Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.


Capítulo 7

Sorpresas de última hora


— ¡Buenos días! ¿Está por aquí Eraserhead? Tengo que ultimar unos detalles con él sobre lo de mañana.

El saludo vino de Trece, el héroe espacial, llamado así por su traje parecido al de un astronauta. Para ser un agujero negro viviente, era el más simpático y adorable que jamás pisaría la Tierra. Había otros con Quirks similares al suyo, personas a las que les resultaba más atractivo usarlo con fines poco honestos.

—Según el horario tiene que estar en…—Snipe revisó rápidamente la pizarra blanca donde colgaban plannings, anuncios y cosas varias. —Su primera tutoría con el A. De todas formas, acaba en unos diez minutos, así que si quieres siéntate a esperarle.

Trece asintió, dejándose caer en el sofá donde solía dormir Aizawa. Entrelazó las manos sobre su regazo y Snipe se dio media vuelta para alisar el ala de su sombrero, tarareando para sí mismo.

Akira apareció al cabo de unos minutos, la vista fija en un portafolio y el ceño fruncido en gesto de concentración. Se fue directa al tablón, sin percatarse de la presencia de Trece que se limitó a seguirla con la mirada, teniendo la sensación de que había algo conocido en ella.

Comprobó que en la esquina inferior seguía la nota sin firmar: "Quien quiera que me haya quitado la pluma, más vale que me la devuelva pronto o me dedicaré a robar vuestros bolígrafos baratos hasta dejaros sin uno solo". Aunque de anónima tenía poco, el único que escribía con una, apartando a All Might que desde luego no dejaría esa amenaza, era Present Mic. Debajo de ella alguien respondió "es una auténtica tragedia, lamento profundamente tu pérdida". Akira se reía cada vez que la leía, y esa ocasión no fue para menos.

— ¡Tú debes de ser Asylum! Siento no haberme presentado antes, apenas he pasado por aquí con todo el trabajo que hay en la USJ—exclamó Trece, acercándose a ella con pequeños pasos. Akira se sobresaltó, haciendo volar el capuchón del rotulador con el que se disponía a escribir.

Trece se disculpó por asustarla y se agachó, recogiendo el objeto.

—Ah, no pasa nada, el deber es el deber—contestó ella haciendo un ademán para restarle importancia. — ¿Qué es la USJ, exactamente?

Tenía conocimiento del basto terreno y edificios vinculados a la academia para uso lectivo, pero no había tenido la oportunidad de aprender más sobre el tema ya que su sitio estaba entre cuatro simples paredes, no gimnasios o recreaciones de ciudades.

—Unforeseen Simulation Joint, un campo de entrenamiento especializado en desastres ideado y dirigido por Trece—la respuesta vino de Snipe, atareado con un considerable montón de documentos.

— ¡Así es! Allí los alumnos pueden aprender a desenvolverse en distintos tipos de entornos y situaciones con víctimas de por medio. Como héroe entregado al rescate, es mi deber ayudarlos a desarrollar el conjunto de habilidades necesarias para desenvolverse en esos casos.

Akira admiró la pasión con la que Trece hablaba de su trabajo: amar lo que uno hacía era parte de las claves del éxito. Y la dedicación o interés de los más jóvenes sería mucho mayor si todos los profesores fuesen así de entregados. Escribía anotaciones rápidas en su hoja, fijándose en la pizarra, cuando notó un cambio de actitud en Trece. Por su lenguaje corporal, supuso que debatía sobre si decir algo concreto o no.

— ¿Eres familiar de Heart Rate, es decir Takashi Izumi, por casualidad? Es un apellido común, aun así…

¿Por qué entonces, de todos los Izumi en el mundo, preguntaba precisamente por él?

Sintió su mano dominante engarrotarse, haciéndola su foco de control para mantenerse calmada.

—Soy su hija, en efecto.

