REVISADO Y CORREGIDO EL 30 DE MAYO DEL 2018
Diálogos: -Ejemplo número uno.
Pensamientos: "Ejemplo número dos".
Cartas, periódicos, etc.: Ejemplo número tres.
Pársel: -Ejemplo número cuatro.
ADVERTENCIA: En este capítulo hay SEXO MUY EXPLÍCITO ENTRE DOS PERSONAJES MASCULINOS Y LENGUAJE SOEZ.
THUNDERSTORM LIGHTNING
CAPÍTULO 7
« Familia »
Las calles del callejón Diagon estaban un tanto concurridas. Hombres y mujeres hacían sus compras tranquilamente. Era raro ver a un niño de más de once años con su familia por allí ya que Hogwarts había empezado su curso escolar hacía pocas semanas y la escasez de estos era obvia. Pero no era tan raro ver a padres y madres con sus hijos más pequeños dando un paseo o comprando con ellos.
Harry y Kilian caminaban tomados de la mano hacia las tiendas de ropa, donde el auror estaba dispuesto a gastarse lo que sea con tal de vestir adecuadamente al pequeño. Una vez en la tienda -y mientras estaba sentado esperando fuera del vestidor donde se encontraba Kilian con Madam Malkin probándole de todo- pensó en lo ocurrido el día anterior.
Se había dejado llevar por la rabia, por los deseos de venganza, por todo. Como auror, en vez de investigar por su propia cuenta todo aquel asunto del asesinato de sus padres, se había aliado con el enemigo. Con unos asesinos que podrían llegar a ser más crueles incluso que los que mataron a sus padres.
"Ellos también perdieron a familiares…, y seguirán perdiendo si no hacen nada. Yo también me volvería loco si perdiera a la única familia que me queda". Pensó con furia.
Disimuladamente y con su mano derecha, tocó su antebrazo izquierdo sintiendo cómo su piel, a pesar de estar bien cubierto y abrigado, se alteraba con el simple roce.
"He elegido bien… No sé cuán corrupto esté el departamento… No puedo confiar en nadie para hacer esto yo solo…".
- ¿Me queda bien? -Preguntó una voz infantil interrumpiendo sus pensamientos.
Harry bajó sus manos lentamente y miró a Kilian. Estaba muy lindo con la ropa nueva a su medida. Sus ojos brillaban con inmensa felicidad y el corazón del auror dio un salto por verlo tan feliz y radiante. Se levantó y dio unos pasos para verlo más de cerca.
-Estás increíble, pequeño -le sonrió, a lo que Kilian amplió más su sonrisa-; nos llevaremos el guardarropa entero, Madam. -Se dirigió seriamente a la modesta mujer.
Mientras la señora asentía, sus ojos brillaron con lo que pareció ser codicia, pero enseguida Harry desechó ese pensamiento; Madam Malkin le ponía mucho empeño y amor a su trabajo y una compra que llenaría un poco más sus arcas no le iba a quitar esa pasión por su labor.
-Me alegra escuchar eso, señor, ¿quiere que le enviemos las vestiduras a domicilio?
Harry lo pensó unos segundos antes de contestar.
-Sí, estaría bien.
-Acompáñeme entonces, liquidaremos la cuenta y tomaré nota de su dirección.
-Kilian, espérame en aquel banco de allí, ¿quieres? -Indicó el hombre señalando al asiento donde estaba él momentos antes.
El niño asintió todavía sonriendo y se alejó. Harry suspiró con una emoción que no pudo identificar mientras seguía a la mujer. Aquel niño había entrado en su vida en un momento muy impactante para él y de una manera muy dolorosa para cualquiera.
-Madam, el niño se quedará con la ropa que tiene puesta, siéntase libre de quemar la otra con la que vino. -Dispuso Harry un poco brusco; ella asintió con extrañeza.
Mientras la mujer le preguntaba a qué dirección enviarían el monto total de ropa, Harry pensaba cuál darle. No quería que los dos siguieran en aquel cuchitril del callejón Knockturn; no era bueno para ninguno de los dos permanecer mucho tiempo ahí y no quería poner en peligro al niño si tenía que salir por la noche.
