¡Hola! ¿Cómo están? Espero que estén teniendo un lindo domingo. Otra vez llego el fin de semana así que como corresponde acá les dejo el sexto capítulo de este historia originalmente escrita por Egypt (sphinxs-legend) y traducida al español por mí. ¡Disfrútenlo!
Capítulo 6: Reflejos
En lugar de asistir a la cena el domingo por la noche, rápidamente me sumergí en mi habitación. Aunque dudaba que alguna de mis compañeras de cuarto volviera ya que eran sólo las 6, aun así había conseguido que Theodore ayudara a distraer a Daphne de volver a la sala común o de buscarme. Había puesto un seguro en la puerta para poder al menos oír si Daphne, Tracey, Lilian o Alya decidían regresar.
Yo nunca llego a tiempo; y aunque estaba un poco preocupada de que había llegado a tiempo no solo a mi castigo, lo que se suponía que era la cena, y este posible encuentro con Sirius, sabía que no era un desperdicio de mi único fin de semana puntual del año porque tan rápido como entré por la puerta pude escucharlo susurrar mi nombre.
"¿Qué si hubiera sido Alya? Ella es tu prima de algún modo, estoy segura –ustedes sangre puras son todos parientes" susurré, cerrando la puerta tras de mí. "¿Dónde estás?"
"El espejo" susurró. Rodé los ojos.
"Ah, eso tendría sentido con toda esa cosa del 'reflejo'" dije, trepándome sobre la cama de Lillian Moon para alcanzar el espejo en el medio de esa y la cama de Daphne. Sirius estaba de pie en el espejo, tamaño real y sonriendo, aunque sus oscuros ojos grises permanecieron turbulentos. "¿Y cómo es que lograste esto?"
"¿No puedes honestamente creer que James y yo nos privaríamos de visitar a nuestras novias en sus dormitorios?" rió él. Arrugué mi nariz por la excesiva cantidad de información sobre mi padre. "Esto está conectado a todos los espejos de las niñas, los niños no los tienen."
"Tienes que escribir una lista con todos estos tipos de trucos que tienes. No creo ni que Fred ni George sepan de este." Sonreí sarcásticamente antes de sentarme en la cama más cercana al espejo, él pareció inclinarse contra en marco. Absorbí su apariencia. "Te ves bien."
"He estado mucho mejor, hablé con Harry esta mañana –está aterrado."
"Yo también, pero no puedes decirle eso." Añadí rápidamente, señalándolo con un dedo acusador. El alzó sus manos, aunque sus cejas se habían alzado también con algo de escepticismo. Conocía ese destello, sabía lo que estaba pensando incluso antes de que lo mencionara. "Yo no puse el pergamino, Sirius."
"Harry me aseguró que no lo hiciste" dijo lentamente. "No creo que pudieras mentirle a él."
"Noto que tomas su palabra sobre la mía." Murmuré, notando la pequeña y amarga diferencia entre 'te creo' y 'creo que Harry no mentiría'.
"Esas observaciones tuyas hacen que esas túnicas verdes brillen" bromeó Sirius. Bufé, moviendo mi mano como la realeza entre nosotros.
"Deberías saber que me guste tomar el crédito por mi trabajo" confesé, cruzándome de brazos. "Pero no me gusta que me traten como heroína. Me gusta ser la amarga. No estoy acostumbrada a que me adulen."
"Harry está pasando un mal momento, Gryffindor no está apreciando esta nueva proeza como lo ha hecho con las del pasado." Murmuró Sirius. "Ni siquiera Ron, Harry le ocultó que estábamos hablando."
Pensé en mi visión, volvía a tener esa fría sensación de sólo pensar en ella –Ron luciendo tan malicioso que sentí la necesidad de casi ahogarme en mi propio disgusto hacia mi hermano. Era una sensación familiar que a veces sentía, pero era difícil imaginar esos sentimientos emanando de su mejor amigo.
"Lo vi en mi visión –tal vez vaya a hablar con él antes del toque de queda." Ofrecí, aunque sabía que no lo haría. "Snape me ha llenado la cabeza con pensamientos terroríficos, no pude pegar un ojo anoche gracias a ellos."
"Hablando de Quejicus" dijo Sirius con una mueca de desprecio, saliéndose de mi visión para agarrar alto a su espalda. Sacó una copia de El Profeta. "¿Lo has leído?"
Él colocó el periódico frente a mí y me molesté al ver que la foto se movía para mostrarme pasando de Audrey sonriente a Audrey enojada quien se cruzaba de brazos y parecía lista para romperle el cuello a alguien –no me gustaban las fotografías que se movían. Hacían que ser algo fotogénica sea mucho más difícil.
"No puedo decir que lo hice, o que quiero hacerlo." Dije molesta, Sirius alzó una ceja pero movió sus ojos sobre el artículo de todos modos.
"Harry Potter, de 12 años, sospechoso participante en el Torneo de los Tres Magos. Visto aquí con sus ojos empañados por el fantasma de su pasado mientras se preocupa por el peligroso camino que ha tomado luego de que sus padres tan valientemente intentaran cambiar su rumbo. 'Supongo que les debo mi fuerza a mis padres' explica en su primera y única entrevista 'Sé que estarían orgullosos de mí si pudieran verme en este momento… Sí, algunas noches aún lloro por ellos, no me da vergüenza confesarlo. Sé que nada dañará a mi hermana o a mí durante el Torneo porque ellos nos protegen.' Aunque él demuestra un patológico deseo de probar su valor al mundo mágico ahora que su fama ya no se debe solo a Ya-Saben-Quién, el joven de segundo año-"
"Suficiente de esa basura" siseé, enfurecida por la magnitud de sus mentiras e incluso aún más molesta de que la entrevista a Harry lo estaba haciendo parecer nuevamente el héroe. "¿Cuál es el sentido de leérmelo?"
