Séptimo Capítulo... quien me viera, espero les guste ya estoy empezando el octavo espero no tardar mucho... el problema es que tengo que escribir primero a mano y luego pasar a la compu...


Kaede se asombró de ver una carreta como esa llegar al pueblo: toda de madera, con dos hermosas ventanitas, de considerable tamaño, llevada por un desconocido que conducía a media velocidad dos bellos caballos grises. Pero más le asombró que cuando la carreta se detuvo, bajó una preciosa jovencita vestida en un fresco kimono de algodón azul con flores rosa.

- ¡KAEDE – SAMA! – La jovencita corría hacia ella sobre unos bellísimos zapatos lacados - ¡Soy Rin!

La anciana casi se cae de la sorpresa al ver a la pequeña Rin convertida en una jovencita tan hermosa, extendió los brazos y correspondió el abrazo que la niña le daba.

- Kaede – sama, la extrañé mucho. Desde que me fui de nuevo con Sesshomaru me preguntaba por usted todo el tiempo.

- Mi niña, ¡mira qué hermosa te has puesto! Ya me habían dicho Aome e Inuyasha que eres una aprendiz de geisha – luego de decir aquello pasó su mano por los cabellos de la jovencita que se encontraban recogidos en el típico moño de las aprendices.

- Sesshomaru me llevó con Loto, una geisha increíble que me ha educado en todo esto – la anciana sonreía a la jovencita.

- Por cierto, ¿adivina quién está impaciente por verte? – dijo la anciana Kaede.

- ¿Aome? Tengo que verla y llevarle el regalo de Loto y mío.

- Esta bien niña, pero antes debes ver a Kohaku, ha estado esperando por verte.

- ¿Kohaku? ¿Está aquí? – La chica sonrió al recoredar a su amigo de la infancia – vamos a verlo.

Ya con más calma, la chica caminó junto a la anciana en la dirección que le indicaba, hasta que llegaron juntas al jardín de la casa de Kaede. Ahí estaba un muchacho, de unos 20 años con cabello castaño, Rin inmediatamente reconoció a su amigo.

- Kohaku, mira quién llegó – dijo la anciana.

El chico levantó la mirada, Rin iba a correr en su dirección a abrazarlo pero se detuvo, ¿era disgusto lo que veía en el rostro de su amigo? ¿Reprobación? ¿Por qué Kohaku la miraba de esa manera?

- Es Rin, ¿verdad que se ha puesto muy bonita? – Dijo la anciana cuando el chico no contestó – los dejo solos para que puedan hablar mejor – y Kaede se retiró.

El muchacho continuaba mirando en silencio a Rin quien se sentía incómoda por ello, las personas la miraban mucho, estaba acostumbrada, algunas con curiosidad, para lo cual siempre tenía una sonrisa; algunas de maneras más desagradables, esas siempre las evitaba y no respondía a ellas y otras simplemente con alegría que ella sabía corresponder; pero la mirada de su amigo le incomodaba. Nunca, ni siquiera sus maestras cuando algo le salía mal la habían mirado de manera tan negativa.

- ¿Cómo has estado? - dijo ella intentando romper el silencio.

- Bien.

- ¿Eres un cazador ahora? ¿Ayudas a Sango?

- A veces.

- ¿Dime qué te pasa Kohaku? ¿Qué tienes?

- No me gusta cómo te ves, no eres tú – esas palabras la atravesaron de lleno como hielo en sus entrañas.

- ¿De qué hablas? Soy Rin, siempre seré Rin.

- No – dijo terminante.

- Bueno, crecí ¿qué esperabas? Hace 7 años que no nos vemos, no puedes esperar que me vea como cuando tenía 10 años.

- Me gustabas más entonces, ahora estás hueca.

- ¿Hueca? ¿Y me puedes decir en qué te basas para afirmar eso?

- Te veo y sé que estás hueca – cada palabra de su amigo le dolía en el alma y en el corazón.

- Para que lo sepas, no estoy hueca, he llenado mi mente con conocimientos, he estudiado Kohaku. ¡Y si tú no crees que sea la misma… allá tú! Tengo que ver a Aome para darle su regalo – la chica se dio la media vuelta y fue a buscar al cochero quien también era el vestidor de su hermana mayor. Sentía como le temblaban las manos y estaba a punto de llorar, dejaría las lágrimas para luego, ahora tocaba ayudar a la novia.


