Estoy de regresoo :) disculpen por la espera, pero en realidad no tenia tiempo de escribir alla y con la conexion bueno... Este capitulo no es mi preferido pero mañana pondre el proximo q me gusta mas (hay una sorpresa :D) sin mas q decir aqui tienen el capitulo..
BPOV
El día siguiente Alice se fue temprano diciendo que su novio llegaba de viaje y que debía ir a buscarlo. Yo me quedé en casa de Rose por más tiempo, hasta que llegó la hora del almuerzo y la ayudé a preparar lasaña, una receta que me enseñó mi madre cuando tenía 12 años.
- Todavía no puedo creer que no te levantaras cuando te hicimos todas esas bromas anoche -me comentó Rose con una sonrisa y tomando un bocado de su comida -Te pusimos lápiz labial en las mejillas y crema dental en la frente.
Instintivamente me llevé las manos a mis mejillas y a mi frente. Pero no encontré nada en ellas. Rose comenzó a reír. Y la miré con cara de confusión.
- Es mentira -susurró con unas risitas de fondo. Me relajé -Bueno, la de la crema exfoliadora en tus brazos no…-volvió a reírse y examiné mis brazos. Estos se notaban un poco pegajosos y podía observar una capa color azul sobre ellos. Me levanté de la mesa y fui al lava manos y me los limpié restregando la esponja con jabón.
-No estas lo suficiente grande como para hacer las bromas de cuando tenias 12? -le pregunté con una ceja alzada. Ella negó con una sonrisa y volvió a tragarse un pedazo de lasaña. Me senté y seguimos comiendo.
Cerca las 4:30 ella me llevó a casa, me despedí y entré. Subí las escaleras y tiré el enorme bolso en la cama como lo hice con mi cuerpo, cerré mis ojos, sabiendo que luego tendría las reconocidas pesadillas que movían mi corazón, dejándolo sólo y desamparado con el dolor…
Me desperté sin abrir los ojos, recordando por un segundo la pesadilla que tuve, la misma de siempre. Suspiré y me levanté de la cama, dirigiéndome al baño. Me desnudé y me metí en la ducha tratando de que las gotas de agua me relajaran. No podía controlar esas pesadillas, el dolor que tenia en el día, se intensificaba en la noche, haciéndome recordar su rostro fuera del agua, sus últimas palabras…
Me senté en el suelo frío de la ducha y coloqué mi cabeza entre las rodillas y mis brazos envueltos. Dejé que algunas lágrimas salieran de mis ojos, desahogándome. Estuve por unos minutos así hasta que me levanté y me salí de la ducha tratando de calmarme, viendo mi reflejo en el espejo completo. Ya habían pasado seis años, seis largos años. Alguien me puede explicar que me está pasando? El por qué no podía olvidar ese día? Mi rostro estaba rojo al igual que mis ojos. Salí de la ducha y me vestí con un vestido blanco que arriba era en forma de corazón, y llegaba hasta la rodilla y unas sandalias blancas. Dejé mi cabello húmedo suelto. Salí del baño y arreglé mi cama matrimonial con el edredón color dorado, con unos diseños de flores y acomodé las almohadas color rojo vino. Cuando terminé dejé mi habitación y bajé las escaleras tomando las llaves de mi otro auto. Entré al garaje el cual estaba oscuro pero pude ver mi Honda Civic aparcada al lado de mi Ford Fusion, desbloqueé los botones y me metí dentro de él. El día estaba soleado, y pude notar que había mucho tráfico por las calles. Manejé hasta que pude observar la pequeña tienda que estaba pintada con un verde manzana. Me bajé en la Floristería y entré por las puertas de vidrio, haciendo que unas campanitas sonaran. Una señora de cabellos blancos se encontraba ahí arreglando unos pétalos de unas rosas. Levantó su rostro y pude ver las arrugas de los ojos azules de la Señora Nichols a sus 70 años. Por un momento no me reconoció pero luego y me dio una gran sonrisa blanca.
- Querida Bella, que de tiempo sin verte! -se acercó hasta mi y me dio un gran abrazo el cual se lo devolví.
- Hola Señora Nichols, como está? -le pregunté educadamente. A la señora no la había visto desde que tenía mis 18. Ella me regaló una sonrisa.