"Oh, la parte buena apenas comenzó" dijo Sirius con una sombría mirada hacia mí. Oh no, pensé, sabía lo que esa mirada significaba. Y debía de haberme dado cuenta que Harry probablemente no había sido el único que había obtenido un espacio personal en este artículo. Sirius enderezó el periódico y comenzó una vez más.
"La curiosa y menos famosa hermana melliza de Harry Potter, Audrey Potter, también ha ingresado al Torneo bajo un tecnicismo del cual ella no está orgullosa. Parece que se ha dirigido con preguntas hacia su mentor, el maestro de pociones Severus Snape; Snape parece ser una imagen paternal para la solitaria alma luego de que recientemente descubriera que su tío es el asesino en serie, Sirius Black-' particularmente me gusta esta parte, 'quien nunca podría ser capaz de ocuparse de la chica que por siempre será atormentada por la sombra de su hermano. La pequeña, indefensa niña, quien ha admitido no tener más poderes mágicos que un Squib-"
"¿Que dijo qué?" grité, él inmediatamente me calló. Jadeé al pensar en ello, mi visión tornándose de un rojo que quería sangre. "Ella no…"
"Ella sí. ¿Qué le dijiste?" preguntó, luciendo casi tan divertido como preocupado.
"Dije que no era buena con la varita, pero que dejaría caer mi ira sobre quien sea-"
"Sí, dice eso luego de lo de la squi-"
"¡Sh!" chisté. "Ese comentario, lo entiendo."
"-que aun así encontrará el modo de hacer caer su ira sobre aquellos que intentaran lastimar a su hermano mellizo, me dijo ella con ojos rojos-"
"¡Sí, rojos de furia!" siseé.
"-ella se largó del lugar sintiéndose muy sentimental para poder decirle más a El Profeta, pero esperamos ver interesantes resultados de ambos mellizos Potter quienes necesitaran ayudarse el uno al otro durante sus severas discapacidades psicológicas y mágicas para sobrevivir este cruel torneo."
Me mordí el labio, pensando amargamente en el artículo antes de soltar una carcajada. Sirius me miró con preocupación. "Esa mujerzuela es brillante."
"¿Perdón?" preguntó Sirius con escepticismo. Siseé otra risa.
"Es brillante. Tiene un punto, lo que no sabe es que yo voy a vengarme. Oh, ¡voy a vengarme! No puedo creer que me haya llamado-"
"¡Audrey!" susurró Sirius imperativamente. "Concéntrate."
"Me estoy concentrando" dije defensivamente. "¿De qué más vamos a hablar demás del hecho de que yo no puse el pergamino y ese artículo?"
"De un hecho que es cierto, tú apenas puedes utilizar una varita." Dijo Sirius en voz baja. Me calmé rápidamente. Su comentario fue mordaz pero logró su cometido al serenarme. "Es algo con lo que hay que lidiar antes de la primera prueba."
"Yo puedo usar una varita" murmuré para mí misma. "Simplemente no puedo apuntarla… o concentrarme… o algo. Apuesto a que Dumbledore te lo podría explicar, ya sabes, ya que no me lo explicará a mí."
"Dumbledore está haciendo todo lo que puede para descubrir quién está intentando deshacerse de ustedes, así que yo no le causaría ningún problema si fuera tú." Suspiró Sirius. "Quejicus por otro lado…"
Alcé mis cejas. "¿Qué hay con él?"
"Tan pronto como leí las noticias comencé a leer las reglas. Tú, mi pequeña amante de pociones, tienes permitido consumir pociones cuando la competencia comience siempre y cuando sea controlada por los jueces. El problema, es hacer durar el efecto hasta que sea tu turno…"
Lo pensé por un momento. ¿Quién sabía cuánto terminaría durando la maldita prueba? Podía durar desde una hora hasta un día. Posiblemente más. Nunca se podía estar segura con estas ridículas competencias mágicas.
"Le preguntaré a Snape sobre eso. Creo que leí algo en el libro pociones para sexto año que te enseñaba cómo hacer que el efecto de ciertas pociones duraran más…" pensé, arrugando el rostro mientras intentaba recordar. Creo que tenía algo que ver con sudor de banshee y ceniza de roble…
"Bueno, al menos él puede ayudarte con las pruebas. Yo lo haría, por supuesto, pero-"
"Sirius" jadeé ante la facilidad con la que podía identificar su tono frío. "¿Estás celoso?"
"¿De Quejicus?" se mofó. "Para nada, es sólo que… desearía poder hacer más."
Fruncí el ceño, sentándome más derecha y descruzando mis brazos para colocarlos en la cama. "Sirius, no te culpamos. Haz hecho más por nosotros de lo que tú sabes."
"Aun así," suspiró. "No negaré que estaba un poco… molesto cuando vi que lo considerabas a él una figura paterna."
"No es que sea una figura paterna. Difícilmente es afectuoso o atento o lo que sea," expliqué con un suspiro. "Es que él dice las cosas claras. No es críptico u homicida y acepta todos mis brutos comentarios. Soy horrible con el hombre, en serio."
"Deberías serlo, no es el tuyo del lado bueno en el que él desearía estar." Sirius gruñó audiblemente, pero no me dio un segundo para pensar el significado tras sus palabras antes de que continuara: "Igor Karkaroff era un Mortífago y Barty Crouch, su hijo era un Mortífago que fue enviado a pudrirse y morirse en Azkaban, no tiene corazón. Estas pruebas están diseñadas para asesinar a alguien y alguien saltó ante la posibilidad. No puedes confiar en nadie aquí, Audrey. Tú y Harry están solos en este Torneo -permanezcan juntos."
El énfasis era tan poderoso y exhalé un largo suspiro, asintiendo con mi cabeza.
"Realmente desearía que estuvieras aquí, Sirius."
"No estaré muy lejos. Si alguna vez necesitas hablarme, puedes enviarme una lechuza y puedo ponerme en contacto contigo a través de aquí" me aseguró. "Debería irme antes de que alguna de tus compañeras de cuarto vuelvan, eso o que los elfos domésticos vengan a limpiar esta pocilga."
