Capítulo 7
P. o. V Inuyasha
¡¿Cómo le pude haber dicho eso? Me regañaba a mí mismo, ni siquiera a Kikyo le había dicho que me gustaba, ¡a su prima se lo vengo a decir! Soy un estúpido, reverendo estúpido, en los problemas que me metí...
No sé por qué le dije eso a Kagome, yo no amo a Kag, amo a Kikyo con todo mi corazón pero, cuando me dijeron que Kagome me amaba, mi corazón dio un vuelco. No sé, es mi mejor amiga, no quiero perderla; quizás por eso le dije que me gusta, ¿será que lo hice para que ella se sienta bien? ¿Cómo no me di cuenta antes de sus sentimientos? Seguro que la hice sufrir un montón, pobrecita.
La verdad es que al principio sentí algo por Kagome, cuando conocí a Kikyo mis sentimientos se volvieron confusos, no sabía a cuál amaba de verdad y a cual quería como una amiga. Con el tiempo mis sentimientos se aclararon, amaban a Kikyo, la amo aun, creo que cada día que pasa el amo más pero Kagome me confunde.
No sé qué estoy diciendo, tengo mis sentimientos muy en claros, quizás lo que paso es que aunque no ame a Kagome soy tan egoísta como para quererla solo para mí. No sé. Siento que ya no se nada, lo que tengo que hacer es aclarar mis sentimientos y mis pensamientos. Tengo que hablar con Kikyo y con Kagome.
Pensando en ellas dos... ¿por qué será que ya no se hablan? Kagome dijo que no podía pero ¿por qué? ¿Será por mi culpa? Quizás sea así, mi amiga no me había confesado sus sentimientos y es capaz de alejarse de su prima con tal de no decirlo, eso ya lo comprobé. Estuvo ante mis ojos todo este tiempo, ¿cómo pude ser tan ciego?
Kikyo sufrió tanto, y que su mejor amiga la evitase le dolió más de lo que demostró. Recuerdo cuando la conocí, era una muchacha agradable aunque fría, cuando la vi sentí una chispa entre nosotros dos pero nada serio, su frialdad me alejaba. Cuando me contó su historia me di cuenta de que la amaba y que la quería proteger, no quería que nada malo le pasase.
Tarde tres meses en pedirle que sea mi novia, no soy dado a mostrar mis sentimientos pero por ella soy capaz de todo. Solo con ver su sonrisa... haría cualquier cosa para que sea feliz, no permitiría que nadie la alejase de mí nunca. Por eso me peleo con todos los chicos que la miran, ella es MIA, solo mía, siempre va a hacerlo y no puedo dejar que la miren así. No.
No necesito aclarar mis sentimientos, a Kagome la amo pero como a una hermana, a Kikyo como mi esposa. Se me dibujo una sonrisa al pensar que podríamos casarnos, me imaginaba feliz a su lado con hijitos con su sonrisa y sus ojos, muy feliz aunque siempre que estoy con ella me siento muy alegre. Solo por ella siento eso, lo único que necesito es arreglar que vuelva a ser amiga de Kagome pero ¿cómo?
"Lo mejor va a ser ir a hablar con Kikyo, tengo que decirle lo que pienso", decido y me pongo en marcha hacia la casa de mi amada, de mi mejor amigo y de mi mejor amiga.
"Espero que Kagome ya esté allí así podríamos hablar los tres aunque prefiero que Miroku no", pienso ese muchacho es muy sobre protector con las dos jóvenes y no quiero tener que aguantarlo.
Me tomo el colectivo y voy hacia lo de Kikyo, pensando en cuanto la amo.
En una mansión un joven de cabellera azabache ondulada daba órdenes a un grupo de muchachos de su misma edad. Estos le obedecían sin chistar, pero un rencor crecía entre ellos y su "jefe". Ya estaban planeando algo para quitarle esa actitud tan altanera y maliciosa con todo el mundo pero el problema es que no sabían cómo, Naraku era como intocable pero ya descubrirían una debilidad en él. Un amor que lo cambiaria, esperaban que para bien.
