Habían pasado dos semanas desde que Nami había entregado los mapas con los posibles lugares con tesoros, inmediatamente Wingates mandó un enorme grupo de soldados y exploradores a los lugares que la navegante había señalado.

Pero aun no regresaban, el territorio era muy grande y tardarían un poco en recorrerlo, y más tiempo les llevaría si se encontraban con los salvajes.

Nami estaba en su habitación, miraba por su ventana en busca de algún movimiento, alguna señal de que volvían, soñaba con que esas gigantescas puertas se abrieran para dejar paso a un hombre con una cicatriz en el ojo y el pelo verde.

Sin duda estaban siendo tratados como marqueses en ese castillo, en otra situación habrían disfrutado de esa enriquecedora experiencia, pero con uno de sus nakamas perdido no podían permitirse ese lujo. Hasta Luffy había alcanzado un record en seriedad, los únicos que intentaban hacer sentir a los demás eran Franky y Brook con sus habituales bromas.

La pelinaraja suspiró y se alejó del cristal, la frustración por no poder hacer nada excepto esperar la estaba consumiendo, se acercó al escritorio que habían traído expresamente para ella, en él se encontraban decenas de papeles, notas, apuntes, mapas...En esas dos semanas se dedicó con esfuerzo a buscar y señalar nuevos lugares para que los hombres del rey buscarán a Zoro. Había conseguido señalar más del 70% de los territorios del país, centrándose más en las zonas alejadas de las ciudades.

Volvió a dar una vuelta por su habitación, con sus compañeros perdidos por el inmenso castillo, sin duda buscando ideas para la búsqueda de Zoro, informándose sobre los salvajes o entrenando y preparándose para la batalla, ella no podía hacer otra cosa que esperar. "Nunca se me ha dado bien esperar, si pudiera dormirme enseguida como ese imbécil...", pensó y una pequeña sonrisa apreció en su rostro, echaba de menos verle tirado en cualquier lugar posible durmiendo sin ninguna preocupación.

Cerró los ojos, se abrazó a sí misma recordando la última vez que le vio, como la abrazó con fuerza y el calor y seguridad que trasmitían sus ojos negros. Abrió los ojos sorprendida y se miró en el espejo del tocador, un leve sonrojo invadía sus mejillas pero volvió a sonreír. "Quien me diría que yo ibas a sentirme así por un hombre, y mucho menos ese idiota".

El sonido de gritos para que abrieran las puertas despertó a Nami de su ensoñación, rápidamente regresó a la ventana para ver como la expedición que había salido hace 2 semanas entraba poco a poco por la entrada.

No se molestó en cambiarse, con su camiseta de tirantes, sus vaqueros y sus gladiadoras bajó corriendo por las escaleras dirigiéndose como un bala hacia la entrada.

-¡Ya han vuelto los soldados Robin!. La voz infantil de Chopper se escuchó por el pasillo. Y los sonidos de pisadas rápidas le rebelaron a Nami que sus nakamas estaban corriendo al igual que ella para saber si hubo suerte, si él ya estaba con ellos.

Nami pasaba por delante de sirvientas y mayordomos estirados a toda velocidad, estos se la quedaban mirando como si estuviera loca, alguno llegó a gritar algo sobre no acoger a piratas en el castillo. A la navegante le daba igual todo solo quería llegar a la entrada.

Cuando giró hacia la izquierda para tomar el último pasillo que llevaba al recibidor, la esquelética figura de Brook la alcanzó la alcanzó fácilmente.

-No vaya tan rápido Nami-san o me dará un infarto...aunque ya no tengo corazón Yohohohohoho. su risa patentada retumbaba por todo el pasillo.

Cuando llegaron al recibidor la puerta ya estaba abierta, salieron para encontrarse con Luffy, Sanji y Franky esperando a los soldados. Apenas un minuto después aparecieron Robin y Chopper detrás de ellos.

Los primeros militares entraron en el gran patio interior, sus uniformes llenos de barro pero no heridos gravemente, al final de la larga fila de hombres, algunos carros cargados con bolsas enormes llamaban la atención.

