien sientes algo?
- Yo...
Miró a su amiga con condescendencia y un poco de humor antes de ponerle la mano sobre la suya como apoyo y tratar de situarla.
- Chica, me dejas loca. Será mejor que empieces por el principio...
Y así fue. Marinette se desahogó con su amiga lo que llevaba días oprimiéndole el pecho. Le contó de primera mano el beso con Adrien y el resurgir de sus antiguos sentimientos por él, y la ardiente necesidad que la llevó a lanzarse sobre el super héroe... una y otra vez la misma noche. Claro que lo que no pudo decirle fue el origen de esos sentimientos por el gato. No se sintió más liberada, al contrario de lo que creía. Pero sí es verdad que la voz objetiva de Alya la ayudó a poner en orden sus sentimientos y sus prioridades. Se daría esa noche para pensar, pero al día siguiente debía haber tomado una decisión. Tenía que centrarse.
Las chicas salieron del parque más tranquilas, aunque aturulladas por todo lo que acababan de hablar. Cada una se dirigió a su casa, pero ninguna se dio cuenta de que un par de ojos celosos había escuchado toda su conversación y ahora acechaban a Marinette sin quitarle la vista de encima, hasta que entró por la puerta de la pastelería. En pocos segundos, ya no había nadie al otro lado de la calle...
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