Aome observaba las yukatas que había dispuesto para la boda, en realidad hubiera deseado un vestido de novia tradicional o aunque fuera uno moderno, pero no había podido conseguir ninguno. Realmente lo más decente que tenía era su blusa marinera verde y la falda. ¡Pero no se iba a casar con el uniforme de cuando iba a la escuela! Orgullosamente todavía le quedaba pero…

Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

- Adelante – la puerta se abrió y unos ojos color chocolate se asomaron.

- ¿Cómo vas?

- ¡Rin! ¿O debo decirte Aiaru?

- Como gustes, después de todo aquí todos me conocen como Rin. ¿Qué haces?

- Intento decidir qué usar para la ceremonia – la aprendiza dirigió su mirada hacia las opciones que Aome tenía.

- ¿Sabes? Creo que es el mejor momento para darte mi regalo.

La chica salió de su habitación y volvió con el vestidor de Loto quien traía cargando una caja de madera lacada de tamaño considerable, juntos se acercaron a la novia.

- Él es Okami – sama, Okami – sama, ella es Aome, la novia.

El hombre hizo una reverencia y luego depositó la caja en una mesa para luego ayudar a Rin a sacar su contenido. La aprendiza de geisha desenvolvió un preciosísimo kimono blanco con bordados en hilos en plata que delineaba a dos tonos un jardín bellísimo con plantas colgantes y flores en un tono azul cielo. También hacía juego un obi blanco con nubes delineadas en plata y azul.

Aome estaba tan contenta y abrumada que apenas y podría vestirse. Rin la ayudó a ponerse la ropa interior y el kimono para que luego el vestidor de Loto le hiciera el moño a la espalda con el obi. Entre ambos pintaron y peinaron a la novia con un hermoso moño en el cabello que Rin coronó con una peineta incrustada con diamantes blancos, regalo de la propia Rin.

Luego de que Aome estuviera lista, Rin se vistió también y se pintó para que luego le anudaran a ella también el obi. La novia le había pedido que fuera con ella como dama de honor, así que una vez listas las dos jóvenes caminaron hacia el lago donde se llevaría a cabo la ceremonia de la boda.


Todo se hallaba listo para la boda, los invitados iban llegando: Sango y Miroku llevaban a las gemelas con ellos, una pareja de chiquillas coquetas e hiperactivas con 6 años de edad que divertían muchísimo a su madre y sacaban canas verdes a su padre; junto con ellos llegó Kohaku, muy serio y otros exterminadores; Shippo, ya un poco más crecido; el anciano Totosai, ese no cambia nada; la pulga Mioga, quien Inuyasha se dio cuenta que llegó porque fue a saludar/comer y muchos amigos que la pareja había hecho a lo largo de su vida juntos.

Entonces el joven inukay sintió un golpecito en el hombro y al levantar la mirada no vio a otro que su hermano mayor Sesshormaru – esta con Aome – le dijo únicamente.


Nota de la autora: todos sabemos que la relación entre Sesshomaru e Inuyasha no es muy elocuente por lo cual es necesario interpretar esto de manera más amplia…

Sesshomaru: ¡Felicidades hermano! Me alegra muchísimo que hayas encontrado al amor de tu vida, les deseo lo mejor a ti y a Aome… larga vida y prosperidad!

Inuyasha: ¡Gracias hermanote! Yo también me alegro mucho por ti, se que Rin y tu serán muy felices, les deseo lo mejor, me invitas a la boda eh? Bazzinga!

Ejem… bueno omitan las ñoñerías de la escritora pero más o menos esa es la idea, continuemos con el fic.


Por fin llegó el momento en que Aome salió, se veía bellísima al caminar hacia Inuyasha, Rin la seguía vestida con un lindísimo kimono azul que tenía bordado el dibujo de una pintoresca aldea con un lago, lo llevaba sujetos con un obi dorado y una vez más flores naturales coronando su cabello.

Ambos hermanos se quedaron mudos y con una buena razón esta vez ya que ambas chicas lucían hermosísimas, la novia llegó junto a Inuyasha le tomó la mano y depositó un suave beso en sus labios, mientras que Rin sonrió a Sesshomaru desde donde estaba y éste le correspondió con una media sonrisa.