—Él fue una de mis inspiraciones a la hora de escoger qué tipo de héroe quería ser. Hizo una gran labor tanto aquí como en Estados Unidos, es difícil encontrar hoy día a alguien tan altruista.

Ella asintió, distraída. Empezó a recolocarse una y otra vez el flequillo, por muy en su sitio que estuviese.

—Tengo entendido que tienes un título en primeros auxilios, ¿no?

—Ah, eso lo saqué hace ya varios años, mi mentor de la época me obligó después de ver que no tenía ni idea. Hoy día es una de las cosas que más me alegro de haber hecho: se salvan muchas vidas con sencillos procedimientos.

Trece le observó, en secreto regocijo de que alguien de su generación lo comprendiese: se había normalizado el ser héroe por dinero o fama, por desgracia, perdiendo muchos de los valores sobre la que ese oficio se había cimentado. Cambió su peso de un pie a otro, sopesando de nuevo si seguir adelante.

—Dime, ¿te gustaría venir a las prácticas que haremos con los de primer año? Creo que tanto eso como tu conocimiento en psicología serán útiles en la experiencia, es difícil supervisar a veinte adolescentes al mismo tiempo sin dejar cabos sueltos. Quiero que se marchen habiendo aprendido lo máximo posible. Claro, si tienes un hueco. Serían las horas después del almuerzo.

Desconocía si lo hacía porque admiraba a su padre y lo proyectaba en ella o si en verdad creía que sus habilidades serían útiles. Pero definitivamente, quería dar un paso más en la enseñanza, no solo estar limitada a sentarse y explicar textos o realizar actividades, además era una buena oportunidad para forjar lazos con los alumnos…

—Estaría encantada, espero que no te suponga un problema.

— ¡Para nada! All Might y Aizawa se alegrarán de que estés allí.

Akira tenía sus reservas sobre eso. Las últimas horas del sábado eran difusas, y estuvo durmiendo durante un día entero después de eso, sumado a una terrible resaca. Solo sabía que Aizawa le evitaba aún más y si coincidían, le dedicaba una breve mirada críptica antes de volver a ignorarla. Por otra parte, All Might no lograba formular dos frases antes de echar a correr o volverse un manojo de nervios, lo cual era especialmente frustrante si, por ejemplo, estaba pidiéndole que le alcanzara el taco de folios del altillo y él procedía a hacerlos llover.


—Con nosotros tres es más que suficiente.

—Aizawa, compañero, creo que no es necesario ser tan brusco. La joven Izumi se merece una oportunidad, tú mismo dijiste que antes de halagarla esperásemos a ver cómo era—acotó All Might, la ironía de hacer de voz de la razón con el hombre que se regía por ella.

Aizawa se cruzó de brazos una vez estuvo cara a cara con el mayor, alzando la vista de un modo que resultaba, por naturaleza, intimidante.

—Asegúrame entonces que ni tú ni ella os distraeréis, que no estaréis interfiriendo el uno con el otro y descuidando lo que importa, que es la clase, por ese absurdo juego que os traéis. Mírame a los ojos y dímelo—le desafió; aun con intenciones honestas, Toshinori solo pudo intentar digerir la acidez de sus palabras.

Por muy grande que fuese su corazón o dura la armadura que construyó a su alrededor con los años, había una cosa que no era capaz de tolerar: que cuestionaran sus prioridades y cuánto se sacrificaba por ellas. Y era tanto su mayor virtud como su peor defecto.

—Estás muy equivocado, Eraserhead. Tengo muy claro qué es lo que debo hacer, puede que aún esté aprendiendo las formas, pero nadie ni nada se va a interponer en ello—apretó los puños, haciendo una declaración de intenciones que pondría punto y final al tema.

El moreno entrecerró los ojos, todavía fijos en los de All Might. Veía un brillante orgullo en medio de esa oscuridad, al igual que la pequeña brecha donde escondía su verdadera esencia, la misma que llevaba enterrando desde que se puso la capa.

