Chapter 6: That girl


Went out with the guys
And before my eyes
There was this girl she looked so fine
And she blew my mind
And I wish that she was mine
And I said 'hey wait up cos I'm off to speak to her

Bueno, no estaba tan mal. Es decir, estaba por entrar a la casa de la chica que me volvía loco, había jugado un partidito con mi, próximamente, cuñado y además de todo, me acababa de enterar que él, aparentemente, no tenía ni idea de quiénera yo. ¿Hubiera sido apropiado contarle que me había gastado una broma pesada con su hermana? Y si se enteraba e intentaba romperme los huesos? Eso no hubiera sido un problema para mí ya que con un simple empujón lo podría haber dejado K.O.

Sin embargo, estaba presente en mi la idea de que podía llegar a meter la pata dependiendo de lo que contestara. No, no le podía negar que no la conocía puesto que era ella mi chica. Quizás lo adecuado era hacerme es distraído y evitar la respuesta...

...¿pero cómo?

Miré con desesperación a Jacob y con mucha disimulación, le hice un gesto para que me socorriera. Noté el ligero encogimiento de hombros que me dio como respuesta y cómo se volvía Quil. Él había permanecido en silencio, contemplando la enorme mansión mientras que yo, me moría por tener una buena respuesta y no quedar mal con Doug. ¡Maldita sea, me había hecho amigo de su hermano y ya tenía que echar todo a perder!

—Eh... bueno, ya que lo mencionas, creo haber escuchado el apellido Poynter...

¡Grandioso, Embry!, me felicitó una voz burlona interna, ¡apuesto que pronto te enviarán las invitaciones para concurrir a la entrega de premios Oscars! No olvides ponerme en tu lista de agradecimientos...

Como contestación, solté el aire que había estado reteniendo desde que Doug me hecho esa pregunta. Por primera vez desde que habíamos llegado a su casa, o mejor dicho, a la puesta de su casa, estudié detenidamente su rostro. No parecía mostrar rastros de enfado o algún signo que me indicara que estaba molesto conmigo, así que, me obligué a pensar que no se había dado por enterado de lo que había sucedido con su hermana. Caso contrario, ya me hubiera cerrado el culo de una patada.

—Bueno, ¿entramos?— inquirió Danny con impaciencia. ¿Por qué tenía tanto apuro por entrar? Es decir, se entendía que dentro de esa casona podías encontrarte con el típico mayordomo con más de mil años, listo con una bandeja entre manos, pero, si mal no me fallaba el instinto, él parecía impaciente por otra cosa...

—Oye, Danny, te llego a ver merodeando cerca de la habitación de Caroline de nuevo, y te juro por mi guitarra que te rompo los dientes, ¿de acuerdo?

Vaya, con que ese era el motivo. No llevaba más de dos horas de haberle conocido, cuando ya tenía ganas de quitarlo del camino. Con que Danny le tiraba onda a mi Caroline...esto tenía que verse.

Ingresamos a la mansión en fila india y me decepcioné al no chocarme con el mayordomo. Me hubiera encantado quitarme las zapatillas y entregárselas con la orden de que las dejara relucientes; pero en lugar de ver a un anciano con los años encima, vestido con un elegante traje, nos recibió una mujer de unos cuarenta años, con un físico bastante bien cuidado para su edad. La mujer era alta debía reconocerlo — causa de mi alta estatura, todo me parecía pequeño—, con un largo cabello rubio recto y lacio. Tenía una sonrisa amigable y vestía un traje que tenía pinta de caro.

—Buenas tardes — saludó Jacob con cortesía

Quil y yo le dedicamos una leve inclinación con la cabeza en señal de saludo.

—¡Oh, Dougie, qué maravilla! —dijo con eufórica alegría la rubia—, veo que has hecho nuevos amigos...

—Ajam —contestó su hijo, tirado en un sillón tan blanco como la nieve que cubría los picos de las montañas en invierno—. Ellos son Jacob Black, Embry Call y Quil Ateara.