Se habían dado cuenta de que había vuelto algo perturbado, se veía pensativo desde que estuvo con esa hermosa muchacha de larga cabellera negra y ojos brillantes.
Ninguno de ellos se atrevía a preguntarle que paso entre él y la chica, habían notado algo extraño en su voz y en sus ojos cuando la mujer estaba presente.
Finalmente, el más insolente del grupo, Hakudoshi, se atrevió a interrogar a Naraku.
Eh, Naraku ¿cómo te fue con la muchacha? –pregunto el joven medio titubeando, se notaba claramente que aunque lo escondiera Hakudoshi temía a Naraku.
Bien. –contesto secamente y se alejó de sus "amigos" dejándolos intrigados e inquietos.
A pesar de cómo se sentían continuaron con su "trabajo" aguardando a que su líder volviese de mejor humor.
Los cuatro jóvenes, incluyendo a Naraku, se quedaron pensando en Kagome, la hermosa muchacha a la que esperaban volver a ver, claro que cada uno con una intención distinta.
P. o. V Kouga
Espero y espero pero no me llama. Supongo que a Kagome se le olvido, quizás todavía este con Inuyasha.
Siempre que aparece el, todos los demás dejamos de existir para Kagome, aunque esta vez había sido distinto. Inuyasha quería hablar con ella pero Kagome no dijo que si de inmediato como de costumbre, es más, pode notar que no quería hablar con él, o capas que no le importaba. ¿Por qué será el cambio?
Es muy extraño, después de todo, ella siempre lo amo. ¿Será que ya lo olvido? ¿Por qué lo olvido así de repente? ¿Será por ese tal Naraku? ¿O finalmente se dio cuenta de mis sentimientos?
No creo que sea así, mi mejor amiga es algo ciega, en el sentido de que no nota algo tan obvio. Desde que la conozco me gusta, desde hace unos dos años más o menos.
Flash Back
Era el segundo día de colegio, como siempre yo llegaba tarde. Iba corriendo rápidamente, no deseaba tener que soportar algún castigo más, los recibía bastante a menudo, tenía que admitir.
En el camino choque con alguien. Una muchacha. Pero no era cualquier joven, era la mujer más hermosa que había visto en mi vida; de tez blanca nívea, tersa y sonrosada, labios perfectos con un color carmesí, mejillas ligeramente sonrojada, cabello negro azabache, largo y ondulado, un cuerpo delgado pero con lindas curvas y, lo más hermoso, unos ojos chocolate preciosos adornados con unas pestañas negras arqueadas, haciendo ver esos ojos aún más bonitos todavía.
Creo que me quede con la boca abierta y los ojos como platos, la debía de mirar como embobado ya que ella se sonrojo bastante y desvió la vista, en señal de timidez.
Ehh, perdón. –se disculpó la bella desconocida con intención de irse pero claro, yo no la iba a dejar.
No, no te preocupes, fui yo el que no se fijó. –le sonreí y ella se ruborizo aún más pero no dijo nada.
La mire detalladamente, vestía el uniforme del mismo colegio al que asistía, una falda verde, una camisa blanca con detalles en el mismo tono de la falda, una corbata roja, unas largas medias blancas y unos zapatos marrones.
Ehh, perdón. –se disculpó la bella desconocida con intención de irse pero claro, yo no la iba a dejar.
Veo que también asistes al colegio Shikon.
Es cierto, ¿tú también?
Claro, ¿quieres que te acompañe? –pregunte, no iba a dejar pasar la oportunidad de estar con la muchacha que me había encantado con una sola mirada. Ella se sonrojó aún más pero aceptó.
Bueno. –me sonrió y empezamos a caminar. Ese día averigüe que se llamaba Kagome, que tenía catorce años y que vivía bastante cerca de mi casa.
En ese momento también decidí que aquella adorable y hermosa muchacha tenía que ser mi novia pero no contaba con Inuyasha.
Fin Del Flash Back.
Desde que la conocí me enamore perdidamente de ella pero Kagome solo me ve como un amigo, lo que me lastima bastante.
No sé qué hacer para que vea mis sentimientos, nunca quise presionarla pero temo que alguien más me la quite.
