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Ya estaba ahí, estaba dirigiéndome a un hotel o alguna otra clase de lugar para alojarse, al menos aceptaría una posada o similar, con que tuvieran buen servicio me bastará.

Pasé por una calle desértica, casi en medio de ésta había una clase de casa grande y redonda, que acaparaba casi todo el camino, era de color blanca, con adornos morados, de bordes bien detallados de rosas, dos figuras que parecían maniquí en medio, y en la Copa estaba terminando en punta. El lugar me llamó la atención, era bastante llamativo por fuera, y éste a excepción de la biblioteca era más lujurioso, algo que me gustaba bastante, incluso ya imaginaba como sería por dentro.

Escuché algunos trancos detrás mía, por instinto me di media vuelta y vi quién era. Era él, "Brillante Difuso". ¿Qué hacía él aquí?

–Buenas noches Shield. –Dijo. Algo no sonaba bien, su tono no tenía vida, y parecía estar más alto que antes, ni siquiera parecía tener que mover los labios para hablar. –Parece que encontró el lugar. ¡Perfecto! –Masculló entre dientes.

–¿Perdón…? ¿a qué se refiere?

El jefe me volteó a ver, no podía ver sus ojos, la sombra de un gran sombrero que usaba le tapaba.

–Nada Shield, nada, nada nada. Ya terminó tu parte, mañana por la mañana tomaras el siguiente tren a Galloping Gorge, mientras tanto puedes hospedarte en algún hotel o posada.

Estaba confundido.

–¿Por qué vino aquí?

El jefe ya no estaba programado para volver a responder, en cambio solo volvió su cabeza hacia la puerta del Boutique, mientras yo aún esperaba alguna palabra suya.

No contestó, algo me dijo que tenía que irme del lugar, pero la intriga aun gobernaba dentro mío. El jefe murmuró algo, después se dio media vuelta y se retiró, tanto que las luces de las farolas no podían iluminarle, comenzó a masticar tabaco.

No lo dudé más de dos veces y opté por esperar hasta que estuviera a una distancia favorable para poder llamar a la puerta del Boutique, mientras tanto pasé por un lado de la rotunda, y me asomé para ver si aún seguía rondando por ahí, puesto que "Brillante Difuso" no era completamente tonto, podía descifrar cuando un semental dudaba de algo o no, posiblemente con solo ver su rostro u ojos, pero no creía en eso, de ninguna forma, estaría a salvo mientras vigilara que se había completamente ido, o ¿ya sabía que le estaba observando?

Pasaron más de dos minutos, no sabía qué hacer, si ir a la puerta de la Boutique o seguir esperando, acechando a alguien que no veía. No habría vuelta atrás, dio unos cuantos troncos, sentí como mi sudor se apoderaba de mi cara, mis nervios subirse hasta mas no poder, mis cascos chocando constantemente con la tierra que bordeaba la estructura, todo era bastante tétrico, incluso para mí, no quería parecerlo, pero ahí estaba, en la puerta, enfrente de ella, una puerta llena de devoción por ser tocada, una a la cual, solo los más adeptos pueden entrar, no voltee, di unos cuantos toques a ella, a la puerta lujuriosa.

Pasaron unos segundos, nadie me atendía, di aún más toques en ella hasta que escuché un estremecedor sonido por dentro que me erizo la piel, creería que era la pony que dirigía la Boutique, pero no di respuestas inesperadas, y decidí esperar unos segundos más, después de todo tenía la noche libre para contestar las dudas de mi mente sobre la llegada de mi jefe al rústico pueblo de Ponyville, algo tramaba, pero no sabía qué.

Esta vez me desesperé, todavía seguían sin atenderme, pensaba que se hacían por ahí dentro los sordos. No me percaté de mi rencor y bombardeé la puerta a cascos, esperando que de esa forma me atenderían.

Escuché trancos, trotes desesperados y rápidos como rayos, y de esa misma forma parecían sonar, parecía que alguien tenía alguna clase de pelea dentro, lo cual me tomo de sorpresa por unos cuantos segundos. Finalmente escuché la puerta abrirse, y no fue con una delicadeza que yo creía que abrirían, pero fue todo lo contrario, parecía que tenía la prisa de ir a una boda retrasada, puesto que creí que habría una clase de apuración bastante elevada en la cual, los oídos equinos no podrían aguantar, al igual que su similitud no asemejaba a la de una dama.

Era una yegua de crin purpura, rizada, de forma bastante cómica y difícil de hacer en la melena. De piel blanca, ojos color azul, y de una brillante y sorprendente pestañas bastante grandes de lo normal, estaba despeinada, pero demasiado, como si hubiera tenido una fuerte escaramuza hace nada. Estaba respirando agitadamente como si fuera el último día de oxígeno, miraba de lado a lado, con una sonrisa bastante escalofriante, no dijo ninguna palabra.