"Deberían considerar que ninguna de nosotras lo hará" sonreí irónicamente. "Buenas noches. Por favor, ¿dime que te podré ver en Navidad? Te llevaré una caja con ratas."
"El Torneo de los Tres Magos continúa en Navidad" dijo sacudiendo la cabeza, intentando ocultar su sonrisa. "Pero veré qué puedo hacer. Buenas noches." Y de repente, con un destello en el espejo, Sirius se había ido.
Tan pronto como me di un momento para respirar, ya estaba fuera de mi dormitorio nuevamente. Hablar con Sirius había sido consolador, pero al mismo tiempo me sentía más perturbada ahora que se había ido. Necesitaba algo que me aliviara y sabía exactamente dónde lo encontraría.
Sabiendo que no podía ir en busca de Theodore luego de la pequeña distracción que él debía de estar creando, decidí dirigirme hacia la biblioteca. Tenía buenas chances de encontrar a Hermione allí y con algo de suerte, a Harry. Sabiendo ahora que Ron estaba tan enojado con Harry que no estaban hablando, también me daba la oportunidad de encontrarme con Ron y Hermione allí, pero decidí que podía hablarle directamente se lo viera. De cualquier modo, necesitaba alguien con quien hablar y por primera vez Slytherin no me servía –quería hablar sobre mis problemas, no resumirlos y dejar tiempo para arreglar los de otras personas.
Una vez que llegué a la biblioteca estaba casi frenética. Las burlas de algunos estudiantes sobre yo siendo una Squib resonaban en mis oídos, aunque no eran tan malas como lo sería mañana cuando ya todos hubieran recibido su correo –el domingo no hay correo, así que no tenía idea de cómo algunas personas habían obtenido ediciones del periódico. Mis ojos pasaron por alto a cualquiera con una túnica verde, buscando una melena alborotada o incluso un cabello rojo, Ginny también sería una buena conversación ahora. Era algo que crecía acorde al tiempo que pasábamos juntas pero ella era un poco más rebelde y real, lo cual era refrescante en comparación de Hermione o Daphne.
"¿Audrey? ¿Por qué estás en la biblioteca?"
La voz me hizo girar y apresurarme hacia la melena alborotada en la esquina de la biblioteca, sin fijarme si alguien se encontraba a su lado o no. Casi fui a abrazarla antes de recordar que odiaba tocar a la gente –una triste secuela del descuido de los Dursley- pero aun así me senté a su lado.
"Necesito hablar" anuncié. "Tú eres la única en la que pude pensar."
"Genial" dijo una voz amarga a mi derecha. Miré para encontrarme con una flameante cabellera pelirroja y una expresión enojada en un rostro en el cual casi no se veía. Ambos rodamos los ojos a la presencia del otro. "¿Necesitas preguntar cómo atravesar una línea de género, esta vez? ¿Por qué no simplemente vas a preguntarle a tu nueva figura paterna? Aunque dudo que necesites molestarte, claramente, las líneas de edades no representan un problema para ti."
"Oh, supéralo, Ron" siseé, molesta por el hecho de que estaba citando el artículo de El Profeta. "Tuve una visión sobre ti actuando así de amargo hace semanas, pero siempre pensé que serías lo suficientemente inteligente para hacerlo por algo que fuera cierto. Incluso los Slytherins están siendo más apoyo de lo que tú eres."
Él me dedicó una mirada helada. "Si solamente me hubieran dicho que se iban a inscribir-"
"Nosotros no nos inscribimos. Como el mejor amigo de Harry deberías saber que él odia este tipo de atención y así solo fueras un conocido mío deberías saber que yo no tengo la habilidad para sobrevivir la primera maldita prueba. No actúes tan malditamente noble, solamente estás celoso. Si lo quieres, estaría más que feliz que entregarte un poco de poción multijugos y tú puedes caminar hacia tu propia muerte. Pero ahora deja de ser un idiota y recuerda donde está tu lealtad, porque la gloria no se les da idiotas."
Él entrecerró los ojos antes de tomar sus libros en sus manos e irse de la mesa, sin molestarse en mirar a Hermione o a mí. La oí suspirar a mi lado y me volteé con mejillas sonrojadas, avergonzada de mi actitud.
"Lo siento, no era mi intención que se fuera. Sólo que es difícil de creer que siendo un Gryffindor no confíe en su amigo e intente escuchar-"
"Estoy de acuerdo contigo, así que no te preocupes." Hermione suspiró, marcando la hoja de su libro de Encantamientos para poder darme su completa atención. "¿Qué pasa?"
"No lo sé, estoy preocupada" susurré, deteniéndome cuando un grupo de Hufflepuff de quinto año pasaron a mi lado e hicieron una obvia broma sobre mí con sus amigos. Hice una mueca al golpe en mi ego. "Recién tuve una conversación con Canuto y me ha inquietado."
"¿Más que ese miserable artículo?" preguntó dudosa Hermione. "Realmente te detesta. ¿Qué fue lo que le dijiste?"
"Indudablemente, no que soy una squib" siseé. "Ya no importa. Sirius dijo que habló con Harry esta mañana, ¿tuviste la oportunidad de hablar con él al respecto?"
Hermione inmediatamente lució culpable. "Eh… no realmente. He estado pasando mucho tiempo con Ron, él está bastante herido por toda esta situación-"
"Oh sí, lucía muy perturbado." Rodé los ojos. "¿Qué hay de Harry? Él necesita alguien con quien hablar y yo no puedo hacerlo tan seguido como me gustaría hacerlo. Si esto lo está enloqueciendo la mitad de lo que me enloquece a mí, entonces él te necesita a su lado."
"¿Tú estás enloqueciendo?" preguntó Hermione con las cejas alzadas, mirándome escépticamente. Necesitaba dejar de admitir estas cosas a la gente –podría arruinar mi imagen.
