Lo sé, lo sé... ¡Me desaparezco como siempre! Lo siento, ya saben como soy n/n, pero el problema está en que me emociono escribiendo, ahorita ya llevo el capítulo 10 terminado (que por cierto tomando consejo de mi querida Faby sama) el 09 y el 10 están hechos desde el punto de vista de Sesshoumaru, vamos a ver si les gusta.

En este... Pues empezaremos a ver un poco de "llama", solo una pequeña... Y como buena noticia, independientemente de los RW que reciba, el jueves o el viernes más tardar les subiré el capítulo 08.

Finalmente (y para que no se me aburran que siempre lo hago) retomo el papel que había hecho desde un principio, les envío un MP en respuesta a sus RW a cada una. Sin embargo gracias a: Sasunaka doki, Angeline-dbz, hekate ama (mi querida gemela y editora de este fic), Faby Sama, DanLRadcliffeW y alexavenuz, una vez más chicas, mil disculpas por no haber actualizado antes, (que raro que Naty no haya dejado RW, pero no importa, la comprendo n_n)

También gracias a Chinatsu y Cecilia, espero continúen leyendo.

Y sin más les dejo el 7 capítulo. ¡Muchos saludos! Y casi feliz sandwichito de semana.

Disclaimer: en el primer capítulo.


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EL OSCURO SECRETO DE UN TAISHO
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CAPÍTULO 7:
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HOTEL TAKETAWA»

Una pelirroja de cabello suelto con traje negro de falda y una placa dorada en su chaqueta que decía Hakaze, la salía a recibir.

—Tenga buenas noches Srita. Higurashi, mi nombre es Hakaze Kusaribe. Le agradecería si me pudiese seguir al salón privado del Sr. Onigumo en donde él ya se encuentra esperándola.

Kagome asintió cortésmente ya que no sabía que más hacer especialmente cuando la pelirroja no le daba oportunidad de hablar, lo único en que pensaba era que su sonrisa tan perfecta y ensayada le indicaba una total hipocresía, ¿Qué estará pensando? ¿Qué solo soy una más en la colección de mujeres de Sesshoumaru Onigumo? —ante aquel pensamiento su concentración se iba a la chingada tropezando con la alfombra al entrar en el lujoso hotel.

—¿Se encuentra bien? —preguntaba visiblemente preocupada la pelirroja al agarrarla de sus manos para que no se estrellara contra el suelo.

—Si disculpe... Y gracias Srita. Kusaribe —¿Desde cuándo soy tan torpe? ¡Vamos Kagome! ¡Concéntrate!

Sus reclamos mentales se quedaban pausados al momento en que la pelirroja abría las puertas blancas con dorados de un salón que estaba en el restaurante del hotel.

—Les deseo una agradable velada, en esta ocasión Sr. Onigumo mi compañero Shunsuke Taki será quien los acompañará el resto de la noche y enseguida le traerán su botella de Cristal justo como lo ordenó.

—Gracias Hakaze —indicó gentilmente luego de apagar su celular y dejarlo boca abajo encima de la mesa—, como siempre has sido una excelente maître, reitérale mis agradecimientos a Kagura por ser tan servicial con mis demandas.

Kagome vio como la chica le coqueteó con sus ojos, ¡Pero qué le pasa! ¿Qué estoy pintada acaso? Perfecto, solo falta que me ponga celosa.

El salón al que entraba lo ambientaba una melodía de piano que parecía alguna sinfonía de Beethoven o alguna clásica bastante famosa, el lugar era ridículamente espacioso con solo una mesa redonda para dos y dos pequeñas a un lado.

Kagome rogaba mentalmente dos cosas: la primera aparentar que no estaba nerviosa; la segunda y sobretodo más importante, no tropezar o caerse nuevamente, sería su muerte si una vez más aquel hombre/adonis/dios-griego/pastel de chocolate de rechupete, la viese comportarse de una manera deplorable.

—Buenas noches Srita. Higurashi —la saludaba al levantarse de su asiento tomándola de la mano con intenciones de besársela.

En ese preciso segundo Kagome recordaba el contacto de horas anteriores de los labios del peliplata rozándole su mano, deseó con todas sus fuerzas que no tocara su mano, ni siquiera que la rozara, rogó porque fuese todo lo contrario, que la mano del peliplata acariciara su entallada cintura que tanto relucía con ese maldito y precioso vestido que él le enviaba, que los labios no tocaran su mano sino que se anidaran por completo en los suyos para sentirlo más intenso.