Negó internamente la cabeza; Kilian no se quedaría solo nunca más.
-Envíelo a la Calle Segunda del Valle de Godric, West Country. -Contestó él con decisión.
No importaba. Tarde o temprano volvería a su casa cuando acabara con su misión, así que se dijo que volver antes no era un problema, ya se pasaría de vez en cuando por The Flat-Noir para recoger el correo del Jefe de Aurores.
"¿Estaría Dawlish involucrado en aquella masacre?". Pensó mientras firmaba la factura de envío.
No le gustaba aquello de no confiar en nadie. Si bien no pasaba del compañerismo y la profesionalidad con todos los aurores e investigadores, jefes y subjefes, su completa amistad sólo la tenían Neville, Anthony, Mark y Angelina; todos los demás eran sólo eso, compañeros de trabajo y nada más -al menos en su propio departamento-.
A Kingsley no lo consideraba como un amigo ya que él se ganaba todo el derecho de ser tratado como algo más que eso: entró en el programa de aurores por él, aprendió todo de él y se hizo un profesional gracias a él. Muchos 'él' en una sola frase, pero Kingsley era más que su simple instructor y guía, era como otro padre más aparte de Sirius y Remus.
"Si tampoco puedo confiar en Kingsley, no sé que será de mí".
- ¿Ahora a dónde vamos? -Preguntó aquella voz inocente, sacándolo nuevamente de sus pensamientos.
Harry se impresionó mucho cuando se dio cuenta de que ya estaban fuera de la tienda de Madam Malkin, en la acera, Kilian tomándolo suavemente de la mano y mirándolo con aquellos ojitos azules un tanto verdosos en los bordes. Tanto se había metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de nada de lo que hacía. Se reprochó mentalmente por ello; alguien les pudo haber atacado por estar metido de lleno en sus divagaciones.
-Emm…, vamos a por unas cuantas cosas más y nos iremos a casa, ¿está bien?
Kilian asintió entusiasmado de ir a más tiendas y conocer más el callejón Diagon y toda la magia en sí.
[…]
- ¿Pasa algo, amor? -Preguntó Remus a Sirius que veía con los ojos bien abiertos el remitente de aquella carta.
-Harry nos ha escrito. -Los ojos de Remus se abrieron en demasía cuando Sirius le respondió.
No era nada raro que él les escribiera pero, ¿que les escribiera cuando se supone que está en una misión? Eso estaba raro, porque nunca lo hacía. La alarma invadió su pecho en cuestión de segundos de tan sólo pensar que algo pudo haberle pasado y en un abrir y cerrar de ojos estuvo junto a Sirius.
-Ábrela, Sirius, puede ser que sea importante. -Incitó Remus.
Sirius le dio un último vistazo antes de abrirla.
Antes que nada no os asustéis, papás, estoy bien. Os escribo para pediros un favor; dentro de un par de horas volveré a casa y necesito que alguien vaya a limpiar, a recoger un poco, a llenar la despensa y a preparar mi habitación y la de invitados. Todo estaba bien cuando salí la última vez y no hay mucho que hacer pero me gustaría que todo quede listo antes de que lleguemos. ¿Creéis que el viejo Kreacher quiera hacerlo? Espero que sí, más tarde nos pasaremos; os amo, Harry.
- ¿Ha acabado su misión tan rápido? -Se preguntó Remus atónito.
- ¿Bromeas, cariño? -Preguntó Sirius mirando a Remus divertido; el de ojos ámbar observó a su pareja extrañado-. Yo lo que me pregunto es… ¿quién es esa persona que traerá Harry y por qué tanta la urgencia? -Rió finalmente divertido.
- ¿Quién crees que será? -Preguntó Remus, Sirius negó con la cabeza.
-No lo sé, Rem, pero parece que nuestro cachorro está deseoso de que le conozcamos -sonrió divertido-; ¡¿Kreacher?! -Llamó.
Un sonido se escuchó y un elfo se apareció ante los dos hombres, mirando con adoración a Sirius que le regalaba una sonrisa.
- ¿Desea algo el amo Sirius? Kreacher está para servirle. -Se inclinó e hizo una gran reverencia.
