¡Hola a todos! :D
Hace ya mucho tiempo que dejé esta historia inconclusa, pero hace unos días me acordé de ella y recordé que había prometido hacer un epílogo de la misma. Siento haber tardado tanto pero la verdad es que cuando empecé a escribirlo me vino otra de idea para un nuevo fic y.. me olvidé de este jeje =P
Pero ya he encontrado la inspiración para terminar con esta historia de manera definitiva, así que espero que la espera os haya merecido la pena y deseo de corazón que sea de vuestro agrado. Ahora sin más dilación, os dejo en paz para que comencéis con la lectura ;)
Los personajes de esta historia no me pertenecen, son obra de Kishimoto.
Cuatro años después...
Allí estaban de vuelta, en el lugar donde todo ocurrió. Donde se conocieron, donde sus vidas cambiaron para siempre. Hinata Hyuga miraba hacia el bosque donde conoció al que ahora era su prometido y con el que se casaría en apenas dos meses. Pareciera haber pasado toda una eternidad desde que había dejado de ser un ente maldito, condenado a vagar por la tierra guiando las ánimas de aquellos que no cruzaron al otro lado en su debido momento. Si bien dicha condena fue voluntaria. La joven suspiró, cerró la ventana y se dirigió hacia la sala de estar. Allí estaban tanto su prometido, Sasuke Uchiha, como sus dos mejores amigos: Sakura Haruno y Naruto Uzumaki, los cuales también se iban a casar en breve.
En esa ocasión tan solo se hallaban ellos cuatro en la casa de Takamatsu, conmemorando el día en que por fin Hinata se libró de su maldición cuatro años atrás. Esa era la noche de Halloween, o Samhain, sin embargo ninguno de ellos estaba disfrazado. Si bien es cierto que Naruto intentó convencerles con ahínco para hacer al menos una pequeña fiesta, pero gracias a la persuasión de Sakura consiguieron que desistiera en el asunto. Era una conmemoración importante para todos y no querían frivolidades. La chimenea de la sala estaba encendida, por lo que el lugar tenía un ambiente cálido muy agradable, especialmente considerando el frío que hacía en el exterior. Hinata recordó en ese momento que mientras fue la guía de la Santa Compaña, jamás volvió a sentir ni la temperatura del ambiente. La verdad es que se sentía muy agradecida, pues había olvidado lo bien que se sentía incluso en momentos como aquel. Era increíble que algo tan simple la hiciera sentirse dichosa. Se sentó en el sofá, frente a la chimenea, junto a su prometido el cual pasó un brazo alrededor de su cintura nada más se acomodó junto a él.
-Parece increíble que ya hayan pasado cuatro años...- comentó con voz nostálgica.
-Lo que parece increíble es que el plan de Sasuke-baka diera resultado.- replicó Naruto con su típica sonrisa.
-¡Cierra el pico baka!- gritó Sakura mientras le daba un fuerte golpe en la cabeza.
-¡AY! Eso dolió Sakura-chan...- repuso éste con voz lastimosa y lágrimas de cocodrilo.
-Te lo has ganado a pulso dobe.- puntualizó Sasuke con expresión aburrida, pues estaba más que acostumbrado a los arrebatos de ambos.
Hinata alzó una mano hasta sus labios con intención de contener el ataque de risa que estaba por iniciarse. No pudo evitar que una tímida sonrisa se instalara en su rostro sin embargo. Le encantaba ver esa conexión que existía entre todos los miembros del grupo, el cómo parecían completarse y complementarse unos a otros de una manera tan natural. En verdad era difícil que pudiera sentirse más dichosa de lo que ya estaba. Tras unos instantes de discusión, Naruto dejó sus gritos por la amable "petición" de su prometida, la cual había alzado en puño y cuyos ojos echaban chispas... literalmente.
-Sigo sin entender cómo pudiste hacerte amiga de esos dos con el carácter que tienen.- le comentó entonces Sasuke a Hinata. Ella bajó la mirada, apenada.
-Las cosas eran distintas entonces.- comentó con un hilo de voz- Ellos nunca pudieron mostrarme su verdadera forma de ser debido a su condición de "inferiores".