Él la observó taciturno y meditabundo para luego ladear su labio esbozando lo que alguno pudiese llamar "una pequeña sonrisa", se acercó a su rostro mientras ella cerraba sus ojos aspirando su delicioso aroma. Si ella misma se hubiese podido clasificar con un término lo haría con el de "acosador", aquel que toma el cabello de la mujer para aspirarlo de la manera más pervertida, pero ¡Él tenía la culpa! ¡Solo él! ¿Quién lo mandaba a ser tan endemoniadamente sexy y atrayente?

Sintió que los segundos se transformaban en horas, porque eso era lo que sentía, que habían pasado horas desde que ella cerraba los ojos imaginándose como él se acercaba a su rostro para plantarle un beso apasionado en sus labios. Los abrió con decepción luego de sentir que esos perfectos labios que deseaba que recorrieran su cuerpo y que rompiera con sus dientes su vestido, solo se posaban en su mejilla derecha.

—Una vez más tengo razón —ella no dijo nada intentando reaccionar de mil maneras—, el color negro y ese tipo de vestido queda muy bien en usted —exclamó suavemente para luego tomar asiento indicándole a ella por medio de gestos que hiciera lo mismo.

—B...Buenas noches Sr. Onigumo —¡Perfecto, lo que le faltaba! Ahora era una tartamuda—, y gracias aunque creo que no debió haberse molestado.

—No es ninguna molestia, además es bueno para mí vista.

En ese instante entraba el mesero que los atendería en la velada. Llevaba una botella de licor que aparentaba ser algún vino Kagome no quiso indagar mentalmente sobre ello ya que habían otras preguntas que la estaban matando, ¡El mesero era pelirrojo! ¿De dónde demonios los saca? ¿Los mandará a fabricar o solo será acaso un requisito para trabajar con él?

—Según lo que Miroku me comentó su paladar recibe con mucho gusto el Cristal —definitivamente con ese hombre no había preguntas y respuestas, era todo una imposición, eso ella lo tenía muy claro, pero ¿Era algo que le gustaba o que lo encontraba de lo más asfixiante?

—Es delicioso no se lo puedo negar —exclamó con seguridad al punto de echarse porras mentalmente por no pasar como una tartamuda colegiala enfrente de él—, sin embargo si ésta es una cena de negocios no me gustaría excederme con ello —miró de reojo al mesero que terminaba de llenar su copa para luego agradecerle con una sonrisa y bajando su cabeza, él salía de inmediato de la habitación.

—Es un excelente punto Srita. Higurashi, lo que me hace pensar que se encuentra impaciente por revisar mi propuesta, ¿No es así?

—Es difícil poder decir que lo conozco Sr. Onigumo cuando ésta es la segunda vez que lo veo, pero con lo poco que he podido observar creo que estoy segura de poder responder: "como siempre Sr. Onigumo, tiene toda la razón" —Sesshoumaru digitó algo en su celular y la puerta del salón se abría, una vez más la presencia de la Srita. Yoko Littner brillaba en todo el salón.

A diferencia de la mañana en que Kagome la conocía, ahora la eficiente —y sofocante— asistente llevaba un vestido de color rojo en medio y negro a los lados sumamente entallado que le hacía pensar a la pelinegra ¡¿Cómo demonios respira?! Su cabello de color fuego siempre lo llevaba en una coleta alta dejando salir dos mechones a un lado con su flequillo bien peinado. Sus zapatos de taco alto parecían recién sacados de un modelaje de algún diseñador famoso, le sonrió a Kagome de manera diligente al entrar.

—Srita. Higurashi un placer verla.

—Lo mismo digo Srita. Littner —Yoko le entregaba una tablet a Sesshoumaru la cual revisaba en menos de 10 segundos, luego de ello la pelirroja se retiraba dejando atónita a Kagome que no se imaginaba que sucedía.

—Su curriculum a pesar de ser un poco escaso le provee una ventaja al interpretarse que usted es una persona estable y de confianza, además las referencias de sus jefes son envidiables.

—Perdone Sr. Onigumo, ¿Mi curriculum? —preguntó confundida ya que nunca le había entregado alguno, de hecho ella llevaba uno en una USB que estaba en su cartera.

—Si Srita. Higurashi, su curriculum. Yoko ha podido conseguir referencias de sus actuales empleadores e inclusive algunas de sus compañeros Grey Fullbuster y Lucy Heartfilia, con ello hemos podido armar una buena propuesta en una posición bastante importante en Onigumo's Enterprise la cual podrá revisarla.

El peliplata le entregaba la tablet que minutos atrás la pelirroja asistente le proporcionaba, Kagome la inspeccionó de manera rapida pudiendo observar que estaba una propuesta económica y de trabajo en ella.