—Es un placer, jóvenes —qué graciosa; como si pareciéramos jóvenes... —. ¿Van contigo a la escuela?

—Ehh..— nos miró algo aturdido, claramente no se esperaba esa pregunta—, eso creo.

—¡Oh! ¡Eso es estupendo! —festejó ella con júbilo—. Me tenía un poco preocupada que Dougie no hubiera conseguido amigos en la escuela de la reserva, ya saben, una madre siempre se preocupa por la integración de sus hijos en la nueva escuela.

—Pero, ¿y los chicos? —inquirió Quil— ¿Y Tom, Danny y Harry; no son sus amigos? —su voz se haía acomodado en unos decibeles bajos, para no llamar la atención de los otros chicos.

No me había planteado esa duda, cuestión que me llamó la atención. Era verdad, ninguno de ellos —exceptuando a Dougie—, se habían aparecido por la reserva antes o ido al instituto que nosotros. Presté atención a lo que la señora Poynter nos contestó:

—Sucede que ellos concurren al colegio de Forks, el de la ciudad propiamente dicho.

—¿Por qué? —quise saber con sincera duda.

La señora Poynter se mostró algo incómoda y dudó unos segundos la respuesta. Deduje que podía encontrarle los motivos justos sabiendo que todos ellos eran niños ricos y que por cuestiones lógicas, sus padres no les iban a enviar a un colegio de una reserva indígena. Al parecer, fui el único que llegó tan rápido a esa conclusión ya que me di cuenta de que Jacob y Quil aguardaban impacientes la respuesta de la señora Poynter. Miré una vez más, con mucho detenimiento, al grupito de amigos que Dougie nos había presentado y por más que suponía que se trataban de chicos ricos y mimados, me parecieron simpáticos y agradables. ¡Qué bueno que era pensar eso!, por fin encontraba la excepción a la regla.

—Anabelle, ¿no nos prestaría su garege para practicar las nuevas canciones? Ya sabe, en mi casa no nos dejan por el exceso del ruido.

Antes de contestarle a Harry, la señora Poynter suspiró como si estuviera aliviada. Se giró hacia ellos y junto las manos sin hacer ruido. Cuando contestó ensanchó las comisuras de sus labios hasta formar hoyuelos en cada lateral. Una sonrisa blanca y perfecta acompañó con voz melodiosa a la respuesta.

—Seguro, Harry. Ustedes son parte de la familia.

Dougie rodó los ojos y bufó haciendo más sonido del necesario.

—Recuérdenme hacerme un ADN —murmuró

—¡Dougie Poynter! —le chilló la madre golpeando con el pie al deslumbrante piso de madera clara.

—¡Ay, mamá! Evítame estos escándalos cuando tengo visita, ¿quieres?

Es que nosotros también somos parte de la familia, pensé con sarcasmo al recordar qué nos unía a Caroline y a mí. Dudé si ella algún día, querría formalizar conmigo y me dio pánico creer que para ese entonces, me siguiera teniendo miedo o asco. La columna vertebral contestó a esto tensándose y produciendo una corriente eléctrica que tocó cada una de mis terminaciones nerviosas. Comprendí que si no me calmaba, iba a entrar en fase en cualquier segundo. Por suerte, nadie exceptuando a Jacob y Quil, notaron el inevitable cambio en mi cuerpo. Los temblores cesaron enseguida.

—Lo siento —balbuceó la señora Poynter y enseguida se volvió a nosotros tres, que continuábamos parados en el umbral de la puerta— Dougie y los chicos tienen una banda, ¿saben? ¡Yo confío en que en un futuro puedan ser exitosos músicos! —el alardeo fue muy cómico porque ella no pudo evitar emplear ese tono orgulloso que usan todas y cada una de las madres cuando creen que sus hijos serán (o son) figuras idolatradas en el mundo.