"No si alguien más me preguntara y si tú lo repites, lo negaré." Informé con una ceja alzada. "Quería hablarte sobre esto, pero creo que Harry debería ser la persona más importante aquí-"
"No empieces a ser noble ahora" bromeó.
"Sólo hazlo, Granger." Sonreí satisfecha, poniéndome de pie mientras pensaba en cómo podía vigilarlo si Hermione no iba a hacerlo. Lo pensé por un rato, la maña de mi hermano para encontrar problemas resonó en mi mente y en mi consciencia, antes de asentir para mí misma. "Dile que quiero hacer un intercambio de materiales, quiero la capa y le daré el mapa. Dile que me gustaría tenerla lo más antes posible y que espere un tiempo de caridad entre hermanos cuando la tenga, ¿puedes?"
"Sería un placer" sonrió Hermione, observándome mientras me giraba. "¿Estás segura que no quieres hablar sobre ti?"
Miré hacia la nada por un segundo antes de sacudir la cabeza. "No, en realidad admití que estaba asustada –esa es toda la descarga psicológica que necesito por un mes."
"Bueno, sabes dónde encontrarme si cambias de opinión." Ella sonrió pero se inclinó hacia mí y susurró "y mantente a salvo ¿sí?"
"Lo dices como si yo peleara hombres lobo o buscara basiliscos o-"
"Sí, sí, lárgate." Murmuró, volviendo a abrir su libro. Satisfecha con mi trabajo, me fui para volver a mi dormitorio, que seguiría vacío pero con un seguro descubrimiento que realmente no podía esperar a usar.
"Por suerte ya terminé mis asuntos con la capa" me dijo Harry mientras caminaba hacia Encantamientos tres días después. No estaba molesta que había tardado tanto en encontrarme –ambos habíamos estado ocupados con nuestro propio drama. Era una de las razones por las cuales estaba caminando sola hoy, no queriendo que Daphne o Theodore pasaran la humillación que siguió al artículo de Rita Skeeter. Aunque quería esconderme bajo mi capucha, me aseguré de intentar y caminar con algo de orgullo –lista para demostrar a cualquiera que me enojara que podía hacer un buen maleficio para ser una 'squib'. Mi idea principal era evitar a Parkinson y Malfoy considerando que si los cruzaba, podía asegurar que sí les echaría un maleficio y estaría más que feliz con que me expulsen para evitar la primera prueba que se acercaba.
"Bueno, eso no tiene sentido" intenté sonreír. "Es lo más útil ya que eres tan torpe."
"¿Estás bromeando?" preguntó algo indignado. "Yo no soy el que suena como un troll en las mañanas."
"¿Acaso tú estás bromeando?" pregunté con una risa. "¡Al menos yo no luzco como un troll a toda hora del día!"
"Realmente lamento lo de ese artículo" dijo Harry en voz baja, siguiendo mi paso mientras desaceleraba. "Sé que probablemente tú me estabas defendiendo."
"No te preocupes" me encogí de hombros. "Estas personas sabrán exactamente lo que soy en cuanto me provoquen un poco más."
"No hagas que te expulsen sólo porque no quieres participar del Torneo. Aún necesitamos una anarquista que pelee por nuestros derechos a los no-deberes cuando todo acabe." Harry sonrió, sabiendo exactamente lo que estaba pensando. Le devolví la sonrisa y le di un codazo.
"Esa hubiera sido una maravillosa campaña si Snape no hubiera descubierto que mentía" suspiré, recordando cómo nos había dejado deberes por una semana antes de darnos el examen más cruel que alguien en Hogwarts ha enfrentado, Hermione había obtenido una A. Y había sido una calificación justa –sólo para darles una perspectiva. Al pasar por un salón de clases, escuché a alguien jadear y decir algo que incluía la palabra 'squib'. Mantuve mi frente aún más alta, pero Harry lucía lívido.
"¿Qué tanto te están molestando?"
"Son Slytherins" dije con claridad. Harry asintió con la cabeza para demostrar que entendía.
"¿Tan mal?"
"Peor." Admití suavemente, antes de subir la voz. "Nada que una bruja como yo no pueda manejar."
"Necesito hablarte sobre-" Harry comenzó a decir pero fue interrumpido rápidamente.
"¡Ey, Potter!" ambos, Harry y yo giramos nuestras cabezas, pero tan pronto como vimos quién caminaba hacia nosotros, Harry dejo escapar un bufido –para mí. Finalmente, alguien estaba intentando llamar mi atención y no la de él, no que alguno de nosotros la hubiera querido. "Oí las malas noticias."
"¿Qué quieres, Montague?" siseé, mirando al estudiante de sexto año amargamente. Él me sonrió satisfecho, alzando sus perfectamente cejas depiladas. Montague era una especie extraña de mago –no tan malo con la magia y proviniendo de una familia justamente rica, él siempre estaba bien presentado y cuidado. Era alto, cabello oscuro, ojos marrones, piel tostada –era un mago puramente italiano. El problema era que también era puramente tarado.
"No hay necesidad de ser tan severa, Potter. Vine a ofrecerte palabras de consuelo."
"¿Cómo podrías tú consolarme?" dije quejosamente, mirando a Harry en busca de ayuda, Harry estaba distraído, no obstante, mirando hacia el patio antes de dedicarme una mirada a modo de disculpa e irse por la salida hacia el exterior. Volví a enfrentar el idiota en frente mío.
"Simplemente quería demostrar mi apoyo a tu causa, Potter. ¿Notas que no estoy usando una insignia? Y pronto comenzaré a crear insignias sólo para ti." Me guiñó el ojo, tomé un paso hacia atrás instintivamente y sentí bilis subir por mi garganta.
"¿Cuáles insignias?" pregunte, observándolo con disgusto.
"Oh, ¿no las has visto?" fingió sorpresa. "Pensé que alguien ya te habría dicho."