-¡Llevad los carros a las cámaras del castillo, los heridos quédense en el patio, los doctores no tardaran en llegar!. Wingates apareció de la nada mandando a los soldados que se dispersaran, se acercó a un hombre, cuyo rostro lo tapaba un tricornio negro y un pañuelo rojo, parecía ser el líder de aquella expedición. Wingates estuvo charlando con él un buen rato, mientras los Sombrero de Paja buscaban alguna señal de Zoro sin encontrarla.

Wingates se dirigió hacia ellos cuando terminó de hablar con aquel hombre, que misteriosamente desapareció del lugar sin que ninguno de los Sombrero de Paja lo notara, pero no le dieron importancia, tenían otras cosas más importantes en las que preocuparse.

-Lo siento queridos compañeros . El tono serio del noble hizo temer lo peor a la tripulación, Nami sintió demasiadas cosas en muy poco tiempo; desesperación, tristeza, culpabilidad...no podía aceptar la idea de que Zoro hubiera muerto. –Pero, mis hombres no han encontrado a vuestro compañero, ni su cuerpo ni nada, aunque es pronto para darnos por vencidos. Esta última oración pareció dar un poco de vida a los piratas. Wingates volvió a sonreír con cortesía y volvió a hablar.

-Ustedes no se preocupen, disfruten de nuestra hospitalidad, tarde o temprano le encontraremos. Dijo, después puso rumbo hacia los carruajes con las bolsas enormes. Los Sombrero de Paja, desilusionados fueron entrando en el castillo, menos cierta pelinaranja.

-¡Señor Wingates!. Gritó acercándose al aludido que se giró para atenderla.

-Por favor querida, llámeme Alexander. Respondió el hombre con educación. -¿En qué puedo servirla hermosa dama?.

-He seguido dibujando más mapas, no toda la isla, pero los suficientes para poder encontrar, si no a Zoro a esos salvajes. Dijo Nami.

Los ojos de Wingates brillaron de emoción. –No sabe cuanto le agradezco su esfuerzo, entremos al castillo, en mi despacho podrá darme dichos documentos. Sin falta mañana a primera hora organizaré otra expedición.

Nami asintió, pero un movimiento brusco en unos de los carros hizo que las bolsas se movieran un poco, incluido su interior. Un sonido metálico muy conocido y amado por ella la llamó la atención.

-¿Encontraron los tesoros?. ¿Por qué los traen aquí?. Preguntó con curiosidad la navegante.

Podía jurar que vio por primera vez seriedad en la cara de Wingates y no la sonrisa amable a la que estaba acostumbrada.

-Perdóneme querida, pero le he ocultado cosas, venga conmigo y le explicaré todo. Dijo arrepentido el hombre, Nami le miró raro y le siguió de nuevo al despacho donde le dio los mapas. El noble le ofreció asiento y un vino que ella decidió rechazar, Wingates cruzó los brazos en la espalda mientras miraba por la gran cristalera del despacho, adornada con grandes cortinas de terciopelo.

-Verá mi lady, cómo ya le revelé, los salvajes protegen los tesoros, he hablado con el capitán de la expedición, me ha explicado que cuando llegaron a los lugares muy bien indicados por usted, solo un grupo de esos bárbaros patrullaba, así que no fue difícil espantarlos. Los soldados recogieron los tesoros porque yo se lo mandé. Si no tenemos suerte encontrándoles ya que luchan bajo la seguridad de su propio terreno, al obtener nosotros los tesoros, su bien más preciado, puede que cometan algún error, por ejemplo, atacarnos, en cuyo caso dispondremos de fuerza suficiente para hacerles frente, arrestar a algunos y quien sabe, puede que ellos nos de la información que necesitamos para encontrar al primer oficial. Ahora solo queda disculparme por no haberla informado antes. Terminó con el discurso Wingates mirando a los ojos a Nami. Ella escuchó la historia atentamente, era un buen plan, además de que debían intentarlo todo.

-No pasa nada, muchas gracias por todo su esfuerzo y su ayuda, Alexander. Dijo Nami con una sonrisa y tendiéndole la mano. Wingates cogió su mano y se la llevó a los labios y besó los nudillos.

