Disclaimer: Los personajes pertenecen enteramente a Stephenie Meyer. Yo solo me adjudico la trama de esta historia.
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Summary: Dos rayitas, una carita feliz y un "embarazada" me decían que las sospechas de mi mejor amigo, Edward, eran ciertas: estaba jodidamente embarazada de uno de los tantos hombres que han pasado por mi cama.
Error de Cuentas
Capítulo 7: Cambio de Planes
Bella POV
Salí del restaurante e inmediatamente tomé un taxi, diciéndole que me llevara a algún bar. La conductora del taxi solo me vio extrañamente y me dijo que ella siempre recomendaba el "Engine 15 Brewing Co." que quedaba a unos diez minutos de distancia. Solo pude responderle con un movimiento de mi cabeza mientras miraba por la ventana.
Tenía un dolor en el pecho constante luego de que hablé con Renée por la mañana. Y tenía un presentimiento que se pondría peor. Ella me llevó a la playa a dar un paseo y conversar conmigo. Me preguntó cómo iba el estudio y cuando le dije que tenía arriba de nueve en cada materia, solo pudo mirarme con una ceja alzada. No agregué mucho luego de eso.
Sabía que mi mamá estaba en completo desacuerdo con que solo tuviera relaciones no serias ni que no lograra estar con alguien por más de un mes, pero ya tenía 23 años (en septiembre cumpliría los 24), ella ya no podía hacer nada para arreglar el puto problema que tenía con las relaciones.
Sí, lo admito, los 16 —edad en que le entregué mi virginidad al maldito de Alec— no son buenos para comenzar tu vida sexual, menos si no tienes la madurez para saber exactamente en qué te estás metiendo. Y tampoco digamos que fui muy inteligente a mis 17 años al comenzar a follar a todos en la escuela. No sabía en lo que me estaba metiendo, pero lo hice igualmente. Era el momento perfecto para que mis padres me detuvieran de tener este estilo de vida, pero ambos estaban demasiado preocupados por los papeles del divorcio. Sin embargo, Renée tuvo su gran oportunidad cuando vine a vivir con ella por un par de meses a Florida. Obviamente ella siguió sin prestarme atención alguna y seguí follando a cualquiera. Finalmente, extrañaba tanto a Edward que decidí vivir con mi papá permanentemente. Cuando le dije mi decisión a Renée, ella no dijo nada en contra y dejó que me fuera, casi como si yo no tuviera importancia en su vida y no le importaba verme solo en vacaciones.
Debo decir que mi relación con ella cuando vivíamos juntas no era una de las mejores. Pero una vez que fui a vivir a Denver, nuestra relación mejoró un poco. Sin embargo, ya era muy tarde para que Renée o Charlie, o cualquier otra persona, me sacara de lo que estaba haciendo. Se me había casi formado en un hábito, y por qué no decirlo, me gustaba. Siempre habrá pros y contras en cada decisión que tomáramos. Mis pros eran sencillos: placer y no enredos sentimentales. Y mis contras, aunque me costaba encontrarlos muchas veces, eran más: no formaría nunca una familia, los murmullos de la gente a tus espaldas, tenía más probabilidad de tener una enfermedad de transmisión sexual (aunque siempre usaba condón), y la lista seguía.
Le pagué a la taxista cuando llegamos al bar y entré, encontrándome con un montón de gente sentada en la barra y las mesas. No era un lugar tan ruidoso, tenían música actual y al parecer solo vendían cervezas hechas por los dueños del lugar. Fui a sentarme en la barra y el barman me recomendó "Watermelon Blonde", la cual era una cerveza de temporada y me aseguró de que me gustaría.
Simplemente me senté y escuché canción tras canción, tomando de la deliciosa cerveza que me habían servido, hasta que en algún momento de la noche un chico se sentó a mi lado, tratando de ser disimulado con su coqueteo hacia mí, pero, lamentablemente para él, ya me sabía todos los movimientos de los hombres, por lo que se lo hice más fácil. Me di vuelta hacia él y me mordí el labio mirándolo fijamente a sus ojos y luego a sus labios.
—Soy Bella —dije suavemente, acercándome a él para que me escuchara.
Lo vi tragar fuertemente y me miró con la mandíbula apretada.
—¿Tu nombre es…? —pregunté.