"¿Decirme qué? Sabes," me corregí, observando que Harry estaba hablando con Cedric. Bueno, perfecto, dos pájaros de un tiro. "No me importa. Tengo lugares en los que estar."
"¿Lugares en los que estar?" repitió irritablemente, mirándome con una mueca de desprecio. No le respondí, giré sobre mis talones y seguí los pasos de mi hermano. Escuché a Montague bufar antes de que volviera a caminar por el pasillo por el que había venido… lo que hizo que el día sea aún más soleado.
Afuera, en el patio caían los últimos cálidos rayos de sol que habría esta temporada. Aún no habían empezado a cambiar las hojas, pero me emocionaría cuando lo hicieran, aunque me alegraba que la frescura del aire no fuera tan fría como lo sería pronto.
Ahora que estaba en el exterior, Cedric ya se había marchado con sus amigos y Harry estaba caminando hacia Ron. No negaré que estaba molesta de haber perdido mi oportunidad de hablar con Diggory, pero también me sorprendía que Harry hubiera caminado penosamente hasta llegar a Ron y parecía estarle gritando, pero mientras su conversación parecía seguir un casi-grito detrás de mí me hizo saltar casi un metro en el aire.
"¡Ey! ¿Por qué tan tensa, Potter?" gritó Malfoy tras de mí. Me giré para verlo reírse de mi reacción y entrecerré los ojos, molesta de que había demostrado lo asustadiza que naturalmente me sentía este año. Él sonrió satisfecho.
"¿Qué quieres, pene-de-Dragón?" siseé, cruzándome de brazos mientras lo fulminaba con la mirada.
"Mi padre y yo hicimos una apuesta, verás" dijo, sus ojos dirigiendo su mirada atrás mío donde Harry se acercaba. Se detuvo cuando estaba parado justo a mi lado, donde ambos nos encontrábamos con posturas idénticas. "Le dije que no creía que durarías diez minutos en este torneo."
"Oh, ¿no lo crees?" murmuré. Malfoy se bajó del árbol de un salto para caminar hacia mí, intentando intimidarme con su altura –apesta ser yo. Cualquiera lucía intimidante si se encontraban parados cerca de mí gracias a lo pequeña que era.
"No, pero él no está de acuerdo." Alzó una ceja. "Él cree que no durarán ni diez minutos entre los dos."
"Astuto" suspiré poniendo los ojos en blanco. Pero Harry no estaba tan acostumbrado a escuchar sus pequeños comentarios como yo lo estaba –para Malfoy y para mí ese era un insulto que nos hacíamos dos veces por hora, gracias a nuestros cercanos encuentros. Pero para Harry, esto era como ver un bicho cada dos días.
"Me importa un cuerno lo que tu padre crea, Malfoy." Harry caminó hacia él y yo agrandé los ojos, observando como los ojos del rubio se abrían con enojo. "Él es vil y cruel. Y tú eres patético. Vamos, Audrey."
Harry tomó mi brazo y comenzó a arrastrarme pero vi un destello que hizo que el mundo se iluminara –se iluminara mucho. Era vivido y enfurecido, como si hubieran disminuido el contraste y el mundo pareciera arder en colores. Me di vuelta, percibiendo peligro al ver la varita de Malfoy apuntando a mi hermano. Jadeé y salté a un lado, tratando de arrastrarlo conmigo.
"¿Patético? Te mostraré lo que es patético."
"¡Y yo te mostraré como no lanzarle un hechizo a alguien que está de espaldas!" otra voz con un pesado acento irlandés gritó. Vi el hechizo blanco golpear a Malfoy antes de que él siquiera tuviera la oportunidad de ejecutar un hechizo para bloquearlo y de repente el chico rubio se había ido…
Siento remplazado por un hurón blanco.
"¡Oh Merlín!" jadeé, observando a quien debería ser el alto Slytherin pero ahora era un acobardado hurón. Era un poco más largo que los hurones normales, además del pálido rubio que nunca había visto en uno naturalmente –ni siquiera uno albino tendría ese color. Miré al conjurador, viendo que Ojoloco Moody se encontraba felizmente alzando su varita hacia el ahora chico-hurón.
Al volver mis ojos hacia el animal, por quien repentinamente me sentía mucho más preocupada ahora que no era un humano arrogante con su infinita gran bocota llena de quejas, Moody hizo que el hurón cayera al suelo para luego hacerlo saltar unos pies en el aire. Intenté reírme con el resto, pero me preocupaba el pobre animal, aunque me despreocupé cuando Harry me susurró que intentara imaginarlo como el ya crecido Draco Malfoy.
Una media sonrisa se formó en mis labios, pero eso fue lo máximo que podía hacer.
"¡Profesor Moody! ¿Qué está haciendo?" la estridente voz de la profesora McGonagall interrumpió la escena y mientras todos se voltearon a verla, yo rápidamente tomé al hurón del hechizo de levitación de Moody el cual era mucho más fuerte de lo que hubiera esperado.
Había una parte de mi cabeza que me decía que estaba loca, cuidando a Malfoy cuando Moody le estaba dando no más que su merecido. Pero luego había una parte de mí que ahora que Malfoy era vulnerable y que era Moody entre todos el que lo estaba lastimando, que decía que había algo que yo podría hacer para sacarlo del peligro.
"Estoy enseñando. Miss Potter, si fuera tan amable." Dijo Moody, observándome mientras yo apegué al asqueroso pequeño rodador aún más cerca de mí.
"No creo que eso sea necesario."
"¿Es eso…? Señorita Potter, ¿ese es un estudiante?" jadeó McGonagall, observando al hurón en mis manos. Asentí con la cabeza.
"Es Malfoy" informé sin emoción, ella jadeó y señaló acusadoramente a Moody.
"Técnicamente, es un hurón" dijo él algo a la defensiva.
"¡Alastor!" casi podía oírla reprenderlo como si fuera un estudiante otra vez. "Nunca usamos la transformación como castigo. Estoy segura que el profesor Dumbledore se lo dijo."