-Sí, eso es cierto.- asintió Sakura bajando también sus ojos, recordando su vida pasada como doncella de Hinata- Yo debía llevar constantemente una máscara, al igual que Naruto, porque ninguno de nosotros dejaba de ser unos campesinos entre nobles.
-Y créenos que nunca nos dejaron olvidar cuál era nuestro lugar.- añadió Naruto.
-Sin embargo, Hinata se quiso casar contigo por muy campesino que fueras.- puntualizó el moreno.
-En efecto,- dijo el Uzumaki- pero no sin muchas trabas y, aun cuando consiguió el consentimiento de su padre, no fui aceptado por la familia Hyuga. Solo que, al casarnos, algunos me... toleraban.
-Lo que nunca me hubiese imaginado- dijo Sakura, cambiando rauda ese desagradable tema, mirando a Hinata- es que Sasuke-kun sea el descendiente, y reencarnación, de la persona con la que tu padre te quiso casar.
Era cierto. Descubrieron esto poco después de que hubiese pasado un año de la liberación de Hinata. Aunque ya no era la guía de la Santa Compaña, después de haber pasado dos siglos ejerciendo esa labor los poderes adquiridos por Hinata se habían vuelto permanentes, así como los efectos de los mismos sobre aquellos con los que era especialmente cercana. Por ese motivo Sasuke había comenzado al año a mostrar signos de estar desarrollando poderes, al igual que ocurrió con Naruto y Sakura en su primera reencarnación. Y fue un día mientras Sasuke comenzaba a probar esos adquiridos nuevos poderes que, por accidente, todos se vieron envueltos como en una especie de ilusión. Lo que ocurrió fue que los tres amigos miraron alarmados a Sasuke al volverse los ojos de éste de color rojo con aspas negras. Al mirarle a los ojos, las aspas comenzaron a girar y fueron llevados sin quererlo a una ilusión creada por el inconsciente del Uchiha.
Aunque no era realmente una ilusión sino un recuerdo de su vida pasada, la cual coincidió con la de los otros tres jóvenes. Resultó que era el hijo menor (y heredero tras la muerte de su hermano mayor a manos de unos bandidos) de una acomodada familia feudal, al igual que Hinata. Ambos se conocían desde niños y él, en su inocencia, le declaró a Hinata que quería que fuese su esposa cuando fuesen mayores; a lo que ella, también en su inocencia infantil, aceptó sonriendo feliz. Pasados los años la joven de ojos perlados olvidó ese "compromiso" de niños, pero no fue olvidado por el joven de oscuros cabellos. Ese fue el motivo por el cual, cuando se enteró del rechazo por parte de su "amor de la infancia", se puso furioso y especialmente porque lo rechazaba por un campesino nada menos. Eso provocó un cambio drástico en su forma de ser, generando a su vez un profundo resentimiento y odio contra todo el clan Hyuga. Pasados los años cuando se enteró por el líder de los Hyuga, Hiashi, que su nuero y una sirvienta habían estado conspirando contra ellos desde dentro no pudo resistir la tentación de "ayudar".
La historia que Hiashi le contó acerca del complot le parecía una auténtica estupidez, no le creyó ni una palabra pero eso le daba igual. Al fin podría dar rienda suelta a todo el odio que llevaba acumulando desde que Hinata se casara con ese campesino. Por lo que se ofreció con presteza a hacerles confesar sus "crímenes". Se ensañó con Naruto todo lo que quiso y más, a la mujer ni la tocó pues le era indiferente, pero a él... le hizo pasar por un auténtico infierno. Le practicó todas las torturas imaginables durante el periodo en que estuvieron retenidos en los calabozos de la mansión Hyuga. Disfrutó con cada grito que él profería, cada vez que veía su sangre derramada por el suelo se sentía dichoso y sabía que estaba haciendo bien su labor cada vez que oía los suplicantes ruegos de la mujer para que dejara de lastimarlo. No le importó ni tan siquiera cuando dijo que confesaría lo que ellos quisieran. Tuvo que ser el primo de Hinata, Neji, quien lo detuviera en su intento de seguir torturándolo. Estuvo en primera fila el día de la ejecución de ambos y disfrutó de la humillación que recibió antes y después de su muerte, de hecho fue él quien gritó que los despojaran de sus ropas con plena intención de despojarle de toda dignidad.