-Es un placer, mi lady.

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La aldea estaba siendo reconstruida con rapidez después de 2 semanas desde el combate entre Zoro y Reon. Todos los heridos se habían recuperado, incluso Zoro ya podía mover un poco el brazo izquierdo, pero aún no había conseguido averiguar como pudo hablar con Kuina.

El espadachín, aprovechando la ausencia de Chopper, entrenaba todos los días desde el combate. Fortaleció de nuevo sus piernas, realizaba movimientos que no recodaba desde su etapa en el dojo y luchaba de vez en cuando contra Yankton y sus guerreros para no perder la práctica.

Y así pasó el tiempo, pero sabía que necesitaba encontrar la respuesta a tantas dudas sobre su poder pronto. "No puedo dejar que Luffy y los demás estén demasiados con ese tal Anderson" pensaba mientras meditaba. Se encontraba en un pequeño lago un poco lejos de la aldea, sentado con las piernas cruzadas sobre una roca grande a la orilla del agua. Respiró hondo, el aire limpio llenó sus pulmones, los sonidos de las hojas y los pájaros entraban en su oído. Sin abrir el ojo, pudo sentir como una pequeña manada de lobos se acercaba al lago para saciar su sed, ignorando la presencia del hombre.

"Puede que lleve más de 10 años muerta, pero hablé con ella, me dio la fuerza para ganar mi lucha" pensaba serio. "Necesito volver a sentirla de nuevo", cuando su amiga de la infancia apareció en su mente, estaba casi en las últimas. No era un buen plan volver a estar medio muerto para hablar con ella.

Siguió sentado un buen rato, hasta que oyó unas suaves y lentas pisadas que se dirigían hacia él. Las pisadas se detuvieron justo al pie de la roca donde se hallaba.

-¿Qué te atormenta Woundedbear?. La voz de la sabia chamán rompió el silencio de aquel lugar.

-No creo que pueda ayudarme. Le dijo Zoro.

-Puede que sí puede que no, los mayores podemos dar algunos consejos sobre la vida. Le contestó tranquilamente la anciana.

-Disculpe, pero creo que esto no va sobre enseñarme a coger una mosca con palillos o a usar la fuerza. "¿Por qué he dicho eso?" pensó confundido Zoro. –Lo siento. Se disculpó, no quería ser un gruñón con alguien que no había hecho nada.

-No pasa nada, pero podrías decirme qué pasa por tu mente, a lo mejor podría ayudarte. Le contestó con una sonrisa la chamán.

Zoro suspiró y bajo de la roca, alcanzó a la anciana y se sentaron en la orilla del lago. –Derroté a aquel tipo porque algo me ayudó, puede que parezca una locura. Le confesó Zoro. –Pero, pude sentir a una persona importante para mí, aunque ya no esté en este mundo, fue muy extraño, sentía cómo... si ...cómo si fuera...

-¿Su espíritu?. Le interrumpió la sabia mujer. Zoro se la quedó mirando sorprendido. "Su espíritu, ¿Eso es posible?".

-Nuestro pueblo, nosotros, creemos que nuestros antepasados y nuestros seres queridos nos guían, nos ayudan cuando más lo necesitamos y nos dan fuerzas ante los embistes de la vida. No es una locura que alguien querido te haya dado su consejo para sobrevivir y luchar.

Zoro escuchó todo aquello atentamente, si eso era verdad, por lo menos en ese lugar, el poder comunicarse con el espíritu de Kuina podría ser la clave para solucionar todas sus dudas.

-¿Hay alguna manera, de poder volver a sentirlo?. Preguntó con esperanza. La chamán pareció tomárselo con calma, pensando en qué decir al guerrero.

-Tenemos un lugar sagrado, una cueva a cinco días de aquí, de ella los primeros hombres de este basto y salvaje bosque, hicieron su hogar. Si quieres tener alguna posibilidad de hablar con los espíritus es el lugar indicado. La anciana acabó sonriéndole. –Lo único que debes hacer es hacer un ritual que te enseñaré.

Zoro la miró agradecido por esa oportunidad. -Se lo agradezco de veras. La anciana se levantó y él la imito, se dirigieron hacia la aldea con paso tranquilo.

