N/A: Muy bien, ya les traje su capítulo. Los personajes de Shugo Chara no me pertenecen.

Black Ross:

¿Ikuto porque siempre sacas el tema del sexo?
Ikuto: porque con Amu es imposible no sacarlo a flote.

¿Amu tu crees que Ikuto deveria ir a un centro Psicologico?
Amu: solo se me ocurre pensar en eso cuando está rarito.

¿Ikuto tu quieres en verdad a Amu o solo es un capricho tuyo?
Ikuto: la quiero solo para mí.

¿Amu, te recomendaria que te mudes a un nuevo colegio o te vayas a otra ciudad si es que quieras que Ikuto se aleje de tu vida?
Amu: siendo sincera no puedo alejarme de él. Hace años que no estamos juntos y se que ésta no es la mejor forma, pero al menos está al lado mío. Así que respondiendo, no me iría a ningún lado.

¿Y por ultimo, Ikuto usted a leido 50 sombras de Grey, usted me recuerda mucho a Christian Grey, si no lo a leido, se lo recomiendo, o mejor vea la pelicula que se estrena en febrero, de seguro sera de su agrado?

Ikuto: no, no lo he leído, pero gracias por la recomendación. La película la veré con Amu, así que gracias. Capaz que la pongo cachonda.

Capítulo 7.

– Quítate esta ropa, te ves más sexy sin ella – comenzó a desabotonar la camisa sin despegar su mirada de la mía. No se si es verdad lo de la superstición de que si uno te mira a los ojos, tú te quedas ido en su mirada; solo se que para cuando me di cuenta estaba solamente con un corpiño y una bombacha a conjunto rosa pálido, pero admitiré que ahora, en lo único que podía pensar, era en esos profundos y oscuros ojos azules de Ikuto.

– Ikuto… ¿Qué haces? – retrocedí un paso sonrojada. Crucé mis brazos sobre mis pechos para intentar taparlos.

– No te ocultes… se mía – me tomó con algo de fuerza los brazos y me hizo retroceder hasta chocar con una pared, ahí fui arrinconada.

– ¿Qué cosas dices? – acercó su rostro al mío. Nuestras respiraciones chocaban y nuestros labios estaban a milímetros de rozarse.

– Solamente la verdad mi niña – con dulzura juntó nuestros labios. Mi vientre parecía tener mariposas dentro, el nerviosismo era bastante. Este beso parecía tener un nuevo significado, algo diferente notaba pero me era difícil distinguir qué.

– ¡Ikuto! – se me escapó cuando sentí algo duro rozar mi intimidad.

– Así es… gime para mí y solo para mí – sus besos descendieron hasta mi cuello y allí se puso a jugar con su lengua, dejaba rastros de saliva y succionaba algunas zonas para hacer algunos chupones.

– ¡Mm! – sus manos se habían aventurado y habían agarrado mis senos. Los comenzó a apretar y a masajear por encima de la tela.

Los besos ascendieron hasta mi oreja, allí metió su lengua. Luego mordió con suavidad el cartílago y el lóbulo. Se notaba como se divertía haciéndome sufrir de esta manera tan… sexual. Su lengua se aventuró por detrás de mi nueva sensible zona y comenzó a hacerme cosquillas.

– ¿Por qué tan inquieta? – cuando había llegado a ese lugar yo me revolví, puesto que tenía ganas de reír.

– Es que… – me separé de él y con el dedo índice me rasqué la mejilla con una sonrisa tímida – Me dieron cosquillas – solté una risilla nerviosa. Él me observaba entre sorprendido y burlón.

– Ya veremos si te dan cosquillas, mocosa – sorpresivamente me agarró de manera nupcial y me llevó hasta mi cuarto. Luego me dejó caer en mi cama.

– ¡Eso dolió! ¡Ten más cuidado imbésil! – le dí un zape en su cabeza.

– ¡Eso también dolió mujer! ¡Sé más femenina! –

– ¡Y tú más hombre! – nuestras miradas estaban una frente a la otra y cualquiera se atrevería a decir que nos lanzábamos rayitos de luz.

– ¿Crees que soy poco hombre? – ahora nuestras frentes estaban pegadas a la otra.

– ¿Poco?, eso es mucho más de lo que yo pensaba de ti –

– ¡Cállate! –

– ¡No! ¡Cállate tú, estúpido! –

– ¡Dije que te calles maldita zorra! –

– ¡Zorras tus bolas! ¡El único maldito en esta habitación eres tú, que no hace más que alardear lo "hombre" que eres! – en la palabra hombre, yo hice comillas con los dedos.

– ¿Por qué las comillas? –

– Porque de una manera sarcástica, tú no eres nada más que un pollito que se cree gallo, una oruga que se cree mariposa o un tonto que se cree genio –

– ¡Cállate! – me empujó sobre la cama y me besó como queriendo devorarme. Nuestras lenguas comenzaron a masajear a la otra y nuestras manos comenzaron a trazar los contornos del cuerpo del otro.