Mientras extendía un pañuelo de seda en el pasto, Rin observaba la belleza del lago cercano a la aldea, había sido un día extenuante, Aome e Inuyasha estaban felices con el kimono que ella usó y se veían muy enamorados esa tarde. La alegría de la pareja fue aún mayor cuando por la tarde llegó la familia de Aome. Como regalo, la anciana Kaede, el anciano Totosai y el monje Miroku habían conseguido volver a abrir la entrada del pozo por algunas horas.

Por su parte, Rin se la pasó evitando a Kohaku toda la tarde e intentando acercarse a Sesshomaru. Lo primero lo logró con éxito, pero lo segundo le fue imposible ya que el youkai, luego de estar durante la ceremonia junto a su hermano, se mantuvo aislado durante la celebración y la chica por su parte se encontró preparando el té para los invitados, bailando al son de la música tocada por Kaede, cantando e incluso posando para unas… fotografías para la familia de Aome.

La aprendiza se sentó sobre el pañuelo de seda para proteger su vestido y como pudo se recargó en un árbol y cerró sus ojos, estaba muy cansada. Aun no se había quitado ni la pintura, ni el peinado, ni el kimono, quería permanecer en la tranquilidad del lago un rato antes de irse a dormir.

Su tranquilidad se interrumpió por unos pasos suaves que si no fuera por la quietud del lugar, quizá no los habría escuchado, esos mismos pasos llevaron a su dueño a sentarse junto a ella.

- ¿Qué quieres? – dijo Rin con los ojos cerrados.

- Quería pedirte una disculpa, la verdad me sorprendí de verte tan distinta.

- Disculpa aceptada, sigue con tu vida Kohaku.

- Es que tienes que aceptar que te ves diferente – la chica abrió los ojos y le dirigió la mirada.

- Es obvio, cualquiera se ve diferente de cuando tenía 10 años.

- Pero la ropa… y el cabello, inclusive usas pintura y bailas Rin, tú no hacías eso.

- Evolucioné a aprendiz de geisha y eso es parte del paquete.

- Cambiaste, eso es lo que pasó.

- Como quieras… - dijo Rin, realmente estaba demasiado cansada y no tenía ganas de discutir, se sentía desilusionada por no haber podido hablar con Sesshomaru durante toda la tarde. Cerró de nuevo sus ojos y volvió a recargarse en el árbol.

- Vente conmigo Rin, ven conmigo a la aldea de los exterminadores – dicho esto Kohaku se puso de pie.

- ¿Y qué voy a hacer yo allá? – La chica abrió los ojos y dirigió la mirada al exterminador.

- Podrías pasar el tiempo con Sango, ella a veces se aburre mucho – eso Rin lo dudaba con esa parejita de gemelas dinamita…

- ¿Estás mal de la cabeza o qué? Irme así como así, sería una ingrata si desperdiciara todo aquello que Sesshomaru y Loto han hecho por mí.

- Ellos no importan, ven conmigo… ven conmigo y vuelve a ser tú – la aprendiza lo miró con tristeza antes de responder.

- ¿Y qué si me gusta ser así? ¿Qué pasa si no quiero cambiar como tú dices? – el exterminador no respondió nada. – ¡Dímelo Kohaku! Tú no me quieres a mí, quieres a una niñita descalza que recoge flores con un kimono a cuadros amarillos y anaranjados. Quieres que me vaya contigo… ¿Y cómo lo voy a hacer si ni siquiera te gusta lo que soy? ¡Si lo único que has hecho es lastimarme!

- Rin yo…

- Soy Aiaru Sesho y si no puedes aceptarlo entonces vete por favor, no tenemos ya nada qué decir… - Rin volvió a cerrar sus ojos y luego de unos momentos Kohaku se dio la media vuelta y se fue.

Al darse cuenta que ya estaba sola Rin comenzó a llorar, lloraba como no lo había hecho en muchos años desde que era huérfana, muda y no había conocido a Sesshomaru. Lloraba en silencio, con la absoluta seguridad de haber perdido a su amigo y que jamás lo recuperaría.


