Juego de Voluntades
El regreso de Hakudoshi
Kagome evidentemente estaba furiosa, y todos los presentes podían detectarlo con facilidad. El único que no entendía bien el motivo era Inuyasha, es decir, ¿acaso creía que estaba dejando entrar a su casa a un terrorista o un narcotraficante? ¿En verdad creía que tendría algún motivo oculto por simplemente entablar amistad con un viejo hombre? A decir verdad, él había conseguido muy fácilmente la confianza del Sr. Takato. Era un hombre muy crédulo, reconoció. Bien podía ser un secuestrador, y de todas formas el pobre hombre le hubiera dado detalles de la vida de Kagome que hubiesen facilitado su captura. En cierta forma, aquello le desconcertaba, puesto que Kagome podía bien pasar por la persona más desconfiada en el mundo, y tenía un temperamento difícil de manejar.
En cambio, su padre se deshacía en lisonjas y parecía un niño hecho anciano con el paso de los años pero que aún no había perdido su candidez e inocencia. Realmente, ese hombre era lo opuesto a su padre, y si alguien podía comportarse así con todo el mundo, tenía la certeza que a Kagome jamás le faltó el apoyo y el amor que le ofrecía Takato, a diferencia de su propia historia, por supuesto. Su padre no era precisamente un hombre de palabras cariñosas. Lamentablemente, había sido criado bajo la arcaica creencia que a un varón no se le podía prodigar afecto a menos que quisiera que concluyera su vida en una desviación sexual, o Dios se apiadase, un esposo blandengue y dominado por su mujer. Y él, bueno, en realidad la rebeldía de su adolescencia no había concluido aún.
Al ver que esto era lo que se esperaba de él, y sabiéndose un joven con el mismo tesón que su venerado padre, empezó su propia batalla contra su progenitor. Él nunca tuvo ninguna inclinación de saltar "al otro bando" o algo semejante, pero para mortificación de su padre, se comportaba de la forma más indiferente a todas las actividades que conllevaran a representarlo como "macho machote", al menos ante él. Sin embargo, tampoco podía vivir con esa careta eternamente, y por tanto, a escondidas practicaba deportes rudos y era un campeón en béisbol, pese a dar la imagen de "nerd" y "lerdo" ante Inu no Taisho, que a decir verdad, mostraba con la eficacia de un actor de cine, puesto que sus altas notas parecían dar fe de ello. Eso le supuso grandes humillaciones aunque su rebeldía jamás permitió echarse atrás en su, quizá, absurdo plan. Pero en fin, era la adolescencia, ¿no? Tenía derecho de mortificar a quien había contribuido a su concepción.
Sin embargo, una vez salido de esa etapa, sintió el amargo sabor de la derrota. No había hecho rabiar a su padre con su prometida perenne actitud de ratón de biblioteca. Eso hasta los dieciocho años. Sino que más bien, se limitó a mostrarse indiferente a sus acciones, tanto pasadas como futuras. Concretamente, no esperaba nada de él. Después de todo tenía a Sesshomaru, orgullo de su excelsa estirpe, desde luego. Y él, bueno, que a él se lo comieran las ratas si así querían, por supuesto. Y hasta el momento, aquella imagen del "chico decepción" -puesto que realmente dudaba que alguna vez hubiera sido tan importante como para denominarlo "chico problema"-, lo mantenía etiquetado, probablemente de por vida.
En fin, no valía la pena amargarse la vida recordando eso. Ahora veía a un suplente bastante agradable en el moribundo hombre. El. Sr. Higurashi parecía ser el comprensivo y amoroso padre que alguna vez en su remota infancia, soñó con tener en Inu no Taisho.
- Oh, me alegra mucho verlo, Dr. Taisho. No sabe lo gustoso que es recibir su visita luego de la amena charla de esta mañana. – Dijo Takato. Inuyasha sonrió triunfal al ver la estupefacción dibujada en la cara de Kagome. Parecía no dar crédito a lo que había oído.
- En verdad no tenía premeditado todo esto. Pero como se dio lo del problema de la Lic. Higurashi pues, pensé que no debía desaprovechar la oportunidad. – Dijo cortésmente. Kagome resopló por lo bajo y le miró fieramente.