—Umm… Ben.
—Bueno, Umm Ben, ¿quieres ir a un lugar más tranquilo para conversar más? No sé, tu departamento o casa, por ejemplo.
Él levantó las cejas y me miró por unos segundos. Sabía que no parecía de esas mujeres que solo quieren a un hombre por una noche, por eso estaba sorprendido.
—Claro.
Y era así de simple como conseguía ir de cama en cama con un hombre distinto. A veces, sin embargo, no era sobre obtener placer, sino que me comportaba como un robot que estaba programado a hacer algo; la mayoría de veces era así. Sí, obtenía orgasmos, pero el vacío que me quedaba, luego me dolía como la mierda. Cuando era una adolescente había leído suficientes libros sobre romance como para saber que cuando estás enamorado todo se siente mejor y mucho más fuerte. Incluso Esme, quien había tenido la charla sobre sexo conmigo, me había dicho lo mismo. Pero cada vez que lo hice con Alec no se sintió como me lo imaginé. Todos decían que se sentía mucho más intenso, pero al fin y al cabo, como siempre pasa en esta vida, estaban exagerando. Lo que sentía con Alec era simplemente placer y la emoción de algo nuevo. Luego, cuando ya empecé a hacerlo con muchos hombres, esa emoción se fue. Entonces, de repente aparecía esa "Bella-Robot" que odiaba.
Ben vivía a una cuadra del bar, por lo que fuimos caminando. Durante esos 100 metros de caminata me enteré que trabajaba en el área de publicidad y tenía 28 años. Yo simplemente le hice saber que no era de Florida y con ello le dejé en claro que esto no sería cosa de más de una noche; aunque creo que él también quería dejarlo así.
Una vez que abrió su puerta, me lancé a sus labios y lo besé profundamente. Lamentablemente, hoy era una de esas noches donde yo parecía un robot porque tenía la cabeza llena de muchas mierdas. Mientras lo besaba le saqué la camisa y miré su torso. No era para nada espectacular.
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Ben cayó a mi lado en la cama. Ambos con la respiración agitada y un poco sudados.
Si se lo están preguntando, sí, me corrí, pero no fue nada espectacular. Estaba muy desconcentrada con la voz de Renée diciéndome que era una puta como para esforzarme con el chico.
Suspiré y me levanté rápido de la cama. Él, a la vez se levantó y se fue directamente al baño para deshacerse del condón usado. Me vestí y, sin despedirme, salí de su casa. Así era como lo hacía y ellos lo entendían.
.
Entré a la casa con los zapatos en mi mano y cerré la puerta suavemente. Eran casi las 3 de la mañana y sé que si hacía un ruido y despertaba a Renée, a la mañana siguiente vendría con su típico discursito. Caminé por la sala de estar para ir a mi habitación que estaba subiendo las escaleras, cuando escuché un fuerte gemido que provenía del dormitorio de Renée y Phil. No pude quedarme mucho rato ahí y empecé a correr al segundo piso. Estaba segura que no me escucharía ninguno de los dos.
Entré a mi habitación y lancé un gritito al ver a Edward sentado en mi cama. Se sacó los audífonos e hizo una mueca cuando escuchó otro de los fuertes gemidos que venían del primer piso. Cerré la puerta y tiré los zapatos mirando a Edward fijamente.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté—. ¡Casi me matas del susto!
—No podía dormir, lo siento.
Nos quedamos un momento en silencio, escuchando los ruidos del primer piso.
—Me perturba que hagan eso cuando Anne está aquí —dijo Edward después de un rato—. Quiero decir, tienen todo el resto del año como para meter el ruido que quieran, pero eligen justo cuando ella está.
—Solo espero que tenga el sueño profundo —agregué. Me metí al baño y aproveché para lavar mi rostro, quitarme el maquillaje y lavar mis dientes. Me quité el vestido que llevaba puesto y busqué mi pijama entre mi maleta, poniéndomelo enseguida.
Me di la vuelta y Edward me miraba con una expresión incómoda. Fruncí el ceño, extrañándome de que lo hiciera, ya que siempre me cambiaba de ropa frente a él y no parecía importarle.
—¿Qué pasa? —pregunté, sentándome a su lado en la cama.