-Kreacher, tengo varias órdenes para ti… -Habló el hombre mientras salía de la habitación con el elfo detrás de él y dejando a Remus allí, especulando en sus pensamientos.
[…]
Cuando Harry le dijo que irían a 'casa', el pequeño Kilian se esperaba que volvieran al departamento del callejón Knurtem…, Knortem…, Knorloquesea, no que entrarían a una especie de restaurante taberna y saldrían a otra calle totalmente distinta -que por su apariencia y su gente, sabía que no eran magos- cogerían un extraño autobús de tres pisos que se movía mucho y llegarían a un pueblito pequeño, pero muy maravilloso y bonito.
- ¡¿Esta es tu casa!? -Preguntó el niño boquiabierto-. ¡Parece una mansión!
-Nuestra casa, Kilian, nuestra casa -contestó el mayor riendo.
- ¡¿También es mía?! -Exclamó con entusiasmado con las mejillas rojas.
-Claro que sí, pequeño -se agachó y lo tomó en brazos felizmente-. ¿Quieres verla por dentro? -Kilian asintió tanto que Harry pensó que después le iba a doler el cuello.
Los dos recorrieron la casa de arriba abajo y de abajo arriba. Harry le mostró la que sería su habitación a Kilian y al pequeño casi le da algo al ver la cantidad de juguetes mágicos y muggles que tenía una habitación al final del pasillo; había un poco de polvo en algunos pero nada por lo que preocuparse. Su habitación estaba al lado de la de Harry y él le había prometido entre risas que la decorarían los dos juntos.
Una hora después, cuando Harry se encontraba haciendo el almuerzo y Kilian jugando en la habitación de juegos, el guardarropa del niño llegó y él sonrió feliz al ver la cantidad de ropa nueva que tenía. Se acabó aquello de tener que compartirla con alguien más y pasar días enteros con una sola muda; con Harry no le faltaría de nada y estaba muy feliz por que el hombre lo adoptara y lo quisiera.
Muy feliz.
[…]
Nunca habían visto los ojos de su Harry brillar tanto. No después de aquella catástrofe donde perdió a sus padres. Pero ahora sonreía como aquel niño de casi nueve años que se divertía con todo. Remus y Sirius se preguntaron quién fue la persona capaz de provocar en él tal alegría y se sorprendieron cuando sus hipótesis fueron totalmente equivocadas.
Miraron con total asombro al pequeño niño que a su vez los miraba a ellos dos totalmente cohibido y con las mejillas sonrosadas. Observaron a Harry interrogantes, pero de él sólo recibieron la típica mirada suya que decía: luego os lo explico, y los dos se tranquilizaron un tanto.
Si había algo con ese pequeño niño de piel blanquecina y de cabellos negros ondulados, rasgos finos y ojos azules casi verdes, es que era un verdadero amor, dulce y educado. Lo observaron caer dormido del cansancio después de la cena y lo llevaron a una de las habitaciones de arriba, mientras ellos charlaban en la salita de estar.
-No me lo puedo creer, ¡que maldito bastardo! -Chilló Sirius cuando Harry les contó cómo encontró al niño.
Remus trataba de tranquilizar al hombre que en tan pocas horas ya se había encariñado con el pequeño Kilian.
- ¿Dices que Gudgeon huyó? -Preguntó el castaño a su hijo; Harry asintió.
-Sí. -Respondió escuetamente; si alguno de los dos no le creyeron, no lo demostraron-. Yo le había herido con una maldición menor…, nada importante -aclaró- ahora estará quién sabe dónde.
-Cuándo lo encuentren… -Habló Remus, pero Sirius lo interrumpió.
-No lo van a encontrar, Remus, ese maldito de Gudgeon seguirá haciendo daño a más niños y con su influencia en el Wizengamot será más difícil atraparlo. -Sirius estaba rojo de la cólera.
Harry miró a sus dos padres; quería encontrar otro tema de conversación para poder dejar de hablar de eso y evitar confesar que él mismo lo mató, pero no encontraba qué decir. Repentinamente, un dolor punzante en su brazo izquierdo le hizo saltar y levantarse del sillón donde se encontraba; todo eso en menos de un segundo.