Takato sonrió tranquilo. A diferencia de lo que pensaba Inuyasha de él, no era un viejo caballero de espléndida armadura que ningún pensamiento impuro hubiese pasado por su santa mente. Todo lo contrario, él era Kagome perfeccionada, por decirlo de alguna manera. Por lo general era una persona que desconfiaba de todo y de todos. Muy poca gente se había ganado verdaderamente su aprecio. Y su pequeña hija había copiado a cabalidad tal cualidad, pese a que él no diera señas de eso abiertamente. Sin embargo, podía predecir que Kagome probablemente lo estuviese mirando con desconfianza por lo mismo, ella tenía la certeza de que no era tan crédulo. Y ese era el escalón que los diferenciaba a ambos. Su hija era un perfecto libro abierto de emociones para Takato, mientras que él mostraba a todos su inmortal sonrisa que hacía que todos bajaran la guardia. Y ese ardid es el que pretendía usar esa noche como nunca lo había hecho.
- Me parece una excelente idea, ¿no es así, Sango? – Inquirió Takato a su casi segunda hija.
- Pues… - Dijo Sango durante un instante pasando la mirada por todos los presentes en una fracción de segundo para determinar que se esperaba de ella. – Desde luego que sí. Después de todo, hubiese sido horroroso que Kagome se aventurara por las frías y desoladas calles con este tiempo que ha hecho hoy. – Respondió intentando ser lo más imparcial que se pudiera.
- Puede que así sea. – Intervino por fin Kagome que miraba con ojos entornados a su sonriente padre. – Pero, en serio me ha picado la curiosidad. ¿Ustedes se conocían? – Inquirió con semblante aparentemente tranquilo pero la tensión reflejada en la flexión de sus dedos desmentía tal apariencia serena.
- No realmente. – Sonrió Inuyasha. – Fue todo un golpe de suerte, ¿no es así, Sr. Higurashi? Nos conocimos en un café durante mi recorrido con Sesshomaru y Kiyoshi esta mañana.
- Oh, sí. – Los ojos de Takato brillaron al ser mencionado el pequeño. – Ese niño se merece todo lo bueno de esta vida, sin duda. Nunca había visto mente más brillante en un cuerpo tan pequeño. – Aseguró con resolución.
- Dr. Taisho. – Se aventuró a hablar Sango luego de ver como las facciones de Kagome se suavizaban ante la mención de Kiyoshi. – Me parece usted una persona de lo más interesante. Nunca había visto tal interés por parte de alguien hacia la vida de Kagome. – Expresó con un tono tan suave, que si no se hubiese visto su desafiante mirada, pudo consentirse el comentario como algo trivial.
Inuyasha sonrió lentamente.
- Usted debe ser la Lic. Sango Taijiya, ¿no es verdad? Una contadora igual que la Lic. Higurashi. – Dijo con calma. – Sin duda fue su idea la de usarme como medio para que ella encontrase un nuevo trabajo, ¿o me equivoco?
- Así es, me doy todo el crédito de tal acción. – Contestó con expresión de autosuficiencia, sin embargo, su expresión daba por hecho que no cedería ante la evasión de Inuyasha. – Aunque, me ha parecido que ha formado una estrecha amistad con Kag, ¿no es así? En ese caso, creo que bien valdría dejar a un lado tanta formalidad.
- Bien entonces, todo el mundo tutéese, punto. – Dijo Kagome zanjando el tema bruscamente. – Inuyasha, insisto en saber de qué hablaste con mi padre esta mañana.
- Oh, de todo, querida. – Rió Takato. - ¿Sabes? Creo que me tendrás que hacer un favor. ¿Cuándo podrás hacer el hojaldre relleno con compota de manzana? Estoy seguro que al Dr. Taisho le encantará.
- No me cabe la menor duda. – Sonrió fríamente Kagome. Inuyasha estuvo a punto de reír al ver su malévola expresión. Dios sabía que como mínimo arsénico le iba a incluir a dicho postre.
Inuyasha consultó su reloj, sabiendo que no podía perdurar demasiado esa reunión. Ya había puesto al límite la resistencia de Kagome, y no deseaba seguir torturándola.