—Umm… —vaciló antes de decir—: Tengo algo que decirte.
Levanté mis cejas, indicándole que siguiera, pero una pequeña molestia en mi pecho me decía que debía escapar de dicha conversación.
—No puedo más, Bella.
—¿Qué? ¿A qué te refieres? —pregunté con el ceño fruncido. Se levantó de la cama y comenzó a andar alrededor de la habitación con su mano en la parte de atrás del cuello.
—No puedo seguir viviendo contigo, Bella. —Un peso se colocó en mi pecho y casi no pude respirar por el dolor que me produjo su declaración. Casi sabía por qué me estaba diciendo esto y se me formaba un nudo en el estómago por la culpa y la rabia.
»Lo intenté, en serio que lo hice. —Me miró y su expresión me dolió en lo más profundo de mí—. Intenté ignorar todas tus salidas con otros hombres, pero no pude, Bells. Intenté desenamorarme de ti, pero cada día que pasaba contigo a tu lado, te amaba un poco más.
La ira creció dentro de mí y lo miré fijamente a su rostro.
—¡No puedes, Edward! ¡Somos amigos desde que éramos unos jodidos niños! Ya te lo dije una vez, Edward, y te lo volveré a repetir: No permitiré que una cosa tan estúpida como esta me quite a mi mejor amigo.
—¡Esto es a lo que me refiero, Bella! ¡No soporto más tu indiferencia! Te dejé claro en Brasil que te amaba, pequeña —susurró—, y tú decidiste ignorarlo, pensando que si lo hacías, esto desaparecería, pero no lo ha hecho, Bella. Te amo más cada día que pasa, y si quieres que seamos solo amigos, debo separarme de ti para olvidarte, Bells. No puedo más con el dolor que siento cada vez que te veo salir por la puerta de nuestro apartamento, sabiendo que buscarás a alguien para acostarte.
—¡Estás siendo un maldito egoísta! Si de verdad me amaras como dices, no te apartarías tan fácil de mí. —Lo miré con odio—. Sal ahora mismo de mi dormitorio. ¡No quiero verte ahora mismo!
Edward tenía una expresión de dolor en su rostro, la cual me dolió justo en mi pecho. Nunca hubiera querido hacerle daño a mi mejor amigo, pero lo hice y me sentiría culpable por el resto de mi vida. Él se dio la vuelta y dejó el cuarto en seguida. No me pude aguantar más y me largué a llorar contra mi almohada para ahogar mis sollozos.
Mis sentimientos eran completamente contradictorios en ese minuto. Una parte de mí estaba furiosa con Edward por arruinar nuestra amistad por algo tan estúpido; estaba furiosa con él porque estaba siendo un maldito egoísta al irse de mi lado así sin más. Pero, otra parte de mí, la que hacía que tuviera un nudo en mi garganta y un dolor en el pecho, se sentía completamente culpable por no estar enamorada de Edward y no poder corresponder sus sentimientos.
Lloré hasta que me quedé dormida y a la mañana siguiente me desperté sintiendo los murmullos de Anne tratando de despertarme.
—Bella, Bella —susurraba.
—¿Mmm? —pregunté, pestañeando para quitarme el sueño de encima.
—Edward me dijo que lo despidiera de ti.
—¿Qué? —pregunté desconcertada.
—Se fue hace un rato al aeropuerto.
Jadeé a la vez que me levantaba rápidamente de la cama. Anne me miró desconcertada y le expliqué rápidamente:
—Debo llegar a Nueva York antes de que se lleve todas sus cosas de su departamento.
Me metí al baño, me duché, me vestí y ordené mi maleta. En ese momento me importó poco si se me quedaba algo. Lo más importante era llegar a Nueva York para detenerlo de irse tan luego de nuestro departamento.
.
Salí del avión aproximadamente a las 12:30 del día. Casi volé por el aeropuerto luego de recoger mi equipaje para tomar un taxi a la salida. Prácticamente le grité al taxista mi dirección y cuando llegamos le di un billete de 100 dólares, sin recibir el cambio.
Cuando entré por la puerta de nuestro apartamento, Edward me quedó mirando sorprendido. Lo miré fijamente mientras entraba mi maleta a ruedas y cerraba la puerta detrás de mí.