—Eso espero, porque por muy amigo que seas del director, por muchos títulos que te cuelgues, aquí lo que cuenta es tu rol como profesor—indicó, retrocediendo mientras relajaba su postura y la mirada regresaba al suelo de la sala de descanso. —Asylum vendrá, si es lo que queréis, adelante.

Trece había sido un mero espectador en la pequeña trifulca, en total ignorancia del origen de las acusaciones de Aizawa. Increpaba a All Might por mezclar sentimientos con trabajo, sin embargo, notaba algo más complejo en la crudeza de Aizawa respecto a Akira Izumi.


La mañana siguiente, el autobús ya les esperaba en un camino franqueado por árboles y apartado del edificio principal, zona que solo había visto de lejos.

Apretó el paso para alcanzarlos antes de que entrasen en el vehículo, Aizawa cerrando la fila y sosteniendo su teléfono ante él con el reloj puesto. Su expresión usual, además de cansancio, gritaba "date prisa". Akira resopló una vez estuvo a su altura, y los alumnos que aún estaban fuera se giraron para curiosear.

—Dame un respiro, ¿quieres? He tenido que cambiarme.

Aizawa le miró de arriba abajo, metiendo su teléfono en uno de los bolsillos.

—Ya si quieres poso o me doy la vuelta para que me veas en todo mi esplendor—bromeó Akira.

Arrugó la nariz y juntó las cejas, contrariado. ¿Se suponía que eso era su traje de heroína? Poca diferencia encontraba con cualquier otro conjunto de civil. Se trataba de una chaqueta corta negra de cuero, pantalones ceñidos del mismo color y material, y lo que podría ser una camiseta o un body sin mangas morado de cuello alto. Las pulseras anchas de metal estaban fijas como siempre en sus muñecas; el peinado seguía siendo su moño, tan solo adornado por un par de palillos para el pelo plateados.

Por una vez, reservó su opinión para sí mismo y dio media vuelta, apremiando a los que quedaban a darse prisa.

—Es simple pero práctico, supongo—comentó Kaminari.

— ¿A quién mierda le importa? Pasad de una puta vez, sois tan lentos como idiotas.

—Bakugou, ¿por qué será que cada vez que me voy a dirigir a ti es para pedirte que hables bien? Ni un insulto más a tus compañeros o tendremos una larga charla con té. ¿Quieres eso?—Akira le puso una mano en el hombro, manteniendo el tono calmado y amistoso.

Si Izuku hubiese visto a su enemigo eterno refunfuñar, disgustado con que le regañasen en vez de alabarle o ignorar sus fechorías, y obedecer a regañadientes, derramaría una lágrima de júbilo, sin un ápice de maldad. Aunque empezó el curso creyendo que Eraserhead iba a pisotearles y aplastar sus ánimos, con las "trampas lógicas" como él las llamaba, fue la primera persona en evitar que Katsuki Bakugou se saliese con la suya, que se abalanzase lleno de rabia contra él y le hiciese daño una vez más. Tan solo por eso, su respeto hacia el héroe borrador subió considerablemente, demostrando que podría no ser tan desalmado.

Midoriya nadaba en sus reflexiones cuando sus compañeros empezaron a darle conversación.

Entre tanto, la plática de profesor a profesor murió rápidamente, tras intercambiar un par de frases. Akira le había preguntado por All Might, lo cual no le sorprendió en absoluto, y se limitó a contestar que ya se reuniría allí con ellos, para después seguir durmiendo. Cada uno se hallaba en una esquina de la primera fila de asientos. Pudo sobrellevar el silencio, no echarle un vistazo a la enorme brecha que les separaba, los primeros diez minutos. Y ya iba a volverse loca. Dio una ojeada a los alumnos, contenta de verles llevándose bien o por lo menos intentándolo, antes de ponerse en pie y decidirse a saltar el abismo.