Y se relamió de gusto cuando se dictaminó que se les arrojaría al bosque sin ofrecerles un entierro, como si fuesen basura, para que su carne sirviera de comida a los animales.
Aunque, lo que más le satisfizo de todo el asunto, era que al fin obtendría a la mujer que deseaba. Su esposa, llamada Karin, acababa de fallecer mientras daba a luz de manera prematura a su primogénito, el cual nació muerto. La muerte de su esposa no le entristecía lo más mínimo, a decir verdad nunca la soportó, pero le molestaba el hecho de que su hijo hubiese muerto. Claro que considerando que pronto tendría una nueva esposa, ya se encargaría de tener junto a ella un linaje que sí consideraba digno de su persona. Pero, para su desgracia, cuando fue se enteró de la desaparición de la muchacha, la parte más oscura de su alma cobró forma pues estaba convencido de que ésta se habría escapado al enterarse de la muerte de su amado campesino, y que habría ido a algún acantilado para desde allí lanzarse al vacío y así no ser jamás encontrada. No sabía cuan alejado estaba de la realidad.
Sin embargo, como desconocía el verdadero motivo de la desaparición de su amada, el odio que sentía hacia su clan no hizo sino aumentar. Tras meses de búsqueda infructuosa, se la dio por muerta y eso aumentó sus deseos de castigar sus interminables ofensas. Por eso cuando Hiashi, en compensación, le ofreció a su hija menor no dudó un segundo en aceptar para así cobrar su tan ansiada venganza por los agravios que Hinata le había hecho. No hizo nada fuera de lo común mientras el líder Hyuga vivía pero el día de su muerte... fue el inicio del fin para el clan Hyuga. En ese instante la familia del antepasado de Sasuke tomó el control de la mansión e hizo que tanto la hermana de Hinata, Hanabi, como sus hijos dejaran de tener el apellido Hyuga, lo cual era parte del contrato prematrimonial, para tener el de él. Aunque Hanabi les hizo frente con valentía, cedió en cuanto amenazó a sus propios hijos a quienes ni quería ni le importaban, pues no eran de quien él siempre quiso. Progresivamente, su familia empezó a hacerse con el control de todo lo que perteneció a los Hyuga durante siglos. El dinero y pertenencias eran malgastados con el consentimiento a regañadientes de Hanabi. Muchos de los miembros del clan Hyuga que fueron asesinados junto con sus familias al hacerles frente a la familia del antepasado de Sasuke, tal y como sucedió con el amado primo de Hinata. De hecho, en estos momentos, Hinata era la única Hyuga que quedaba con vida pues su clan degeneró en otro que le tomó el relevo:
El clan Uchiha.
Cuando todos "salieron" de esa ilusión creada por los nuevos poderes de Sasuke, se quedaron pálidos de pavor. Hasta el propio Sasuke, quien siempre había destacado por mantener la mente fría en cualquier situación, no se encontraba del todo bien y menos cuando fue recuperando poco a poco todos sus recuerdos. Jamás hubiese pensado que pudiera llegar a tener una vena tan macabra ni que fuera capaz de cometer actos semejantes. El Uchiha nunca había tenido que enfrentarse a esa clase de sentimientos por suerte. Le corroía un horror por los terribles actos que cometió que no podía expresarse con palabras. Pero estaba sobre todo horrorizado por los pensamientos que tuvo en esa vida pasada, pues también fue recordando con claridad cada detalle de esa vida, incluyendo lo que pensaba a cada momento. El joven se preguntaba hasta qué punto se parecería a ese antepasado, del cual también era la reencarnación, y si podría llegar a ser capaz de llegar a cometer actos como los que ahora vislumbraba con claridad en sus recuerdos como si hubiesen ocurrido el día anterior. "Eran otros tiempos.", le dijo en tono dulce y consolador Hinata una noche, "Actuó como un hombre de su época. No te preocupes por eso, amor mío. Yo sé lo que hay en tu alma.". Pero no le supuso demasiado consuelo.
Por suerte, con el tiempo, llegó a aceptarlo como parte de lo que él era y se sobrepuso a esa incertidumbre que durante meses le acechó tras recobrar sus recuerdos. Si bien era cierto que tendía a no recordar nada de esa vida.