—¿Qué haces aquí tan luego? —preguntó, guardando un montón de DVD's en una caja de cartón. Eso me hizo fruncir el ceño. ¿Tan luego quería irse de mi lado? Tal vez su idea era que yo llegara de Jacksonville y él ya no estuviera acá.
—Anne me dijo el recado que le dejaste… —Dudé antes de agregar—: No quiero que te vayas, Edward.
Él suspiró.
—Yo tampoco quisiera, Bells, pero cada vez que te veo me duele el pecho. Necesito centrarme en mi relación con Kate. Si no salgo de aquí, nunca podré tener una verdadera relación con ella, y no se lo merece.
Me acerqué unos pasos a él y le miré fijamente a los ojos.
—Si el problema es que no te quiero como más que un amigo, lo intentaré, pero por favor no te vayas de mi lado —rogué.
Edward me miró a los ojos, con su respiración desigual. Lo único que pude identificar en su mirada, fue la duda.
—No, Bella. No es así como funciona, pequeña. —Me acarició la majilla, sonriéndome tristemente.
—Pero te necesito, Edward —susurré—. No puedes irte.
—Seguiremos hablando, ¿bien? Pero no me puedo quedar a mirar cómo pasas de hombre a hombre.
—Okey. —Luego de una pausa, mirándolo empacar las cosas que tenía en la sala, le dije en un susurro—: Umm… Voy a salir, ¿sí? No me esperes para la cena.
Él suspiró con resignación y antes de decir algo, frunció el ceño mirándome fijamente, entrecerrando los ojos, lo cual me hizo retroceder unos pasos, intimidada.
—Espera —dijo débilmente—. Has estado saliendo todo este mes seguido.
—¿Ahora me estás controlando? ¿O es que son tus malditos celos? —pregunté con mi enojo al borde. ¿Qué derecho tenía de ver cuántas veces al mes yo salía?
—¡No! —gritó.
—¡Entonces dime qué mierda está ocurriendo aquí!
Él suspiró hondo y se veía sumamente incómodo.
—¿De verdad me vas a hacer decirlo?
—Dilo de una puta vez, Edward —exigí.
—Bien… —Se pasó la mano por el pelo y rascó su nuca mirándome incómodo—. Solo… ¿No recuerdas que hay una semana al mes en donde no sales? —Fruncí el ceño y le pedí con la mirada que fuera más específico. El me miró de vuelta con vergüenza—. Me refiero a la semana de tu período, Bella.
Y me quedé completamente helada.
Comencé a respirar rápido, casi jadeando, mirando un punto fijo detrás de Edward. Tenía dos meses de retraso y ni siquiera me había percatado. Nunca había sido muy regular, pero los atrasos que sufría eran de unos días, nunca llegaban a tan largos como ahora. Edward me dirigió a un sillón y se sentó a mi lado.
—Necesito que me hables, peque.
Edward tomó mi rostro entre sus manos y le miré fijamente con miedo.
—Tengo dos meses de retraso —informé.
Edward me miró con reproche.
—Vas a ser doctora, maldita sea, ¿no estás más atenta a tu ciclo por ello?
—Una cosa no tiene que ver con la otra —dije con voz ahogada. Sentía a mi nariz hormiguear y mis ojos se llenaron de lágrimas. Estaba muerta de miedo. Escuché a Edward suspirar y un segundo después estaba en su regazo siendo abrazada.
—Tranquila, Bells. Tal vez ni siquiera estés embarazada. —Me estremecí ante la palabra—, y solo sea un susto. O incluso puede que sea el estrés.
Sollocé en su hombro, reprochándome cuán estúpida fui al no haber sido completamente cuidadosa. No quería un bebé, ni ahora ni nunca. Lo que siempre había pensado es que no me casaría y por lo tanto no tendría hijos. Era por eso que era sumamente cuidadosa con mis métodos anticonceptivos. Siempre llevaba un condón en mi bolso cuando salía, y además me inyectaba mes a mes para evitar cualquier tipo de accidente. Sin embargo, si es que tenía dos meses de retraso lo más probable es que haya quedado embarazada cuando estábamos con los exámenes finales. Dejé pasar la fecha de la inyección y se me olvidó completamente por lo ocupada que estaba.