-Partirás esta noche. Ante eso Zoro paró de inmediato sorprendiendo a la chamán. –¿Yo solo?. La mujer asintió, Zoro lo pensó durante unos pocos minutos hasta que con un sonrojo, producto de la vergüenza, decidió pedirla un favor.

-¿Podría...venir alguien conmigo, y...mostrarme la cueva?. Dijo al fin. La chamán le miró con duda en su rostro. –Pensé que querrías realizar este viaje solo.

-Si pero...digamos que no sé me da muy bien seguir los caminos. Le confesó Zoro con el rostro al rojo vivo por la humillación que suponía decir eso, "Menos mal que el cocinero pervertido no está aquí", pensó.

La chamán le sonrió y asintió aceptando hacer el favor, llegaron a la aldea y Zoro fue directo a la casa de Yankton para recoger toda sus cosas. De camino muchos aldeanos hicieron el mismo gesto que le hacían cada vez que le veían, el peliverde ya se había acostumbrado un poco a eso. Dirigió su mirada hacia el norte de la aldea, donde muchos indios estaban entrando y siendo atendidos por otros, las mujeres cargaban bolsas enormes a sus espaldas con sus pertenencias, desde hacía dos semanas venia cada vez más gente.

Cuando se lo preguntó a Yankton este le contestó que los soldados estaban atacando los pueblos de la zona sur de la isla, al quedarse sin lugar donde refugiarse el jefe les proporcionó todo lo que pudo, "Nunca antes habían atacado de esa manera tan masiva, y tampoco los habían encontrado a todos tan rápido, temo que han aprendido a rastrearnos" le dijo el jefe indio.

Cuando llegó a la casa Yankton, su mujer y unos cuantos guerreros estaban conversando alrededor de la fogata o como Zoro la llamaba "La fogata de las reuniones" por tantas veces que había ocurrido desde que estaba allí.

-Hermano ¿Cómo te encuentras?. Le preguntó el corpulento hombre, desde el combate y desde su petición, era él único que no le llamaba Woundedbear, pero ya estaba acostumbrado a que le llamarán "hermano" gracias a Johnny y Yosaku.

-Bien, pero voy a ausentarme unos días. Ante la incomprensión de los presentes Zoro decidió contarle a Yankton todo lo que había hablado con la chamán.

Yankton al terminar la historia rápidamente corrió a su habitación y sacó todos y cada uno de los útiles necesarios para ir de acampada, emocionadísimo por acompañar a Zoro en su viaje, hasta que una mano agarró su oreja sin piedad.

-Tú no puedes acompañarle, dentro de poco los jefes de las otras tribus vendrán y además siguen llegando hermanos a los que atender. Le dijo furiosa su esposa.

Yankton casi cae en depresión al oír aquello, por un momento Zoro pensó que se iba a poner a llorar como un niño pequeño. "Menudo jefe" pensaron a la vez Takola y Zoro.

-Está bien, entonces le diré a mi sobrino que te acompañe, ve con la chamán para que te enseñe el ritual, prepararemos todo para vuestro viaje. Espero que encuentres lo que buscas hermano. Dijo Yankton dando un fuerte apretón de manos a un sonriente Zoro.

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Dos caballos galopaban en la oscuridad del bosque, los pequeños animales huían de su camino, pasaron un claro y cruzaron un pequeño río sin dicultad. Poco después llegaron a una gran montaña con un enorme agujero en su base, que se dejó ver unos instantes antes de que el sol de la tarde desapareciera en el horizonte dando paso a la noche.

-Hemos llegado Zoro-san. Dijo la primera figura, que al primer día, por petición del espadachín, dejó de llamarle por su mote.

La segunda figura bajó de su montura, el brazo izquierdo ya no estaba en cabestrillo pero mantenía una venda, se deshizo del abrigo que traía, dejando su pecho descubierto y solo vestido con unos pantalones negros metidos dentro de sus botas.

-Quédate aquí y descansa, estos cuatro días no has dormido mucho. Dijo Zoro, a lo que el joven indio asintió cogiendo los dos caballos y llevándolos a un lugar más apartado donde reponerse un poco.

