Disclaimer: Los personajes utilizados en esta obra son propiedad de Stephenie Meyer, la historia es de mi total autoría.

Como cada capítulo quiero agradecer principalmente a mi editora en jefe. Karen, millones de gracias por editarlo y subirlo (: sabes que te quiero inmensamente.

A mis lectores, gracias por seguir esta historia, de verdad espero que les guste el rumbo que lleva. Y sin mas los dejo. Disfruten. :D

CAPÍTULO 7 – "LAS FOTOGRAFÍAS REVELAN LO QUE LA MEMORIA NO PUEDE"

¿Pero en mi vida qué era normal? Creo que la pregunta correcta era ¿Qué no era doloroso en mi vida viniendo de Edward?

Alice me conocía, a Irina y sobre todo a Edward, supongo que por eso su único comentario fue:

— Era de esperarse. Esa arpía no puede ser más predecible. – la miré sorprendida.

— ¿Esperarse? Yo no me lo esperaba – sí, ese fue el momento en el que descubrí lo ingenua que era, aunque el momento crucial aun no llegaba.

— Vamos Bella ¿Qué más te puedes esperar de una mujer así? Sólo mírala...

En Irina sólo veía a una mujer radiantemente bella, de esa belleza que sientes que te intimida con su simple presencia. Una belleza que yo no sentía poseer y que, para ser honesta, tampoco envidiaba. Más que la envidia pura que se le puede tener a alguien tan privilegiadamente dotada como ella, lo que sentía era miedo y preocupación. Tal vez, después de ocho años, a Edward era el tipo de belleza que le atraía más que las cosas sencillas que yo le podía ofrecer; no lo sabía, pero mi mente comenzó a trabajar en esa posibilidad y no era realmente alentador permitirlo. De repente me sentía perdida de nuevo.

En su caminar hacia el salón, la recién llegada parejita saludó a un par de personas. Rosalie iba tras de ellos de la mano del grandulón de Emmett. ¿De dónde venían? No quería saberlo. Edward no parecía especialmente contento, pero tampoco parecía afectarle mucho la compañía. Cual fuera el caso yo ya me sentía tigre a punto de saltar sobre su presa. Cosa contradictoria porque estaba más que intimidada y obviamente no lo haría, aunque el solo hecho de imaginarlo me tentaba. Diría que en ese momento se encontraron mis dos personalidades: la que aún temía y la nueva que deseaba defender lo suyo.

En ese momento Alice vio a alguien.

— ¡Oh! Ahí está Jasper - se le iluminó el rostro, calló unos segundos y agregó – ¿No es hermoso? – sonrió embelesada.

— ¿Qué? - me sacó de órbita - Ah... pues, supongo que... si. Debe tener una interesante personalidad - atiné a responder.

— Y que lo digas - seguía media ida, observando a Jasper como quien mira la luz por vez primera – ¿Te molesta si te abandono un momento? – sus ojitos casi me rogaban. Negué con la cabeza y le sonreí - ¡Eres la mejor! – besó mi mejilla y salió disparada.

Bueno, la soledad me sentaba bien. Busqué en la dirección correcta a la pareja que habíamos abandonado hace unos momentos, pero no encontré nada. Me empecé a desesperar un poco. De repente unas manos fuertes me sostuvieron de los hombros; subí mi rostro para observar quien era, se trataba del Doctor Spencer. No solo me asusté, también sentí un miedo nuevo que me inspiraba su presencia.

— Doctor Spencer – no pude decir nada más.

— Señorita Swan, espero no le moleste mi presencia – negué con la cabeza, pero me seguía sintiendo asustada – ¿Puedo sentarme aquí? – señaló una silla a mi izquierda.

— Claro, está vacía.

— Antes de comenzar quiero rogarte que me llames sólo John, la formalidad es en el consultorio, aquí puedes llamarme por mi nombre. ¿Podrás?

— No será problema... John – dije un poco insegura.

— Está mucho mejor. – colocó su vaso de brandy en la mesa y me miró directo a los ojos, demasiado seguro para mi comodidad – El motivo por el que estoy aquí es incómodo. Y más aún porque se trata de ti. – no dije nada, tomó un trago de su vaso para continuar hablando – Quiero pedir una disculpa...

— ¿A mí? – dudé un minuto. Asintió. – me parece doct... John, que en todo caso a quien más incomodó con sus comentarios no fue a mí precisamente. Le puedo decir que por mi parte no debo disculpar nada, aunque siendo solidaria con mi amiga, le aconsejaría que lo haga con ella, y hasta entonces tendrá mis disculpas sinceras y completas. – lo decía con toda honestidad.

— Qué comentario tan atinado – ladeó el rostro sonriendo como complacido. Me encogí de hombros. – No es conveniente para nada que pase tiempo contigo, y debo explicar la razón que es muy sencilla e inconvenientemente evidente... – volvió a sonreír.

— ¿Cuál es la razón? – dije un poco seria... si era lo que imaginaba no me agradaba para nada.

— Me gustas – soltó de golpe y yo tragué en seco. Sus ojos se oscurecieron en una aura intimidante y llena de una emoción demasiado sexual para mi gusto.

— ¿C-cómo? – parpadeé desorientada.

— He escuchado mucho de ti, ya lo sabes. – de nuevo ese asunto. ¿Quién le hablaría tanto de mi? O peor aún ¿Quién sabe tanto de mi para contárselo? – Conocerte era un gusto que hace mucho deseaba tener. Y mirarte aquí, ahora es mucho mejor de lo que siempre imaginé. Debes saberlo.

— Pero yo no te conozco a ti. Además... – ya no sabía que argumento decir en mi defensa. ¡La edad! Era ridículo, se veía muy joven, claro que más grande que yo, pero al final joven, y la edad no era algo que encabezara mi lista de prioridades en una persona. Pero debía zafarme de esa. – ¿Qué edad se supone que tienes? Hasta hace poco debía emplear el 'usted' y ahora de la nada ¿Me dices que...? Esto no es algo que se deba soltar así de sopetón.

— Lo sé. – bajó el tono de su voz como si lo que continuaba fuera entre nosotros nada más – No acostumbro andarme con rodeos Isabella. Y es cierto, no me conoces, pero lo harás, eso te lo aseguro. – bebió de nuevo sin separar su vista de mi.

— Lamento informarte que me asustas... ¿Cómo puedes asegurar que te conoceré? No sabes si es lo que deseo... – No comprendía lo que pasaba ¿A qué hora cruzamos esa línea?

— Oh pequeña, tu persistencia me fascina aún más – una corriente eléctrica familiar atravesó mi cuerpo completamente. Eso no me podía pasar de nuevo. ¡Simplemente no! – Soy más joven que Carlisle, eso tal vez responda tu pregunta. ¿Sabes qué es lo que más me atrae de ti?... – no respondí. Comprendió mi silencio y continuó, ignorando mi miedo – Esa forma en que defiendes a los que quieres pero sin dejar de defender tus propios ideales es algo que no he visto en nadie más. – se recargó sobre sus codos en la mesa – Me has cautivado... – sonrió de lado. Escalofríos pasaron por mi espalda.

– Pero relájate, jamás te haría daño. Cuido lo que quiero. – recalcó lo último.

Ya no sabía qué hacer o pensar. Poner límite a eso fue la única opción que se me ocurrió en ese momento.

— Me halaga que yo te inspire eso, pero no creo que jamás seas, si quiera un poco, correspondido. Yo... no sé qué pensar. Apenas conozco tu nombre y tu oficio. Se requiere tiempo y esto es demasiada presión para mí. – no quise mencionar el miedo de nuevo.

— No debes sentirte presionada, tómalo como una anticipación a lo que te ofrezco – estiró su mano para tomar la mía que reposaba en mi pierna. La retiré sobresaltada y me moví un poco en la silla asustada. Mi comportamiento era completamente automático, lo conocía bien.

— Debo buscar a Alice – dije levantándome, pero me tomó de la muñeca deteniéndome. Ese contacto regresó el nudo en la garganta que hace años había disuelto. Mi respiración se aceleró.

— No querrás abandonarme así...

— ¡Yo creo que ella sabe muy bien lo que quiere! – lo interrumpió una voz seria y fría tras de mí – ahora te sugeriría soltarla, si no quieres que esto termine mal. – Edward caminó colocándose entre John y yo, protector. Era una emoción muy nueva, como tranquilidad y orgullo mezclados. Nunca me habían defendido así; la mano que me retenía me soltó. Pude ver cómo con rostro contraído de enfado se levantaba de la silla.

— Esto ya ha terminado mal Edward, y ¿Sabes cuándo pasó? ¡En el maldito instante en que llegaste a interrumpirnos! – casi lo gritó. Esto debía parar.

— Te equivocas, pasó cuando intentaste retenerla a la fuerza – dio un paso hacia John, retador.