Sasuke esbozó una media sonrisa ante lo irónico de la situación. Había recordado todas sus vidas hasta desde ese incidente hasta la actual, y en todas se había sentido como un desgraciado. Como si algo le faltase. Y ahora sabía qué era ese algo. ¿Quién le hubiera dicho que era precisamente él con quien Hinata estaba destinada a casarse? Si hubiese hecho lo que su padre esperaba de ella, ambos habrían encontrado a su alma gemela, lo que habría evitado la terrible muerte de los jóvenes que estaban sentados junto a ellos en ese sofá y ella no habría estado maldita por dos siglos. El destino solía urdir unas jugarretas de lo más insólitas muchas veces.
-Sí,- dijo al fin Sasuke tras unos instantes de silencio, en los cuales estuvo rememorando todos esos acontecimientos pasados- es algo que nunca me hubiese esperado.
-Ni yo tampoco.- respondió con suavidad y sonriendo la Hyuga.
-La verdad es una situación de lo más curiosa, si lo pensáis bien.- comentó Naruto con su sonrisa zorruna- Solo imagina la escena Hinata: si hubieras hecho caso a tu padre y te hubieras casado con Sasuke-baka, habrías tenido una vida feliz a su lado a pesar de que fuese un matrimonio concertado porque, al fin y al cabo, ambos sois almas gemelas.
-Es cierto. Si tan solo hubiese hecho caso a mi padre vosotros no habríais...- empezó a decir Hinata, pero no pudo continuar porque se le quebró la voz.
A pesar de que aquel resentimiento hacia su persona había desaparecido, a veces reaparecía provocando que se entristeciera inevitablemente. En más de una ocasión se había despertado entre gritos y llanto durante la noche, aquejada por terribles pesadillas. Durante su época como guía de la Santa Compaña había sido capaz de mantener más fácilmente controlados todos esos horribles recuerdos, pues no precisaba dormir y podía mantener ocupada su mente con cualquier otro pensamiento. Pero al volver a ser una humana se encontró con que carecía de control al irse a dormir, su inconsciente se adueñaba de su mente haciéndole revivir esos insoportables y angustiosos recuerdos. Para el momento ya casi había dejado de tener esos sueños, pero había costado mucho llegar al punto en que ahora se encontraba. Por suerte contaba con el incondicional apoyo de esas tres personas que ahora se sentaban a su lado, lo que le hizo ir superando poco a poco el pasado. Aunque sabía que éste seguía ahí y nunca se iría.
-No pienses en ello Hinata.- le dijo Sasuke en tono tranquilo, pasando un brazo por los hombros de la muchacha y acercándola a su persona.
-¡Eso es!- gritó Naruto eufórico, alzando los brazos hacia arriba como si estuviera de celebración- Piensa que ahora tenemos muchos motivos para ser felices.
En ese momento, Hinata miró a Sakura con una dulce sonrisa y ésta al percatarse le dedicó una mirada cómplice. Este gesto no pasó desapercibido para cierto joven de cabellos azabaches, lo cual no se podía aplicar a su rubio amigo. Aunque su fachada parecía inalterable, se preguntaba cuánto tiempo podría ocultar sus sospechas de que ambas mujeres andaban tramando algo. Hacía un par de semanas que había comenzado a notar comportamientos extraños en ambas. Andaban cuchicheando y riendo como si fueran dos quinceañeras, se iban de compras cada dos por tres y jamás les permitían ver qué habían comprado. Y como eso muchos otros detalles más. Como el hecho de que encontrara montones y montones de revistas de decoración. Al principio pensó que se debía a las casas que acababan de comprar pero pronto apreció que debía de haber algo más que se le escapaba.