- ¿Pasa algo, hijo? -Preguntó Remus, mirando a Harry con extrañeza.
-Mierda -arrugó Harry el entrecejo mientras luchaba por no tocarse el brazo allí mismo- me olvidé de que tengo una reunión con uno de los informantes. Tengo que irme ya -dijo mientras avanzaba hasta la puerta, pero luego retrocedió-; Joder…, Kilian.
-No te preocupes, nosotros cuidaremos de él, hijo, anda ve -interfirió Sirius, Remus asintió de acuerdo.
-Gracias, papá, volveré a por él en cuanto acabe -se acercó a sus padres y les dio un rápido abrazo para después salir pitando de la casa.
El frio fue como una bofetada para Harry. El ambiente de la calle estaba espeso y áspero, como si una espesa neblina invisible estuviera alrededor. El brazo le ardía, pero todavía no cedía a tocarlo; miró el número doce de Grimmauld Place por última vez antes de palpar su antebrazo y fue absorbido por un intenso remolino negro.
[…]
Cuando aquel humo oscuro dejó de dar vueltas a su alrededor, una gran fuerza doblegó a Harry y este cayó de rodillas al suelo sin poder evitarlo, viendo como aquella humareda parecida al hollín desaparecía tan rápido como llegó, dejando ver a varias figuras delante de él.
Y detrás de ellos, sentado en su trono, al Señor Oscuro.
-Buenas noches, Potter. -Habló el hombre con una tranquilidad extraña.
-Mi Señor…, Caballeros -agachó la cabeza en reverencia.
-Ponte en pie, Potter -y Harry así lo hizo, aprovechando para alzar el rostro y mirar a las tantas personas que había delante de él-, debes sentirte privilegiado ahora mismo, Potter, te encuentras ante todos y cada uno de mis Caballeros de la Muerte. -Informó con un deje orgulloso-. Los recién alistados no tienen ese privilegio, pero tú eres…, un tanto especial.
Miró brevemente a todas las personas que había delante de él; eran once en total, cada uno encapuchados y con máscaras con forma de calavera, espeluznantes, pero totalmente diferentes a la vez. Era extraño, pero los pequeños detalles o la falta de ellos, le hacía pensar que estaba ante personas de distintos rangos, edades o sexos.
-En las reuniones e incursiones, misiones o alguna otra situación donde tengas que dirigirte a algunos de ellos los llamarás por su apodo, nada de nombres reales, Potter, espero que no lo olvides. -Harry asintió.
El moreno comprendió eso enseguida: era una estrategia muy usada también por los aurores cuando se iban a las misiones más peligrosas.
-Conocerás sus alias, mas no sus nombres o identidades a no ser que ellos así lo quieran…, muchos no confían en ti y es su elección hacerlo…, -dijo y se levantó lentamente de su trono, dando pasos cortos alrededor de este- claro que eso no quiere decir que los que lo hagan se fíen de ti; sus razones tendrán para ello. -Terminó y se volvió a sentar.
Después de varios minutos de absoluta expectación donde nadie movió un solo dedo, el hombre volvió a hablar.
-Halka es mi mano derecha, consejero, segundo al mando, adalid de los Caballeros de la Muerte, experto sanador y nuestro maestro pocionista.
El que estaba justo en el medio de todos ellos dio un paso al frente y Harry se fijó en su máscara detenidamente, captando detalles que las demás no tenían, como que las líneas que perfilaban la máscara eran doradas como el oro.
El hombre volvió a su puesto sin hacer ningún movimiento.
-Vultk, nuestro jefe de operaciones, hombre lobo y, sobre todo, hombre de guerra.
El alto y fornido cuerpo del hombre que estaba al lado izquierdo de Halka avanzó un paso y su máscara y capucha desaparecieron, dejando ver un rostro rudo, de piel bronceada, largos y ensortijados cabellos grises y sonrisa amenazante; nada de lo anterior lo hacía menos atractivo, al revés, era muy apuesto.
-Fenrir Greyback. -Se presentó con voz ruda, peligrosa, para después volver con los demás.