— Basta, basta – tomé a Edward del brazo – ya pasó, no me hizo nada, sólo... quería seguir charlando – traté de sonar tranquila y segura – No te preocupes John, habrá ocasión de seguir con la charla, por ahora debo dejarte – me arrepentí interiormente mil veces por decirle eso. No planeaba cumplirlo pero, en cierta forma, era un compromiso – Vamos Edward, busquemos a Alice – lo jalé hasta que comenzamos a alejarnos de la mesa.

Caminamos atravesando el salón repleto de un ambiente relajado, los diversos tonos de voces acompañaban nuestros silenciosos pasos y una tenue música de fondo llegaba claramente a nuestros oídos. Apuré mis pasos hacia el kiosco lejano que había notado antes, mala idea por lo romántico que simbolizaba, pero por lo menos estaba vacío brindándonos la privacidad que se necesitaba en ese momento.

¿Qué pasaba por mi mente? Nada. Completamente nada más que la antigua sensación de miedo y repulsión por alguien. Sólo un pensamiento superaba esas sensaciones: la mano huesuda cubierta por una aterciopelada piel de Irina. Así no podría ser objetiva. Traté de respirar el viento frío que rozó mis mejillas en ese momento, después de todo estábamos en Forks. Subí el primer escalón y mi mano tocó el frío barandal metálico. No podía enfriar los nervios, no con esa presencia detrás de mí. Me seguía poniendo sorpresivamente nerviosa incluso entonces.

— Bella... – se adelantó a decir, quebrantando el extraño silencio escandaloso que nos rodeaba – Quiero suponer que conoces a ese hombre porque te lo presentó Carlisle...

— ¿Y eso qué significa exactamente? – giré a mirarlo de frente. Yo me encontraba en el tercer escalón ya, pero él seguía uno abajo, por lo que me brindaba una vista exacta de su perfecto rostro. Sus ojos me miraban tensos, suspicaces y sobre todo molestos – ¿De qué otra forma podría haberlo conocido? Jamás lo había visto en mi vida... – mi cuerpo vibraba muy poco, pero era lo suficiente como para saber el grado de susto y preocupación que me comenzaba a invadir.

Por lo que había pasado y aún más con lo que pasaría si no hacía algo. No pude evitar perderme entre pensamientos ligados a otros. Mi mente recordaba y segundos después creaba posibilidades en imágenes... sensaciones... más recuerdos... peligro...
Una lágrima amenazaba al filo de mis párpados pero la retuve.

— No lo sé Bella, tal vez sólo caminó hacia tu mesa decidido a presentarse él solo... Sus intenciones eran claras... – su mirada era tensa y un poco ¿molesta? ¿Hice algo malo?

— Y ¿Tú que sabes de sus intenciones? – comenzaba a molestarme.

El hombre prácticamente me acosó y ¿Edward me venía con escena de celos? ¿Después de llegar con esa chica del brazo? ¿Tan poco le importaba cómo me sentía yo? – Llegaste sólo en el momento en el que me retuvo y armaste un alboroto, pero dime, ¿Tú qué sabes de sus intenciones? – lo reté con la mirada con la mezcla de enojo, miedo y dolor amontonada en mi garganta.

— ¡Por el cielo! Conozco a ese hombre mejor que tú... Y ¡Eran más que evidentes! ¡Quería conquistarte! – Es la forma romántica de decirlo.

Reí irónicamente. Giré para subir las escaleras y llegar a la pista circular del pequeño kiosco. Sabía que era malo retener las lágrimas, así que dejé que corrieran por mis mejillas… "¡Qué cobarde eres Bella! ¿Dónde quedó la convicción de no llorar más?

Quedó aplastada en la mesa, bajo el vaso de vodka o muy probablemente pisoteada por Edward hace unos minutos." Me quedé parada dejando correr mi miedo en las lágrimas, ¿De verdad debía pasar por todo eso de nuevo? Alcé el rostro y sentí el viento secar la humedad en mis ojos. Respiré.

— ¿Pasa algo? – me giró suavemente para mirarlo – No era sólo una conquista ¿Cierto? – su expresión ahora era de preocupación, como la que aquel día había visto en sus jóvenes facciones. Moví la cabeza negando.

— Así se le llama cuando se utiliza, ya sabes, los halagos sutíles y te hacen sonrojar... – mi voz sonaba tan melancólica que cualquiera habría jurado que recitaba un poema triste – pero las cosas que él decía solo me asuntaban, eran soltadas muy... nada más así. Como si estuviese leyendo una lista para el supermercado... – solté unos sollozos involuntarios.

— Espera, espera, espera... ¿Qué estás diciendo? ¿Te acosó? ¿Te tocó? ¿Hizo algo...? – me tomó de los brazos y me agitó asustado. Sus ojos parecían saltar de sorpresa y enojo; sus manos también sacudieron mis ojos y mis lágrimas cayeron sin que pudiese ni detenerlas un poco.

— No me hizo nada – limpié torpemente mis ojos – sólo dijo que le gustaba, pero fue suficiente para sentir repulsión – dije asqueada – por ese hombre.

— Lo lamento tanto – me abrazo fuertemente, pegando mi mejilla a su acogedor pecho – debiste decirlo antes. ¡Que estúpido soy! De verdad no tengo perdón mi Bella. No te pasará nada, nadie te tocará ni te hará daño. Yo estoy aquí.

De modo casi mágico sus palabras causaron efecto en mí, tranquilizándome casi por completo. Sin embargo, el asunto seguía siendo preocupante. Se sentía muy bien estar entre sus brazos; esos tiernos brazos que infinidad de veces me habían tranquilizado y consolado desde niña y al parecer hasta ese día. Cerré mis ojos y, como siempre pasaba, quise olvidarme de todo el mundo a mi alrededor, escuchar su corazón y saber que, por lo menos ese instante, era nuestro, sólo nuestro. Besó mi coronilla y me arrulló suavemente, al ritmo de una melodía inaudible e incluso inexistente, no quería estar en ningún otro lugar.

— Debemos volver – susurré sin ganas.

— No iremos a ninguna parte. Aquí estoy muy bien – dijo sin detenerse. – ¿Tú no? – preguntó inútilmente pues sabía bien la respuesta.

Podríamos estar en medio de una guerra, Edward, pero poco me importaría mientras me mantuvieras así – le respondí embelesada.

— Me parece perfecto, porque jamás te volveré a soltar – levanté la vista para encontrar ese par de ojos brillantes que me miraban con ternura. Me sentí morir y resucitar en un mismo segundo. Ese era solo un efecto Edward, lo conocía ya a la perfección; pasé mi mirada a sus atractivos labios con una tentación recorriendo los míos. Era como magneto, algo a lo que no te puedes resistir.

Mis ojos se cerraron lentamente, las sensaciones que venían no requerían mirar hacia fuera sino hacia adentro. El alma. Sus labios comenzaron rozando muy lento los míos, cosquilleaba un poco. Los presionó más y más hasta que nos fundimos en un beso sediento, casi urgente y tal vez lo era. Lo cierto es que me dejaba sin aliento; me separé cuidadosamente para respirar, toqué su mejilla y pegamos nuestras frentes ambos un poco acelerados.

— Lo ves – dije primero – ¿Qué otra prueba quieres para irnos de aquí?.

— Esta no es una prueba de eso – su voz sonó repentinamente sensual.

— Si lo es. Si nos quedamos aquí corremos el riesgo de hacer cosas poco decentes frente a muchas personas, la mayoría desconocida. Y discúlpeme joven Cullen, no quiero dejar esa impresión a nadie. Así que le sugiero que salgamos de aquí ahora que tenemos la fuerza de voluntad – le sonreí.

— Tu sonrisa sólo hace esto mucho más tentador... – se mordió un labio y pasó su dedo por mi boca semi-abierta. Definitivamente era ahora o nunca.

— ¡No! - dije zafándome de ahí para caminar muy decidida y abochornada al salón donde todos parecían no haber notado nada. Buena señal.

Acomodé mi cabello y apreté la coleta que caía en mi espalda. Regresé a la mesa en la que me encontraba rogando al cielo por no encontrar a nadie ahí. Afortunadamente así fue. Edward me pisaba los talones y una vez ahí se sentó a mi derecha ya con una copa redonda en la mano; me seguía sonriendo de modo extraño; aunque sabía por qué lo hacía.

— Entonces ¿Qué le apetece comer señorita Swan? – dramatizó.

— No tengo hambre – dije tomando de su mano la copa para olerla. – Vino. – atiné.

— ¿Podría tomar otra cosa? – me sonrió como si fuera obvio - ¿Quieres probarlo? Es mi cosecha de hace dos años. Fue realmente exquisita. – se recargó en la mesa. Era emocionante cuando se ponía en su papel de experto en viñedos. Encantador en verdad. Asentí muy entusiasmada, jamás había distinguido los sabores en un vino. Para mí era solo vino.