- Muy bien querida. Y que te trae por aquí, por Phoenix? No te he visto desde que viniste de vacaciones para visitar a tu abuela-me preguntó sentándose en una vieja silla que tenía es la esquina.
- Me mudé aquí hace mucho-le dije a la Señora Nichols -Y me pareció bien visitarla y llevarme un ramo de flores-expliqué. Ella se levantó con energía y se dirigió hacia mí.
- Esta mañana han traído nuevas flores, tengo unas fresias hermosas-se giró y buscó por la parte de atrás del local un hermoso ramo de flores de fresias. Le sonreí admirando todavía el hermoso ramo.
- Me las llevo, están hermosas-ella las envolvió en un hermoso papel de color violeta y me las entregó. Pagué lo que tenía y salí del local sin antes despedirme de la señora. Coloqué cuidadosamente las flores para mi abuela en la parte de atrás de mi coche. Me metí en el y arranqué directo al cementerio.
Al llegar, bajé de mi auto y saqué las fresias. Caminé por el largo césped pasando por al lado de las tumbas de personas. Cuando llegué bajo al conocido árbol, paré y vi la tumba de mi abuela Marie.
- Hola, abuela -suspiré y miré la inscripción que decía en la tumba.
¨ En los corazones de tus hijos y nietos para siempre ¨
Me senté frente a la tumba y empecé a recordar aquellos tiempos cuando la abuela me llevaba al parque en vacaciones, cuando íbamos juntas al supermercado a comprar los ingredientes para preparar galletas y hasta cuando me enseñó a tejer cuando tenía 13. Recuerdo cuando era pequeña que me pinché el dedo con la aguja tratando de bordar y que me desmayé por ello, el olor de la sangre me mareaba y hasta hacía que me desmayara. Cuando desperté ella reía y yo le pregunté el porqué, si me dolía mucho el dedo. Ella me dijo que le recordaba a la princesa Aurora, de La Bella Durmiente. Desde ese día ella empezó a llamarme así. Reí ante el recuerdo. Apoyé mi espalda contra el árbol y cerré los ojos por unos minutos, dejando que el viento me relajara haciendo que mi cabello se despeinara y mi vestido se ondulara por las ondas de viento. La abuela había sido una tan buena persona. Ella era una de las pocas personas que me entendía, pero ella también le toco irse. Las personas que mas quería les tenía que pasar aquello: dejarme y luego tocaba el sufrimiento. Tuve uno de esos pinchazos en mi corazón que hacían ponerme a llorar. Sentía mi rostro caliente, tratando de evitar llorar, pero no pude contener esas lágrimas de dolor. Llorar era lo único con lo que me podía desahogar. Los extrañaba tanto. Quería remediar aquello, traerlos de vuelta a mi lado, junto a mi. Pero sabía que no podía hacer aquello.
Me puse de rodillas y deje las fresias arriba de la inscripción, luego le di un pequeño beso con la mano a la foto en donde se encontraba mi abuela. Me puse de pie y vi el paisaje del cementerio. Estaba lleno de flores y tumbas. Empecé a pensar a todas aquellas personas que habían perdido a una persona querida, a la que amaban. Y yo era una de ellas.
Noté una figura -la única figura- que estaba de pie entre todas aquellas lápidas. Era un hombre y me parecía conocido. Estaba cabizbajo y tenía un ramo de flores en sus manos. Se agachó y lo apoyó en el suelo. Subió la cabeza y pude identificarlo. Edward Cullen me miraba con confusión, todavía sin reconocerme. Me acerqué hasta que estuve frente a él.
- Hola Edward -su rostro estaba un poco rojo, como si hubiera estado llorando.
- Bella, que sorpresa. No esperaba encontrarte aquí -me dijo mostrando una pequeña sonrisa pero no le llegó a los ojos
- Tampoco yo -le respondí. Por unos segundos solo nos miramos, luego yo interrumpí el silencio.
- Bueno, si no estas ocupado, puedo invitarte a un café y podríamos hablar sobre la casa, que te parece? Tengo todo lo que necesito en el auto-le pregunté. Se suponía que nos tendríamos que reunir mañana, pero como no estaba ocupada ahora podríamos hacerlo ahora.
Él me regaló una hermosa sonrisa que hizo que sus ojos que parecían muertos se iluminaran ya un poco.
- Genial -me dijo.
Q piensas? R&R!