Jacob, Quil y yo miramos con ojos abiertos a los muchachos y ellos se encogieron de hombros evitándonos completamente la mirada. Con que músicos, eh...

—¿En serio? —Preguntó Jacob frunciendo el ceño—, ¡y por qué no nos lo dijeron antes! —me sorprendió un poco su entusiasmo, mas le seguí el juego.

—Vaya, ¿escuchaste eso, Quil? Nuestros nuevos amigos son músicos. ¡Vamos, háganos una pequeña demostración!

Los cuatro se miraron algo avergonzados hasta que Danny, con sus ojos celestes y brillantes, se puso de pie y dejó por la mitad la manzana que había tomado del frutero. Se enjuagó las manos con la tela del jean, y ensanchó la sonrisa que había estado usando mientras comía. Sus ojos se enfocaron primero en nosotros y luego en algo que estaba detrás de nosotros. Me inundó la curiosidad motivo por el cual me di media vuelta.

Allá, parada en la mitad de la larga escalera de madera oscura, nos miraba con ojos sorprendidos una chica demasiado hermosa para ser humana. El pelo lo llevaba recogido en una alta coleta de caballo y sus labios habían formado una O que completaba el look de admiración.

No pude evitar sonreírle con todas las ganas que me producía la alegría de verla a tan poca distancia. Si hasta ese momento me había mantenido en pie, había sido simplemente para verla a ella. Sus mejillas, completamente rojas, se englobaron cuando me sonrió. Sus pómulos se redondearon haciéndolos irresistibles.

Ahora bien, ¿qué tenía que hacer? ¿Saludarla, tirarle un beso, no decirle nada? ¿Permanecer ahí quieto, caminar hasta ella, tomarla de la mano? ¿Irnos juntos?

Metí las manos en los bolsillos para controlar el impulso de saltar los escalones y tomarla en brazos. Tenía que meterme en la cabeza que lo que yo tenía en mente era muy apresurado: creer que ella iba a aceptarme de buenas a primeras era lo más estúpido y ridículo que pude haber pensado jamás. Bajé la cabeza sabiendo que no podía hacer nada más. De cualquier forma, no iba a rendirme; Danny Jones no podía ser competencia para Embry Call...¿o no?

—¿Qué hac-hacen ellos a-aquí? —su voz quebrada le dio vida a sus palabras con una cierta vacilación que no pasó desapercibida a ningún oído.

La miré sin poder evitar fruncir el ceño lleno de preocupación. Sentí como si lentamente el aire escapara por mi boca a través el suspiro que involuntariamente solté. Caroline no estaba contenta de verme, y eso para mí no podía significar nada bueno. ¿Pero qué tendría que haber esperado? ¿Que me recibiera con los brazos abiertos de par en par y una bandeja con comida? A veces, mi imaginación se adueñaba de mí, y cuando aquellas cosas que esperaba no se sucedían, me invadía —al igual que en este momento—, una frustración bastante insoportable.

—¿No te alegras de vernos?— Quil dio un paso hacia adelante, sin vacilar— ¡Qué lástima! Me habías caído tan bien... —era increíble lo bien que se le daba mentirle a las chicas. Para mí, mi amigo estaba muy acostumbrado al chamullo, por lo que, mentirle a Caroline para romper el hielo que existía entre ella y yo, debería ser pan comido...

—¡No, Quil, por favor no pienses eso!—a Caroline le salieron las palabras atropellándose una con la otra, y a su vez, sus piernas se movieron sin su consentimiento, haciendo que se tragara unos cuantos escalones.

No fue necesario que Jake o Quil me advirtieran del palo que se iba a pegar si yo no intervenía, por lo que fui más veloz que todos y me arrodillé al borde de la escalera para atajar el cuerpo desequilibrado de Caroline. Cuando ella cayó sobre la cuna improvisada que formé con mis brazos, su cuerpo se me hizo extremadamente liviano, como si tuviera que cargar el cuerpo de una niña. Entonces, fui consciente de lo delicadas que eran las humanas. Yo estaba acostumbrado a darme con chicas fuertes, como Keira con esa personalidad suya tan explosiva o Leah, con esa fuerza física y personal que tanto la caracterizaba. Caroline, por el contrario, era humana y frágil, y pensar que cualquier cosa tenía el alcance de poder llegar a dañarla me hacía entrar en pánico.