- Me temo que ya debo irme. Prometí recoger a mi cuñada luego de dejar a Kagome en su casa. Sólo no pude resistirme a verle una vez más, Sr. Higurashi. Muchas gracias por su acogida. – Dijo Inuyasha solemnemente mientras estrechaba la mano del hombre de perenne sonrisa.
- Oh, si el placer ha sido todo nuestro. Esperamos verlo pronto por aquí. – Contestó alegremente.
- Sí, así todos comeremos tarta de manzana. – Sonrió Kagome sarcásticamente. Inuyasha estuvo a punto de echarse a reír al ver su expresión tan puramente irónica, pero logró contenerse.
- Hasta luego, entonces. – Se despidió rápidamente.
¡Maldito fuese! Pensó Kagome completamente contrariada con la actitud de Inuyasha – a quien dirigía el improperio-, y con la de su padre. Y Sango, bien, ella no había sido de especial ayuda. En realidad, dudaba que alguien quien sólo se limitara en buscar respuestas a sus propias interrogantes con respecto a Inuyasha fuera de gran ayuda, admitió.
Suspiró con cansancio y vio las pulcras sábanas que forraban su acolchada y bendita cama. En verdad estaba agotada. Y no era para menos, tan poco tiempo en una empresa y ya estaba que exigía un año sabático. Se desplomó sin mucha elegancia contra la cama y dejó que su cabeza reposara sobre la mullida almohada suspirando de alivio al verse rodeaba de tanta suavidad.
- ¿Qué demonios estás tramando, Higurashi? – Inquirió en voz alta recordando que su padre no había querido decir ni pío ante su extenuante interrogatorio, sospechando de sus intenciones. Ese hombre era maquiavélico, de eso no había duda.
- ¿Qué sucede, Kagome? ¿Por qué andas tan enojada? A fin de cuentas ya se fue, y eso es lo que querías, ¿no? – Preguntó mientras rebuscaba entre los compartimientos del refrigerador.
Ella le sonrió con su característico sarcasmo.
- Desde luego. – Afirmó con un tono excesivamente dulce. – Y es por ello que debería quedarme en santa paz ahora, ¿no es cierto? – Rió con desgana. – Papá, ¿a qué juegas? ¿Qué pretendes con ganarte los favores de ese Taisho? ¿Qué deseas obtener de él?
Su padre sonrió mostrando una sonrisa idéntica a la sarcástica usada por su hija, no eran tan disparejos como se pensaba, realmente.
- Pequeña mía. – Musitó con suavidad. - ¿Acaso dudas de las buenas intenciones de tu querido padre? – Dijo con sorna ante lo cual Kagome enarcó una ceja graciosamente. – No tengo intenciones deliberadas al respecto, al menos no en concreto a decir verdad. Después de todo, lo que te ha dicho el Dr. Taisho no es mentira, fue todo mera casualidad. Yo ahora sólo intento descifrar lo que el destino me intenta decir al ubicarme en tal coincidencia.
- Son muchas horas entre las diez de la mañana y las seis y media de la tarde, papá. – Repuso recelosa. – Al menos las suficientes para que tú ya hayas conjeturado toda una estratagema digna de una guerra. No me creo el cuento de que lo haces sólo para jugar una partida de ajedrez con el destino. – Afirmó.
- Piensa lo que quieras, Kagome. Ya sabes que a mí nadie me saca información alguna si yo no lo preciso necesario o beneficioso. – Le sonrió con sincera calidez. – Vete a dormir, y déjame a mí con mis "estratagemas dignas de una guerra". – Agregó luego antes de darle un beso en la frente a Kagome y despedirla a regañadientes.
- A veces podría jurar que él cree que sigo siendo una niña. Me preocupa lo que pueda estar tramando, conociéndolo como es… - Decía con la cara contra la almohada, pero se detuvo abruptamente al descubrirse a sí misma hablando sola. Sonrió con pesar, en verdad tenía la mente obnubilada entre tantas obligaciones y problemas. E Inuyasha a comparación, sólo era una pequeña piedra en el zapato. Es decir, molesto, soportable y posponible. Cosa completamente diferente a sus demás asuntos.