Al no haber dónde ponerse, se escurrió contra lo que separaba las escaleras del resto del autobús, sentándose en el suelo frente a él. Estiró una mano, sosteniéndola insegura en el aire. Acabó dando un pequeño tirón de su pernera para captar su atención.

Aizawa gruñó, abriendo un solo ojo para inspeccionarla con cara de pocos amigos.

— ¿Hice algo malo?—susurró Akira, sin soltar la tela. —A ti, a All Might.

— ¿De qué hablas, Asylum? Este no es el momento ni el lugar.

—Sí, es cierto… perdona que te haya molestado, Eraser—Akira hizo el amago de levantarse en vano.

Él, que ya estaba medio encorvado de antes, se inclinó un poco más hacia ella, clavándola en el sitio de una sola mirada.

—No vengas a mí comportándote como una niña en busca de aprobación, Izumi, porque no es la mía la que necesitas. Ni la de nadie. Solo la tuya, porque eres una mujer hecha y derecha, dueña de su cuerpo y sus pensamientos, una figura en la que los jóvenes se fijan ahora y en quien buscan un reflejo de sí mismos. Así que piensa en qué le ofrecerás a ellos. La próxima vez que tenga que darte un sermón sobre esto te colgaré bocabajo de la ventana de la clase, a ver si así te entra en la cabeza. ¿Entendido?

Akira descubrió cuán contundente podía ser Shouta Aizawa hablando apenas en un hilillo de voz, tan manso y franco que le asustaba. Ya no le repelía por su rudeza, por no caerle bien; temía encontrar verdades que no sabría si sería capaz de admitir en su lengua afilada y su visión lógica del mundo. Tuvo que apartar el rostro, con un principio de sonrisa por el castigo que se le había ocurrido y las palabras de aliento. Aizawa se apoyó en el respaldo suspirando, devolviéndole su espacio vital.

—Ese ha sido el mensaje pasivo-agresivo más bonito que me han dedicado—dijo ella, apoyándose en la barra metálica para incorporarse. —Gracias por eso, y por dejarme en casa el sábado…

—Pesas menos de lo que parece, fue fácil subirte a tu apartamento, encontrar la llave que lo abre no tanto.

Akira se detuvo a mirarlo sorprendida. Le dio un puñetazo suave en el hombro haciendo un puchero, ignorando su sonrisa burlona de oreja a oreja. Ocultó su rubor al usar su flequillo como velo.

Quiero ver más a este Aizawa.

Llegaron los chillidos de Bakugou, coincidiendo con la aparición de un ya conocido paisaje para Aizawa. El autobús ralentizó su marcha, el tutor se puso junto a Akira dando el anuncio que llevaban esperando toda la mañana:

—Hemos llegado.


Akira parecía una alumna más, contemplando maravillada la enorme cúpula. Trece los recibió en la entrada, invitándoles a seguirle. Uraraka daba saltitos detrás de él, manifestando cuanto le gustaba. Aunque el resto no lo verbalizase, coincidían con ella.

El interior terminó por cautivarla y se sumó a abrir la boca cual pez fuera del agua y tratar de asimilar lo que veía. Era sencillamente gigantesco. Parecía ser mágico, pues todos pensaron lo mismo: lucía como la Universal Studios Japan, y Akira se echó a reír al ver sus reacciones descubriendo que ambas eran USJ.

Trece les explicó lo mismo que a ella el día anterior, ampliándolo con las distintas zonas que conformaban el complejo: incendios, naufragio y tormenta en el hemisferio derecho, y derrumbes, ruinas y montaña en el izquierdo. La plaza central conectaba la que servía de entrada y salida con las áreas de simulación, disponiendo de una fuente y bancos para sentarse. Akira se mareó de solo atisbar las escaleras. Bajarlas era fácil, subirlas no tanto.

—La única forma de que baje eso en menos de un día es haciendo la croqueta—murmulló Mineta.

Fue la primera y solitaria vez que además de estar de acuerdo con él, le hizo reír.