— Honestamente no esperes que sepa decirte datos curiosos como en las películas – me defendí – nunca he sido... instruida – comenté insegura.

— Bueno, ahora estás con uno de los exportadores de vino más importantes de California – presumió – así que, señorita, aprenderá bastante esta tarde. – se divertía con la situación, y yo también – Lo primero que debes aprender es a tomar correctamente la copa.

— ¿De modo que hasta eso influye? – me reí.

— Claro- me regresó la sonrisa – debes tomarla del tronco, así – tomó mi mano y la puso casi en la parte más baja de la copa – si la tomas como, estúpidamente lo hacen en las películas los hombres que se hacen pasar por "interesantes", o sea, directamente en lo redondo de la copa, directo al líquido lo que ocasionarás será que se caliente o se altere su temperatura, y eso, señorita, es lo peor que le puede hacer a un buen vino. Arruinarías su sabor original, simplemente no sería lo mismo, créeme.

Mi cara era de principiante. No sabía nada de eso y debo admitir que era intimidante y un poco vergonzoso. Pero me interesaba bastante aprender todo eso.

Tome la copa como me indicaba y miré el liquido rojizo intenso que reposaba ahí. Esperaba las siguientes instrucciones pero no dijo nada. Levanté la mirada y vi que sólo me observaba divertido. Levanté una ceja.

— Eres realmente encantadora cuando estás curiosa.

— No estoy curiosa, sólo... es interesante – dije sonrojada.

— Bueno, continuemos – trató de concertarse – ahora menea suavemente el vino, sólo que toque los entornos del cristal un par de veces. Y después da un sorbo. No tanto como para calmar sed, pero lo suficiente para cubrir la lengua y el paladar ¿Comprendes? – asentí. – los olores son importantes. Antes del sobro aspira atentamente y percibe esencia por esencia – parecía disfrutarlo él con el simple hecho de explicármelo.

Hice lo que me había dicho, aspiré y al principio el olor era fuerte y penetrante, pero conforme pasaba se volvía tenue. Sólo percibía... vino ¿A qué debería oler?

Continué y por un momento me llegó un olor como a pino o madera. ¿Eso era?

— Sólo percibo... ¿Madera? – dije con los ojos cerrados, pues quería concertarme lo más que pudiera.

— Muy bien – dijo feliz – en realidad es roble. Los vinos absorben el sabor de las barricas en las que se pone a reposar. Ese es el verdadero arte de hacer vino. – explicaba bastante bien. Ahora el vino tenía más valor para mí por él que por la sabiduría misma. – Ahora pruébalo.

Di un sorbo pequeño, no sabía si era suficiente pero sentí que era suficiente.

— Degústalo, como si trataras de separar ingredientes del mismo líquido... – susurró.

Eso hice pero no encontré nada diferente, en realidad para mí solo era un poco de alcohol. Tragué y abrí los ojos para mirarlo. Me seguía sonriendo pero esperaba mi respuesta.

— ¿Qué es exactamente lo que debía distinguir? – pregunté tímidamente.

— Nada en especial, no por ahora. Estas cosas llevan tiempo – me sonrió amablemente – habría sido maravilloso que lo distinguieras a la primera. Pero no te preocupes, lo lograrás muy pronto – acarició mi mejilla.

Le devolví la copa y la colocó en la mesa para poder tomar mis manos entre las suyas. Se sentía un poco más frío de lo normal. Me miró a los ojos sonriendo.

— No quiero que hagas el estúpido plan de ir a la casa de Victoria – eso era chantaje.

— Edward, ya te lo dije, no pasará nada, debes tener un poco más de fe en mi. – fingí ofendida.

No es eso, para nada y lo sabes, pero estas cosas no son como entrar a una tienda a robar caramelos – se veía en verdad preocupado – ¿Qué pasará si todo se modifica? ¿Y si hay alguien en la casa? ¿Y si llega antes? ¿Y si...?

— Nada malo pasará – lo interrumpí – yo sé que no es un juego. Conocemos los riesgos y estamos dispuestos a correrlos – tomé su rostro entre mis manos – Escúchame, estaremos las tres unidas, nos cuidaremos mutuamente, te lo prometo, y además cometiste un grave error al traer a Jacob, si se entera de lo que haremos no dejará a Nessi para nada ¿Sabes lo que eso significa? – me miró desconcertado – Pues que es un riesgo más de ser descubiertas. Entre menos gente se involucre en esto, todo será más práctico y fácil.

— ¿Qué querías que hiciera? Es la única persona que tiene la capacidad de hacerte cambiar de opinión. Mi última opción. O al menos eso creo.

— ¿De verdad te parece que cambiaré de opinión? – hice mueca de incredulidad.

— ... Ahora no... – bajó su mirada.

— De verdad Edward, confía – le di un rápido beso en sus rojos labios. Y soltó un ronco "hmmm" - ¿Qué? – dije sorprendida

— Tienes un maravilloso y exquisito sabor a vino... mi vino... – lamió sus labios.

— ¡Basta, Casanova!

Habría sido maravilloso si todo el día fuera así de fácil y tranquilo. Una presencia nos interrumpió cerca de nosotros. Levantamos la vista y era Esme.

— ¡Bella! Me da gusto que vinieras – me puse de pie para saludarla con un cálido abrazo – Dime ¿Qué tal esta todo?

— Muy bien Esme, gracias, todo aquí se ve maravilloso. Es impresionante, la comida – aunque no la había probado – los arreglos... todo definitivamente te salió a la perfección como siempre – sonreí de oreja a oreja.

— Oh muchas gracias bella, me gustaría decir que todo fue obra mía pero la verdad es que recibí mucha ayuda por parte de Rosalie y su hermana – "Si, seguramente" pensé – les ha quedado todo divinamente. Al principio sólo quería que fuera algo más intimo, ya sabes, sólo con la familia y amigos muy cercanos, pero insistieron en que debíamos presumir nuestra casa a todos, o casi todos, en Forks – parecía incómoda con la idea – sabes que no es mi estilo, querida, pero tampoco le hará daño a nadie ¿Cierto?.

— Para nada Esme, es estupendo – traté de sonar sincera.

— Ahora Bella, disculpa que los interrumpa, necesito que Edward hable un momento con un amigo mío que está interesado en los vinos y esas cosas. Espero de corazón que no te moleste que lo secuestre unos minutos, te aseguro que no tardará – dijo sosteniendo mis manos con cariño.

— Para nada, no debes pedirme permiso ni nada de eso – aseguré – yo estaré bien aquí sola un rato. – sonreí muy segura.

La verdad es que me asustaba la idea de quedarme sola, podía regresar ese hombre para continuar nuestra "plática" inconclusa. No quería eso pero ¿Qué otra opción había? Tal vez encontraba a Nessi o a Alice que estaban desaparecidas aparentemente y en un momento poco oportuno.

— No tardaré Bella – me dijo Edward, depositó un beso en mi frente y se marchó del brazo de su madre.

Me volví a sentar en la mesa sola. Consideré ir por un poco de ensalada o lo que fuera que encontrara en la mesa de los platillos, pero no me apetecía nada en ese momento. ¿Dónde diablos se habían metido esa dos? O mejor dicho esos cuatro.

Tomé la copa que había dejado Edward ahí y la giré lentamente pensando en lo que pasaría al entrar a la casa de Victoria ¿Qué pasaría si Edward tenía razón? ¿Qué pasaría si nos llevaban a la cárcel? Eso no era para nada divertido, era serio. ¿Estaba dudando? ¿Tendría el valor de hacerlo en verdad?

— ¿Sabes lo que haces? – me preguntó una voz que me hizo brincar del susto.

— ¿A qué te refieres? – miré cómo tomaba el lugar en el que hace un momento había estado Edward.

— Sabes bien de lo que hablo, O ¿es que de repente te volviste ingenua? Bueno, siempre lo has sido, pero últimamente se te está acentuando.

— Por favor Irina, me has dicho mejores insultos que ese. ¿Qué es lo que quieres? – me sentí fastidiada.

— Recordarte tu lugar en el ciclo de la vida – miraba su copa restándole importancia a lo que me decía – me he cansado de insultarte, Bella, ahora sólo digo la verdad. – sonrió maliciosamente.

— ¿Mi lugar? – reí – y según tú ¿Cuál es?

— En el maldito lugar que se te ocurra, pero... – se acercó a mi – lejos, muy lejos de Edward.

— Y ¿Eso lo has decidido tú? ¿Desde cuándo la vida funciona así? – no dejaría que me intimidara.

— Desde siempre ratita de consultorio – me miró desvalorizándome – tal vez no lo has querido entender pero siempre sobrevivirá el más fuerte. No necesito recordarte que soy yo – tomó de su copa.

— Discúlpame pero quien no ha entendido bien eres tú. Ese comportamiento es digno de animales, tal vez por eso se te da bien, pero para la gente civilizada se trata de decisiones personales. Lo que se resumiría con un "no te metas en lo que no te importa".

