Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecen.


Advertencia. Yaoi. Uso de parejas a mi preferencia (si deseas saber las parejas de Hetalia que me gustan y que, por ende, podrían incluirse en esta historia, en mi perfil podrás encontrar más información). Yaoi.

Dedicado a todas aquellas que comentaron la vez anterior, me encantan sus comentarios, todos.


CASO VII. Inocente.

—¿Por qué estás aquí?

—Noru, prometiste que verías esta película conmigo —el danés hizo un puchero con los labios; era bastante adorable…, claro alguien pensaría eso, Noruega no, no, para nada.

—No tengo tiempo para esto. Tengo que hacer el informe de la Bolsa.

—Hun ¿Y qué hay de Is? ¿Crees que acepte si lo invito a mi casa?

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CosasDeNórdicos

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El noruego y el danés preparaban lo necesario para ver la película; frituras, bebidas y dulces. Claro que todo esto terminaba siendo consumido por Dinamarca.

El chico de largo copete colocó el BlueRay en el aparato bajo la gran pantalla. La habitación, así como toda la casa, se encontraba en una penumbra total que solo era interrumpida por el brillo de la plasma. No había nadie en aquél hogar; Suecia, Finlandia, Ladonia y Sealand habían salido a sabrá Odín dónde.

—Te gustará, Noru. "Elsker dig for evigt", es una película muy buena, ganó en el festival de San Sebastián. —El mayor volvió a su lugar a un lado del noruego quien se encontraba sentado en el enorme sofá frente a la plasma—. Bien, que comience —Dinamarca gritó entusiasmado a la par que presionaba el play en el control remoto.

Noruega se mantenía con los brazos cruzados y con las piernas cruzadas. Había exactamente dos razones por las cuales era mala idea ver una película con Dinamarca; uno, nunca se callaba; y dos, comía de la peor manera imaginada. ¡Ah! Pero no bastante era eso que, de hecho, hablaba mientras comía y comía mientras hablaba.

—¿Ves esas películas? También son de mi país —comentó alegre mientras veían los cortometrajes al principio del film, todo esto con la boca atarragada de rosetas de maíz—. Deberías venir más seguido a mi casa, Noru.

—Cierra la boca, anko.

La pantalla se oscureció y la película comenzó. Pero algo raro ocurría, Dinamarca guardó absoluto silencio y se tragó de una vez el bocado de chatarra que comía. Ante esa extraña situación, el menor presente miró desconcertado a su amigo, aún en la penumbra de la habitación notaba lo roja que su nariz y sus mejillas se habían tornado.

—Eh, espera, espera… creo…, creo que me equivoqué. Será mejor que la quite. —Su nerviosismo era tal que al tratar de poner el stop el control se le resbaló de las manos. Noruega ganó en agilidad y tomó primero el control del suelo—. Noru, Noru. Quítala, por favor. En seguida traigo la correcta.

—¿Qué hay de malo con esta? —Preguntó con total seriedad, mientras aferraba a su pecho el aparatito rectangular. Miró de reojo la pantalla; se mostraba a una chica en muy mal estado siendo auxiliada por un hombre.

—Nada —susurró, sin controlar el tartamudeo y lo sonrojado de su rostro—. Es solo que creo que no te gustará, ¡No te gustará, Noru! —Se abalanzó sobre el menor estirando sus brazos en busca del control—. ¡Dámelo, dámelo! ¡No te gustará, Noru!

El rubio menor se ayudaba con los pies para mantener separado a su amigo, quedando totalmente recostado en el brazo del sofá, mientras elevaba el objeto de la discordia por encima de su cabeza.

—Quiero ver… la —Noruega quedó totalmente mudo al mirar de nuevo el film, y como ahora era una escena totalmente erótica entre la primer chica mostrada y un nuevo personaje—. Oh.

—Demonios —se lamentó apenado, mientras escondía su rostro rojo entre las manos.

—No sabía que tenías esos gustos.

La pregunta iba más lejos de si el danés gustaba de la pornografía o no, se refería al hecho de que fuera pornografía heterosexual. Estaba cien por ciento convencido de que Dinamarca prefería algo con más bolas y menos tetas.

—¡No, no, no, no! No pienses mal, Noru. Es cine de arte, te lo juro. Ganó varios premios, y tuvo cuatro nominaciones… ¡Es una película de arte, Noru! Además, no es pornografía, es… es… erotismo.

—Hun —chasqueó la lengua en el paladar—. No juzgo tus formas de liberación, anko. Solo no entiendo por qué lo ocultas con tanto ímpetu.

—Bueno, Noru —Dinamarca sonrió con malicia, una vez que abandonó su vergüenza. Claro, no despegaba la mirada de la enorme pantalla y se había incorporado en su lugar—. Tú eres muy, ¿Cuál es la palabra? Muy inocente.

—¿Uh?