¿Cómo puedo hacerlo?
En ese momento una muchacha se cruza por mi camino, es una mujer bella, es pelirroja, de flequillo largo y dos coletas que le quedan bastante bien. "Pero no es Kagome" pienso. La reconozco por sus ojos, verdes esmeraldas. ¡Es Ayame!
Sonriendo me acerco a saludarla, es una muy buena amiga que se había ido de viaje.
¡Ayame! –exclamo sonriendo dirigiéndome hacia ella.
¡Kouga! –corre y se me tira encima, abrazándome con fuerza. Le correspondo el abrazo pero el suelto de a poco, a veces esa chica me incomoda.
Se me ocurre una idea, una que quizás sirva para que Kagome finalmente me quiera como algo más que un amigo.
P. o. V Sango
Hay Kagome... si supieras... amiga, me tienes muy preocupada ¿qué te está pasando?
¿Sango que te ocurre? –pregunta un preocupado muchacho de ojos azules y cabello azabache al igual que el de su hermana.
Nada. –mentí, sin éxito.
Que mala mentirosa que eres. –me reprocho Miroku abrazándome por atrás, sin querer se me escapo una sonrisa, amaba demasiado a ese chico–. Sango ¿qué te pasa?
Nada, es que estoy preocupada por Kagome. –admití luego de suspirar.
¿por qué? ¿acaso le paso algo? –Miroku me soltó y se sentó en frente mío para que le cuente, él estaba preocupado por su hermana, me arrepentí por haberle dicho eso, él es bastante sobre protector.
No, no le paso nada. –lo tranquilizo con una débil sonrisa–. Es que Inuyasha...
¿qué paso con él? –me interrumpió aun preocupado, a Miroku nunca le gusto que su hermana estuviese enamorada de su mejor amigo.
Me podes dejar de interrumpir. –le pedí molesta, el asintió y yo solté de golpe–. Inuyasha está confundido.
¿Confundido? ¿qué tiene que ver Kagome con que Inuyasha este confundido?
Inuyasha no sabe lo que siente, –le explique a Miroku pacientemente–, cuando se enteró que Kagome estaba con otro chico se puso celoso.
¡¿Kagome esta con un chico? –pregunto gritando, típico hermano sobre protector–. ¿con quién?
No sé si esta de novia pero la vi con un chico, la había acompañado hasta el colegio y después se fue por que se peleó con Kouga.
Me sentí mal por contar las cosas de mi amiga pero Miroku no iba a dejar de insistir hasta que se lo diga, además tarde o temprano se iba a enterar, pensé buscando una excusa al ser tan buchona.
¿Vos decís que Inuyasha gusta de Kagome?
No sé, solo digo que al parecer está confundido, quizás ya le dijo.
¿decirle que? –no paraban las preguntas de Miroku, eso era muy molesto pero tenía que contestar.
Que gusta de ella.
No, Inuyasha no la quiere como algo más que una amiga. –afirma Miroku, se notaba que eso creía.
Y ¿cómo sabes? –inquirí yo, ahora era mi turno de preguntar.
Si Inuyasha la amara ya lo hubiera notado. –dijo decidido y agrego–. Estoy seguro, Inuyasha ama a Kikyo.
Eso espero. –no estaba muy convencida–. Solo espero que Kikyo no sufra.
Yo pienso igual. –coincide Miroku.
De pronto ciento una mano en mi parte íntima, instintivamente le pego una cachetada a Miroku. ¡Plaff! Se escuchó sonoramente, odiaba que hiciera eso, a pesar de que fuéramos novios no se lo permitía y menos aún en público.
Me pongo toda roja, no por sonrojo sino por furia y le pego otra cachetada que queda marcada en su rostro en la mejilla izquierda. Miroku, con una mano donde le pegue me pide disculpas, las mismas de siempre.
Sanguito por favor perdóname.
¡atrevido! ¡desvergonzado! ¡libidinoso!–lo insulto alejándome de él, hecha una furia.
Por favor perdóname, es culpa de mi mano maldita. –siempre decía lo mismo, cosa que me molestaba aún más.