—Se que sería mejor tenerla en papel, pero por la rapidez en que todo ha sucedido Yoko no tuvo oportunidad de imprimirla.

Kagome no sabía que decir, su mente se había quedado estancada después que él dijera "su curriculum", ¿Cómo tendría acceso a el? Aunque a simple vista podía asegurar que ese hombre no conocía el concepto de barrera y privacidad.

—Según Yoko es de las mejores propuestas de trabajo que ha hecho en su tiempo conmigo, estoy seguro que podrá satisfacerla.

Kagome empezó a leer la propuesta, sabía que estaba seria porque sentía su cara arrugada por estar frunciendo sus labios y el entrecejo, aquello le parecía un insulto, una burla...

Colocó la tablet en la mesa mirándolo desafiante, muy en su interior temblaba, aunque en ese momento no estaba segura si se debía a la rabia que sentía por el manipulador que tenía enfrente o era el miedo de enfrentarse al magnate creador de la increíble empresa Onigumo's Enterpriese que recién acababa de conocer, optó que sería lo primero.

—Acepté el venir aquí porque a pesar de todo quería conocerlo y borrar de mi mente la imagen de "don Juan Tenorio" que dejó su primo ayer por la noche, pero ahora que estoy enfrente de usted en una posición diferente de la que estuve ahora por la mañana, me doy cuenta de muchas cosas.

Kagome temblaba, sus manos parecían gelatina, su opción de mantenerlas debajo de la mesa y encima de sus muslos había sido la más acertada. Aspiró profundamente contando de 10 en 10 hasta llegar a 50.

—Perdone Sr. Onigumo —se disculpó logrando una sorpresa natural en el rostro de él—, estoy segura que el martes podría pasar a su oficina para regresarle este vestido, los sábados siempre trabajan solo mediodía en la tintorería ¿Será que tengo que hacer una cita con la srita. Littner? —ella intentaba conservar la calma, pero era demasiado difícil y aparentemente su cordura se iba al infierno junto con ella.

—Le suplico no lo haga, no acostumbro a pedir que me devuelvan los regalos que obsequio —pudo notar como una pequeña molestia se reflejaba en la seriedad de su rostro.

Ambos continuaron mirándose fijamente, tal parecía ser un duelo en cual él tenia ventaja especialmente cuando ella se distraía a cada instante, pero ¿Y qué quería? Sesshoumaru vestía un traje negro con camisa blanca y sin corbata, su cabello estaba atado en una coleta alta lo cual lograba que sus facciones parecieran más estilizadas, el dorado de sus ojos parecía más opaco, como si fuesen cafés claros, en realidad todo él parecía ser un sueño, sí, como el príncipe con el que toda niña de 5 años sueña que la lleva en su caballo blanco tras despertarla de una maldición de sueño eterno lanzada por su peor e envidiosa enemiga.

Kagome perdía la contienda volteando su mirada para examinar la habitación. Se preguntó internamente si él podría saber que todo lo que estaba haciendo solo era un insulto, pero luego su propia conciencia intentaba racionalizar al decirle: cada cabeza es un mundo, y tal vez podía tener razón, si él estaba acostumbrado a todo eso y teniendo a una mujer tan "diligente" como Yoko —zorra— Littner que nunca le contradecía nada y obedecía como esclavo a su amo, era probable que no supiera lo que estaba haciendo mal.

Estaba sumamente enfadada con un fuego que le recorría internamente pero algo la confundía, ese fuego nacía de sus entrañas las cuales le dictaban que lo mejor era tirársele encima, plantarle un beso y mandar al infierno al mesero, si se llegase a aparecer.

—¿No le ha agradado mi obsequio?

—No es que no sea de mi agrado, el problema es el hecho del regalo en sí, además no me parece apropiado para alguien a quien le está ofreciendo trabajo.

—Soy un hombre sumamente ocupado Srita. Higurashi, nunca he sido alguien que pierda el tiempo en discotecas, reuniones que no tienen nada que ver con el negocio o asuntos triviales; como le dije por la mañana mi tiempo es valioso y se que no le di ninguna oportunidad de negociar otro día para esta entrevista, también soy observador y se que al tener un empleo como el suyo no dispone de tiempo, solo quise simplificarle un poco la vida evitándole el estrés de buscar algo adecuado.

—¿Siempre es tan condescendiente Sr. Onigumo? —pudo notar como él se incomodaba con la pregunta. Se levantó de su asiento conservando su seriedad que parecía habitual en él, por ese momento él rompía la barrera de la privacidad de la pelinegra acercándosele a pocos centímetros como si fuese a besarla, pero las facciones del peliplata indicaban lo contrario.