—Ei, cuidado —le susurré poniéndonos de pie. Era increíble la facilidad con la que sus brazos se habían enrollado detrás de mi cuello y con la misma facilidad, como su rostro buscó el mío y palideciendo un primero momento, para luego volverse rojo rubí.

Me reí por lo bajo y con delicadeza la deposité sobre el piso. Se acomodó la camisa y se arregló con practicidad el pelo. Se aclaró la garganta y enderezó la postura, como toda una señorita.

—Ah, ¿ya se conocen? —preguntó Dougie. Por más que su pregunta era muy específica, la soltó con una tonalidad indiferente. Me pareció escuchar las voces de la televisión encendida, pero no le di mucha atención.

Me mataba la manera que sus labios contrastaban con su piel ligeramente rosada, o como sus mejillas iban perdiendo el ruborizado conforma pasaban los segundos, o el imperceptible latido acelerado de su corazón, intentando ser calmado por su respiración.

—Sí, —contestó ella sin mirarme —, compartimos un par de clases.

—¡Ah!... mira qué bueno.

Caroline meneó la cabeza varias veces antes de morderse ligeramente el labio inferior, como diciendo «me muero cuánto te importó». Me reí con ella, sin poder evitar sentir ese extraño y placentero cosquilleo que me recorría el cuerpo al sentirme cerca de Caroline. Ella tenía una misteriosa aura que me ponía de muy buen humor y que me calmaba inmediatamente.

Caroline y yo nos quedamos estudiándonos el uno al otro, con perfecto silencio y con mucho detalle. Sentí sus ojos estudiarme con impaciencia, sorprendidos también, y hasta cierto punto, alegres de verme. O al menos, eso era lo que yo quería pensar.

Los míos viajaban por su cuerpo, haciendo altos en aquellas zonas críticas como lo eran sus finas caderas, las curvas de su cintura, la delicadeza de sus manos refinadas y las curvadas comisuras de sus labios. Caroline no usaba maquillaje y eso la volvía muy especial. La mayoría de las chicas solían ir extremadamente pintadas al instituto y más que un colegio, eso parecía un cabaret.

Pero ella era única, obviamente, y eso me hacía sentir muy orgulloso.

No lo había notado, pero Jacob y Quil se habían sumado a los otros chicos para mirar el partido de las semifinales de béisbol. Yo había estado esperando ese partido durante todo el mes, pero ahora comprendía que un simple partido no significaba nada comparado con verla a ella un par de segundos. Sin embargo, tanta felicidad duró muy poco...

—¿Comparten un par de clases? —la voz inquieta de su madre me entró por un oído y me salió por el otro.

—Ajam —contestamos al unísono.

Ella pareció sorprendida y algo asustada. Sus ojos se habían abierto mientras nos hacía un rápido examen con la mirada. Vi como su frente se pobló de arrugas en aquellos momentos y juntó ambas manos delante de su pecho. Su cuerpo, dotado con una elegancia fascinante, se inclinó hacia nosotros, como queriendo entrar a ese campo aislador que nos separaba de la realidad, permitiéndonos a Caroline y a mí fundirnos sin nada que decir o hacer.

—¿Son...amigos?

No había notado el temor en sus palabras hasta que Caroline no se giró a ella y le puso mala cara. Sus brazos se habían curvado como los de una jarra a ambos lados de su cuerpo, y le frunció el ceño a Anabelle. Yo respiré hondo, a la maldita espera de la opinión de Caroline.

—No —aseguró con voz seria —, simplemente somos compañeros de curso.