Estando ya adormilada, sin la intención de siquiera cambiarse de ropa o quitarse los zapatos, dio un respingo al sentir como su celular timbraba con fuerza con una música rápida.
- Demonios… - Siseó haciendo una mueca al ver la frecuencia con la que estaba diciendo malas palabras estos últimos días. - ¿Quién es el idiota que…? – Empezó a decir dándose vuelta y tomando a tientas de la mesa de noche su bolso, rebuscando rápidamente hasta encontrar el escandaloso aparato.
Sin embargo, quedó bastante impresionada al ver al causante de interrumpir el ciclo de sueño que aparentemente empezaba a ejecutarse en ella. Sonrió con entusiasmo al reconocer el número y contestó.
- ¡Hey! ¡bribón malagradecido! ¡Te has perdido del mapa! – Dijo con emoción, contestando la llamada.
Ya había pasado la primera semana y ese segundo lunes en aquella empresa, Kagome entró al edificio con sorprendente celeridad. Parecía comprometida con algún objetivo inimaginable para los demás. Pasó su tarjeta de identificación con presteza por el pequeño aparato dispuesto estratégicamente cerca de la recepción y apenas y saludó con un leve gesto a la extrañada y chismosa recepcionista. No es que mantuviera rencor por la desventurada, después de todo, no tenía la culpa ella de heredar pocos dotes mentales de dos presumibles progenitores cortos de mente. Sólo que ese día en particular, bien… había prisa.
Tocó casi con desesperación el botón del ascensor hasta que finalmente la caja metálica tuvo la dignidad de abrir sus puertas, como pensó ella humanizando y culpando de todos sus posibles males futuros a la parsimonia que tenía el susodicho aparato. Entró rápidamente y apretó otro botón, que esta vez llevaba al piso donde residía su oficina y en ello reparó en la perpleja mirada de Ayame. Se obligó a sonreírle, la prisa podía esperar aunque fuese un pequeño saludo con la primera aliada que había tenido en aquella empresa.
- Hola, ¿cómo estás? – Saludó Kagome. La aludida arqueó una ceja en respuesta.
- Pareces algo azorada, Kagome. ¿Qué demonio, fantasma o funcionario público te está persiguiendo? – Le sonrió.
- Me temo que es algo un poco más urgente. – Dijo correspondiendo a la sonrisa. – Y mucho más agradable, sin duda.
- Oh. – Dijo Ayame con súbito interés. - ¿Puedo preguntar quién es el afortunado? – Agregó divertida. Kagome se echó a reír sonrojada.
- ¿Cómo has sabido que es un hombre? – Preguntó incrédula.
- Ah, eso es algo que se ve a leguas, querida. – Dijo imitando el frío desdén de Kagura, con lo cual las dos se echaron a reír. – Pero en realidad… - Prosiguió Ayame retomando su dulce tono de voz. – Es porque ninguna mujer se entusiasma tanto si la que va a ver es a otra mujer, claro, obviamente hay ciertas excepciones y desviaciones sexuales, desde luego.
Kagome rió entre dientes y sonrió abiertamente a Ayame.
- Muy bien. Aquí te va la bomba para que te deleites: Hakudoshi Narahashi. Un compañero de universidad, que… ¡Dios! Lo adoro, deberías conocerlo. – Le sonrió. – Ha regresado de una larga estadía en el exterior.
- Vaya, tanto entusiasmo en verdad hace que el asunto suene prometedor. ¿Y qué? ¿Es un ex? ¿Amor platónico? – Se aventuró un poco más allá. Kagome sonrió con nostalgia.
- No sé si cabe la expresión de amor platónico, pero creo que fue algo así. – Admitió. – Después de todo le admiraba, y el amor entra por la admiración, ¿no?
Pero Ayame no tuvo tiempo de responder en vista de que las puertas del ascensor se abrían luego del pequeño pitido que anunciaba que así era. Ambas salieron del cubículo desviando sus caminos a sus respectivos departamentos.
Kagome caminó a paso enérgico y justo cuando llegaba a las puertas de su oficina, una ajetreada Koharu se le acercó casi trotando.
- ¡Lic. Higurashi! – Exclamó la secretaria-asistente-sirvienta-defensora de Koga Wolf. Kagome le sonrió con empatía. Después de todo, sabía que aquella joven se partía la espalda por alcanzarle el agotador ritmo a su jefe.