Se había abstraído deleitándose con las vistas y admirando el trabajo de Trece, perdiéndose el secreto intercambio entre él y Aizawa. Al verle irritado, diciendo algo sobre irracionalidad, se acercó para preguntarle mientras Trece hablaba a los alumnos.

— ¿Algún problema?

—All Might ha trabajado de más. No podrá venir, aun así nos las apañaremos sin él.

—Oh, vaya, qué mal. Bueno, su ausencia hoy no es el fin del mundo, siempre y cuando él se encuentre bien. ¡Nosotros somos más que capaces de hacernos cargo!—exclamó Akira, poniendo los brazos en jarras y esbozando una radiante sonrisa.

De todas las reacciones que esperaba de ella, esa era la última. Ha salido de la burbuja.

Iba a responderle cuando sucedió.

Una nube negra apareció en la plaza y se agrandó, serpenteando y clamando el espacio como suyo. Aizawa dio un giro brusco hacia ella, y Akira se quedó petrificada.

Aquello no podía estar pasando.

La mano que sea abrió paso por el portal iba acompañada por el rostro de lo que solo podía calificarse como el horror hecho persona.

— ¡Júntense y no se muevan!—la orden de Eraserhead fue alta y clara, dirigiéndose a sus alumnos. — ¡Trece, Asylum, proteged a los estudiantes!

Ellos seguían sin comprender qué sucedía, en su bendita inocencia, no lo vieron o creyeron que era parte de la práctica. Cuando se percataron y el miedo se propagó, Akira fue capaz de reaccionar al fin, poniéndose delante de ellos junto a Trece.

— ¡No se muevan! Esos son villanos—advirtió Aizawa, colocándose sus gafas amarillas, su labio torcido en una mueca de rabia.

Salían y salían sin parar de la neblina oscura. Algunos matones, otros villanos histriónicos. Los que le preocupaban eran los del centro, el que apareció primero y una enorme bestia azulada que tenía el cerebro y la dentadura expuestos. Nunca había visto algo semejante.

—Trece y Eraserhead, ¿eh? La planificación de profesores que recibimos el otro día… decía que All Might se suponía que iba a estar aquí—la voz ronca y gutural del que supuso el líder llegó hasta ellos. —No decía nada de una mujer, tampoco.

Akira frunció el ceño, mirando desesperada a sus compañeros.

—El traspaso del otro día fue trabajo de estas escorias después de todo—dijo Aizawa, reajustándose las gafas.

Oh, dios, cuando los periodistas se colaron en el colegio… Ellos destrozaron el sistema de seguridad de la puerta principal y consiguieron infiltrarse entre el caos. Tenían esto planeado.

— ¿Dónde está? Pasé problemas para traer a todos estos tipos aquí…—el villano insistió, manteniéndose en su posición. Sus lacayos avanzaron, y él abrió los brazos, su abominación y la persona-portal quietos a sus lados. —All Might, el Símbolo de la Paz, ¿y no está aquí? Me pregunto si vendrá si matamos a algunos chicos.

Sobraban las palabras. Eraserhead no necesitó mayor señal para ponerse en estado de alerta, su arma capturadora flotando alto en el aire, lista para ser usada.

—Contra lo que los héroes profesionales luchan y a lo que se enfrentan… es… extremadamente malvado.

Trece y Akira tenían los brazos extendidos, advirtiendo a los niños de no dar un paso más y creando una barrera que de poco serviría. Midoriya temblaba a su espalda, y el malestar que subió por la garganta de Akira era igual a la determinación a hacer lo que fuese para mantenerlos a salvo.

La negación era lo primero que uno experimentaba en esos casos, como bien sabía Akira, pero por desgracia era muy real.

—Sensei, ¿qué hay de los sensores de traspaso?—preguntó Yaoyorozu, abriéndose paso entre sus compañeros.