— ¡Vaya! Me has dejado impresionada. Pretendes parecer fuerte, segura de ti misma y alguien que lucha ¿Cierto? Pero para mí, siempre serás la misma "nadie" frágil e inútil que has sido desde niña. Déjame preguntarte algo ¿Cuántas veces te ha cogido Edward hasta hoy? ¿En el auto? – estoy segura que mi cara demostraba algo, pero no lo notaba – si, si, querida. ¿Crees que en verdad el amor puede sobrevivir tantos años? Es tan estúpido e infantil – escupió una carcajada ¿Por qué decía todo eso? – Ahora piensa ¿Quién crees que satisfacía esos instintos tan masculinos? ¿Quién crees que calentaba su cama mientras pasaban los años? ¿De verdad eres tan estúpida como para creer que serías la única mujer en su vida?

¡No, maldita sea! ¡No! – se veía furiosa – Esos brazos tan fuertes, esa espalda tan esculpida, ese vientre tan marcado han estado bajo mis manos al igual que las tuyas – cerró sus ojos con mueca de placer – Oh si, también han recorrido mi cuerpo magistralmente. Su voz también ha gritado mi nombre. Y lamento ser yo quien te lo diga pero ¿Crees que ahora que estamos bajo el mismo techo, no ha pasado un par de veces más? – me miró con los ojos más sinceros que había visto en ella.

Un fuerte nudo se formó en mi garganta y mis ojos se nublaron por las lágrimas. Todo eso ya lo había pensado antes, pero de verdad era ingenua que creía que eran sólo ideas locas mías. ¡¿Por qué siempre tenía un pensamiento tan infantil?

— No, no llores querida – fingió ternura – no quiero que sufras. Lo único que pretendo es que veas las cosas como son – tocó mi mejilla – esta mañana estuvo conmigo. Si, así es. Todo un amor Edward. La primera boda será la de Rosalie... y después... ¡Adivinaste! – dijo como si de verdad le hubiera atinado a la respuesta – ¡La nuestra! – sonrió.

— Basta – logré pronunciar.

— ¡Nada de basta! Así son las cosas... Ahora que lo sabes sería prudente que ¡Nos dejaras en paz de una maldita vez! – enterró su dedo en mi mejilla y la volteó fuertemente. – Te he soportado estos días, pero ya sabes que te odio, ¡Siempre tratando de quitarme lo que quiero, mosca muerta! Pero esta vez no será así... No, no, no. Así que estás más que advertida. No sabes hasta dónde puedo llegar aún, pero si me provocas lo sabrás.

— ¿Así que esto es una guerra para ti? – dije con lagrimas en los ojos – ¿De verdad crees que una relación funciona a base de trampas, rencores, artimañas? ¿Crees que el amor nace así? – no dijo nada, solo me fulminó con los ojos. Repentinamente parecía confundida. – Exacto... todos estos años he soportado tu veneno, tus maldades, tu odio e incluso tus insultos que llegaron a hundir mi ego por debajo del suelo, y la única pregunta que siempre ha rondado mi cabeza es una Irina... ¿Por qué me odias tanto? ¿Qué pasa por tu mente que te hace despreciar a las personas de esta manera, creerlas un deporte en el que gana quien más tiene y pierde a quien puedas pisotear?

— No sabes nada de lo que yo pienso. Jamás te ha importado. ¿Ahora tú vienes a tratar de darme un discurso de vida romántica, amorosa y color de rosa? ¡Jamás creí que fueras tan ingenua, de verdad! Disculpa que no lo acepte. Conmigo no puedes hacerla de psicóloga, Isabella. La vida es como es, hay sufrimiento, dolor, injusticia y por si no lo habías notado, si tu burbuja infantil no te lo ha dejado ver, en esta vida sí gana quien más gente pisotee. Es mi lema. Así es que, te guste o no, lo tomes con la maldita filosofía que lo tomes, yo jamás me rendiré. Te importa un carajo mis razones, jamás las sabrás por mi boca. Conozco ese viejo truco psicológico y te diré que nunca ha funcionado conmigo. Sobre aviso no hay engaño dulce Isabella Swan...

Tomó su copa y se levantó de la mesa dejándome ahí helada con todo eso. ¿Era verdad? ¿Qué debía creer? Las escenas de las veces que había estado con Edward se me amontonaron en la cabeza. Dolía, y dolía mucho pensar que en verdad siempre ha estado de esa forma con Irina. ¿Había sido engañada tan vilmente por él? ¿Tan bueno era para fingir un amor que no sentía? ¿De verdad mi ingenuidad llegaba a medidas monumentales?

Mi cerebro punzó por tantas preguntas que se formaban en mi cabeza sin respuesta. ¿Qué iba a hacer? No supe cuanto tiempo pasó desde que Irina me dejó ahí, pero me parecía que todo se aceleraba, todo corría rápidamente en una corriente que no podía parar. Escuchaba mi nombre lejano pero ya no sabía si era mi nombre. No podía ver nada porque estaba cubriendo mi rostro con las manos tratando de respirar y dispersar tanta idea.

— ¡Bella! ¿Te sientes bien?

— ¿Qué? – me enderecé asustada – Alice, eres tú.

— Claro que soy yo, ¿Qué tienes? –me miraba asustada, tal vez por las lagrimas que aún posaban en mis ojos – vi a esa arpía levantarse de aquí ¿Qué tonterías vino a decirte?

— ¿Qué? Nada... – esquivé su mirada – Sólo... la verdad. – agaché la cabeza.

— ¿De qué verdad hablas Bella? Nada de lo que alguien de su calibre diga puede ser tomado como verdad.

— Yo... no sé qué pensar. Ya no sé nada – limpié mis lágrimas.

— Debes decirme lo que te dijo... por favor...

Guardé silencio un momento mientras pensaba por donde comenzar. En resumen todo era simple. Doloroso, pero simple.

— Pues... tu hermano siempre ha estado con... ella – dije tratando de retener el llanto.

— ¿Eso te dijo? ¿Esa estupidez tan predecible es la que te tiene así? - ¿Le parecía una estupidez?

— No quiero discutir nada de esto, en verdad, no sé qué hacer yo solo... quiero salir de aquí.

Me levanté para caminar hacia el campo de béisbol que en ese momento estaba solo. Eso quería, despejar la mente. Irina siempre sabía encontrar mi punto débil. No era difícil saberlo, mi inseguridad parecía un letrero en el trasero que decía 'Patéame'. Además todo eso que dijo sobre la vida era verdad. ¿Por qué siempre veía la vida tan poética? Comencé a sentirme infantil a lado de ella. Tan inexperta. Como si la vida hubiese sido demasiado buena para merecerla. Un pensamiento demasiado extremista, pero inevitable.

Caminé ignorando a todo quien se cruzara en mi camino, incluso me pareció ver a Nessi y Jacob en una mesa, pero no quería hablar con nadie. Solo quería estar sola.

Odiaba esa época en la que las emociones pasaban por mi alma como si se tratara del viento. Continuo y diferente a cada segundo.

Si había tratado todo el tiempo de vencer esa inseguridad ¿Cómo era que algo tan débil lograba quebrantar todo ese trabajo? Todos esos pensamientos encontrados hacían que me sintiera más perdida que nunca. Una vez en el campo me senté en el primer piso de la grada, respiré profundo varias veces. Debía tomarlo con calma.

¿Qué debo creer?

¿Será cierto?

¿Debo creerle a Irina?

Pero todo concuerda de alguna manera loca. Es cierto que los encuentros que hemos tenido son solo 'pasionales'. Y también es verdad que ha pasado tiempo bajo el mismo techo. Pero... ¿Quién me asegura que en verdad ha estado con ella?

Soy tan débil, maldita sea, no puedo continuar comportándome como adolescente. No, simplemente no. Es suficiente, debo ser objetiva y diplomática con lo que ese pedazo de arpía me ha dicho. Tal vez es verdad que no sabemos muchas cosas el uno del otro, ha pasado tanto tiempo, pero él está conmigo ahora, y me basta. Tendremos que hablar de muchas cosas... Lo haremos.

Una vez tomada esa decisión regresé de algún modo a la realidad. No era todo tan sencillo, pero sí claro. Me quedé ahí un buen rato, en realidad no supe con exactitud cuánto, pero de repente comencé a escuchar como una multitud que se acercaba. Pude imaginar la razón. El partido.

Unos brazos me rodearon tiernamente

— ¡Bella! ¿Dónde has estado? – preguntó Nessi.

— He estado aquí – esbocé una sonrisa fingida – necesitaba concentración, pensar un poco, tú sabes – la empujé con el hombro jugando.

— Mentirosa. Te vi salir del salón con los ojos llorosos. ¿Me contarás lo que te pasó? – dijo tiernamente.

— No tiene gran importancia. El pasado no me quiere dejar en paz, eso es todo.- me encogí de hombros.