- ¿Qué sucede, Koharu? – Preguntó con tranquilidad.
- Oh, no se imagina. Hoy vienen del organismo público a chequear unos papeles, a revisar los libros. Y lamentablemente estamos atrasados, debe tenerlo todo hasta el mes anterior antes de la una de la tarde. Ya sabe, para la revisión. Aparentemente cualquier error podría costarle a la empresa unos cuantos miles de dólares. – Dijo afligida. Kagome frunció el ceño sin mostrar la consternación que se cernía sobre ella.
- Maldición… - Siseó exasperada que a último minuto le dijesen eso. – De acuerdo, pero no soy aquí la única contadora, me imagino que los demás…
- Ya a otros encargué nuevas funciones. Sólo sigo órdenes de mi jefe. Es que El Lic. Hoyo faltó hoy. – Dijo frunciendo la boca en una mueca que a Kagome le hubiese parecido graciosa sino estuviese preocupada por lo que le acababan de decir.
"Maldición", repitió para sus adentros. No podía salir tarde ese día. Después de todo, toda su prisa se debía a que quería terminar temprano para reunirse con Hakudoshi a la hora establecida. Suspiró cansinamente, intentaría rendir el tiempo, pero aparentemente su reunión con su otrora mejor amigo tendría que posponerse. Observó a Koharu con una mirada de autosuficiencia y asintió seria.
- A… - Consultó su reloj y calculó mentalmente. - …la una y cinco busca tus papeles. Los tendré para esa hora. – Dijo con resolución para luego formar una pequeña sonrisa al ver que Koharu anotaba la hora diligentemente en su pequeña libretita. – Ahora, hasta el mediodía, Koharu. Hay trabajo que hacer. – Se despidió antes de cerrar la puerta y con una mirada desafiante a su pulcro escritorio, se dispuso a comenzar su jornada laboral.
- Buenos días. – Saludó Inuyasha cortésmente a los funcionarios públicos. Maldición, se dijo. Se suponía que era su padre el que se encargaba de tratar con esos petimetres.
- Dr. Taisho, tenemos el tiempo contado. Así que agradeceríamos un poco de prisa. La declaración de impuestos no la veo publicada en la entrada. ¿Dónde está? – Inquirió con su respingona nariz muy en alto, como si con eso diera la impresión de que fuese más alto. Inuyasha arqueó una ceja en un gesto que sabía que irritaba a la mayoría de la gente. Y evidentemente, el funcionario no fue la excepción.
- Está en la cartelera, señores. Me sorprende que no la hubiesen divisado al estar tan estratégicamente puesta allí. – Dijo con una sonrisa burlona que crispó los nervios de los mencionados.
- Ejem… - Tosió el hombre incómodamente. – Evidentemente, también vamos a revisar el libro mayor… - Empezó con su discurso, que parecía hasta ensayado con minuciosidad. Inuyasha les sonrió indulgente.
- Lo habitual, desde luego. – Dijo tranquilamente, pero haciendo que el hombre no tuviera más remedio que interrumpirse, haciendo así que el susodicho mirara ceñudo a Inuyasha ante tal atrevimiento por su parte.
Ya Inuyasha se iba a seguir jactando silenciosamente de lo fácil que mortificaba a esa gente cuando vio una familiar figura deslizándose silenciosamente con un fajo de papeles en las manos. Sonrió abiertamente al saber qué era lo que llevaba consigo.
- Lic. Higurashi. – Le llamó con voz lo suficientemente alta como para que ella se quedara paralizada en su sitio y los funcionarios voltearan a verle con curiosidad.
- Oh, Dr. Taisho. – Dijo sonriendo amablemente pero con una mirada asesina que desmentía su sonrisa. – Disculpe que le interrumpa. Sólo iba a… - Se interrumpió tragando saliva pensando en algo rápidamente.
Se suponía que él no la llamaría, que la dejaría infiltrarse dentro de la sala de conferencias y dejaría allí aquellos papeles junto con los otros que iba a revisar toda esa gente. Finalmente, resolvió por plantarles cara con aplomo.