Sí, hacía ya tiempo que se habían ido a vivir juntos y ahora los cuatro iban a ser vecinos, aunque todavía no se hubieran trasladado a los que serían sus nuevos hogares. Todo el asunto empezó ocho meses atrás, como de costumbre por idea de Naruto y que fue rápidamente secundada por Hinata. Al final debido a que no quería oír más insistencias por parte de ninguno de los dos (pero especialmente porque Hinata le manifestó su plena intención sólo dormir con él), Sasuke aceptó y utilizó sus influencias para acelerar el proceso de papeleo para irse a las dos casas que entre los cuatro escogieron. Sasuke emitió un suspiro con solo recordarlo. Fue un proceso bastante duro y tedioso, que hizo que el Uchiha estuviera bastante irascible durante el periodo de búsqueda. Después de dos meses de búsquedas diarias del "lugar perfecto" (expresión constantemente usada por Naruto), llegaron a un barrio privado de reciente construcción que Sakura había sugerido en un desesperado intento de que a Naruto le gustara y dejara de molestarla con sus quejidos tras cada búsqueda infructuosa. Dicho barrio estaba compuesto por una serie de pequeñas villas con cierto terreno para jardín, varios solares comunitarios (con piscinas, centros recreativos, etc.) y un amplio parque propio que contaba con zonas de juego y para hacer barbacoas. "Sería un lugar ideal para criar niños.", comentó por lo bajo Hinata sonriendo tras ver las instalaciones, por lo que Sasuke salió de dudas y las dos jóvenes parejas adquirieron dos casas contiguas cerca del parque del barrio.
Repentinamente, Hinata y Sakura se levantaron sacando a Sasuke de esos recientes recuerdos y sorprendiendo al despistado Uzumaki. Las dos miraron a sus respectivos prometidos con una sonrisa, satisfechas por sus reacciones. Sasuke tenía una mirada seria e inexpresiva como era habitual en él, pero Hinata sabía que por dentro se estaba devanando los sesos por averiguar qué pasaba; mientras que Naruto las miraba con clara confusión. Se miraron intentando contenerse lo más posible y después miraron a los dos jóvenes de nuevo.
-Esperad un momento. Tenemos una sorpresa.- dijeron ambas al unísono, como si lo hubieran estado ensayando y salieron de la sala de estar a toda prisa, todavía con esas sonrisas cómplices en sus rostros.
-¿Sabes de qué va todo esto, baka?- preguntó Naruto sin comprender una vez se fueron.
Sasuke no respondió. Se limitó a encogerse de hombros como restándole importancia al asunto, aunque interiormente se sentía tan confuso y expectante como su rubio amigo. Cada segundo de espera se les hacía eterno, las oían en el piso superior corriendo de un lado a otro y preguntándose qué estarían haciendo. Pasados cinco minutos de continuas carreras, ambos muchachos estaban que casi se subían por las paredes, de hecho Naruto lo estaba haciendo literalmente, mientras que Sasuke seguía sentado en el sofá aparentando una tranquilidad que no sentía; e incluso habían llegado a distinguir por la fuerza de las pisadas quién estaba moviéndose de una habitación a la otra. De pronto las oyeron bajar por las escaleras. Naruto estaba paseando cerca de la chimenea cuando las dos mujeres entraron. Sus sonrisas cómplices seguían ahí y tenían las manos a la espalda, ocultando algo a la vista de ellos.
-Siéntate, por favor, Naruto. Tenemos algo que deciros.- le dijo Sakura a su prometido.
Con expresión nerviosa y sudando por la preocupación, Naruto hizo lo que le pedían y se sentó en el mismo lugar de antes. Sasuke, disimuladamente, tragó saliva y respiró profundamente para después mirar a su prometida expectante.
-Os escuchamos.- dijo con voz neutra el Uchiha, deseando internamente que acabasen ya con esa tensión.
-No sé si habréis notado que últimamente pasamos más tiempo del habitual las dos juntas.- comenzó a decir Sakura.
-Pues bien la razón es que estábamos pensando en cómo contaros una cosa.- continuó Hinata- La verdad es que estuvimos pensando cuál sería la mejor forma de hacerlo...
-... hasta que se nos ocurrió el modo de hacer esta sorpresa lo más especial posible.- la interrumpió Sakura. Miró a Hinata, ambas sonrieron.
-¡Y es éste!- dijeron eufóricas la unísono, mostrándoles lo que ocultaban a sus espaldas.
