Artie despertó y palpó el espacio vacío junto a su cama. Frío. Allí donde debía dormir alguien junto a él, solo había vacío.
Suspiró, tragándose las lágrimas, y abrió los ojos. Otra mañana más sin ella a su lado.
Hacía seis meses que su esposa había fallecido. La almohada junto a él aún olía a su perfume. Artie aún recordaba sus caricias. Las arrugas que surcaban su cara siempre dulce. Kitty, su esposa...
Vacío. Artie se sentía vacío. Contemplaba la cocina y aún la recordaba riendo mientras cocina y cantaba junto a él. Se sentaba en el porche de la entrada y aún la veía sentada a su lado recordando todos aquellos momentos buenos de su juventud: cuando cantaban juntos en el Glee Club junto a todos sus amigos, cuando (años más tarde), los dos vivían en Nueva York y Artie dirigía y producía películas donde Kitty era la estrella...
Eso era ella. Su estrella. Iluminaba sus días y sus noches con el poder de mil soles.
¿Quién hubiera dicho que su amor, que empezó siendo un secreto, durara más que sus años de instituto? ¿Quién hubiera dicho que llegarán a tener tres hijos?
Sus hijos...En su memoría, cada vez más débil, guardaba una imagen clara del día en que nació su primer hijo William Finn Abrams. Recordaba como el pequeño movía sus manitas y miraba a su padre con sus grandes ojos azules. Kitty le sonreía, entonces, con una sonrisa de triunfo, orgullo y amor.
Esa sonrisa se repitió muchas veces durante los primeros años de Will. Cuando el pequeño insistia en montar en la silla de ruedas de su padre y él lo subía a su regazo y el niño reía, cada vez que Will decía una palabra nueva...El día del nacimiento de los mellizos: Tina y Noah...
También recordaba todas las reuniones que había celebrado junto a los chicos del Glee Club. Ellos fueron de los primeros del grupo en tener hijos, los primeros en jubilarse y ahora...Él había sido el primero que había perdido a su pareja.
Los demás seguían vivos, algunos cada vez más ancianos, algunos olvidaban cosas importantes o los nombres de los demás...Pero vivían y aunque fuera egoísta, a Artie le hubiera gustado, no haber sido el primero del grupo en hacer algo esta vez.
Artie tampoco podía quejarse demasiado...Había vivido una buena vida. Había visto como el mundo recuperaba su compostura de nuevo, antes de perderse en la oscuridad y en las guerras, había podido observar con orgullo como, había sufrido un cambio. Un mundo mejor, más tolerante, más alegre, más positivo. Un mundo que su generación había salvado. Donde sus hijos, y actualmente sus nietos, pudieran crecer en paz.
Sus nietos...
Artie se incorporó de la cama.
Katherine, la pequeña de todos, venía a pasar el día con él.
Comprobó el reloj situado encima de su mesita de noche y descubrió que eran las doce. Kat llegaría en una hora.
Artie se sentó en su silla de ruedas y comenzó su rutina diaria. Después de darse una ducha, se vistió y afeitó tranquilamente y desayunó unas tostadas. Cuando estaba recogiendo los platos, picaron a la puerta.
Él rodó hasta ella y al abrirla encontró a su hijo mayor William con su nieta sonriente en brazos.
Al verlos, una sonrisa enorme se formó en su cara.
Katherine, que tan solo tenía cinco años, extendió las manitas y empezó a llamar a su abuelo con alegría.
Will depositó a su hija en el regazo de Artie y abrazó a su padre.
-Hola papá.-dijo.
-Hola, Will.-respondió Artie.- ¿Cómo estás?
-Bien. Muy bien.- Contestó su hijo.- Acabando los preparativos para la llegada de Kurt.
Artie le sonrió y miró a Katherine que rebotaba alegre en su regazo, intentando llamar su atención.
-Y tú, princesa, ¿cómo estás?
Kat paró de dar saltitos y contempló a su abuelo.
-Muy bien, abu. ¿Y tú?
-Bien, cariño, bien.
Aunque no era del todo cierto. Había días que echaba tanto de menos a su Kitty que era insoportable.
-¿Sabes qué, abu? ¡El lunes empiezo el cole! Volveré a ver todos mis amigos, jugaremos...
Artie sonrió a su nieta con dulzura.
-Bueno, voy a dejar que os pongáis al día. Linda y yo seguiremos acabando la habitación de Kurt.- se despidió Will.
Besó la cabeza de su hija y de su padre y se marchó con su lujoso coche.
-¡Kurt! ¡Kurt!- exclamó la niña con entusiasmo.
-¿Tienes ganas de que nazca tu hermanito, Kat?
-Muchas, abuelo. ¿Qué hay para comer?
Artie río con ganas. Kat siempre tenía hambre.
Una hora más tarde, después de a ver desayunado pastel de manzana, que Kurt y Blaine le habían traído a Artie días atrás, Artie se sentó junto a su nieta en el sofá.
-¿Qué quieres hacer hoy, princesa?-Preguntó Artie. Aunque creía conocer la respuesta.
-¡Quiero ir a ver a la abuela, abu!
Artie asintió. Lo suponía. Kat lo visitaba todos los sábados y siempre pedía hacer lo mismo.
Artie y Katherine salieron por la puerta, minutos más tarde, rumbo a su destino.
Poco después de una hora, llegaron.
El cementerio de la ciudad se encontraba relativamente cerca de la casa de Artie. Los fines de semana, el lugar estaba lleno de familias visitando las tumbas de sus seres queridos. Artie venía con Kat cada sábado, y ver el nombre de su esposa en la lápida aún dolía. Lo enfrentaba a la realidad, le hacía ver que realmente ella ya no volvería.
La sonrisa de Artie se esfumó al cruzar la puerta del cementerio, pero la de Kat se hizo más grande. Una niña cómo ella no entendía aún la gravedad del asunto y simplemente pensaba en visitar a su abuelita con un gran ramo de flores, que había ido recogiendo por el camino. A veces Artie envidiaba su ignorancia.
Al llegar junto a la tumba de Kitty. Kat se arrodilló junto a ella. Depósito las flores sobre la lápida y contempló la foto de su abuela. Poco después empezó a hablar.
-¡Hola, abuela! ¿Cómo estás? ¡Yo estoy muy bien! ¿Sabes qué? Ayer papá me llevó al parque de atracciones y montamos en un montón de cosas. Además, papá me ha dicho que falta muy poquito para que llegue mi hermanito Kurt. ¡Tengo muchas ganas de que llegue ya, para que pueda jugar conmigo!
Mientras Kat continuaba relatando su semana a la lápida de su abuela, Artie la observaba hechizado, se había dado cuenta de una cosa: podía ser que ahora Artie notara frío en su cama o que ya no pudiera besar a Kitty ni verla, pero ella no se había ido, mientras ellos siguieran recordándola, ella seguiría con ellos.

N.A: ¡Hola, chicos! ¿Cómo están? Espero que les haya gustado este emotivo One-shot. Siento no haber podido actualizar antes, pero el verano ha acabado siendo más absorbente de lo que me pensaba. Bueno, siento si la historia tiene algún error gramatical, lo hago lo mejor que puedo, pero no tengo lector beta, todavía. Muchas gracias por leer. Espero sus comentarios, me gustas y, que me comenten cual les gustaría que fuera la próxima pareja en tener One-Shot. ¿Jarley? ¿Samchel? ¿Samcedes? ¿Coopbastian? ¿Niff?
Muchos besos,
Anna (att: klaine_is-my_life_forever)