Moody frunció el ceño prominentemente y bajó la mirada hacia el suelo, su ojo mágico mirando a Malfoy quien aún se encontraba en mis manos. "Puede que lo haya mencionado…"
"Entonces haría bien en recordarlo." Exclamó, antes de observar a la multitud de estudiantes y espantarlos con una mirada severa. Moody le hizo un gesto a Harry para que lo siguiera y Harry me dedicó una pequeña mirada fría por cortar su abusiva diversión antes de irse a seguir a su espeluznante acompañante. A este punto, McGonagall se volvió hacia mí. "Señorita Potter, ¿podría ser tan amable de llevar al señor Malfoy a la enfermería?"
"¿No puede hacerlo usted, profesora?" pregunté nerviosamente, observando al grasoso chico rubio en mis manos. "Usted es la profesora de Transformaciones."
"Aun siendo así, las transformaciones humanas son algo espantoso. Alguien que es transformado en un animal debe tener la mentalidad de un humano antes de que puedan volver a transformarlo –hecho o no por la misma persona que lo hechizó. Quedará libre de clases hasta que pueda escoltarlo nuevamente a su dormitorio una vez que Poppy haya terminado con él."
"Pero profesora," gemí "¡No estoy en condiciones de faltar a clases!"
Por supuesto que me refería a la idea que la primera prueba del Torneo de los Tres Magos se estaba acercando y yo no solamente no tenía idea de qué esperar, pero tampoco era buena con la varita así que debería crear algún tipo de poción o una habilidad sin-varita que pudiese usar cuando llegara la hora. La profesora alzó su mano contra mi protesta.
"Ya que usted está en mi clase, señorita Potter, puedo decirle que estaremos estudiando cómo convertir nuestras mascotas en un frasco de tinta. ¿Asumo que usted será capaz de encontrar a ese gato suyo?"
"Kneazle" corregí amargamente. "Sí. Estoy segura que encontraré tiempo para practicar mientras me preparo para este torneo ahora que tengo que escoltar al más grande id-"
"Modales, señorita Potter. Vaya a la enfermería, espero que el señor Malfoy me dé una buena devolución sobre su trato para con él cuando vuelva a su forma humana, ¿de acuerdo?" bufé y sostuve a Malfoy con una mano para poder acomodar mis libros y meter los que había estado sosteniendo nuevamente en mi morral junto a la capa de invisibilidad.
"Por supuesto, profesora."
Comencé a caminar hacia la enfermería con Malfoy en mis manos. Él se estaba retorciendo un poco, pero era fácil controlarlo ya que era tan pequeño. En un momento del viaje, claramente, empezó a gimotear.
Giré a la criaturita para que me vea la cara, sintiéndome mal hasta que recordé quien era. Pero por supuesto, mi amor por todo lo no-completamente-humano, le ganó a mi odio por Malfoy. Era casi patético.
"Oye, escucha, Malfoy" expliqué, mi voz ni cerca a lo dura que normalmente era. "Sólo porque ahora eres una pequeña criatura del bosque no significa que crea que no te lo merecías, nunca debes usar tu varita cuando alguien está de espaldas. Te deja aún más bajo en la cadena alimenticia de lo que ya estás en este estado. Así que… eh… sé un hombre. Y en lo que conlleva a que te esté llevando a la enfermería, sólo lo hago porque nadie más lo haría y estoy muy en contra de la crueldad hacia los animales –lo cual eres… así que, eh, conviértete en un humano pronto así puedo volver a odiarte más fácilmente. Gracias."
Asentí levemente, para hacerle saber que mi pequeña charla había terminado. Normalmente, no me sentía incomoda hablando con los animales, creo que era porque este animal era uno de mis peores enemigos. Consideré dejarlo encontrar por si solo en camino hacia la enfermería, pero no había leído mucho sobre la transfiguración humana a varita, así que no sabía cuan "comunicado con su mente animal" uno realmente estaba. No quería dejarlo corretear solo por el castillo cuando no recordaba el plano del mismo –tenía más de siete pisos y encontrar la enfermería era una pequeña odisea.
Él aún se movía e intentaba alejarse de mí cuando ingresé a la enfermería con él en mis manos. Normalmente hubiera acunado a una criatura cuando estaba así de asustada, calmarla… Malfoy no lo merecía. ¿Y pensar en acunar al idiota? Bueno, ni siquiera podía imaginar a su propia madre haciéndolo cuando él era pequeño.
La enfermería no estaba llena ese día, lo cual era triste ya que significaba que Malfoy no recibiría la dosis de vergüenza que merecía hasta después. Había dos Gryffindors en dos camas y estaban acostados cara a cara ya que sus manos estaban atrapadas en uno de los platos dorados del Gran Salón. Asumí que Fred y George querían jugarles una broma –parecía algo hecho por sus manos… literalmente. Estaban charlando casualmente y sin prestar atención realmente cuando entré.
Otra Ravenclaw estaba tendida en una cama luciendo algo mareada, su oscuro cabello estaba atado y alejado de su rostro mientras ella observaba preocupada el cubo en su regazo. Nuevamente, me pregunté si ella estaba por influencia de Fred y George.
"¿Qué le ha pasado, señorita Potter?" preguntó Madam Pomphrey mientras caminaba apresuradamente hacia mí. Sacudí la cabeza inmediatamente –ella y yo nos conocíamos bien.
"Nada me ha pasado a mí, es Malfoy aquí –un indeseado viaje hacia la tierra de las Transformaciones" suspiré. Ella jadeó un poco y me apresuró hacia una cama, donde me dijo que lo colocara. Lo observó rápidamente.
"¿Usted hizo esto?"
"Por supuesto que no" mofé. Incluso si hubiera querido, nunca habría sido capaz de lograrlo. "Esto es obra del profesor Moody, me temo. Aunque no se deje engañar, él lo merecía."