—Y de castigo —le recordé en un susurro que su madre no pudo escuchar. Ella me miró de reojo y me tiró una mirada, bastante disimulada, de advertencia. Eso me gustaba.

—¡Ah! —Suspiró con notable alivio la señora Poynter —. Compañeros, claro, por supuesto —se pasó la mano por la frente e intentó planchar las arrugas. Sin mucho éxito, nos sonrió, aunque esa alegría que nos había recibido antes ya no estaba. Me miraba con cautela y algo de miedo, mas traté por todo lo que quería (precisamente, su hija) disimular lo incómodo que me ponía intuir que a la señora Poynter no le caía bien la idea de que yo fuera más que un compañero de su niña...¿Qué diablos pasaría cuando se enterase de lo muy enamorado que Caroline me tenía?

—Hola, Caro —saludó alguien a mis espaldas, cuya baja estatura comparada con la mía, le jugaba muy en contra —. ¿Cómo te fue en tu primer día de instituto?

Ella se sonrojó enseguida y Danny sonrió ampliamente; ¡ay, qué estupidez!, parecía hecho apropósito. «Y entonces él la miró con cariño, ese cariño que sólo se expresa con ojos amorosos, enamorados literalmente. Era imposible de concebir, amor tan puro». Vaya, tenía que dejar de prestar atención a la clase de lengua y literatura, lo único que me faltaba era volverme maricón. Rodé los ojos y contemplé con verdadero asco a Danny; el chico era muy simpático, pero me ponía como loco que otro le tirara onda... y para colmo, no era de puto pero, Danny tenía lo suyo. Ya saben, a las chicas les gustan los músicos, ricos, ojos claros...Comenzaba a creer que Danny Jones tenía todas a su favor para robarme a Caroline.

Irónico: pretendía que no me sacaran lo que no era mío.

—Bien, casi como lo esperaba —me echó una mirada corta y una pequeña mueca que me derritió el corazón —. Escuché algo que iban a practicar en el garaje, ¿les molesta que esté presente?

Él pareció ofendido al oír esa pregunta e hizo un dramático gesto con las manos, llevándoselas a la frente.

—¡Oh, por Dios, pero qué dices! —dijo Danny.

Puse los ojos en blanco cuando ella se rió con vergüenza de su sobre actuado drama, ¡pero por favor, no que fuera el mejor actor que el mundo hubiera visto! Paul o Jared se llevaban mucho mejor con la actuación que Danny Jones...

—Por supuesto que puedes venir —argumentó él con voz seductora —. Sería genial tenerte a ti como público.

Él extendió la mano y ella depositó la suya con elegancia. Contemplé con algo de asco cuando él se la besó y para mi sorpresa, la señora Poynter admiró la escena con notorio orgullo. ¡Ah, buenísimo! Mi no-suegra tenía un predilecto en la banda de su hijo...

Bufé.

—Músicos —balbuceé molesto, cruzando los brazos sobre el pecho y corriendo la mirada hacia el gran ventanal que dejaba a la vista un campo precioso antes de ver el horizonte de árboles.

Desde la sala, Jacob y Quil se doblaban de la risa. Chasqueé la lengua y suspiré repetidas veces para ver si con eso ellos dos dejaban de hacer esas huevadas de besarse las manos, como hacían los ricos...

—¿Van a tocar o no? —inquirí muy ansioso.

Danny y Caroline me miraron con el ceño fruncido. Leí los labios de ella cuando pronunciaron «¿celos?»

Negué fervientemente con la cabeza con los labios fruncidos. Ella empleó una extraña sonrisa que me apretujó el corazón y le tomó la mano a Danny y, literalmente, lo arrastró hasta la sala donde todos estaban sirviéndose de comida que, amablemente, alguien había colocado. Sinceramente, no veía a la señora Poynter con un delantal, llevando y trayendo comida. Vi a la ama de llaves desapareciendo detrás de la puerta que debería de conducir a la cocina, segundos antes de que se cerrara.