-Tirka, hábil duelista, consejera de operaciones e instructora de defensa y ataque.
Cuando la máscara y la capucha desaparecieron, lo primero que Harry miró fueron aquellos ojos grisáceos como los de su padre Sirius y no necesitó que la mujer dijera su nombre para saber que era una Black, sus rasgos faciales así lo aparentaban.
-Narcisa Malfoy. -Harry no podía dejar de mirar aquellos ojos, haciendo que la voz de la rubia y hermosa mujer pasara un poco desapercibida hasta que algo hizo clic en su cerebro y la reconoció.
"¡Fue la mujer con la que me batí en duelo! ¡¿Pero qué demonios?! ¡Si aquella vez parecía una verdadera desequilibrada!".
- ¿Sorprendido? -Preguntó ella con voz empalagosa, pero con una sonrisa realmente perturbadora.
La risa del Señor Oscuro se oyó por detrás y la mujer volvió a su puesto con aquella sonrisa en sus labios.
-Kingy, tú y tus manías de llegar tarde -comentó el hombre del trono, mirando más allá de donde estaba Harry, que no se había dado cuenta del sonido de la aparición detrás de él-, pero has llegado justo a tiempo…, Potter, creo que ya conoces a Kingy.
Harry se giró con el entrecejo fruncido justo a tiempo para ver cómo la máscara y la capucha desaparecían y dejaban ver un rostro moreno ya conocido.
- ¡Kingsley!
Juró que lo gritó, Harry realmente juró que gritó su nombre, pero no se dio cuenta de que no fue así. Sólo le salió un susurro ahogado mientras su mandíbula caía al suelo junto con media vida llenas de apariencias. Miró a sus ojos negros como la noche y pensó en todo menos que eso estuviera ocurriendo de verdad.
Kingsley Shacklebolt era uno de ellos.
"Con razón…, con razón era extraño que Skrit, con ese aspecto, se hubiera amedrentado ante Kingsley; con razón me parecía raro que ellos supieran todo de mi; con razón querían probarme antes de confiar en mí…, Kingsley sabía de mi honestidad hacia la ley y con razón querían asegurarse".
Tenía ganas de que alguien hablara, de que alguien lo hechizara, de que alguien le propinara un golpe que lo hiciera despertar, pero no, allí se encontraba Kingsley, alias Kingy, mirándolo a él con… ¿dolor?
"¿Dolor por haberme engañado? Podría habérmelo contado todo y yo le hubiera creído, podría… ¡Maldición! Podría haber confiado en mí… Pero no lo hizo… No lo hizo. Pero si lo hubiera hecho, ¿de verdad lo habría creído? Joder…, quizás…, quizás no".
Harry suspiró mentalmente y agachó la cabeza. Cuando volvió a poner su mirada en Kingsley le proporcionó una pequeña sonrisa y pudo notar que el hombre respiraba nuevamente; ni Harry mismo se había dado cuenta de que el moreno estaba conteniendo la respiración.
-Disculpe, mi Señor, algunos…, imprevistos.
Y avanzó pasando por delante de Harry hasta llegar con los demás Caballeros, se posicionó al lado de Tirka y miró a Harry con afecto.
-Kingsley Shacklebolt.
-Estos son mis cuatro jinetes, Potter, los cuatro pilares de mi organización. -El orgullo salió una vez más con las palabras-. Caballeros, hoy se les ha invocado por una misión un tanto…, arriesgada.
Todos se dieron la vuelta y observaron al hombre; Harry dio unos pasos más adelante, acercándose un poco para enterarse mejor.
-Necesito al menos cinco de vosotros para esto, pero he de advertiros que no será nada fácil… Seréis los señuelos en los que caerá la culpa de los últimos asesinatos de los que hemos sido injustamente inculpados.
Ninguno dio muestras de moverse ni un ápice y Harry se maravilló por ello; no todos los días veías a alguien soportar tan estoicamente que fuera a pasar el resto de su vida en la cárcel sin que se derrumbara por ello. Debían de ser muy leales al Señor Oscuro si eran capaces de aceptar cualquier cosa.
"O tener unas ganas de venganza increíbles". Completó con el pensamiento.