"Ningún estudiante merece que usen este tipo de magia en ellos" dijo con un gesto de desaprobación. Caminó hacia el gran gabinete de medicinas en la puerta de su oficina y lo revisó brevemente antes de tomar un pequeño frasco de líquido rosa y colocándola frente a él en una pequeñita copa. "Haz que beba todo esto. Debería de disipar su mente el tiempo suficiente para poder transformarlo."
"Gracias, lo haré."
Ella rápidamente se movió hacia los dos Gryffindors con sus manos en el plato, inspeccionado su progreso y negando otra vez cuando observó que ambos sólo podían mover sus pulgares. Me giré hacia el hurón frente a mí.
"Muy bien, Malfoy. Bebe." Pero el hurón no parecía querer beber la poción. Lo miré amargamente. "Dije, bebe. No quiero estar aquí todo el día."
La pequeña rata intentó bajar de la cama. Lo atrapé antes de que se hiciera daño y lo llevé nuevamente hacia la copa. Lo acosté sobre su espalda en la grieta de mi brazo, intenté alimentarlo a la fuerza con la maldita copa mientras se retorcía.
"Oh detente, ¡mientras más tiempo pases como hurón más tiempo llevará para que se dejen de burlar de ti!" siseé, pero aparentemente no entendió o no quiso hacerlo porque aun así se negaba a tragar la poción. Supongo que tenía sentido ya que si no poseía la mentalidad de Malfoy no poseía la mentalidad de 'necesito sobrevivir', pero aun así estaba irritada.
"¡No seré amable contigo sólo porque eres una suave criatura del bosque!" me dije a mi misma más que a él, usualmente me iba bien convenciendo a los animales para tomar sus medicinas o para calmarlos –pero estaba en contra de toda mi ambigüedad moral ser amable con un hurón quien pasaba a ser Malfoy.
"¿Audrey?" la voz era un bajo barítono y me tomó un segundo reconocerla antes de volverme a ver el perfil de Cedric Diggory mientras me observaba cautelosamente desde su lugar al lado de la chica-nauseas del otro lado de la habitación. "¿Ese es Draco Malfoy?"
"Lo es. El bobo no quiere beber la poción" expliqué, sintiendo mi cara acalorarse. Miré al hurón de mal modo, molesta de que me había avergonzado frente a un hombre tan guapo.
"Entonces, ¿él no entenderá lo que te diga?" él reconoció, bajando la mirada a mis brazos hacia el hurón rubio, quien ya no se estaba retorciendo pero miraba entre mí, su captora y la fuerte voz unos metros de él.
"Eh… Lo dudo, ¿por qué?" pregunté nerviosamente.
"Un momento, Cho." Susurró dulcemente, ella asintió y volvió a mirar a su balde de vómito antes de que él pasease lentamente hacia mí, luciendo como si le faltaran un poco las palabras. No lo negaré, sentí un poco de dolor en mi orgullo cuando vi que él estaba con la Buscadora de Ravenclaw… Nunca me había agradado la chica, había algo raro en ella. De verdad. Así que claramente ella iría tras un verdadero chico como Cedric.
Supongo que ella no oyó que yo lo vi primero.
"Yo sólo quería agradecerte a ti y a tu hermano por la advertencia. Le agradecí a Harry, pero no a ti." Parpadeé un segundo, pensando en algo que Harry y yo le hubiéramos dicho para lo cual él no hubiese estado con nosotros en el momento de los hechos… nada se me ocurrió.
"¿Cómo dices?" pregunté, frunciendo el ceño. El lucía casi sorprendido.
"Sobre… ¿sobre la primera prueba?" alcé las cejas. Él se acercó, bajando su voz, confundido. "¿Sobre los dragones?"
"¿De qué estás hablando?" pregunté suavemente, alternando mi mirada entre él y Malfoy. "No oí nada sobre dragones… Merlín, ¿la primera prueba tiene algo que ver con dragones?"
Jadeé, apretando la pequeña copa un poco demasiado y haciendo que un poco de ella cayera sobre el hurón en mis brazos. Me disculpé instintivamente, acariciando su cabeza y tratando de secarlo un poco. Volví a mirar a Cedric, quien lucía algo frustrado.
"¿Él me mintió?"
"¿Quién te mintió? ¿De qué estás hablando?" pregunté, sacudiendo mi cabeza para eliminar la imagen de dragones descuartizando mi sangriento cuerpo. Él miró sobre su hombro a Cho para asegurarse de que no estaba prestando atención antes de inclinarse aún más hacia mí.
"Esta misma tarde tu hermano me dijo que deberíamos pelear con un dragón en la primera prueba. Dime, Potter ¿me estaba mintiendo?" su voz era intensa y algo hipnótico, por lo que me tomó un momento entender lo que había dicho. Pero cuando lo hice, no creo que fuera lo que él creía que pasaría.
Mis fosas nasales se dilataron mientras más pensaba en ello –Harry le había contado a Cedric de la primera prueba, pero Harry no me lo había contado a mí. De hecho, Harry me había hablado, a solas, unos minutos antes de que se acercara a Cedric y ¿aun así no se le había ocurrido mencionar algo de lo que prácticamente podía depender mi vida? ¡Era como si clavase una daga en la palma de mi mano!
"¡Ese tarado no me lo dijo!" siseé. Los ojos de Cedric se abrieron, mirándome nerviosamente.
"Tal vez él-"
"Harry no le miente a nadie" lo interrumpí en voz baja. "Pero nunca me dice nada. Oh, ¡Harry James Potter se lamentará el día que él decidió no decirle a su hermana algo tan vital! Lo juro por Merlín que-"
"¿Ya ha tomado la poción, Señorita Potter?" la voz de Madame Pomphrey interrumpió lo que hubiera sido el discurso de un villano muy elaborado, así que le entregué el hurón a ella. Expliqué que tomado algo de ella hace unos minutos, así que debería funcionar.