—Sí, digo, vamos Noru, nunca te imaginaría como alguien erótico, o sensual. Eres más del tipo, hun, serio —concluyó con una sonrisa sin despegar ni un momento la mirada de las escenas explícitas.

Fue casi por orgullo, o por ego, pero estaba seguro que no actuó por consciencia, porque antes muerto a que Noruega hiciera aquello de forma prudente.

De un momento a otro sólo se vio encima de las piernas de Dinamarca, mirando directamente sus ojos alegres y azules que brillaban en la oscuridad, notó como el rubor subía de golpe al rostro ajeno y como abría sorprendido la boca. Tomó la barbilla del mayor y la finísima barba de uno o dos días se erizó ante su tacto; se acercó al extremo izquierdo de su mandíbula, donde la unión de ésta con la oreja se perdía en un infinito espacio. Posó sus fríos y resecos labios en ese lugar sintiendo al instante como el cuerpo del rubio mayor se estremecía.

Los gemidos de aquella película de arte eran el único ruido en el lugar, pues hasta el parlanchín nórdico se quedó mudo, con las manos inertes a cada costado y disfrutando cada caricia, sin poder de detener o apresurar aquello que acontecía.

La mano zurda viajó de la barbilla a la nuca, donde los largos dedos de Noruega se enredaron en los finos y sedoso cabellos rubios del danés. Con la diestra, en cambio, tomó el cuello de Dinamarca y acarició con la yema de los dedos la piel suave, haciendo pequeños círculos por encima de la clavícula. Acercó sus labios al oído izquierdo del cuerpo bajo él, abrió la boca lo suficiente como para que su aliento cálido, en contraste con su piel, escapara con un aroma delicioso a vainilla. El dedo índice de su mano izquierda contorneó la clavícula del mayor, siguiendo el trazo hasta el centro del pecho donde reposó por completo la palma de la mano; la extremidad derecha dejó en paz los excitados cabellos, y sin permiso invadió por el cuello de la playera la amplia espalda del mayor.

Su aliento salió con más pujanza, y los ojos azules y nublados de Dinamarca se cerraron por completo. La película había sido totalmente dejada atrás, pues su sentido del tacto era el que ocupaba toda su actividad cerebral voluntaria. Fue un pequeño gemido, combinación de un gruñido, el que salió de los labios del danés al sentir la cálida respiración alejarse de su oreja; pero recuperó el placer cuando los fríos labios de Noruega besaron el hueso que más sobresalía en su pecho.

El camino de besos surcó su pecho, su cuello, sus mejillas, su nariz y la comisura de sus labios. Dinamarca abrió la boca, esperando el tan ansiado beso culminante de todo aquello, el beso que lo sacaría de su embelesamiento y lo obligaría a reaccionar; tomar las caderas sobre su regazo y continuar con lo que se tenía que continuar. Volteó su rostro en busca del contacto dulce sabor a vainilla, y en ese instante Noruega volvió a su lugar.

El rubio menor bajó como rayo de las piernas ajenas, abandonando la caricia en el pecho y la espalda. Se acomodó el cabello tras la oreja y carraspeó la garganta. Se levantó del sofá, besó la mejilla de su amigo y salió de la habitación, probablemente con rumbo a su hogar.

Dinamarca despertó del repentino shock, y solo notó como la película aún corría en la pantalla, la presión en sus jeans, y la humedad de los besos aún en su cuello. Estaba seguro que aquello había sido real.

—¿Eh…?

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CosasDeNórdicos

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El teléfono sonó y Noruega contestó cansado, eran las diez y media de la noche, no se encontraba de buen humor.

—¿Diga?

—¡Noru! Compré "Nymphomaniac - Volume II", ¿Vendrás a verla conmigo?


FIN DEL CASO VII.


Notas. Antes que nada, quiero aclarar que los títulos antes mencionados son reales y que, de hecho, los recomiendo. Hace unos días, mientras consumía cosas no aptas para nadie con mis camaradas, alguien colocó la película de Ninfómana, y creamos todo un debate sobre el erotismo y la pornografía; alguien mencionó que nadie puede escribir una escena excitante sin hacer mención de los genitales, como verán, eso se convirtió en un reto personal. De hecho, fue sumamente casualidad que cuando busqué el film en internet, me di cuenta que la película era de origen danés, ¿Coincidencia, uh? Espero les haya gustado, ya que contrasta con mis habituales capítulos estúpidos.

No suelo hace esto, per L.E me ha dejado un review que me encantó. Lamentablemente no tiene una cuenta, y no hay cómo contestar por privado, pero me gustaría decirle que su comentario alegró mi día de mierda que fue el día en que lo dejó. Espero te crees una cuenta ya, para poder contestar como es debido.

Saben que sus ideas son bien recibidas, y que sus opiniones me alegran.

Espero les haya gustado y dejen algún review.

M'L~