- Dr. Taisho. Creo que su asistente cometió un error y ha dejado esto junto con algunos documentos que le he pedido. Iba a devolvérselos, pero dado que está usted aquí, haré que su interrupción no sea en vano. – Dijo caminando hasta él ante la mirada atenta de los funcionarios. – Caballeros. – Saludó antes de pasar entre ellos y extenderle a Inuyasha la carpeta. Un brillo que Kagome pareció entender como de orgullo o admiración, apareció en los brillantes ojos dorados de Inuyasha.
- Gracias, licenciada. – Dijo con un tono suave que puso a Kagome algo nerviosa. Asintiendo rápidamente se despidió y desapareció tan rápido como llegó.
Una y cuarto, observó Kagome en su pequeño reloj de pulsera. Demonios. Ya debería estar saliendo desde hace quince minutos, y tendría que tomar el metro si quería llegar al menos en media hora al restaurante. Bufó molesta metiendo el celular y otros objetos personales apretujadamente en su pequeño bolso y quitándose con impaciencia una pulsera de oro que se le había antojado ponerse ese día, para ahora dejarla en la seguridad del discreto bolsillo de su falda. Volvió a consultar su reloj y gimió al verse imposibilitada de chequear su apariencia en el baño antes de salir. Eran preciosos minutos malgastados, no podría darse el lujo.
A toda prisa apagó la computadora y las luces, cerrando con llave la puerta de su oficina para salir disparada al ascensor. Y una vez dentro de su metálico y familiar amigo, empezó a pasar sus dedos nerviosamente por los lacios mechones negros de su cabello, intentando de alguna manera aplacarse la rebelde melena. Si aquella mata de pelo le dejaba en ridículo, juraba por su vida que se la cortaría por encima de los hombros.
Una vez que se hubiese detenido el ascensor y que sus puertas se hubiesen abierto, caminó rápidamente a la salida sin siquiera despedirse de la recepcionista, llevando un paso raudo para alcanzar el metro. Es más, ni siquiera oyó cuando Inuyasha la llamó al él haber llegado al mismo tiempo a recepción o cuando éste siguió con los ojos la ruta que ella pensaba tomar.
Hakudoshi Narahashi era un hombre de exquisito gusto por lo fino y delicado. Poseía unos ojos excepcionalmente violetas que resguardaban en ellos la promesa de una descarada y astuta inteligencia que desmentía su aspecto inofensivo y delgado. De manos de una blancura tal, el hombre de gestos aristocráticos dejó vagar la mirada por el selecto grupo de personas que entraban en el restaurante. La mayoría grandes empresarios o familiares de éstos, que venían a celebrar negocios o simplemente a pasar la hora del almuerzo en un lugar que, según ellos, les correspondía por ser la clase poderosa. Sonrió con desdén. Él entraba en los selectos círculos del príncipe Akishino como si él mismo perteneciera a la nobleza japonesa y no por ello se pavoneaba con esnobismo. Puede que tuviera gustos refinados, que sólo gente con dinero podía consentirse, de cualquier modo, así le habían criado. Más sin embargo, eso no significaba que no se relacionara con gente de otros extractos sociales.
Sonrió cuando vio la prueba de ello. Kagome Higurashi finalmente había llegado y hablaba con el estirado y francés hombre que se erguía como una estatua de piedra junto a la entrada del restaurante. Finalmente, la dejó entrar no sin antes advertir como Kagome le lanzaba una mirada asesina ante ese humillante interrogatorio. Pero el rostro de la susodicha cambió de expresión cuando observó a Hakudoshi, que le sonreía…si bien no cálidamente –dado que eso sería un acontecimiento contra natura-, al menos con cierta simpatía.
- Hola, ¿cómo estás, Hakudoshi? – Le saludó ella con familiaridad. Él amplió su sonrisa y se levantó de su asiento, retirando la silla donde ella iba a ocupar asiento.
- Muy bien, ahora que has llegado, gitana. – Dijo antes de volver a su asiento. Kagome sonrió ante el apodo, que sólo él había empleado hacia ella.