—Los tenemos, por supuesto, pero…

— ¿Solo aparecen aquí o alrededor de toda la escuela?—intervino Todoroki. —De todas formas, si los sensores no funcionan, significa que tienen a alguien con un Quirk que puede hacer eso. Un área aislada y separada del campo principal, en el momento donde se suponía que iba a comenzar. Pueden ser tontos, pero no idiotas. El ataque sorpresa fue planeado con algún tipo de objetivo en mente.

Hubo sorpresa y generalización del miedo con la afirmación de Todoroki. Akira valoraba su mente fría y su temple, pero oír eso en voz alta le aterrorizó tanto como al resto.

—Trece, comienza la evacuación. Estos villanos tienen a alguien que contrarresta los sensores. Puede ser que alguien con un tipo de poder radio-onda esté interfiriendo. Kaminari, trata de contactar con la escuela con tu Quirk.

— ¡Sí, señor!

— ¿Y usted?—inquirió Midoriya, unas gotas de sudor frío recorriéndole el rostro. — ¿Luchará por su cuenta? Con esa cantidad, aun si puede eliminar sus Quirks, su estilo de lucha es capturar una vez borra esas individualidades. Una batalla de frente es…—hundió los hombros, sin atreverse a acabar la frase.

—No puedes ser un héroe con solo un truco—respondió. Echó la vista hacia atrás, paseándola de Trece a Akira. —Os lo dejo a vosotros.

Y saltó, directo a la boca del lobo.

La impotencia de Akira solo creció, por no poder suplicarle que se detuviera, la incertidumbre azotándola con la creencia de que podría ser la última vez que vieran a Eraserhead con vida. Iba a sacrificarse, ir él solo a por decenas de villanos, para que ellos pudiesen escapar, para que sus alumnos no tuviesen que poner sus vidas en riesgo.

Trece los dirigía a la salida e Iida, como delegado, ayudó a movilizarlos. El pasillo parecía infinito desde allí. Y ella solo pudo dar dos pasos, enjugándose las lágrimas, antes de volver a pararse.

— ¿Señorita Izumi? Tenemos que avanzar—Midoriya le habló, sujetándola por el codo.

—Asylum—Trece volteó para mirarla, y en sus ojos lilas encontró un fuego que no podía apagarse. —Puedo encargarme de ellos.

Akira le estrujó el antebrazo a Midoriya, sonriéndole.

—Vamos, tienes que marcharte, jovencito—dijo.

Le apartó de ella y echó a correr en dirección contraria.

— ¡Espere! ¿¡Qué está haciendo!?

Akira ya estaba demasiado lejos, descendiendo las escaleras; y ella que se hacía la misma pregunta, la poca razón que le quedaba, contestó:

—Ser un héroe.


¿Sabéis eso que os quedáis hasta las tres y media de la mañana escribiendo para poder actualizar, pero la página decide no funcionar y ni siquiera dejar subir el documento? Esa era yo anoche maldiciendo al señor , con los ojos inyectados en sangre y dispuesta a pegarle un puñetazo a alguien :)

Ha sido un capítulo de transición, pero creo que han pasado un par de cositas interesantes. Lo realmente intenso viene en los siguientes *insertar risa malvada*

En la página de Facebook podéis ver una imagen del traje de Akira, primero lo boceto y después uso un maravilloso juego de dress-up la mar de versátil para visualizarlo xDD

El capítulo anterior se me olvidó comentarlo, pero Akira hizo su primera aparición en el último cap de Legacy, y si no la estáis leyendo, de verdad que recomiendo que lo hagáis ya no solo por la conexión con mi fic, es una joyita que no os podéis perder.

Gracias por leer y comentar, con cada review que veo escribo un poco más rápido y realmente me anima mucho ver que le dáis amor a Akira y al fic en general. Lloré un poco al ver que ya habíamos pasado las 200 lecturas :'D

¡Un gran abrazo y nos vemos en el siguiente cap!