—Ser condescendiente es algo que no está en mi vocabulario Srita. Higurashi, sin embargo con usted puede que haga ciertas excepciones.

¿De qué hablaba? Todo el pensamiento de Kagome se iba una vez más al carajo, ¿Por qué tenía que colocarse tan cerca? Su corazón estaba latiendo tan rápido que tal parecía que se le saldría rompiendo su esternón para luego estrellarse en la cara de Sesshoumaru.

Su boca estaba semi abierta, solo esperaba que fuese imperceptible para él, pero lo que más le preocupaba era la agitación que tenía, la cual estaba completamente segura que se marcaba en su pecho que subía y bajaba rápidamente, tenía que aceptarlo, el olor, la presencia, la personalidad de Sesshoumaru Onigumo la excitaba, la atraía como dos polos opuestos ¡¿Qué tenía que hacer para que la besara?! Ese era el pensamiento que recorría su cabeza, a la mierda el trabajo y los pelirrojos, lo que ella deseaba era que la tocara, solo eso.

Subió su mano lentamente la cual temblaba como si fuese una estudiante antes de hacer una presentación ante sus maestros, la intención de su conciencia era llevarla hasta el pecho de él para detenerlo y que no avanzara, pero aparentemente su cuerpo le dictaba algo más. Empezó a ladear un poco su cabeza e intentando que su mano llegara hasta el mentón para poderlo acariciar y así indicarle que podía continuar, pero su acción se detuvo en el aire al ver como él se acercaba a sus labios.

—Tú eres la que tiene el control Kagome —le dijo seductoramente casi saboreando su aliento, estaba demasiado cerca de sus labios al punto que podía sentir los de él. ¿Ella tenía el control? ¡¿LO TENÍA?! No sabía si en realidad así era, pero le excitaba pensar que podía tener el control sobre aquel magnate, egocéntrico, manipulador y dominador peliplata.

—¿Tienes novio o estás saliendo con alguien? —ella negó casi hipnotizada por la excitación. Cerró más sus piernas apretando su intimidad, empezaba a humedecerse solo con ese intento de contacto. Casi a gritos deseaba que él colara su mano por debajo de su vestido para llegar hasta su braga de encaje negro que se había puesto, ¿Por qué llevaba una pieza tan seductora? Se empezaba a cuestionar.

—Yo tampoco estoy saliendo con nadie —le aseguró acercándose más a ella, pero esta vez para susurrarle en su oído y tocar suavemente su lóbulo con los labios. Una electricidad la recorrió por completo, ¡Sí! Aquel fuego de rabia se extinguía y ahora se anidaba por completo en su vientre, ¿Cómo sería hacer el amor con él?

—E...el mesero... po...dría entrar... —y es más su conciencia la que habla más no ella.

—Nadie entra mientras yo no lo autorice —le susurra una vez más en su oído bajando hasta su cuello y poniendo a pocos centímetros los labios solo para hacer un pequeño roce con ellos.

Ella está casi hipnotizada y es imperceptible a su propio gemido, pero el peliplata lo escucha a la perfección. Su vestido escotado que deja ver el inicio de su cuello con su espalda le llama la atención, lo besa y ella puede sentir sus labios haciendo el contacto que tanto desea, vuelve a apretar su intimidad con sus muslos, ¡Ese hombre si sabe como excitar a una mujer!

—Está vibrando... —¡Claro! Usted me hace sentir en las nubes, piensa al borde del colapso—. Su cartera está vibrando —le vuelve a repetir separándose de ella para regresar a su asiento y admirar como abre sus ojos con pesadez y letargo.

A Kagome le cuesta un par de segundos entender y recordar que el celular de Kouga está adentro de su cartera y es "eso" lo que vibra. Se sonroja y lo sabe porque siente su cara arder.

—Perdone Sr. Onigumo —se disculpa aunque no sabe porqué, ya que lo que desea es gritar: ¡Maldita seas Kouga! De no habernos interrumpido estuviera probando sus labios en los míos.

—¿La Srita. Mitarashi aún continúa enferma? —ella asiente desorientada intentando leer los mensajes que ha recibido de parte de Kouga.

9.15 pm: Kago, xq no respondes?
9.18 pm: Sango está mal, voy al hosp.
9.22 pm: Sango se acaba de desmayar, KAGOME! RESPONDE!
9.32 pm: en el hosp, llámame cuando puedas.