— La historia de siempre ¿no? – agregó Jacob parado frente a nosotras. Asentí sonriéndole.

— Como sea ¿se sienten listas para este épico partido? – cambió de tema mi primo.

— Pues, no se puede estar lista para lo que simboliza peligro para ti ¿O sí? – respondí.

— Vamos, deberías estar acostumbrada. Lo que sí será épico, será verte en este enorme campo tratando de no tropezar o caer de lleno – se burló.

— ¡Se amable Jake! – lo regañó mi amiga – Deberías estar aquí para echarnos porras, no para alentarnos a caer o herirnos.

— Es verdad – continuó burlándose – esas cosas ya son predecibles. Es más divertido pretender que nada pasará – siguió riéndose.

—No es lo más peligroso que pasaría hoy – Edward llegó junto a su amigo sonriente.

— Tal parece, amigo mío, que no sabes todos los acontecimientos que habrá el día de hoy.

Nessi y yo lo miramos casi con ojos fulminantes, si le decía el plan a Jacob implicaría un nuevo obstáculo en el trascurso de la 'misión'.

— ¿Hay más planes para hoy? – dijo sorprendido Jacob.

— Ya habrá tiempo de hablar de eso – le palmeó la espalda.

— ¡El momento ha llegado! – gritó entusiasmada mi amiga Alice que llegaba casi arrastrando a Jasper – Bella, por favor dime que estás bien y que jugarás — lo mejor que puedas – '¡Maldita sea, tenía que decirlo!'.

— ¡Estoy bien Alice! – quise que comprendiera que no debía decir nada ¿Para qué crear un nuevo drama ahí?

— Gracias al cielo. El partido comenzará en 15 minutos – ella se veía más emocionada que todos ahí juntos. Creo que siempre había sido fanática del béisbol o algo así.

— ¿Hay algo que deba saber, Bella? – preguntó Edward.

— No por ahora – le sonreí para tranquilizarlo, pero desgraciadamente no funcionó.

El partido trascurrió de manera completamente normal, dentro de los rangos de normalidad para mí. Tropiezos y algunas caídas eran de esperarse. Por alguna extraña razón siempre había poseído el don de encontrar justo el lugar menos estable del suelo, los bordes más peligrosos o incluso las rocas mal posicionadas que hacían que mis pies siempre fueran sorprendidos.

La poca, pero suficiente, gente que presenciaba todo se expresaba muy efusiva. Habían porras, gritos y bromas en el ambiente. Me pareció algo nuevo pero agradable.

Preferí no pensar ni recordar las presencias que me hacían sentir incomoda, como el señor Spencer, Jacob y sobre todo Edward. Los dos últimos ya me conocían de siempre, sabían mi descoordinación y torpeza, así que no resultaba tan incómodo. Pero en el caso del doctor me asustaba que tomara más fascinación en algo que no debía ser. No era que me sintiera deseada, pero en casos así, yo habría preferido mil veces ser invisible, o tan fea que no le resultara atractiva a nadie en absoluto. Una fealdad como de esas brujas que salen en los cuentos de Disney. Llegué a considerar el hecho de comprarme la máscara. Pero era ridículo.

No aporté gran cosa al partido. Decidieron que era mejor y menos peligroso ponerme en una base, aunque honestamente habría preferido quedarme en la banca. Nessi y Alice demostraron que tenían talento deportivo, muy sorprendente pues 7 de las 12 carreras anotadas por nuestro equipo fueron anotadas por ellas. Se veían muy divertidas tanto que no pude evitar divertirme también. Una tarde en resumen, y con algunos borrones, agradable.

Habría sido casi perfecta de no ser por las veces que Irina trató de golpearme con la bola, o de taclearme al llegar a la cuarta base, que era la que me correspondía. Era bastante obvia, por lo menos para mí, aunque creo que era su objetivo.

En una ocasión logró llegar tan rápido y fuerte que me tiró en la arena mordiendo el polvo. Fue intimidante, pero de algún modo estaba acostumbrada a eso.

Mis amigas estaban furiosas por esas acciones tan 'antideportivas' y acordaron darle una lección. Una lección que se quedó muy corta a comparación de lo que yo tenía ganas de hacerle.

Cada vez que ella corría hacia mi base en lugar de lanzarme la pelota a mí para marcarle un out, se la lanzaban directamente a su cuerpo. Y sé por experiencia propia que esas bolas no son nada sutiles, duelen, y duelen mucho. En mi caso me habían dejado infinidad de enormes moretones en el cuerpo. Pero Irina, tal vez por orgullo o por rudeza, no parecían dolerle nada, solo hacía que sus ojos se encendieran más por el odio hacia las tres.

Nos encontrábamos tomando el merecido respiro después del partido. Ya un poco sudadas y demasiado cansadas, pero con los nervios más vivos que nunca. Las tres sabíamos lo que seguía en nuestro itinerario y no era algo precisamente para alegrarnos el día.

Mi pobre amiga Alice daba vueltas desesperada mientras apretaba sus dedos hasta hacerlos tronar. Me ponía aun más nerviosa. Sus alborotados cabellos parecían estar de su mismo humor pues estaban más dispersos y rebeldes que nunca.

— Vamos, Alice, deja de hacer eso o hectárea todo a perder. - le decía una no menos nerviosa Nessi.

— Ella tiene razón Al, debes relajarte. Alguien puede sospechar o puedes decir algo de mas por tus nervios.

— Es que nadie me había dicho que sería tan duro el proceso.

— ¿Prefieres no hacerlo? Porque aún hay tiempo de arrepentirnos. - dije.

— ¡Para nada, Isabella Swan! - puso cara de ofendida — Es emocionante, y por eso estoy así. Mientras más nerviosa esté, mas alerta estarán mis sentidos ¿No creen?

— En eso tienes razón - le respondió Nessi — tus sentidos se agudizan con un poco de adrenalina.

— ¿Lo ves? Sólo deja de regañarme.

— Yo solo trataba de... Olvídalo. ¿Cual es el primer paso? - dije saliéndome por la tangente.

— Debemos esperar a que Irina se marche con Edward - miró su reloj de muñeca — eso debe ser en unos 15 minutos. Después nos iremos como llegaron ustedes - Nessi y yo nos miramos desconcertadas — ¡En la camioneta de Jake, tontas!

— ¡¿Se lo dijeron? - preguntó sobresaltada Nessi.

— Culpa al terco de mi hermano. Dijo que era una forma de cuidarnos. No pude hacer mucho. Además en la Colonia a la que vamos no conocen la camioneta de Jacob, nadie sospechará de nosotros. Bueno, por lo menos no teóricamente.

Nessi no tuvo más remedio que resignarse, al igual que yo.

— Bueno y ¿Donde están ahora? - dije buscando con la mirada disimulada a Edward, Irina... O ambos.

— Paciencia mujer, paciencia.

Las tres nos dimos, a partir de ese momento, la tarea de buscarlos.

No fue difícil. Entre la multitud sobresalía esa pareja que se despedía dispuesta a marcharse. Se despedían de los invitados a los que al regresar ya no encontrarían. Los miembros de la familia sólo asentían pues ya sabían lo que ocurría con la odiosa madre de Rosalie e Irina.

Caminaron rumbo al estacionamiento y alcancé a ver cómo Edward le abría la puerta del copiloto a su acompañante. Me punzó el pecho de los puros celos. No ayudaban las circunstancias ni los recientes acontecimientos, sin embargo guarde eso en una cajita, que sería abierta después, para poder continuar con lo que en ese momento nos preocupaba realmente.

— Es hora chicas. Deben recordar lo que buscaremos, contamos con el tiempo necesario, sin embargo debemos ser cuidadosas ¿Donde diablos esta Jacob? - Alice comenzó a buscarlo a su alrededor. Parecía aun nerviosa pero entusiasmada.

— Lamento la tardanza - respondió agitado por la prisa de llegar a nuestro lado — Edward me habló al celular pero el mensaje fue confuso y extraño.

— Seguramente lo escuchaba Irina ¿Qué fue lo que te dijo?

— Dijo algo sobre no esperar a que los proveedores envíen la mercancía. Que en cuanto tengan el contrato en la mano debemos firmarlo y archivarlo. Todo fue rápido, y no respondió mis preguntas. Creo que al final sólo dijo: "Los árboles guardan secretos y sacan de apuros. Cuida la naturaleza, lleva mi vida".

Todos pusimos cara de desconcierto en ese momento. ¿De qué diablos hablaba? La primera parte era obvia. Salir de ahí en cuanto tuviéramos lo que buscábamos. Pero ¿Que tenían que ver ahí los arboles? ¿Quería que escondiéramos ahí lo que halláramos? Era inseguro. Tres cerebros trabajaron coordinadamente y nadie atinó con el desenlace de esa última parte.

— Creo que tu hermano ha enloquecido. - bromeó Reneesme.