Las dos extendieron hacia sus prometidos dos grandes sobres de color marrón. Naruto, completamente confundido, las miró sin comprender. Sasuke por su parte, cogió el sobre que Hinata le entregaba con recelo. Tras unos instantes de cavilación Naruto hizo lo mismo que su amigo. Abrieron los dos sobres a la vez, sin embargo como el Uzumaki tenía el suyo algo inclinado se le cayeron algunos papeles. La sonrisa de Sakura se ensanchó, como si supiera que eso iba a pasar. Los dos amigos miraron al suelo y recogieron los papeles, que no eran sino páginas cortadas de revistas de decoración. Sasuke no iba a concederles la más mínima importancia hasta que se percató de que todos los recortes eran de cómo decorar una habitación en concreto...
-Parece que ya comienzas a comprender, Sasuke-kun.- comentó Sakura sin poder contener que su sonrisa se hiciera más amplia, si es que eso era posible.
-Mirad el sobre, por favor.- le urgió Hinata, pues Naruto acaba de darse cuenta de lo mismo que Sasuke y había abierto la boca debido a la sorpresa.
Sin más demora ambos sacaron el contenido de los sobres. Era un único elemento en cada uno, sin contar las hojas del sobre de Naruto claro. Era una especie de negativo enorme con varias imágenes que eran prácticamente idénticas. En cada una de ellas se veía claramente una especie de óvalo oscuro sobre el fondo blanquecino de la imagen.
-¿Esto es...?- comenzó a decir Naruto, pero se quedó sin habla. Sasuke no abrió la boca.
-Sí.- contesto Sakura, miró a Hinata y ambas dirigieron sus miradas a los dos anonadados jóvenes.
-Estáis embarazadas.- comentó Sasuke buscando una confirmación con la mirada, intentando mantener la expresión seria a pesar de la alegría que sentía en su pecho.
-¡Felicidades papás!- fue la respuesta conjunta que recibieron.
En ese momento, como accionado por un resorte, Naruto se levantó de un salto y corrió como un rayo para abrazar a su prometida, alzarla un poco y comenzar a dar vueltas eufórico, mientras que lloraba de felicidad y gritaba una y otra vez: "Te quiero Sakura-chan". La reacción de Sasuke, por el contrario, fue más calmada. Primero dejó en la mesita la ecografía y se alzó con tranquilidad del sofá. Luego esbozó una media sonrisa a su prometida, quien lo miraba con lágrimas de felicidad en los ojos, se encaminó lentamente hacia ella. Sin embargo, la joven de ojos perlados no podía contener su felicidad por más tiempo (ya bastante le había costado mantener el secreto todas esas semanas), así que echó a correr hacia el Uchiha que ya había abierto los brazos para recibirla, pues la conocía lo suficiente como para predecir su reacción. La abrazó con firmeza, pasando un brazo por su cintura y posando una de sus manos en su cabeza para acariciarla con suavidad.
-Justo cuando pensaba que no me podrías dar más,- le susurró suavemente Sasuke- me sorprendes con el mejor regalo que nunca hubiera podido imaginar.
-Soy tan feliz...- dijo ella con el rostro pegado a su fuerte pecho y cubierto por lágrimas de dicha- No te puedes imaginar lo duro que ha sido mantener el secreto, pero Sakura quería hacer de esto algo especial.
-Y lo ha sido.- le aseguró Sasuke besando su frente.
Sus rostros comenzaron a acercarse lentamente, mientras que sus ojos se fundían en los contrarios. Sus bocas estaban a apenas unos centímetros...
-¡NARUTO! ¡Para ahora mismo o te golpearé tan fuerte que estarás dolorido por un mes!- se oyó gritar a Sakura.
Sasuke y Hinata se giraron en ese momento para mirar a sus dos amigos, ella sorprendida y él con expresión hastiada. Al parecer Naruto había seguido dando vueltas a Sakura debido a la felicidad que sentían en cada fibra de su ser, pero tras dos minutos de vueltas continuas a la pelirrosa se le había ido la euforia para dar paso a un mareo preocupante. En ese instante, temeroso por lo que pudiera pasarle, el rubio Uzumaki dejó de dar vueltas y la dejó con suavidad en el suelo. Entonces comenzó a andar hacia el sofá para sentarse y que se le pasase el mareo.
Craso error.