-Por supuesto que no dejaremos que duréis mucho en Azkaban, no puedo permitirme eso dado la actual situación.
-Si me disculpa, mi Señor. -Se inclinó uno de los cuatro Caballeros; Halka, recordó Harry-. Nos beneficiaría mucho que después de que los aurores los capturen, ellos escaparan, serían una completa distracción para el Ministerio y de ese modo no tendrían que pisar Azkaban. -Terminó, y vio como Kingsley asentía.
-Estoy de acuerdo.
-Bien, mejor aún. ¿Voluntarios? -Tres dieron un paso al frente enseguida-. Korst, Tesir y Ezlan, muy bien. ¿Al menos dos más?
Harry se fijó en una figura que tembló un poco, como si estuviera dudando, y sólo hasta ese momento pensó que qué hacía él ahí, por qué lo había llamado y por qué estaba presente en todo aquello. ¿Qué era lo que estaban planeando?
Otro más dio un paso y enseguida el hombre lobo intercedió poniéndose en su camino.
-Ni hablar -le dijo a la figura que había avanzado-, vuelve a tu sitio, Banja, eres demasiado joven y no podemos dejar que ellos sepan quién eres, no todavía… -Habló con voz peligrosa el hombre lobo, para ser interrumpido por el Señor Oscuro.
-En realidad…, he pensado que será mejor que uno de vosotros cuatro también se presente… -Dijo exponiendo una sonrisa sagaz.
-Pues me presento yo -anunció el hombre lobo con una voz tan segura que no admitía réplicas.
Harry vio otro cuerpo temblar, pero este no se movió de su sitio. El que estaba a su lado, en cambio, sí.
-Y finalmente, Stolk… Bien, ya están todos -afirmó complacido-. Os estaréis preguntando para qué es necesario todo esto… Necesitamos que el auror Potter vuelva a su puesto, y por ello deberá 'resolver el caso', la única opción que tenemos es usaros como señuelos. -Harry abrió mucho los ojos, cayendo en la cuenta de todo-. Kingy ya nos ha informado que el Jefe de Aurores no descansará hasta desarticular esta organización, pero no le daremos lo que quiere.
-Potter -habló Kingsley al muchacho, haciendo que el auror ponga su mirada en él-, Dawlish debe de creer en todo momento que ellos no forman parte de la banda criminal y que trabajan por su cuenta, de ese modo, nada de eso tomará la audiencia que él ambiciona.
Harry asintió; lo tenían todo bien pensado.
[…]
Horas después, en una casa rural bastante alejada de allí, una persona caminaba impacientemente por toda la habitación. Skrit, o Draco, estaba molesto, irritado, furioso. El cuerpo le temblaba sin misericordia por la frustración que sentía.
"¿Es que acaso no podía presentarse alguien más que no fuera precisamente él? ¿Qué diablos tenía en la cabeza? ¿Serrín? Pero no, es Greyback, ¿qué más se podía esperar de él?".
Fenrir llegó a la pequeña casa que compartía con Draco, lo encontró dando vueltas por la habitación y hablando solo, costumbre que había cogido desde hacía ya algunos años. Suspiró derrotado cuando el otro se percató de su presencia y se le abalanzó hecho una furia.
- ¡¿En qué demonios estabas pensando?! ¡¿Por qué lo hiciste?! -Gritaba una y otra vez mientras le propinaba puñetazos en su amplio pecho-. ¡Sabes perfectamente que cuando descubran que eres un hombre lobo te matarán allí mismo, no dejarán que pises tan siquiera Azkaban! ¡Maldito seas!
Fenrir tenía el ceño completamente fruncido, viendo como su pareja le asestaba golpe tras golpe, pero sin llegar a moverlo de su sitio o hacerle daño realmente. Agarró sin mucha fuerza los brazos de Draco para hacer que parase, y este, dando un último grito de molestia se le echó al cuello y lo abrazó, llorando amargamente.
- ¿No entiendes que no quiero que te pase nada? No quiero perder a nadie más, Fenrir. -Sollozó el rubio en el cuello del más grande.