Una figura con cabellos de plata observaba a ambos jóvenes. Sesshomaru quería hablar con Rin antes de irse pero Kohaku se le había adelantado. Y habría ido por el exterminador sino hubiera visto a Rin llorando, no gritaba ni sollozaba, de hecho no emitía ningún sonido, solo escurrían lágrimas de sus ojos. Lágrimas que destilaban dolor y tristeza, el imbécil del exterminador la había herido muchísimo. Se acercó a ella y la levantó en sus brazos, la chica se refugió0 en los pliegues de su yukata cuidando solo de no mancharla y susurró:

- Acabo de perder un amigo.

- Ese chiquillo volverá – respondió Sesshomaru. Después de todo, las bacterias siempre regresan.

- No es eso… ¿Qué clase de amigo no acepta al otro por lo que es? Si no he hecho nada malo, ¿por qué no ver lo que conservo en vez de lo que no puedo ser?

Llegaron a la entrada del carro en el que Rin había llegado y el daiyoukai la bajó. La chica se acercó a él, murmuró un "Gracias" y besó con suavidad su mejilla para luego entrar y cerrar la puerta.


Muchos pensamientos discurrían su mente mientras jugueteaba con el pañuelo de seda sobre el que Rin se hallaba sentada y pasaba sus dedos por su mejilla. Una vez más estaba dejando escapar la oportunidad de llevarla consigo. No iba a ser igual que el cazador ese, no iba a decir "Rin vámonos" como antaño y esperar que ella lo siguiera. Comprendía las palabras de Loto ahora mejor que nunca. Vio claramente como Rin respondía incómoda hacia las miradas del exterminador, a ella no le gustaba sentirse rechazada. Habiéndose vuelto tan hermosa, se esperaría que también fuera vanidosa pero no lo era, aún así no sabía manejar el rechazo de la gente. La había visto en la casa de té, era astuta y alegre ante el comportamiento de los hombres, sabía cómo responder y cuándo callar. Realmente le habían devuelto un perfecto diamante de la piedra en bruto que había entregado.

Pero, ¿y si tampoco aceptaba volver a él? Era cierto que tendría un plan (aún lo estaba pensando pero lo tendría) y nunca rechazaría a la mujer en la que Rin se había convertido, ¿pero si con todo y eso ella lo rechazaba igual que al tonto exterminador? Necesitaba saber si Rin lo iba a aceptar para poder llegar más lejos.

Rin dormía apaciblemente dentro de la carreta, por dentro era una habitación pequeña un poco más grande que el futón sobre el que la joven descansaba con sus cabellos esparcidos sobre la almohada llegando hasta su cintura, había además un pequeño tocador y un baúl donde seguramente guardaba su ropa.

Sin el maquillaje ni el peinado, su rostro era el de la misma chiquilla que Sesshomaru recordaba: inocente, alegre y tranquila. Se acercó a ella y pasó su dedo por la suave mejilla de ella como lo hacía antaño cuando dormía. Rin entreabrió los ojos y murmuró:

- En un momento estoy lista señor Sesshomaru, despertaré al señor Jaken y perpararé a Ah - hun para poder irnos… - Rin se talló los ojos aún adormilada y poco a poco fue cayendo en cuenta de lo que había dicho. Sesshomaru por su parte se enterneció al comprender que ella aún recordaba los viajes que hacía a su lado tomada de su manga.

No era necesario preguntar, Rin nunca rechazaría irse con él, en el momento en que lo pidiera, ella lo seguiría. Su mirada y el bello sonrosado de sus mejillas se lo decía todo, pasó su mano por detrás del cuello de ella, la acercó hacia él y la besó.

Era un beso posesivo donde la reclamaba solo para él, un beso que deseaba darle desde que la vio en la casa de té, ella pasó sus brazos alrededor de su cuello y de esta manera lo reclamó también como suyo.

A Rin, ese momento casi le sabía a gloria, la cúspide de sus sueños, el sentir sus labios, el sentir su manos acariciándole la mejilla, era el momento más perfecto de su vida.


Bueno... qué tal el primer beso de esos dos eh? Espero que a los fans de InuyashaxAome les haya gustado la boda... lo siento si a los fans de Kohaku no les gusto tanto... Nos seguimos leyendo...