Sakura se encontraba tan mareada que estuvo a punto de perder el equilibrio, si no llega a ser por la rapidez de Sasuke y Naruto, se habría acabado por estrellar contra el suelo. Los dos amigos la consiguieron sujetar antes de que eso sucediera. Naruto estaba pálido del terror solo de imaginar lo que le haría por dejarla en ese estado. Sin perder un instante, la cogió en brazos y la tumbó en el sofá. Sasuke alzó una ceja por la estupidez de su amigo. No podía creer que fuera tan patoso. Se acercó a la Hyuga, quien miraba a su amiga con expresión preocupada, y la agarró por la cintura para atraerla hacia sí.
-A ver si te aprendes a controlar, dobe.
-¡Cállate baka! Es que me he sentido tan feliz al enterarme...
-Al igual que yo.- dijo el Uchiha encogiéndose de hombros- Pero no por eso he dejado a mi prometida al borde del desvanecimiento.
-¡Pues por la cara que tienes parece que te dé igual!- gritó el rubio, señalando con el dedo a Sasuke en modo acusatorio.
-¡Déjate de tanto grito, idiota!- gritó entonces Sakura.
Seguidamente se alzó, dejando salir a su "yo demoníaco" como lo había nombrado sus amigos, y golpeando con fuerza a Naruto en la cabeza, ganándose un sonoro quejido por parte de éste. El joven de ojos celestes se llevó las manos a la cabeza mientras que se quejaba por el dolor del golpe. Sakura, por su parte, comenzó a sermonearle a gritos que dejara de gritar constantemente. Hinata se llevó las manos a los labios para intentar contener la risa, mientras que Sasuke cerró los ojos y puso la mano libre a la frente mientras que intentaba controlar la jaqueca que estaba por iniciarse. ¿Cómo podía ser que se hubiera hecho amigo de unos elementos tan ruidosos?
Sin pensarlo dos veces, el Uchiha hizo acopio de sus nuevos poderes y abrió los ojos. Tanto Naruto como Sakura se callaron en el instante en que vieron a su amigo con esos inquietantes ojos rojos. Al calmarse las aguas, los ojos de Sasuke recuperaron su color.
-Así está mejor.- dijo con la voz más calmada posible- Ahora dejad de gritar, me estáis produciendo dolor de cabeza.
-Lo sentimos.- dijeron los dos a la vez.
-Oíd, oíd...- farfulló Naruto tras unos segundos de silencio, sonriendo de oreja a oreja, era evidente que el arrepentimiento por la escena de antes no le había durado mucho- Sakura-chan... Hinata...- dijo eufórico mirando a una y a otra alternativamente- ¿desde cuándo sabéis que estáis embarazadas?
-Yo desde hace cinco semanas, Hinata desde el principio.- aclaró la Haruno.
-¡¿Desde el inicio?!- gritó Naruto sorprendido, ganándose así la mirada asesina del Uchiha- ¿Y cómo puede ser?- preguntó después en voz más baja asustado por su amigo.
-Al haber sido durante tanto tiempo la guía de la Santa Compaña, uno de los poderes que he obtenido es el de tener una visión bastante agudizada, por decirlo de alguna manera.- comenzó a explicar la morena- Puedo ver a través de muchos objetos, pero también puedo ver el flujo vital de un cuerpo vivo, su esencia si lo entiendes mejor así. Por eso pude ver cómo se creaba una nueva vida en mí... y en Sakura.- terminó la explicación acariciando su vientre con ternura.
-Creo que no lo entendí...- dijo Naruto con expresión contrariada.
-Como de costumbre.- comentó Sasuke encogiéndose de hombros.
-¿¡Cómo has dicho baka!?
-Lo que has oído, dobe.
-¡Que dejes de gritar te he dicho!- gritó Sakura golpeando de nuevo a Naruto.
-Entonces, ¿de cuánto tiempo estáis?- preguntó Sasuke mirando a Hinata, sin hacer caso de los quejidos del Uzumaki.
-Entre siete y ocho semanas, aproximadamente.- le contestó Hinata distraídamente, pues miraba preocupada a su amigo.
-¿Las dos?- preguntó él ligeramente sorprendido.
-Sí. Día arriba, día abajo.- contestó ella.
-Bueno en tal caso...- comenzó a decir el Uchiha, sonriendo con malicia.