—No puedo tener un bebé, Edward —susurré contra su hombro—. Sabes que no lo quiero. —Ambos nos quedamos un rato en silencio y una idea me cruzó por la mente. Pero primero debía si de verdad estaba embarazada o no. Me sorbí la nariz y miré a Edward—. ¿Podrías ir a la farmacia y comprar un test de embarazo?
—¿Segura? ¿No quieres que me quede hasta que estés más tranquila? —Me miró con una preocupación alarmante en su rostro.
Suspiré y le sonreí sin mostrar los dientes.
—Estoy bien —le aseguré—. Necesito sacarme la duda cuanto antes.
.
Cuando Edward llegó al cabo de unos minutos, yo ya estaba completamente tranquila. Él me entregó tres test de diferentes marcas, indicándome que era para que estuviéramos completamente seguros.
Cuando estaba entrando al baño, Edward me tomó del brazo, me volteó y me abrazó fuertemente.
—Estaré aquí. Avísame cuando termines, ¿sí?
Asentí suavemente contra su cuello y suspiré. Entré al baño, cerrando la puerta tras de mí y miré los tres diferentes test en mis manos. Los abrí y dejé a cada uno con su respectiva indicación debajo del palito.
Dejé entrar a Edward al baño cuando había terminado de poner el pipí en cada test. Debía esperar cinco minutos para que salieran las indicadas marcas del positivo o negativo.
Pasados los cinco minutos, me asomé de a poco a la encimera del baño para ver los terroríficos palitos blancos. Edward me miraba por el espejo.
El primero ponía dos rayitas rojas. Positivo.
El segundo decía "Embarazada". Claramente positivo.
Y el tercero salía una jodida carita feliz. Puto positivo.
Tres de tres. ¡Carajo! Estoy putamente embarazada de un tipo que no recuerdo.
Mi respiración se aceleró y me senté en la taza del baño. ¡No quería un puto bebé! Quería terminar de estudiar, trabajar, vivir sin restricciones, maldita sea. Puse mis manos contra mi cabeza y miré a Edward. Él estaba acuclillado frente a mí con sus manos sobre mis rodillas. Por su mirada, él ya sabía que estaba embarazada.
—Voy a abortar —susurré, mirándole fijamente. Él frunció el ceño y se levantó furioso.
—Me estás jodiendo, ¿no es así?
Lo miré y negué con la cabeza.
—¡Dios, Isabella! —Odiaba cuando me llamaba de esa forma—. No lo has pensado bien, maldita sea. Un aborto no es la mejor opción.
—Para mí sí, Edward. No quiero cargar con la responsabilidad de un maldito bebé —elevé la voz.
—Carajo, Bella, ¡vas a ser una puta doctora! ¿No habías dicho que querías estudiar medicina para salvar vidas? Ese bebé que llevas dentro está vivo, y quiere nacer, déjale al menos eso. Y si no quieres al "maldito bebé" como le dijiste, dalo en adopción, pero ¡déjale vivir!
Por mi mente pasaban tantas imágenes de abortos que habíamos visto en clases, que no pude más y me eché a llorar en los brazos de Edward.
Olvidamos completamente el tema de que Edward quería irse de nuestro departamento y él simplemente me abrazó, diciéndome que estaría conmigo en cada paso de este desconocido camino que tomó mi vida.
Cuando recordé a Charlie lloré con más fuerzas, ya que lo único que él me recalcaba era que tuviera cuidado con quedar embarazada de un desconocido. Y eso justamente había pasado. Mi suerte era una mierda. Esto cambiaba todos mis planes.
Hola de nuevo! Queda alguien por ahí? Perdón por el retraso, pero estas primeras semanas de diciembre he estado ocupadísima :/
Pero ahora que ya terminé todo, podré sentarme a escribir tranquilamente y actualizar más a menudo. Y aunque no prometo un capítulo por semana, intentaré que al menos sea uno cada dos ;)
Cuéntenme qué les pareció el capítulo! Espero que les haya gustado :3 Qué opinan sobre la reacción de Bella ante la noticia de que Edward se irá? Creen que realmente Edward dejará sola a Bella?
Y ya llegamos a lo más importante de la historia! De aquí en adelante solo habrán avances en cuanto a la vida de Bella ;)
Un beso y un abrazo n.n
Saludos desde Chile ;)
Lizzie