— Eso no lo dudo - le respondió Alice riendo — pero no hay tiempo para diagnosticarlo. Debemos irnos. La parte de cuidar la naturaleza por que lleva su vida es obvia ¿No te parece Bella? - me dijo con cara de ternura. Yo sólo me encogí de hombros un poco sonrojada.

Salimos de la hermosa casa de los Cullen lo más naturales posible. Alegamos que mi amiga Nessi era nueva en Forks y que la llevaríamos a conocer un poco sus alrededores, lo cual no era del todo mentira. Subimos a la camioneta de Jacob y llegamos a la Colonia en menos de 15 minutos.

Alice le dijo que debía esperar a un par de cuadras de la casa de Victoria, ya que si alguien lograba vernos salir o entrar con la camioneta frente a la casa, sería dar demasiadas pistas de nuestra identificación. Una idea bastante brillante que, a pesar de repelar un poco por su deber "moral" con Edward de cuidarnos, accedió seguir.

Las tres caminamos a paso normal hasta encontrarnos con la casa de dos pisos color pistacho que pertenecía a Victoria. Sus puertas eran color madera al igual que las 3 ventanas del segundo piso. El porche principal tenía escaleras ascendentes de madera que conducían a una terraza con un banco de palma frente a una de las 2 ventanas laterales a la puerta principal.

El jardín estaba muy bien cuidado, barrido y ordenado. No se esperaba menos de unas personas de clase alta, aunque con una casa bastante modesta.

Claramente la entrada principal no figuraba como opción. Alice nos hizo señas para que tomáramos el pasillo lateral que dirigía al jardín trasero. Era más escondido y nos brindaba seguridad para encontrar la manera de entrar.

Llegamos topándonos con un amplio jardín que no tenía nada más que pasto que se extendía hasta llegar a una alta barda que marcaba los límites del terreno. Cerca del porche trasero habían dos pinos poco más altos que la casa misma. En este caso, el porche era sencillo, muy bien conservado y con una amplia puerta de madera con dos hojas. Requeriría una llave. Ese era nuestro primer obstáculo, entrar.

— ¿Qué haremos ahora? ¿Creen que una casa de este calibre no tendrá alarma? - Nessi estaba un poco preocupada.

— Calma, calma. - me acerqué a la puerta para comprobar que estaba cerrada. — ¿Cómo hacen los profesionales para abrir estas puertas? - me pregunté a mí misma.

Buscaba algún alambre o algo que se asemejara a una llave en los alrededores, pero no había nada más que instrumentos de jardinería, hojas de pino y trozos de madera.

Me quede observando la jardinera que rodeaba el grueso tronco de uno de los pinos, estaba hecha de ladrillos rojos contratados con cemento en el borde, y descubrí que ahí dentro era buen lugar para guardar algo. ¿De dónde surgió la idea? Era sencillo, de la cantidad de veces que Edward había estado en esa casa y lo bien que conocía ya su funcionamiento.

Caminé dispuesta a buscar algo ahí, llegue y comencé a examinar cuidadosamente. Las dos personas que estaban conmigo me miraban como si miraran a un pez escalando un árbol.

— ¿Qué es lo que haces, Bella? - preguntó primero Nessi.

— ¿Recuerdan lo último que dijo Edward?

— Que te cuidáramos, lo sabemos Bella, eso hacemos...

— ¡No! - la interrumpí — Antes de eso. La parte de los arboles.

Ambas comprendieron al instante.

— Que guardaban secretos - se les iluminó el rostro.

— Exacto - le sonreí — Edward debe conocer a la perfección esta casa, sabe donde esta todo. Eso no es muy alentador si lo uno con lo que me dijo Irina esta tarde, pero me ocupare de ese asunto más tarde.

— Deberías olvidarlo, son sólo tonterías - Alice hablaba mientras comenzaban a buscar conmigo.

— ¿De qué hablan? ¿Qué fue lo que te dijo, Bella? - y ahora mi otra cuidadora solicitaba la información.

— Nada, Nessi, lo sabrás en otro momento, ahora debemos encontrar algo aquí. No estoy segura de qué, pero debe ser algo que nos ayude a entrar.

Continuamos buscando hasta que a Nessi se le ocurrió rascar un poco en la tierra. Se topó con una llave.

— ¡Estupendo! - celebró.

— Genial, ahora ve y abre la puerta, debemos regresar la llave y dejarla justo donde estaba incluso con la tierra acomodada. Anda, hazlo. - le indiqué.

Hizo lo que le dije y afortunadamente abrió a la perfección. Regresó a nuestro lado y la dejamos como la habíamos hallado. Nos adentramos a la casa cerrando la puerta a nuestras espaldas, por si alguien pasaba por ahí no sospechara que alguien había entrado de incógnito.

Era un ambiente cálido comparado con el exterior. Los muebles eran rústicos y elegantes. No hubo tiempo de fijarme en detalles.

Caminamos silenciosas y firmes directo a las escaleras. Ahí se encontraba nuestro segundo obstáculo, ¿Por dónde comenzar a buscar?

— Muy bien, escuchen - nos susurró Alice — no tenemos todo el día, y como podrán ver la casa es bastante amplia. Lo único que tengo en mente es que nos dividamos para buscar mejor - asentimos — Nessi y tú Bella irán al piso superior. A los cuartos que encuentren. Los primordiales son los de Victoria e Irina. Rosalie casi no pasaba tiempo aquí de manera que es de quien menos sospechamos en estos momentos. Yo iré al despacho, la sala y todo lugar en el que pueda encontrar algo. Nos iremos exactamente en 20 minutos, tal vez menos. - miró su reloj — cualquier anomalía, ruido o movimiento deben avisarlo y saldremos inmediatamente de aquí. ¿Está todo claro?

— Si - se escuchó al unísono.

— A trabajar, y tengan mucho cuidado por favor.

Nessi y yo subimos las escaleras hasta llegar a un amplio pasillo con una puerta de un lado y otras dos del otro. Al final habían puertas diferentes que imaginé serían el baño o cuartos de otras cosas, las puertas eran más sencillas, por eso había podido llegar a esa conclusión. Supuse que la más grande sería de Victoria y las otras de sus hijas. Nessi no quiso tener que inspeccionar la recamara "importante" así que me la dejó a mí. Era una ventaja a mi favor ya que sólo me ocuparía de una recamara mientras ella se encargaría de dos. Aunque al final, claro, debería ayudarla.

Entré cuidadosamente a la recamara. Era amplia, con alfombrado claro que combinaba con las cortinas de 2 de las ventanas frontales que había visto al llegar. Se percibía un olor de flores mezcladas con un toque de humedad. En Forks no era nada raro.

El edredón de la cama era amarillo crema con floreados verdes y cohíbes de los mismos tonos. Su tocador tenía flores artificiales aromatizantes al centro, perfumes y alguna que otra crema. Imagine que alguien debía venir muy seguido a hacer el aseo pues el tiempo no parecía haber opacado nada. Un amplio closet se extendía justo enfrente de la cama y creí conveniente buscar ahí primero. Si alguien quería ocultar un papel importante era poco probable que lo mantuviera en su casa, pero no perdíamos nada con estar seguros. Bueno, casi nada.

Entré y busqué entre los trajes, abrigos y demás prendas colgadas alguna caja, sobre o bolsa que me pareciera sospechosa. No halle nada fuera de lo común lamentablemente. Las únicas cajas en el suelo contenían zapatos, zapatillas, botas y una tenía facturas muy antiguas. Nada de interés para mí. Me quede parada observando y noté que en la parte de arriba había un hueco. Perfecto. Sonreí satisfecha conmigo misma, como si hubiese hallado el tesoro mismo.

Busqué algo firme y, como si hubiesen adivinado que lo necesitaría, había un banco negro debajo de unos cajones. Más perfecto aun. Lo tome y me subí tuve que ponerme de puntitas para lograr ver completamente lo que había. Encontré una cajita de cartón empolvada, y a lado algunas manualidades de diferentes épocas del año sin terminar. Tomé la caja y me baje de un salto. Salí del closet y la puse en el suelo, sentándome en el suelo con las piernas cruzadas. No había mucho tiempo, lo sabía, pero debía revisar con cuidado lo que contenía.

Habían papeles de todo tipo, revistas incluso, periódicos viejos y algunas fotografías de lugares de Forks. Algunas en el bosque y otras de casas que no pude reconocer. Hojeé los periódicos desinteresada y, claro, decepcionada. ¿Cómo es que no podía hallar nada útil? Boté la caja frustrada y uno de los periódicos se abrió en una página que llamo mi atención por el título tan dramático: "DESASTRE EN EL BOSQUE DEJA SIN CASA A UNA FAMILIA"

El periódico era de Forks claramente. Lo tomé para mirar mejor la nota.