Intenté ver a través suya para ver el lugar, pero me temía de que estaría tan sucio como un establo, así que decidí mejor no verlo. Me dirigí hacia la yegua, seguía con la misma respiración, dejé los libros sobre amuletos en el suelo y hablé.

–Buenas noches dama, pasaba por el lugar y vi su deleitable Boutique, supongo que es usted la dueña, ¿me equivoco?

La yegua tardó en contestar, seguía con la gran sonrisa de antes, finalmente asintió con la cabeza.

¿Eso realmente respondía mi pregunta?

Hizo varios gestos, uno de ellos fue bastante extraño, moviendo sus ojos hacia la izquierda, como si quisiera que viera por ahí, le seguí el juego, aunque en verdad no estaba de grandes ánimos para jugar, pasaban de la una.

Miré, solo vi un montón de maniquís tirados en el suelo, en definitiva, alguno de ellos estaba roto, parecía que en realidad hubo una riña grave en la Boutique, pero no me sorprendí bastante, después de todo había visto cosas peores a ésta.

Me siguió señalando con la mirada, en ningún momento se giró, me miraba fijamente, mientras bastantes gotas de sudor le caían por la mejilla, me había hartado, pero no dije nada. Finalmente ella habló.

–Por atrás, está atrás. –Sus labios temblaron al decirlo, su timbre de voz estaba roto, o bien, quebrado, no parecía ser una voz bastante normal.

Intenté mirar detrás suya para ver a lo que se estaba refiriendo, ya estaba rondando por mi mente en que en realidad la yegua estaba loca, una corazonada bastante eficaz para una yegua que se dedicaba a la moda.

La yegua me dejó pasar, lo supe al momento en que dio leves trotes hacia atrás, pasé por la puerta. Mis anhelos de entrar se esfumaron, había todo tipo de cosas desparramadas en el suelo, incluyendo hilos de estambre y agujas, maniquís acumulados en una esquina bastante oscura, todos ellos tendidos en el suelo, tela carcomida esparcida en el suelo, sillones de terciopelo rojo arañados, pequeños puntos negros moteados en la pared, y sin fin de cosas que habitaban la sala. Me sentí en un basurero, la yegua solo compartió conmigo la simpleza de una sonrisa con dientes brillantes. De alguna forma de conformó.

Pasaron más de tres horas, ella nunca me dijo ni una sola palabra, nos habíamos sentado en un sofá rojo con pequeñas almohadas a sus costados, todo ese momento no me dijo nada, solo comenzaba a hablar pasando las tres horas, contándome todo acerca del Boutique, y de una hazaña bastante inimaginable, la de un pequeño dragón que enigmáticamente creció, y cuyas manazas tocaron de su cuerpo, elevándola, con un rubí en forma de corazón que el dragón le había regalado, eso realmente era una verdadera historia, y no creía que era ficción, lo narraba de tal forma que parecían salir de una vieja estrofa, con eso olvidé la suciedad del lugar y me conformé, de hecho, había estado atento a toda palabra que emanaba su hocico, levantando mis dos orejas a mas no poder para escuchar claramente lo que decía. Paso un buen rato después, estaba asombrado, la yegua tenía muchas historias vividas, y posiblemente tendría miles más. Entre lágrimas y tartamudos me contó sobre un peculiar maniquí de su Boutique, en el que el cuello del mismo resplandecía en un rojo vivo, que la atormentaba con murmullos y con una boca de dientes extremadamente desgarradores, ensangrentados, con ojos que aparecían de vez en cuando, ojos color rojo encarnados, eso realmente era el infierno en su pueblo.

Cuando terminó de narrar agachó la cabeza, como si fuera a pensar que lo que ella decía no fuera cierto para mí, pero para ser sincero era aún más creíble que lo del dragón y del rubí en forma de corazón, y se lo dije, ella quedó en asombro, me dijo que solo podía verlo con un espejo, en cambio los murmullos de su nombre constantemente repetidos no surgían efecto con el espejo, eran ecos que resonaban en su mente, algo que me fascinó aún más.

Mi mente ya lanzaba humo, estaba sobrecargada de imaginar todo lo que ella seguía diciendo, seguía asombrándome con cada palabra que escuchaba salir de su hocico, y cuando se detuvo desee que no lo hubiera hecho, puesto que escuché el sonido de la puerta principal abrirse, y cuatro siluetas danzar por el piso, reflejadas con la luz todavía destellante de la luna, "Rarity" (como me dijo que se llamaba) también lo notó. Entró Twilight, el pequeño dragón Spike, King Lad (el oficinista) –¿Qué estaría haciendo él aquí?–, y por último quien más me dolía ver, reflejado aún más en el umbral de la puerta con ostentación, el jefe: "Brillante Difuso".