—¿Sucede algo malo? —pregunta el peliplata al ver la cara de infarto que tiene la pelinegra. Ella asiente con bufido.

—Lo siento mucho Sr. Onigumo —se disculpa tomando su pequeña cartera al levantarse de su asiento e intentar salir del salón—, tengo que retirarme, se que es descortés de mi parte pero... —justo en eso le llegaba un nuevo mensaje.

9.40 pm: ya la están revisando, parece q la operarán. Necesito q vengas, tienes q hablar con sus padres.

—¿Podría pedirle al mesero que me llame un taxi por favor? Necesito ir al Hospital Kaigan—suplicó con angustia en su semblante, ese último mensaje le había caído como gancho el hígado. ¿En serio podría estar tan mal su amiga?

—Podría hacer algo mucho mejor... —aseveró al levantarse de su asiento y seguirla hasta la puerta en donde ella se encontraba lista para abrirla.

Cerró la puerta de un solo golpe que ella intentaba abrir para arrinconarla con su propio cuerpo, en ese instante Kagome no podía pensar en nada más que Sesshoumaru enfrente y casi encima de ella. La pelinegra se mordió su labio inferior tratando de evitar que sus suspiros salieran y que el jadeo que el peliplata provocaba en ella no fuera tan evidente, él sonrió cerrando un poco sus ojos acercándose peligrosamente a ella.

Kagome sintió el suave y embriagador aliento del peliplata encima de su rostro, su conciencia le gritaba que se saliera de dicha presión de brazos y puerta en que la tenía, pero su cuerpo le indicaba que lo único que tenía que hacer era cerrar los ojos y caer en la seducción.

El resultado era más que obvio. Ella cerraba sus ojos dándole así la aprobación que el peliplata tanto buscaba.

Los labios de él era suave y fuertes a la vez, la lengua daba pequeños círculos en los de ella, era imposible no dejar caer sus manos y lo único que rogaba era por no soltar la cartera y el celular de Kouga, aunque muy adentro —desde sus entrañas— deseaba tirarlo todo y colgarse en el cuello de Sesshoumaru, que él la estrellara contra la pared, que la hiciera que enrollara sus piernas en la cintura y mandar al carajo lo demás.

Pero él era sutil, suave, romántico. Aquel beso había sido de lo más hermoso y pasional que había recibido sin ser agresivo. ¿Y si así hacía el amor? No le importaba si era su primera vez con él, le hubiese agradado experimentarlo.

—...Kawamaru podría llevarla —terminó de decir su frase inconclusa, aunque después de aquel pequeño y eterno beso pensaba que ya nada más se podría decir. Su expresión de confusión al abrir sus ojos se hizo notar—. Mi chofer podría llevarla al hospital, asumo que la Srita. Mitarashi se encuentra allí ¿Verdad?

—Sango... —susurró intentando que su cerebro reaccionara y le dijera quien era esa persona.

El celular lo cargaba en su mano izquierda, instintivamente lo agarró con cuatro de sus dedos dejando el índice libre para llevarlo hasta sus labios, aún ardían y sentía que la necesidad que los del peliplata continuaran unidos con los suyos.

Su jadeo se incrementaba y aunque era difícil siquiera el pensarlo, pero su ropa interior se empezaba a humedecer ¡Este hombre es un peligro!

—Gracias, Sr. Onigumo —agradeció en voz alta, porque ir en taxi después de semejante encuentro le hubiese sido hasta imposible indicarle el chofer a donde necesitaba llegar.

Ambos salieron del hotel hasta la entrada en donde el chofer —reloj— de Sesshoumaru estaba con la puerta abierta del auto para que ella pudiese entrar. Vio como el peliplata se le acercaba y asumió que tenía que ser para darle las indicaciones finales, o por lo menos eso esperaba.

—Si necesitas algo Kagome puedes llamarme —le decía entregándole una tarjeta de presentación—, además cuando gustes podríamos reprogramar la entrevista, la salud de la Srita. Mitarashi es primero —¡Claro que es primero! ¿Por qué no lo entendió desde un principio? Reclamó su conciencia tras el sueño y la realidad erótica.

—Gracias Sr. Onigumo —agradeció una vez más avanzando hasta llegar a la puerta—, por cierto, también le agradezco la generosa oferta de trabajo, pero creo que debo declinarla, no me siento preparada para tenerlo como jefe.

Por primera vez vio como el peliplata sonreía a través del cristal oscuro del auto tras cerrar la puerta. No quería trabajar con él ni para él, ella necesitaba algo más... Ser de él.


Próximo capitulo: Miroku Onigumo, M.D.