-Draco, mírame -el chico negó con la cabeza- por favor. -Fenrir lo tomó suavemente del cuello y lo hizo despegarse lentamente de su cuerpo-. Entiende que no podía dejar que el estúpido de mi hermano decidiera presentarse, tu bien sabes que es demasiado impulsivo y podría cometer un error que lo llevara a la muerte.
-Estúpido Amarok, ¿por qué siempre le tienes que salvar el pellejo? ¡No es justo! -Lloriqueó Draco, apartándose de él y dándole la espalda.
-No sólo lo hice por él, Draco, también lo hice por ti.
- ¡¿Por mi?! -Vociferó el rubio, dándose la vuelta y señalándolo con el dedo acusadoramente-. ¡Yo no me presenté voluntario, maldita sea! ¿No digas que fue por mi!
-Ya oíste al Señor Oscuro, Draco, uno de nosotros cuatro se tenía que presentar igualmente -el rubio negó con la cabeza, tercamente-. ¿De verdad piensas que Severus, su mano derecha, se iba a presentar? -Draco parpadeó confundido-. ¿Piensas que lo haría Kingsley, que tiene que estar en el Ministerio cuando todo ocurra? Sólo quedábamos yo y tu madre. ¿Y ella, Draco? Sabes tan bien como yo que se presentaría sin pensarlo, pero yo no iba a tomar el riesgo de que perdieras al único lazo de sangre que te queda en esta vida. -Terminó acercándose a él, abrazándolo.
Y Draco se dejó hacer.
- ¿No entiendes que tampoco te quiero perder a ti? -Dijo en un susurro agonizante, lastimero.
-Yo soy fuerte, mi vida, resisto y sobrevivo, pero ni mi hermano ni tu madre pueden decir lo mismo; tenía que hacerlo..., por ellos y por ti.
-No te pasara nada, ¿verdad? -Preguntó con sus ojos entristecidos.
-No. -Contestó el hombre firmemente, con un destello especialmente brillante saliendo de su mirada.
Fenrir tomó los labios de Draco con deseo, como si estos fueran el elixir que lo conservaba con vida, que lo mantenía conectado al mundo de los vivos. Llevó sus manos hasta la espalda del menor, bajándola lentamente hasta su firme trasero, acariciando, anhelando, e izándolo finalmente.
Draco envolvió sus piernas alrededor de su cintura mientras gemía en su boca, apretando el amplio cuello del otro con sus manos que parecían diminutas en comparación. Sintió cómo era depositado gentilmente en la cama mientras su cuello era devorado por la hambrienta boca del hombre lobo.
-Ahhh. -Dejó escapar un gemido.
Fenrir lo desnudaba con fiereza mientras gruñía; siempre lo hacía. Y al rubio le encantaba. Puso en marcha sus manos y las enredó en el largo cabello gris cuando este le besaba el ombligo con gula.
Pronto los pantalones del rubio desaparecieron y con estos también su ropa interior. Fenrir lo besó en los labios una vez más antes de levantarse de la cama y dejar al rubio allí tirado. Por otro lado, el hombre miró desde su posición al chico. Este estaba completamente rojo de cuello para arriba; la piel del resto de su cuerpo era nívea y totalmente limpia, lampiña y bien cuidada. Gruñó y se empezó a desvestir lentamente bajo la mirada deseosa de su rubio.
Draco a su vez observaba cada movimiento del hombre con hambre. Primero cayó la pesada casaca de piel que utilizaba dejando ver su apetitosa tez bien bronceada. Llevó una mano a su palpitante erección y escuchó otro gruñido de Fenrir, deseándolo, devorándolo con la mirada. Y después vinieron los pantalones y la ropa interior, mostrando su gran miembro totalmente excitado; el rubio no esperó más y se abalanzó contra esa preciosa y palpitante polla y la cubrió con sus labios tragando con apetito.
-Haaahh. -Cerró los ojos Fenrir, controlándose por no venirse en ese mismo instante.
Draco succionó, chupó, lamió y relamió toda la longitud. Después de unos minutos, Fenrir hizo que se pusiera de rodillas encima de la cama, besándolo con ganas y apretando nuevamente sus nalgas mientras sus erecciones chocaban.