"Un severo incendio reportado al 911, en una casa adentrada en los espesos bosques de Forks, acabó casi por completo con el patrimonio de una familia reportada con el apellido de Cullen. Es una familia conocida y querida en la comunidad. El padre, Doctor Carlisle Cullen, resulta ser el director del Hospital general de esta ciudad. Entrevistados en la escena del desastre aseguraron que, lo que se concluyó como accidente, en realidad no lo parecía del todo. Los bomberos confirmaron que un chispazo en la cocina fue la verdadera causa del inicio del incendio, sin embargo testigos alegaron conocer a personas con sentimientos negativos hacia la familia.

Hasta ahora la conclusión oficial sigue siendo de accidente. Las investigaciones continúan, pero el fuego consumió lo que, en caso de ser provocado, serian pruebas valiosas en el caso". ¿Por qué jamás había visto ese periódico? Sí, bueno, todo después de ese accidente había sido confuso, doloroso y muy de prisa. ¿Quién pensaría en andar buscando noticias sobre lo que, más que nada, desea dejar atrás?

Bueno la pregunta más obvia era ¿Por qué Victoria guardaría un periódico con esa noticia?

Observé de nuevo la página en blanco y negro, centré mi vista en la fotografía que abarcaba la mayor parte de la hoja. Era una foto lateral del frente de lo que había sido una hermosa casa de los Cullen. El fuego ya se había extinguido, pero incluso sin color podía ver las marcas del fuego y el humo serpentear en el cielo. Habían unos cuantos bomberos que se veían apresurados, enredando mangueras, acarreando trozos de restos de algo y unos solo dentro de la casa examinando.

Era extraño y doloroso ver esa imagen. Jamás había visto el final de esa tarde tan nublada en mi mente. Por alguna extraña razón sentí que debía conservar la fotografía. Pero ¿Cómo? Si me la llevaba se darían cuenta de que faltaba algo. ¡Eureka! Bendita tecnología. Tome mi celular y lo fotografié unas 3 veces tratando de que saliera lo más clara posible. Y sobre todo la guardé en mi cabeza por si hacía falta. Busqué en la caja y no halle nada más. Las demás revistas, hojas y fotografías no contenían nada sobre ese día. En realidad eran de casas en venta. Al parecer había buscado o continuaba buscando una casa para mudarse. Regresé todo procurando dejarlo sin marca de mi registro.

Lo regresé a su lugar y después de usar el banco, también éste lo puse donde estaba. Ahora hice inspección en las mesitas de noche que había a cada lado de la cama. Había una agenda, facturas, tiquetes y papeles de compras recientes. No es que me sintiera ahora investigadora. Su vida poco me importaba. Nuestro objetivo era claro y único y decepcionada de no haberlo hallado me senté en la orilla de la cama. Mire a mí al rededor buscando dónde mas buscar, pero no había nada, debía salir de ahí. De repente mire el contenedor metálico de basura y me extrañó ver una fotografía un poco apretada en un puño ahí entre un par de papeles.

La tomé y traté de extenderla para regresarla a su forma original. ¿Por qué estaba en la basura? Habían 3 chicas en la foto, abrazadas y sonrientes frente a la cámara. Tenían ropas casuales y reconocí claramente a dos de ellas. ¡Una era Esme y la otra Victoria! Mucho más jóvenes, pero eran ellas. Tal vez tenían 18 años en esa fotografía. ¿Por qué estaban juntas? ¿Eran amigas? ¿Quién diablos era la chica de en medio? A ella jamás la había visto en mi vida.

Quedé helada mirando como boba la fotografía. El tiempo se me escurrió hasta que escuché a Nessi llamarme en la puerta.

— ¿Bella? ¿Hallaste algo?

— N-no - dije tontamente. No tenía caso que se la mostrara por ahora.

— Debes ver algo, no es preocupante, pero sí poco usual.

— ¿Qué cosa es Nessi? ¿Hallaste la factura del seguro? - dije sorprendida.

— ¡No! ¡Nada de eso! Aun así es importante que lo veas.

Asentí y guardé la foto arrugada en mi bolsillo junto con mi celular.

Salí y seguí a mi amiga hasta la segunda habitación que según me dijo antes de entrar pertenecía a Irina.

— ¿Cómo lo sabes? - pregunté.

— Solo espera a verlo. Estoy segura de que muchas de tus preguntas serán aclaradas.

— Me estas asustando Nessi, muéstrame ahora lo que tanto ansías que vea.

Entramos a la habitación y parecía realmente de una chica de 15 años aun. La cama era individual con un edredón rosa oscuro. Su mesita de noche tenía una lámpara color rosa pálido y un teléfono azul eléctrico. Muy ochentero. Habían un par de póster en la pared de Leonardo Di Caprio y su ventana daba al patio trasero, mismo por el que entramos, justo en frente estaba el árbol, de hecho las ramas rozaban la ventana. Me agradaba eso.

No veía nada fuera de lo normal ahí. Quien la viera y no conociera a Irina diría que es una perita en dulce.

— Todo se ve normal Nessi. ¿Qué es lo que tanto te sorprende?

— Observa.

Abrió la puerta de su pequeño closet y ahí estaba todo. ¡Santa madre del creador!

— ¡Nessi! Pero...

— Así es Bella, sabemos lo que significa.

Camine para observar mejor lo que veía.

Había una caja repleta hasta el tope con papeles, libretas y ¡Fotografías mías, de Alice, Emmett y de Edward! Algunas estaban rayadas, arrugadas y recortadas. Habían más mías con Edward. En el patio de la escuela, en la puerta principal del colegio, sonriendo, hablando o simplemente mirándonos.

¿Qué clase de broma mala era ésta?

Removí algunas y hallé una con el rostro de Irina recortado y pegado en el que originalmente era mío. Edward me o la abrazaba tiernamente por los hombros y me-le sonreía. Mis manos temblaban.

— ¿Por qué? - susurré.

— ¿Jamás te preguntaste por qué te odia tanto? Es claramente una chica con algún trastorno mental.

No pude evitar sentirme mal al ver todo eso. Muchas cosas hicieron clic y algunas otras sólo perdieron importancia. Una lágrima cayó por mi mejilla.

— No, no Nessi. Me niego a creer eso. Me miró sorprendida.

— ¿Lo dudas Bella? ¡Lo estás viendo en tus narices!

— ¡Lo sé! Pero... - chillé.

— Sé que es difícil, pero ¿Por qué ahora te importa lo que a ella le pase? Tanto tiempo abusó de ti. Te ha hecho pasar vergüenzas, malos ratos y aun así eres capaz de llorar ante lo que es "su" realidad. ¿Por qué, Bella?

— Es mucho más sencillo odiarla sabiendo que es sólo un corazón envenenado. No es fácil saber que todo lo que me ha hecho es por causa de algo que ella necesita. ¿Sabes lo que eso es? Yo se que sí. - guardé silencio — amor.

— Lo sé Bella, somos Psicólogas y por esa razón también sabes lo que necesita - Afirmé con la cabeza — lo mejor que puedes hacer por ella es ayudarla.

— Lo sé.

En ese momento recordé lo que Edward me había contado sobre que parecía olvidar algunas cosas que hacía. Se lo dije a mi amiga y colega.

— ¿Crees que sufra "despersonalización"? - preguntó sorprendida.

— Pues algo debe haber de eso, sabes que el diagnóstico lleva mucho tiempo, y se requieren muchos más factores. - afirmó pensativa. — Pude observarla esta tarde. Su rostro era más tenso, y severo que la noche de la cena. Es obvio su odio hacia mí pero tú sabes que quien sufre de personalidad múltiple también cambia sus nombres.

— Pero eso se nota sólo si lo preguntas, si indagas en eso, de otra forma se conserva como secreto que únicamente la persona conoce. Su nombre. ¿Esa noche alguien menciono su nombre? ¿Esta tarde? ¡Que maldito problema!

Guardé todo lo que había sacado y cerré el closet.

Alice entro agitada y muy asustada.

— ¡Demonios, están aquí!

— ¡¿Qué? - dijimos las dos casi gritando.

— ¡Como lo escuchan! ¿Por qué demonios tardamos tanto?

— No importa. ¿Qué haremos ahora? ¡Coño! - entramos en pánico las tres. Miré la ventana y el árbol que se mecía afuera. — ¿Donde están ahora?

— Bajando del auto, me imagino, subí en cuanto los vi por una ventana. ¡No tenemos tiempo no de bajar para salir por la puerta que entramos!

— ¡Carajo! ¿Y ahora qué? - Nessi se movía desesperada pasando sus manos por sus cabellos recogidos.

— Bajaremos por el árbol - me dirigí a la ventana.

— ¿Qué? ¿Quieres que muramos?

— Es tomar ese riesgo o ir a la cárcel. ¿Se les ocurre un plan mejor? Lo escucho con atención.

— Está bien ¡Vamos! - accedieron ambas.

Abrí la ventana y por fortuna la rama que quedaba al pie de esta era gruesa y aparentemente resistente.