Comieron como bestias, pero yo no podía disfrutar de la comida si lo tenía a Danny seduciéndola a Caroline. Repetidas veces, Quil me recordó que dentro de mí dormía un lobo listo para salir y abrirle la yugular a cualquiera, y una pequeña parte de —la diminuta porción que pensaba con lógica—, me decía que no podía matar a Danny por gustar de Caroline. Después de todo, se trataba de una chica irresistible.

Nos dirigimos al garaje tras comernos media heladera. Los chicos acomodaron sus instrumentos, conectando las guitarras a los parlantes por ejemplo o afinando las cuerdas. Me acomoden un sillón viejo, al lado de Caroline y pasé el brazo por encima de sus hombros.

—¿Qué haces?— preguntó mirándome con el ceño fruncido.

—No. ¿Tú qué haces? ¿Pretendes darme celos?

Caroline soltó unas rizotas irónicas antes de girar la cabeza para tenerme de frente.

—Tú solito te metiste en la cabeza que yo te quería dar celos. ¿Cuándo vas a entenderlo? ¡No-me-a-tra-es! —enfatizó cada sílaba con claridad.

—Mentira —repliqué muy seguro— Valgo más que ese guitarrista de cuarta que te tira onda. Muchas darían la vida por estar en tu lugar.

—¿Sentada al lado de un pendejo inmaduro que, además de creerse Brad Pitt, piensa que todas andan atrás de él? ¡Pero por favor, no me hagas reír! —le fruncí el ceño y su frente se pobló de arrugas— No eres mi tipo, de cualquier modo...

—Las chicas son todas complicadas —repuse apoyando con fuerza la espalda contra el respaldo del sofá y cruzándome de brazos molesto Se quejan de que nunca aparece un chico que le tire los perros, y cuando uno por fin aparece, se ponen quisquillosas.

—Yo nunca le pedí nada a ningún chico.

—Ustedes se fijan nada más en lo físico, qué son, si estudian o se rascan...Después dicen buscar un noble príncipe azul —dije haciendo oídos sordos a su contestación.

—Yo no soy como ellas —se defendió en susurros.

Por suerte nadie nos ponía atención. Incluso Danny parecía estar muy entretenido en su tarea de afinar su guitarra, mientra que los demás integrantes de banda se movían de un lado a otro preparando y ambientando el lugar para el ensayo. Incluso Jake y Quil fingían entusiasmo en las canciones, leyendo los pentagramas que Harry acomodaba en una mesa y repasaba con verdadera concentración. Sabía que mis amigos intentaban darnos nuestro momento, nadie más que ellos sabían por lo que yo pasaba.

—Sí, ya sé —repuse segundos después —. Créeme que lo sé —corrí la cabeza hasta situarla en línea recta a Danny. Él nos miraba con desconcierto. Involuntariamente, acerqué a Caroline a mi cuerpo, acto que ella ni notó porque estaba metida en sus pensamientos.

Danny meneó la cabeza, dejándome en manos del diablo. Elevé el mentón, desafiándolo con la mirada y él me evitó, reacción muy madura por cierto.

—Los chicos también son complicados —murmuró ella con aire ausente —; siempre se van a fijar en las chicas con buena delantera y un buen para golpes trasero.

—Sí, puede ser —admití —. Pero nos fijamos en ellas solamente cuando queremos divertirnos, no para algo serio.

—«Nos» —enfatizó con tono irónico.

Me reí entre dientes y volví la cabeza hacia ella. Caroline tenía la cabeza agachada y jugaba nerviosamente con sus manos. Continué mirándola fijamente con la pequeña esperanza de que ella pudiera mirarme también. Nada. Pronto iban a empezar a tocar y todavía no había conseguido atraerla a mí. Vamos, Em, se te tiene que ocurrir algo me animé.

—Son todos iguales —sentenció de repente.

Tomé su mentón y la obligué a pegar sus ojos a los míos.

—Yo puedo ser tu excepción, sólo dilo...