La primera vez que le llamó así fue cuando se conocieron y hubo cierta intimidad que pudiese permitir que ambos se llamaran por sus respectivos nombres de pila. Él le explicó que la veía como una gitana con aquella exuberante melena de pelo azabache indomable, sus ojos grandes y suspicaces y aquella energía arrolladora que la caracterizaba. Y pese a todo lo que se hubiera podido pensar, nunca hubo más nada entre ellos además que una sincera amistad. Aunque una sola vez hubo el peligro de que ambos hubieran podido ir más allá.
- Lamento tanto haber llegado tarde, pero se me presentaron incontables obstáculos. – Resopló ella con impaciencia. Él le sonrió amablemente.
- No hay cuidado. – Dijo tranquilamente. – Entiendo que debí llamarte un fin de semana más bien.
- Oh no, te he querido ver. Todo este tiempo viajando por ahí nos alejó mucho. Tu última parada fue en Escocia, ¿no?
- Holanda. – Puntualizó él. – Aunque la verdad no quisiera hablar mucho de ello. – Agregó encogiéndose de hombros, dándole con ese gesto un toque más humano a su perfecta y estilizada imagen.
- Oh vaya, y yo que pensé que sería hoy un día de "aprende cultura general en cuarenta y cinco minutos" – Le sonrió.
- Oh no, gitana. Temo que el trabajo absorbe cualquier intención de distraerse y aprender la cultura de donde se está. Más allá del idioma y unos cuantos datos elementales, no soy de demasiada ayuda.
Kagome soltó una risa incrédula y Hakudoshi no pudo evitar sonreír. Ambos sabían que esa era una mentira colosal, dado que ambos en su juventud tuvieron una manía obsesiva por la literatura y que el hábito de estudio se mantuvo en ellos a pesar de los años. Y el hecho de explorar literatura de otras tierras era una tentación irresistible para ambos.
Kagome sabía que su amigo siempre había sido de una clase alta bastante alta, por decirlo de alguna manera. De alguna forma, para explicarlo mejor, se podría decir que hubieran alcanzado el cenit de dicha escala sino fuese porque la nobleza y los políticos del Ejecutivo Nacional se alzaban por encima de la familia Narahashi. Su familia era uno de esos círculos donde el capital monetario se concentraba. Aunque no siempre fue así, su padre, Naraku Narahashi, hombre despiadado y sin escrúpulos había amasado una gran fortuna de- según lo que le dio a entender Hakudoshi en alguna ocasión-, métodos y negocios de dudosa legalidad. Y sin embargo, Hakudoshi vino al mundo ya cuando esa gran fortuna se había ido multiplicando cada vez más y más, por lo que se vio rodeado de lujos toda su vida, pero que aún así, lo hicieron consciente que él no merecía todo aquello como tal, puesto que no sabía a quiénes se los había arrebatado su padre. Pudo caer en el esnobismo, y por un tiempo fue así, pero luego fue mejorando poco a poco, viendo más allá de su nariz. Kagome se había hecho su amiga, o algo parecido. Después de todo, Hakudoshi no era precisamente un hombre de expresar emociones o pensamientos puesto que desconfiaba demasiado, aunque con ella parecía que hacía un esfuerzo por intentar exteriorizar una mínima parte al verse comprometido por la confianza mutua que se tenían. Más sin embargo, el pasado borroso de aquel solitario individuo fue siempre un enigma para Kagome.
En eso, Hakudoshi abrió los ojos con sorpresa, cosa rara en él y Kagome enarcó una ceja con sorpresa. Él volvió la vista a ella y le sonrió.
- Gitana, te presentaré a un buen amigo mío. – Le informó. Ella le miró con escepticismo y a la vez intrigada. ¿Quién además de ella había logrado capturar la confianza de ese escurridizo ser? ¿O acaso era otro de sus típicos sarcasmos que decía con toda seriedad pero que de igual forma le tomaban el pelo? En eso, Hakudoshi se levantó de su asiento y captó la atención de quién parecía estar buscando, más sin embargo, como Kagome estaba de espaldas a la entrada, no sabía aún de quién se trataba.
- Inuyasha Taisho, que sorpresa verte de nuevo. – Dijo haciendo que Kagome quedara paralizada en su asiento. – Mira, gitana. De él es de quien te decía.