— Tú primero Alice, podrás ayudar a Nessi. Hacíamos esto cuando niñas ¿Recuerdas?

— Si pero...

— ¡Sólo háganlo!

Siguieron mis indicaciones y caminaron con cuidado por la rama. Alice bajo a otra y Nessi la seguía sosteniéndose en momentos de su mano y otros de la rama. Yo las seguí solo después de ver que estaban por llegar al piso. Me abracé al tronco principal después de cerrar la ventana tras de mí. Mi sangre se enfrió al escuchar voces en el cuarto. "¡Mierda!"

Me tumbé en el tronco bajo de mí y me arrastré lo más rápido que pude. Gire la cara para ver lo que pasaba ahí dentro. Irina entraba con rostro coqueto y Edward la seguía. Gracias al cielo ella no miró por la ventana o claramente me había visto ahí. Se paró junto a su cama y Edward quedó en la puerta...

De repente me miró ahí tumbada y su cara se trasformó en espanto. Irina le dijo algo que no pude entender y él trato de distraerla, o así lo interpreté yo. Aproveché eso para pasar a la siguiente rama, debía salir de ahí. Me aferré a la rama y me deslicé para llegar a mi objetivo. Bajé los pies y por maldita desgracia mis pies no tocaban la maldita rama. Estiré mis brazos y casi quedaba colgando sin más fuerza que la de mis brazos. Volví a mirar a la ventana para ve qué pasaba. ¡Ellos estaban ahí, muy cerca de la ventana! ¡Podían verme! Para mi desventura lo que observé no fue para nada agradable y sumándole que colgaba uno metros sobre el suelo, mi situación era todo un desastre.

Edward de un tirón abrazó a Irina teniendo sus rostros muy juntos. ¿Qué diablos significaba eso? Segundos después la besó...

Mi mundo se encogió y un trozo de hielo acarició mi espalda. No pude pensar, sólo veía esa imagen ocasionando fuego que recorría desde mi garganta hasta mi estomago.

Sacudí la cabeza y sentí mis brazos entumecidos, desvié la mirada para abajo y noté que no faltaba mucho para la rama, estire más mis manos y por fin la alcancé. Continué descendiendo hábilmente. Siempre había sido buena en eso, y más con el maravilloso maestro que había tenido, un maestro que ahora se estaba besando con otra chica. Esfumé de nuevo esa imagen. Sentí por fin los pies sobre la tierra firme y busqué a mis amigas. Ellas ya se encontraban casi en el pasillo para correr hacia la calle por la que habíamos llegado. Me llamaron y yo corrí junto a ellas.

— ¡¿Por qué diablos tardaste tanto? - Me regañaron a susurros.

— ¡Por poco me descubren!

— Bueno, pónganse sus gorros y salgamos cuidadosamente de ahí.

Así lo hicimos y corrimos el mismo sendero que habíamos recorrido minutos antes. Por fortuna estaba completamente sola la calle y el cielo comenzaba a oscurecerse. Corrimos calles hasta llegar a la camioneta de Jacob, quien ya nos esperaba fuera de ella muy desesperado.

— ¿Por qué diablos tardaron tanto? Ellos ya llegaron, por poco me ven aquí, tuve que agacharme.

— ¿Y eso te parece mucho? - casi le gritó Nessi — tuvimos que bajar por un árbol ¡Un árbol! ¿Entiendes lo que es eso?

— ¡Tranquila, cowgirl! Fue su idea. Sabían los riesgos.

— ¿Es eso un maldito reproche? - le respondió mi amiga. Estaba enojada en serio.

— No es un reproche, cálmate, aun estas nerviosa eso es todo.

— ¡Dejen de alegar y vámonos de aquí! - los interrumpí.

— Si, por favor. - me apoyó mi amiga no enojada.

Subimos a la camioneta y tomamos camino a mi casa. Le contamos parte de lo que habíamos vivido ahí, con excepción de lo que yo había encontrado por mi parte. Alice nos dijo que lo más cercano a lo que buscábamos que había encontrado había sido una copia de la póliza original.

— ¡Debes estar bromeando! - le dije — ¿Estás diciendo que sí la tiene ella?

— En teoría la tiene, pero la copia de nada nos sirve. Lo importante es que ahora sabemos a quién pedirla y sobre todo pedir las explicaciones.

— Eso es verdad - concedí. — ¿Se lo dirás a Edward?

— En cuanto lo vea.

Yo no sabía si decir o no lo de las fotografías ¿Y si lo que guardaban era un secreto doloroso? Era mejor esperar.

Llegamos a mi casa y el cielo ya estaba apagado. La noche era fría y unas gotas amenazaban con volverse una tormenta típica del poblado.

— Iré a dejar a Alice de regreso a casa. ¿Quién me acompaña?

— Yo me apunto - dijo Nessi con mucho mejor humor.

— Yo paso, me siento devastada después de este día de locos, soy honesta. Además tengo tierra hasta en el trasero. - afirmé con tono cansado.

— Está bien, no prometo que no tardaremos porque tal vez se nos ocurra hacer "cosas" en el camino. - se echó a reír mi primo.

— Está bien tórtolos, no me interesan sus planes. Hagan lo que gusten, pero ella debe estar aquí antes de la media noche. Más te vale que cumplas.

— No habrá problema Bella - aseguró mi amiga.

— Por mi parte vendré a visitarte mañana Bella - Alice me sonrió — sé que hay mucho de qué hablar pero será mejor descansar por hoy. - asentí.

— Cuídense todos - dicho eso me bajé de la camioneta y entré directo a mi casa. Subí a mi cuarto quitándome la chamarra y botando los tenis que calzaba. Necesitaba una ducha urgente. Entré al baño y me desnudé completamente. Abrí las llaves y en cuanto el agua estuvo en su punto me coloqué bajo el chorro. Se sentía muy bien y las ideas se aflojaban conjuntamente con mis músculos. Pensé en todo lo que ese día me había pasado. Declaraciones, amenazas, golpes, un árbol, fotografías, revelaciones... Un beso.

Ni todo lo primero pesaba tanto como lo último. No podía negarlo, odiaba con el alma la idea de ver a Edward con ella, e imaginar todo lo que ella me había dicho sobre pasar las noches en su cama me revolvía el estómago aun más. Por él había regresado a Forks y me solía el alma pensar que de verdad lo había perdido. Lloré un poco mientras me enjabonaba.

Recordé sus palabras de que nunca se alejaría de mí y sólo amargaron más la ducha. ¡Qué injusta podía llegar a ser la vida! O tal vez, sólo tal vez... todo eso era justo. Irina tenía un visible problema mental, por eso no la podía culpar de nada de lo que hiciera, aunque claro tenía su porcentaje correspondiente de culpa, aun así ya no la veía del mismo modo.

Cerré la llave después de enjuagarme toda. Tomé mi bata e hice el nudo en mi cintura. Una corriente eléctrica atravesó mi estomago al recordar la platónica debajo del tapete. "¡Maldición, olvidé revisarla".

Escuché un ruido en las escaleras. Me quedé inmóvil con el susto atorado en la garganta. ¡Doble maldición! Esas cosas me perseguían ¿O qué?

Cubrí mi boca para no sacar un grito. ¿Qué diablos iba a hacer ahora?

El ruido se hacía más cercano, eran pisadas claras y pesadas. Definitivamente no era Alice o Reneesme. ¿O tal vez si?

Apreté el nudo de mi bata blanca de baño, cualquier resistencia que pudiera poner no dudaría no un segundo en hacerla. Busqué en todo mi bañito algo con qué defenderme. Por desgracia no habían muchos artículos que pudieran ser usados de arma. Tomé en mis manos temblorosas por el miedo, ridículamente una botella de shampoo larga. Peor era nada. Sabía que si golpeaba a quien fuera en la nuca podría lograr que se desmayara. Me estaba adelantando demasiado a los hechos, pero tenía miedo así que no pensaba con claridad.

Me acerqué a la puerta y los pasos ya estaban a unos metros...

Se detuvieron frente a la puerta. Mi corazón se detuvo y la electricidad atravesó ahora todo mi cuerpo. Tenía mucho miedo. Rogaba al cielo por qué fuera alguna de mis amigas o incluso mi primo sería un alivio. Claro que él no entraría al baño si supiera que estoy tomando una ducha, pero... ¡Basta de ideas! Debía concentrarme en lo que pasaba.

Me coloqué detrás de la puerta y la manija giró lentamente. Diablos, estaba helada a pesar del vapor que aun había en el cuarto. La puerta se abrió y vi un rostro masculino. Mis instintos reaccionaron antes que mi razón y golpeé con todas mis fuerzas justo en la nuca del sujeto, un ruido ahogado salió de su garganta cayendo de rodillas al suelo.

— ¡¿Qué haces aquí?


Bueno pues es todo, quiero saber qué les parece (: así que dejen review, me haría muy feliz ^^

Nos leemos pronto. Un abrazo a todos.

Aloha!