Me miró de hito a hito a la vez que sus ojos se iluminaban con un misterioso brillo esperanzador.

—Cierto, eres la excepción: ningún otro chico hubiera corrido hasta el baño de mujeres para disculparse como idiota sobre una broma estúpida —me puso cara de pocos amigos tomando mi brazo que descansaba sobre sus hombros y poniéndolo sobre mi regazo.

—Pero...

—Ya. Olvídalo.

Se corrió un almohadón de distancia de donde estaba yo y se cruzó de brazos a la espera de que ellos comenzaran. Sus ojos escrutaban a Danny, quien listo, musitó «te la dedico». Gruñí como respuesta.

Jake y Quil se sentaron en el piso, cerca de nosotros y comenzaron a imitar a las típicas fans enloquecidas, gritando como niñas y haciéndose los desesperados. Caroline se reía de sus burlas y yo disfrutaba en todo momento su risa melodiosa.

—¿Cómo se llama el tema? —inquirí con una media sonrisa.

That girl —me contestó Dougie.

One, two, three, four...—canturreó Danny, flanqueado por el chasquido de los palos que Harry usaba para tocar la batería.

La canción estaba bien hecha, lo reconocía. Algo me decía que habían usado mucho tiempo para ella. Pero todos estos buenos pensamientos eran eclipsados por la idea de que Danny sentía algo por «mi» Caroline. Y ella le devolvía los gestos y eso me sacaba de las casillas evitándome concentrarme en la música y el las llevaderas letras.

Danny era uno de los que más se destacaba, al igual que Tom. Ellos parecían ser los «protagonistas» por así decirlo, de la canción. Harry se mantenía en la batería y Dougie cumplía su rol con la guitarra y empleaba su voz para las partes coreadas. Los gestos y movimientos obscenos que hacían los tres —Danny, Dougie y Tom —, eran increíblemente graciosos. Jacob y Quil se sumaron a la danza y tararearon algunas letras.

Entonces, la gota que rebalsó el vaso fue cuando Danny cantó:

We spoke for hours
Took off my trousers
Spent the day laughing in the sun
And we had fun
And my friends they all
Looked stunned
Dude she's amazing and I can't believe
You got that girl

(Hablamos durante horas
Ella me quitó los pantalones
Pasamos el día al sol riéndonos
Nos divertíamos
Y todos mis amigos se quedaron pasmados
Amigo, ella es asombrosa y no puedo creer
que hayas conseguido esa chica )

Me quedé boquiabierto al contemplar la manera con la que él la miraba a ella, dejando bien en claro lo mucho que esas líneas decían sobre sus sentimientos. Cerré la mano alrededor del apoya brazos del pobre sillón y gracias al potente ruido de las guitarra y la batería que no se escuchó el chillido cuando rompí el esqueleto del sillón.

Danny Jones estaba siendo un estorbo en mi vida e iba a echar a perder lo poco que tenía con Caroline.

Algo me decía que después de esa práctica, iban a rodar cabezas.


Quiero pedir disculpas por haberme retrasado tanto en la subida del capitulo. Verán, el viernes se me pasó por completo mientras que el sábado FanFiction me decia que: "no es posible subir el documento. Error", y que debía usar otro programa para subirlo o intentarlo más tarde. Lamentablemente, el "más tarde" es ahora

Bueno, sin mucho más que decir exepto que me fue divertidísimo tratar sobre los celos de Embry. Yo soy una chica muy celosa, así que, no fue difícil ponerse en el lugar de él ;)

La canción del capítulo se llama "THAT GIRL" de McFly. Una de las partes se las tradujimos directamente en el cap, acá abajo les dejo la parte del principio :)

Salía con los chicos
Y ante mis ojos
Estaba esta chica y ella estaba muy bien
Me dejó alucinado
Y deseaba que fuera mia
Y le dije, hey espera, porque me fui a hablar con ella

Nos leemos en los REVIEWS :) !

Gracias por ser tan pacientes !