-Ponte a cuatro patas -gruñó Fenrir encima de sus labios.
La polla de Draco dio un respingo por la excitación que sintió e hizo lo que el otro hombre le pidió, levantando el culo con anhelación cuando sintió aquella lengua húmeda recorrer toda la superficie de su entrada, lubricándolo con ella.
-Haahhh, Fen-Fenrir, haahhh.
Sintió un dedo, luego dos y más tarde tres, tocándole cierto punto y haciéndole ver las estrellas, a la vez que también bombeaba su erección; hasta que aquellos dedos que lo elevaban al quinto cielo desaparecieron y sintió cómo era girado en la cama; su espalda tocando las suaves sábanas blancas.
-Necesito follarte fuerte -gruñó Fenrir mientras lo besaba posesivamente.
No era una pregunta ni una propuesta, los dos lo sabían. El hombre lobo colocó su miembro en la entrada del rubio y empujó fuerte, hasta que toda la totalidad de su pene desapareció por entre esos muslos blancos que lo llevaban siempre al puto paraíso; gritó de puro placer, recibiendo el gruñido de Draco en su boca.
Este envolvió sus piernas alrededor de su cintura y Fenrir empezó a entrar y salir con fuerza, como un puto desquiciado que ha perdido la razón por el placer. Empujaba fuerte y con ganas, con ansias, con lujuria y con pasión mientras Draco no dejaba de jadear y de respirar entrecortadamente. Y él mismo no se quedaba atrás; cambió el ángulo ligeramente, colocándose mejor encima del cuerpo que estaba bajo él -recibiéndolo gustoso- hasta que oyó lo que quería oír:
-Jo…, joder, ahí, jus…, justo ahí. -Le dijo Draco antes de besarlo.
Y Fenrir concentró todos sus envistes justo 'ahí'.
"Un poco más, sólo un poco más". Pensó el fornido hombre sin perder el ritmo.
Y así sucedió, varios envistes después y Fenrir se corría con una fuerza descomunal en el interior de Draco, éste sólo dos segundos después, clavándole las uñas en sus amplios hombros a la vez que lamía y mordía el labio inferior del hombre lobo.
Fenrir salió de él y se acostó a su lado, atrayéndolo a su pecho como de costumbre, agarrando su cintura con posesión y besando finalmente sus labios con ternura.
"Así es él…, rudo y tan sólo un segundo después…, tierno". Pensó Draco.
Suspiró satisfecho y se acurrucó más en el amplio pecho de su pareja, dejando que Morfeo se lo llevara lejos en pocos segundos.
Fenrir, en cambio, suspiró y miró el perfecto rostro de su pareja dormir apacible mientras una cantidad de pensamientos asaltaban su mente por largo tiempo.
"Todos hemos perdido a nuestros seres queridos, quizá los únicos que nos quedaban… Yo no permitiré que tú pierdas a más, amor mío, tú no perderás a nadie más".
Y con ese último pensamiento, Fenrir Greyback besó la piel suave de la frente de Draco y cerró los ojos para dormir con él.
[…]
N/A:
¡Capitulazo doble!
¿A que pensasteis que la mujer a la que se enfrentó Harry era Bellatrix? ¿Ehhh? ¿A que sii? PUES NO *ríe descabelladamente* jaja xD Era Narcisa. Me gusta darle un poco de esa locura que caracteriza a la hermana, creo que me va a salir bien (joder o eso espero) *suspira dificultosamente*.
¿Y Kingsley del lado de Voldy? Sí, yo también estoy sorprendida o.o
Espero que os haya gustado el Lemon, no es el primero que escribo, pero sí el primero que publico. Y sí, soy consciente del shock de imaginarse a Fenrir Greyback con Draco, pero la cosa es que aquí no es físicamente el mismo que en las películas: es un hombre robusto, alto y musculoso, guapo y de muy buen ver. El Fenrir de las películas es repulsivo. Dave Legeno fue un hombre hermoso, imagínenselo a él y no a su personaje :)
Y bueno, ojalá que os haya gustado todo en general y sigáis dejando vuestros hermosos reviews.
Yara Riddle Black.