Un escalofrío recorrió la médula espinal de Kagome y ella se obligó a voltearse en su asiento y componer su mejor sonrisa amistosa.
- Yo… - Empezó a decir con voz pastosa. – No es necesario que se nos presente, Hakudoshi. Él y yo, bien, nos conocemos.
Hakudoshi alzó una ceja intrigado mientras que Kagome miraba no sin cierto nerviosismo la mirada inquisitiva- y casi asesina, había que mencionar-, de Inuyasha.
¡Hola! ¡Cuánto tiempo! ¿Cuántos meses me he desaparecido del mapa? La verdad ya ni lo recuerdo, pero bueno, al menos he regresado. Lamento mucho haber durado toda esta eternidad, pero de verdad he estado muy estresada. Imagínense, estoy en el proceso de selección a las universidades, y hasta hace poco han dicho cómo va a ser el asunto para este año. (En mi país han cambiado el sistema de ingreso para este año) Y pues, además de las clases, los exámenes, el estrés del último año, todo se compaginó para que yo estuviera hasta la coronilla. No tenía motivación ni inspiración alguna para el fic, y la verdad no quería darles algo mediocre. Bien, este retorno no es que se dice que fue… emmm.. espectacular, más si bien es algo, ¿no? Además, incluí un nuevo personaje, que es algo complejo, así que ya se verá que provecho se le saca. Aún no hubo acercamiento, pero quería incluir un aliciente antes de esto, y creo que Hakudoshi me servirá para ello. Pido paciencia hasta un capítulo más, ¿sí? Espero no tardar una infinidad de tiempo porque yo también deseo seguir escribiendo a mi manera regular nuevamente. Así que bien, sólo espero que aún deseen seguir mi historia y que les siga gustando.
En fin, quisiera agradecer a las personas que me dejaron review en el capítulo anterior. En esta oportunidad por haberme ausentado tanto tiempo, responderé a cada una. De verdad muchísimas gracias a: setsuna17 (eso es algo difícil en él, pero ya veremos) itzel (yo también espero poder seguir escribiendo otras historias :), kagomekaoru (pues sí, fue algo exagerada, pero en fin, hay que adaptarse a sus conflictos internos mientras tanto n.n), DiosaGalaxy (no puedo evitarlo, si yo hablo así también ñ.ñU), nere (Sí, ellos también son una pareja interesante), Lorena (Probablemente fue una trampa, aún no he decidido muy bien los detalles de las situación ñ.ñU), kariko (jajaja, ella se hace la fuerte ;), coolis17 (Bueno, espero que haya valido la pena esperar), Sayuri (Gracias, espero ser merecedora de tu lealtad hacia mi fic, de verdad me encantan tus reviews y el cómo te expresas n.n), PaauLaa ! :D (Está enfermo, pero aún tiene fuerzas para andar por ahí :P), bela123 (Pues, como de que hablaron, eso se irá viendo más adelante, ya ves que Takato no suelta ni esto cuando no le conviene xD), CaritoAC (jaja, sí, sería un buen uso para su Renault xD), Ana Clara (Gracias, espero no defraudarte :), Silvemy89 (Sí, le pasan cosas muy insólitas, la verdad, pero bueno, todo se da por una razón xD), melitona chan (A Mérida –Vzla-, xD. Lo de las vacas azules no te quepa duda que lo recordaré ñ.ñU), jegar sahaduta (jeje, gracias :P), krazygirl140 (Sufrirá, aún no sé cómo xD, pero veré que le hago ;), MandyValeria (jeje, sí, y así hablo yo de hecho, así que imagínate lo que sufren mis amigas xD Igual, gracias n.n), karen (gracias por tu review, me diste el impulso de continuar, porque andaba medio dejada, lo admito, gracias n.n)
Si se me escapó alguien, lo lamento y agradezco nuevamente su valioso apoyo a todas ustedes. Muchísimas gracias, cuando uno se ausenta por un tiempo es cuando se da cuenta lo mucho que echa en falta todos sus reviews y el entusiasmo que transmiten en ellos, siendo ese entusiasmo producto de algo hecho por mí, es algo de un valor inmensurable. Espero actualizar pronto, nos leemos en el próximo capítulo. Sayonara :)