Como yo ya estaba en ropa interior, él solo me quitó las pantys e introdujo un dedo en mi intimidad sacándome un suspiro de incomodidad, luego le siguió otro dedo y otro suspiro entre los besos. Aún sin dejar de besarme, comenzó a moverlos de forma circular; los metía y sacaba con continuidad mientras yo no podía parar de gemir entre los apasionados y profundos besos que Ikuto me daba.

Para cuando volví en sí, Ikuto ya estaba desnudo al igual que yo. Él tenía una de sus manos en mi intimidad, otra estaba estimulando uno de mis senos y su boca se entretenía con la mía.

Me sentía en el cielo con estas nuevas sensaciones. Pese a que no me agradaba mucho la forma suya de expresarse y de ser, estas maravillosas emociones y expresiones que estaba conociendo me encantaban. Su boca con la mía encajaba perfectamente, mis senos parecían ya haber estado diseñados para sus manos y mi intimidad sabía muy bien como responder ante sus caricias. Parecía como si mi cuerpo ya hubiese estado fabricado para su persona.

De pronto, sentí su duro miembro sobre mi vientre. Intenté mirar pero Ikuto no me lo permitió, puesto que no aceptó que finalizara con la demostración de besos. Con mi corazón muy acelerado y la respiración demasiado agitada, sentí unas contracciones extremadamente placenteras en mi interior, así que he de suponer que llegué al clímax. Pensé que todo había acabado… pero esto recién comenzaba. Estaba súper agotada, no daba más, pero eso parecía no importar. Nuestros cuerpos sudaban y se resbalaban con el otro, y cuando apoyé sin querer una de mis manos sobre su pecho descubrí su acelerado corazón.

Repentinamente, sus dos manos tomaron mis piernas y las separaron. Se ubicó entre mis extremidades y rozó su pene con mi entrada, ambos rompimos los fogosos besos y gemimos. Sentí como entraba y comenzaba a arrasar con todo a su paso, se detuvo al escuchar mis quejidos adoloridos. Cuando me calmé, él avanzó un corto trazo y chocó contra la prueba de mi castidad. Me miró de soslayo e introdujo todo su miembro en mi sexo, y justo cuando iba a gritar, él me tapó la boca con su palma.

El verdadero y primitivo acto carnal dio su inicio. Todo de mí estaba acelerado, el pulso, el corazón y mi respiración, y nada podía controlar a causa del inmenso placer que me estaba embargando. Cada penetración era una oleada de un candente placer. Cada gruñido proveniente de su garganta, era una victoria para mí. Cada movimiento brusco por parte de las penetraciones era un duro golpe hacia la realidad.

Me di cuenta tarde. Sentí como su miembro crecía dentro de mí y se volvía mucho más caliente. Mi intimidad volvía a sentir las contracciones previas al orgasmo, y así sucedió. Ambos llegamos al clímax a la vez. Él calló rendido sobre mí. Y yo solo cerré los ojos al darme cuenta de que no nos habíamos cuidado.

– Sigue así… gime para mí… solo para mí – me susurró en el oído antes de que yo cayera en brazos de Morfeo.

Cuando desperté, él ya estaba besando mi desnudez sin pudor alguno, pero antes de volver a copular nuevamente, me tendió unas pastillas que de no se dónde habrá sacado. Justo cuando iba a agradecerle, me volvió a besar y así, volvimos a tener sexo. No hacíamos el amor, me di cuenta antes de dormir porque nunca hubo palabras afectuosas, solo gemidos al aire. Tuvimos sexo, nada más.

Al haber una peligrosa y torrente tormenta, las clases se habían suspendido hasta nuevo aviso. Ahora ha pasado solo un día desde que Ikuto está en casa, y en ese tiempo solo hemos estado fornicando a lo bestia por todos los lugares habidos y por haber de la casa. No porque quiera, sino que sus caricias y sus actos de seducción, son más de lo que yo podría soportar. Caía rendida a él, cuando apenas me acariciaba la punta de mis cabellos.

Ahora mismo, ambos estábamos en mi cama después de una larga y extensa jornada de solo y puro sexo. Física y mentalmente estaba agotada, pero parecía no importar.

Ikuto estaba jugando con mi cabello y lo enrulaba entre sus dedos, parecía entretenido. Yo, en cambio, estaba pensando en la oración que él pronunciaba cada vez que me tomaba, siempre las mismas palabras, siempre haciéndome recordarlas.

– "Gime para mí… solo para mí" –

N/A: se que es mucho más corto de lo que acostumbro a hacer, pero es que sino no llegaba a terminarlo y quería dejarles el lemon como un regalo de navidad. Hoy me voy de viaje y a donde voy no hay computadora ni ciber ni nada en lo que me pueda conectar, salvo mi celular, pero es tan poronga que no puedo entrar siquiera a la cuenta de Fanfiction, a penas me deja entrar a Face.

Me despido de todas hasta nuevo aviso, porque sinceramente no se cuando vuelvo.

¡Feliz navidad! Y por si acaso: ¡Feliz año nuevo!