Zoro entró en la cueva con sus katanas en la cintura y colgando del hombro una pequeña bolsa marrón. Con la ayuda de una antorcha pudo ver el interior de la inmensa cueva. Caminó durante unos minutos siguiendo el túnel de roca bajo la montaña.

Otra gran entrada se dejaba ver por la luz del fuego, Zoro abrió los ojos atónito, una caverna enorme se mostraba ante él, el agua corría de forma natura por alguna parte y pequeñas "piscinas" naturales estaban por la zona, el primer oficial bajó al centro de la caverna para vislumbrar en las paredes de esta dibujos en líneas rojas, humanos y animales y plantas eran representados en las paredes con una técnica sencilla pero a la vez compleja de entender, "Los primeros hombres" pensó el hombre de inmediato.

La caverna parecía que respiraba, no daba ninguna sensación de estar completamente deshabitada, un escalofrió recorrió la espalda de Zoro ante ese pensamiento. "Sin duda es el lugar correcto".

Sacó los materiales de la bolsa que había traído, primero unos pequeños maderos para hacer un pequeño fuego, luego cogió unos pequeños botes con pintura azul y empezó a trazar los dibujos como le había enseñado la chamán. Cuando terminó de trazar los círculos alrededor del fuego, se lavó las manos con una pequeña cantimplora rociando el agua en su nuca mojando así todo su cuerpo. Cogió a Sandai y Shusui y las apoyó en la pared. Mantuvo a Wado en su cintura pues la necesitaba para el ritual.

Se sentó en el suelo dentro de los círculos que había dibujado. Colocó la espada blanca en su regazo, juntó las manos y cerró el ojo. El fuego iluminaba la hermosa caverna y de nuevo el silencio reinó en aquel extraordinario lugar. Zoro respiró fuerte para lo que venía y empezó el verdadero ritual.

-Oh gran espíritu, cuya voz oigo en el viento

y cuyo respiro da vida a todo el universo.

Óyeme , soy pequeño y débil, uno de tus muchos hijos.

déjame pasear en la belleza y permíteme que mis ojos siempre puedan contemplar el rojo y el púrpura de la puesta de sol.

Haz que mis manos respeten las muchas cosas que tus has creado y agudiza mis oídos para oír tu voz.

Hazme sabio para comprender todas las lecciones que tu has escondido detrás de cada hoja y de cada roca.

Dame fuerza no para ser más fuerte que mi hermano sino para luchar contra mi peor enemigo: yo mismo.

Y hazme siempre listo para ir ante ti con las manos limpias y la mirada recta para que cuando la luz se desvanezca como se desvanece la puesta de sol, mi espíritu pueda llegar ante ti sin ninguna vergüenza.

De repente Zoro sintió como su cuerpo temblaba, como si un fortísimo terremoto azotará la isla, el fuego se apagó pero una luz mucho más potente de color blanco con toques azules brillaba en su ausencia. El espadachín observó todo aquello con asombro, las luces no paraban de brillar y algunas estelas azules recorrían con rapidez la caverna, él se atrevió a preguntar.

-¿Kuina...?.

Una de esas estelas bajó la velocidad y fue acercándose más lentamente a Zoro, para pararse a pocos centímetros de su rostro.

-Has tardado mucho mocoso.

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Hasta aquí el 7º capítulo, por cierto en el anterior lo que quise decir es que estábamos llegando a la mitad, no al final XD, pero bueno, sé que no es muy de acción pero quería contar esto y además darle más protagonismo a Nami, lo de siempre; consejos, criticas, opiniones cualquier cosa será bien recibida en los comentarios para hacerme saber que tal va la historia y si os está gustando. Si no calculo mal en el siguiente o en el 9º será el reencuentro de todos. Espero que haya quedado bien la oración del final, es una oración Sioux que me encantó cuando la leí y creo que está simplemente genial. Nada más que decir, muchísimas gracias por leer y un abrazo!

Postdata; espero que os haya gustado lo de aprender a coger una mosca con palillos (Karate Kid) y lo de usar la fuerza (Star Wars) quería ponerlo XD.