Ella volvió a apoyar el hurón en la cama y sin conjuro alguno, pero sólo un movimiento de su larga varita, el hurón comenzó a distorsionarse. Primero comenzó un pequeño temblor que lo sacudió, antes de que sus piernas comenzaran a estirarse y su torso se espesase. Su hocico pareció adentrarse en su cara y el pelaje comenzó a acortarse y a cambiar de color para lucir como las inteligentes y frescas túnicas de Slytherin.
Para cuando la incómoda transformación había terminado ya habían pasado tres minutos, Draco Malfoy volvía a tener su cuerpo y parpadeaba como si adolorido. Sus ropas estaban desarregladas, pero no tanto como su cabello que estaba despeinado e incluso en su desalineo, lucía más natural de lo que alguna vez creía haberlo visto. Lo observé con una mueca antes de girarme para volver a hablar con Cedric, quien se encontraba nuevamente al lado de Chang.
Sentí mis fosas nasales dilatarse mientras agregaba leña al fuego.
"¿Todo en orden, Malfoy?" pregunté entre dientes. Él me miró un momento, como si no entendiese lo que le había dicho antes de asentir.
"Debes e-estar tan orgu'osa" mal-articuló Malfoy, el lenguaje humano aún no completamente en su cerebro. Rodé los ojos. No me sentía astuta… pero estaba enojada.
¿Así que así es cómo va a jugar? Ahora que él había entrado al torneo, estaba jugando a ganar. ¿Acaso él pensaba que yo era una especie de competencia ahora que era algo que tenía que ver con dragones, ya que yo era tan buena con los animales? Bueno, déjenme decirles, aunque fui buena con un dragón que nunca había conocido, eso era porque era un bebé. No era buena con los dragones y no podía ver ninguna debilidad en ellos a la cuál atacar…
"Señor Malfoy" Madame Pomphrey suspiró aliviada cuando lo vio sentado torpemente en la cama. "Maravilloso. ¿Cómo se siente?"
"Lívido. ¿Me puedo ir?" dijo arrastrando las palabras, mirándola expectativo.
"No, todavía no. Quiero hacer un rápido examen para asegurarme que todo está funcionando como debería. Transformación humana en un estudiante" bufó para sí misma mórbidamente al irse nuevamente. Malfoy gruñó en voz alta y dejó caer su mano en la cama.
Me puse de pie instantáneamente, las sorpresivas vibraciones recordándome que estaba sentada en la cama –lo que nunca había hecho con él en ella, incluso cuando comúnmente desacomodaba sus sábanas cuando visitaba a Theodore en su dormitorio. Él me sonrió satisfecho.
"¿Estabas cómoda aquí, Potter?"
"Lo estaba cuando estabas en tu verdadera forma" me mofé. Su sonrisa se cayó.
"No necesito oír eso de ti, chica pociones. Vi la calificación que me diste en ese ensayo. Me merecía no menos a un Extraordinario."
"Parece que el profesor Snape estuvo de acuerdo en que merecías un Aceptable considerando que él verificó todas las calificaciones que hice" fingí sorpresa. "Lamento que tu ensayo no salió tan bien. ¿Tal vez deberías aprender la diferencia entre Murtlap y Murtsap?"
"No todos podemos ser príncipes de pociones." De burló, rodé mis ojos.
"Avísame cuando se te ocurra algo mejor, ¿sí?" suspiré. "Oí esa demasiadas veces como para contestarla."
"Bueno, supongo que es bueno que una squib como tú sabe un poco de algo de nuestro mundo, ¿verdad, Potter?" siseó. Sentí quedarme boquiabierta… no es que no esperase algún comentario relacionado con ese artículo de parte de él, y había esperado uno que doliera. Sólo esperaba que estuviese preparada para ello.
"Muy bueno" reconocí, tratando de no mostrar mi disgusto con el insulto. Ahora, mis ojos no se aguaron ni nada por el estilo, pero alejé mi mirada de él por unos cortos momentos… cuando mis ojos se posaron en Diggory del otro lado de la habitación. Él estaba hablando con Cho en voz baja, acariciando su cabello mientras ella negaba con la cabeza a algo que él decía. Mi mirada ardiente volvió a Malfoy y le ofrecí una mueca que ni su padre podría haber duplicado.
Se lo demostraría. Se lo demostraría a todos.
"Voy a sobrevivir esto" lo miré perversamente y observé sus cejas alzarse. "Y haré que te tragues tus palabras, Malfoy. Tan solo espera."
"No necesitaré esperar mucho, ¿acaso la primera prueba no es la semana que viene?" preguntó a modo de burla.
"Lo es" reconocí ligeramente. "¿Pero no has oído que nunca debes hacerle cosquillas a un dragón dormido?"
"Es el lema del colegio, Potter. Por supuesto que lo he oído."
"Entonces te demostraré cómo realmente jugar con fuego. Tal vez quieras alejar la laca de pelo de ese ridículo peinado tuyo ese día, este estilo te sienta mucho mejor de todos modos" dije lo más inocente que podía antes de retirarme de la enfermería, con una gran sonrisa en mi rostro.
Con este conocimiento y mi habilidad para solucionar problemas, puede que lograra sobrevivir el torneo.
Puede que no sea el capítulo más interesante, pero nos acercamos cada vez más a la primera prueba. Y créanme, el Torneo será muy interesante. ¿Qué opinan del capítulo? ¿Qué les pareció la charla con Sirius? -personalmente, adoro a Sirius. ¿Y de Harry y Audrey? ¿Realmente considera a Audrey una competencia, a tal punto de no decirle lo de los dragones o hay algo más?
¡Espero oír sus opiniones en un review! Si pueden hacerlo, por favor háganlo, nosotras se los (nosotras siendo Egypt y yo) agradeceríamos mucho.
¡Muchas gracias a todos los que leen!
Besos y les deseo una buena semana. ¡Oh! Y que tengan un buen comienzo de mes.
¡Adiós! :D
-Analeigh