Dio bruscamente la vuelta a Hinata, amarrándola fuertemente de la cintura con ambos brazos, haciendo que ella le mirara directamente a los ojos. Ella por su parte, le contempló sorprendida por su reacción. Sin darle tiempo a reaccionar Sasuke la besó apasionadamente, compensando de alguna manera ese beso que sus amigos interrumpieron momentos antes; robándole a la joven el aliento en apenas un segundo. Hinata quedó en shock por unos segundos, pues no era habitual en Sasuke esa clase de arranques pasionales, pero en seguida cerró los ojos y pasó sus brazos por el cuello de su prometido dejándose llevar por la pasión del momento. Tras unos segundos se separaron para recuperar el aliento. Se miraron a los ojos, encontrándose el blanco contra el negro, y sintieron como si estuvieran desnudando su alma ante el otro.
-Gracias por acudir en mi rescate.- bromeó Sasuke, dedicándole esa media sonrisa que sabía que le encantaba.
-No podía dejar perdido y solo a un caballero en apuros.- continuó ella la broma, besando de nuevo con suavidad los labios del moreno.
-Nosotros también te damos las gracias Sasuke-kun. De no ser por ti, nunca habríamos sido capaces de salvar a Hinata.
-Ha sido un auténtico placer, te lo aseguro Sakura.- dijo él sonriendo con sinceridad.
-¡Me siento tan feliz!- gritó Naruto alzando los brazos para después abrazar a su prometida, quien lo miraba con una sonrisa que parecía decir "no cambiará nunca".
-Creo que es una alegría compartida por todos.- dijo Sakura.
-La mayor alegría que pudiera esperar.- afirmó Sasuke, acercando más a Hinata.
-Una alegría que espero que sea duradera.- comentó suavemente Hinata.
-No puedo imaginar qué pudiera estropearlo.
Esto lo dijo Naruto sonriendo ampliamente con esa sonrisa que lo caracterizaba. Todos asintieron, pues no imaginaban tampoco podían imaginar que hubiese nada en ese mundo que pudiera destruir esa felicidad que los embargaba.
Sin embargo, en lo más profundo del bosque, una oscura figura miraba en su dirección. El rencor que emanaba parecía salir de su propio cuerpo en forma de una oscura sombra. Tenía los ojos color negro como el ónice, su cabello de color blanco el cual mantenía amarrado en una cola de caballo y usaba anteojos circulares. Era Kabuto Yakushi. Era el hombre que cuatro años atrás habían engañado para salvar a Hinata de su condena voluntaria. Tras pasar el "año de prueba" que los tres amigos habían dicho, en seguida se dio cuenta del engaño. No había fuente de la eterna juventud, solo la eterna condena de vagar por el mundo guiando a un grupo de almas errantes. Había intentada varias veces en vano conseguir librarse de esa maldición. Y ahora vagaba casualmente por esos bosques que habían supuesto su condena. Los cuatro jóvenes gozaban de su felicidad ajenos a esa figura que los veía con odio, escondido entre las sombras del bosque.
-Eso es, disfrutad. Disfrutad mientras podáis malditos mocosos. Pronto hallaré el modo de vengarme y haceros pagar por haberme engañado. Puede que no sea en esta vida, ni en la siguiente. Pero os juro que encontraré el modo de destruir hasta el último retazo de vuestra felicidad.
Y tras susurrar su maldición, se internó de nuevo en las sombras, anhelando que llegase el día en que su venganza se cumpliese...
Sí, sí... ya lo sé... El final es como para moderse las uñas pero ¿qué os puedo decir? Siempre me han gustado los finales abiertos ;) Ahora que cada uno use su imaginación para deducir qué es lo que pasará después porque yo... ¡me desentiendo del tema! *se oye una risa malvada* Cof, cof... lo siento. Mi yo malvado se ha hecho presente u.u
Pero lo que sí quiero es dejaros una cosa clara: no tengo pensado hacer una segunda parte o segunda temporada, ni nada por el estilo. En lo que a mí respecta, esta historia se termina aquí.
Solo espero que os haya gustado y solo me resta deciros que no seáis malos/as y dejéis aunque sea un breve comentario. Que siempre se agradece ;)
¡Nos vemos!