¡Qué mano maldita ni que ocho cuartos, cara dura! –siempre lo mismo, pensaba en mi interior mientras me iba hacia mi casa.
Sanguito por favor, ¡perdón! –se disculpó siguiéndome.
Yo había entrado a mi casa, le cerré la puerta en la cara e intente tranquilizarme.
Es mi culpa. –pienso luego de encerrarme en mi cuarto y me lamento–. Justo de él me vengo a enamorar.
P. o. V Kikyo
¿por qué a mí? –pienso derramando unas lágrimas–. ¿cómo no me di cuenta antes?
Estaba en mi cuatro que es bastante prolijo, a pesar de ser una adolescente; este estaba pintado de color gris y rosa, en una esquina esta mi cama, con acolchado gris y sabanas rosa a juego. En frente de esta, está el ropero, al costado una televisión algo pequeña, una cómoda y un escritorio.
Mi cuarto siempre esta ordenado, nunca hay nada fuera de lugar, tengo varios libros sobre el escritorio que sirve también como biblioteca, tengo algunos CDS cerca de los libros y tengo algún que otro peluche también. Todo meticulosamente ordenado.
Luego del fallecimiento de mi madre empecé a leer muchísimo, lo encontraba como una vía de escapa de mi penosa vida.
Siempre me sentí culpable por la muerte de mis padres, quizás si hubiera sido una mejor hija o si hubiera cuidado mejor a mi madre...
"Ya no hay nada que hacer Kikyo", me reproche a mí misma, eso hacia siempre que pensaba en ellos, "no sirve de nada pensar en ellos."
De repente, me encontré a mí misma llorando desconsoladamente, no había llorado desde que mi madre murió y eso que mi vida no mejoro desde ese momento.
Solo me sentía feliz con mis pocos amigos de verdad, con mi familia y con Inuyasha, especialmente.
Al pensar en el mi corazón se encogió, me dolía pensar en el pero no podía dejar de hacerlo.
Creía que Inuyasha me amaba pero al parecer no, no entiendo por qué está conmigo si a la que quiere es a Kagome. Finalmente entiendo por qué mi prima dejo de hablarme, ella ama a Inuyasha pero no quería lastimarme.
Sin embargo fui yo la que la hizo sufrir, sufrimos los tres: Inuyasha por estar conmigo obligado cuando es a Kagome a la cual ama, Kagome por no poder estar con Inuyasha y yo por que vivía una ilusión y por qué me enamore perdidamente de Inuyasha.
"Que triste que es la vida" pienso melancólica mientras sigo llorando. En ese momento sueña el timbre pero no le hago caso, no quería ver a nadie. "Además, seguramente no es para mí y otro va a atender" pienso pero el que toca el timbre seguía insistiendo.
Al ver que nadie atendía, ya que estaba sola en casa, baje las escaleras maldiciendo y lagrimando.
Abro la puerta sin preguntar y al ver quien estaba allí me quedo sin habla pero aun con los ojos llorosos.
Era Inuyasha, la persona que me hizo llorar después de tanto tiempo, la persona a la cual amaba tanto que dolía.
Inuyasha. –dije sin entender por qué estaba allí, tan sorprendida estaba que me olvide de secarme los ojos, grave error.
Kikyo, ¿puedo pasar? –pregunto Inuyasha, bastante serio.
"Me va a cortar", pensé tristemente, me arrepentía de haber escuchado la conversación entre Sango y a Miroku. Había llorado anticipada pero eso no iba a disminuir la tristeza o la cantidad de lágrimas que derramare por mi único amor.
Claro, pasa. –intente sonar normal pero no me creyó para nada.
Kikyo ¿qué te pasa? ¿estabas llorando? ¿por qué llorabas? –pregunta preocupado Inuyasha.
Es que...
No entendía por qué se preocupaba si yo no le importaba en lo absoluto, el solo jugo conmigo mientras que yo me enamoraba del como nunca antes me paso y como nunca antes me pasara.
Al momento de contestar no sonaba furiosa como imaginaba, tampoco fría como con los demás, no tenía ese tono cariñoso que siempre usaba con él, no, mi tono solo reflejaba tristeza...
